Publicado: Dom Nov 17, 2019 9:38 pm
por Fallschirmjäger
Cuando uno piensa acerca de los horrores de la guerra es difícil entender cómo las personas lidian con el servicio en el frente. La guerra implica la confrontación con un nivel de violencia desconocido y abrumador para el soldado recién extraído de su ámbito civil. Al ser llamado a filas, no solamente se le pide a este soldado-civil que mate, destruya o reprima al enemigo, sino que, consecuentemente, le pide que acepte la latente posibilidad de morir.
Justamente es en el tiempo comprendido entre las dos guerras mundiales que la fatiga de guerra o desorden de estrés post-traumático es por primera vez diagnosticada y tratada. La reacción natural e inconscientemente de la persona ante este nuevo escenario de violencia es poner en marcha mecanismos de defensa que traten de proteger la psique propia. En este sentido, una de las estrategias más comunes para afrontar estas nuevas experiencias es el hecho de plasmarlas de forma escrita.

La escritura de un diario de guerra puede concebirse desde una intencionalidad dual: parte como registro documental, parte terapéutica. Al vivir en constante estado de estrés, la escritura de un diario puede ayudar a aliviar la ansiedad. Si un soldado no se siente lo suficientemente cómodo para hablar con otras personas o si las experiencias aún son demasiado resientes como para quererlas tratar verbalmente, pueden exteriorizarse a través de la escritura. El hecho de plasmar por escrito las experiencias ayuda a procesar series de eventos y, al mismo tiempo, lidiar con ellos.

Entre los documentos recopilados por la Comisión Histórica Soviética en Stalingrado se registran dos extractos del diario de un soldado alemán de primera clase. Los soviéticos encontraron el diario en diciembre de 1942 o enero de 1943, probablemente entre las posesiones de su difunto autor. El diario fue entregado a la unidad de inteligencia militar del 62º Ejército, siendo que varias partes de la misma fueron traducidas al ruso. Las secciones preservadas de estas traducciones comienzan el 22 de noviembre, cuando el regimiento de este soldado anónimo, estacionado en Kalach-del-Don, fue atacado por las puntas de lanza de la Operación Urano desde el norte y el sureste. La unión de estas fuerzas de ataque selló el destino del ejército alemán en Stalingrado.

El diario documenta la consiguiente confusión, los intentos fallidos de los alemanes de salir de la bolsa, su retirada hacia el este con dirección hacia Stalingrado, y cómo los hombres lucharon mientras subsistían con raciones que, al final, los llevaron a la inanición. Las citas del diario terminan el 18 de diciembre. Para entonces, el autor del diario sintió que la muerte estaba cerca y escribió con nostalgia sobre el hogar y la familia. Las entradas finales son un testimonio conmovedor de la angustia humana.

Los diarios, a diferencia de las cartas, brindan una mayor visión autorreferencial ya que ofrecen un acceso diferente, muy íntimo, a las experiencias de guerra.


De los documentos capturados recibidos por la Séptima Sección, Departamento Político, 62° Ejército. 01 de enero de 1943
Diario de un soldado de primera clase de la 10º Compañía, 578º Regimiento, 305 División de Infantería

22 de noviembre: Dejamos Kalach por la noche.

23 de noviembre: Aviones rusos, constantes ataques aéreos.

24 de noviembre: Me levanté a las 3:45 AM y comenzó la difícil marcha, sobre terreno arenoso, hacia el Don. Constantes disparos. En la empinada orilla del Don había rusos. Podías verlos perfectamente. En todo momento estuve oyendo el estallido de proyectiles. Por la noche dejamos esas posiciones. Pasé la noche en el suelo congelado.

25 de noviembre: Perdimos una unidad. Bombas, pilotos, artillería.

27 de noviembre: Una retirada apresurada sobre la arena. Estamos rodeados. Hace tanto frío. Estoy tiesamente congelado. Nos están bombardeando.

28 de noviembre: Está oscuro y estamos todos cargados, listos para partir. Yo y ocho de los míos. Nadie sabe a dónde vamos.

29 de noviembre: Esperamos por un tiempo en la carretera; no sabemos qué más hacer. Estoy terriblemente hambriento. Últimamente ha habido problemas con la comida. ¿Qué va a suceder? Otras unidades vecinas están cocinando, y yo aquí ni siquiera puedo conseguir una cucharada de sopa. Seguimos adelante. Nos detuvimos en un barranco. Comenzamos a buscar a nuestra compañía. El pueblo de al lado era un completo desastre: rumanos, rusos, alemanes. Después de una larga búsqueda encontramos nuestra compañía.

