Publicado: Dom Oct 19, 2008 3:39 am
Vamos a la piscina...
En el escenario de una respuesta o un ataque termonuclear masivo yo no giraría la llave, sencillamente porque declinaría ese honor. Nunca me presentaría para un puesto en el que en algún momento tuviera que apretar ese botón, de igual manera que renunciaría a la misión de pilotar el avión que llevaría esa bomba. A fin de cuentas, estoy seguro de que otro lo haría en mi lugar, y con sumo gusto, así que ¿para qué voy a arrebatar ese momento a otra persona tan segura de sus convicciones como yo pero en sentido contrario?
Del mismo modo renunciaría a tener que elegir un blanco entre varios posibles, cuando todos ellos fueran poblaciones civiles. Y me da igual que se me diga que es un importantísimo centro logístico, o una industria vital para la guerra, o que hay un acuertalamiento con lo mejorcito del enemigo. Lo siento mucho, pero mi respeto hacia las vidas de inocentes desarmados está muy por encima del fin de la misión.
Creo que es en Marea Roja donde Denzel Washington dice algo así como que en una guerra termonuclear no hay vencedores ni vencidos, porque el enemigo es la propia guerra, y jamás se la podrá derrotar. El primer ataque es un acto criminal que supone la muerte para millones de inocentes; y la respuesta ¿qué es? ¿qué queda? ¿venganza? ¿y que más? El primer caso me parece una aberración, y el segundo un acto absurdo y sin sentido.
Sólo tengo espíritu de soldado de infantería, y poco más, a lo mejor un ligero toque aventurero de piloto. La diferencia no es mucha. Si todo sale bien siempre hay un lugar al que volver, aunque sea a poner ladrillos para reconstruir. Y si todo sale mal la única diferencia es acabar reventado de metralla o convertido en un resplandor rojo en algún cielo sobre alguna parte. En la primera alternativa tal vez mis noches no fueran muy tranquilas, porque nunca dejarían de acompañarme los rostros de los que hubiera matado y de los que hubieran muerto conmigo. Pero mi ventaja respecto del que lanzó la bomba o apretó el botón es que nunca soñaría con decenas de hongos nucleares con mi rostro en ellos, y acompañados del silencio de la muerte de millones que no esperaban tener ese final.
Y también es egoismo, me gusta dormir bien. Que tengan otros las pesadillas. Ya lo dice mi firma, con cada muerte me siento más lejos de casa, y si los muertos son inocentes nunca podría encontrar el camino de regreso.
Saludos.
En el escenario de una respuesta o un ataque termonuclear masivo yo no giraría la llave, sencillamente porque declinaría ese honor. Nunca me presentaría para un puesto en el que en algún momento tuviera que apretar ese botón, de igual manera que renunciaría a la misión de pilotar el avión que llevaría esa bomba. A fin de cuentas, estoy seguro de que otro lo haría en mi lugar, y con sumo gusto, así que ¿para qué voy a arrebatar ese momento a otra persona tan segura de sus convicciones como yo pero en sentido contrario?
Del mismo modo renunciaría a tener que elegir un blanco entre varios posibles, cuando todos ellos fueran poblaciones civiles. Y me da igual que se me diga que es un importantísimo centro logístico, o una industria vital para la guerra, o que hay un acuertalamiento con lo mejorcito del enemigo. Lo siento mucho, pero mi respeto hacia las vidas de inocentes desarmados está muy por encima del fin de la misión.
Creo que es en Marea Roja donde Denzel Washington dice algo así como que en una guerra termonuclear no hay vencedores ni vencidos, porque el enemigo es la propia guerra, y jamás se la podrá derrotar. El primer ataque es un acto criminal que supone la muerte para millones de inocentes; y la respuesta ¿qué es? ¿qué queda? ¿venganza? ¿y que más? El primer caso me parece una aberración, y el segundo un acto absurdo y sin sentido.
Sólo tengo espíritu de soldado de infantería, y poco más, a lo mejor un ligero toque aventurero de piloto. La diferencia no es mucha. Si todo sale bien siempre hay un lugar al que volver, aunque sea a poner ladrillos para reconstruir. Y si todo sale mal la única diferencia es acabar reventado de metralla o convertido en un resplandor rojo en algún cielo sobre alguna parte. En la primera alternativa tal vez mis noches no fueran muy tranquilas, porque nunca dejarían de acompañarme los rostros de los que hubiera matado y de los que hubieran muerto conmigo. Pero mi ventaja respecto del que lanzó la bomba o apretó el botón es que nunca soñaría con decenas de hongos nucleares con mi rostro en ellos, y acompañados del silencio de la muerte de millones que no esperaban tener ese final.
Y también es egoismo, me gusta dormir bien. Que tengan otros las pesadillas. Ya lo dice mi firma, con cada muerte me siento más lejos de casa, y si los muertos son inocentes nunca podría encontrar el camino de regreso.
Saludos.