El principe Piotr Ivanovich Bagration, natural de Georgia y emparentado con la realeza de aquel país del Cáucaso, fue un excelente militar de la Rusia Imperial, que tras enfrentarse al mismísimo Bonaparte en Austerlitz, Eylau y Friedland, acabó muriendo de las heridas recibidas en la batalla de Borodino, el 12 de Septiembre de 1812. Poco habría podido imaginar el ilustre y noble general zarista que su nombre sería el elegido para bautizar la mayor ofensiva del Ejército Rojo en la SGM.

Situación del Frente Oriental a Junio de 1944.
El 22 de Junio de 1944, tres años después del inicio de Barbarroja, la URSS lanzó la Operación Bagration, una ofensiva masiva en Bielorrusia, que supondría la mayor derrota militar de Alemania en toda la SGM, incluso mayor que el desastre de Stalingrado dieciséis meses atrás. El Grupo de Ejércitos Centro alemán sufrió un golpe del que nunca podría recuperarse, siendo destruidas 17 divisiones y seriamente debilitadas otras 50. Aunque de una extraordinaria importancia para el desarrollo de la guerra, esta campaña quedó siempre a la sombra de las operaciones en el oeste, dada también su coincidencia en el tiempo con las acaecidas en Normandía.
Tras la derrota alemana en Kursk el verano de 1943, el Ejército Rojo lanzó una serie de ofensivas principalmente exitosas en Ucrania, que llevaron a la liberación de Jarkov, y a alcanzar el Dnieper a principios de otoño del mismo año, estableciendo cabezas de puente en su orilla occidental para mediados de Octubre. En el sur, para el mes de septiembre, los ataques soviéticos habían logrado cercar a las fuerzas rumanas y alemanas en la península de Crimea. Sin embargo, la tenaz resistencia alemana en el Dnieper llevó al Alto Mando Soviético (la STAVKA) a planear un ataque de flanco más hacia el norte, desde la zona de los Pantanos de Pripiet, que flanqueando el curso del Dnieper llevó a la reconquista de Kiev en Diciembre. Para antes de la Navidad de 1943 la ofensiva soviética había continuado hacia el suroeste desde Kiev, empujando a la Wehrmacht hacia el rio Bug, y un mes más tarde, a finales de Enero de 1944, el 2º Frente Ucraniano había atrapado a un considerable número de fuerzas enemigas en la bolsa de Korsun-Shevchenkovsky. Gracias a una contraofensiva elaborada por Manstein, utilizando el 3er. Cuerpo Panzer, se consiguió enlazar con la bolsa, y a mediados de Febrero se había conseguido retirar del cerco a unos 30.000 hombres, aunque las pérdidas alemanas seguían siendo importantes.

