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Españoles que participaron en el conflicto
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La Nueve. Los españoles de la 2ª División Blindada francesa

Dom Dic 24, 2006 12:22 pm

Hola a todos.
Os copio este extenso artículo sobre los españoles de La Nueve y su campaña en África y Europa, incluyendo la liberación de París. A ver si con tiempo encuentro algunas buenas imágenes y las cuelgo después.
El artículo original es de Eduardo Pons Prades, extraido de Historia 16 nú111, de Julio de 1985.
Espero que lo encontreis interesante.
Saludos.

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El 24 de agosto de 1944; a las 21.22 horas, llegaban a la plaza del Ayuntamiento de París varios half-track (autos oruga blindados) y un tanque Sherman (el Romilly), que constituían la vanguardia de los ejércitos aliados. Los primeros llevaban, en el morro y en sus flancos, nombres memorables de la guerra de España: Madrid, Jarama, Ebro, Teruel, Guernica, Belchite, Guadalajara, Brunete y Don Quijote. Eran las dotaciones de la 1ª, 2ª y 3ª secciones de la famosa IX Compañía (incluso los franceses la llamaban la Nueve), del Regimiento del Chad. Las mandaban el zaragozano Martín Bernal, el madrileño Federico Moreno y el andaluz Montoya, secundados por el catalán Elías (herido en las calles de París por un francotirador), el canario Campos y el valenciano Domínguez. Con el resto de las dotaciones, un total de 36 ex soldados del ejército republicano español. Los cuatro tripulantes franceses del Romilly completaban el destacamento, que, con toda justicia, llamaron los liberadores de París.

El primer blindado que llegó a la plaza del Ayuntamiento -cuenta Moreno- fue el Guadalajara. Este blindado, con tripulación exclusivamente extremeña, sería también el primero en arrancar hacia la vecina calle de los Archivos, cuando se nos indicó que allí había un nido de resistencia alemán. Pero los primeros disparos que las fuerzas aliadas efectuaron en París se hicieron desde el blindado Ebro, mandado por el canario Campos y conducido por el catalán Bullosa.

Por las calles laterales de los Campos Elíseos y en las cercanías del Arco del Triunfo patrullaban Alfredo Piñeiro y Paco Izquierdo, abordo de su blindado Fort Star. Este ultimo se quedó mudo cuando una muchacha, tras los besos y abrazos de rigor exclamó: ¡Eres el primer soldado francés al que beso!

Piñeiro me contaba no hace mucho en Barcelona que fue él quien repitió una vez más la cantinela que venían entonando desde que penetraron en los arrabales de París: ¡Somos rojos españoles!, al tiempo que enarbolaban la bandera tricolor republicana española, que ondeaba en todas las torretas de los blindados. Así fue, en efecto -confirma el capitán Dronne, jefe de la Nueve-; yo no sé de dónde sacaron aquellas banderas, pero como en realidad era la bandera de su patria, nadie hizo la menor objeción.

Lo cierto es que no fue ésta la primera vez -ni la última- que los republicanos españoles dieron la nota -y no solamente en el ejército
francés-; pero, como recalca Martín Bernal, con toda la razón del mundo, ¡eh! Por eso -caso único en todos los ejércitos aliados de la Segunda Guerra Mundial-, cuando la Nueve recibió su cupo de blindados nuevos en el campamento de Hull, al este de Liverpool, una delegación de españoles fue a pedir autorización al mando para bautizar -tras haber escogido ellos los nombres- los half-track que acababan de entregarles.

Breve anecdotario ibérico

Se hizo la asamblea de los españoles, que fue, como es fácil de imaginar, tumultuosa, ya que desde Pasionaria a Durruti, pasando por las siglas del POUM, salieron nombres para bautizar mil blindados. Hasta que los jefes de sección (Moreno, Granell, Elías) decidieron cortar por lo sano y darles nombres de batallas de la guerra de España. Y al mío -terció Moreno- le pondremos Don Quijote, por ser el papel que estamos desempeñando nosotros desde que salimos de nuestra tierra. La inscripción de los nombres se confió al que tenía mejor letra de todos: al reusense Antonio V. B. Clarasó, Bamba, antiguo alumno del reputado instituto-escuela de la Institución Libre de Enseñanza y jefe de municionamiento de la Nueve.

Fuimos nosotros, claro -¿quién querías que fuese?-, los que inventamos el mercadillo de prisioneros alemanes, puntualiza el valenciano Domínguez.

El general Eisenhower había dado carta blanca a determinados comandos suyos -los del III Regimiento de Paracaidistas, entre otros-, pero prohibió a sus unidades regulares que franquearan el río Loira.

Por aquellos parajes combatía entonces la II División Blindada de Leclerc. Los americanos competían en la captura de soldados enemigos, y no solamente por la obsesión de superar marcas en las unidades combatientes -como si se tratase de competiciones deportivas-, sino porque con ello obtenían distinciones y sobre todo permisos especiales, a modo de recompensa.

Como los hombres de Leclerc, y los españoles en particular -que se adaptaron como nadie al modo de guerrear por libre de Leclerc-, y con sus half-track patrullando siempre en vanguardia, podían ir de un lado a otro y saltar el Loira tantas veces como les viniese en gana, enseguida se estableció el intercambio de prisioneros por material bélico u otras mercancías procedentes de la intendencia militar.

Los prisioneros procedían de la II División Blindada, pero también de adquisiciones efectuadas en las zonas guerrilleras que iban cruzando los blindados de Leclerc. Guerrillas en las que casi siempre combatían republicanos españoles, y hacia las que se dirigía el material bélico ligero adquirido a cambio del lote de prisioneros.

Tan intenso llegó a ser este tráfico de alemanes capturados que no tardó en establecerse un baremo apropiado a las circunstancias: por cinco soldados los americanos daban un jerrican de gasolina de 20 litros...; por diez, dos jerricans o dos pares de botas de media caña.

La gasolina era -ya entonces- la moneda básica de cambio. Luego vendrían las metralletas -una por veinte soldados-, algunas de la cuales terminarían su carrera en la guerrilla de las sierras ibéricas, y así ab libitum.

El intercambio estaba condicionado, en lo que a soldados y suboficiales se refería, a material o armamento ligero. Por tres oficiales de Estado Mayor se llegó a obtener una motocicleta. Y si eran SS, al vehículo de dos ruedas se le agregaba el sidecar. Por un general alemán.. los americanos regalaban un vehículo todo terreno (jeep).

El chalaneo, sintetizado en una muy curiosa jerga anglofrancoespañola, comportaba, por lo regular, una propina: botes de carne en conserva, cajitas de chicle, cartones 'de tabaco rubio, petaqueras de whisky o algún neumático.

Este trueque, que se realizaba desplegando dotes de ingeniosidad increíble, ya que los mandos americanos y franceses no lo veían con buenos ojos, divertía tanto a los hombres de la División Leclerc que a veces entregaron a los guerrilleros todo el material obtenido de manos americanas a cambio de prisioneros procedentes de la guerrilla, sin obtener el menor beneficio. Muy bajo cayó el ejército de la raza superior, es verdad -me confesó un día Cortés en Barcelona-, y nosotros nos tomamos una buena revancha a cuenta de lo que nos habían hecho en España durante nuestra guerra.

Alguna que otra vez, los oficiales de Estado Mayor o los generales no tenían de tales más que el uniforme, ya que habían sido ascendidos por los españoles de la Nueve para altipreciar el trueque, Lo más difícil de falsificar eran los siniestros SS, porque los soldados de las unidades regulares alemanas se hubiesen dejado despellejar vivos antes que enfundar su cuerpo en un uniforme con las dos fatídicas letras bordadas en las solapas.

En determinados casos -¡lo que son las cosas!-, el trueque siguió este tragicómico itinerario: por cinco soldados se obtuvieron 20 litros de gasolina y por este carburante un campesino entregó un par de orondas gallinas. O este otro: tres oficiales de Estado Mayor igual a una motocicleta, igual a un cerdo o dos corderos...

