Publicado: Vie Feb 02, 2007 11:24 pm
Hay versiones para todos los gustos y la verdad no la sabremos nunca. Pero, según el relato de Young, que entrevistó a la mujer, no le dijo eso a esta, sino a Aldinger. A su mujer le contó que le habían acusado de traición y que el Führer le daba a elegir entre el veneno y un juicio. Su mujer le rogó que optara por el juicio, pero Rommel se negó alegando que le matarían de todas formas. Luego, con Aldinger, estando su mujer en otra habitación, habló de lo sucedido y este intentó convencerle para tratar una fuga o al menos darse el gusto de matar a Burgdoff y a Maisel, pero Rommel rechazó tal idea diciéndole que le habían prometido no hacerles daño a su familia, pensión para esta y funerales nacionales.
Según el médico que trató de reanimar a Rommel cuando se lo llevaron al hospital, no le permitieron realizar la autopsia.
Y según Maisel, el coche donde llevaban a Rommel fue detenido a menos de un kilómetro de su casa. Burgdorf ordenó a este y al chófer que abandonaran el coche para quedarse a solas con el Mariscal. Al cabo de unos cinco minutos se dieron cuenta de que Burgdorf ya había bajado del coche y se paseaba cerca de él. Al cabo de otros cinco minutos les ordenó que regresaran y vieron a Rommel inconsciente en el asiento trasero.
El chófer, un tal Dose, contó que Rommel estaba encorvado y que se sacudía a veces con un sollozo, claramente agonizante.
Por el testimonio de Aldinger, Rommel estaba muy decidido a suicidarse y, probablemente, el General Burgdorf sólo tuvo que vigilar que así lo hiciese, pero, en cualquier caso, eso da igual. Si Rommel se hubiese acobardado en el último momento, no sería yo quien lo acusase de debilidad.
Sin embargo, siempre he sospechado que sí tuvo que ver con el atentado. Que conspiró no cabe la menor duda, si bien precisamente su falta de precaución parece indicar que no parecía, o no le parecía, estar demasiado implicado en la trama para desbancar a Hitler, bien podría ser esta producto de su arrogancia o falta de miras provocada por su naturaleza directa y tenaz.
Rommel fue mitificado hasta el aburrimiento, especialmente por los ingleses, ávidos de excusas para sus derrotas militares. No cabe duda de que fue un excelente jefe de batallón, un buen general y un mediocre mariscal de campo. Era un gran intérprete de mapas y un magnífico ejemplo para sus tropas a las que levantaba la moral y les sacaba lo mejor. Tampoco cabe duda de que se le subió todo a la cabeza, y de que vivía un poco fuera de sitio, cayendo en depresión a la primera ducha de realidad. Si Rommel hubiese resultado aupado al poder... ¿qué hubiese sucedido? No nos equivoquemos, que a nadie le interesaba la paz más allá que en los naciones que ya se veían derrotadas. Eso sí, la crisis desatada en Alemania probablemente la hubiese colapsado antes.
Según el médico que trató de reanimar a Rommel cuando se lo llevaron al hospital, no le permitieron realizar la autopsia.
Y según Maisel, el coche donde llevaban a Rommel fue detenido a menos de un kilómetro de su casa. Burgdorf ordenó a este y al chófer que abandonaran el coche para quedarse a solas con el Mariscal. Al cabo de unos cinco minutos se dieron cuenta de que Burgdorf ya había bajado del coche y se paseaba cerca de él. Al cabo de otros cinco minutos les ordenó que regresaran y vieron a Rommel inconsciente en el asiento trasero.
El chófer, un tal Dose, contó que Rommel estaba encorvado y que se sacudía a veces con un sollozo, claramente agonizante.
Por el testimonio de Aldinger, Rommel estaba muy decidido a suicidarse y, probablemente, el General Burgdorf sólo tuvo que vigilar que así lo hiciese, pero, en cualquier caso, eso da igual. Si Rommel se hubiese acobardado en el último momento, no sería yo quien lo acusase de debilidad.
Sin embargo, siempre he sospechado que sí tuvo que ver con el atentado. Que conspiró no cabe la menor duda, si bien precisamente su falta de precaución parece indicar que no parecía, o no le parecía, estar demasiado implicado en la trama para desbancar a Hitler, bien podría ser esta producto de su arrogancia o falta de miras provocada por su naturaleza directa y tenaz.
Rommel fue mitificado hasta el aburrimiento, especialmente por los ingleses, ávidos de excusas para sus derrotas militares. No cabe duda de que fue un excelente jefe de batallón, un buen general y un mediocre mariscal de campo. Era un gran intérprete de mapas y un magnífico ejemplo para sus tropas a las que levantaba la moral y les sacaba lo mejor. Tampoco cabe duda de que se le subió todo a la cabeza, y de que vivía un poco fuera de sitio, cayendo en depresión a la primera ducha de realidad. Si Rommel hubiese resultado aupado al poder... ¿qué hubiese sucedido? No nos equivoquemos, que a nadie le interesaba la paz más allá que en los naciones que ya se veían derrotadas. Eso sí, la crisis desatada en Alemania probablemente la hubiese colapsado antes.