Publicado: Vie Dic 22, 2006 4:55 pm
Eso ya es cuestión de opiniones. Lo cierto es que en 1977 (cuando hubiese hecho 30 años de cárcel) ni Hess hubiese estado para muchos trotes, ni había demasiados neonazis circulando.
Pero hay que considerar la enormidad del crimen. La reparación me parece muy escasa, más lógica sería la misma condena, pero a trabajos forzados en favor de sus víctimas. Las víctimas debieran ser la vara de medir de la justicia que merecían esos desalmados.
Y no hay consenso sobre esa edad máxima para el encarcelamiento de los criminales. Democracias establecidas como la francesa siguen aplicando la prisión a perpetuidad de la que si sales es para entrar en un asilo.
Yo como juez de esa abominación hubiese sido brutal. Y hubiese establecido una regla sencilla y que ni siquiera es antijurídica: que la carga de la prueba se invirtiese en los pertenecientes o colaboradores de grupos criminales, tales como los escuadrones de la muerte (me niego a citarlos por el nombre que se dieron), vigilantes de los campos o altos cargos nazis. Es ridículo que un asesino de Belzec escape tras asesinar a todos los testigos, o que Speer o Doenitz se escuden diciendo que no sabían nada.
La inversión de la carga de la prueba se admite en el ordenamiento jurídico, al menos en el español, para casos concretos. Por ejemplo, si una casa se hunde recién construida el constructor debe demostrar que hizo la casa bien, y no son los inquilinos los que demuestren que escatimó con el cemento.
Pero en Nuremberg se aplicó una legislación mucho más garantista que la que había en Alemania antes del ascenso del partido nazi. Es esto comparto el criterio ruso. La justicia soviética no fue modelo de garantías, pero fue implacable con los criminales de guerra a los que pudo echar el guante.
Un hecho especialmente lamentable de la SGM ha sido, al menos para mí, la liviandad de las condenas que recibieron tantos criminales, que salieron a la calle en diez o quince años. Esas ratas merecían un castigo mucho más duro, aunque sólo fuese para escarmiento y evitar veleidades genocidas… como las que hemos vuelto a ver en Bosnia o en Ruanda. O en Indonesia, o en Sudán, o en Tanzania, o… ¡justicia!
Saludos
Pero hay que considerar la enormidad del crimen. La reparación me parece muy escasa, más lógica sería la misma condena, pero a trabajos forzados en favor de sus víctimas. Las víctimas debieran ser la vara de medir de la justicia que merecían esos desalmados.
Y no hay consenso sobre esa edad máxima para el encarcelamiento de los criminales. Democracias establecidas como la francesa siguen aplicando la prisión a perpetuidad de la que si sales es para entrar en un asilo.
Yo como juez de esa abominación hubiese sido brutal. Y hubiese establecido una regla sencilla y que ni siquiera es antijurídica: que la carga de la prueba se invirtiese en los pertenecientes o colaboradores de grupos criminales, tales como los escuadrones de la muerte (me niego a citarlos por el nombre que se dieron), vigilantes de los campos o altos cargos nazis. Es ridículo que un asesino de Belzec escape tras asesinar a todos los testigos, o que Speer o Doenitz se escuden diciendo que no sabían nada.
La inversión de la carga de la prueba se admite en el ordenamiento jurídico, al menos en el español, para casos concretos. Por ejemplo, si una casa se hunde recién construida el constructor debe demostrar que hizo la casa bien, y no son los inquilinos los que demuestren que escatimó con el cemento.
Pero en Nuremberg se aplicó una legislación mucho más garantista que la que había en Alemania antes del ascenso del partido nazi. Es esto comparto el criterio ruso. La justicia soviética no fue modelo de garantías, pero fue implacable con los criminales de guerra a los que pudo echar el guante.
Un hecho especialmente lamentable de la SGM ha sido, al menos para mí, la liviandad de las condenas que recibieron tantos criminales, que salieron a la calle en diez o quince años. Esas ratas merecían un castigo mucho más duro, aunque sólo fuese para escarmiento y evitar veleidades genocidas… como las que hemos vuelto a ver en Bosnia o en Ruanda. O en Indonesia, o en Sudán, o en Tanzania, o… ¡justicia!
Saludos