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El hombre inexistente

Anécdotas, historias curiosas...

Moderador: grognard

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El hombre inexistente

Notapor ParadiseLost el Mar Nov 07, 2006 3:46 am

El hombre inexistente.
Han pasado 60 años del desembarco de Normandía. Un acontecimiento que cambió el curso de la II Guerra Mundial. Pero aún existen incógnitas, ¿A quién corresponde el cadáver que Vega a la costa de Huelva y confundió al mando alemán? Esta es su enigmática historia. Por Álvaro Otero.

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Fotograma del filme 'El hombre que nunca existió', basado en el libro homónimo de Ewen Montagu, que se rodó en escenarios reales de Huelva. Arriba, momento del enterramiento del inglés encontrado ahogado en la costa en 1943.

Era el amanecer del 30 de abril de 1943 cuando el marinero José Antonio Rey, que pescaba boquerón en su patera frente a la playa de La Bota, en Punta Umbría (Huelva), divisó un bulto flotando en la mar encalmada. Al descubrir que se trataba de un cuerpo, lo izó a bordo y se lo lleve a la orilla. "Tenía la cara ennegrecida, como si estuviera chamuscada", habría de contar luego, "vestía uniforme militar. calzaba botas y llevaba una cartera atada al uniforme". Un pequeño grupo de curiosos se arracimó alrededor del cadáver, de cuyo hallazgo se dio conocimiento a las autoridades. Sin saberlo, José Antonio Rey acababa de aportar su involuntario grano de arena a una de las operaciones mas sagaces y secretas de la II Guerra Mundial: tan sagaz que logró cambiar el rumbo del conflicto a favor de las tropas aliadas, y tan secreta que. 61 años después, sigue rodeada de misterios sin resolver.

El gran desembarco del sur.
El gran desembarco aliado en el sur de Europa fue aprobado por Churchill y Eisenhower en la Conferencia de Casablanca, celebrada en enero de 1943. Se llevaría a cabo en el mes de julio de ese mismo ario a través de Sicilia, por lo que el primer ministro británico dio instrucciones a sus servicios de inteligencia para que tratasen de despistar al enemigo con la idea de que tendría lugar en Grecia y Cerdeña. El comandante Ewen Montagu. miembro de la División de Inteligencia Naval del Almirantazgo británico, decidió diseñar un plan que engañase por completo a los alemanes.
Consistiría en hacer llegar hasta las costas de Huelva el cuerpo sin vida de un supuesto piloto que habría muerto ahogado tras estrellarse su avión. El piloto portaría información confidencial en la que se identificaría claramente a Grecia y Cerdeña como objetivos del desembarco aliado, y esa información tendría que llegar a manos de los alemanes. Eligieron la costa onubense por tres razones fundamentales: la primera porque quedaba en la ruta aérea entre Inglaterra y el cuartel general aliado en Argel; la segunda porque, aunque en teoría España era un país neutral, en la práctica el régimen del general Franco apoyaba a Hitler y daba cobertura a sus servicios secretos, y la tercera porque precisamente en Huelva operaba Adolf Clauss, el mejor espía alemán del sur de Europa.

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Protagonistas: El submarino 'Seraph' transportó el cadáver hasta las costas de Huelva. El comandante Ewen Montagu dirigió la Opera-don Mincemeat. La tumba del mayor Martin, en el cementerio de la Soledad, de Huelva. El espía alemán Adolf Clauss. Pagina del 'Huelva Información' donde se informa de la muerte del pescador José Antonio Rey.