Los españoles de la columna Leclerc, de la Agrupación M y de la Fuerza L -que así se llamó sucesivamente lo que más tarde sería la II División Blindada- procedían de tres lugares concretos: de las filas de la XIII Semibrigada de la Legión Extranjera francesa, de los Corps Francs (comandos del Ejército francés) y de los campos de castigo de Africa del Norte, muy particularmente de los del desierto argelino.

En la XIII Semibrigada, los españoles (casi el 50 por 100 de sus efectivos, que rondaban los dos mil hombres) desempeñaron un brillantísimo papel en la campaña de Noruega (abril-junio de 1940), en especial desatascando la ofensiva aliada -destinada a cortar la ruta del mineral de hierro sueco (vía férrea cuyo término era el puerto noruego de Narvik)- con la ocupación de la cota 220 por parte de un grupo de legionarios españoles mandados por el gallego Gayoso.

Ante esta cota -defendida por varias máquinas automáticas alemanas-, situada más allá del Círculo Ártico y apenas a 300 kilómetros del Polo Norte, ya se habían estrellado los ataques de tropas francesas (cazadores alpinos), británicas, polacas e incluso nativas, de la VI División de Alta Montaña noruega. De ahí le vino el apodo de noruegos a nuestros esforzados compatriotas que por aquellas tierras -cuya temperatura normal en la primavera de 1940 era de 30 grados bajo cero- constituirían, para asombro del mando interaliado, el grupo nacional que menos bajas tuvo por congelación.

Este fue uno de los varios do de pecho que los españoles dieron en Noruega. Los destacamentos españoles al llegar la noche ártica dejaban contados centinelas en las posiciones recién conquistadas -con turnos de guardia más cortos que los reglamentarios: una hora- y los demás se replegaban a echar un sueño bajo techado. ¿Y si los alemanes contraatacaban de noche y reocupaban las posiciones?, preguntó a Serapio Iniesta, uno de los veteranos de la XIII Semibrigada. Entonces los centinelas se replegaban a su vez y avisaban a sus compañeros. Y antes de que amaneciese ya los habíamos desalojado de nuevo a bayonetazos. Así de sencillo, responde Iniesta.

En su historia de la Legión Extranjera francesa, Georges Blond confirma el excelente comportamiento de los españoles: La irrupción de un fuerte contingente de ibéricos exiliados políticos no tenía precedentes en las filas legionarias. Disciplinados, resistentes, atacando el duro entrenamiento por los desiertos argelinos, los españoles, codo a codo, dando pruebas de una solidaridad excepcional, tuvieron que hacer comprender a ciertos oficiales franceses, demasiado apegados al reglamento ancien régime, que el tiempo de las bromas pesadas y de las burlas gratuitas (llamar, por ejemplo, ejército de las alpargatas a las unidades republicanas españolas) había pasado. Abundaban también los oficiales que desconfiaban de ellos, llamándoles comunistas, y proclamando que había sido un error el llevarlos con el cuerpo expedicionario francés a tierras noruegas. Sin embargo, los hechos probarían que esos rojos, o ex rojos españoles, sabían batirse como leones.

Ante la invasión alemana de Bélgica y Holanda (10 de mayo de 1940) y la amenaza que pesaba sobre el territorio francés, el alto mando francés (al que los humoristas, y no se equivocaron, llamaron el submarino sin periscopio) decidió repatriar el cuerpo expedicionario francés de Noruega.

La evacuación tuvo lugar en los primeros días de junio. Nada más pisar Inglaterra se enteraron de la entrada en París de las tropas alemanas (14 de junio) y la XIII Semibrigada fue enviada a Francia rápidamente al llamado reducto bretón, que no pasó de ser otra cruel ensoñación del mando francés. Llegaron justo a tiempo para observar la entrada en la península de Bretaña de las columnas motorizadas alemanas y verse obligados a regresar a Inglaterra a marchas forzadas.

Así que cuando De Gaulle confió a Leclerc la problemática reconquista -para la Francia Libre recién constituida en el exilio- de varias colonias africanas, el comandante de Caballería de Hauteclocque -nombre verdadero de Leclerc- tuvo que echar mano de los restos de la Infantería de Marina, de los cazadores alpinos y de la Legión Extranjera -concentrados en Trentham Park-, a los que se unirían luego varios destacamentos de tiradores centroafricanos -unos 3.000 hombres en total-, de los que la sexta parte eran españoles. Era la primera operación montada por el general De Gaulle para restablecer la soberanía y la autoridad de Francia en los territorios africanos de Camerún, Chad, Gabón y Níger, y organizar unas fuerzas armadas capaces de ocupar y gobernar dichas colonias.

Lo fantástico del caso es que, contra las previsiones de políticos y altos militares, doctos en la materia, Leclerc logró lo previsto y mucho más. y nunca olvidó que, desde el primer momento (octubre de 1940) y hasta la conquista del Nido de Aguila de Hitler, en Berchtesgaden (mayo de 1945), siempre pudo contar con sus españoles...

El ex comandante de los servicios Z del Ejército republicano, el leonés-asturiano Julián Villapadierna, me contó un día en nuestro exilio francés cómo estando destacado (durante la campaña de Francia, 1939-40) en el polígono de tiro del Ejército francés en Vierzon tuvo que organizar el adiestramiento de un nutrido grupo de alistados voluntarios en los Corps Francs, entre los que se encontraban una docena de compatriotas nuestros.

Los Corps Francs eran comandos de guerrilleros llamados a operar en la retaguardia enemiga, por lo regular en plan de sabotaje o de guerrilla. Villapadierna, por su condición de luchador revolucionario en Asturias -era maestro nacional en Cangas de Onís- y en virtud de los cursillos de especialización para los servicios Z seguidos en España durante la guerra, era un especialista consumado en la materia. En los años 1942-44 tuvimos ocasión de comprobarlo en el triángulo guerrillero Aude-Ariege-Pirineos orientales.

Traslado voluntario.

Al firmarse el armisticio -tras la humillante derrota de los ejércitos aliados-, en Francia, en junio de 1940, los restos de estos Corps Francs fueron evacuados a las colonias francesas del norte de Africa. Al desembarcar los aliados allí, en noviembre de 1942, los Corps Francs fueron reorganizados y reincorporados al dispositivo militar de la Francia Libre.

Aunque en sus comandos quedaron algunos. españoles -como el capitán Miguel Buiza, ex almirante de la flota republicana española-, lo cierto es que la inmensa mayoría de los españoles de los Corps Francs -seducidos por sus compatriotas de la Columna Leclerc- desertaron y se alistaron en las filas de la II División Blindada, en vías ya de organización.

A tal decisión los españoles, muy chuscamente, la llamarían traslado voluntario. Algunos españoles de la Legión Extranjera, de la base principal argelina de Siddi-Bel-Abbés, también decidieron trasladarse a la unidad de Leclerc.

La seducción la ejercieron comandos volantes motorizados de veteranos de la campaña de Africa (octubre de 1940-mayo de 1943); entre ellos descolló el canario Campos, que llegó a obtener un jeep, tres camiones, vales militares para gasolina, comida y salvoconductos, del mando norteamericano en Argelia, con la promesa de reclutarle unos miles de españoles para formar con ellos una división de choque y ponerla al servicio de los aliados.

Aquello pudo acabar muy mal-dice Federico Moreno-, porque al comprobar que los reclutados eran conducidos hacia Marruecos -donde se estaba organizando y pertrechando la II División Blindada- los norteamericanos hicieron varias reclamaciones al alto mando francés. Pero, al saber que se trataba de soldados de un jefe tan excéntrico como Leclerc, la cosa quedó en agua de borrajas. Aquello de tal para cual caía aquí como anillo al dedo. Uno de los más valiosos seducidos -procedente de los CF- sería comandante Putz, un austriaco de las Brigadas Internacionales que moriría en combate, en otoño de 1944, en la marcha de la División Leclerc hacia Estrasburgo.

Otros recién acuñados leclercistas fueron españoles liberados de los campos de castigo del desierto argelino -auténticos campos de la muerte-, a los que faltó tiempo para empuñar de nuevo las armas contra el nazifascismo europeo allí donde estuviese: Por eso, a estos y aquellos españoles les llamaron noruegos y africanos.

