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La Iglesia Catolica y La Segunda Guerra

Todo lo referente a la SGM que no tiene cabida en los otros apartados

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40 mensajes • Página 1 de 2 • 1, 2

La Iglesia Catolica y La Segunda Guerra

Notapor T34 el Jue Oct 11, 2007 8:10 pm

LA IGLESIA CATOLICA Y LA SGM (Parte 1 de 5)

Ésta es la historia de los difíciles acuerdos entre Hitler y la Santa Sede, de una Encíclica perdida que podría haber cambiado la historia del mundo y de la muerte poco clara del Papa Pio XI que, demasiado tarde, quiso plantarle cara al mal que se había instalado en Alemania.


Pío XI

Su nombre de nacimiento era Achille Damiano Ambrogio Ratti. Era hijo de los consortes Francesco Ratti, directivo de la industria sedera, y Teresa Galli.

El 6 de febrero de 1922, en el cónclave que siguió a la muerte de Benedicto XV, resultó elegido papa. Era un hombre de estudio, de una cultura excepcional y además estaba muy bragado en los asuntos de la curia romana, pero su experiencia pastoral y cardenalicia se limitaba a unos pocos meses.

Fue coronado tres días después de su elección por el cardenal Gaetano Bisleti, protodiácono de S. Agata in Suburra. La ceremonia tuvo lugar en la explanada de la Basílica de San Pedro. Desde la autoproclamación de la "cautividad" de la Iglesia Católica por el beato Pío IX en 1870, era ésta la primera coronación pública de un papa. Sus predecesores habían sido coronados en ceremonias restringidas, ya sea en la Basílica de San Pedro o en la más exclusiva Capilla Sixtina (caso éste último de León XIII, san Pío X y Benedicto XV).


Su papado se caracterizó por el reconocimiento del estado italiano por parte de la Iglesia, que venía desde la ocupación de los Estados Pontificios por el reino de Italia en 1870. Pío XI firmó con el gobierno italiano de Benito Mussolini y el rey Víctor Manuel III el Tratado de Letrán (febrero de 1929), que dio nacimiento al estado independiente y soberano de la Ciudad del Vaticano.


Este acuerdo, que ponía fin al estado de cosas vigente desde 1870, había sido buscado por ambas partes, y a ambas convenía. Para Mussolini, que buscaba un acercamiento a los católicos, cuya posición ante el Fascismo había sido bastante fría. Para la Iglesia, el obtener el reconocimiento de derecho de su estado, que aunque reducido a una mínima expresión territorial, colocaba a éste dentro del concierto de las naciones del mundo, con capacidad de establecer relaciones diplomáticas.


En Italia, el partido católico del dirigente político Luigi Sturzo, llamado Partido Popular, y opositor al fascismo, había sido disuelto poco antes.


Pío XI animó a los católicos italianos en las elecciones de marzo de 1929 a que votaran a los fascistas, y calificó a Benito Mussolini como un hombre enviado a nosotros por la Providencia. También Pío XI bendijo personalmente las tropas italianas que partían para la conquista de Abisinia.




PÍO XI, Eugenio Pacelli y El Tercer Reich

Al igual que buena parte de los políticos europeos de la época, Pío XI quiso pactar con Hitler, apaciguar a la bestia. Ésta es la historia de los difíciles acuerdos entre Hitler y la Santa Sede, de una encíclica perdida que podría haber cambiado la historia del mundo y de la muerte poco clara del papa que, demasiado tarde, quiso plantarle cara al mal que se había instalado en Alemania.


Las relaciones entre el movimiento nazi y la Iglesia no habían empezado con buen pie. El marcado sentido pagano del que estaba teñida buena parte de la ideología hitleriana no podía ser visto con buenos ojos por los jerarcas de la Iglesia alemana. Según la teoría nazi, dado que el cristianismo tenía sus raíces en el Antiguo Testamento, quien estaba contra los judíos debía estar igualmente contra la Iglesia católica. Los nazis invocaban "la indispensable arma del espíritu de la sangre y de la tierra contra la peste hebrea y el cristianismo".

En una viñeta publicada en el periódico Der Stürmer, perteneciente a uno de los órganos del partido nazi en 1934, un judío, ante la imagen de Cristo en la cruz, dice: "... Le hemos matado, le hemos ridiculizado, pero somos defendidos todavía por su Iglesia...". En otra viñeta del mismo periódico publicada en 1939, un sacerdote católico es presentado mientras estrecha dos grandes manos: una con la estrella judía y la otra con la hoz y el martillo.

No obstante, esta hostilidad era mutua. Prueba de ello es lo publicado en su día en Der Gerade Weg (El Camino Recto), el semanario católico de mayor circulación en Alemania: "Nacionalsocialismo significa enemistad con las naciones vecinas, despotismo en los asuntos internos, guerra civil, guerra internacional. Nacionalsocialismo significa mentiras, odio, fratricidio y miseria desencadenada. Adolf Hitler predica la ley de las mentiras. Habéis caído víctima de los engaños de alguien obsesionado con el despotismo. Despertad"

Dios Está con Nosotros

Parecía evidente que el Gott mituns (Dios está con nosotros) que se leía en el emblema de los nazis no se refería al Dios de los católicos.

Los diáconos luteranos, en cambio, habían sido mucho más complacientes con el nuevo movimiento.
Luteranos eran, por ejemplo, los miembros del Movimiento Alemán Cristiano, de carácter abiertamente antisemita y nacionalista, muchos de cuyos miembros terminaron engrosando las filas del partido nazi.

Es algo que no debería sorprendernos si tenemos en cuenta que el mayor antisemita de la historia alemana después de Adolf Hitler fue, precisamente, Martín Lutero, el fundador del protestantismo.

El consejo de Lutero relativo a los judíos era:
"Primero, sus sinagogas o iglesias deben quemarse... Segundo, sus casas deben asimismo ser derribadas y destruidas... En tercer lugar, deben ser privados de sus libros de oraciones y talmudes en los que enseñan tanta idolatría, mentiras, maldiciones y blasfemias. En cuarto lugar, sus rabíes deben tener prohibido, bajo pena de muerte, enseñar jamás...".

El nombramiento de Hitler como canciller fue aplaudido por los protestantes, mientras que los obispos católicos condenaron las teorías nazis mediante las siguientes prohibiciones:
• Los católicos no podían pertenecer al Partido Nacionalsocialista ni asistir a sus concentraciones.
• Los miembros del partido no podían recibir los sacramentos ni ser enterrados como cristianos.
• Los nazis no podían asistir en formación a ningún acto católico, incluidos los funerales.

A consecuencia de esto, el partido católico Zentrum fue apoyado y votado en masa por los judíos.

No obstante, este panorama iba a cambiar de manera radical con el nombramiento del arzobispo Eugenio Pacelli, antiguo nuncio de Su Santidad en Alemania, y futuro Pío XII, como secretario de Estado del Vaticano.

Inmediatamente después de su ordenación como obispo en 1917, Pacelli tuvo que dejar Roma para establecerse en Alemania, donde permaneció los siguientes trece años. Curiosamente, la nunciatura se encontraba en Munich, frente al edificio que más tarde se convertiría en la Casa Marrón, la cuna del nazismo.

Pacelli se encontró un país desestructurado y destruido por la guerra. Nada más llegar fue testigo de la revolución proletaria en Munich en 1918.

En una carta a Gasparri, describió así los acontecimientos:
Un ejército de trabajadores corría de un lado a otro dando órdenes,en medio, una pandilla de mujeres jóvenes, de dudosa apariencia judías como todos los demás, daba vueltas por las salas con sonrisas provocativas, degradantes y sugestivas. La jefa de esa pandilla de mujeres era la amante de Levien [dirigente obrero de Munich], una joven mujer rusa, judía y divorciada [...]. Este Levien es un hombre joven, de unos 30 o 35 años, también ruso y judío. Pálido, sucio, con ojos vacíos, voz ronca, vulgar, repulsivo, con una cara a la vez inteligente y taimada.

Pero la misión principal de Pacelli tenía que ver poco con su evidente antipatía personal hacia los revolucionarios judíos. A pesar de su mayoría protestante, Alemania contaba con una de las mayores poblaciones del planeta. Además, la Iglesia había gozado tradicionalmente de una amplia autonomía garantizada por una serie de concordatos con los gobiernos regionales.

Una de las principales misiones de Pacelli en Alemania era "la imposición, a través del código de derecho canónico de 1917, de la suprema autoridad papal sobre los obispos católicos, clérigos y fieles".

Para lograr este fin, tuvo que renegociar los concordatos existentes con los Estados regionales alemanes y propiciar una alianza entre todas las fuerzas de la derecha alemana con la esperanza de poder negociar un concordato con la propia nación alemana que sirviera para solidificar definitivamente la autoridad del Vaticano.


Fuentes.
Der Gerade Weg, núm. 37, 11 de septiembre de 1931.
Encyclopedia Judaica, volumen III, McMillan, Nueva York, 1971. Cita de Acerca de los judíos y sus mentiras, Martín Lutero, 1543.
Lacroix-Riz, Annie, Le Vatican, lEurope et le Reich, de la premiere guerre mondiale a la guerre froide.Armand Colin, Paris, tercera edición
Hitler, Adolf, Mein Kampf, 1925.
Hitler's Third Reich: A Documentary History, editada por L. Snyder, NelsonHall, Chicago, 1981
Shirer, William L., The Rise ana fall of the Third Reich, Simón & Schuster, Nueva York, 1960.
Toland, John, Adolf Hitler, Doubleday, Nueva York, 1976
Lewy, Guenter, The Catholic Church and Nazi Germany, Da Capo Press, Nueva York,2000.
Vivas, Ángel, "David Solar reconstruye El último día de Adolf Hitler", El Mundo, 27 de junio de 2002.
García de Cortázar, Fernando y Lorenzo Espinosa, José María, Los pliegues de la tiara. Los Papas y la Iglesia del siglo XX, Alianza Editorial, Madrid, 1991.
McBrien, Richard P., op. cit.
Alien, John L., All the Pope's Men: The Inside Story of How the Vatican Really Thinks, Doubleday, Nueva York, 2004.
Castelli, Jim, "The Lost Encyclical", National Catholic Repórter,.
Passelecq, Georges y Suchecky, Bernard, The Hidden Encyclical ofPius XI, Harvest. Nueva York, 1998.
Manhattan, Avro, Murder in the Vatican: American, Russian and Papal Plots, Ozark Books, Springfield, 1985.
Meyer, Jean, "Del antijudaísmo al genocidio
Herfling, Ludwig, Historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, 1981.
Peter Godman, Hitler and the Vatican: Inside the Secret Archives that Reveal the New Story of the Nazis and the Church, Simon & Schuster Trade.
Ronald J. Rychlak, Hitler, the War and the Pope
"Biografia no autorizada del Vaticano" Santiago Camacho, págs. 53-63
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Notapor Roul Wallenberg el Lun Oct 22, 2007 7:11 pm

El tema es extraordinariamente interesante, y T-34 nos ha entregado un informe muy cuidadoso y de alto rigor histórico...pero estamos en la 1/5...cuándo la 2/5 ?

Gracias



Salu-2
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Notapor T34 el Sab Oct 27, 2007 6:16 pm

LA IGLESIA CATOLICA Y LA SGM (Parte 2 de 5)


Cuestion de Tacticas

A pesar de los incendiarios comentarios de sus correligionarios sobre temas religiosos, el fervor fanático de Hitler no nublaba en absoluto su juicio. Sabía perfectamente que, le gustase o no, el éxito del Tercer Reich pasaba necesariamente por mantener unas buenas relaciones con el Vaticano. En su obra Mein Kampf (Mi lucha) recuerda a sus lectores como el partido católico venció al mismísimo Bismarck cuando éste intentó hacer una política denominada Kulturkampf (Lucha cultural).

En aquella época, los colegios religiosos pasaron a ser controlados por el Estado, la Compañía de Jesús fue prohibida, comités laicos se hicieron cargo de las propiedades de la Iglesia y los obispos que se resistieron a estas medidas fueron multados, arrestados o tuvieron que exiliarse. Sin embargo, el resultado fue el contrario del esperado. La oposición católica se unió ante la amenaza común, cristalizando esta alianza en la creación de un poderoso partido católico, el Zentrum.