El 007 alemán.
Todo un personaje, Adolf Clauss. Tras estudiar agronomía, de joven había trabajado en plantaciones de café y cacao en la Guinea Española. Después se afincó en Huelva, se afilió a la Falange y durante la Guerra Civil se alistó en la Legión Cóndor. Al estallar la II Guerra Mundial se convirtió en jefe de la Abwehr (inteligencia militar alemana de la época) en Huelva, donde su padre ejercía de cónsul, y se instaló en una finca de La Rábida para crearse una cobertura de técnico agrícola y organizar comandos de sabotaje que salían de noche desde allí para colocar minas retardadas en las quillas de los mercantes británicos atracados en los muelles. Alto y delgado, osado y aventurero, culto y reservado, sin amigos, Pero con multitud de contactos, a Clauss no se le podía escapar un cadáver como el del falso piloto. Y en efecto, como habría de reconocer Montagu años después de la guerra, "no nos defraudó".
Otro punto delicado de la operación, que pronto fue bautizada por el equipo de inteligencia británico como Operation Mincemeat (literalmente, Operación Carne Picada), era el del cadáver. Según cuenta Montagu en su libro The man who never was, que public6 en 1953 con la autorización de su Gobierno, el eminente patólogo forense sir Bernard Spilsbury le aconsejó utilizar el cuerpo de un fallecido por neumonía. Los cadáveres de personas así fallecidas presentan un encharcamiento de los pulmones similar al de los ahogados, provocado, en el caso de los primeros, por liquido pleural. La diferencia, a juicio de Spilsbury. seria muy difícil de detectar. "No hay nada que temer de una autopsia española", sentenció el soberbio forense inglés. "Para descubrir el engaño se necesitaría un patólogo de mi experiencia, y no hay ninguno en España". Quedaba, pues, elegir un cadáver, y en este punto es donde. como se vera más adelante, comienzan las medias verdades y los misterios que se perpetúan hasta la actualidad.
Según la versión oficial de Montagu, localizaron a un hombre que había muerto por neumonía en un hospital de Londres, y el mismo se puso en contacto con la familia y obtuvo su permiso para utilizar su cuerpo sin especificar los pormenores de la misión, aunque a cambio de prometer que recibiría cristiana sepultura. Entonces lo metieron en una cámara frigorífica a la espera de presentar el plan ante sus superiores y obtener su aprobación.
El nacimiento de William Martin. Churchill en persona aprobó el plan el 15 de abril de ese mismo año de 1943, y el equipo de Montagu se apresuró a construir una personalidad para el cadáver y definir los elementos que portarían sus ropas y su cartera, los detalles del cebo que haría tragar el anzuelo a los alemanes.
Le llamaron William Martin y le dieron el rango de capitán de la Royal Marine en funciones de mayor. Adscrito al Cuartel General de Operaciones Combinadas, William Martin era hijo de John y de la difunta Antonia Martin, de Cardiff (Gales). Había nacido en marzo de 1907 y, por tanto. contaba 36 años recién cumplidos en el momento de su presunta muerte. Algo derrochón, le pusieron en los bolsillos una carta del Lloyds Bank fechada el 14 de abril en la que se le instaba a saldar un descubierto de 80 libras, y una factura de 53 libras por la compra de un anillo de boda para su novia, Pam.
También llevaba una foto y dos cartas de Pam que el equipo de inteligencia británico plegó y desplegó una y otra vez para simular que habían sido releídas obsesivamente por el joven piloto enamorado. Entre los efectos personales incluyeron un reloj, cigarrillos, cerillas, Raves, billetes viejos de autobús y dos entradas usadas para la comedia Strike a new note, representada en el teatro Príncipe de Gales de Londres el 22 de abril de ese
También deslizaron entre sus ropas una factura del Club Naval de Londres por la estancia de seis noches (entre el 18 y el 23 de abril), una invitación a un club nocturno y, finalmente, su tarjeta de identidad, para cuya fotografía tuvieron que utilizar un doble porque el mayor Martin salía en los retratos con un irremediable aire de muerto. Por último, le pusieron una cadenilla con una cruz de plata alrededor del cuello y dos placas de identidad en las muñecas con la inscripción "Mayor Martin, R. M., R/C". Las siglas significaban Royal Marine, Roman Catholic. Interesaba que Martin fuese católico. Así se aseguraban que, si todo salía bien, sería enterrado en el cementerio municipal de Huelva, donde los espías alemanes se movían a su antojo.
Hasta aquí los aderezos; pero el verdadero cebo, guardado en la cartera de mano, constaba de tres documentos. El primero era una carta del general Nye, subjefe del Estado Mayor Imperial, al general Alexander, responsable de las fuerzas británicas destacadas en Túnez a las Órdenes de Eisenhower. Una misiva entre dos amigos salpicada de confidencias en la que Nye hablaba de las playas griegas de Kalamata y Cabo Araxos, en el Peloponeso, como los puntos del gran desembarco, y de algún otro lugar del Mediterráneo que no especificaba. La carta añadía que Sicilia sería utilizada para desviar la atención del enemigo.

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Ilustración sobre la aparición del cuerpo del mayor Martin
en la costa; portada del libro de Montagu, de 1953, y cartel de la película posterior.


El segundo documento era una carta de lord Mountbatten -entonces responsable de Operaciones Combinadas y, por tanto, jefe máximo de Martin- al almirante Cunningham, comandante en jefe de la flota británica en el Mediterráneo. Escrita también en un tono personal, remataba con una broma envenenada. "Creo que encontrará en Martin al hombre adecuado", decía Mountbatten, "pero le ruego lo vuelva a enviar apenas haya terminado el asalto. Podría, de paso, traernos algunas sardinas. ;Están racionadas aquí!". Los ingleses le llaman Sardinia a Cerdeña. La broma, pues, le estaba señalando a los alemanes el segundo falso objetivo del desembarco.
El tercer documento contribuía a dar veracidad a los otros dos, y se trataba de otra carta de Mountbatten al propio Eisenhower, en la que le solicitaba un prólogo para la edición americana de un folleto sobre operaciones combinadas. Tanto Mountbatten como Nye escribieron las misivas de su propio puño y letra para evitar que los alemanes descubriesen una eventual falsificación. No se podían cometer errores.

Rumbo a Huelva.
Tras la luz verde de Churchill, el cadáver de Martin se introdujo en un contenedor metálico de dos metros de largo por 60 centímetros de ancho con forma de cilindro y relleno de amianto. Cubrieron el cuerpo del mayor de nieve carbónica para retrasar su descomposición y grabaron en el cilindro la inscripción "Instrumentos ópticos" para disimular su contenido ante la tripulación del Seraph, el submarino elegido para transportarlo hasta la lejana Punta Umbría. Siempre según la versión oficial de Montagu, se decidieron por el Seraph porque su comandante, el teniente Norman Jewell, atesoraba, a pesar de su juventud, un amplio currículo en operaciones arriesgadas; pero luego veremos que quizá esta no fue la única razón.
Como el submarino estaba atracado en ese momento en la base de Holy Loch, en la costa oeste de Escocia, metieron el cilindro en una furgoneta y condujeron sin parar los 800 kilómetros que los separaban de Londres. El Seraph zarpó finalmente, con el cuerpo del mayor Martin en su interior, a las seis de la tarde del 19 de abril, y navegó durante 10 días sumergido de día y en superficie durante la noche, hasta que el 29 de abril, según lo previsto, se posicion6 a 1.500 metros de la costa de Huelva.
Mediante el periscopio descubrieron la presencia de pescadores y tuvieron que esperar sumergidos a que llegase la noche. A las 4.15 del día siguiente emergieron finalmente, izaron el contenedor a cubierta y sacaron el cadáver de su interior. Martin había empezado a descomponerse, una especie de moho verde le cubría la cara, y la piel había empezado a despegarse de la nariz y las mejillas. Le inflaron el chaleco, rezaron por él una breve plegaria y lo depositaron con sumo cuidado en el mar. A las 7.15 enviaban, ya desde Gibraltar, una serial confirmando que, por su parte, la Operación Mincemeat había concluido.

