Publicado: Mar May 01, 2012 7:03 am
Todos sabemos lo que pasó en octubre y noviembre (después de la caída de Kiev):
Taifún se desencadenó y si bien al principio todo marchó bien, (según lo planificado) y los triunfos de las bolsas de Viazma y Briansk fueron éxitos rotundos, la rasputiza, los gravísimos problemas de logística, el crudo y duro invierno ruso y finalmente la arriesgada jugada de Stalin y Zukov de traer las 50 divisiones de Siberia para contraatacar al GEC terminó por dar vuelta la suerte.
Taifún (y Barbarroja en su conjunto) fue un fracaso. La Wehrmatch se jugó todo a una sola bola de ruleta y perdió.
Nunca más se repondría de esa derrota por la sencilla razón de que su industria, su fuerza laboral y sus recursos no se habían puesto el 100% al servicio de una guerra de desgaste. Mientras que Rusia había seguido el camino inverso: Cada grano de trigo, cada kilo de acero, cada plancha de aluminio, cada esfuerzo, cada aliento, cada decisión, cada tornillo que se fabricaba, era destinado todo al esfuerzo de guerra.
CONTINUARÁ
Taifún se desencadenó y si bien al principio todo marchó bien, (según lo planificado) y los triunfos de las bolsas de Viazma y Briansk fueron éxitos rotundos, la rasputiza, los gravísimos problemas de logística, el crudo y duro invierno ruso y finalmente la arriesgada jugada de Stalin y Zukov de traer las 50 divisiones de Siberia para contraatacar al GEC terminó por dar vuelta la suerte.
Taifún (y Barbarroja en su conjunto) fue un fracaso. La Wehrmatch se jugó todo a una sola bola de ruleta y perdió.
Nunca más se repondría de esa derrota por la sencilla razón de que su industria, su fuerza laboral y sus recursos no se habían puesto el 100% al servicio de una guerra de desgaste. Mientras que Rusia había seguido el camino inverso: Cada grano de trigo, cada kilo de acero, cada plancha de aluminio, cada esfuerzo, cada aliento, cada decisión, cada tornillo que se fabricaba, era destinado todo al esfuerzo de guerra.
CONTINUARÁ