Hitler tenía muy claro que el nacionalsocialismo no podía permitirse el lujo de incurrir en los mismos errores que la Kulturkampf, así que decidió incorporar el cristianismo al texto de sus discursos, presentando a los judíos no sólo como los enemigos de la raza aria, sino también de toda la cristiandad:
"No importa si el judío individual es decente o no. Posee ciertas características que le han sido dadas por la naturaleza y nunca podrá librarse de ellas. El judío es dañino para nosotros... Mis sentimientos como cristiano me inclinan a ser un luchador por mi Señor y Salvador. Me llevan a aquel hombre que, alguna vez solitario y con sólo unos pocos seguidores, re conoció a los judíos como lo que eran, y llamó a los hombres a pelear contra ellos... Como cristiano, le debo algo a mi propio pueblo".
Además, no hay que olvidar que el propio Hitler era católico. De niño asistía a clases en un monasterio benedictino, cantaba en el coro y, según su propio relato, soñaba con ser ordenado sacerdote. Hitler nunca renunció a su catolicismo:

"Soy ahora, como antes, un católico, y siempre lo seré", enfatizó a uno de sus generales. La Iglesia, por su parte, premió esta fidelidad no excomulgándole a pesar de sus múltiples excesos.

Por su parte, el recién nombrado secretario de Estado, el cardenal Pacelli, estaba igualmente interesado en mejorar las relaciones con la Alemania de Hitler. En esta alianza, Pacelli veía dos ventajas muy importantes. Por un lado, Hitler era una garantía de que el comunismo no fructificaría en Alemania.

Por otro lado, contar con los favores del Führer podría conducir a la firma de un concordato tan ventajoso como el establecido con Mussolini en su día.



Extraños Compañeros

Pacelli contaba con la ventaja que le proporcionaba su período como nuncio en Alemania y estaba sumamente familiarizado con los entresijos políticos del país. Tenía, además, múltiples contactos en el Zentrum; el más importante de ellos era su gran amigo Ludvig Kaas, un sacerdote que llegó a presidente de esta formación política. A través de Kaas, Pacelli presionó al partido para que negociara una alianza con Hitler.

Cuando Heinrich Brüning fue elegido canciller, Pacelli le sugirió que le ofreciera a Hitler un puesto en el gabinete. Al quedar patente que el canciller no estaba dispuesto a atender semejante sugerencia, tanto el Vaticano como el presidente de su propio partido le retiraron su apoyo, dejando al gobierno a merced de sus enemigos.

Brüning fue finalmente sustituido por Franz von Papen, que a instancias de Kaas convenció al presidente Hindenburg, que a la sazón miraba con recelo y desdén a los nazis, para que llamara a Hitler para formar gobierno. Adolf Hitler fue nombrado canciller alemán el 28 de enero de 1933. Su partido, el nacionalsocialista, estaba en minoría, pero Hitler tardó sólo tres días en convocar nuevas elecciones.

En la campaña electoral para las elecciones del 5 de marzo de 1933, se hizo patente, por primera vez, la oposición entre el nacionalsocialismo y el mundo católico. El 16 de febrero de 1933, en un comunicado recibido en la secretaría de Estado del Vaticano, el nuncio monseñor Cesare Orsenigo decía: "La lucha electoral en Alemania ha entrado ya en su climax [...].

Por desgracia, también la religión católica es utilizada con frecuencia por unos y por otros con objetivos electorales. El Zentrum cuenta naturalmente con el apoyo de casi la totalidad del clero y de los católicos y, con tal de lograr la victoria, actúa sin preocuparse de las ponencias que podrían derivarse para el catolicismo penosas consecuencias que podrían derivarse para el catolicismo en caso de una victoria adversaria".

Fn las elecciones del 5 de marzo, los nazis lograron diecisiete millones de votos. Pero, con todo, la mayoría seguía rechazando a Hitler, ya que ese resultado sólo representaba un 44 por 100. Hitler no tenía en el Reichstag los dos tercios necesarios para hacer su revolución y establecer la dictadura con el consentimiento del Parlamento. Decidió entonces recurrir a un procedimiento extraordinario recogido en la Constitución alemana y pedir al Reichstag la aprobación de una ley de plenos poderes. Esto le conferiría a su gabinete facultades legislativas durante los siguientes cuatro años.

Sin embargo, se necesitaban dos tercios de la Cámara para aprobar una ley como ésa. Para cumplir este trámite parlamentario, los nazis precisaban del apoyo del Zentrum, que se había mantenido fuerte con un 14 por 100 de los votos. Este apoyo lo condicionó el cardenal Pacelli a la firma de un concordato con el Vaticano.

Kaas utilizó este compromiso, que calificó como "el éxito más grande que se haya conseguido en cualquier país en los últimos diez años", y pudo reunir los apoyos parlamentarios que necesitaba Hitler, que de esta forma subió al poder gracias a las gestiones secretas de la Santa Sede. Con una mayoría absoluta por escaso margen, los nazis aprobaron la ley de plenos poderes, que supuso que las relaciones entre los nazis y el Vaticano subieran a un nuevo nivel.


A partir de ese momento, la Iglesia alemana se vio forzada a reconsiderar su actitud anterior hacia los nazis: "Sin revocar el juicio expresado en declaraciones previas respecto a ciertos errores éticos y religiosos, el episcopado tiene confianza en que las prohibiciones generales y avisos no necesiten ser tenidos en cuenta más. Para los cristianos católicos, para los que la voz de la Iglesia es sagrada, no es necesario en este momento hacer admoniciones especiales para que sean leales al gobierno legalmente establecido y cumplir concienzudamente para con los deberes de la ciudadanía, rechazando por principio todo comportamiento ilegal o subversivo".

De esta manera, el potencial de oposición al nazismo de veintitrés millones de católicos alemanes quedaba anulado. Como muestra del cambio de clima entre la Iglesia y el nazismo se permitió que los católicos se afiliaran al partido y se volvió a administrar los sacramentos a los nazis, incluso a aquellos uniformados.


Ley o Conciencia

Como sucedió anteriormente en Italia, el partido católico, en este caso el Zentrum, quedaba entregado e indefenso en manos del dictador. Hitler cumplió su parte del trato y el concordato se ter minó de redactar el 1 de julio de 1933. Convencidas ambas partes de las ventajas que ofrecía el acuerdo, su negociación sólo duró ocho días. También, como en el caso italiano, los términos del acuerdo eran sumamente favorables para la Iglesia.

Los católicos alemanes quedaban sujetos al código de derecho canónico, las obras sociales de la Iglesia recibirían apoyo popular y no se tolerarían críticas públicas a la doctrina católica. Aquí también hubo un sustancioso apartado económico que tomó forma con el establecimiento del Kirchensteuer, un impuesto aplicable a todos los católicos alemanes.


Este impuesto supuso un enorme caudal de recursos económicos para la Iglesia, ya que se deducía directamente de la nómina de los trabajadores y suponía un 9 por 100 del total del salario bruto. Millones de marcos fluyeron en este concepto hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial. Llama poderosamente la atención que este impuesto, negociado y establecido por Hitler, aún esté vigente en Alemania, y que constituya por sí solo entre el 8 y el 10 por 100 de lo que recauda la hacienda germana.

A cambio de tanta generosidad, Hitler sólo pidió un pequeño favor añadido: la disolución del Zentrum, petición que Pacelli le concedió: "Se empeñaron en hacer un concordato a toda costa, y la consecuencia fue la caída del partido católico Zentrum, lo que dejaba el campo libre a Hitler".

Además, Hitler se reservó como garantía el artículo 16 del concordato, según el cual todos los obispos alemanes estaban obligados a realizar el siguiente juramento ante la Reichsstatthalter (la bandera del Tercer Reich):

"Juro ante Dios y sobre los Santos Evangelios y prometo, al convertirme en obispo, ser leal al Reich alemán y al Estado. Juro y prometo respetar al gobierno constitucional y hacerlo respetar por mis clérigos

Juramentos aparte, como ya había sucedido con Mussolini, el entendimiento político no tenía nada que ver con la simpatía personal. Como explicaba su colaboradora cercana, sor Pasqualina, y que confirmaron otros testigos, Pacelli decía de Hitler lindezas como:
"Este hombre está completamente exaltado; todo lo que dice y escribe lleva la marca de su egocentrismo; es capaz de pisotear cadáveres y eliminar todo lo que le suponga un obstáculo. No llego a comprender como hay tantas personas en Alemania que no lo entienden y no saben sacar conclusiones de lo que dice o escribe. ¿Quién de éstos al menos se ha leído su espeluznante Mein Kampf?".


Fuentes.
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Notapor Roul Wallenberg el Lun Oct 29, 2007 10:37 pm

Caramba con el señor Pacelli eh? se van aclarando las cosas, ahora aparece más claro el origen de su empecinado silencio frente a los crímenes nazis.....¡él mismo los había ayudado a encaramarse al poder! Desde el papa Alejandro (el Borgia) no había sabido de alguien tan siniestro en la silla de Pedro.
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Notapor T34 el Mar Oct 30, 2007 6:28 am

LA IGLESIA CATOLICA Y LA SGM (Parte 3 de 5)


Horst Wessel


Ajeno a estas opiniones, Hitler, a quien el papa piropeó diciendo que era el estandarte más indicado contra el comunismo y el nihilismo, estaba encantado con el trato y "expresó la opinión de que podía ser considerado como un gran logro.

El concordato daba a Alemania una oportunidad y creó un área de confianza que fue particularmente significativa en el desarrollo de un frente contra la judería internacional".

Con el concordato, Hitler recibió el mejor regalo que le podía hacer Roma para refrendar su golpe parlamentario.

En el Consejo de Ministros celebrado el 11 de julio de 1933, Hitler exponía ante el gabinete las ventajas del acuerdo, que, según él, se centraban en tres aspectos principales:
- La Santa Sede se había visto finalmente obligada a negociar con un partido al que había considerado anticristiano y enemigo de la Iglesia.
- El juramento de los obispos sometía a éstos al Estado y al gobierno del Reich, un hecho que habría sido impensable apenas unos meses antes.
- La Iglesia renunciaba a la actividad política, dejando manos libres a los nazis para operar a su antojo.

El acto de la firma tuvo lugar el 20 de julio de 1933. Los firmantes fueron Von Papen, en representación del Estado alemán, y Pacelli, en la del Vaticano. Las declaraciones públicas fueron de gran satisfacción por ambas partes.

En una carta a los miembros del partido fechada el 22 de julio, Hitler se congratulaba diciendo:
"El tratado muestra al mundo entero, clara e inequívocamente, que la afirmación de que el nacionalsocialismo es hostil a la religión es falsa".
Por su parte, el nuncio Orsenigo celebró una misa solemne de acción de gracias en la catedral de Berlín, finalizándola con la entonación del Horst Wessel Lied, el himno del partido nazi:
Die Fahne hoch / Die Reihen fest geschiossen / S.A. marschiert / Mit ruhig festem Schritt.

La bandera en alto, / la compañía en formación cerrada, / las S.A. marchan / con paso decidido y silencioso.
Los camaradas / caídos en el frente rojo / marchan en espíritu / en nuestra formación.
La calle libre / por los batallones marrones, / la calle libre / por los soldados que desfilan.
Millones, llenos de esperanza / miran la esvástica; / el día rompe, / para el pan y la libertad.
Por última vez / es lanzada la llamada, / para la pelea / todos es tamos listos.
Pronto ondearán las banderas de Hitler / en cada calle / la escla vitud / durará tan sólo un poco más.

Poco imaginaba Horst Wessel que el himno que compuso para el partido nazi acabaría siendo entonado en una catedral católica.

Hijo de un pastor protestante, abandonó sus estudios de Derecho en 1926 para unirse a los camisas pardas de Hitler. Su notable inteligencia y la fuerza de su convicción política hicieron que Joseph Goebbeis se fijara en él, y en 1928 lo enviase a Viena con la misión de organizar las juventudes del partido en la capital austríaca, Wessel era un activista extremadamente violento.

