Publicado: Sab Mar 21, 2009 2:05 am
Interesante Woll.
El Grupo de Ejércitos B a todas las unidades armadas
Referencia: Alt. Mand. Ej./WGSt/Op. (H) Nº 772989/44 g.K.Ch. del 23.VIII.44
El Führer ha ordenado lo siguiente:
"La defensa de la cabeza de puente "París" militar y políticamente es de decisiva importancia. Su pérdida causaría la rotura de todo el frente costero situado al norte del Sena y nos privaría de una base esencial para el combate a distancia con Inglaterra.
Motivo aparte lo constituye el que, según enseña la Historia, la pérdida de París entraña siempre el derrumbamiento de toda Francia.
Por consiguiente, el Führer reitera su orden de defender París en el cinturón fortificado del norte de la plaza, y con tal fin destina nuevos refuerzos al jefe Oeste.
Dentro de la ciudad, se ha de atajar todo amago de revuelta con medidas tan radicales como la voladura de manzanas enteras, la ejecución pública de los cabecillas y el desalojamiento de los distritos comprometidos, pues ése es el mejor medio de impedir su propagación.
Los puentes del Sena han de estar a punto para la voladura. París no debe caer en manos del enemigo; en el peor de los casos, éste deberá conquistar tan sólo unas ruinas."
Comandante en jefe del Oeste, Ia, No. 749/44 g.K.Ch.
De las anotaciones del general von Choltitz:
"Hay que convertir París en una ruina: el general en jefe debe defenderla hasta el último hombre y, si es necesario, sucumbir bajo los escombros."
Recuerdo muy bien el efecto que me produjo esa orden: sentí vergüenza. Tres o cuatro días antes, tal vez hubiera cabido aceptar el positivismo de semejante orden. Pero los acontecimientos habían rebasado largamente la situación que originó dicha orden. El adversario seguía avanzando arrolladoramente desde el Sur y dirigía sus vanguardias al este de París. Había forzado ya el paso por los puentes de Melun. Ya no había ejércitos a nuestra disposición, y ni siquiera divisiones. El 1er ejército se componía de restos de unidades diseminadas, cuyos ínfimos efectivos carecían de toda capacidad combativa. Yo mismo no tenía en París tropa alguna capaz de oponer a las divisiones blindadas del enemigo la resistencia exigida por la situación.
La orden era sólo un papel sin valor militar de ninguna clase. Pese a todo, una de sus frases rebosaba el odio y una total discrepancia con las normas tradicionales del combate: "Hay que convertir París en una ruina." Apenas leí aquello me guardé la orden, y sólo di cuenta de su contenido a mi maigo el coronel Jay. Tras una larga reflexión telefoneé al jefe del Estado Mayor, el teniente general Spiedel, quien se hallaba a la sazón con el Grupo de Ejércitos, en las proximidades de Cambrai. Le conocía desde los días del este; siempre había ocupado cargos importantes que desempeñaba con gran acierto, tanto desde el punto de vista militar como desde el humano.
En esta ocasión tuvo lugar el siguiente diálogo:
"Muchas gracias por esa admirable orden"
"¿De qué orden habla mi general?"
"De la orden sobre las ruinas. Le diré lo dispuesto hasta ahora: he hecho llevar tres toneladas de explosivos a Notre Dame, dos al panteón de los Inválidos y una ca la Cámara de los Diputados. Ahora me dispongo a hacer volar el Arco del Triunfo para despejar el campo de tiro". Escuché casi sin respirar las palabras que pronunciaba Spiedel al otro extremo de la línea. "¿Le parece bien, querido Spiedel?"
Al oir esto, Spiedel titubeó: "Bueno mi general, yo..."
"¡No lo niegue! ¡Usted mismo lo ha ordenado!"
Indignación de Spiedel. "¡Eso no lo ordenamos nosotros, sino el Führer!"
Entonces perdí los estribos y grité: "¡Permítame decirle que usted transmitió la orden, y por tanto asume una responsabilidad ante al Historia!"
Sin darle tiempo para replicar, proseguí: "Voy a decirle lo que pienso hacer. Echaremos abajo la Madeleine y la Ópera..." Y dejando volar la imaginación añadí: "Haré saltar por los aires la torre Eiffel para formar con su chatarra una barrera delante de los puentes destruídos."
