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El Miedo en la batalla

Influencia, comportamientos, sociedad...

Moderador: grognard

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El Miedo en la batalla

Notapor Mikhailovna el Mié Abr 04, 2007 6:07 am

EL MIEDO EN LA BATALLA.

"El miedo. . . debe ser canalizado de manera que el control del mismo se convierta en el primer paso para llegar a ser un soldado eficiente."
Geoffrey Regan en Fight or Flight.

El primer ministro inglés, Winston S. Churchill denominó a los campos de batalla de la IGM del Somme los "cementerios del Ejército de Kitchener." Un arma totalmente nueva apareció en dichos campos: el tanque británico Mark I. Avanzando en contra de la línea de Flers-Courcelette, los 11 tanques penetraron las defensas alemanas el 15 de septiembre de 1916, creando terror fuera de proporción con su amenaza.
Un testigo visual describió el efecto: "El sentido de pánico se extendió como una corriente eléctrica, pasando de un hombre a otro a lo largo de la trinchera.
A medida que las turbulentas orugas avanzaban, [los hombres] levantaron sus brazos hacia arriba rindiéndose atemorizados o corrieron rápidamente por las trincheras de comunicación hacia la segunda línea."A pesar de que la mayoría de los tanques fracasaron en alcanzar sus objetivos, ese día, habían de hecho, establecido una
atemorizante primera impresión.

Mientras que los vehículos blindados tal vez hayan sido novedosos, el miedo que engendraron no era nada nuevo. La guerra ha experimentado varios cambios y visto muchos avances en la tecnología, cada uno de los cuales ha engendrado temor.
Los adversarios continuarán empleando el temor como un arma, especialmente en la guerra asimétrica, por lo tanto es prudente reexaminar los efectos del temor sobre
la efectividad de la unidad en las organizaciones militares.

Pero antes, si me lo permitís, amigos foreros, me gustaría mostraros muyyy por encima, dónde se "encuentra" el miedo en nuestro cerebro y qué mecanismos de alarma se activan cuando éste aparece, porque entendiendo qué desencadena el miedo en un soldado, si hablamos de un contexto de guerra, sabremos como desactivar ese mecanismo de alarma o incluso que nunca llegue a ponerse en marcha...¿eficaz, no?

Nuestro organismo está equipado con todo un complejo sistema de supervivencia que se activa a sí mismo ante la percepción de cualquier peligro, se autorregula y prepara el terreno para favorecer la supervivencia del individuo.
Hay una serie de actitudes primarias de supervivencia en los animales, incluyendo los humanos, por supuesto. Cuando un animal se siente amenazado, su primera reacción es alejarse de la amenaza. Esto le evita dolor, peligro y gasto de energía. Sin embargo hay situaciones en las que el escape no es posible, y es en estos casos cuando el animal se torna agresivo y se activa toda una serie de reacciones en su cuerpo que lo preparan para la pelea. La agresión provocada por miedo es característica de animales en peligro que se sienten acorralados y sin posibilidad de escape. Siempre y cuando el animal sienta que tiene oportunidad de vencer aquello que lo amenaza, va a luchar en su contra. Sin embargo, si llega un momento en el que se da cuenta de que no puede vencer, entonces se abandona a la muerte, es decir se "deprime" y deja de luchar.
Como podéis ver hasta aquí somos animales. El punto donde, en ocasiones, nos distinguimos del resto es en la percepción de miedo: podemos sentir miedo de cosas irreales, como ocurre en las fobias, por ejemplo.

El cerebro humano esta constituido por tres capas, que se han desarrollado a lo largo de los años y con la evolución del hombre.

La capa más antigua, la más primitiva, está en el centro del cerebro, el llamado ‘cerebro reptil’. Se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo sexual, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas tipo "pelea-o-huye"-. Nuestro cerebro primitivo de reptil, que se remonta a más de doscientos millones de años de evolución, nos guste o no nos guste reconocerlo, aún dirige parte de nuestros mecanismos. Muchos experimentos han demostrado que gran parte del comportamiento humano se origina en zonas profundamente enterradas del cerebro, las mismas que en un tiempo dirigieron los actos vitales de nuestros antepasados.

Después se desarrolló una segunda capa sobre la primera, el cerebro medio, que se encarga de la conservación de la especie y del individuo. Aquí se encuentran las estructuras que corresponden al sistema límbico y que se encargan de regular emociones, alimentación, lucha, escape y evitación del dolor, y la búsqueda del placer. El sistema límbico, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral.
Es en estas estructuras donde residen el miedo y la agresión , siendo la amígdala el principal centro de procesamiento de las emociones, centro de identificación del peligro, y es fundamental para la supervivencia. Al ser activada, desencadena miedo y ansiedad que ponen a la persona o animal en un estado de alerta total, preparándole para huir o pelear. Nuestro cerebro reptil fue así perfeccionándose...

