Publicado: Dom Sep 23, 2007 11:31 pm
(...)
[ Ya habíamos alcanzado el Grünewald. Volábamos a la altura de las copas de los árboles para evitar ser detectados por los cazas rusos, que estaban por todas partes. En ese instante, desde la sombra de los árboles surgió un terrorífico fuego que parecía dirigirse hacia nosotros.
No nos habíamos equivocado; el suelo bajo nuestros pies estaba lleno de soldados y tanques rusos. A la altura que volábamos podíamos ver sus caras perfectamente, y comenzaron a atacarnos con todo lo que tenían a mano, ametralladoras, fusiles, y sobre todo el fuego que provenía de los blindados. A nuestra derecha, por encima de nosotros sólo veíamos las nubes que provocaban las explosiones que nos dirigían hasta que de pronto escuché un terrible ruido. Vi una llama blanca y amarillenta justo a la derecha del motor, al tiempo que escuché a Greim gritar; le habían alcanzado. Un proyectil procedente de un blindado le había atravesado el pie derecho. Respondiendo a una reacción mecánica tomé, por encima de su hombro, el mando del gas y la palanca de dirección tratando de mantener el avión en posición. Greim, había perdido el conocimiento y caído sobre su pecho. A nuestro alrededor sólo sentía explosiones, tan fuertes que no dejaban oír siquiera el ruido del motor de nuestro aparato, al tiempo que, con miedo, observaba cómo perdíamos el combustible, que salía de los depósitos.
Cada segundo que pasaba me sorprendía que no hubiera estallado el avión, pero la Storch aún seguía maniobrando y yo, afortunadamente, estaba ilesa. Pudimos salir de aquél embudo, al tiempo que Greim recuperaba el conocimiento. Intentaba hacerse con los mandos, en un esfuerzo terrible, pero era inútil; estaba demasiado débil y aturdido como para sostenerlos.
Nos estábamos acercando al "Funkturm", que bien conocía. El humo, el polvo y un intenso olor a azufre eran cada vez mayores, pero los disparos y las explosiones poco a poco iban cesando. Obviamente estábamos sobrevolando la parte de la ciudad que aún se encontraba bajo el control de los alemanes. Volaba en dirección al "Funkturm" pero sin visibilidad alguna, por lo que me guiaba conforme a los recuerdos que había grabado en mi mente durante mis vuelos de entrenamiento el pasado mes de enero. No tenía que buscar, bastaba con recordar el rumbo que marcaba el compás hacia el "Flakbunker". A su izquierda estaba el eje Este-Oeste, con la Columna de la Victoria ("Siegessaeule"). Aterricé pegada al "Brandemburger Tor", cuando ya no quedaba casi una gota de combustible en el depósito. Todo estaba desierto, el panorama que nos rodeaba era desolador. Árboles arrancados del suelo, ramas y enormes trozos de hormigón diseminados por la calle. Allí no quedaba nada de vida.
Con gran esfuerzo por mi parte, teniendo en cuenta mi "envergadura" pude ayudar en la medida de lo posible a Ritter von Greim, quien había recuperado el conocimiento, a salir del avión. Había que abandonarlo rápidamente pues era fácilmente reconocible desde el aire, atendiendo el lugar en que nos encontrábamos y podían atacarnos en cualquier momento. Se sentó en el bordillo y esperamos por si pasaba algún vehículo que pudiera ayudarnos. Lo que no sabíamos todavía era si el próximo vehiculo que pasara sería alemán o ruso.
No puedo recordar cuanto tiempo estuvimos esperando hasta que por fin apareció un vehículo alemán, por suerte para nosotros, que nos recogió. Cruzamos el "Brandemburger Tor", pasamos "Unter den Linden" a través de la "WilhelmStrasse", y entramos finalmente en la "VossStr." Todo lo que veía a mi alrededor se me antojaba como un decorado irreal, fantasmagórico, al recordar el pasado majestuoso de aquellas avenidas en los tiempos pasados. De todo aquello sólo quedaban cenizas, escombros y un fuerte olor a quemado.
Nuestro "paseo" por ese Berlín de pesadilla terminó en la entrada del "Luftschutzbunker" de la Cancillería. Inmediatamente unos guardias de la SS llevaron a von Greim al quirófano que había en el búnker que estaba al mando del Dr. Stumpfecker quien se ocupó rápidamente de sus heridas. Una vez atendieron al GeneralOberst, bajamos dos pisos más (éste en una camilla), al búnker del Führer.