Los Corps Francs -en los que combatían juntos franceses y españoles- se integrarían en la I División Blindada, mandada por el general De Lattre de Tassigny, que fue el embrión del cuerpo expedicionario francés de Italia, en el que luchaban los hombres de la XIII Semibrigada de la Legión Extranjera francesa -la de los noruegos- cuyos supervivientes procedían del Africa Ecuatorial francesa, donde dejaron a Leclerc tras haber conquistado Chad y parte de Camerún.

Luego se incorporaron al cuerpo expedicionario británico en su colonia africana de Sierra Leona. De allí, dando un rodeo por el Cabo de Buena Esperanza, desembarcaron en Sudán -otra colonia británica del este de Africa-, desde donde participaron en la reconquista de Eritrea, antes de subir a recuperar -para la Francia Libre- Siria y Líbano, en el Cercano Oriente. Esto sucedía en junio de 1941.

Después se reconstruyó otra vez la XIII Semibrigada, en Alejandría (Egipto), que luego fue encuadrada en el dispositivo del VIII Ejército británico, mandado por el general Montgomery, con el que. combatirían hasta expulsar de Africa del Norte a los ejércitos alemanes e italianos, en mayo de 1943. Esto, tras protagonizar la heroica resistencia de la posición Bir-Hakeim (mayo de 1942) (*) y el encuentro con los españoles de Leclerc -que llegan del corazón de Africa-, en enero de 1943, en la capital de Libia, Trípoli.

(*) Ver HISTORIA 16, número 101, Españoles contra Rommel, por E Pons Prades, septiembre de 1984


Otros españoles -más politizados y de edad más madura- desembarcarán clandestinamente en las costas de Andalucía oriental, en particular en las de Almería, para restablecer el contacto con los grupos de resistencia antifranquistas -armados o no- que actúan en España.

Algunos de esos militantes -desde libertarios a catalanistas- traen el encargo de los aliados de sondear a sus respectivas huestes sobre sus posibilidades de respaldar -militar y políticamente- un desembarco aliado en Andalucía o en Cataluña.

El enfrentamiento entre los ingleses, con Churchill a su cabeza, que deseaban que el desembarco en las costas europeas del Mediterráneo se hiciese en los Balcanes, el bajo vientre de Europa, y los norteamericanos, que llegaron a pensar muy seriamente en hacerlo en tierras ibéricas, quizá fue una circunstancia determinante en la designación de Italia -primero Sicilia- como teatro de operaciones europeo contra las fuerzas del Eje, en espera de la apertura de lo que el otro grande, Stalin, consideraba como el verdadero segundo frente: el desembarco en Francia, primero (6 de junio de 1944) en las costas de Normandía y después (15 de agosto de 1944) en las de Provenza.

En la historia de las sucesivas unidades mandadas por el general Leclerc, los españoles republicanos destacan siempre por sus rasgos más peculiares: valientes, pero difíciles de mandar -no de manejar, puntualizará el propio Leclerc-; disciplinados, pero revoltosos; amantes de la juerga, incluso en los momentos más críticos, ejemplo de solidaridad de grupo, desprendidos, soñadores, ya ratos increíblemente temerarios...

Pero esto fue así porque Leclerc era un jefe fuera de serie, un militar anarquista en el más pleno sentido de la palabra. Así me lo calificó el reusense Bamba en amena y divertida conversación junto con varios compatriotas nuestros ex Leclerc en la sede de los veteranos de la II División Blindada, en París.

Ahora bien, ¿y no configuraron los españoles, de alguna manera, el modo de actuar de Leclerc? ¿Acaso no fueron ellos -ya desde las primeras escaramuzas, en pleno desierto, en el sur de Libia- quienes secundaron casi siempre sus travesuras?

Para convencerse de ello basta charlar con sus antiguos oficiales y jefes; es decir, los que convivían con ellos las veinticuatro horas del día. Uno, que conoció de cerca a todo tipo de militares franceses durante la campaña de Francia (1939-40), confiesa que los leclercistas parecían seres de otra galaxia. No ocurría así con la división de De Lattre de Tassingy en Italia, Francia o Alemania: aquello era un puro aburrimiento -me ha contado Millán Vicente, de la 13 SB-; aquella unidad parecía una orden monacal...; con decirte que ni los legionarios, con la carrera que llevábamos, conseguimos descongelarlos, está dicho todo.

La primera travesura fue conseguir que la bandera bicolor francesa ondease en los más apartados rincones de las posesiones galas en Africa y que Charles de Gaulle apareciese por todos lados como el jefe supremo de la Francia Libre, aunque para ello Leclerc tuviera que lidiar, en encrespadas batallas dialécticas, con obispos, como el de Douala, y con generales, como Giraud, durante un tiempo el jefe militar más mimado por los norteamericanos en un intento de desbancar a De Gaulle.

La campaña de seducción del canario Campos y otros españoles también contribuyó lo suyo a que Giraud no dispusiese de los efectivos con los que contaba para organizar, a la sombra de los norteamericanos, su propio ejército.

En el asalto -y desbordamiento- de la línea Mareth observamos hasta qué punto Leclerc confía, por enésima vez, en sus hombres para poner en marcha una operación que siguió a los repetidos fracasos de ingleses y neozelandeses ante la citada línea.

Al diseñar Leclerc la operación contra la línea Mareth, el general neozelandés Freyberg no sale de su asombro al oír decir al francés que va a salir de exploración solo, en un jeep, con su chófer, en plena noche, porque mis hombres deben descansar, le recalca.

Días más tarde, en una breve parada en Zaguán, ya en territorio tunecino, el respetable comandante inglés de un grupo de antitanques, puesto a disposición de Leclerc en Gabés, después de hacerle al propio general Freyberg los mayores elogios del general francés y de sus hombres, pide su traslado a una unidad en la que haya gentes que teman a Dios.

La siguiente travesura es su escapada por pistas del desierto, plantando la bandera francesa de la liberación en la villa de Menzuán. Cuando llegó esta noticia al Estado Mayor inglés se creyó en un error de transmisión. Porque, ¿cómo podía encontrarse la Fuerza L (Leclerc) en cabeza, puesto que su lugar estaba a retaguardia?

Leclerc y sus hombres se presentaban dos días después en la ciudad santa de Kairuán los primeros y barren a los alemanes de la Afrika Korps del macizo de Zaguán, para no detenerse hasta la capital: Túnez. Queda clara así la importante participación de la France Libre en la liberación de aquella colonia francesa.

Estas y otras travesuras harán temer que el aparcamiento de su unidad -primero en Sabratah (Libia) y después en Marruecos, cerca de Rabat- no condene a sus hombres a pudrirse en desesperante espera, mientras los anglosajones liberan Francia.

Al caer el general Giraud y sus partidarios en el ostracismo, y bajo la presión incansable de De Gaulle, que tiene en Leclerc al mejor de sus heraldos en todos los terrenos, los norteamericanos deciden entregar al excéntrico general francés los blindados prometidos, operación que se realiza a finales de 1943 y comienzos de 1944 en el campamento de Teamara, al sur de Rabat. La verdad -nos escribió Bamba- es que nosotros estábamos ya persuadidos de que nos iban a dejar allí hasta el final de la guerra, pese a que, como ya te indiqué en una de mis cartas, los ejercicios y las maniobras se realizaron sin interrupci6n, siempre a un ritmo intenso, para que estuviésemos en forma para actuar en cualquier momento.

El mando aliado "castiga" a Leclerc
Leclerc llega a pedir a De Gaulle que le envíe al frente italiano, pero éste le dice: Paciencia, mi querido amigo, paciencia. Usted debe liberar Alsacia y Lorena..., después de París, naturalmente.

De Gaulle a ratos también juega al soñador, porque en los primeros meses de 1944 la popularidad de Leclerc en el alto mando interaliado era más bien baja. Pero el patilargo representante de la Francia Libre, con el apoyo del gobierno de Canadá y del general canadiense Georges Vanier, en particular, consigue la designación de la II División Blindada como fuerza representantiva francesa en el desembarco de Normandía.