Imagen

Cuando aparecieron los primeros mamíferos superiores, la evolución del cerebro dio un salto cuántico. Por encima del bulbo raquídeo y del sistema límbico evolucionó el neocórtex, el cerebro racional: es la corteza cerebral , la tercera capa, y en ella se da el pensamiento racional. A los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente, de comprender las relaciones globales existentes, y de desarrollar una consciencia (sólo los delfines comparten con nosotros esa consciencia) y una compleja vida emocional. El sistema límbico está en constante interacción con la corteza cerebral. Una transmisión de señales de alta velocidad permite que el sistema límbico y el neocórtex trabajen juntos, y esto es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras emociones.

Al detectar algo que representa un peligro (o nosotros lo percibimos como tal), se activa en el área límbica un sistema de alarma que prepara al organismo para sobrevivir, desencadenando toda una serie de reacciones fisiológicas. El miedo al dolor psicológico provoca las mismas reacciones fisiológicas que el miedo al dolor físico.
Mientras realizamos cualquier actividad, la amígdala está monitoreando todo lo que sucede a nuestro alrededor, incluso cuando dormimos, está atenta y ante cualquier sonido que pueda representar una amenaza, activa sus conexiones y hace que despertemos.
La amígdala y las estructuras cerebrales que detectan peligro, no identifican detalles, sino que están atentas a cualquier percepción burda, que pueda representar una amenaza, como puede ser una sombra, un movimiento extraño, un ruido, etc. Ante la primera percepción de un posible peligro, se desata una reacción de alerta en el organismo y sólo es hasta después de que nuestro neocórtex analice el entorno que nos percatamos de lo que sucede y de si realmente existe un peligro o no. Por ejemplo, a todos nos ha pasado que oímos un ruido extraño en la casa e inmediatamente nos ponemos alertas, solo para descubrir instantes más tarde que se trataba del gato.

La función de alarma en el sistema nervioso produce un aumento de actividad de diversas funciones corporales como aumento en la presión arterial, intensificación del metabolismo celular, incremento de glucosa en la sangre, aumento en la coagulación sanguínea. De igual manera la sangre se va a los músculos mayores, principalmente a las piernas, para tener suficiente energía para escapar si es necesario. El corazón comienza a trabajar a una velocidad muy por encima de lo habitual, llevando rápidamente hormonas como la adrenalina a todo el cuerpo y a los músculos, incluso pueden relajarse los esfínteres. El sistema inmunológico se detiene, así como todas las funciones no esenciales en el cuerpo, para prepararlo para lo que venga: la huida o la pelea.

Todas estas reacciones son extremadamente útiles para la supervivencia. El cuerpo sabe exactamente qué debe hacer ante la percepción de un peligro para maximizar las posibilidades de salir con vida. Ante la percepción de un peligro se agudizan todos nuestros sentidos. Abrimos más los ojos, y las pupilas se dilatan para recabar la mayor cantidad de información posible. En realidad es una gran ventaja que todo esto suceda de manera automática, y que no seamos nosotros quienes tenemos que activar la alarma y provocar todas estas reacciones. Nuestro trabajo simplemente se concentra en analizar la situación (cuando podemos permitirnos ese lujo, que no siempre ocurre) para tomar la mejor decisión según sea la amenaza.

Continuará...

-----------------------------------------

Habláis en este lugar de armas, vehículos, aviones, barcos...con una tecnología impresionante, y cada vez más perfeccionada; yo me sigo quedando con el cerebro como ejemplo de diseño tecnológico sin igual. Perfecto, brillante, con capacidad de tomar decisiones (respuestas automáticas), en multitud de circunstancias, sin mediar ni un ápice nuestra opinión, ni voluntad, ni conocimiento, salvándonos la vida a veces (reflejos e instintos).
Es una máquina tan perfecta que me resulta difícil pensar que sólamente la ha diseñado la evolución...
A veces me cuesta no creer en dios.

Saludos peloneros en plena exaltación cerebral Imagen
Última edición por Mikhailovna el Mié Abr 04, 2007 9:18 am, editado 1 vez en total
" La guerra es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero no se masacran". Paul Valery.