30 de noviembre: Temprano en la mañana alcanzamos a nuestro pelotón. Nos atrincheramos en el frío suelo. Brutal lucha día y noche. Los tanques rusos se abrieron paso al anochecer y tuvimos que defendernos de ellos. Ataque aéreo, fuego de mortero. No he comido en treinta y seis horas. Ahora tengo 1/8 de hogaza de pan, 1/16 de carne enlatada, unas cucharadas de sopa de guisantes y un sorbo de café.

1 de diciembre: Pasé la noche en una trinchera: las mismas raciones. Morteros explotando constantemente. Terriblemente frio. Estábamos en las primeras líneas, luego regresamos. Dormimos en un granero del pueblo más cercano. Justo en el fango y el estiércol. Todo está mojado, terriblemente frío.

2 de diciembre: Bombardeos por la mañana. Algunos muertos y heridos. Apenas lo logré. Todas mis cosas fueron robadas: todo lo que me queda es lo que tenía sobre mí. Marchamos doce kilómetros, estamos muertos de cansancio, hambrientos. Otro día entero sin comida. He perdido toda mi fuerza.

3 de diciembre: De nuevo marchamos, de nuevo sin agua. No puedo conseguir nada para beber. Me siento terrible. He estado comiendo nieve. Esta noche no encontramos alojamiento. Está nevando, estoy completamente empapado, agua en mis botas. Logramos encontrar una trinchera. Me quedaré allí con otros seis compañeros. Cocinamos un poco de carne de caballo en agua de nieve. ¿Que traerá el futuro? Estamos rodeados. ¡1/12 de pan!

4 de diciembre: Marcha pesada: diecinueve kilómetros. Todo cubierto de hielo. Llegamos a Gumrak; pasamos la noche en vagones.

5 de diciembre: Sigue empeorando. Tanta nieve, mis dedos están congelados. Tengo mucha hambre. Esta tarde, después de una larga marcha, entramos en Stalingrado. Nos recibieron con proyectiles. Terminamos en una bodega. Treinta de nosotros. Absolutamente sucio, sin afeitar. Apenas podemos movernos. Hay muy poco para comer. Tres o cuatro cigarrillos. Un grupo de hombres terribles y salvajes. ¡Soy tan infeliz! Todo está perdido. La gente pelea constantemente, todos están en su último nervio. El correo no llega, es terrible.

6 de diciembre: Igual que ayer. Estamos acostados en esta bodega, apenas posible salir en caso de que los rusos lo vean. Ahora, al menos, obtenemos 1/4 de pan al día, una lata de carne por cada ocho hombres, un poco de mantequilla.

7 de diciembre: Todo está como estaba. Señor, por favor, ayúdame a regresar a casa de una pieza. Mi pobre esposa, mis queridos padres. ¡Cuán difícil debe ser para ellos! Dios todopoderoso, has que esto llegue a su fin. Danos paz nuevamente. Que podamos retornar a casa, regresar a una vida humana.

9 de diciembre: Nuestras porciones en la cena fueron un poco mayores, pero solo conseguimos 1/12 de barra de pan, 1/12 de carne enlatada. Ayer fue el cumpleaños de mi esposa. Estoy deprimido. La vida ha perdido todo significado. Las discusiones y peleas nunca paran. El hambre puede tener ese efecto.

10 de diciembre: No he comido nada desde ayer. Solo algo de café negro. He perdido toda esperanza. Dios, ¿seguirá esto por mucho tiempo? Los heridos están aquí con nosotros. No los podemos enviar a ningún lado. Estamos rodeados. Stalingrado es el infierno. Hervimos la carne de caballos muertos. Nada de sal. Muchos de nosotros tienen disentería. ¡La vida es tan terrible! ¿Qué he hecho para merecer tal castigo? Treinta hombres están como sardinas en este sótano. A las dos en punto comienza a oscurecer. La noche es larga. ¿Habrá acaso un día?

11 de diciembre: Hoy recibimos 1/7 de barra de pan, algo de manteca de cerdo, y supuestamente tendremos algo más de comida caliente. Pero esta noche colapsé de debilidad.

12 de diciembre: Todavía en Stalingrado. Se nos ha asignado una nueva unidad. La situación alimenticia es todavía muy mala. Ayer traje algo de carne de caballo. Hoy, desafortunadamente, no hay nada. Me mantengo con la esperanza de que puedo continuar. Debería mejorar. Hubo realmente una tormenta anoche: fuego de artillería, proyectiles. La tierra se sacudió. Nuestro suboficial salió a pelear. Le seguiremos pronto. Tenemos personas aquí con disentería. Estoy tan hambriento. Si sólo fuera un poco más fácil. Si no estuviéramos enfermos o heridos. Dios ayúdame. Las armas están disparando constantemente. Puedes oír el silbido de proyectiles que vienen. Hoy escribí una carta. Espero que mi familia la reciba pronto. Ahora mismo puedo ver a mi esposa tan claramente delante de mí.

