Publicado: Lun Ene 29, 2007 1:09 pm
por Bitxo
Según Daniel Muchnik, al final de su libro "Negocios son negocios", que no tiene desperdicio:

"Al finalizar la guerra, el mundo libre se afanó en la desnazificación de Alemania y en la demonización del nazismo. Este proceso significó la prohibición de ejercer cargo público alguno y aun de ejercer sus derechos civiles -fundamentalmente el derecho al voto- a cada afiliado del NSDAP, la eliminación de todo símbolo nazi de la vía pública, la quema de toda su literatura y la desaparición de sus órganos de prensa.
Detrás de estas medidas públicas y publicitadas, se desarrollaba otro proceso negociado y oculto: el desmantelamiento de la IG Farben, el símbolo de la industria nazi, y de otras ligadas a la producción bélica. La firmeza quebradiza del Gobierno Militar Aliado fue influida por los empresarios para que la producción armamentista alemana se mantuviera preparada para combatir a los soviéticos en una hipotética Tercera Guerra Mundial. No es casual que Rusia fuera la más interesada en la desaparición de la Farben.
Después de que comisiones del Senado volvieran a la carga sobre los socios de la Farben en Estados Unidos, el coloso alemán tuvo que desmembrarse -no desmantelarse- en tres compañías químicas de relevancia internacional: Bayer, Hoesch y BASF (Nota del autor: en 1925 estas mismas tres compañías, más la química Cassella, se habían fusionado en IG Farben, que en 1945 era la cuarta compañía más grande del mundo).
El terceto químico ha tenido que contestar a un cúmulo de demandas de víctimas de la explotación. Se defiende con dos argumentos: ellas son continuadoras, no la IG Farben. Por otro lado, la Conferencia de Reclamaciones Materiales Judía había logrado en 1957 que la Farben pagara 30 millones de marcos a los damnificados, judíos y no judíos.
El desbrozamiento no extinguió a la Farben. Aún hoy, abogados como Völker Pollhen continúan bregando y accionando contra la empresa y en favor de demandantes como Hans Frankenthal, quien a sus 72 años sigue luchando para que sea cerrada definitivamente (Nota del autor: The New York Times, 2 de mayo de 1999).
Las víctimas del holocausto y accionistas de la propia compañía desconfían de los recientes anuncios de disolución definitiva. El mismo escepticismo embarga a los ancianos y sus organizaciones frente a los anuncios del gobierno alemán sobre la creación de un fondo de reparación con el aporte de todas las grandes empresas alemanas.
En la actualidad, miles de damnificados por la explotación han llevado sus reclamaciones ante la Justicia. Un grupo de supervivientes del genocidio presentó ante un tribunal de Nueva Jersey una demanda contra el grupo automotor Volkswagen. Según el testimonio de los sobrevivientes, Volkswagen -que buscaba agresivamente a judíos detenidos en los campos de concentración- era la antesala del infierno [...] lo único que la diferenciaba de Auschwitz era que en la fábrica conseguíamos, de vez en cuando, algunas patatas de comer.
En septiembre de 1998, en el tribunal federal de Brooklyn, Nueva York, se presentaron demandas de indemnización contra siete compañías austríacas y alemanas entre las que figuran: Wurttembergishe Metall Warenfabrik, Heinkel, Eicon Technology, BMW y Leica. Las demandas se extenderán en Estados Unidos y en Alemania a otros grupos como Siemens, Daimler-Benz, Krupp, camiones y maquinaria pesada MAN, Telefunken y Future.
Como contracara de la sórdida negociación y defensa de intereses económicos encubiertos de las grandes empresas alemanas y sus socios internacionales, se produjo el proceso de demonización del nazismo -como si hiciera falta-, un fenómeno que tuvo a Hollywood y a la prensa como operadores principales y que pretendía sellar el pasado y caracterizar al nazismo como una mera expresión irracional del mal.
Amparados en esta definición del nazismo, empresarios, políticos y personalidades de importancia mundial se libraron de dar explicaciones y Occidente evitó por mucho tiempo preguntarse cómo había colaborado en engendrar semejante máquina de terror. Muerto Hitler, enterrado su movimiento, la democracia representativa volvía a escena de la mano del horror de la guerra, las energías revolucionarias estaban aplacadas, los pueblos sólo querían paz y tranquilidad. El Estado del Bienestar fue el nuevo embeleco que reemplazaba a la utopía comunista y a la grandeza heroica prometida del nazismo. Los grandes negocios seguían gozando de buena salud.