A su regreso a Alemania organizó el ataque contra un local del Partido Comunista, que se saldó con varios heridos. Esto provocó que Heinz Neumann, editor del diario comunista Bandera Roja, llamase a los miembros del partido a "golpear a los fascistas dondequiera que se encuentren".

El 14 de enero de 1930, Wessel mantuvo una agria disputa con su casera, que, a la sazón, era viuda de un antiguo miembro del Partido Comunista.

Las versiones de la pelea son muy diversas. Parece ser que la casera afirmaba que Wessel se negaba a pagar la renta (o que se la pretendió subir y aquél se negó a pagar la diferencia). La situación pasó a mayores y la viuda afirmó que Wessel la amenazó con golpearla.

La discusión derivó hacia la novia de Wessel, que vivía con él, y que o bien era prostituta o bien lo había sido, y el activista nazi estaba ayudándola en su rehabilitación. En lugar de acercarse a la policía, la rentera fue a pedir ayuda a una taberna local frecuentada por comunistas. Estos vieron la oportunidad de vengarse de Wessel por el ataque anterior.

Dos hombres, Ali Höhler y Erwin Rückert, un miembro activo del partido, fueron al departamento de Wessel.

Al abrirles éste la puerta, Höhler le disparó en la cabeza. Horst Wessel falleció varias semanas más tarde a causa de las heridas. El altercado fue explotado de modo propagandístico tanto por los nazis como por los comunistas, que presentaron a Wessel como un proxeneta y un degenerado. Mientras tanto, los nazis organizaron un funeral público para el nuevo mártir de la causa al que acudieron treinta mil personas. Durante su desarrollo se cantaron unos versos que el propio Wessel había escrito meses atrás, los mismos que unos años después se entonarían en la catedral de Berlín.


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Notapor T34 el Mar Oct 30, 2007 6:57 am

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Notapor jacbass1 el Mar Oct 30, 2007 11:28 pm

Buen trabajo, T34, pero me gustaria apuntar algunas cosas.
Pacelli antes de acceder al papado, se confirmo como un diplomatico "civil" de gran valia, por eso quizas no entendamos algunas de sus decisiones desde el punto de vista "religioso".
ALgunos apuntes sobre su biografia:

-En 1901, fuen enviado a Inglaterra para dar el pesame por la muerte de Eduardo VII, y limar algunas asperezas con la iglesia britanica, mandado por al papa Leon XIII, fue su promera dificil mision que le encomendo la diplomacia vaticana.

-Con el siguiente papa, Pio X, tomo parte en la codificacion del Derecho Canonico, lo que le valio que la Universidad Catolica de Washintong le ofreciera en 1908 la catedra de Derecho Canonico.

-Gracias a estos conocimientos, le encargaron un nuevo Concordato entre la Santa Sede y Serbia, que concluyo en 1914.

-Durante la IGM, el sucesor de Pio , Benedicto XV (el que tenemos ahora es el XVI), le nombro secretario del Departamento de Asuntos Eclesiasticos para que ayudara a la pacificacion al futuro cardenal Federico Tedeschi.

-Durante la primavera de 1917 recibio el nombramiento de nuncio vaticano en Munich, jodida papeleta en la que tuvo que influir en el kaiser Guillermo II para que aceptara la paz en Europa.

-En 1920, lo nombran nuncio del Vaticano para toda Alemania. Llevo dificiles conversaciones con cada una de la republicas de Weimar para que la iglesia catolica no fuera echada de Alemania, y lo consiguio.

-En 1930, fue elegido por Pio XI, Secretario de Estado, hasta que fue elegido papa.

Quizas enfocar su trabajo como religioso es encasillarlo de forma poco objetiva, atendiendo al periodo de historia y labor que le toco vivir. Como ya he dicho, lo considero un diplomatico civil, por lo que sus fines o decisiones puedan chocar desde el punto de vista catolico, pero gracias a ello evito que, como a lo largo de la historia, los cristianos fueran los perseguidos, pues el preveia que el regimen nazi podia tirar por ese camino, conocia a los elementos nacionalsocialistas, quizas fue ingenuo al no preveer que los nazis cogerian otra cabeza de turco, o quizas si.
Pero seguimos esperando tu comentario, pues el tema lo encuentro apasionante. Y da para aclarar y descubrir esta parte de la IIGM. Por todo esto...


Seguimos en el frente...
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Notapor T34 el Mié Oct 31, 2007 7:33 pm

Gracias por tus comentarios y aportes,me aclararon algunas dudas sobre el comportamiento de Pacelli en especial,coincido en que fue una epoca que habia que manejarse con pies de plomo.
De todas maneras entiendo que el papel de Pacelli en especial cuando no fue activo en el pael de entendimiento con el nazismo fue de silenciosa complicidad,pero no deja de ser un juicio de valor muy personal.
Te agradezco nuevamente tus conceptos.
Luego de los proyectados 5 capitulos voy a poner el papel de la Iglesia Alemana en particular y sus dos vertientes durante la guerra lo que me lleva unos 4 capitulos más.
Saludos.
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Notapor T34 el Mié Oct 31, 2007 7:55 pm

LA IGLESIA CATOLICA Y LA SGM (Parte 4 de 5)

Mit brennender Sorge (Con profunda ansiedad)

Tras la firma del concordato, y con el dinero de los contribuyen tes alemanes fluyendo ya hacia las arcas de la Santa Sede, el Vaticano se mostró durante una larga temporada misteriosamente silencioso respecto a las actividades de los nazis.

Ni siquiera la Noche de los Cuchillos Largos del 30 de junio de 1934 fue suficiente para romper este mutismo, a pesar de que en aquel sangriento ajuste de cuentas nazi no sólo cayeron miembros del propio partido, sino prominentes personajes de la derecha católica vinculados al Zentrum.

El 2 de agosto de 1934 falleció el presidente alemán, el mariscal Hindenburg. Tan sólo una hora después se anunció que se unificaban los puestos de presidente y canciller en la persona de Adolf Hitler. Se convocó un plebiscito para ratificar la medida y, gracias a la poderosa maquinaria de propaganda nazi en manos de Goebbeis, el día 19 de ese mismo mes el pueblo alemán votó afirmativamente por abrumadora mayoría, convirtiéndose Adolf Hitler en amo absoluto de Alemania.

A partir de ese momento comenzó un sistemático acoso a los católicos alemanes. De hecho, se puede decir que los únicos términos del concordato que respetó Hitler fueron los económicos.

La situación alcanzó tal extremo que en enero de 1937 una delegación compuesta por tres cardenales y tres obispos alemanes llegó al Vaticano para implorar el amparo del Papa ante los desmanes de Hitler.

Los delegados se encontraron con la desagradable sorpresa de un Pío XI gravemente enfermo que los recibió en su dormitorio ante la imposibilidad de levantarse de la cama.

El Papa no desconocía la situación que venían a expresarle los prelados alemanes. En los últimos años había tenido que firmar más de treinta notas de protesta dirigidas al gobierno alemán.

Tras aquella visita, Pío XI decidió que su paciencia ya se había agotado y, pese a su precario estado de salud, decidió publicar una encíclica —Mit brennender Sorge (Con profunda ansiedad) que fue leída en todos los pulpitos de Alemania el 14 de marzo de 1937.

La carta, en cuya elaboración intervinieron tanto Pacelli como el cardenal Faulhaber, tuvo que ser introducida a escondidas en Alemania.

En ella, entre otras cosas, se denunciaba que el culto a Dios estuviera siendo sustituido por un culto a la raza.

La tesis principal del texto era contraponer el liderazgo papal cuando se trata de hacer frente a un régimen hostil que pretendía subordinar la Iglesia al Estado. La primacía del papa se desarrollaba mediante cuatro argumentos:

1. La primacía es asignada al papa por las Sagradas Escrituras.
2. La primacía del papa es la principal garantía contra la división y la ruina.
3. Sólo la primacía del papa cualifica a la Iglesia para su misión de evangelización universal.
4. La primacía del papa asegura que la Iglesia mantiene su carácter sobrenatural.

Una Encíclica Perdida

Sin embargo, los católicos alemanes necesitaban algo más tangible que la primacía del Papa para vivir entre los nazis.

Los defensores del Vaticano suelen presentar esta encíclica como la prueba de cargo de la condena de la Santa Sede a las actividades de Hitler.

Es posible que así sea, pero lo que no se puede discutir es que era una condena muy tibia, en la que en ningún momento se hablaba de manera explícita del antisemitismo, ni se mencionaba por su nombre a Hitler o al nacionalsocialismo.

No obstante, la encíclica llegó en un momento en que los nazis tenían la guardia baja y Hitler, enfurecido ante lo que consideró una traición, recrudeció la represión contra los católicos alemanes.

Pacelli, en su puesto de secretario de Estado, intentó en vano templar la situación. Pío XI miraba cada vez con mayor desagrado a los dictadores de Alemania e Italia, y su aversión se acrecentó en la medida en que los fascistas italianos fueron adoptando cada vez más las doctrinas nazis, en especial en lo referente a asuntos raciales.


Humani generis unitas (La unidad del género humano)

En el verano de 1938, muy irritado por la confiscación de diversas propiedades religiosas por los nazis y por su abierto acoso a los sacerdotes católicos, el papa decidió preparar una nueva en cíclica, Humani generis unitas (La unidad del género humano), en la que denunció de forma mucho más decidida las tácticas terroristas de los seguidores de Hitler.

Esta encíclica habría sido elaborada por un grupo de eruditos jesuítas en Roma dirigidos por John LaFarge y completada el 10 de febrero de 1939.

El 15 de junio de 1938, LaFarge, de paso por Roma, fue llamado de improviso por Pío XI.

El Papa le comunicó que tenía en mente preparar una encíclica contra el racismo nazi.

LaFarge no lo sabía, pero Pío XI había leído con suma atención su Interracial Justice, un libro donde el joven jesuíta había explicado de manera didáctica e inapelable que la división del género humano en razas no tenía ni fundamento científico, ni base biológica alguna, no era más que un mito que servía para mantener los privilegios de las clases sociales más favorecidas.

La encíclica preparada por LaFarge era un documento en el que el Vaticano plantaba cara al nazismo... El único problema es que esa encíclica jamás vio la luz.

La historia de la encíclica perdida surgió por primera vez en 1972 y desde entonces ha sido motivo de polémica.

Al parecer, existe una copia que fue encontrada en 1997 entre los documentos personales del cardenal Eugéne Tisserant. Intimo colaborador de Pío XI, Tisserant ordenó que, tras su muerte, esta encíclica, junto con otros papeles igualmente comprometedores para la Iglesia, fueran custodiados en una caja de seguridad de un banco suizo.

La trascendencia de este documento es enorme.

De haberse publicado, es posible que incluso hubiera podido cambiar la historia del mundo tal como la conocemos actualmente.

No sólo habría variado drásticamente la forma en que los católicos alemanes, y del resto del mundo, miraban el Tercer Reich, sino que posiblemente habría servido de advertencia a Hitler, haciéndole más cauto, sobre todo en la aplicación de su política racial, que, no lo olvidemos, tuvo como resultado la muerte de seis millones de personas, asesinadas en las más horribles circunstancias imaginables.


Ebrias llamadas a la unidad de raza

Al contrario de lo que sucedía con la encíclica anterior, este texto no era ambiguo en lo concerniente a la condena de la persecución de los judíos y, de haberse editado, los defensores de la política vaticana durante el período hitleriano tendrían un sólido elemento que mostrar a sus detractores.

Algunos de los párrafos de la encíclica son tan elocuentes como éstos:

"... Aquí proclaman rígidos ideólogos la unidad de la nación como valor supremo. Allí ensalza un dictador las almas a través de ebrias llamadas a la unidad de raza..." (p. 1).

"En esta hora, en la que tantas teorías contradictorias precipitan al hombre hacia una sociedad caótica, la Iglesia se ve en la obligación de hablar al mundo" (p. 2).