Espías en acción.
Una de las autoridades que se trasladaron a la playa de La Bota fue Mariano Pascual del Pobil, entonces juez instructor de Marina de Huelva. Tras ordenar el levantamiento del cadáver, Pobil se llevó la cartera de Martin para entregársela a quien, en su opinión, correspondía; esto es, al vicecónsul británico y amigo personal suyo, Francis Haselden. Pero Haselden era una de las pocas personas en España, si no la única, que estaban al tanto de la trama, precisamente porque su objetivo era evitar que le entregasen la documentación y propiciar así que cayese en manos de los espías alemanes. Según la hija del vicecónsul ya fallecido, Elizabeth, Haselden escurri6 el bulto pidiéndole a su amigo Pascual del Pobil que "siguiese los cauces oficiales y se lo entregase antes al comandante de Marina". Las pertenencias de Martin seguían el camino correcto.
La mañana del 1 de mayo, el cadáver fue depositado en la sala de autopsias del cementerio municipal de Nuestra Señora de la Soledad. Se llamó al forense titular de la ciudad, Eduardo Fernández del Torno, quien concluyó que Martin todavía estaba vivo cuando había caído al mar y que había muerto de asfixia por sumersión. Matizó, no obstante, que debía llevar entre 8 y 10 días en el mar, a pesar de que, sorprendentemente, no presentaba las típicas mordeduras de peces y cangrejos en las zonas blandas del cuerpo, como tantas veces había visto en los cuerpos de marineros ahogados. La cuestión era que, si llevaba ya 10 días en el mar, difícilmente podría haber dormido en el Club Naval de Londres el día 23, como atestiguaban sus facturas, e incluso haber ido con su novia, Pam, al teatro el día 22. Todo un poco raro; pero, al parecer, los alemanes no repararon en ello.
Porque Adolf Clauss, mientras el cadáver del mayor era diseccionado en el cementerio, ya estaba fotografiando toda la documentación de Martin con su Leika de alta precisión. Se cree que tomó las imágenes en la propia Comandancia de Marina de Huelva; no en vano, el comandante de Marina y el padre del espía, el consul Clauss, eran íntimos amigos. Poco después, la documentación original fue remitida al Estado Mayor de la Armada en Madrid, donde, ante la importancia del asunto, les faltó tiempo para avisar al jefe de la Abwehr en España, Gustav Leissner. Los sobres y papeles fueron abiertos, fotografiados y cerrados por segunda vez en la Embajada alemana. Aunque no hubiera hecho falta. Clauss ya los había enviado a Berlín.
La Embajada británica recibió finalmente la documentación, que fue enviada con urgencia a Londres para verificar si había sido manipulada. Los resultados fueron positivos. Montagu, como tantos otros secretos relacionados con este asunto, se llevó a la tumba el del sistema utilizado para saber si los alemanes habían abierto los sobres, pero se cree que habían puesto pestañas en los cierres. Y las pestañas ya no estaban.
William Martin fue enterrado con honores militares el caluroso domingo del 2 de mayo, a las doce de la mañana, y días después se colocó una lapida de mármol sobre la tumba. El Almirantazgo difundió la noticia de su muerte y The Times del 4 de junio la publicó junto a la de otros dos oficiales que realmente habían muerto en accidente aéreo sobre el mar. Montagu comunicó a sus jefes el fin de la operaci6n y estos enviaron un escueto mensaje cifrado a Churchill, de viaje oficial en Washington: "Mincemeat swallowed whole" ("Carne picada tragada entera"). Ahora solo cabía esperar al desembarco.

Hitler traga el anzuelo.
Cuando, en la mañana del 10 de julio de 1943, las tropas aliadas desembarcan en el sur de Sicilia se encuentran la isla desguarnecida. Dos semanas después, Hitler sigue tan convencido de que el desembarco es una maniobra de distracción que envía al mariscal Rommel al Peloponeso. En efecto, se había tragado entera la carne picada de Martin, y para cuando quisiera darse cuenta, ya seria demasiado tarde.
Al finalizar la contienda, las tropas aliadas descubrieron en la ciudad alemana de Tambach los archivos navales secretos del III Reich, y entre ellos aparecieron las fotografías de los documentos que llevaba el cadáver de Punta Umbría en la cartera. También se descubrió el diario del almirante Doenitz. El 14 de mayo de 1943, tras una entrevista con Hitler, Doenitz escribió: "El Führer no está de acuerdo con la idea del Duce de que el punto mas probable de una invasión sea Sicilia. Según su opinión, los documentos anglosajones descubiertos confirman que el ataque seáa dirigido principalmente contra Cerdeña y el Peloponeso".
Mincemeat había sido un éxito, pero ¿había concluido? Es más: ¿ha concluido ya? En absoluto.