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El Miedo en la batalla (Parte II)

Notapor Mikhailovna el Mié Abr 04, 2007 9:14 am

Efecto del miedo en la batalla

La guerra ha sido siempre una iniciativa humana. En su estudio acerca de Agincourt, Waterloo y Somme, John Keegan destaca, "Lo que las batallas tienen en común es el aspecto humano: el comportamiento de hombres luchando para reconciliar su instinto de autopreservación, su sentido de honor y el logro de alguna meta por la cual otros hombres están dispuestos a matarlos.
El estudio de una batalla es, por lo tanto, siempre un estudio del miedo y a menudo de la valentía. Sin embargo, el estudio del miedo ha sido más a menudo privilegio de los doctores e historiadores que de los profesionales militares.
Los cuerpos de oficiales tradicionalmente se han concentrado en cuestiones acerca de tácticas, doctrina, material y logística.

El temor fue un elemento importante de la obra clásica del pensador militar francés, el Coronel Charles Ardant du Picq, Battle Studies: Ancient and Modern Battle, acerca de la psicología del campo de batalla. Du Picq describe como el miedo y la vacilación podrían desmoronar el espíritu ofensivo y como la valentía era "el dominio temporal
de la voluntad sobre el instinto", lo que era imperativo para lograr la victoria.

Alentar a que los soldados superen el miedo mientras que moderan el efecto del mismo, ha sido una tarea con la cual los líderes militares han luchado desde siempre. El moralista griego Plutarco relata como el General romano Aemilius Paulus, viendo las formaciones griegas en la Batalla de Pidan en 168, consideró "la formidable apariencia de su frente, cubierto con armas, que fue tomado con tanto miedo y alarma; nada de lo que había visto antes era igual."

Para que los líderes impresionaran a los atemorizados soldados durante la época de las formaciones cerradas, era más simple que en la actualidad. Los soldados formados hombro con hombro obtenían fortaleza del estrecho contacto físico y de la cercanía de sus oficiales, cuya definición de coraje requería que ellos enfrentasen el fuego del enemigo sin perturbarse.
Un soldado de la Unión avanzando hacia el Fuerte Donelson en el estado de Tennessee, en 1862 obtuvo coraje del General C.F. Smith, quien cabalgó calmadamente entre una tormenta de pequeños proyectiles confederados: "Sentía un miedo tremendo pero vi el bigote blanco del viejo encima de mi hombro, y seguí hacia delante."

A fines de la Guerra Franco-Prusiana en 1871, el fuego y el movimiento habían reemplazado las tácticas de orden cerrado, y el campo de batalla se convirtió en un lugar mucho más solitario. Las armas a larga distancia requerían que los soldados se dispersaran por lo tanto, los combatientes de ambas guerras mundiales encontraron en eso una creciente dificultad para mantener el espíritu ofensivo. Ellos eran menos capaces de depender físicamente de los otros combatientes o de sus líderes. La
historiadora Joanna Burke observa, "Cuanto más duraban las sensaciones de aislamiento y confusión, lo menos probable era que alguien actuara de manera agresiva."

La Naturaleza del Temor

A pesar de que el miedo es ubicuo en el campo de batalla, su fuente no es tan obviamente aparente. Numerosos factores ambientales y operacionales se concentran para crear efectos fisiológicos y psicológicos en los soldados que finalmente pueden ser conducentes a la ineficiencia de combate. Entre los factores más obvios que desgastan los nervios de los soldados está la exposición de elementos, que a menudo inducen un cansancio paralizador que puede conducir al déficit del conocimiento y hasta a un estado catatónico.
A pesar de que los avances tecnológicos contrarrestan algunos efectos y mejoran el rendimiento del combate en ciertos aspectos, los soldados modernos reciben muy poco descanso porque están prácticamente obligados a combatir de noche.

El escritor Richard Colmes advierte, "El resultado concreto del incremento en esta actividad nocturna ha sido el de privar al soldado de sueño, ya cansado físicamente después de un día de marcha, combate, o excavación." La carencia acumulativa de sueño, combinada con otras privaciones tales como el hambre, afectan la eficiencia en el campo de batalla y la voluntad tanto individual como organizacional de resistir el miedo.

Los factores individuales pueden estimular el miedo tan fácilmente como el ambiente operacional puede hacerlo. En sus memorias, William Manchester relata su temor mientras combatía en el Pacífico durante la IIGM. Él se sentía paralizado de miedo una noche, en parte debido a su activa imaginación: "Un miedo fresco estaba trepando en mi mente, silenciosa, constante, disimulada e imperceptiblemente. Me senté; mis músculos endurecidos de pánico reprimido".