Mi interlocutor captó al fin el sentido irónico de mis palabras y comprendió que sólo me guiaba el dese de hacerle ver la difícil situación de un subordinado ante semejantes órdenes. Y entonces Spiedel, competente general de Estado Mayor, exclamó con evidente alivio: "¡Ah, mi general! Me alegro de tenerle en París."
FUENTE: LA SGM EN FOTOGRAFÍAS Y DOCUMENTOS. Hans-Adolf Jacobsen y Hans Dollinger. Plaza & Janés S.A. 1965
Mientras los aliados expulsaban a los alemanes de sus plazas fuertes en la ciudad, el coronel Pierre Bilotte, de la 2ª división acorazada francesa, envió un anota a Choltitz exigiéndole que mandase "cesar toda resistencia". Choltitz se negó. "No acepto ultimátums", respondió.
Hacia el mediodía del 25 de agosto, el comandante alemán vio cómo una fuerza compuesta por 200 soldados franceses y cinco tanques Sherman se aproximaban a su cuartel general en el Hotel Meurice. "Caballeros", dijo a su Estado Mayor, "ha empezado nuestro último combate. Que Dios les proteja. Espero que los supervivientes caigan en manos de las tropas regulares y no en las de la población".
Tras una batalla corta y sangrienta, los franceses se impusieron a la pequeña guarnición. Choltitz, recién afeitado y con su uniforme de gala, les aguardó en su despacho, intacto su honor de soldado. Mientras sus captores le trasladaban por la calle, la multitud le gritó obscenidades y le escupió. No podían saber que el general, símbolo de cuatro años de opresión nazi, había salvado su hermosa ciudad desafiando las vengativas órdenes de Hitler.
CHOLTITZ ES CONDUCIDO AL AYUNTAMIENTO DE PARÍS

Fuente: http://es.geocities.com/eustaquio5
Los captores de Choltitz le trasladaron al Ayuntamiento de París (en otras fuentes leo que fue conducido a la Prefectura de Policía), donde aceptó las condiciones de rendición redactadas por el general Jacques Leclerc. Ahora que él mismo era un prisionero, Choltitz podía aceptar sin perder su honor que grupos de oficiales franceses, alemanes y norteamericanos se dirigiesen a los centros de resistencia restantes a ordenar la rendición de los alemanes.
Choltitz abandonó acto seguido el Ayuntamiento junto con Leclerc en un vehículo semioruga francés tras aceptar las condiciones de la rendición. Fue trasladado al Cuartel General de la 2ª división acorazada en la estación de Montparnasse, donde firmó órdenes de cese el fuego adicionales.
CHOLTITZ ABANDONA EL AYUNTAMIENTO JUNTO A LECLERC

Fuente: http://pagesperso-orange.fr/unpara/gaze ... 092004.htm
CHOLTITZ FIRMANDO LAS ÓRDENES DE CESE EL FUEGO EN EL CUARTEL GENERAL DE LA 2ª DIVISIÓN ACORAZADA

Fuente: http://deuxiemeguerremondia.forumactif. ... tz-t38.htm
A bordo de una camioneta con altavoces, un grupo internacional llegó justo a tiempo de evitar un asalto sangriento al Cuartel Prince Eugène, donde se habían producido los combates más encarnizados del día entre los 1.200 alemanes y la Resistencia francesa, asistida por miembros de la 2ª división acorazada francesa. Poco después de las 1800 horas, los alemanes que estaban atrincherados en el último baluarte, el edificio del Senado francés, dejaron de disparar..., aunque se siguieron oyendo tiros sueltos hasta antes de la medianoche. Para entonces, Choltitz había sido trasladado en un camión norteamericano a un campo de prisioneros de guerra aliado.
Tres días más tarde, el general Walther Model, comandante en jefe del OB West, pidió a un Tribunal del Reich que iniciase los trámites para presentar cargos criminales contra Choltitz. Fue acusado de traición y se fijó una fecha para juzgarle in absentia. Sin embargo, sus amigos oficiales en Alemania se las arreglaron para posponer el juicio y la guerra terminó antes de que pudiera ser convocado.