Papeles desclasificados.
En 1953, el Comité Conjunto de Inteligencia británico, ante el riesgo de que apareciesen informaciones periodísticas fuera de su control, encarga a Montagu que escriba la versión oficial de la Operación Mincemeat. El libro se convierte en un éxito de ventas e incluso da lugar a una película, El hombre que nunca existió, protagonizada por Clifton Webb.
Cuando en 1993, transcurridos los 50 años de secreto oficial, se desclasifica la mayor parte de los documentos de la operación guardados en la Public Record Office de la ciudad inglesa de Kew, la decepción de los investigadores es enorme al descubrir que ninguno revela la identidad del mayor Martin. Sin embargo, en 1996, un funcionario local, Roger Morgan, descubre unos papeles recién desclasificados donde se identifica el cadáver con el nombre de Glyndwr Michael. un mendigo nacido en Gales y muerto por suicidio con matarratas. Los periódicos se hacen eco del secreto finalmente desvelado tras cinco décadas de persistente misterio, y el Gobierno británico, apenas dos años después, encarga que se grabe ese nombre en la lápida de Huelva. Todo muy rápido. Demasiado rápido, según algunos, para ser convincente.
Jesús Ramírez Copeiro, ingeniero de minas retirado y residente en la localidad onubense de Valverde del Camino, lleva arios estudiando, con el apoyo entusiasta de su esposa, la noruega Elin von Muthe, la Operación Mincemeat. Juntos han pasado meses enteros en archivos británicos y españoles, y el mismo publicó hace ocho años un fascinante libro, titulado Espías y neutrales. Huelva en la II Guerra Mundial, donde recoge el resultado de sus pesquisas. Desde la autoridad que le otorga el ser quizá el mayor experto mundial en este asunto, Copeiro es concluyente: el cadáver no podía ser el de un mendigo suicidado con matarratas. Hubiera sido demasiado burdo y demasiado fácil de detectar por los alemanes.
El doctor Luis Concheiro, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Santiago y uno de los mas eminentes forenses españoles, también se ha sentido atraído desde hace tiempo por los pormenores de esta operación. Concheiro disculpa a su colega onubense de la época diciendo que "hubiera sido fácil que confundiese el aspecto de un pulmón afectado por neumonía con los pulmones de un sumergido, pues si el análisis microscópico necesario para distinguirlos no se hace de forma rutinaria ni en la actualidad, mucho menos en 1943".
Los especialistas no hacen si no plantear unas dudas sobre la versión oficial que ya subieron de tono hace unos años, cuando otro concienzudo investigador del caso, el inglés Colin Gibbon, consiguió entrevistar al que entonces era uno de los últimos testigos vivos de la operación, el hombre que vio el cadáver antes de depositarlo en el agua: Norman Jewell, ex comandante del Seraph. Jewell -fallecido el pasado verano- fue bastante explícito: era muy improbable, dijo, que el cuerpo de un mendigo suicidado con veneno hubiera sido utilizado en la operación.
Pero, entonces, ¿por que tanto misterio?

Las piezas comienzan a encajar.
John Steele era solo un niño cuando el 27 de marzo de 1943 vio cómo frente a su pueblo, ubicado en el estuario del Clyde, en el noroeste de Escocia, un enorme barco explotaba y se hundía en un suspiro. Aquella imagen le obsesionó durante toda su vida, y cuando le llegó la jubilación se dedicó a investigar el que es uno de los episodios mas tr´<gicos y oscuros de la historia naval inglesa: el hundimiento del portaaviones HMS Dasher, que se fue a pique en sólo 18 minutos tras sufrir una explosión fortuita a bordo. Murieron 379 marinos, pero por alguna razón el Gobierno británico se limitó a enviar un telegrama a las familias y sólo enterró oficialmente 12 cuerpos. Ante la lluvia de reclamaciones, la respuesta fue "alto secreto". Nunca se entregaron los cientos de cadáveres restantes ni se dieron mas explicaciones.
Cuando Steele publicó en 1995 la primera edición de su libro Los secretos del HMS Dasher todavía no había establecido relación alguna entre ese suceso y la Operación Mincemeat ni sabía que un tenaz ingeniero de minas de un pueblo del sur de España seguía concienzudamente los pasos del mayor Martin. Sus investigaciones causaron cierto revuelo, y, curiosamente, pocos meses después apareció el papel mágico en los archivos oficiales con el nombre del mendigo suicidado.
Estos tres hombres, Steele, Gibbon y Copeiro, entran finalmente en contacto, y, tras varias reuniones en Huelva y Escocia, las piezas del puzzle comienzan finalmente a encajar. Buceando en la documentación desclasificada, reparan en que Montagu se reunió con el comandante del submarino en Londres para comunicarle los pormenores de la operación el 31 de marzo de 1943, esto es, cuatro días después de haberse hundido el Dasher. En ese encuentro se le ordena que lleve el Seraph, que estaba atracado en la base de Blyth, al noreste de Inglaterra, hasta la de Holy Loch, en el noroeste de Escocia... y a sólo 18 millas del punto donde acababan de morir, la mayor parte ahogadas, casi 400 personas.

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Jesús Ramírez Copeiro (arriba), Luis Concheiro y los investigadores británicos Colin Gibbon y John Steele intentan aclarar el misterio de Huelva.