Caputo descubrió que los hombres con la imaginación viva caen víctimas de temores."Un hombre necesita muchas cosas en la guerra, pero una fuerte imaginación no es una de ellas. En Vietnam los mejores soldados, eran por lo general aquellos sin imaginación que no sentían miedo hasta que existía una razón obvia."

Durante la IGM, muchos oficiales estaban convencidos que los conscriptos con intelectos inferiores eran mejores combatientes, sosteniendo que eran menos susceptibles a sentir miedo.
Estudios más recientes demuestran que los soldados con una mayor aptitud mental tienen una mayor confianza en sí mismos y son más capaces de enfrentar situaciones ambiguas y confusas.
Porqué la muerte afecta algunos y no a otros sugiere que por lo menos algún aspecto de la guerra, a pesar de los avances tecnológicos, continuaría estando fuera del control del hombre. Un capítulo en la obra Infantry in Battle (Infantería en la Batalla) dedicado a la acción y a la moral, relata cómo la inactividad puede disminuir los espíritus de los hombres: "Un soldado, forzado contra el suelo por el fuego del enemigo, sin una forma de actividad para entretener su pensamiento del sonido de las balas que caen en la tierra a su alrededor, rápidamente desarrolla un sentido abrumador de inferioridad. Él se siente solo y abandonado; se siente incapaz de protegerse a sí mismo."

Un analista de guerra observa acerca de combatir contra los japoneses en las selvas del Pacífico durante la II GM, "La noche, la cual de por sí es difícil. . . agregada a la selva, produce una sensación de miedo que hace que hombres que no están acostumbrados a la misma, olviden toda la sabiduría militar que han acumulado."

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Además de la dificultad de evaluar los elementos que producen miedo en batalla está el hecho que los individuos tienen capacidades variables para lidiar con el estrés del combate. En esos individuos y aun en las unidades, el miedo y el coraje son a menudo un fenómeno impredecible.
Los soldados que se mantienen bajo control un día pueden caer bajo el peso del combate el próximo día.
Muchos elementos pueden inducir miedo en los soldados, y existen muchos tipos de miedo que los soldados deben enfrentar.
Los participantes en la batalla deben reaccionar frente a las amenazas identificadas así como frente al constante e insidioso sentido de intranquilidad.
En una profesión que enfatiza profundamente el valor tradicional del coraje personal, el temor de fracasar pesa tanto en los líderes como en los soldados. En enerode 1917, el Capitán de la IGM, J.E.H Neville escribió a su familia antes de ir al combate por primera vez. "Lo único de lo cual no siento certeza es sentirme nervioso y demostrarlo.Tengo miedo de sentir miedo."

El apoyo de los compañeros más cercanos, que fortalece la resolución en contra del enemigo y sus armas, se marchita cuando están ausentes las imágenes y sonidos amigos.

El Mariscal de Campo británico William Slim, despejando su paso a través de las selvas de Birmania, luchó para superar la creencia de sus soldados de que los japoneses eran superiores como combatientes en la selva. No fue sino hasta que gozaron de victorias tácticas que los soldados pudieron conquistar sus temores del enemigo y desenvolverse en un nivel más a la par con sus rivales.

Combatiendo el Temor

No todos los soldados acrecientan las capacidades de los soldados enemigos; muchos de ellos ven al enemigo como se ven a sí mismos—soldados enfrentando el estrés asociado con tener que matar a otros hombres. El peso de matar es tan grande que "en muchas circunstancias, los soldados en el campo de batalla morirán antes de que puedan superar su intensa resistencia de matar a otro ser humano".
Debido a que el miedo puede incapacitar, es necesario tratar con formas de contrarrestarlo.
El temor puede ser aminorado mediante ciertos factores, pero no existe una única y absoluta forma de disminuir el miedo. Los soldados necesitan una serie de herramientas para lidiar con el temor porque ellos reaccionan individualmente a las situaciones de combate.
El psicólogo militar israelí, Ben Shalit pensaba que los hombres podían ser adiestrados en superar el temor manejando situaciones inusuales. Mientras tal preparación tal vez no haya podido garantizar la intrepidez en el campo de batalla, pudo desarrollar una "confianza en la habilidad de cada cual en tratar con situaciones difíciles."