La orden de Hitler del 23 de agosto fue bastante contundente respecto al destino de Paris: "La ciudad no debe caer en manos del enemigo, salvo si está bajo los escombros” Cuando Hitler se enteró de que todavía no se había procedido a la destrucción de Paris, Hitler llamó montando en cólera a Von Chotitz diciendo la famosa frase que posteriormente daría nombre a una película; “ ¿ Arde Paris? “
El Grupo de Ejércitos B a todas las unidades armadas
Referencia: Alt. Mand. Ej./WGSt/Op. (H) Nº 772989/44 g.K.Ch. del 23.VIII.44
El Führer ha ordenado lo siguiente:
"La defensa de la cabeza de puente "París" militar y políticamente es de decisiva importancia. Su pérdida causaría la rotura de todo el frente costero situado al norte del Sena y nos privaría de una base esencial para el combate a distancia con Inglaterra.
Motivo aparte lo constituye el que, según enseña la Historia, la pérdida de París entraña siempre el derrumbamiento de toda Francia.
Por consiguiente, el Führer reitera su orden de defender París en el cinturón fortificado del norte de la plaza, y con tal fin destina nuevos refuerzos al jefe Oeste.
Dentro de la ciudad, se ha de atajar todo amago de revuelta con medidas tan radicales como la voladura de manzanas enteras, la ejecución pública de los cabecillas y el desalojamiento de los distritos comprometidos, pues ése es el mejor medio de impedir su propagación.
Los puentes del Sena han de estar a punto para la voladura. París no debe caer en manos del enemigo; en el peor de los casos, éste deberá conquistar tan sólo unas ruinas."
Comandante en jefe del Oeste, Ia, No. 749/44 g.K.Ch.
Von Choltitz, se negó rotundamente a destruir la ciudad, aunque sin embargo siguió luchando dentro y en los alrededores de Paris con una guarnición de unos17.000 hombres. Finalmente, y viendo que la caída de la ciudad era inminente negoció con la Resistencia Francesa y con los Aliados la rendición de sus tropas para preservar la ciudad sin ningún daño
De las anotaciones del general von Choltitz:
"Hay que convertir París en una ruina: el general en jefe debe defenderla hasta el último hombre y, si es necesario, sucumbir bajo los escombros."
Recuerdo muy bien el efecto que me produjo esa orden: sentí vergüenza. Tres o cuatro días antes, tal vez hubiera cabido aceptar el positivismo de semejante orden. Pero los acontecimientos habían rebasado largamente la situación que originó dicha orden. El adversario seguía avanzando arrolladoramente desde el Sur y dirigía sus vanguardias al este de París. Había forzado ya el paso por los puentes de Melun. Ya no había ejércitos a nuestra disposición, y ni siquiera divisiones. El 1er ejército se componía de restos de unidades diseminadas, cuyos ínfimos efectivos carecían de toda capacidad combativa. Yo mismo no tenía en París tropa alguna capaz de oponer a las divisiones blindadas del enemigo la resistencia exigida por la situación.
La orden era sólo un papel sin valor militar de ninguna clase. Pese a todo, una de sus frases rebosaba el odio y una total discrepancia con las normas tradicionales del combate: "Hay que convertir París en una ruina." Apenas leí aquello me guardé la orden, y sólo di cuenta de su contenido a mi maigo el coronel Jay. Tras una larga reflexión telefoneé al jefe del Estado Mayor, el teniente general Spiedel, quien se hallaba a la sazón con el Grupo de Ejércitos, en las proximidades de Cambrai. Le conocía desde los días del este; siempre había ocupado cargos importantes que desempeñaba con gran acierto, tanto desde el punto de vista militar como desde el humano.
En esta ocasión tuvo lugar el siguiente diálogo:
"Muchas gracias por esa admirable orden"
"¿De qué orden habla mi general?"
"De la orden sobre las ruinas. Le diré lo dispuesto hasta ahora: he hecho llevar tres toneladas de explosivos a Notre Dame, dos al panteón de los Inválidos y una ca la Cámara de los Diputados. Ahora me dispongo a hacer volar el Arco del Triunfo para despejar el campo de tiro". Escuché casi sin respirar las palabras que pronunciaba Spiedel al otro extremo de la línea. "¿Le parece bien, querido Spiedel?"
Al oir esto, Spiedel titubeó: "Bueno mi general, yo..."
"¡No lo niegue! ¡Usted mismo lo ha ordenado!"
Indignación de Spiedel. "¡Eso no lo ordenamos nosotros, sino el Führer!"
Entonces perdí los estribos y grité: "¡Permítame decirle que usted transmitió la orden, y por tanto asume una responsabilidad ante al Historia!"