Desde Julio de 1943, tras Kursk, la iniciativa ofensiva pasó a manos soviéticas. En la imagen, un soldado alemán se refugia tras un Panzer IV.
En el resto de frentes el avance del Ejército Rojo resultó igual de exitoso, haciendo retroceder a los Grupos de Ejército Norte y Centro hasta las Repúblicas Bálticas y Bielorrusia. Después de dos años de cerco se logró liberar Leningrado, y para el mes de Diciembre se había hecho retroceder a la Wehrmacht hasta las líneas que marcarían el inicio de Bagratión el verano siguiente.
El fracaso alemán al no poder resistir los avances soviéticos de finales de 1943 y principios de 1944, condujo a otro de los típicos ataques de ira de Hitler, que culpaba una vez más a sus altos mandos y se rodeaba cada vez más de militares que aplaudían sus irreales propuestas y esquemas estratégicos. Entre los afectados por la enésima crisis del Fuhrer se encontró el propio Manstein, ampliamente reconocido como el mejor de los comandantes alemanes del Frente Oriental. Gracias a él se había logrado paliar el desastre de la bolsa de Korsun, pero sus realistas opiniones sobre las opciones de Alemania en el este fueron consideradas como derrotistas por Hitler, y acabó siendo relevado.
Durante la primavera de 1944, ambos bandos se preparaban para la campaña que debería llegar con el verano. Por parte alemana, estaba claro que tan pronto como el terreno volviera a ser practicable el Ejército Rojo reanudaría la ofensiva, pero ¿dónde? La campaña del invierno anterior sugería que se podía esperar una continuación de la ofensiva en Ucrania, donde además el terreno era perfecto para operaciones mecanizadas a gran escala y abría la ruta hacia las llanuras de Polonia. También desde allí, y con un movimiento hacia el norte, se podría aislar al Grupo de Ejércitos Centro en Bielorrusia y al Grupo de Ejércitos Norte contra el Báltico. Si por el contrario, el siguiente movimiento soviético se realizaba hacia el sur, el Ejército Rojo podía caer sobre Rumania, y poner en peligro los yacimientos de petróleo rumanos, vitales para el esfuerzo bélico alemán. Un ataque desde el sur de Ucrania hacia Rumanía era posible, pero el ataque sería vulnerable a un contraataque alemán desde el norte. Además, tanto Hitler como el OKH pensaban que el objetivo soviético sería Alemania, y un avance indirecto por el sur y a través de los Cárpatos era inviable. La alternativa de un ataque sobre el Grupo de Ejércitos Norte, en el Báltico, era más atractiva, pero de menores consecuencias estratégicas, además de que el terreno favorecía a los defensores. Tampoco un ataque sobre Bielorrusia parecía lo más adecuado, aun cuando una derrota al Grupo de Ejércitos Centro supusiera abrir la puerta sobre Polonia. El terreno allí era menos favorable que en Ucrania, y las defensas alemanas venían mostrándose firmes desde el otoño anterior, cuando la Operación Suvorov demostró la tenacidad defensiva de las fuerzas alemanas. Había otra razón, al menos para Hitler, para considerar que un ataque sobre Ucrania era la opción soviética más previsible; si se producía ese hipotético ataque desde Ucrania hacia el norte, con el fin de aislar a los Grupos de Ejército Norte y Centro, el contraataque inmediato del G. E. Centro y del G. E. Ucrania Norte podría cercar a una gran parte del Ejército Rojo, recreando una situación similar a las ocurridas en las victorias de 1941 y 1942. Por todos estos motivos, reales o imaginados, la convicción de Hitler y del OKH era absoluta respecto de un ataque soviético en el norte de Ucrania.

Aún por debajo de su capacidad del año anterior, el G. E. Centro todavía era un enemigo a considerar. Un Flak 88 en funciones anticarro muestra en su cañón la letal efectividad de la pieza y su dotación.
Las fuerzas alemanas.
Mientras tanto, la esperada invasión en el Frente Occidental, aún sin haberse llevado a cabo todavía, también influía sobre los efectivos alemanes en el Frente Oriental. En Junio de 1944, siete divisiones panzer habían sido enviadas a Francia, y unidades adicionales habían abandonado el frente hacia posiciones desde las que pudieran ser empleadas en uno u otro escenario en función de los acontecimientos. Una idea de la situación puede darla la proporción de fuerzas blindadas; en verano de 1943 un 80% de los efectivos blindados alemanes se encontraban en Rusia, mientras que para 1944 se habían reducido a poco más de la mitad. Y es que desde Noviembre de 1943 el Frente Occidental había tenido preferencia en lo relativo a refuerzos. Respecto de la Luftwaffe, la situación no era mejor ya que, como consecuencia de la campaña aérea anglo-americana y la constante sangría de pilotos y materiales que suponía la defensa del Reich, la superioridad aérea germana en el Frente Oriental empezaba a ser un espejismo en beneficio de la Fuerza Aérea Soviética.

La carencia de carros de combate había convertido a los cañones de asalto, como estos Stug III, en el blindado con mayor presencia en el Grupo de Ejércitos Centro.
En el caso particular del Grupo de Ejércitos Centro, era evidente que no contaba con el potencial adecuado para hacer frente a la embestida soviética que se avecinaba. El traslado de unidades blindadas al oeste, y la falsa convicción de que la ofensiva del Ejército Rojo se desarrollaría en Ucrania, habían convertido al G. E. Centro en una fuerza básicamente de infantería, y con una débil cobertura aérea. La situación aún se agravó cuando el 30 de Mayo de 1944 Model consiguió de Hitler el permiso para trasladar el 56º Cuerpo Panzer al Grupo de Ejércitos Ucrania Norte. Finalmente, los efectivos del G. E. Centro en la víspera de la Operación Bagration eran de 34 divisiones de infantería, 2 divisiones de campo de la Luftwaffe, 7 divisiones de seguridad, 2 divisiones de granaderos (incluyendo elementos de la diezmada Feldherrnhalle) y una división acorazada por debajo de sus efectivos nominales. A ellas había que añadir varias divisiones húngaras situadas a retaguardia, lo que sumaba un total de 52 divisiones y 400.000 combatientes, más otros tantos efectivos en destinos no combatientes. Aunque a primera vista pudiera parecer una fuerza considerable, existían de hecho varios condicionantes negativos. En primer lugar estaba la longitud del frente a cubrir, lo que hacía a cada división desplegarse en una longitud de entre 25 y 30 kilómetros, casi el doble de lo normal. Esta disposición significaba que cada kilómetro de frente estaba cubierto por unos 80 soldados, cubiertos por dos o tres piezas de artillería y uno o dos cañones de asalto. La baja densidad de las fuerzas alemanas a lo largo de la línea del frente daba también como resultado el que prácticamente no existiera una mínima reserva estratégica que permitiera una defensa en profundidad en caso de una ruptura del frente. A todo ello se debía añadir otro factor en contra: la baja calidad en los reemplazos que el G. E. Centro había recibido desde el otoño de 1943. Respecto de efectivos blindados, el Grupo de Ejércitos Centro disponía de 553, un 11% del total de los existentes en el Frente Oriental, de los que 480 eran cañones de asalto StuG III, y a los que se podían sumar unos pocos cientos de cazacarros.

