La guerra en China, la expansión en Indochina y la firma del Pacto Tripartito por parte de Japón fueron los motivos que Estados Unidos dio para paralizar los suministros de chatarra, petróleo, repuestos y herramientas; boicoteó los productos nipones, congeló las cuentas y embargó sus bienes en EEUU. Roosevelt ya había declarado la guerra a Japón, a partir de ahí todo dependía de lo que los dirigentes japoneses estuvieran dispuestos a aguantar las afrentas estadounidenses.
Hideki Tojo
La idea común que ha imperado entre los historiadores hasta hace muy poco como la verdad viene a decir que las medidas de presión económica fueron una reacción a la peligrosa unión germano - japonesa derivada del Pacto Tripartito, pero la realidad es bien distinta. Desde junio de 1937, con la reanudación de las hostilidades entre Japón y China, el presidente Roosevelt preparó la sumisión japonesa por medio de un eventual bloqueo angloestadounidense, a tal efecto, en enero de 1938, envió una comisión negociadora en secreto a Londres encargada de negociar los puntos de este plan. La dinámita que se encendería entre los años 1940-41 sería preparada y dispuesta por los estadounidenses mucho antes.
La adopción de medidas de presión por parte de los Estados Unidos en junio del 41, sería seguida por Gran Bretaña y Holanda, lo que dejó a Japón sin petróleo, caucho y metales imprescindibles para la supervivencia de Japón. Tenemos que entender que el país nipón, por culpa de estas medidas corría el riesgo de alcanzar doce millones de parados de una sola vez, en una población de 90 millones de habitantes, sin contar que el territorio cultivable rondaba el 12-13% y que no se disponía de riquezas minerales. En dos años la flota japonesa al completo quedaría paralizada. Así fue como desde el verano del 41 Japón entró en una dinámica complicada: buscaría un arreglo diplomático, pero esta vez, se pondría un límite para las negociaciones: octubre, de lo contrario iría a la guerra, sin posibilidad de otra opción contra los que amenazaban la vida del Imperio del Sol Naciente.
El principe Konoye
Transcurrido este plazo sin resultados positivos, el enfrentamiento del gobierno con los militares no se hizo esperar. El principe Konoye dimitió. El nuevo gabinete de Tojo concedió a sus diplomáticos hasta el 30 de noviembre como plazo para alcanzar un arreglo diplomático
El 20 de noviembre, el ministro de Asuntos Exteriores de Japón realizó un ofrecimiento al Secretario de Estado, Cordell Hull: la retirada de las tropas japonesas al sur de Indochina a cambio de un levantamiento de las restricciones económicas.
Obviamente, la respuesta al ofrecimiento japonés fue un no rotundo. El 25 de noviembre, tras una reunión en Washington, el Secretario de Estado para la Guerra, Stimson, anotaba en su diario: "¿Cómo obligarles a disparar el primer tiro sin exponernos nosotros demasiado?". La solución vendría de manos de Cordell Hull: que exigía entre otras cosas, no sólo la retirada de Indochina, sino también de la China; el fin del apoyo japonés a sus protectorados de Nanking y Mukden y el abandono del Eje Tokio - Berlín - Roma.
El pretencioso Cordell Hull
Togo diría no sin razón durante su proceso: "Casi me desmayo cuando leí el telegrama de nuestra embajada en Washington. Ya no podía hacer más para evitar la guerra". Uno de los jueces del proceso, Radhabinot Pal, declararía: "Incluso un país tan diminuto como Luxemburgo habría recurrido a las armas frente a un conjunto de peticiones tan irracionales como las que planteaba Hull en su nota".
EEUU había decidido hacía mucho tiempo que no quería lidiar con un gran competidor en el Pacífico, por ello optó por su eliminación. Así de paso contribuía a acabar con los retazos de la crisis económica del 29 que aun arrastraba el país. Los estadounidenses eran plenamente conscientes de lo que estaban desencadenando. El 27 de noviembre, antes de que Tokio emitiera una respuesta, Frank Kuox, secretario de Estado para la Marina comunicó a sus jefes de servicio: "Este telegrama debe considerarse como un aviso de guerra... hay que prepararse para una agresión japonesa en los próximos días". En la Casa Blanca se buscó la guerra y se presionó a los nipones cuanto se pudo para que la desencadenaran, antes de que Tokio contestara ya se había dado por cerrada la negociación, y, por supuesto, tenían una idea muy precisa de cuando Japón daría el primer golpe.
En Japón, una corte de pares, en la que estaban los principales representantes del mundo civil y militar, tras un análisis de la situación, se optó por el desencadenamiento de las hostilidades, todo ello con el beneplácito del Emperador. Tres días después, la Primera Flota Aeronaval japonesa, situada en algún punto del inmenso océano Pacífico la orden clave que desencadenaría la II Guerra Mundial en Asia y Oceanía, convirtiendo el conflicto ahora sí en mundial: "Escalad el monte Nikate".
Colgue este tema en mi foro, pero he pensado que quizá os pueda interesar debatirlo, por eso os lo dejo aquí a
