"La respuesta de la Iglesia al antisemitismo es clara e inequívoca" (p. 148).

A pesar de todo, el texto seguía, en parte, impregnado de la tradicional inquina de la Iglesia católica hacia el judaismo.

La sección de la encíclica no publicada que trata del racismo es irreprochable, pero las reflexiones que contiene sobre el judaismo y el antisemitismo, pese a sus buenas intenciones, están impregnadas del antijudaísmo tradicional entre los católicos.

Los judíos, explica el texto, fueron responsables de su destino. Dios los había elegido como vía para la redención de Cristo, pero lo rechazaron y lo mataron. Y ahora, "cegados por sus sueños de ganancias terrenales y éxito material", se merecían la "ruina espiritual y terrenal" que había caído sobre sus espaldas.

En otro apartado, el texto concede crédito a los "peligros espirituales" que conlleva "la frecuentación de judíos, en tanto continúe su descreimiento y su animosidad hacia el cristianismo".

Así pues, la Iglesia católica, según el texto, estaba obligada "a advertir y ayudar a los amenazados por los movimientos revolucionarios que esos desdichados y equivocados judíos han impulsado para destruir el orden social".

La fecha prevista para la publicación del documento era el 12 de febrero de 1939.

El original esperaba en el despacho del papa para que, en cuanto su delicada salud se lo permitiera, estampara su firma en él, momento en el cual todo estaba ya preparado en la imprenta vaticana para la producción de miles de copias que serían distribuidas por todo el mundo.

Sin embargo, en el Vaticano había un amplio sector que miraba con aprensión la publicación de esta encíclica, en especial debido a los imprevisibles efectos que podría tener en las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno alemán, que a través del Kirchensteuer había pasado a convertirse en uno de los principales financiadores del Vaticano.
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Notapor Roul Wallenberg el Mié Oct 31, 2007 10:35 pm

"Los judíos, explica el texto, fueron responsables de su destino. Dios los había elegido como vía para la redención de Cristo, pero lo rechazaron y lo mataron. Y ahora, "cegados por sus sueños de ganancias terrenales y éxito material", se merecían la "ruina espiritual y terrenal" que había caído sobre sus espaldas.

En otro apartado, el texto concede crédito a los "peligros espirituales" que conlleva "la frecuentación de judíos, en tanto continúe su descreimiento y su animosidad hacia el cristianismo".

Así pues, la Iglesia católica, según el texto, estaba obligada "a advertir y ayudar a los amenazados por los movimientos revolucionarios que esos desdichados y equivocados judíos han impulsado para destruir el orden social". "


Para los judíos quizás es mejor que la susodicha encíclica no haya salido a la luz, con esas dichosas frases, habría sido literalmente como echarle más leña a la hoguera en la que iban a ser sacrificados. Es inconcebible y violenta la fe, y como católico hablo, que semejantes barbaridades puedan estar consideradas en un texto que podría haber sido encíclica.

Salu-2
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Notapor T34 el Jue Nov 01, 2007 5:51 am

LA IGLESIA CATOLICA Y LA SGM (Parte 5 de 5)


Francesco Petacci, Médico del Papa

Desgraciadamente, el Papa no vivió lo suficiente para avisar al mundo de los peligros del fascismo, como era su deseo, y, tal vez, evitar la guerra que se vislumbraba en el horizonte.

Murió el 10 de febrero, tan sólo dos días antes de la fecha prevista para la publicación de la encíclica. No tuvo tiempo para pronunciar su violento discurso contra el fascismo y el antisemitismo; su encíclica tuvo que esperar cincuenta y seis años para ver la luz.

La muerte de Pío XI estuvo rodeada de una serie de circunstancias, como poco, peculiares.

Al parecer, Mussolini realizó intensas gestiones para que el doctor Francesco Petacci, padre de Clara Petacci, la amante del Duce, fuera nombrado médico del Papa.

Algunas fuentes apuntan a que la insistencia en este nombramiento vino a raíz de una filtración a través de la cual Mussolini se enteró de la existencia del proyecto de la encíclica.
Sea como fuere, lo cierto es que existen opiniones de que el doctor Petacci actuó de forma sumamente irresponsable, desoyendo los consejos de otros médicos que acudían a visitar al pontífice y negándose a aplicar los tratamientos por ellos recomendados.

De hecho, pareció sentirse bastante molesto con la plantilla médica que estaba al cuidado del papa: un total de cuatro médicos y dos enfermeras, lo que se tradujo en una visible mejoría que, sin embargo, remitió los días 8 y 9 de febrero.

A las 5.30 de la madrugada del día 10, el papa fue declarado oficialmente muerto. Al parecer, nadie estaba junto a él en el momento de expirar y la última persona que le vio con vida fue, precisamente, el doctor Petacci.

Nada más producirse la muerte del papa, el doctor Petacci y el cardenal Pacelli tomaron una determinación insólita: ordenaron el inmediato embalsamamiento del cadáver, una práctica que había sido abolida —como ya se vio— incluso en aquellos casos en los que las circunstancias lo hubieran aconsejado, por ejemplo, la elevada temperatura ambiente.

También hubo un inexplicable retraso al hacer público el fallecimiento del Santo Padre.
Una hora después de la muerte aún se rezaba en la Santa Sede por su recuperación. Entre los papeles del cardenal Tisserant, se encuentran sus diarios, en los que se relatan con todo lujo de detalles los acontecimientos de aquella madrugada, así como la creencia de que el Papa había sido asesinado por medio de una inyección letal.
Mussolini al enterarse de la muerte del Papa afirmó "Por fin se ha muerto ese viejo testarudo"

Pío XII

El 2 de marzo de 1939, tras un cónclave sorprendentemente rápido de apenas dos días de duración, el cardenal Pacelli fue elegido Papa, tomando el nombre de Pío XII.

La elección de Pacelli había coincidido con su 73 cumpleaños.

La coronación de Pío XII tuvo lugar el 12 de marzo de 1939. Previamente a su coronación había redactado ante notario una carta de renuncia, para el caso de que fuera hecho prisionero por los nazis. De la encíclica que aguardaba la firma de su antecesor nunca más se supo.

Su nombre de nacimiento era Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli Graziosi.

Era el tercero de los cuatro hijos de Filippo Pacelli, príncipe de Acquapendente y de Sant'Angelo in Vado, y de su esposa la nobildonna Virginia Graziosi.

Su abuelo paterno, Marcantonio Pacelli, fue secretario segundo en el Ministerio de Finanzas de los Estados de la Iglesia y luego secretario del Interior bajo el papado de Pío IX (a quien acompañó al exilio de Gaeta) desde 1851 hasta 1870; fundó el periódico del Vaticano, L'Osservatore Romano en 1861;

Su primo, Ernesto Pacelli, fue uno de los más importantes consultores financieros del papa León XIII.

Su padre, Filippo Pacelli, fue el decano de la Sacra Rota Romana; y su hermano, Francesco Pacelli, fue un renombrado abogado especializado en derecho canónico, conocido por las negociaciones en los Pactos de Letrán en 1929, logrando un fin a la Cuestión Romana y a quien Pío XI luego nombraría marqués.

El nuevo Papa mandó a realizar unas escavaciones en los sotanos del Vaticano para confirmar la certeza de una leyenda que afirmaba que el Vaticano se había construido sobre la autentica tumba del Apóstol Pedro.

Tal parece que dicha leyenda resultó ser cierta porque se hallaron varias tumbas antiguas y una de ellas afirmaba que ahí se halalba enterrado el apostol.

El Papa entonces suspende las escavaciones afirmando que en verdad eran los auntenticos restos del Apostol.

En 1964 Pablo VI confirmaría que en verdad se trataba de los restos de Pedro.

En 2006 con Benedicto XVI se ha confirmado la versión.

Una de sus primeras decisiones como Papa fue, en abril de 1939, la de borrar del "Indice" las obras de Charles Maurras, fundador de la Action Française, grupo antisemita y anticomunista, a cuyos miembros les fue levantada la prohibición de recibir los sacramentos que pesaba sobre ellos desde el pontificado de Pío XI.

También este año publicó su primera encíclica, la Summi Pontificatus, por la que condenaba cualquier forma de totalitarismo.

Sin embargo, en la recién estallada II Guerra Mundial mantuvo, al menos desde un punto de vista formal, un exquisito neutralismo entre los beligerantes, tal como había hecho Benedicto XV en la contienda anterior.

Su mayor propósito era conservar la presencia católica en cada estado al margen de su alineamiento en la guerra, y por ello al fin de ésta se sintió fuertemente agraviado por el ateísmo militante en los países que quedaron en la órbita de la Unión Soviética.

Aunque había quedado patenta su labor caritativa y paliativa de las consecuencias del conflicto, su actitud demasiado tibia y contemporizadora de antes de que estallara y partidista de después de su conclusión, ha sido y es objeto de gran polémica, aunque cabe señalar que apoyó a miles de judíos, directa e indirectamente, como es el caso de quienes salvaron sus vidas por actas de bautismo falsas que él ordenó se les fueran dadas.

Las actividades anti-comunistas del papa Pío XII se volvieron más fuertes después de la guerra.

En 1948, Pío declaró que cualquier italiano católico que apoyara a los candidatos comunistas en las elecciones parlamentarias de ese año seria excomulgado e instó a Azione Cattolica para que apoyara al Partido Demócrata Cristiano Italiano.
En 1949, autorizó a la Congregación para la Doctrina de la Fe a excomulgar a cualquier católico que militara o apoyara al Partido Comunista.

Terminada la guerra, Pío también fue el vocero para instar a la clemencia y al perdón de todas las personas que participaron en la guerra, incluyendo a los criminales de guerra.

Así también presionó, mediante el nuncio de Estados Unidos, para conmutar las sentencias de los alemanes convictos por las autoridades de ocupación.

El Vaticano solicito el perdón para todos aquellos que estaban condenados a muerte, una vez que se permitió la ejecución de criminales de guerra en 1948.


Der Gerade Weg, núm. 37, 11 de septiembre de 1931.
Encyclopedia Judaica, volumen III, McMillan, Nueva York, 1971. Cita de Acerca de los judíos y sus mentiras, Martín Lutero, 1543.
Lacroix-Riz, Annie, Le Vatican, lEurope et le Reich, de la premiere guerre mondiale a la guerre froide.Armand Colin, Paris, tercera edición
Hitler, Adolf, Mein Kampf, 1925.
Hitler's Third Reich: A Documentary History, editada por L. Snyder, NelsonHall, Chicago, 1981
Shirer, William L., The Rise ana fall of the Third Reich, Simón & Schuster, Nueva York, 1960.
Toland, John, Adolf Hitler, Doubleday, Nueva York, 1976
Lewy, Guenter, The Catholic Church and Nazi Germany, Da Capo Press, Nueva York,2000.
Vivas, Ángel, "David Solar reconstruye El último día de Adolf Hitler", El Mundo, 27 de junio de 2002.
García de Cortázar, Fernando y Lorenzo Espinosa, José María, Los pliegues de la tiara. Los Papas y la Iglesia del siglo XX, Alianza Editorial, Madrid, 1991.
McBrien, Richard P., op. cit.
Alien, John L., All the Pope's Men: The Inside Story of How the Vatican Really Thinks, Doubleday, Nueva York, 2004.
Castelli, Jim, "The Lost Encyclical", National Catholic Repórter,.
Passelecq, Georges y Suchecky, Bernard, The Hidden Encyclical ofPius XI, Harvest. Nueva York, 1998.
Manhattan, Avro, Murder in the Vatican: American, Russian and Papal Plots, Ozark Books, Springfield, 1985.
Meyer, Jean, "Del antijudaísmo al genocidio
Herfling, Ludwig, Historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, 1981.
Peter Godman, Hitler and the Vatican: Inside the Secret Archives that Reveal the New Story of the Nazis and the Church, Simon & Schuster Trade.
Ronald J. Rychlak, Hitler, the War and the Pope
"Biografia no autorizada del Vaticano" Santiago Camacho, págs. 53-63
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Notapor T34 el Dom Nov 04, 2007 10:32 pm

Deutschen Christen ,Cristianos Alemanes.