Disposición de fuerzas del Grupo de Ejércitos Centro al inicio de Bagration.
No se dispone de cifras exactas respecto de la artillería disponible en el G. E. Centro, si bien los informes soviéticos hablan de unas 9.500 piezas entre cañones y morteros, y en el caso de una organización estándar cada división de infantería dispondría de 36 obuses de 105mm y 12 cañones de 150mm. La cobertura aérea del G. E. Centro era un reflejo de la situación en el resto del frente. La Luftflotte 6, con base en Minsk, y responsable de las operaciones en la zona, contaba con 839 aparatos, de los cuales sólo estaban operativos para el 22 de Junio unos 40 Me109G/K pertenecientes a dos Grupos de Caza, 312 bombarderos, la mayoría He111, y 106 aviones de ataque a tierra, entre Ju87G y FW190.
Las fuerzas soviéticas.
La agrupación de efectivos soviéticos para Bagration era espectacular. Los cuatro Frentes (equivalente cada uno a un Grupo de Ejércitos) sumaban 118 divisiones de infantería, 8 Cuerpos Acorazados, 6 divisiones de caballería, 13 divisiones de artillería y 14 divisiones aéreas (se excluyen las unidades del ala sur del 1er. Frente Bielorruso, no adscritas a Bagration). Todas ellas sumaban 1.700.000 hombres entre combatientes y elementos auxiliares, más del doble de las desplegadas por Alemania. Para cuando tuvo lugar Bagration, el total de efectivos típicos de una división de infantería soviética se había aumentado de 3.000/4.000 a 6.000 hombres, aún por debajo de sus 9.600 efectivos sobre el papel. Sin embargo, se debe tener en cuenta que un típico Cuerpo de Ejército de infantería, formado por dos o tres divisiones, veía aumentados sus efectivos en un regimiento de artillería, un batallón o regimiento de cañones de asalto, un batallón de transmisiones y un batallón de ingenieros. En equivalencia de potencia de fuego, un Cuerpo de Ejército soviético de infantería podía compararse con una división norteamericana o británica. La misma equivalencia podía trasladarse a las formaciones acorazadas.