13 de diciembre: Esta tarde conseguimos harina de arroz y 1/16 de carne enlatada. Estaba feliz de haberlo obtenido. Nada nuevo aparte de eso. Me estoy sintiendo muy débil, muy mareado.

14 de diciembre: Aun siento desfallecer. Ninguna ayuda a ser recibida. Hay muchos heridos aquí que no están siendo atendidos. Todo debido al encierro.
Fumé mi último cigarrillo. Todo está acabándose. Las cosas que he experimentado esta semana pasada –es demasiado. Estoy siempre tan terriblemente hambriento. El año pasado en Rusia fue nada comparado con lo que está ocurriendo ahora mismo. Esta mañana comí 1/7 de barra de pan, un pedazo diminuto de mantequilla. Nos han estado bombardeando desde anoche. ¡Qué existencia tan desapacible! ¡Qué terrible país! Estoy poniendo toda mi esperanza en Dios. He perdido mi fe en la humanidad.

15 de diciembre: Se nos requiere en el frente. Trastabillamos y gateamos nuestro camino a través de las trincheras y ruinas de Stalingrado. Cruzamos sendas llevando a cuestas a un soldado herido seriamente. Arribamos al puesto de mando. Luego descendimos al sótano de una fábrica, y entonces la mayor parte de nuestra unidad salió a pelear. Sólo trece de nosotros nos quedamos. Era el de mayor rango ahí. Había suciedad y escombros por todas partes. Ninguna salida. Todo cambiando de posición y desmoronándose bajo el fuego de artillería ruso.

16 de diciembre: Aun estoy aquí. Traen a los heridos acá abajo. En el sótano es oscuro tanto en el día como en la noche. Construimos una hoguera justo en el suelo. A Las 4:00 P.M. la entrega de ración llegó: sopa, 1/8 de barra de pan, un poco de mantequilla, un poquito de carne enlatada. Comí todo de inmediato y me tendí. Veinticuatro horas hasta la siguiente comida. El 15 de diciembre envié una carta por correo aéreo. Espero que logre llegar para la Navidad. Mi pobre, querida esposa y mis padres.

18 de diciembre: El día pasa, al igual que todos los demás. Comemos por la noche. Una vez cada veinticuatro horas obtenemos comida, luego no hay nada. Tuve que arrastrar adentro a un hombre herido. Buscamos al doctor por mucho tiempo antes de encontrarlo, quien estaba también en el sótano de un edificio que había sido completamente destruido. Hallé a un hombre muerto cuando regresé a mi trinchera. Era Rill, hablé con él tres días atrás. Estoy sentado en esta trinchera con otro soldado. Es de Austria, veinte años de edad. Tiene disentería, el hedor es insoportable. Constante explosión de proyectiles. Me duelen los oídos y estoy realmente frío. A cincuenta metros está el Volga. Estamos justo al lado del enemigo. Ya no me preocupo por nada más. No puedo ver una salida a este infierno. Los heridos no son evacuados, sólo los dejamos en los pueblos, dentro del kessel. Todo lo que puedo esperar es un milagro. Nada más puede ayudar. Nuestra artillería se ha callado completamente, probablemente se han quedado sin munición. Estoy muriendo de hambre, estoy congelado, mis pies son como el hielo. Ninguno de nosotros dice nada –¿de qué se puede hablar? Nos estamos acercando a las felices fiestas de Navidad. Qué memorias maravillosas tengo de eso, la infancia. [...]

Mis queridos padres, les saludo desde lejos. Gracias por todo lo que han hecho por mí. Lo lamento si les he causado problemas. Nunca quise hacerlo. Mi pobre mamá ¿qué vas a hacer? Mi dulce hermana, es duro para mi pensar en aquellos tiempos en los que jugábamos juntos; desde el fondo de mi corazón te deseo felicidad en tu vida futura. No hay nadie que ame tanto como a ti, mi dulce esposa, mi rubia Mitzi. Daría cualquier cosa para saber que vamos a reencontrarnos nuevamente. Si eso no sucede, déjame darte las gracias por todas las horas felices que has añadido a mi vida.
No sé si estas líneas alguna vez llegarán a manos tuyas. Escribir me alivia de la soledad y el vacío. Pueda darte Dios fuerza y consuelo si algo me ocurre. Pero no quiero pensar en eso. La vida es tan hermosa. ¡Oh, si sólo pudiésemos vivir en paz! Aun no soy capaz de aceptar la muerte, pero esa diabólica música de batalla, trayendo muerte, sólo sigue y sigue.
Es de día ahora, el sol brilla, pero los proyectiles están constantemente estallando por todas partes. Estoy completamente exhausto. ¿Es posible sobrevivir esto? Todo se mueve, como en un terremoto.