En la escalera nos cruzamos con la Sra. Goebbels, a quien veía por vez primera pero la reconocí por las fotografías que de ella había visto. Nos miró, con los ojos muy abiertos y sorprendida, al tener noticia de nuestro vuelo, y sin comprender cómo una persona podía haber llegado en tales condiciones hasta el búnker. Me abrazó llorando.
Una vez abajo, nos encontramos en el hall del pasillo de entrada a Adolf Hitler. Me impresionó su aspecto. Encogido, encorvado hacia delante, sus dos brazos temblaban y una mirada ausente. Nos saludo con una voz casi inaudible. Greim le informó de la situación; Hitler tranquilo y pendiente de cuanto le decía, escuchaba su informe. Cuando terminó cogió las manos del GeneralOberst y mirándome a mí dijo: "Usted es una mujer muy valiente. Todavía hay fidelidad y valor en el mundo". Después supimos por qué había hecho llamar a Greim. Había sido traicionado por Göring. Hitler mostró a Greim el radiograma en el cual Göring se autoproclamaba sucesor de Hitler. "Nada en este mundo me esta evitado, ni el sufrimiento, ni la infidelidad, ni el deshonor, ni la traición. He hecho detener a Göring inmediatamente, le he despojado de todos sus nombramientos y cargos y relevado de todos los puestos en todas las organizaciones". En ese momento nombró a Greim como sucesor de Göring al mando de la Luftwaffe y le ascendió al rango de "Generalfeldmarschall".
La habitación estaba en silencio. Yo miraba la cara del nuevo Feldmarschall, que a duras penas se sostenía en pie, y con los labios apretados. No era muy difícil averiguar qué pensamientos y sentimientos recorrían la mente de Greim. Era el "Oberbefehlshaber" de una Luftwaffe que ya no existía. En esa situación, en medio del caos, todo lo sucedido sólo podía significar una cosa, y además era una cuestión de honor, por lo que sin pensar en sí mismo ambos tomamos la decisión de esperar en el búnker junto al Führer el final.
(… continúa…)
[ Ya habíamos alcanzado el Grünewald. Volábamos a la altura de las copas de los árboles para evitar ser detectados por los cazas rusos, que estaban por todas partes. En ese instante, desde la sombra de los árboles surgió un terrorífico fuego que parecía dirigirse hacia nosotros.
No nos habíamos equivocado; el suelo bajo nuestros pies estaba lleno de soldados y tanques rusos. A la altura que volábamos podíamos ver sus caras perfectamente, y comenzaron a atacarnos con todo lo que tenían a mano, ametralladoras, fusiles, y sobre todo el fuego que provenía de los blindados. A nuestra derecha, por encima de nosotros sólo veíamos las nubes que provocaban las explosiones que nos dirigían hasta que de pronto escuché un terrible ruido. Vi una llama blanca y amarillenta justo a la derecha del motor, al tiempo que escuché a Greim gritar; le habían alcanzado. Un proyectil procedente de un blindado le había atravesado el pie derecho. Respondiendo a una reacción mecánica tomé, por encima de su hombro, el mando del gas y la palanca de dirección tratando de mantener el avión en posición. Greim, había perdido el conocimiento y caído sobre su pecho. A nuestro alrededor sólo sentía explosiones, tan fuertes que no dejaban oír siquiera el ruido del motor de nuestro aparato, al tiempo que, con miedo, observaba cómo perdíamos el combustible, que salía de los depósitos.
Cada segundo que pasaba me sorprendía que no hubiera estallado el avión, pero la Storch aún seguía maniobrando y yo, afortunadamente, estaba ilesa. Pudimos salir de aquél embudo, al tiempo que Greim recuperaba el conocimiento. Intentaba hacerse con los mandos, en un esfuerzo terrible, pero era inútil; estaba demasiado débil y aturdido como para sostenerlos.