Sin embargo, a seis meses del gran día inquieto, el general francés se encuentra todavía entre quienes no comparten el secreto de los dioses. Sólo sabe -De Gaulle se lo aconseja una y otra vez- que debe mostrarse paciente y tener confianza. Así consigue sujetarlo durante unos meses. No faltó quien le apuntó, Conociendo lo que era capaz de hacer Leclerc para no perder comba, que, de haberse enterado a tiempo, el jefe de la II División Blindada hubiese sido capaz de adelantarse a los demás... y desembarcar solo, con sus hombres.

Tiempo al tiempo, ya que antes de que termine 1944, por tierras de Francia, y en la primavera de 1945, por tierras de Alemania, Leclerc demostrará que quienes apuntaban la posibilidad de tan arriesgadísima eventualidad -el desembarco en solitario- no andaban muy desencaminados.

El castigo del mando aliado se hace otra vez evidente en el momento de zarpar la II División Blindada hacia Inglaterra a primeros de abril de 1944: se dispone que el traslado de hombres y material se haga en distintos convoyes marítimos y que entre unos y otros pasen varias semanas.

Pese a los telefonazos y visitas de De Gaulle -primero a Swansea y luego a Hull, al verse obligado a atravesar con todo su material media Inglaterra, lo que le aleja ostensiblemente de las costas sureñas-, ya pesar de la presencia apaciguadora a su lado del coronel Langlade, Leclerc echa chispas por todos lados, porque debe trasladar 240 tanques por las carreteras y el escuadrón de reparación se encuentra todavía en Marruecos.

Para evitar un grave incidente si interviniese Leclerc, el propio Langlade se enfrenta a los americanos, que son los que dirigen la gran operación. El recipiendario de la protesta francesa es el coronel americano de la 4ª Sección del Estado Mayor aliado, que tras el vapuleo exclama: ¡No me había tropezado nunca con un oficial francés capaz de expresarse tan bien en inglés y que usara términos más descorteses!

Con todas las dificultades, la División llega a Hull sin el menor contratiempo. Hasta el 20 de mayo no llegarán a Inglaterra los últimos pertrechos de la II División Blindada, congelados en Casablanca.

Día a día, Leclerc perfila las líneas maestras de lo que debe ser la actuación de la unidad en Francia y Alemania.

-Hay que estar en todo y a todo, en cualquier momento y en la más imprevisible de las circunstancias. Quiero que mis hombres se sientan asistidos en todos los terrenos. Sea cual sea la dureza de los combates, quiero que las transmisiones, la asistencia médica y el servicio de reparaciones estén lo más cerca posible de mis hombres. Y la gasolina, Langlade, la gasolina. Mucho cuidado con la gasolina. No quiero ver un solo vehículo parado por falta de carburante. Y vaya inculcando a las tripulaciones el espíritu de iniciativa necesario para que, incluso cuando estén aislados del resto de la unidad, los hombres de cada blindado formen un grupo compacto y sepan reaccionar positivamente sobre la marcha.

Días antes de embarcar rumbo a Francia (a finales de julio de 1944), cuando los ejércitos anglosajones llevan combatiendo casi ocho semanas sobre suelo francés, Leclerc reúne por última vez en Inglaterra a sus colaboradores.

-Y tomen buena nota de mis instrucciones, señores. Insisto: anótenlas y estúdienlas bien, porque no creo que nada ni nadie sea capaz de modificar nuestra marcha.

Un veterano de Africa tercia:
-Llevamos años viéndole combatir, mi general, y eso es algo que no se olvida fácilmente.
-Es que el combate es una cosa y la táctica es otra, amigo mío. y cuando tengamos al ejército alemán frente a nosotros yo no podré estar siempre entre ustedes, como en Africa. Así que recuerden bien esto: primero hay que desbordar cualquier resistencia enemiga organizada, rodearla, dirigirse hacia los objetivos sin preocuparse de nada más. Segundo, hay que descubrir la parte débil del dispositivo enemigo, que debe tantearse sobre un frente ancho, gracias a nuestra movilidad, provocar la grieta y colarse por ella sin dilación. y tercero, penetrar profundamente en la retaguardia enemiga y destruir todas las reservas que nos salgan al paso, sembrando el desconcierto por doquíer.
-¿ y sí encontramos resístencia en la retaguardía enemiga?
-En ese caso, como en todos los casos, hay que maniobrar, maniobrar sin parar, recordando siempre que el arma blindada es esencialmente el arma de la velocidad, capaz de adaptarse y de moverse en todos los terrenos. Siempre alerta en los flancos, escierto, pero sin temor a quedar a descubierto, porque la movilidad de los blindados permite en cualquier momento el traslado a un nuevo frente con una rapidez instantánea. Recuerden que só1o hay un principio táctico: infligir al enemigo el mayor número posible de destrucciones, de muertos y de heridos en el menor tiempo posible. y no exponerse tontamente ante su fuego.

Leclerc y sus hombres desembarcaron en Normandía en la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1944. La II División Blindada actuará como fuerza de apoyo; es decir, su intervención está. prevista tan sólo para cuando se produzca .la ruptura del frente enemigo.

Las intenciones de los norteamericanos no parecen muy limpias -han imprimido billetes franceses para las fuerzas de ocupación aliadas sin consultar para nada a la France Libre-, por lo que tanto De Gaulle como Leclerc deberán desplegar mucha imaginación para no ser olvidados del todo en la liberación de Francia.

Después de la cruenta batalla de Eccouché, los blindados de Leclerc ponen proa a París. Antes envían a De Gaulle este breve y poco
ortodoxo informe:

Tras una marcha desenfrenada y asaz acrobática, que nos ha conducido desde Avranches (Normandía) hasta Le Mans, hemos atacado en punta hacia el norte, y en cuatro jornadas hemos alcanzado el río Orne, entre Eccouché y Argentian. Nuestro ataque, cogiendo de flanco una tras otra a varias divisiones alemanas, ha dado excelentes resultados.
Durante esos días he tenido la impresión de estar reviviendo los días de mayo y junio de 1940, sólo que al revés: desarrollo de nuestros movimientos de infiltración en el interior de las líneas enemigas, destacamentos-sorpresa y permanente alanceamiento del dispositivo enemigo...
Nuestros vecinos americanos, sobre todo los de nuestro flanco izquierdo, iban, como de costumbre, bastante retrasados. El resultado de estos ataques hubiera podido ser fantástico de haberse decidido el cierre del corredor Argentan-Falaise. El mando se ha opuesto a ello formalmente. La historia juzgará.

El jefe de la Nueve, capitán Dronne, nos facilita de su diario de marcha esta apostilla: El alto mando careció de audacia. Dejó escapar a los alemanes que las fuerzas aliadas volverían a encontrar, algo más tarde, frente a ellas, debidamente reorganizadas. Los americanos se han mostrado demasiado prudentes y muy lentos.

Y uno de los más eficientes jefes de municionamiento de la II División Blindada, Bamba, reafirma lo dicho por otros testigos directos de la batalla de Francia (segundo semestre de 1944): De no haber sido por su aplastante superioridad material, la verdad es que yo no sé lo que hubiese pasado...; fíjate que los soldados rasos americanos llevaban en su dotación hasta papel higiénico.

El 22 de agosto -día en que Leclerc decide marchar hacia París a todo tren- los americanos han rebasado Chartres y Dreux, al oeste de la capital francesa. Pero el ataque frontal y la ocupación de París no están previstos en el rígido planning del alto mando aliado hasta el 15 de septiembre de 1944.

Los americanos tienen un miedo tremendo a los combates callejeros y el abastecimiento de varios millones de personas hubiese desviado de su contenido a demasiados vehículos y personal. El general Montgomery, por su parte, tampoco se preocupa sobremanera de la capital francesa. Lo que más obsesiona a los ingleses es la ocupación de la región costera de la zona del Canal de la Mancha, para apoderarse de las rampas de lanzamiento de cohetes V-1 y V-2 allí instaladas y poner fin a los terroríficos bombardeos de Londres.

El miedo a que París corriese la misma suerte que Varsovia -se sabía que Hitler había ordenado su destrucción- provocó la insurrección popular, que fue declarada el18 de agosto, y aceleró la marcha de los hombres de Leclerc en auxilio de la resistencia interior parisina.