Estos son registros de un sufrimiento atemporal, comunes entre todos los hombres cuando situaciones tales se suscitan. La desesperanza, el miedo y hambre son omnipresentes. Abarcan la existencia entera de la persona. Sin embargo, en estas líneas es imposible no notar cómo la conciencia de la propia inanición y el deseo de comida casi se convierte en un enemigo encarnado más en esta lucha por la supervivencia. El hambre prácticamente lo abarca todo. Primo Levi, salvando grandes diferencias de contextos, vive algo parecido: “Quince días después del ingreso tengo ya el hambre reglamentaria, un hambre crónica desconocida por los hombres libres, que por la noche nos hace soñar y se instala en todos los miembros de nuestro cuerpo.” Así el hambre puede llegar a transformase en un sujeto invisible, ubicuo, asesino de cuerpo y de conciencias.

De la misma manera, en manos soviéticas el diario adquirió vida por sí mismo. La traducción rusa del diario fue hecha por el mayor Alexander Shelyubsky, el director de la Inteligencia Militar del 62º Ejercito. Era similar a la posición de Zayonchkovsky en el 66º Ejercito. Como su colega, Shelyubsky era un historiador de profesión y hablaba un alemán muy fluido. Durante la batalla de Stalingrado realizó reportes en intervalos de varias semanas sobre el “estado político y moral” de las fuerzas alemanas que luchaban contra el 62º Ejército. Los informes se ocuparon de divisiones y comandantes específicos y, haciendo uso de documentos capturados y prisioneros de guerra, presentó una imagen detallada del estado de ánimo del 6º Ejército. Shelyubsky anexó su reporte del 5 de enero de 1943 al diario del soldado alemán.

A partir del informe de Shelyubsky sobre el diario del soldado alemán se hizo algunas publicaciones en medios soviéticos. El 25 de enero de 1943, cortos extractos fueron leídos en la radio, apareciendo en el Pravda varios días después. El periódico, en su mayor parte, mantuvo la traducción de Shelyubsky, pero presenta el diario como una lucha por sobrevivir dentro de la Wehrmacht, enfatizando la disputa interna entre soldados y sus nervios deshechos. En lugar del drama de los soldados abandonados a su destino, es el decaimiento moral del ejercito alemán lo que cobra protagonismo. Pravda incluso va tan lejos como para falsificar un pasaje. En el original de Shelyubsky el soldado escribe, “no veo una salida a este horrible infierno [...] Todo lo que puedo esperar es un milagro.” El periódico inventa otra perspectiva: “no veo una salida a este horrible infierno sino la captura.”

A medida que el final de la batalla de Stalingrado se acercaba, Shelyubsky, Zayonchkovsky, y los otros oficiales propagandísticos fortalecieron sus esfuerzos para convencer a soldados alemanes de rendirse. Tuvieron la intención de ahuyentar la creencia ampliamente generalizada entre los alemanes de que el cautiverio soviético significaba tortura y muerte. La tenaz resistencia de los alemanes, impulsados en su mayor parte por el miedo al encarcelamiento, avivó las llamas de odio entre los soviéticos. Como los expedientes de Stalingrado documentan, hubieron instancias en las cuales soldados alemanes fueron golpeados o ejecutados por soldados del Ejército Rojo después de que se habían rendido.

Es un hecho muy extraño que incluso actualmente se preste poca atención a los diarios como fuente documental para la historiografía bélica. Los diarios de guerra han sido explorados como fuente, pero su falta de atención genuina contrasta con el interés de los historiadores por otras formas de escritura del soldado. El correo de campo, poemas y memorias han sido sistemáticamente analizados y utilizados para la producción historiográfica.

Lamentablemente, dentro de algunos años no quedarán más fuentes vivas de la mayor de las contiendas de la historia. Pero serán sus escritos, diarios y cartas principalmente, los que aún nos brinden testimonios inéditos del dolor, heroísmo y sacrificio que sus autores observaron y vivieron. Es igual lamentable que muchos piensen (y he sido testigo directo de ello) que estos “papeles viejos” no tienen un valor verdadero. Esta es una opinión presente no solo en personas con poca consideración por la historia sino en historiadores de profesión en sí mismo, que en algunos casos utilizan el término, dándole previamente una connotación despectiva, de egodocumentos.

Esperemos que en un futuro próximo podamos ser más consientes y les demos la valía que merecen.



FUENTE:
Hellbech, Jochen. Stalingrad: The City that Defeated the Third Reich