Nos estábamos acercando al "Funkturm", que bien conocía. El humo, el polvo y un intenso olor a azufre eran cada vez mayores, pero los disparos y las explosiones poco a poco iban cesando. Obviamente estábamos sobrevolando la parte de la ciudad que aún se encontraba bajo el control de los alemanes. Volaba en dirección al "Funkturm" pero sin visibilidad alguna, por lo que me guiaba conforme a los recuerdos que había grabado en mi mente durante mis vuelos de entrenamiento el pasado mes de enero. No tenía que buscar, bastaba con recordar el rumbo que marcaba el compás hacia el "Flakbunker". A su izquierda estaba el eje Este-Oeste, con la Columna de la Victoria ("Siegessaeule"). Aterricé pegada al "Brandemburger Tor", cuando ya no quedaba casi una gota de combustible en el depósito. Todo estaba desierto, el panorama que nos rodeaba era desolador. Árboles arrancados del suelo, ramas y enormes trozos de hormigón diseminados por la calle. Allí no quedaba nada de vida.
Con gran esfuerzo por mi parte, teniendo en cuenta mi "envergadura" pude ayudar en la medida de lo posible a Ritter von Greim, quien había recuperado el conocimiento, a salir del avión. Había que abandonarlo rápidamente pues era fácilmente reconocible desde el aire, atendiendo el lugar en que nos encontrábamos y podían atacarnos en cualquier momento. Se sentó en el bordillo y esperamos por si pasaba algún vehículo que pudiera ayudarnos. Lo que no sabíamos todavía era si el próximo vehiculo que pasara sería alemán o ruso.
No puedo recordar cuanto tiempo estuvimos esperando hasta que por fin apareció un vehículo alemán, por suerte para nosotros, que nos recogió. Cruzamos el "Brandemburger Tor", pasamos "Unter den Linden" a través de la "WilhelmStrasse", y entramos finalmente en la "VossStr." Todo lo que veía a mi alrededor se me antojaba como un decorado irreal, fantasmagórico, al recordar el pasado majestuoso de aquellas avenidas en los tiempos pasados. De todo aquello sólo quedaban cenizas, escombros y un fuerte olor a quemado.
Nuestro "paseo" por ese Berlín de pesadilla terminó en la entrada del "Luftschutzbunker" de la Cancillería. Inmediatamente unos guardias de la SS llevaron a von Greim al quirófano que había en el búnker que estaba al mando del Dr. Stumpfecker quien se ocupó rápidamente de sus heridas. Una vez atendieron al GeneralOberst, bajamos dos pisos más (éste en una camilla), al búnker del Führer.
En la escalera nos cruzamos con la Sra. Goebbels, a quien veía por vez primera pero la reconocí por las fotografías que de ella había visto. Nos miró, con los ojos muy abiertos y sorprendida, al tener noticia de nuestro vuelo, y sin comprender cómo una persona podía haber llegado en tales condiciones hasta el búnker. Me abrazó llorando.
Una vez abajo, nos encontramos en el hall del pasillo de entrada a Adolf Hitler. Me impresionó su aspecto. Encogido, encorvado hacia delante, sus dos brazos temblaban y una mirada ausente. Nos saludo con una voz casi inaudible. Greim le informó de la situación; Hitler tranquilo y pendiente de cuanto le decía, escuchaba su informe. Cuando terminó cogió las manos del GeneralOberst y mirándome a mí dijo: "Usted es una mujer muy valiente. Todavía hay fidelidad y valor en el mundo". Después supimos por qué había hecho llamar a Greim. Había sido traicionado por Göring. Hitler mostró a Greim el radiograma en el cual Göring se autoproclamaba sucesor de Hitler. "Nada en este mundo me esta evitado, ni el sufrimiento, ni la infidelidad, ni el deshonor, ni la traición. He hecho detener a Göring inmediatamente, le he despojado de todos sus nombramientos y cargos y relevado de todos los puestos en todas las organizaciones". En ese momento nombró a Greim como sucesor de Göring al mando de la Luftwaffe y le ascendió al rango de "Generalfeldmarschall".
La habitación estaba en silencio. Yo miraba la cara del nuevo Feldmarschall, que a duras penas se sostenía en pie, y con los labios apretados. No era muy difícil averiguar qué pensamientos y sentimientos recorrían la mente de Greim. Era el "Oberbefehlshaber" de una Luftwaffe que ya no existía. En esa situación, en medio del caos, todo lo sucedido sólo podía significar una cosa, y además era una cuestión de honor, por lo que sin pensar en sí mismo ambos tomamos la decisión de esperar en el búnker junto al Führer el final.
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