Otros españoles, los encuadrados primero en la Organización Militar Española (OME) y luego en la Agrupación Guerrillera Española (AGE), apoyaron, con la participación de cientos de ellos en los combates callejeros, la insurrección popular.

Nunca se sabrá cuántos compatriotas nuestros pagaron con sus vidas la liberación de Francia y de París. Pero sí se sabe que dos dirigentes españoles de la AGE, el madrileño Buitrago y el melillense Barón Carreño, murieron allí: el primero en las barricadas y el segundo en manos de la temible Gestapo pocos días antes de la liberación de la capital francesa. Es éste un capítulo de nuestra historia, escrita más allá de nuestras fronteras, que está casi por descubrir.

Camino de Alemania

El 8 de septiembre los hombres de Leclerc reanudan su marcha hacia el este. Al fin se cumplirá el juramento hecho en el oasis de Kufra (Libia), después de ocupar esta importante fortaleza italiana: Ahora ya no nos detendremos hasta liberar Metz y Estrasburgo.

Y así fue: la capital de la Lorena era rescatada a finales de septiembre y Estrasburgo, el 23 de noviembre, al tiempo que se alcanzaban la orilla del Rin y la frontera alemana. En estos casi tres meses de operaciones entre París y Alsacia, en el seno de la IX Compañía ha estado actuando, clandestinamente, un comando compuesto por veteranos luchadores libertarios (Manuel Huet, Joaquín Blesa, Liberto Ros y Mariño), el cual, con la complicidad del canario Campos, del barcelonés Bullosa (de la 3ª Sección), de varios oficiales franceses y de Bamba, efectúa un rastreamiento del terreno conquistado para recuperar armamento ligero alemán, destinado a ser introducido en España, vía París y Toulouse.

Este es otro capítulo, interesantísimo y singular donde los hubiere, que algún día se tendrá también que investigar y escribir, para demostrar hasta dónde puede llegar la inventiva de los ibéricos.

El Rhin se cruza el 27 de abril de 1945 por un puente de barcazas. Y aquí realiza Leclerc su última travesura. Puesto que ni él ni ninguno de los aliados occidentales podrá darse el gustazo de ocupar Berlín -honor que se les regalará a los soviéticos-, el general francés decide que sus hombres ocuparán el Nido de Aguilas de Hitler de Berchtesgaden, en los Alpes tiroleses.

Al sur de Karlsruhe -en Rastatt-, mientras el grueso de la II División Blindada, ateniéndose al itinerario oficial que le ha marcado el alto mando aliado, sigue hacia Munich por Nordlingen y Ausburgo, Leclerc lanza varios destacamentos motorizados por el sur.

Atravesando Stuttgart, Sigmaringen (donde están a punto de encontrarse de nuevo con la XIII Semibrigada de la Legión), Sangen y Wilheim-im-Oberbayern, la IX Compañía, que va como siempre en cabeza, se presenta en Berchtesgaden el 5 de mayo tres días antes de que los alemanes pidan del cese del fuego.

En los combates del desfiladero y el túnel de Inzell -explica Moreno-, los españoles de la Novena tuvimos pocas bajas por una razón muy simple: en el largo camino recorrido desde las playas de Normandía hasta las puertas de Austria los habíamos perdido casi todos. Si mis cuentas no yerran, al terminarse la guerra, el 8 de mayo de 1945, de los 148 españoles que desembarcamos en la playa normanda de Utah Beach sólo quedábamos 16.

Dom Dic 24, 2006 12:23 pm

Y todo esto para que despues nos borraran de la historia alegando que no era patriotico que soldados españoles fueran los primeros que entraron en Paris...

La Nueve

Lun Abr 30, 2007 10:40 pm

:shock: ¿Parecen pocos no?

Un saludo.Durand..

Mar May 01, 2007 4:16 am

No sé, no sé... :?

Hasta la toma de París las bajas de la 2ª Div. Acorazada Francesa eran de aproximadamente unos 130 muertos, 300 heridos y 20 desaparecidos. Todavía faltaban por llegar los combates en Alsacia y Alemania, y en Alsacia los combates fueron muy duros y el contingente francés era considerable (entre un 20 y un 25% del total). De todas maneras no he podido encontrar una cifra total en ninguna fuente. ¿Teneis alguien algún dato más exacto?

Saludos.

Sab May 12, 2007 9:47 am

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Banderín de la Novena Compañía, compuesta casi exclusivamente de españoles

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París: 25 de agosto de 1944, en las primeras horas de la mañana, ante el Ayuntamiento, el capitán Dronne da sus órdenes para ocupar le Central Telefónica en la rue des Archives. Alrededor de su jeep, de izquierda a derecha: el sargento-mayor Bernal, el capitán Dronne, el soldado Pirlian y el teniente Granell.


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El "Belchite" conducido por el montañés Solana frente al Arco del Triunfo, el 26 de agosto de 1944.

Sab May 12, 2007 9:50 am

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París: 25 de agosto de 1944. Ante la Central Telefónica de la rue des Archives, dos soldados españoles de la Novena y sus prisioneros alemanes

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Españoles de la Primera Sección (que mandaba el alférez Moreno) de la Novena Compañía, en el bosque de Bolonia, tras la Liberación de París.


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El granadino Ramón Gualda, con el "Madrid", en la calle de Rívoli de París, antes del desfile del 26 de agosto de 1944.





Fuente:

http://www.sbhac.net/Republica/TextosIm/NovenaCia/NovenaCia.htm




Saludos.

Sab May 12, 2007 9:56 am

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Saludos.

Sab May 12, 2007 10:40 am

Vonde en su momento creo que vi una fotografía de españoles de la 9ª desfilando por los Campos Eliseos y al frente iba un abanderado con la bandera Repúblicana, así como una tanqueta que lleva escrito el nombre de Guadalajara. Y era saber, si tu tenía conocimiento de estas fotos o las habías llegado a ver alguna vez.
Un saludo y gracias.



A estas horas, un sábado por la mañana, estoy un poco dormido. :D


Sí, esa foto existe... Voy a buscarla... o si algún compañero la encuentra antes...



Saludos.

Dom May 13, 2007 11:32 pm

Unas fotillos, algunas antiguas y otras no, de los veteranos de La 9.

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De Gaulle pasando revista a los blindados de La 9.

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El teniente Granell desfilando por los Campos Elíseos.

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Los veteranos Manuel Fernández (izda.) y Luis Royo (dcha.) en 2004 en París.

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Placa conmemorativa en el Boulevard Henry IV, de París, erigida durante los actos del 60 aniversario de la liberación.

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La fotografía del blindado Teruel con la bandera de la república. Por desgracia es muy pequeña, no he encontrado una mayor. :(

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Y por último todo un símbolo, la bandera republicana (a la derecha, sobre el muro) en Berschtesgaden en 1945.

Podeis ver una excelente colección de fotografías de La 9 en http://www.lanovena.com/gallery/main.php

Saludos.

Lun May 14, 2007 5:53 pm

Sobre el Guadalajar he encontrado esto...

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Saludos.

Lun Ago 04, 2008 7:22 pm

Una de las acciones más románticas de toda la Segunda Guerra Mundial fue la liberación de Paris a cargo de la 2ª división acorazada de las fuerzas francesas libres (la 2e División Blindée, o 2e DB), también conocida como División Leclerc. Las circunstancias del avance de los aliados sobre París determinaron que una de las compañías del Régiment de Marche du Tchad, que constituía la infantería mecanizada de la División, recibiese el encargo de adelantarse al resto de su unidad para asegurar que las primeras fuerzas en entrar en la capital fuesen francesas. Por paradojas del destino, esa compañía, la 9ème Compagnie du III/RMT, estaba formada en su inmensa mayoría por republicanos españoles exiliados.

El 29 de julio de 1944, una vez concluido su entrenamiento, la 2e DB embarcó en Southampton rumbo a Francia y su epopeya.


Tras una tensa espera, el 1 de agosto de 1944 la 2e DB comienza su desembarco en la playa de Utah. La Nueve lo hará el 4 de agosto, y cantando "La cucaracha", quizás por la lentitud de la compleja operación. Finalmente, la división se pone en marcha con la misión de apoyar a los estadounidenses frente al contraataque alemán en Mortain. En esos primeros días el GTV está en reserva, así que "La Nueve" tardará algún tiempo en entrar en combate. Es en ese periodo cuando el teniente español Antonio Van Baumbergen, "Wamba" es sustituido como segundo en el mando de La Nueve por Amado Granell, un castellonense con un amplio historial en la guerra civil.