Los luteranos alemanes, desde la temprana hora de 1930, y bajo la denominación de Deutschen Christen, se alinearon en la Iglesia del Reich, que sólo admitía arios.

Habiendo acatado expresamente la doctrina Ein Volk, ein Reich, ein Führer, su lema decía "Alemania es nuestra misión, Cristo nuestra fuerza".

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En simetría con el NSDAP, su estatuto incluia el llamado párrafo ario, que prohibía la ordenación de pastores que no fuesen de "raza pura", restringiendo también el acceso al bautismo.

Interesante es, por otra parte, el telegrama que el propio Martin Niemöller (después se arrepentiría) envió a Hitler, tras su triunfo en las urnas:

En nombre de más de dos mil quinientos pastores luteranos no pertenecientes a la Iglesia del Reich, saludamos a nuestro "Führer", dando gracias por la viril acción y las claras palabras que han devuelto el honor a Alemania. Nosotros, pastores evangélicos, aseguramos fidelidad absoluta y encendidas plegarias.

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Ya en julio de 1944, tras la conjura (en la que estaban implicados oficiales de la aristocracia y alta burguesía católicas) que desembocó en el fallido atentado contra el dictador, los altos dignatarios de la Iglesia luterana remitieron a éste otro telegrama:

En todos nuestros templos se expresa en la oración de hoy la gratitud por la benigna protección de Dios y su visible salvaguarda.

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Resulta clarificadora la crónica aparecida en la publicación norteamericana "Time", el 17 de abril de 1933:

El gran Congreso de los Cristianos Germánicos ha tenido lugar en el antiguo edificio de la Dieta prusiana para presentar las líneas de las Iglesias evangélicas en Alemania en el nuevo clima auspiciado por el nacionalsocialismo.

El pastor Joachim Hossenfelder (29. Abril 1899 en Cottbus, † 28. Junio 1976 en Lübeck )ha comenzado anunciando: "Lutero ha dicho que un campesino puede ser más piadoso mientras ara la tierra que una monja cuando reza. Nosotros decimos que un nazi de los Grupos de Asalto está más cerca de la voluntad de Dios mientras combate, que una Iglesia que no se une al júbilo por el Tercer Reich".

El pastor doctor Wienecke-Soldin ha añadido:
" La cruz en forma de esvástica y la cruz cristiana son una misma cosa. Si Jesús tuviera que aparecer hoy entre nosotros sería el líder de nuestra lucha contra el marxismo y contra el cosmopolitismo antinacional".

La idea central de este cristianismo reformado es que el Antiguo Testamento debe prohibirse en el culto y en
las escuelas de catecismo dominical por tratarse de un libro judío.

No es extraño. Ya el propio Lutero, que al principio de su rebelión se mostró suave con los judíos (tenía pensado convertirlos), al tener que vérselas con la ancestral resistencia hebrea desató su furor antisemita. Entre las soflamas
durísimas contra el pueblo de la Alianza que se leen por toda su obra, se hallan instrucciones precisas para la perpetración de un pogrom.

Finalmente, el Congreso ha adoptado estos dos principios:
1) Dios me ha creado alemán. Ser alemán es un don del Señor. Dios quiere que combata por mi germanismo.
2) Servir en la guerra no es una violación de la conciencia cristiana, sino obediencia a Dios.

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Si la tremenda gravedad de estos hechos lleva a alguien a pensar que sólo provenían de grupos minoritarios exaltados entre toda la grey luterana, sepa que en las elecciones eclesiásticas de julio de 1933, los Deutschen Christen obtuvieron el respaldo del 75% de los sufragios.

Los mismos protestantes que auparon a Hitler al poder, pues éste jamás obtuvo mayoría en Land católico alguno.
En ellos siempre prevaleció el Zentrum, situado frente a Hitler hasta que ya no le fue posible.

Deutschen Christen (habla Ratzinger)

Opiniones de un señalado católico alemán -testigo de excepción, que a la sazón contaba con 18 años y estaba alistado en la artillería antiaérea del Reich- al respecto de la lamentable realidad de los Deutschen Christen.

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Habla el cardenal bávaro Joseph Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe:

"El fenómeno de los Cristianos Alemanes ilumina el típico peligro al que está expuesto el protestantismo frente al nazismo.
La concepción luterana de un cristianismo nacional, germánico y antilatino, ofreció a Hitler un buen punto de partida, paralelo a la tradición de una Iglesia de Estado y del fuerte énfasis puesto en la obediencia debida
a la autoridad política, que es natural entre los seguidores de Lutero.
Precisamente por estos motivos el protestantismo luterano se vio más expuesto que el catolicismo a los halagos de Hitler.

Un movimiento tan aberrante como el de los Deutschen Christen no habría podido formarse en el marco de la concepción católica de la Iglesia.
En el seno de esta última, los fieles hallaron más facilidades para resistir a las doctrinas nazis.
Ya entonces se vio lo que la Historia ha confirmado siempre: la Iglesia católica puede avenirse a pactar estratégicamente con los sistemas estatales, aunque sean represivos, como un mal menor, pero al final se revela como una defensa para todos contra la degeneración del totalitarismo".

En efecto, por su propia naturaleza, no puede confundirse con el Estado -a diferencia de las Iglesias surgidas de la Reforma-, sino que debe oponerse obligatoriamente a un gobierno que pretenda imponer a sus miembros una visión unívoca del mundo.

Precisamente porque la Iglesia luterana oficial y su tradicional obediencia a la autoridad, cualquiera que fuera ésta, tendía a halagar al gobierno y al compromiso en servirlo también en la guerra, un protestante necesitaba un grado de valor mayor y más íntimo que un católico para resistir a Hitler.

Esto explica por qué los evangélicos han podido jactarse de personalidades de gran relieve en la oposición al nazismo.

Si en la época del ascenso al poder del nazismo no hubo movimientos de resistencia apreciables, ya en 1934 una minoría protestante se aglutinaba en torno a la figura no de un alemán sino del suizo Karl Barth, tomando distancias respecto a los Deutschen Christen y organizándose luego en el movimiento de la "Iglesia confesante", que tuvo sus propios mártires, entre ellos al célebre teólogo Dietrich Bonhoffer.

Sin embargo, como menciona Ratzinger, "precisamente porque la Iglesia luterana oficial y su tradicional obediencia a la autoridad, cualquiera que fuera ésta, tendían a halagar al gobierno y al compromiso en servirlo también en la guerra, un protestante necesitaba un grado de valor mayor y más íntimo que un católico para resistir a Hitler".

En resumidas cuentas, la resistencia fue una excepción, un hecho individual, de minorías, que "explica por qué los evangélicos -prosigue el cardenal- han podido jactarse de personalidades de gran relieve en la oposición al nazismo".

Era necesario un gran carácter, enormes reservas de valor, una inusual convicción para resistir, precisamente porque se trataba de ir contra la mayoría de los fieles y las enseñanzas mismas de la propia Iglesia.

Imagen

Naturalmente, dado que la historia de la Iglesia católica es también la historia de las incoherencias, de sus concesiones, de los yerros del "personal eclesiástico", no todo fue un brillo dorado ni entre la jerarquía ni entre los religiosos y fieles laicos.

Se ha discutido mucho, por ejemplo, acerca de la oportunidad de la firma en julio de 1933 de un Concordato entre el Vaticano y el nuevo Reich.

En primer lugar hay que considerar -y esto, naturalmente, vale para todos los cristianos, sean católicos o protestantes- que hacía pocos meses desde el advenimiento a la Cancillería de Adolf Hitler, que todavía no había asumido todos los poderes y por lo tanto no había revelado al completo el rostro del régimen, cosa que sólo se aprestaría a hacer inmediatamente después.

Recuérdese que hasta 1939, el primer ministro británico Chamberlain defendía la necesidad de una conciliación con Hitler y que el mismo Winston Churchill escribió (algo que, para mayor apuro de los aliados, recordarían los acusados en el Proceso de Nuremberg):

"Si un día mi patria tuviera que sufrir las penalidades de Alemania, rogaría a Dios que le diera un hombre con la activa energía de un Hitler."

Fuentes: Miguel Angel García Olmo
ConoZe.com.
Wikipedia
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Notapor jacbass1 el Lun Nov 05, 2007 1:06 am

Buen trabajo, e interesante. Solo me gustaria explicar algunas cosas, bajo mi punto de vista.

Sin embargo, en la recién estallada II Guerra Mundial mantuvo, al menos desde un punto de vista formal, un exquisito neutralismo entre los beligerantes, tal como había hecho Benedicto XV en la contienda anterior.


Como Estado independiente, el Vaticano era susceptible de invasion, y como ya dije antes, deberiamos de mirar a Pio XII mas como un diplomatico, con discurso basado en la biblia, que como un religioso.
En su enciclica "Summi Pontificatus" del 20/10/1939 decia:

-El primero de estos dos errores, en la actualidad enormemente extendido por desgracia, consiste en el olvido de aquella ley de mutua solidaridad y caridad humana impuesta por el origen común y por la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, sea cual fuere el pueblo a que pertenecen,…
-El que considera el Estado como fin al que hay que dirigirlo todo y al que hay que subordinarlo todo, no puede dejar de dañar y de impedir la auténtica y estable prosperidad de las naciones. Esto sucede lo mismo en el supuesto de que esta soberanía ilimitada se atribuya al Estado como mandatario de la nación, del pueblo o de una clase social, que en el supuesto de que el Estado se apropie por sí mismo esa soberanía, como dueño absoluto y totalmente independiente….
-Porque, si el Estado se atribuye y apropia las iniciativas privadas, estas iniciativas -que se rigen por múltiples normas peculiares y propias, que garantizan la segura consecución del fin que les es propio- pueden recibir daño, con detrimento del mismo bien público, por quedar arrancadas de su recta ordenación natural, que es la actividad privada responsable..

¿Qué hombre sensato, prudente, en esta grave situación, negará al Estado unos derechos más amplios que los ordinarios, que respondan a la situación y con los que se pueda atender a las necesidades del pueblo? Sin embargo, el orden moral establecido por Dios exige que se determine con todo cuidado, según la norma del bien común, la licitud o ilicitud de las medidas que aconsejen los tiempos como también la verdadera necesidad de estas medidas.

La concepción que atribuye al Estado un poder casi infinito, no sólo es, venerables hermanos, un error pernicioso para la vida interna de las naciones y para el logro armónico de una prosperidad creciente, sino que es además dañosa para las mutuas relaciones internacionales, porque rompe la unidad que vincula entre sí a todos los Estados, despoja al derecho de gentes de todo firme valor, abre camino a la violación de los derechos ajenos y hace muy difícil la inteligencia y la convivencia pacífica.

Mientras os escribimos, venerables hermanos, esta nuestra primera encíclica nos parece, por muchas causas, que una hora de tinieblas está cayendo sobre la humanidad, hora en que las tormentas de una violenta discordia derraman la copa sangrienta de innumerables dolores y lutos. ¿Es acaso necesario que os declaremos que nuestro corazón de Padre, lleno de amor compasivo, está al lado de todos sus hijos, y de modo especial al lado de los atribulados y perseguidos? Porque, aunque los pueblos arrastrados por el trágico torbellino de la guerra hasta ahora sólo sufren tal vez los comienzos de los dolores , sin embargo, reina ya en innumerables familias la muerte y la desolación, el lamento y la miseria. La sangre de tantos hombres, incluso de no combatientes, que han perecido levanta un fúnebre llanto, sobre todo desde una amada nación, Polonia, que por su tenaz fidelidad a la Iglesia y por sus méritos en la defensa de la civilización cristiana, escritos con caracteres indelebles en los fastos de la historia, tiene derecho a la compasión humana y fraterna de todo el mundo, y, confiando en la Virgen Madre de Dios, Auxilium Christianorum, espera el día deseado en que pueda salir salva de la tormenta presente, de acuerdo con los principios, de una paz solida y justa.."