Sin darle tiempo para replicar, proseguí: "Voy a decirle lo que pienso hacer. Echaremos abajo la Madeleine y la Ópera..." Y dejando volar la imaginación añadí: "Haré saltar por los aires la torre Eiffel para formar con su chatarra una barrera delante de los puentes destruídos."
Mi interlocutor captó al fin el sentido irónico de mis palabras y comprendió que sólo me guiaba el dese de hacerle ver la difícil situación de un subordinado ante semejantes órdenes. Y entonces Spiedel, competente general de Estado Mayor, exclamó con evidente alivio: "¡Ah, mi general! Me alegro de tenerle en París."
FUENTE: LA SGM EN FOTOGRAFÍAS Y DOCUMENTOS. Hans-Adolf Jacobsen y Hans Dollinger. Plaza & Janés S.A. 1965
Mientras los aliados expulsaban a los alemanes de sus plazas fuertes en la ciudad, el coronel Pierre Bilotte, de la 2ª división acorazada francesa, envió un anota a Choltitz exigiéndole que mandase "cesar toda resistencia". Choltitz se negó. "No acepto ultimátums", respondió.
Hacia el mediodía del 25 de agosto, el comandante alemán vio cómo una fuerza compuesta por 200 soldados franceses y cinco tanques Sherman se aproximaban a su cuartel general en el Hotel Meurice. "Caballeros", dijo a su Estado Mayor, "ha empezado nuestro último combate. Que Dios les proteja. Espero que los supervivientes caigan en manos de las tropas regulares y no en las de la población".
Tras una batalla corta y sangrienta, los franceses se impusieron a la pequeña guarnición. Choltitz, recién afeitado y con su uniforme de gala, les aguardó en su despacho, intacto su honor de soldado. Mientras sus captores le trasladaban por la calle, la multitud le gritó obscenidades y le escupió. No podían saber que el general, símbolo de cuatro años de opresión nazi, había salvado su hermosa ciudad desafiando las vengativas órdenes de Hitler.
CHOLTITZ ES CONDUCIDO AL AYUNTAMIENTO DE PARÍS

Fuente: http://es.geocities.com/eustaquio5
Los captores de Choltitz le trasladaron al Ayuntamiento de París (en otras fuentes leo que fue conducido a la Prefectura de Policía), donde aceptó las condiciones de rendición redactadas por el general Jacques Leclerc. Ahora que él mismo era un prisionero, Choltitz podía aceptar sin perder su honor que grupos de oficiales franceses, alemanes y norteamericanos se dirigiesen a los centros de resistencia restantes a ordenar la rendición de los alemanes.
Choltitz abandonó acto seguido el Ayuntamiento junto con Leclerc en un vehículo semioruga francés tras aceptar las condiciones de la rendición. Fue trasladado al Cuartel General de la 2ª división acorazada en la estación de Montparnasse, donde firmó órdenes de cese el fuego adicionales.
CHOLTITZ ABANDONA EL AYUNTAMIENTO JUNTO A LECLERC

Fuente: http://pagesperso-orange.fr/unpara/gaze ... 092004.htm
CHOLTITZ FIRMANDO LAS ÓRDENES DE CESE EL FUEGO EN EL CUARTEL GENERAL DE LA 2ª DIVISIÓN ACORAZADA

Fuente: http://deuxiemeguerremondia.forumactif. ... tz-t38.htm
A bordo de una camioneta con altavoces, un grupo internacional llegó justo a tiempo de evitar un asalto sangriento al Cuartel Prince Eugène, donde se habían producido los combates más encarnizados del día entre los 1.200 alemanes y la Resistencia francesa, asistida por miembros de la 2ª división acorazada francesa. Poco después de las 1800 horas, los alemanes que estaban atrincherados en el último baluarte, el edificio del Senado francés, dejaron de disparar..., aunque se siguieron oyendo tiros sueltos hasta antes de la medianoche. Para entonces, Choltitz había sido trasladado en un camión norteamericano a un campo de prisioneros de guerra aliado.
Tres días más tarde, el general Walther Model, comandante en jefe del OB West, pidió a un Tribunal del Reich que iniciase los trámites para presentar cargos criminales contra Choltitz. Fue acusado de traición y se fijó una fecha para juzgarle in absentia. Sin embargo, sus amigos oficiales en Alemania se las arreglaron para posponer el juicio y la guerra terminó antes de que pudiera ser convocado.