Publicado: Vie Feb 20, 2009 9:46 pm
por grognard
Lo que sí es cierto es que generalmente la gente tiende a leer o bien aquello que le gusta (y cuanto más amplio y diverso es ese gusto, mejor, porque abre la mente) o bien sólo aquello que reafirma sus propias convicciones. Simón comenta que lee opciones contrapuestas acerca de una misma idea. Eso no es bueno ni malo en sí, si lo haces con espíritu abierto, y luego razonas sobre lo leído, comparas informaciones, chequeas datos y llegas a unas conclusiones determinadas, en un sentido o en otro. Lo importante al final es la lectura crítica.

El problema, incluso en ese caso, es si partimos con prejuicios o convicciones determinadas y sólo buscamos reafirmarlas (y no removerlas, si ese fuera el caso) con la lectura. Si pienso, pongamos el caso, como podría ser el del ejemplo del artículo en el caso de Hitler, que los judíos (por poner un ejemplo) son un pueblo corrupto cuyo único objetivo es dominar económicamente el mundo, podré leer a favor o en contra de esa idea, libros que los denostan o artículos que los defienden, sesudas interpretaciones sociológicas o libelos malintencionados, la Enciclopedia Británica o un folleto del partido antijudío. Al final, si la idea original es que son malos y culpables de todos los males del mundo, mi mente, mis pensamientos, reinterpretarán todo lo que leo para reafirmarme en mis ideas, independientemente de la fuente que utilice como información. Psicológicamente buscaré las formas, modos y justificaciones que me den la razón. Eso, por supuesto, en el caso de una mente, llamémoslo así, "enferma y predispuesta".

Si soy una persona que sólo pretente recopilar datos y sacar sus propias conclusiones, y parto (aunque es un planteamiento teórico) de una "tabula rasa" en mi pensamiento acerca de un tema, las diversas lecturas tendrán un efecto de vaivén. Una me da una idea; la siguiente remueve ciertos pensamientos; la que viene después, me hace dudar de las conclusiones anteriores; una más me obliga a replantearlo todo; y la última acaba haciéndome pensar y sacar mis propias conclusiones. Leer incluso aquello que a priori odiamos nos da una mayor visión de las cosas. Al final, sacaré unas conclusiones. Si soy una persona más o menos normal, es bastante probable que mis pensamientos finales sean bastante lógicos y coherentes con lo que piensa la mayoría de la población, y no tienen por qué convertirse en ideas para dominar el mundo, odiar a un colectivo determinado o convertirme en un psicópata asesino.

Ahora, si sólo me dedico a un tipo determinado de lectura, adiós espíritu crítico.