Esto es un estracto de, quizas, lo mas significativo. Y efectivamente se le puede calificar de algo timorato, pero personalmente, creo que pensaba quizas mas en su apuesta por la neutralidad, que por su desaparicion como estado independiente, gracias a lo cual pudo efectuar muchas acciones para salvar a muchas personas de su exterminio, aunque desgraciadamente, no a todas.
Lo que si es cierto, es que la relaciones con el III Reich fueron correctamente tensas, pues aunque la Santa Sede reconocia al gobierno legalmente constituido en Alemania por el pueblo aleman, siempre critico y denuncio al nazismo como doctrina totalitaria. Como siempre, la iglesia se pegaba al poder legitimamente constituido, y el III Reich, aunque nos cueste, lo era.
Tambien fue obra de Pio XII el envio de una carta a Hitler en marzo de 1939, instandole a desistir de la violencia como medio politico. Apoyo al nuncio de Berna (Suiza) para acercar posturas entre Francia e Italia. Esta iniciativas iban dirigidas a reunir en una misma mesa en abril de ese año a Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y Polonia, empresa en la que fracaso ( a los hechos me remito).
Tambien le debemos al papa Pio XII, que Roma no fuera castigada por la guerra, quien mantuvo contactos directos a dos bandas con Mousolini y Roosevelt. Mousolini no quizo cooperar con el Vaticano en la preservacion de esta ciudad, aunque los amercianos le garantizaron que el Vaticano no seria tocado. A pesar de sus esfuerzos, el 19 de julio Roma fue bombardeada por primera vez, pero gracias a que un mes despues se destituia a Mousolini y el gobierno presidido por el mariscal Badoglio volvia a situar sobre Roma un paraguas protector. Pero los alemanes pronto liberaron al Duce, y lo restituyeron en el poder, obligando a Pio XII a redoblar sus esfuerzos por salvaguardar la ciudad eterna (y al Vaticano en su interior). Los esfuerzos de la Santa Sede por un lado con el III Reich y por otro con los gobiernos aliados de Gran Bretala y USA, dio sus frutos, cuando sin firma de acuerdo y sin ningun tipo de compromiso escrito, las tropas alemanas retiraron todos sus efectivos de Roma, quedando la ciudad eterna bajo el estatus de "ciudad abierta". Segun el embajador del Reich en Roma, Weizsacker "los esfuerzos de Pio XII lograron inspirar en mabas partesuna suerte de respeto reverencial hacia Roma".



Las actividades anti-comunistas del papa Pío XII se volvieron más fuertes después de la guerra.

Este hecho es comprensible, cuando el Varicano se mostro imparcial durante la guerra, aunque los catolicos habian sido duramente perseguidos durante la Revolucion en 1917, y se radicalizo despues de la guerra. Durante la IIGM, una vez que Rusia ocupo POlonia, Lituania, Letonia y Estonia, sometio a una dura persecucion a los catolicos. A pesar de ello, la Santa Sede se limito a presentar actividades humanitarias e intensas medidas diplomaticas, pues sobre la gran incertidumbre de la situacion belica, quizo mantener su dificil neutralidad. Alemania, en 1941, presiono a Pio XII fuertemente a que declarase la guerra santa contra la URSS, a lo que el papa se nego al igual que habia aceptado el gobierno del III Reich. Este posicionamiento del papa, hizo a Stalin suspender la persecucion de los catolicos hasta el final de la guerra, no se si por razones de interes (necesitaba soldados de todo tipo y religion) o por reconocimento de la religion catolica. Pero esta tregua finalizo con la guerra, y la iglesia catolica volvio a ser perseguida en la URSS tras la IIGM.
No quiero extenderme mas, pero si me gustaria que la diplomacia en tiempos de guerra debe de ser tarea mas que dificil, imposible en muchos casos. A Pio XII podemos achacarle todos los males que la iglesia catolica, como tal, tiene, y que ha perdurado durante siglos. Pero como diplomatico, creo que desempeño un papel importante y que evito muchas muertes, aunque dificilmente podia evitar otras. Aparte de textos que no vieron la luz, y por lo tanto pueden ser ficticios, queda una labor de mediacion ante gobiernos totalitarios para, por lo menos, intentar salvar la vida de una parte de la poblacion, la que siempre habia sido castigada por la represion, pero se le olvido proteger a otra parte de la poblacion, que hasta el momento se habia mantenido algo oculta. Ni defiendo ni critico, pero si comprendo el esfuerzo realizado por un "diplomatico catolico" como pienso que fue Pio XII.

Pío también fue el vocero para instar a la clemencia y al perdón de todas las personas que participaron en la guerra, incluyendo a los criminales de guerra.


En esta reflexion, debemos de entender que el cristiano perdona siempre a sus verdugos, por lo que no podemos criticar que, aunque no suene rechinante, pida perdon incluso para los verdugos. Pero, como siempre digo, la Iglesia puede pedir conforme a sus creencias, tan respetables como otras, que los demas aplicaremos las leyes que tengamos que aplicar.

En fin, este tema puede tener muchas visiones y forma de tratarlo, por ello lo considero apasionante y por eso...


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Notapor Roul Wallenberg el Lun Nov 05, 2007 4:15 am

Este estupendo artículo cada vez se pone mejor, no termina aquí, ¿verdad? . Quisiera hacer sólo un breve comentario:

Al ser dictadas las sentencias en el Juicio de Nüremberg, von Ribbentropp, al saber que enfrentaba la horca, hizo una serie de movimientos que terminaron en su conversión al catolicismo. Acto seguido le escribió una carta a Pío XII , a todas luces tendiente a lograr su alte intercesión para salvar su pescuezo.

Nunca se supo el contenido de la carta en cuestión. Incluso después de la apertura de los archivos del Vaticano sigue permaneciendo oculta en el misterio de las bóvedas pontificias.

Después de lo que hemos leído acá, y no pretendo pasarme de listo ni mucho menos, creo no sería tan aventurado el pensar que el ex Ministro haya invocado su antigua amistad, y cosas en común que ignoramos, con el señor Pacelli.

Pío XII no se dignó responder la angustiosa misiva del nuevo converso, actitud que me parace un poco controversial con aquella aquí descrita del perdón a los que habían seguido un camino equivocado cometiendo crímenes de lesa humanidad etc, etc.


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Notapor T34 el Lun Nov 05, 2007 5:33 pm

Estimados Compañeros,primero quiero agradecerles por enriquecer este tema con opiniones tan valiosas para mi.
Coincido en que eran tiempos dificiles y la labor diplomatica era como caminar sobre el filo de una navaja,en especial en momentos en que la vida humana no valía nada para ciertos regímenes.
Jacbass 1,gracias por traer otro enfoque,que a mi juicio amplía y completa la vision del proceder de la Iglesia.
Roul,por supuesto que hay más,me alegra que disfruten el tema.
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Notapor jacbass1 el Lun Nov 05, 2007 9:52 pm

Amigo Roul, el problema de esas cartas desaparecidas, es que se puede cuestionar incluso que existieran. Podemos pensar, con poco peligro de equivocarnos, que durante la mision diplomatica de Pacellii en Alemania, seguro que tuvo encuentros con Ribbentropp, pero especular con posibles cartas de dudosa existencia, es alimentar en cierta medida el proceso de "leyenda urbana". Quizas la carta no existio, y puedo decir, que si la carta hubiese llegado a manos de Pio XII, creo que hubiese intervenido en favor de Ribbentropp, pero afirmar esto por mi parte es especular con datos inciertos y sin pruebas.
T34, desde luego que cogiendo el rol de abogado del diablo, el tema pude dar mucho de si. Pero lo unico que estoy dispuesto a mantener de todo lo expuesto sin riesgo a equivocarme, es que la Iglesia esta formada por "hombres", y como tal es criticable y voluble. A partir de esta maxima, cualquier cosa que discutamos se perdera en interminables lineas sin sentido. Solo como has enfocado tu articulo, contando la historia tal como fue, podemos sacar cada uno nuestras conclusiones, personales e intransferibles, pues creo que exiten tantas iglesias como hombres creyentes en el mundo (que complicado el tema religioso :wink: ).
Pero a grandes rasgos, creo que has bordado el peliagudo tema de la Iglesia durante la IIGM. Por todas estas cosas...

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Notapor T34 el Mar Nov 06, 2007 12:30 am

Martín Lutero Memorial Church


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Berlín, Alemania. Desde fuera, es una iglesia corriente, con un campanario que necesita reparaciones. A primera vista, el interior parece normal, hasta que uno mira más detenidamente el elevado púlpito.

Tallado en la madera se ve a Jesucristo predicando; entre la multitud reunida a su alrededor hay un soldado nazi y uno de los infames guardias de asalto con camisas marrones de Adolfo Hitler.

Diseñada en los años veinte, pero terminada en 1935, la iglesia es una rara mezcla de la fe protestante con el dogma nacional-socialista.

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Un soldado tallado decora la fuente bautismal. Los azulejos en la pared incluyen símbolos nazis.
El lugar ocupado ahora por un busto de Martín Lutero, lo ocupaba antes uno de Hitler.

Incluso la figura de Cristo en la cruz del altar es fuerte, atlética y desafiante, personificando el concepto nazi de Ubermensch, más que el tradicional Jesús, rindiéndose.

"Puedes ignorarlo", dice Walter Jungnickel, un ministro luterano que ayuda a administrar la iglesia y ha predicado aquí algunas veces. "Pero sería difícil predicar y competir con esto todos los domingos".

Las probabilidades de que los ministros tengan ese problema en el futuro son mínimas.
Aunque la iglesia estuvo funcionando hasta hace unos dos años, ahora ha sido colocada en la lista de las que serán cerradas.
Con su inclinado campanario, la iglesia sería normalmente condenada a la demolición.Pero esa no es una opción simple para esta iglesia.

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"Antes de que podamos destruirla, tenemos que demostrar que hemos hecho todo lo posible para salvarla; de otro modo, la gente dirá que la iglesia está tratando de encubrir su historia", dice Matthias Hoffmann-Tauschwitz, director de proyectos de construcción de iglesias de las Iglesias Evangélicas de Berlín, Brandenburgo y la parte silesiana de Oberlausitz.

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Monica Geyler y Beate Rossie, historiadoras de arte del Foro para la Historia y lo Contemporáneo de Berlín, dicen que la demolición no debería ser una opción.
Las dos mujeres han examinado la iglesia y están pidiendo que sea convertida en una instalación educativa. Otros grupos han propuesto convertirla en un monumento o museo.

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El problema, dice Hoffmann-Tauschwitz, es el dinero. Estabilizar el campanario costará más o menos un millón 300 mil dólares. Convertirla en monumento o museo podría costar fácilmente tres veces esa suma.
La iglesia no está preparada para pagar esa cantidad por un edificio que no tiene intenciones de usar, ni está dispuesta a ceder el terreno a cualquier organización.

Pero encontrar a un grupo privado dispuesto a gastar dinero para construir un monumento es difícil. Hoffmann-Tauschwitz dijo que algunos grupos han mostrado interés, pero no se han comprometido.

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La iglesia está dispuesta a seguir buscando, pero en algún momento la tambaleante torre será demasiado peligrosa como para ignorarla.

"Está claro que la iglesia sólo tendrá futuro si podemos encontrar a alguien que pueda usarla y explicarla", dice.
Geyler y Rossie dicen que sería una vergüenza perder un edificio histórico. Mientras que hay algunas otras iglesias alemanas con iconografías nazis, ninguna posee tantas como la Iglesia en Memoria de Martín Lutero.

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Jungnickel dice que la mayoría de los miembros de la congregación simplemente ignoraban el arte nazi. Dice que ha tenido que consolar a una mujer a la que le gustaría que la iglesia siguiera abierta, ya que era la iglesia donde fue confirmada.
"Dijo que ella nunca le prestó atención al arte", dice Jungnickel. "Uno no puede pensar mal sobre esta gente. Era su iglesia".

Es un accidente de la historia que la iglesia esté tan estrechamente asociada al régimen nazi.
El edificio fue diseñado antes de que el Partido Nacional Socialista se hiciera con el poder en Alemania. Hoffmann-Tauschwitz dice que su estilo arquitectónico básico es típico de las iglesias de los años veinte.

