Publicado: Lun Mar 23, 2009 12:48 pm
Francia reescribió su renacimiento en aras de un nacionalismo exaltado y cohesionador que limitara los riesgos de una guerra civil, mientras se procedía a una limpieza de colaboradores. Pero en su momento no fue así y los parisinos sí que parece que reconocieron el papel de los españoles: cuando De Gaulle desfiló por los Campos Elíseos, protegido por "la Nueve", allí se vio una gran bandera republicana que cruzaba la avenida como muestra de agradecimiento, según contaría el propio Dronne. También contaría, y vale como nota de humor, que cuando "la Nueve" estuvo acantonada en el bosque de Boulogne, son invadidos por olas de jóvenes encantadoras, gentiles, agraciadas, que no exigen muchos cumplidos. Un suboficial un poco estricto las echa fuera; se alejan asustadas, haciendo muecas; pero regresan. Un oficial de EM busca al teniente de guardia para hacerle realizar el servicio de vigilancia bajo las frondas del bosque; lo encuentra bajo una tienda en compañía de una rubia y una morena. Las jóvenes resultan útiles; se ofrecen, con buena voluntad, para coser las ropas, hacer el lavado, cocinar. Traen las pequeñas cosas que siempre se desean, botellas de vino y de licor cuidadosamente economizadas en espera del gran día.
Hay que tener en cuenta que en la Resistencia de París participaron unos 500 españoles (quizás encontréis cifras en torno a los 4.000, pero esto es una exageración que se dio por buena durante tiempo). Parte de estos guerrilleros rodearon la embajada franquista, capitaneados por el socialista Julio Hernández, y desplegaron allí la bandera republicana. El misterioso Antonio Gutiérrez fue uno de estos guerrilleros, es decir, no perteneció a "la Nueve" como se afirma por ahí. La historia de Antonio parece cierta porque pese a que hay varias versiones, todas coinciden en lo principal: que entraron tres españoles para arrestar a Choltitz y el primero de ellos fue Antonio. Ello parece confirmarse con la versión del propio Choltitz quien dijo que quien fue a arrestarle no fue un oficial francés, sino un loco.
El "ruido" que hicieron los españoles en París, bien encuadrados en las filas de Leclerc o bien en los diferentes grupos partisanos, fue recogido y debidamente informado por el Cónsul franquista en París, Alfonso Fiscowich: En el abigarrado desfile de las tropas que seguían al General De Gaulle en su entrada oficial en París, observó el público con sorpresa las banderas republicanas españolas que adornaban algunos de los tanques que formaban el cortejo. El más curioso o avisado pudo también satisfacer su curiosidad o completar su conocimiento leyendo los nombres con los que habían sido bautizados dichos carromatos evocadores de hechos y batallas de la guerra civil de España, e impuestos en los mismos por sus tripulantes, españoles enganchados en África y recogidos en Francia conforme avanzaban por la metrópoli las tropas desembarcadas del General Leclerc. Y precisamente el Cónsul protagonizaría otro detalle de agradecimiento de los franceses hacia los exiliados españoles que combatían por la liberación de Francia, pues este formuló una protesta ante las nuevas autoridades de la capital en referencia a la exhibición de símbolos republicanos, y estas no hicieron el menor caso.
Hay que tener en cuenta que en la Resistencia de París participaron unos 500 españoles (quizás encontréis cifras en torno a los 4.000, pero esto es una exageración que se dio por buena durante tiempo). Parte de estos guerrilleros rodearon la embajada franquista, capitaneados por el socialista Julio Hernández, y desplegaron allí la bandera republicana. El misterioso Antonio Gutiérrez fue uno de estos guerrilleros, es decir, no perteneció a "la Nueve" como se afirma por ahí. La historia de Antonio parece cierta porque pese a que hay varias versiones, todas coinciden en lo principal: que entraron tres españoles para arrestar a Choltitz y el primero de ellos fue Antonio. Ello parece confirmarse con la versión del propio Choltitz quien dijo que quien fue a arrestarle no fue un oficial francés, sino un loco.
El "ruido" que hicieron los españoles en París, bien encuadrados en las filas de Leclerc o bien en los diferentes grupos partisanos, fue recogido y debidamente informado por el Cónsul franquista en París, Alfonso Fiscowich: En el abigarrado desfile de las tropas que seguían al General De Gaulle en su entrada oficial en París, observó el público con sorpresa las banderas republicanas españolas que adornaban algunos de los tanques que formaban el cortejo. El más curioso o avisado pudo también satisfacer su curiosidad o completar su conocimiento leyendo los nombres con los que habían sido bautizados dichos carromatos evocadores de hechos y batallas de la guerra civil de España, e impuestos en los mismos por sus tripulantes, españoles enganchados en África y recogidos en Francia conforme avanzaban por la metrópoli las tropas desembarcadas del General Leclerc. Y precisamente el Cónsul protagonizaría otro detalle de agradecimiento de los franceses hacia los exiliados españoles que combatían por la liberación de Francia, pues este formuló una protesta ante las nuevas autoridades de la capital en referencia a la exhibición de símbolos republicanos, y estas no hicieron el menor caso.