Es indisimulablemente cierto que Argentina albergó a criminales de guerra nazi, pero no lo es menos que tanto Estados Unidos como Inglaterra y la Unión Soviética se repartieron impunemente el botín de recursos humanos y de adelantos técnicos alemanes. Recientemente se ha podido saber que un grupo de militares norteamericanos saqueó un tren alemán en Austria y se quedaron con un fenomenal cargamento de oro arrancado a los judíos.
Pero para la imaginación manipulada, hasta el mismo Hitler vivió sus últimos años en algún pueblecito de las sierras cordobesas o en una cabaña lindante con la de Erich Priebke. Como corresponde, los demonios siguen vagando por las tierras demonizadas mientras que sus hacedores moldean nuevos Jomeinis, Husseins o Milosevics apenas sus intereses se ven amenazados."

Las cursivas son del autor. En este libro podréis encontrar, además, las conexiones de H. Ford con Hitler a través del ex agente zarista Boris Brasol (los rusos blancos apoyaron decididamente el auge del nazismo). El hijo de H. Ford, Edsel, no sólo se encargaba de las compañías europeas de la marca, sino también ocupaba puestos directivos de la IG Farben norteamericana. De hecho la planta de la Ford en Poissy, en Francia, no fue tocada por los alemanes. Todo lo contrario, ahí se fabricaron multitud de motores de avión y camiones para ellos. General Motors y Ford controlaban el 70% del mercado automotor alemán cuando estalló la guerra y se reconviertieron para proveer material bélico al ejército alemán. El jefe del clan Du Pont, que controlaba la General Motors, Irénée Du Pont, era nazi convencido al igual que Henry Ford ¡pese a su sangre judía!. La GM invirtió 30 millones de dólares en la IG Farben entre el 32 y el 39 y pagaba su cuota mensual al NSDAP. Du Pont quería establecer una dictadura usando al héroe militar Smedley Butler y financión a la Clark's Crusaders y la Liberty League, ambas antisemitas y antinegras con estrechas conexiones con el Ku Klux Klan. La GM produjo tanto motores para la USAAF como para la Luftwaffe y, a través de su también nazi vicepresidente, Graeme K. Howard, financió el Plan de Cuatro Años de Göring.
Ribbentrop pasó una semana en la casa de campo de Lord Rothermere, propietario del Daily Mail, también partidario de Hitler. A través de este, Ribbentrop fue presentado a empresarios británicos proalemanes y al hermano de la reina María, el conde de Anthlone. Ribbentrop hizo buenas migas con diversas personalidades, entre ellas Eduardo VIII. Luego hubo un viaje recíproco donde Hitler se entrevistó con Lord Allen y con Lord Lothian, ex secretario privado de Lloyd George. En general hubo una buena acogida del nazismo en Inglaterra y no sólo a nivel de altas esferas. Hubo un intercambio de visitas de soldados de la Legión Británica acompañada de un gran despliegue publicitario, por ejemplo.
Pese a las pruebas contra GM, esta nunca ha sido castigada. Todo lo contrario, recibió 33 millones de dólares en forma de exenciones impositivas por daños y perjuicios de guerra. Cuando el ejército EUA liberó las plantas de Ford en Colonia y Berlín, encontraron trabajadores extranjeros esclavos, maltratados y desnutridos y documentos donde se elogiaba el genio del Führer.
Kurt von Schroeder, jefe del sistema bancario nazi, tenía relaciones con la banca inglesa a través de su propia empresa, la Schroeder & Co en Londres. El grupo Mannesmann Röhrem Werke también tenía filiales en Inglaterra, y, como Siemens, contaba con sucursales y participación en la Saint Helen Cable & Rubber Co.
Aunque no hay pruebas concluyentes, la sospecha también recae sobre la Shell, a través de su director Sir Henry Deterding, anticomunista convencido y casado con una rusa blanca rica. Se cree que Deterding prestó en 1931 30 millones de libras a cambio de la promesa del monopolio del petróleo.
Y bueno, no tengo tiempo para más... Queda mucho en el tintero, como Rockefeller y la Standard Oil, la Texaco, la ITT y alguna más que no recuerdo. Mañana, si tengo tiempo de copiaros/resumiros más, lo haré.