Las tomas del puente sobre el Sarthe y de Alençon abren el camino para que la 2e DB participe en una de las operaciones más famosa de toda la guerra: la reducción de la bolsa de Falaise, que supondrá el colapso alemán en Francia. Para "La Nueve", es también el primero de los muchos momentos de coraje y sufrimiento que deberá vivir hasta el fin de la guerra.

Bautismo de fuego en Ecouché

Después de un rápido combate en Vieux- Bourg, en el que "La Nueve" destruye varios vehículos alemanes disparando desde los half-tracks, el 13 de agosto los "cosacos", como les llama el capitán Dronne, entran a la carga en Ecouché destruyendo más vehículos a su paso. El pueblo queda dominado, pero será en su aseguramiento en donde se producirán los combates más violentos. El día 14, sin embargo, el principal "enemigo" será la aviación estadounidense que vierte "fuego amigo" sobre la Compañía. Pero a la caída de la tarde, el adjutant-chef Campos, quizás el más notable combatiente de "La Nueve", y el sergeant-chef "Juanito" Reiter han imaginado un audaz golpe de mano y se infiltran con dos half- tracks en terreno alemán hasta tomar un castillo en el que capturan 129 prisioneros, entre ellos un coronel. El día 15 La Nueve es cañoneada por los alemanes... y por los propios americanos. Finalmente, el día 16 se comprueban intentos de penetración alemana en el pueblo. Dronne entiende que con sus efectivos no podrá defender Ecouché, así que opta por atacar. Protegido por el fuego de los morteros asalta las posiciones alemanas. Allí encontrará la muerte el sergeant-chef Constantino Pujol y herido su hermano, Fermín. También, Luis del Águila y el veterano prusiano Poreski. El contraataque ha sorprendido a los alemanes, pero aún así mantienen el cerco y el cañoneo durante el 17 de agosto. En la tarde de ese día, después de un nuevo intento de infiltración alemán, Campos dirige un violento contraataque contra un numeroso grupo de SS. Roberto Helio morirá a causa de las heridas recibidas en el transcurso del combate. Por fin, el día 18 "La Nueve" enlaza con una columna británica. Ha sufrido 7 muertos y 10 heridos graves, pero ha sido un éxito táctico.

Hacia París

"La Nueve" descansa en Ecouché hasta que el 23 de agosto, a las 6 de la mañana, se da la orden de salida. El destino es París, cuya ocupación ha sido rehusada por el mando aliado en un principio y por razones logísticas, para después ser aceptado a causa de las presiones de De Gaulle y, sobre todo, por la sublevación popular en marcha que amenaza concluir con la destrucción de la ciudad. "La Nueve", junto a otras unidades de su División, sale desde la localidad de Limours a las 7 hs. del 24 de agosto de 1.944 en dirección a París, vía Arpajon-Longjumeau-Antony, por la carretera nacional 20. Dronne, ha establecido con sus jefes de sección las pautas de un itinerario que, en su opinión, puede resultar peligroso por su trazado, expuesto y propicio a emboscadas. La columna mecanizada atraviesa varios pequeños pueblos, donde, a pesar de la hora, son recibidos de manera calurosa por la población. A las 8 hs. encuentran la primera resistencia ante Longjumeau. Una sección de La Nueve, con el apoyo blindado de su inseparable 501ú Regimiento de Carros de Combate (R.C.C.), se encarga del asunto. La lucha se acaba resolviendo a favor de los franceses, que ocupan un puente sobre el río Ivette, pero Dronne piensa que estos pequeños y aislados focos de resistencia deberían ser rodeados y fijados para proseguir con un rápido avance. A mediodía se llega al suburbio de Antony y allí se reanuda la lucha. El eje del avance se desborda, y con maniobras envolventes se liquidan los obstáculos y se destruyen o capturan varias piezas de artillería alemana. La columna encuentra fuerte resistencia frente a la prisión de Fresnes y se entabla un duro combate. Sin embargo, la ruta hacia el París insurgente parece estar abierta por el Este.

Dronne recibe entonces un mensaje del coronel Billotte, que se encuentra al mando de la columna: se le ordena volver con sus tropas al eje del avance, concretamente cerca del cruce de la población de Croix-de-Berny. El Capitán hace repetir al mando varias veces el mensaje. No puede creer esta orden que, finalmente, acata. Al regresar a la carretera general, los habitantes de las poblaciones se vuelcan imprudentemente en recibir a las tropas. El enemigo todavía combate sobre la ruta y se producen bajas entre los civiles.


Llegando a Croix-de-Berny, la 1ª sección de "La Nueve" es enviada al cruce donde debe apoyar a otras fuerzas que se las tiene que ver con un "88" alemán que será finalmente puesto fuera de combate. Lamentablemente, esta sección, mandada por el sergeant-chef Moreno, ya que su jefe natural, el andaluz sous-lieutenant Montoya, había resultado herido en una escaramuza anterior, quedará, por esta acción, apartada del inmediato destino del resto de "La Nueve".

Dronne entra en la población con el resto de la compañía, precedido por la semioruga del lieutenant Granell que se encuentra directamente con el jefe de la 2e DB, el general Leclerc. Éste se halla en una acera, apoyado en su famoso bastón, que emplea desde que sufriera hace años un accidente hípico. Está nervioso y de muy mal humor. Ha llegado hace poco tiempo en su scout-car y ha sido informado por la tripulación del avión Piper-Cub, que la división emplea en tareas de observación, de la angustiosa situación que se vive en el interior de París. Sus acompañantes se encuentran a prudente distancia. Le pregunta a Granell por el Capitán y el español le responde que marcha detrás.

Cuando llega Dronne, Leclerc le interpela acerca de su situación. Dronne le explica que ha tenido que retroceder porque así se le ha ordenado, pero que el camino hasta París está expedito en la zona que él ha recorrido. Inmediatamente, Leclerc le ordena que marche a París con lo que tenga a mano, por poco que sea. Imagina el efecto que la llegada de la columna puede tener en la moral del pueblo parisino sublevado, y sabe que es necesario que, aunque sea sólo con una fuerza simbólica, la 2e DB debe entrar en París antes que los estadounidenses.

La leyenda de "La Nueve"

Dronne organiza lo que queda de "La Nueve" y completa su columna con la disminuida sección de carros medios del lieutenant Michard, del 501ú R.C.C., También consigue una sección de ingenieros, mandada por el adjudant Cancel.

Un paisano guía a la columna. Atraviesan Fresnes, continúan por L'Hay-les-Roses, Cachan, Arcueil y Kremlin-Bicetre a través de aquellas calles que parecen libres de obstáculos o indicadas por la población como expeditas. Durante todo el recorrido reciben las muestras de entusiasmo de la población, que franquea el paso de la columna cuando esta encuentra algún obstáculo. Las defensas del fuerte de Bicetre no abren fuego al paso de la tropa que, hasta ahora, sólo han sido importunados por disparos esporádicos ahogados por el ruido de los motores.

Son las 20,45 cuando se alcanza la parisina Puerta de Italia. El jeep de Dronne pasa a la cabeza de la marcha. En ese momento la plaza se encuentra llena de personas que, al escuchar el estruendo de los vehículos, huye aterrada pensando que son alemanes. De pronto alguien grita: "Son americanos" y las tropas se ven rodeadas de una muchedumbre que, literalmente, enloquece al grito de: "Los franceses, son los franceses", al comprobar su verdadera identidad. Una alsaciana, ataviada con su traje típico, destroza el parabrisas del jeep de mando al saltar sobre él. Durante unos minutos es el delirio. La columna no puede continuar la marcha y Dronne duda sobre donde dirigirse. Realmente la pequeña fuerza que manda no tiene más que un poder simbólico dentro de la situación que le rodea, militarmente hablando.