Montagu, en su libro, dice que trasladaron el cadáver desde Londres a Holy Loch conduciendo sin parar durante horas en una furgoneta. Pero si el submarino ya estaba atracado en Blyth, mucho mas cerca de la capital, ¿por que hacerle navegar cientos de minas hasta el noroeste de Escocia en plena guerra y en un mar lleno de peligros? "Pues la respuesta", concluye Copeiro, "es que se utilizó uno de los cuerpos de los fallecidos en el hundimiento del Dasher".
Todos los investigadores piensan lo mismo. Solo así se explicaría la convicción de Hitler. Porque, por otra parte, también están convencidos de que los alemanes hicieron su propia autopsia. El hijo de Adolf Clauss, Federico, que reside en un pueblo sevillano, también lo cree. "Mi padre", cuenta, "me dijo que se llevaron el cuerpo poco después del entierro, que lo metieron en un submarino alemán que se acercó en secreto a la costa y se lo llevaron a analizar a Alemania". "Estoy convencido", añade, por su parte, el doctor Concheiro, "que un patólogo alemán, en una segunda autopsia, habría realizado el análisis histológico de los pulmones y, por tanto, descubierto el engaño".
¿Está, pues, la tumba del cementerio de Nuestra Señora de la Soledad vacía? "Es posible", opina Copeiro. Pero por ahora es difícil que lo sepamos porque la voluntad de ocultamiento persiste. El ingeniero español lo sabe bien. Cuando en 1993 quiso acceder, tras su desclasificación, a uno de los últimos y más secretos documentos de la Operación Mincemeat, el CAB 93/7, le negaron el acceso porque había pasado a situación de "préstamo permanente" (permanent loan).
Al interesarse por el destino del préstamo, la respuesta le dejó estupefacto: el 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro. Allí escribió solicitar una copia. Hasta la fecha no ha obtenido respuesta.

Fuente: El país semanal, por Álvaro Otero.

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Notapor Simon dice el Jue May 29, 2008 9:44 pm

Yo lo lei en un pdf que me pasaron hace poco y la version difiere un poquitin...