Incorporando el estímulo para el campo de batalla —las imágenes, los sonidos y olores de la batalla— dentro del adiestramiento hace que el mismo sea realista. El combate afecta violentamente a los soldados, y deben ser condicionados para lidiar con el temor. La clave no es desensibilizar sino sensibilizar. Los soldados necesitan saber cómo reaccionarán frente al temor sus mentes y cuerpos para así desarrollar una mentalidad combativa que aminora los efectos psicológicos y fisiológicos del temor; deben aprender cómo responder de manera individual frente al estrés y la ansiedad.
En instancias de estrés extremo, los hombres buscan ser liderados. La relación entre un líder y alguien que debe ser liderado puede moderar la presión durante la batalla.
Ciertos analistas alegan que los oficiales que asumen un fuerte rol paternal pueden ejercer una gran influencia sobre la efectividad en el combate.
El General británico Sir JohnHackett resaltó como "un grupo de personas puede a menudo ser dominado por una persona quien ve más claramente y que puede explicar mejor el asunto. Los hombres perplejos buscan como lo hacen los niños a los adultos, a cualquiera que pueda aclarar la confusión en sus mentes."

Los líderes tienen la responsabilidad en el adiestramiento de comprender y prepararse para lidiar con los aspectos humanos de la guerra, reconociendo los límites, las necesidades y motivaciones de los soldados mientras que al mismo tiempo permanecen competentes tanto táctica como técnicamente. Mientras ellos deben manejar sus propios temores deben lidiar con los temores de sus subordinados. Aún más importante es establecer el ejemplo correcto —lo que Napoleón llamaba mantener la -cabeza fría- a pesar de las buenas o malas noticias. La otra tarea esencial es la de proporcionar a los soldados tanta información como sea posible ya que ello reduce la incertidumbre y la ansiedad: "La ausencia de información es una de las condiciones que fomenta el pánico entre las tropas: el temor surge de los asuntos que ellos no entienden: mantenga informados a los hombres"

Desarrollar Vínculos en la Unidad

Mientras un líder juega un rol significativo en reducir el temor en el combate, también lo hacen los soldados. Los comandantes e historiadores reconocen el compañerismo como un ingrediente de la eficacia de combate. Combatir por una causa tiene menos influencia sobre el comportamiento que combatir en contra de un compañero de comedor.
La autoestima es incuestionablemente uno de los motivos más poderosos que mueve a los hombres.Ellos no desean pasar por cobardes bajo la mirada de sus camaradas.

En relación al temor, la clave para los líderes militares es el de establecer nexos fuertes y personales entrelos soldados para desarrollar confianza tanto horizontal como verticalmente dentro de la unidad. El historiador S. L. A. Marshall ofrece sus argumentos más sólidos en Men Against Fire: The Problem of Battle Command in Future War, en donde discute la cohesión táctica y el porqué los hombres combaten. Marshall declara que el honor personal es un poderoso motivador en el combate y que los soldados raramente aspiran a la indignidad. Aún así, ya sea mediante el aislamiento físico o social, los hombres caen víctimas de sus temores y proporcionan escaso valor de combate a la organización. Enfatiza "la inherente falta de voluntad del soldado de arriesgarse por hombres con los cuales no tiene ninguna identidad social."

Lo que imparten la cohesión y la interdependencia del grupo es un sentido de pertenencia para aquellos soldados que lidian con el temor. La afiliación del grupo puede por sí misma proporcionar un ímpetu para cambios de comportamiento. Los individuos que están aislados actúan de manera bastante diferente una vez que se unen a sus grupos originales.

Un Esfuerzo Humano

En la búsqueda del rumbo de la victoria en un ejército que se está transformando para el futuro, el Ejército no debe olvidar que la guerra ha sido siempre y siempre continuará siendo un esfuerzo humano.
A pesar de los avances en la conducción de la guerra, el temor es un factor siempre presente en el campo de batalla, y para combatir tal temor y sus efectos, los líderes deben darse cuenta cuales son las fuentes y consecuencias del temor.

Los responsables del adiestramiento de las unidades deben reconocer la importancia de integrar el temor dentro de las tareas esenciales del adiestramiento ya que muy pocas cosas son más vitales que el hecho de mantener la presencia y compostura del individuo y de la unidad bajo fuego.
En síntesis, los líderes deben preparar a las unidades a tratar con el temor.
La meta de integrar el adiestramiento mental debería ser el de incrementar el umbral del soldado, y por extensión, el de la unidad entera a los rigores físicos y psicológicos de sentir temor.

Si Napoleón tenía razón en declarar que en la guerra la moral versus lo físico es como tres a uno, entonces preparar a los soldados a lidiar con el temor es indispensable para mantener el alistamiento de la unidad para el combate.

Mayor Gregory A. Daddis, Ejército de los EE.UU.

http://usacac.army.mil/cac/milreview/sp ... daddis.pdf
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Traducción al español por Huan Manwë