Resuelve entonces dirigirse al ayuntamiento: El Hotel de Ville ha sido punto neurálgico en todas las insurrecciones acaecidas en París. El Capitán se pregunta por el itinerario a seguir, al desconocer la situación de las barricadas y el desarrollo de los combates. Entonces aparece en escena, subido en una pequeña motocicleta, el armenio Dikran que se ofrece como guía hasta el nuevo objetivo. Asegurando conocer la ruta correcta, arranca a la cabeza de la columna, que se abre paso como puede. Sobre el jeep de Dronne continúa subida la alsaciana.


Los vehículos se lanzan tras la motocicleta. Recorren calles que quedan desiertas al paso de los blindados, que los parisinos creen alemanes, y que se vuelven a poblar cuando alguien reconoce a los soldados y lanza el repetido grito de "Franceses, son los franceses". Cruzan al Sena por el puente de Austerlitz y continúan a lo largo de los muelles de la orilla derecha hasta su objetivo.

Por fin, a las 21,22 horas se detienen ante el Hotel de Ville. Comienza a anochecer. La alsaciana baja del vehículo. Dronne ordena transmitir un mensaje de radio: "Misión cumplida. Estamos ante el Hotel de Ville" y hace hincapié ante su aislamiento y la necesidad de progresión sobre París.

Se despliega el destacamento y los vehículos en defensa de erizo alrededor del ayuntamiento, y se dan órdenes ante un posible contraataque. La gente empieza a llegar, lo invade todo, abraza a los soldados, grita, impide el despliegue. Muy pronto la Marsellesa se escucha sobre toda la ciudad, y decenas de campanas acallan cualquier otro sonido. Se ha cumplido el deseo de De Gaulle y Leclerc, y los soldados franceses han conseguido entrar los primeros en París, pero el destino ha querido que sean, en su mayoría, españoles.

El día 25 de agosto, el grueso de la 2e DB entra en París y se despliega por la ciudad eliminado los focos de resistencia alemana y tomando los puntos neurálgicos. "La Nueve" combate en la rue du Temple limpiando la central telefónica, y en los combates es gravemente herido el sous-lieutenant Elías. Al final del día París está bajo control y "La Nueve" se reagrupa frente al Hotel de Ville.

Al día siguiente tendrá lugar una impresionante manifestación en la que De Gaulle escenificará su gran momento descendiendo por los Campos Elíseos y caminando hasta la catedral de Nôtre Dame. El honor de escoltar el cortejo, durante el que se producirá un confuso tiroteo, corresponde a "La Nueve" por haber sido la primera en entrar en la capital de Francia. Las imágenes de los españoles rindiendo honores o controlando a la multitud desde los half-tracks serán algunos de los iconos característicos de la leyenda de "La Nueve".

La entrada en París marcó la historia de los españoles de Leclerc más que ninguna otra acción en la que participaron, sin duda por su importancia simbólica, que no militar. Sin embargo fue en los meses que siguieron en los que se produjeron los combates más duros, y en el entorno más inclemente. La bajas fueron mermando la proporción de españoles en "La Nueve" hasta el punto que, más o menos a finales de noviembre, ya había perdido su carácter netamente hispano y ya era una compañía, en palabras de Dronne; "franco-española". Pero nunca perdió su peculiar identidad, y todavía es recordada entre los veteranos de la 2e DB por su característico nombre español.





Fuente: www.lanueve.net

Mar Ago 05, 2008 11:02 pm

Puede que la tanqueta sea esta?

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No se nota el nombre... seguimos en el arco del triunfo..

Mar Ago 05, 2008 11:06 pm

Aca hay otra de wiki

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commons.wikimedia.org

La terrible bandera que esta atras, me parece que es la republicana, pero no me juego...

Mar Ago 05, 2008 11:10 pm

Y tengo esta con la tanqueta "don quijote"

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www.nevasport.com

Mié Ago 06, 2008 12:29 am

Me temo que no, la bandera es francesa. Cosas del coloreo :D

24 DE AGOSTO DE 1944: EL DESTACAMENTO DEL CAPITÁN DRONNE, LOS PRIMEROS DE PARIS
9E COMPAGNIE DE COMBAT DU RMT (REGIMIENTO DE MARCHA DEL CHAD)


Sección de Mando
- Capitaine Dronne y aspirant Cascaye-Bacave; Jeep Mort aux Cons 2 (¿), n° 95122
- Lieutenant Granell y sergent-chef Valero; HT Les Cosaques, n° 410782
- Adjudant Neyret y sergent Pavloff; HT Rescousse, n° 410301
2a Sección de Combate
- S / lieutenant Elias; HT Résistance, n° 409012.
- Sergent-chef Bema/-Garcés; HT Teruel, n° 409664
Jefes de grupo
- Sergent Cortés; HT Résistence, n° 409012
- Sergent Llordens y sergent Laffitte; HT Teruel, n° 409664
- Sergent Callero; HT Libération, no410619
- Sergent Solana; HT Nous voila, n° 90571
- Sergent Marty; HT L'Ebre, n° 410982, arrastrando un cañón de 57 mm.
3a Sección de Combate
- Adjutant-chef Campos; HT Tunisie 43, n° 4095574
- Sergent-chef Reiter; HT Brunete, no415066
Jefes de grupo
- Sergent Blanco; HT Tunisie 43, no409574
- Sergent Morillas; HT Amiral Buiza, n° 406101
- Sergent Gimenez; HT Guadalajara, n° 410629
- Sergent Ramon-Etorit (Fábregas); HT Santander, n° 410621, arrastrando un cañón de 57mm.
2E COMPAGNIE DE COMBAT DU 501E RCC (REGIMIENTO DE CARROS DE COMBATE)
2a sección de combate
- Lieutenant Michard; Sherman M4A2 Montmirail, n° 420610
- Adjutant Caron; Sherman M4A2 Romilly no420613
- Sergent Triollet; Sherman M4A2 Champaubert, n° 420582
3E COMPAGNIE DE COMBAT DU 13E BATAILLON DE GÉNIE
2a sección de combate
- Adjutant Cancel; Jeep n° 413464
- Sergent Reissier; HT Le Méthodique
- Sergent Cantarel; HT Le Volontaire
- Sergent Bringas; HT L'Entreprenant

Sab Ago 09, 2008 4:49 pm

[Domingo, 25 de julio de 2004] Con sesenta años de retraso, Francia rinde al fin un homenaje oficial a los anarquistas, socialistas revolucionarios y republicanos españoles que fueron los primeros en entrar en el París ocupado y lanzar el llamamiento a la sublevación popular contra el invasor nazi.

Se trata de una de las páginas más memorables, desconocidas y manipuladas de la historia de la liberación de Francia y su capital. Porque los primeros protagonistas de esa batalla eran anarcosindicalistas de la CNT, anarquistas de la FAI, trostkistas del POUM, catalanistas independientes, socialistas de la UGT, antiguos miembros de la Columna Durruti.


Liberados o huidos de los campos de Saint-Ciprien o Argelés, muchos de los refugiados españoles se enrolaron inmediatamente en la Resistencia, en los maquis de la Ariège, Glières o Vercors. Otros fueron enrolados voluntaria o involuntariamente en la Legión extranjera. El gobierno de Vichy, colaborador con el III Reich, deportó a Argelia a muchos de ellos. Cuando el general de Gaulle, tras su llamamiento de 1940, comenzó a organizar un incipiente ejército clandestino, las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), columna vertebral de la Resistencia, los refugiados españoles estaban en primera línea, en el maquis y en la histórica jornada del Desembarco aliado del 6 de julio de 1944.



Eisenhower y De Gaulle reconocieron la identidad española de los refugiados reconvertidos en soldados no del todo regulares. Y la gran mayoría de ellos fueron reagrupados en la II División Blindada, de la que estaba al mando el general Leclerc, a las órdenes superiores de Patton (III ejército) y Hodges (I ejército). Con el fin de dar a las tropas de la II división la mayor eficacia operativa, se creó una unidad especial, la Novena compañía, la Nueve, en el argot de la leyenda, donde la lengua oficiosa si no oficial y las órdenes se cursaban en español.