11. Operación "Cadáver"
POR EWEN E. S. MONTAGU, DEL SERVICIO SECRETO NAVAL INGLÉS.
EN EL CEMENTERIO de la ciudad española de Huelva, situada sobre el Atlántico andaluz y a 200 kilómetros al Norte de Gibraltar, está enterrado un súbdito inglés. Murió de pulmonía entre las húmedas nieblas que el otoño de 1942 descargó sobre Inglaterra, y sin suponer, ni mucho menos, que iba a reposar para siempre bajo el brillante cielo de España. En vida, este súbdito inglés no había hecho nada destacable por su país, al que, después de la muerte, prestó un servicio espléndido, un servicio que salvó probablemente las vidas de millares de soldados aliados.
La historia empieza en el otoño de 1942, cuando la invasión de África del Norte discurría normalmente por el camino del éxito. El plan general de operaciones preveía seguidamente el ataque a Sicilia, y los alemanes tenían que sospechar, sin duda, que Sicilia iba a ser el próximo objetivo aliado. ¿Qué se podría hacer para inducirles a pensar lo contrario y a dispersar sus fuerzas sobre otros puntos de atención?
Un miembro de nuestro Servicio de Seguridad aventuró una sugerencia. Los alemanes sabían que nuestros oficiales llegaban continuamente al Norte de África en aviones que sobrevolaban las costas españolas. ¿Por qué no abandonar en estas aguas un cadáver portador de documentos falsificados, como si procediese de un avión caído? Si el cadáver llegaba a tierra llevado por las olas, era casi seguro que los documentos caerían en manos de agentes alemanes.
Surgía un problema: los muertos no respiran. Si un cadáver es depositado en el agua, sus pulmones permanecen vacíos y, por consiguiente, una autopsia simple podía dar con el truco de que el cuerpo estaba ya muerto antes de tomar contacto con el mar. La sospecha de la superchería hubiera sido inmediata.
Nos pusimos discretamente a hilar cabos científicos y médicos, en los ambientes especializados del ejército, a fin de encontrar un cadáver cuya muerte pudiera ser atribuída a asfixia por inmersión, y finalmente nos llegó un informe: se disponía de un hombre recién muerto de pulmonía, y cuando se muere de esta enfermedad los pulmones están anegados de líquido.
Sin revelar detalles, obtuvimos el consentimiento de los parientes del muerto, con la condición de que su identidad permaneciese secreta. Baste decir aquí que el finado, un hombre de apenas treinta años, fue desde aquel momento "el Mayor Guillermo Martin, de la Marina Real". El cadáver fue depositado en una cámara frigorífica mientras terminábamos de perfilar nuestro plan.
Decidimos, desde el principio del mismo, que el documento engañoso debía partir de una altísima autoridad; no hubiera sido suficiente una simple indiscreción entre dos generales de segundo orden. Fingimos un escrito del General Sir Archibaldo Nye, Segundo Jefe del Estado Mayor Imperial, al General Alexander, en aquellos días comandante en África del Grupo 18ú. La carta era una explicación confidencial de los motivos por los que Alexander no conseguía obtener lo que deseaba de los Jefes de Estado Mayor. Dejaba entender, por deducción, que el objetivo que nos proponíamos atacar en el Mediterráneo occidental no era Sicilia.
En la carta tuvimos buen cuidado de indicar dos puntos falsos como posibles objetivos inmediatos: uno en Grecia y el otro, no detallado en la carta, en algún punto del Mediterráneo del Oeste. La carta, además, aclaraba que nosotros deseábamos hacer creer a los alemanes que el desembarco tendría lugar en Sicilia, sirviéndonos de esta isla sólo para distraer al enemigo y encubrir nuestras verdaderas intenciones. De este modo, si los alemanes "picaban", cualquier indiscreción acerca de Sicilia hubiera sido considerada un elemento más de nuestra jugarreta estratégica, una parte más de la mentira.
Deseábamos reforzar aún la treta.
Aparte de la carta, decidimos proveer al Mayor Martin de una comunicación de Lord Luis Mountbatten para el Almirante Sir Andrés Cunningham, comandante en jefe del Mediterráneo. La comunicación aludía a la misión del Mayor y concluía: "Creo que encontrará en Martin al hombre adecuado, pero os ruego volvérmelo a mandar apenas haya terminado el ataque. Podría, de paso, traemos unas sardinas... ¡aquí están racionadas!"
Pensé que esta broma, un poco forzada, debía gustar a los alemanes y contribuir a indicarles Cerdeña (Sardegna, en italiano) como objetivo del ataque.
Otro obstáculo a superar era el documento de identidad del Mayor Martin con su correspondiente fotografía. Era descorazonador comprobar el irremediable aire de muerto que aparecía en todas las fotos que obtuvimos de él. De pronto, un día, durante una reunión, vi que al otro lado de la mesa, justamente frente a mí, estaba un perfecto doble del Mayor Martin. Lo convencimos y le retratamos. El parecido era extraordinario.
Ahora se trataba de dar una personalidad a nuestro cadáver. Decidimos que Martin era un joven oficial de notable ingenio y muy experto en desembarcas, motivo por el que había sido enviado al Norte de África. Sin embargo, era también un poco derrochón y económicamente manirroto: una carta del Banco Lloyds, con fecha del 14 de abril de 1943, lo instaba a saldar una cuenta al descubierto de casi 80 libras esterlinas...
Todos los oficiales jóvenes tienen algún asuntillo sentimental, y el Mayor Martin había conocido poco antes a una graciosa muchacha llamada Pamela; en su cartera aparecían una fotografía y dos cartas de la chica. Las cartas habían sido dobladas en muchos pliegues para dar la impresión de las muchas relecturas con que el entusiasmo del Mayor las había tratado. Probablemente, este amorío era el culpable de su descubierto bancario, ya que el Mayor tenía también en el bolsillo una factura de 53 libras por la compra de un anillo de boda...
El Mayor Martin llevaba asimismo consigo los habituales efectos personales y las acostumbradas minucias e insignificancias: una ficha de farmacia con su peso, reloj de pulsera, cigarrillos, billetes viejos de autobús, trocitos de papel, llaves... Decidimos también que, con toda posibilidad, había llevado su novia al teatro la noche anterior a su partida de Inglaterra y, en consecuencia, le pusimos en el bolsillo dos billetes usados para la comedia Strike a New Note, representada en Londres la víspera de iniciarse su viaje, el 22 de abril.
Ya estaban completos los preparativos del engaño.
No había más que abandonar el cadáver a la altura de Huelva, un puerto del Sudoeste español cercano a la frontera portuguesa. Su destino normal era que los españoles lo entregasen al vicecónsul inglés a fin de que éste procediera a su enterramiento. Confiábamos, sin embargo, en que algún agente de Alemania se apresurase a sacar copia de los documentos que el cadáver llevaba..., y nuestra confianza no nos falló.
Por una coincidencia afortunada, el submarino "Seraph", al mando del teniente Jewell, tenía que zarpar para Malta sobre la fecha establecida por nosotros. El año anterior, Jewell había desembarcado y reembarcado furtivamente al General Mark Clark en África del Norte, antes de que se produjese la invasión aliada, y transportó asimismo en su nave al General Giraud cuando éste escapó de la Francia ocupada.
Me informé de las condiciones atmosféricas predominantes a la altura de Huelva: la fortuna me sonrió nuevamente. El viento soplaría hacia la costa.
Pedimos, en fin, aprobación al primer Ministro, Churchill. Era necesario advertirle que, si los alemanes descubrían nuestro juego, Sicilia sería indudablemente identificada como el objetivo aliado. Pero Churchill dio su consentimiento y dispuso que el General Eisenhower, comandante supremo de la operación sobre Sicilia, fuera a su vez informado de todo.
El "Seraph" levó anclas a las seis de la tarde del 19 de abril de 1943, llevando a bordo al famoso Mayor Guillermo Martin... mantenido en hielo artificial en una caja metálica de dos metros.
Durante diez días, el "Seraph" navegó en la superficie solamente de noche. El 30 de abril estaba a 1.500 metros de Huelva, no avistado por nadie y en perfecto horario. A las cuatro y media de la madrugada, hora establecida, la caja fue izada a cubierta y el Mayor Martin depositado en el agua. Jewell le infló el chaleco salvavidas y cuatro jóvenes oficiales le escucharon, con la cabeza inclinada, murmurar los oficios fúnebres. Después, con un ligero empujón, el Mayor Martin partió para la guerra.
Un kilómetro más allá, Jewell arrojó al mar el bote de goma de uno de nuestros aviones con un solo remo de aluminio para simular precipitación.
En la misma mañana, y apenas amanecía, un pescador español descubrió el cuerpo cerca de la orilla. Rescatado el mismo por las autoridades y hecha la autopsia, el veredicto consiguiente fue: "Asfixia por inmersión en el mar". El vicecónsul inglés fue debidamente informado, y el 2 de mayo de 1943, el Mayor Martin fue sepultado con todos los honores militares.
Hasta aquí todo iba bien. En efecto, todo lo que concernía al cadáver se ajustaba a nuestras previsiones y esperanzas... aunque nada se nos había dicho por lo que tocaba a los documentos.
El 4 de mayo cursamos un mensaje "urgente secretísimo", comunicando que el Mayor Martin llevaba consigo documentos, algunos de los cuales eran "sumamente importantes y secretos". Habría que hacer al Gobierno de la España neutral petición inmediata para que nos devolviesen todos esos documentos.
Entretanto, el agente de espionaje alemán en Huelva no había perdido el tiempo. Enterado de la existencia de los sobres y de la importancia de sus destinatarios, no hay duda, a la luz de lo que enseguida sucedió, que dio cuenta de ello a sus superiores. El jefe del Almirantazgo español envió los documentos a nuestro consejero de Embajada el 13 de mayo, informándole de que nada faltaba en el envío.
Pedimos entonces que se colocara una lápida sobre la tumba, lápida que aún está sobre ella. (Pamela mandó una corona). Finalmente, hicimos inscribir el nombre del Mayor Martin en la lista de los caídos en guerra que se publicó en el Times del 4 de junio.
El buen éxito, al mes siguiente, del desembarco en Sicilia fue una demostración evidentísima de que nuestra estratagema había dado pleno fruto, y lo confirmó así el hallazgo de algunos documentos apresados al enemigo.
Un día, mucho después de haber terminado la guerra, el oficial británico encargado del examen de los archivos navales alemanes que poseíamos, fue a informar al vicedirector de nuestro Servicio Secreto acerca de cierto descubrimiento alarmante.
—Un alto oficial del Ejército —dijo con voz horrorizada— ha cursado cartas secretísimas, al parecer de modo irregular, y aquellas cartas cayeron en manos alemanas...