Una vez que los nazis llegaron al poder, algunos miembros de la iglesia se las arreglaron para fundir la teología luterana con la ideología nazi, de acuerdo a funcionarios de la iglesia e historiadores.

Rossie y Jungnickel dijeron que los miembros de esta iglesia se apoyaron en los escritos antisemitas de Lutero para fundir la iglesia con un partido político.
Algunos incluso trataron de abandonar el Viejo Testamento y remover las influencias judías de su credo.

"No fue necesario que el Partido Nazi ordenara estos adornos", dijo Jungnickel, agregando que muchos miembros de esta congregación en particular estaban más que felices de congraciarse con los nazis.

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La construcción terminó en 1935.
El nuevo órgano de la iglesia fue usado por primera vez por los nazis en su congreso de 1935 en Nuremberg, donde el partido redactó el programa para exterminar a los judíos.

Hoffman-Tauschwitz dijo que algunos de los símbolos nazis más egregios fueron retirados en 1937, después de que el gobierno alemán aprobara una ley prohibiendo el uso de símbolos nazis en las iglesias.

Muchos más fueron retirados después de la guerra, especialmente después de que las tropas estadounidenses empezaran a usar la iglesia para orar.

En las paredes se ven muchos huecos, donde antes estuvieron los azulejos con svásticas.


Fuentes: David Crossland, Der Spiegel.
Jabeen Bhatti,Deustche Welle
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Notapor T34 el Sab Nov 10, 2007 7:05 am

Iglesia Confesante (Bekennende Kirche)(1 de 3)

La Iglesia Confesante o Iglesia de la Confesión (Bekennende Kirche) fue fundada en Alemania en 1934 en oposición al control nazi de las iglesias.

Entre el 29 y el 31 de mayo de 1934 diferentes obispos, pastores y laicos se reunieron en Barmen en el Sínodo de la Confesión del Reino de Dios.
Asistieron delegados de 18 iglesias regionales.
Entre los asistentes se destacaron Dietrich Bonhoeffer, Martin Niemöller, Gustav Heinemann, Hans Christian Asmussen y el teólogo suizo Karl Barth, que había escrito ya en Bonn que la Iglesia ha de servir, no al pueblo alemán o a la historia, sino a la palabra soberana de Dios en 1933.

Un punto de partida fue la ratificación del reconocimiento de "la palabra de Dios del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento como única fuente de nuestra fe", principio que los Deusche Christien rechazaban, tanto al descartar de plano el Antiguo Testamento por judío, como al subordinar el cristianismo a la nación alemana aria.

Büro Grüber

Por iniciativa del arcipreste de Berlín Heinrich Grüeber, en 1938 la Iglesia Confesante estableció una "oficina" de ayuda que inicialmente se proyectó para proteger a cristianos perseguidos por razones de raza, pero después ayudó a otras personas perseguidas, especialmente por los nazis, a judíos.

Se le conoció como Büro Grüber y al cabo de algún tiempo ayudó a escapar de Alemania a cerca de 2 mil judíos.
El Büro tuvo el apoyo de varios teólogos, como Hermann Maas, y del obispo de Baviera Hans Meiser.
En diciembre de 1940 la Gestapo cerró la oficina y Grüber y varios de sus colaboradores fueron arrestados y enviados a campos de concentración.

Confesión de Stuttgart

El 18 y 19 de octubre de 1945 se reunieron en Stuttgart, para hacer un "Confesión de Culpa", representantes de las iglesias de Alemania, convocados por líderes sobrevivientes de la Iglesia Confesante, como Hans Christian Asmussen, Otto Dibelius y Martin Niemöller.

"Con gran dolor decimos: mal infinito fue llevado por nosotros a muchos países y pueblos" expresó la declaración que hizo pública allí la Iglesia Evangélica de Alemania, que convocó a un nuevo comienzo para la iglesia y para el mundo bajo el espíritu de la paz y la justicia.

A partir de allí la Iglesia Confesante consideró cumplido su papel provisional y restablecida la Iglesia Cristiana de Alemania.
Fuente:Wikipedia,Die Bekennende Kirche
Última edición por T34 el Sab Nov 10, 2007 7:29 am, editado 1 vez en total
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Notapor T34 el Sab Nov 10, 2007 7:24 am

Iglesia Confesante (Bekennende Kirche) (2 de 3)

Martin Niemöller (14 de enero de 1892 - 6 de marzo de 1984) fue un pastor luterano alemán.

Se graduó como oficial naval y durante la Primera guerra mundial comandó un submarino.
En 1933, Niemoller ganó fama por un libro, "Del submarino al púlpito", que narraba su vida y su transformación de comandante de un submarino durante la I Guerra Mundial a pastor de una iglesia protestante.

El libro no es una de esas sagas de guerrero-se-convierte-en-pacifista, porque Niemoller sentía mucho orgullo por su carrera naval y también por sus actividades en el Freikorps, una organización de veteranos contrarrevolucionarios que atacaba al movimiento obrero revolucionario de Alemania tras la I Guerra Mundial.

La prensa nazi de ese tiempo elogió el libro y fue uno de los más vendidos durante los primeros años del gobierno nazi.
En la conclusión del libro, Niemoller celebró la llegada al poder de los nazis y el "renacimiento nacional" que suscitaron.

Entre 1919 y 1923 estudió Teología en Münster. Ya como pastor apoyó al principio la política anticomunista, antisemita y alemán nacionalista de Adolf Hitler.

Niemoller no era único en eso. El libro de William Shirer "El ascenso y la caída del Tercer Reich "dice que la mayoría de los pastores protestantes se alegraron con el "advenimiento" de Hitler.

Sin embargo, en 1934 Hitler trató de combinar a la fuerza las muchas sectas protestantes en una sola "Iglesia del Reich" y hacer que adoptaran una ideología más conforme a los nazis. Niemoller, el líder de la iglesia Confesionaria, no quiso ceder la autonomía y en mayo de 1934 la iglesia Confesionaria declaró que era la legítima iglesia protestante del país, en oposición a los deseos nazis.

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Siguieron varios años de batallas y treguas precarias; el nivel de fricción escaló pero mayormente se centraba en las medidas nazis respecto a la iglesia.

Por ejemplo, Niemoller se opuso a la prohibición de que los judíos conversos fueran ministros protestantes y, después, a las medidas que los confinaban a iglesias segregadas, aisladas de los demás protestantes.
Sin embargo, no se opuso a las medidas generales contra los judíos y otros grupos.

Aunque su conflicto con los nazis aumentaba, Niemoller se cuidó de no traspasar ciertos límites.
Hasta intentó superar a los nazis en patriotismo y les dijo a sus amigos que Hitler era un hombre inteligente pero que lo rodeaban imbéciles y charlatanes.

Cuando Dietrich Bonhoeffer, un teólogo protestante que también era pastor de la iglesia Confesionaria, exhortó a los cristianos a ayudar a los judíos y a tomar medidas directas contra la persecución, Niemoller le contestó que la iglesia tenía que preocuparse de su propia seguridad antes de alzar la voz por otros.

Reaccionó al fin contra el nazismo en 1933 cuando Hitler, en desarrollo de la política de la política totalitaria de homogenización, denominada oficialmente Gleichschaltung, impuso sobre las iglesias protestantes al grupo de los Deutsche Christen (cristianos alemanes) que unieron 28 iglesias regionales en torno a una denominada Iglesia Evangélica Alemana (Deutsche Evangelische Kirche DEK), a la que acudieron la mayoría de los protestantes alemanes.
La DEK impuso el "parágrafo ario" (Arierparagraph) que excluía de la iglesia a todo creyente con antepasados judíos.

Niemöller fundó entonces junto con Dietrich Bonhoeffer, la Iglesia Confesante (Bekennende Kirche), que se opuso a la nazificación de las iglesias alemanas.

Por su oposición al control estatal nazi sobre las iglesias, Niemöller (ex comandante de submarino, autor de libros supervendidos, famoso pastor de una parroquia adinerada y ex niño mimado de la prensa nazi)fue arrestado el 1 de julio de 1937 y condenado el 2 de marzo de 1938 a siete meses de cárcel por una corte especial; como ya había cumplido la condena, al salir fue apresado por la Gestapo y permaneció retenido en los campos de concentración Sachsenhausen y Dachau, hasta 1945.

En enero de 1946, los representantes de la iglesia Confesionaria se reunieron en Frankfort para debatir su reconstitución.
Una vez más, Niemoller subió al púlpito, pero dio un sermón muy diferente.

Primero (y en esto hablaba por muchas personas), detalló las excusas que dio para no alzar la voz:
Sí, Hitler atacó a los comunistas, pero ¿no eran ateos y revolucionarios?
Y sí, aniquiló a los incapacitados y los enfermos, pero ¿no eran una carga para la sociedad?
Y claro, agarrar a los judíos era deplorable, pero ¿los judíos no son cristianos, verdad?
Y lo de los países ocupados era una lástima, pero por lo menos eso no ocurrió en Alemania ¿no es cierto?
Ninguna excusa justificaba todo eso, reiteró.

Dijo: "No podemos negar [la necesidad de expiación] con la excusa de que ¿me habrían matado si hiciera algo?.
"Preferíamos mantener silencio.
Claramente no somos inocentes y me pregunto una y otra vez: ¿qué habría pasado si en el año 1933 ó 1934, 14,000 pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte?
Puedo imaginar que tal vez 30,000 ó 40,000 cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a 30 ó 40 millones de personas, porque eso es lo que [el silencio nos costó]".

El ex comandante de submarino llegó a ser un opositor apasionado de la guerra en general y especialmente de la carrera armamentista nuclear de la posguerra.

Luego, se incorporó hasta el final de sus días al movimiento pacifista, fue presidente del Consejo Mundial de Iglesias en 1961 y desempeñó un papel importante en la denuncia contra la guerra de Vietnam.

En 1965, visitó Vietnam del Norte durante los bombardeos estadounidenses y se reunió con Ho Chi Minh; el hecho de que en ese tiempo era presidente del Consejo Mundial de Iglesias, al igual que su gran autoridad moral, le provocaron mucho disgusto al gobierno de Estados Unidos.

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El día que cumplió 90 años, habló de su evolución de archirreaccionario a "revolucionario" (así se decía) y comentó con ironía que si llegara a tener 100 años a lo mejor sería anarquista.

Su mejor y más conocido poema "Cuando los nazis vinieron...", trata acerca de las consecuencias de no resistir las tiranías en los primeros intentos de su establecimiento.

El orden exacto de los grupos y las palabras están sujetas a disputa, ya que existen muchas versiones, la mayoría transmitidas oralmente. Martín Niemöller, menciona que no se trataba originalmente de un poema, sino de un sermón en la semana santa de 1946 en Kaiserslautern, Alemania "¿Qué hubiera dicho Jesucristo?".

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".


Durante sus viajes a Estados Unidos, después de la guerra, pronunció innumerables conferencias, concluyendo a menudo con estas palabras que se hicieron famosas y sobre las que existen testimonios de diferentes versiones.

En algunas, los socialistas aparecen sustituidos por comunistas y los sindicalistas por los socialdemócratas, o se añade un verso sobre los judíos (W. L. Shirer: Nacimiento y ca¡da del Tercer Reich).

En otras, el poema se inicia de forma diferente: "Cuando Hitler atacó a los judíos, yo no era..." (Harry W. Mazal indica que así aparece en Cogressional Record del 14 de octubre de 1968).

Hay incluso más versiones aportadas por diversas fuentes, aunque todas ellas conserven lo esencial.

Erróneamente este poema se le atribuye, en muchos idiomas, al dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht.


Fuente:Wikipedia,Die Bekennende Kirche,Net Rev,Martin-Niemöller-Schule Wiesbaden.
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Notapor T34 el Sab Nov 10, 2007 7:44 am

Iglesia Confesante (Bekennende Kirche) (3 de 3)

Dietrich Bonhoeffer (4 de febrero de 1906 - 9 de abril de 1945)

Bonhoeffer nació en Breslau, Alemania (hoy Wrocław, Polonia) en el seno de una familia de clase media-alta. Su padre era psiquiatra en Berlín; su madre instruyó a los hijos en su casa.
A edad muy temprana, decidió ser ministro de la Iglesia Evangélica Luterana.
Sus padres apoyaron su decisión y cuando fue suficientemente mayor asistió a la universidad de Tubinga, se doctoró en teología por la universidad de Berlín en 1927 y fue ordenado.