Blindados e infantería del Ejército Rojo avanzando en Ucrania en Marzo de 1944. Como curiosidad, el soldado del extremo izquierdo está armado con una Mp40.
Las seis divisiones de caballería adscritas a la operación no sólo eran responsables de apoyar el avance en los a veces complicados terrenos de pantanos y bosques de Bielorrusia, sino que además proporcionaban una potencia de fuego adicional. Cada Cuerpo de Caballería consistía en dos o tres divisiones, que integraban de dos a cuatro regimientos de blindados (de 70 a 140 tanques), un regimientos de cañones de asalto y varias unidades de artillería. El total de efectivos blindados daba una ventaja aplastante al Ejército Rojo, sumando en la fase inicial de Bagration 2.715 tanques y 1.355 cañones de asalto. De ellos, un 40% estaba adscrito a unidades de infantería, con el fin de apoyar la penetración en las líneas enemigas, quedando el 60% en las unidades blindadas y de caballería que debían aprovechar la ruptura del cinturón defensivo alemán. La mayoría de los blindados soviéticos eran T34/43, armados con el cañón de 76mm, y una minoría, en torno a un tercio, del nuevo T34/85. Algunas unidades, como el 3er. Cuerpo de Tanques de la Guardia, estaban equipadas con M4A2 Sherman norteamericanos, y alrededor de 85 de los nuevos IS-2 Stalin llegaron a tiempo de participar en la ofensiva. La mayoría de los cañones de asalto eran los SU-76M, con cañón de 76mm, y otros catorce regimientos fueron equipados con cerca de 300 ISU-122 e ISU-152.
En artillería, la balanza también se inclinaba claramente a favor del Ejército Rojo. El total de piezas de 76mm o más era de 10.563, a las que se debían añadir 2.306 lanzacohetes Katiuska, 4.230 cañones anticarro de 45mm y 57mm, y unos 11.500 morteros de 82mm y 120mm. La agrupación de efectivos en las zonas en que se buscaba la ruptura del frente hacía buena la frase de que “la cantidad es en si misma una calidad”, estando asignados el 5º Cuerpo de Artillería y el 4º Cuerpo de Artillería a los Frentes 3º y 1º Bielorruso respectivamente.
Para Bagration, las 21 divisiones de caza (2.318 cazas), 14 divisiones de ataque (1.744 Il2 Sturmovik), 8 divisiones de bombardeo (655 bombarderos medios), 16 divisiones de bombardeo estratégico (1.007 bombarderos), 6 divisiones de bombardeo nocturno (431 bombarderos), y 179 aviones de reconocimiento, daban una ventaja a la Fuerza Aérea Soviética de 7 a 1 sobre la Luftwaffe. Ventaja que todavía aumentaba más si se tiene en cuenta la abismal diferencia en cazas que una y otra fuerza podían poner en el cielo tanto para ataque como para defensa.

Una columna blindada soviética cruza el río Dniester, sembrado de restos de equipamiento alemán, en la primavera de 1944.
Dos aspectos críticos y a veces olvidados de la ventaja soviética eran los concernientes al contingente de ingenieros y a la logística. Por una parte, todas las unidades de primera línea fueron reforzadas por batallones de ingenieros para abrirse paso entre las intrincadas defensas y densos campos de minas alemanes; por otra parte, lo complicado del terreno en Bielorrusia hizo necesaria la preparación en inclusión de unidades de ingenieros-pontoneros que trabajaron ayudando en el avance sobre ríos y pantanos. Las proporciones de Bagration demandaban un enorme esfuerzo logístico para mantener al ejército permanentemente suministrado de combustible, municiones y alimentos. Habida cuenta de la pobre red de comunicaciones existente en Bielorrusia, el factor más decisivo en este éxito logístico dependió de la disponibilidad de una enorme cantidad de camiones, muchos de ellos Studebaker de dos toneladas y media, procedentes de Estados Unidos gracias al Lend-Lease.

Disposición de fuerzas del Ejército Rojo al inicio de Bagration.
Otra ventaja significativa para el Ejército Rojo era la presencia de un gran movimiento de guerrilla detrás de las líneas alemanas. Bielorrusia era donde más actividad y en mayor número se mostraban los guerrilleros, apoyados desde 1942 via aérea suministrando tanto equipamiento como personal. En Junio de 1944, las fuerzas guerrilleras habían crecido hasta 270.000, organizadas en 157 brigadas y otras 83 unidades más pequeñas. Ello suponía que siete divisiones alemanas de seguridad y policía, alrededor del 15% de sus efectivos en Bielorrusia, quedaban reservadas para actividades antiguerrilla. Las cifras de bajas producidas al enemigo durante la guerra hablan de 11.128 vagones de ferrocarril, 34 trenes blindados, 18.700 vehículos, 1.350 blindados y 500.000 soldados, y aunque probablemente exageradas dan una idea de la intensidad de esta otra guerra paralela. Con anterioridad a Bagration, la actividad guerrillera fue importantísima desde el punto de vista de la inteligencia soviética a la hora de recoger información sobre los despliegues enemigos, y también con sus ataques a las líneas de suministro alemanas.
A la vista de la diferencia de fuerzas, la pregunta no era tanto sobre si el Grupo de Ejércitos Centro sería capaz de aguantar la ofensiva que estaba a punto de desencadenarse sobre él, algo a todas luces improbable, sino hasta dónde llegaría el avance del Ejército Rojo.
Continuará…
Fuentes texto e ilustraciones:
Bagration, 1944. Steven Zaloga. Osprey Publishing.
Armagedón. Max Hastings. Crítica.
Panzers in the East 2. Robert Michulec. Concord Publications.
Soviet Tanks in Combat. Steven Zaloga, Jim Kinnear, Andrey Aksenov y Alexander Koshchavtsev. Concord Publications.
http://www.wikipedia.org















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