Se trataba justamente de los documentos del Mayor Martin. En los archivos alemanes había copias fotográficas de las cartas, con sus correspondientes traducciones e informes del servicio secreto. Era un envío expresamente preparado para el almirante Karl Dönitz. Catorce días después de que el cadáver había sido hallado en la costa, el diario de guerra del Almirantazgo alemán refería que el Estado Mayor había certificado definitivamente la autenticidad de los documentos, llegando a la conclusión de que el mayor ataque aliado se iba a producir en Cerdeña y no en Sicilia, con un segundo desembarco en Grecia.
El Alto Mando alemán envió desde Francia toda una división acorazada al Peloponeso, en Grecia, para proteger las comunicaciones entre las playas de Cabo Aroxos y de Kalamata, citadas en el documento del Mayor Martin. Fue una laboriosa operación que excluyó a la división del frente durante cierto tiempo.
El Alto Mando ordenó además que se instalasen vastos campos de minas a todo lo largo de las costas griegas, se previniesen baterías costeras y se dispusieran bases de dragaminas, puestos de mando y servicios de redoblada vigilancia en la costa. En junio, una escuadra completa de dragaminas fue enviada de Sicilia a Grecia...
Al Oeste, el mariscal Keitel en persona firmó una orden del Mando Supremo de las Fuerzas Armadas Alemanas que disponía "el refuerzo de Cerdeña". Una fuerte unidad acorazada fue enviada en previsión a Córcega y se mejoraron las defensas de la costa Norte de Sicilia (donde no desembarcamos) contra un eventual ataque de expansión durante la invasión "básica" de Cerdeña.
Incluso después del comienzo de las operaciones en Sicilia, el Alto Mando alemán dispuso una vigilancia especial en el estrecho de Gibraltar, en previsión de que convoyes directos de los aliados atacasen Córcega y Cerdeña. En otros documentos se afirmaba amargamente que el envío de los dragaminas a Grecia había abierto una brecha fatal en las defensas con que contaba Sicilia.
El éxito de la "misión" del Mayor Martin puede medirse perfectamente por las palabras del mariscal Rommel, cuyas cartas personales revelan hasta qué punto y durante la invasión aliada en Sicilia, las defensas alemanas fueron alejadas de su objetivo "a causa del hallazgo en aguas españolas del cadáver de un mensajero diplomático inglés"
Hitler mismo debió ver los documentos, porque el almirante Dönitz escribió en su diario estas palabras: "El Führer no está de acuerdo... con que el punto más probable de una invasión sea Sicilia. Según su opinión, los documentos anglosajones descubiertos confirman que el ataque será dirigido especialmente contra Cerdeña y el Peloponeso".
De "Maclean's Magazine".


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Re: El hombre inexistente

Notapor DaStalkaprazzy el Vie Oct 07, 2011 8:22 pm

Saludos amigo:

En relación al tema que acabas de postear me siento especialmente interesado ya que se desarrolla en mi provincia, había escuchado algo al respecto, pero francamente, no tan desarrollado, solo de oídas (lo típico :( ) y la verdad, tampoco había despertado en mi tanto interés hasta que no e leído el post completo.
Me encantaría saber si esto está mejor documentado o al menos de una forma más desarrollada en algún tipo de libro o publicación, con la que realmente estaría interesadísimo de agenciarme.