Pasó entonces un año de postgraduación en el extranjero, estudiando en el Seminario de la Unión Teológica en Nueva York.
Durante este periodo, visitaba a menudo la Iglesia Metodista Episcopal Africana en Harlem, donde llegó a destacar en los coros negros. Recopiló una importante colección de grabaciones de estos espirituales, que llevó a Alemania.

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Resistencia contra el nazismo


Volvió a Berlín en 1931, donde enseñó Teología y escribió varios libros. Opuesto firmemente al nazismo y a la claudicación de las iglesias alemanas frente a Hitler, se vio implicado, junto con Karl Barth, Martin Niemöller y otros, en el establecimiento de la Bekennende Kirche (Iglesia Confesante o Iglesia de la Confesión, de teología luterana pero no oficial).

En abril de 1933, en una conferencia ante los pastores berlineses, Bonhoeffer insistió en que la resistencia política se hacía imprescindible. Entre finales de 1933 y 1935 sirvió como pastor de dos iglesias germanófonas protestantes en Londres.

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Volvió a Alemania para encabezar un seminario ilegal para pastores de la Iglesia de la Confesión, en Finkenwalde.
La Gestapo clausuró el seminario en 1937 y le prohibió predicar, enseñar y finalmente hablar lo más mínimo en público.
El seminario funcionó entonces en el estadio von Blumenthal de Gross Schlönwitz, pero fue nuevamente cerrado el estallar la guerra.
La resistencia, con la que colaboraba Bonhoeffer, era activa desde antes de la Segunda Guerra Mundial.

Durante este periodo, Bonhoeffer mantuvo estrechos contactos con Carl Friedrich Goerdeler y trabajó mano con mano con numerosos opositores a Hitler.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Bonhoeffer desempeñó un papel clave de acaudillamiento en la Iglesia de la Confesión, que se oponía a las políticas antisemitas de Hitler.

Estaba entre aquéllos que apelaban a la abierta resistencia de la iglesia al tratamiento que Hitler daba a los judíos. Aunque la Iglesia de la Confesión no era grande, representaba un foco considerable de oposición cristiana al régimen nazi en Alemania.

En 1939 se unió a un grupo clandestino de la resistencia, que incluía militares de alto rango con base en Abwehr, u Oficina de Inteligencia Militar, quienes encabezados por el almirante Wilhem Canaris, querían derrocar el régimen nacionalsocialista de Hitler.

Lo arrestaron en abril de 1943, después de que condujera hacia él, el dinero del Proyecto 7, usado para ayudar a escapar a judíos a Suiza.
Fue acusado de conspiración y encarcelado en la cárcel de Tagel, en Berlín, durante un año y medio.

Tras el complot infructuoso del 20 de julio de 1944, Bonhoeffer fue sindicado de complicidad por sus conexiones con los conspiradores, algunos de los cuales eran familiares suyos, como su tío, el comandante de la ciudad de Berlín, Paul von Hase.

Imagen

Lo trasladaron a una serie de prisiones y campos de concentración, terminando en Flossenbürg.

Ahí, Dietrich Bonhoeffer fue ahorcado, en el amanecer del 9 de abril de 1945, justo tres semanas antes de la liberación de la ciudad.

También fueron ahorcados por participar en la conspiración su hermano Klaus y sus cuñados Hans von Dohnanyi y Rüdiger Schleicher. Los cuatro hombres fueron obligados a acudir totalmente desnudos al patíbulo.

"La Iglesia permanecía muda, cuando tenía que haber gritado... La Iglesia reconoce haber sido testigo del abuso de la violencia brutal, del sufrimiento físico y psíquico de un sinfín de inocentes, de la opresión, el odio y el homicidio, sin haber alzado su voz por ellos, sin haber encontrado los medios de acudir en su ayuda. Es culpable de las vidas de los hermanos más débiles e indefensos de Jesucristo." Dietrich Bonhoeffer


Fuente:Wikipedia,Die Bekennende Kirche,Net Rev,International Bonhoeffer Society
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Notapor M Steiner el Sab Nov 10, 2007 1:05 pm

Buen trabajo, T-34.
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Notapor Roul Wallenberg el Sab Nov 10, 2007 7:09 pm

Sigue siendo muy interesante, me alegro que no haya terminado la serie, y sigue, ¿no es así?

Gracias y felicitaciones


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Notapor T34 el Mar Nov 13, 2007 7:09 am

Muchas Gracias por las Felicitaciones Compañeros .Seguramente que hay más Roul.Estoy tambien esperando los comentarios de jackbass 1,pues los anteriores han sido muy estimulantes y creo que es un gran conocedor del tema.
El intercambio ha sido muy enriquecedor.
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nazificación de la religion catolica

Notapor Roul Wallenberg el Jue Nov 22, 2007 11:07 pm

Para muestra un botón:

misa de campaña en el frente del este, la cruz gamada reemplaza a la Cruz de Cristo.


Imagen



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Notapor M Steiner el Vie Nov 23, 2007 12:44 am

La Fé estaba por encima de las recomendaciones nazis.
Curiosa foto, Roul.
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Notapor jacbass1 el Vie Nov 23, 2007 1:23 am

Pues poco a poco se ve la historia, e incluso podemos comentarla.
Ya dije que pueden exitir tantas iglesias como hombres, y a tus pruebas me remito, amigo T34. De las filas de la iglesia oficial surgieron personas comprometidas y valientes, que "intentaron" oponerse a la nazificacion de la Iglesia oficial. Pero diplomaticamente hablando, la oficial se "medio sometio" mas para ayudar (esto es opinion personal) que oponerse a los nazis, lo cual podia haber traido consecuecias martirificadoras para los miembros de la iglesia.
De hecho las escisiones o iglesias paralelas creo que fueron apoyadas por el VAticano, pues suponian una forma "guerrillera" de oponerse al regimen sin dar la cara directamente. Se puede tildar de postura cobarde, pero la situacion tal como la vio Pio XII, que no olvidemos conocia los intringulis del nazismo, aconsejaba un poco de mano derecha para no levantar muchos la animadversion hacia los catolicos.
Como siempre se comenta, el cristiano debe de aceptar la cruz (lease castigo) tal y como se lo mande Dios. Pero en esa epoca seguro que opto por ser menos "martir" y mas pseodocolaborador.
Hay una pelicula de Gregory Peck, "Escarlata y Negro", en la que se retrata perfectamente la politica vaticana para con los nazis. Recomiendo su vision. Como los nazis, intentando mantenerse al limite de la invasion del Vaticano, impusieron reglas, que muchos miembros de la jerarquia eclesiastica, se saltaban como quien no hace la cosa y no se da cuenta, para ayudar a las personas que sufrian la persecucion en Roma.

Resumiendo un poco, la Iglesia Catolica de la IIGM fue la menos cristiana, pero la mas humanitaria. O al menos no cejo en su empeño de ayudar a cualquier persona sin importarle raza, credo o procedencia.

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Notapor STUKA el Vie Nov 23, 2007 2:42 am

interezante tema que siempre despierta controversia , muy buena foto roul la de la misa de campaña nunca la habia visto. :wink:
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Notapor Roul Wallenberg el Vie Nov 23, 2007 6:05 am

Tengo más, muchas más y he publicado algunas que han pasado desapercibidas o ignoradas del todo.

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Notapor T34 el Vie Nov 23, 2007 10:53 pm

Interesante foto Roul,como siempre sorprendiendonos.Realmente quise poner las dos vertientes de la Iglesia en Alemania en la Guerra porque como bien se dice cada uno es una Iglesia en sí.
Algunos desidieron enfrentar al Regimen y otros tratar de atemperarlo y tal vez con el correr del tiempo sea facil juzgarlos en el presente.
Saludos.
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Notapor T34 el Dom Feb 10, 2008 8:27 am

Heinrich Grüber


Heinrich Grüber fue el único testigo alemán que brindó testimonio en el juicio a Adolf Eichmann, en Jerusalén.

Interrogado por el Dr. Robert Servatius, abogado defensor del criminal de guerra, de cuya ejecución se cumplen cuarenta años el 31 de mayo, declaró: "Poco después de la "Noche de los Cristales", en noviembre de 1938, cuando Joseph Goebbels señaló que el pogrom había sido una manifestación espontánea de la nación alemana, yo manifesté pública y solemnemente en dos reuniones multitudinarias que no quería tener nada que ver con esa nación alemana."

Heinrich Grüber era deán protestante en Berlín y pasó a la historia tanto por su tenaz oposición al nazismo como por haber arriesgado su vida para salvar judíos condenados al exterminio.

Imagen
Heinrich Grüber

Había nacido en Stolberg, el 24 de junio de 1891. De ascendencia hugonote, estudió teología en Bonn, Berlín y Utrecht antes de convertirse en un activo trabajador social y director de un asilo para niños mentalmente retrasados.

Se opuso a Hitler desde la llegada de éste a la cancillería alemana, en enero de 1933.

Pronto hizo contacto con quien sería uno de sus mejores amigos por el resto de su vida, el pastor Martin Niemöller, fundador en 1934 de la Iglesia Confesional ("Bekennende Kirche"), opositora de la iglesia oficial aliada del nacional-socialismo.

Fue precisamente esta nueva iglesia, núcleo de la resistencia protestante al nazismo y formadora de destacados profesores de teología después de la guerra, la que encargó a Grüber fundar, en la vicaría de Kaulsdorf, cerca de Berlín, una organización que dió en llamarse el "Bürö Grüber".

Su misión consistía en salvar a cristianos de ascendencia judía y a judíos en general.

El "Büro" se hacía cargo de cuestiones vinculadas a la emigración, oportunidades de empleos en el exterior, el cuidado de ancianos y el bienestar y la educación de niños judíos. Grüber negociaba personalmente con las autoridades nazis. Debió vérselas más de una vez con los burócratas de la oficina dirigida por Adolf Eichmann ante quienes intercedía en favor de instituciones judías.

Poco después del inicio de la guerra comenzó a ser perseguido y amenazado por la Gestapo hasta que en diciembre de 1940 fue arrestado y confinado en el campo de concentración de Sachsenhausen y luego transferido a Dachau.

Allí sufrió complicaciones cardíacas y, durante una redada interna, dos guardias se encargaron de golpearlo hasta que no le quedó un sólo diente en su lugar.

Fue liberado en 1943 y de inmediato continuó desde Berlín sus contactos con sacerdotes exiliados.

Finalizada la guerra fundó la Sociedad de Auxilio para ex-Víctimas de la Persecución Racial. Entre 1949 y 1958 fue el representante de la iglesia protestante en Berlín oriental, puesto al que renunció por el continuo espionaje que las autoridades pro-soviéticas hacían sobre activistas cristianos.

Tampoco en Alemania occidental era la figura más popular. Su prédica permanente contra el armamentismo así como a favor del desarme nuclear y su insistencia en mencionar la culpa colectiva que le cabía al pueblo alemán por el Holocausto, le valieron el rechazo y la antipatía de muchos.

Grüber acostumbraba decir que "quien encubre sus faltas del pasado es un potencial criminal del futuro". También solía denunciar lo que él llamaba el blanqueo sistemático del pasado llevado a cabo por las autoridades germanas.

Durante el resto de su vida Grüber continuó predicando la obligación moral del pueblo alemán hacia el pueblo judío y alertando acerca del peligro de minimizar las actividades del neo-nazismo en Alemania Federal.

Sus libro de memorias, "Recuerdos de Siete Décadas", fue publicado en 1968. Murió en Berlín de un ataque al corazón a la edad de 84 años, el 29 de noviembre de 1975.

Fuente: Baruj Tenembaum ,Fundación Internacional Raoul Wallenberg
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