Al frente de la Novena estuvo el famoso capitán Dronne, quien rindió un cálido homenaje a los españoles de la Nueve, en sus Memorias: "Eran hombre muy valientes. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española". Dronne conocía la historia íntima de muchos de ellos y sus familias: rescatados de los campos de concentración, perseguidos cuando no liquidados por los adversarios de su propio bando republicano, desterrados y sin embargo en primera línea de combate contra el invasor nazi.



El 20 de agosto de 1944, De Gaulle celebra una reunión de trabajo con Eisenhower, en Normandía: "Leclerc y su Segunda división estarán al frente de la liberación de París". Eisenhower asiente, pero, dos días más tarde, todavía teme que la resistencia alemana, en París, precipite una tragedia. En primera línea, Leclerc se inquieta. El XV cuerpo de ejército norteamericano ha atravesado el Sena, todavía lejos de París. En sus Memorias, el capitán francés de la Novena compañía cuenta la decisión final de Leclerc: "No hay que obedecer órdenes idiotas. Dronne, tome a sus nombres de la Novena y entre en París. Diga a los parisinos que toda nuestra división estará con ellos, mañana".



Cubierto por De Gaulle, desobedeciendo parcialmente a Eisenhower, es Leclerc quien decide entrar el primero en París, precedido por las tropas de elite españolas de su Novena compañía. Los tanques blindados "Sherman" norteamericanos eran un arma "demasiado pesada" para protagonizar una operación de comando como la encomendada al capitán Dronne. Los españoles de la Nueve que entraron los primeros en París solo estaban equipados con once half-tracks (auto orugas blindados, de gran movilidad) que se llamaban "Guadalajara", "Brunete", "Ebro", "Santander", "Belchite", "Jarama", "Teruel", "Guernica", "Madrid", "España cañí", "Don Quijote". Solo un "Sherman" con tripulación francesa participó en el avance final.



Se trataba de una operación altamente sensible, simbólicamente excepcional: lanzar la liberación de París, cuando el comandante en jefe de las tropas aliadas, el general Eisenhower, todavía temía el riesgo incendiario de una eventual resistencia alemana, en una ciudad donde comenzaban a proliferar las barricadas.



El capitán Dronne ha contado la limpieza heroica con la que se consumó esa operación; Auxiliada en cada etapa por los hombres de las FFI, la Novena atravesó Fresnes, Hay-les-Roses, Bagneux, Cachan, Arcueil y Kremlin-Bicêtre, a las puertas de París. En ese punto, Dronne dio la orden final: "!A la alcaldía…!". Y los antiguos rescatados de la Columna Durruti abren el camino: Puerta de Italia, bulevar del Hospital, puente de Austerliz, muelle Henri IV, hasta la alcaldía de París, el corazón histórico de todas las insurrecciones populares de la capital.



El primer blindado aliado que llegó a París era el "Guadalajara", pilotado íntegramente por libertarios extremeños. En el Hôtel de Ville, la sede oficial de la alcaldía, los hombres de la CNT, la FAI y la UGT, con cascos del ejército norteamericano, uniformes de las FFI e insignias de la España republicana, son recibidos a las 9.22 de aquella noche del 24 de agosto de 1944 por Léo Hamon, miembro del Consejo Nacional de la Resistencia, que guarda de ellos un recuerdo emocionado: "Hablaban muy mal el francés, con mucho acento. Eran los republicanos españoles de la división Leclerc". Antes de irse a dormir, Hamon todavía tuvo tiempo de escuchar a los españoles cantando sus himnos de batalla, ¡A las barricadas!, el himno oficial de la CNT-FAI, y ¡Ay Carmela!, la histórica canción ligada a la batalla del Ebro.



Entre otros, esos españoles ignorados en todas las historias oficiales eran Manuel Huet, Alfredo Piñeiro, Paco Izquierdo, Joaquín Blesa, Liberto Ros y Mariño, los catalanes Bullosa, Clarasó y Elías, el valenciano Dominguez, el canario Campos, el melillense Barón Carreño, los madrileño Buitragos y Federico Moreno, el zaragozano Martín Bernal, el andaluz Monto, y "Bamba", un antiguo alumno del instituto-escuela de la Institución Libre de Enseñanza, jefe de municionamiento de la Nueve.



A su llegada oficial a París, Leclerc y De Gaulle rindieron un homenaje marcial a los españoles de la Nueve, concediéndoles el honor excepcional de desfilar, los primeros, al frente de sus blindados, enarbolando sus banderas republicanas, desde el Arco del Triunfo hasta la plaza de la Concordia, a lo largo del legendario trayecto de los Campos Elíseos. Dos días antes, uno de aquellos héroes anónimos, Paco Izquierdo, había sido "asaltado" por una mujer joven dándole un abrazo fraternal, diciéndole: "!Eres el primer soldado francés al que doy un beso…!".



Tras la euforia exaltante de la liberación de París, la Nueve siguió su camino. Hacia Estrasburgo. De los 148 españoles que desembarcaron en Utah Beach, solo una veintena corta sobrevivieron a la Liberación. La suya fue una suerte trágica. Muchos no fueron enterrados en la tierra bendecida de un cementerio cristiano, porque eran ateos, apátridas. Solo Leclerc les rindió homenaje, hasta el fin. "Leclerc nos quería, porque, en el fondo, él también era un militar anarquista", diría uno de los supervivientes. En la posguerra, todos rechazaron los honores. Ninguno quiso seguir en el ejército. Abandonadas las armas, fueron traicionados. Los gaullistas y comunistas que escribieron las primeras historias, cambiaron los nombres de los blindados que habían comenzado la liberación de París, sustituyéndolos por nombres franceses. Sus nombres fueron rigurosamente silenciados de oficio. Su aportación a la liberación de Francia, tachada. Algunos regresaron a España, donde murieron olvidados de unos y otros. La mayoría murieron en el exilio. Sesenta años después, la alcaldía de París les rinde un primer homenaje: la inauguración de una placa conmemorativa, con la fecha y el trayecto recorrido por los españoles que estaban a las órdenes del capitán Dronne. Amén.

[ .. ]

Una temporada en el infierno. Sarkozy y los refugiados españoles encerrados en campos de concentración franceses y España / Francia. Una página Infame, contada por Carles Fontserè.

Re: La Nueve. Los españoles de la 2ª División Blindada francesa

Lun Sep 29, 2008 1:43 am

Cuanto les ha costado a los franceses decir que fueron los españoles los primeros en entrar en Paris. Esos mismos españoles a los que confinaron en campos de internamiento y donde les dio igual si morian de hambre.
No les creyeron cuando les avisaron a los franceses de lo que se les venia encima con la Alemania nazi.
En un documental, perdonarme pero no recuerdo el nombre, salia un policia frances de la frontera española en los pirineos en el año 39 y contaba la siguiente anecdota:
"Vi a un español que venia hacia mi. Estaba muy sucio, con una larga barba y vestia unas ropas que no eran nada mas que jirones. Vi que llevaba un arma al hombro y me acerque a el ya que si querian pasar la frontera debian dejar las armas. Le pedi que me diera su arma y se me quedo mirando un momento y despues me dijo "No te la lleves muy lejos que dentro de poco la necesitaras" no entendi lo que queria decir asi que le mire altivamente le cogi el arma y le dije que se marchara. Muy pronto descubri lo que me quiso decir aquel español, Francia era invadida por Alemania"


Con respecto a la huella historica que dejo "la nueve" sirva estos ejemplos estos fragmentos de un documental reciente sobre la liberacion de Paris. (Siento decir que estan en ingles, yo lo tengo en castellano pero en Youtube, tutv.... solo lo he encontrado en Ingles)
Para los que ya lo hayan visto o para el que lo vaya a ver aunque sea en ingles os dire que el numero de veces que nombra a los españoles es....... exacto cero, es mas dice que el desfile fue de la segunda divison francesa y ya esta.
Con esto me hace dudar de la veracidad que a veces damos a los documentales

Re: La Nueve. Los españoles de la 2ª División Blindada francesa

Mié Jul 14, 2010 2:49 pm

Un pequeño aporte:
No es una foto, pero la pintura es muy bonita

Amado Granell

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Fuente: Revista Española de Historia Militar nº 53 (Quiron ediciones)

Saludos
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