Un grandísimo abrazo.
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Re: El hombre inexistente

Notapor ParadiseLost el Vie Oct 07, 2011 9:27 pm

Hola
Tienes a tu disposición el libro El hombre que nunca existió, aquí:
http://www.casadellibro.com/libro-el-ho ... 0001407074

Y también existe una película sobre este hecho, del año 1956, con el título original The man who never was:
http://www.imdb.com/title/tt0049471/
http://www.filmaffinity.com/es/film131218.html

Saludos
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Re: El hombre inexistente

Notapor grognard el Vie Oct 07, 2011 11:13 pm

Aquí tienes también el documental "El hombre que nunca existió" de la serie documental "Secretos de la Segunda Guerra Mundial"



Y como curiosidad, un reportaje realizado por alumnos del IES Saltés de Punta Umbría, en relación a la visita de la Exposición de Pepe Morales sobre William Martin

http://www.youtube.com/watch?v=FJ_nVdxfQRc
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Re: El hombre inexistente

Notapor DaStalkaprazzy el Sab Oct 08, 2011 5:40 pm

Gracias por la información!!!
El libro se encargará en breves, la película sacare tiempo para disfrutarla y por el resto…me habéis regalado una tarde de entretenimiento :wink:

Gracias otra vez por todo.
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El hombre que nunca existió

Notapor Krossieg el Vie May 02, 2014 12:33 pm

He encontrado ésta historia que han relatado en el programa de radio "Pretérito imperfecto", de la cadena SER.
En ella cuentan cómo ocurrió la brillante operación de inteligencia "Mince Meat" (Carne Picada), que comenzó aquí, en nuestro país. Os dejo el link para que podáis escucharlo:

http://www.cadenaser.com/cultura/audios ... ul_10/Aes/

Un saludo.
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Re: El hombre que nunca existió

Notapor Wyrm el Vie May 02, 2014 1:53 pm

Esta "Operación" siempre me pareció un hecho bastante curioso desde que leí sobre el tema en el libro de Comandos de Guerra de 3ª Edición. A raiz de ello encontré y leí el hilo de Paradise al respecto.
El hombre inexistente: viewtopic.php?f=9&t=159&p=825

Algo más de info, en castellano: http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Mincemeat

Saludos.
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Re: El hombre que nunca existió

Notapor grognard el Vie May 02, 2014 9:25 pm

He movido el tema de "Curiosidades" a este Subforo al encontrarse mejor ubicado aquí
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Re: El hombre inexistente

Notapor ParadiseLost el Lun May 12, 2014 2:22 am

Hola a todos,
he unido estos dos hilos por tratarse del mismo tema y para poder acceder a la información con mayor comodidad.

Saludos
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Re: El hombre inexistente

Notapor Wyrm el Jue May 15, 2014 1:33 pm

Hola a tod@s.
Hace un par de días salió una noticia sobre el tema a colación de un nuevo libro sobre William Martin. La noticia en cuestión es la siguiente:
http://huelvaya.es/2014/05/12/la-tumba- ... nte-vacia/

Y el libro se titula "El Misterio de William Martin - Desentrañando la trama":
Imagen
Fuente: http://huelvaya.es/2014/05/12/la-tumba- ... nte-vacia/
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Re: El hombre inexistente

Notapor grognard el Jue May 15, 2014 8:27 pm

Pues a finales de 2013 también se publicó otro libro sobre "el hombre inexistente", escrito por Diego Lopa titulado "Las caras ocultas de Huelva en la II Guerra Mundial. William Martin, el hombre que nunca existió", que incluso ha tenido una segunda edición.

Imagen
Fuente: http://huelva24.com/not/48892/sale_a_la ... am_martin/

El libro se presentó en el programa de Iker Jiménez "Cuarto Milenio". Sin comentarios.
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Re: El hombre inexistente

Notapor Wyrm el Lun May 19, 2014 10:32 am

Con la salida del libro que arriba cité (Gracias Grognard por añadir el otro libro), ha salido una noticia al respecto en el diario El País, en la sección de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
Luces en el misterio de William Martin: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/05/18/ ... 84349.html
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Re: El hombre inexistente

Notapor grognard el Dom Abr 22, 2018 1:18 pm

Hoy ha aparecido una noticia en relación a William Martin añadiendo que la causa de la muerte por neumonía se produjo "tras la inhalación de un rodenticida. Estos compuestos diseñados para acabar con las ratas pueden ser tóxicos para el ser humano al tocarlos o al inhalarlos, y la exposición a una única dosis de rodenticida puede tener efectos graves para nuestro organismo".

Con el tono tan comedido y ajustado a la realidad al que nos tiene acostumbrados el periodismo acual, muy alejado del sensacionalismo, la noticia se ha titulado:

El matarratas que facilitó la invasión de la Europa de los nazis
El cuerpo de una víctima de un veneno fue usado, en la operación «Carne picada», para engañar al Alto Mando Alemán y enmascarar un gran ataque en Sicilia

http://www.abc.es/ciencia/abci-matarrat ... ticia.html

Al final parece que lo importante es el aspecto anecdótico del "matarratas" y no el significado e importancia de la operación en sí.

Por cierto, aprovecho para recomendar el magnífico episodio sobre la operación "Mincemeat" de la serie "El Ministerio del Tiempo". Una visión un tanto sui generis pero que a mí, sinceramente, me dejó un buen sabor de boca. Es el capítulo 23, segundo capítulo de la tercera temporada, titulado "Tiempo de espías". Por el acuerdo de RTVE con Netflix EEUU no se encuentra disponibles online como pasaba con los de las dos primeras temporadas.
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Re: El hombre inexistente

Notapor grognard el Vie Abr 27, 2018 12:33 pm

Se ha presentado un nuevo libro sobre la Operación Mincemeat, "William Martin: Crónica de la Operación Carne Picada", dentro de los actos de la celebración del ’75 aniversario de William Martin. El Legado Inglés’. Contienen las últimas investigaciones de Jesús Ramírez Copeiro y Enrique Nielsen, considerados "los mayores especialistas del mundo en la Operación Mincemeat"

No hay muchos más detalles al respecto, salvo la noticia de la presentación.
https://andaluciainformacion.es/punta-u ... am-martin/
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