Publicado: Mar May 01, 2012 7:02 am
ANALICEMOS UN POCO LOS HECHOS
Íntimamente pienso que en la historia original Hitler se dio cuenta que no iba a poder llegar a Moscú. El único problema que se planteaba era que no podía reconocerlo, ya que quedaría en juego su genio militar, su mágica intuición y su credibilidad.
Reconocer que no podía conquistar los objetivos de Barbaroja era igual a reconocer QUE SE HABÍA EQUIVOCADO. Y eso, para un megalómano como Hitler, era un pecado que jamás iba a asumir.
Se había cansado de repetir que bastaría una patada a la estructura política de rusia para que esta se caiga a pedazos, que no podía ahora reconocer su fatal error de apreciación.
Por lo tanto no le quedaba otra más que una fuga desesperada hacia adelante, con la ilusión de que Rusia se derrumbe. Al fin y al cabo, los éxitos militares de la Wehrmatch habían sido impresionantes, destruyendo cientos de divisiones, miles de carros y toneladas de pertrechos. Desde el sentido común Hitler (y todos sus generales) suponían que Rusia estaba acabada y que tan sólo estaba emitiendo sus últimos estertores.
Como generales prusianos de una larga tradición, con amplios conocimientos sobre estrategia, tácticas, logística, industria armamentística etc. veían y analizaban las durísimas derrotas del ejército soviético y su sentido común les decía que Rusia estaba acabada.
La experiencia de los generales alemanes les decía que ningún país podía soportar 2.000.000 de prisioneros, 1.000.000 de muertos heridos o desparecidos, 15.000 tanques destruidos (casi el quíntuple de tanques con los que contaba la Wehrmatch al inicio de Barbarroja), 20.000 aviones y toneladas de pertrechos, cañones, camiones destruidos.
El problema se planteaba en que la campaña contra Rusia no podía ser analizada desde el sentido común, sino desde la irracionalidad, por la sencilla razón de que toda Rusia, más el perverso, paranoico y cruel Stalin, más el comunismo, más esa sumatoria de mixturas culturales, extrañas e incomprensible para un ciudadano occidental, sólo podían ser entendidas desde la IRRACIONALIDAD.
Por lo tanto, si bien Hitler se daba cuenta de que los objetivos de Barbarroja no se habían cumplido, de que la Wehrmatch había perdido casi el 50% de su fuerza, que los problemas de logística eran graves y de que el ejército ruso seguía en pie, muy en el fondo se ilusionaba con que los soviéticos estuvieran más desgastados que sus cansados ejércitos.
Aparte (fiel a sus manías) le producía asco la sola idea de retroceder o tan sólo pasar a cuarteles de invierno, justamente por lo que dije más arriba: Detener la ofensiva representaba que el infalible Hitler se había equivocado en sus análisis militares y sus apreciaciones políticas.
Para peor sus generales más brillantes (Von Brauchist, Guderian, Hoth, Hoeppner, Von Bock e inclusive Halder, jefe de la OKH) anhelaban con todas sus fuerzas conquistar Moscú, ya que era la frutilla del postre y pensaban que dicha conquista ib a representar un duro golpe sicológico para el pueblo ruso.
Desde Agosto que Guderian, Von Bock, Von Kluge y más que nada Halder, le venían insistiendo a Hitler de que los autorizase a lanzarse contra la capital soviética. Duras discusiones y duelos verbales se había entablado entre los 3, pero Hitler se había mantenido inamovible con su decisión de desviar hacia el norte a 3° grupo Panzer para ayudar al GEN en la conquista de Leningrado. Y hacia el sur al 2° grupo Panzer de Guderian para la conquista de Kiev.
Tanto las directiva 20 21 y 22 habían sido cachetazos para sus generales. Y por lo tanto cuando a mediados de septiembre por fin Hitler se decide a atacar contra Moscú, sus generales no se podían echar atrás, ni demostrar ningún tipo de debilidad, temor o duda.
CONTINUARÁ
Íntimamente pienso que en la historia original Hitler se dio cuenta que no iba a poder llegar a Moscú. El único problema que se planteaba era que no podía reconocerlo, ya que quedaría en juego su genio militar, su mágica intuición y su credibilidad.
Reconocer que no podía conquistar los objetivos de Barbaroja era igual a reconocer QUE SE HABÍA EQUIVOCADO. Y eso, para un megalómano como Hitler, era un pecado que jamás iba a asumir.
Se había cansado de repetir que bastaría una patada a la estructura política de rusia para que esta se caiga a pedazos, que no podía ahora reconocer su fatal error de apreciación.
Por lo tanto no le quedaba otra más que una fuga desesperada hacia adelante, con la ilusión de que Rusia se derrumbe. Al fin y al cabo, los éxitos militares de la Wehrmatch habían sido impresionantes, destruyendo cientos de divisiones, miles de carros y toneladas de pertrechos. Desde el sentido común Hitler (y todos sus generales) suponían que Rusia estaba acabada y que tan sólo estaba emitiendo sus últimos estertores.
Como generales prusianos de una larga tradición, con amplios conocimientos sobre estrategia, tácticas, logística, industria armamentística etc. veían y analizaban las durísimas derrotas del ejército soviético y su sentido común les decía que Rusia estaba acabada.
La experiencia de los generales alemanes les decía que ningún país podía soportar 2.000.000 de prisioneros, 1.000.000 de muertos heridos o desparecidos, 15.000 tanques destruidos (casi el quíntuple de tanques con los que contaba la Wehrmatch al inicio de Barbarroja), 20.000 aviones y toneladas de pertrechos, cañones, camiones destruidos.
El problema se planteaba en que la campaña contra Rusia no podía ser analizada desde el sentido común, sino desde la irracionalidad, por la sencilla razón de que toda Rusia, más el perverso, paranoico y cruel Stalin, más el comunismo, más esa sumatoria de mixturas culturales, extrañas e incomprensible para un ciudadano occidental, sólo podían ser entendidas desde la IRRACIONALIDAD.
Por lo tanto, si bien Hitler se daba cuenta de que los objetivos de Barbarroja no se habían cumplido, de que la Wehrmatch había perdido casi el 50% de su fuerza, que los problemas de logística eran graves y de que el ejército ruso seguía en pie, muy en el fondo se ilusionaba con que los soviéticos estuvieran más desgastados que sus cansados ejércitos.
Aparte (fiel a sus manías) le producía asco la sola idea de retroceder o tan sólo pasar a cuarteles de invierno, justamente por lo que dije más arriba: Detener la ofensiva representaba que el infalible Hitler se había equivocado en sus análisis militares y sus apreciaciones políticas.
Para peor sus generales más brillantes (Von Brauchist, Guderian, Hoth, Hoeppner, Von Bock e inclusive Halder, jefe de la OKH) anhelaban con todas sus fuerzas conquistar Moscú, ya que era la frutilla del postre y pensaban que dicha conquista ib a representar un duro golpe sicológico para el pueblo ruso.
Desde Agosto que Guderian, Von Bock, Von Kluge y más que nada Halder, le venían insistiendo a Hitler de que los autorizase a lanzarse contra la capital soviética. Duras discusiones y duelos verbales se había entablado entre los 3, pero Hitler se había mantenido inamovible con su decisión de desviar hacia el norte a 3° grupo Panzer para ayudar al GEN en la conquista de Leningrado. Y hacia el sur al 2° grupo Panzer de Guderian para la conquista de Kiev.
Tanto las directiva 20 21 y 22 habían sido cachetazos para sus generales. Y por lo tanto cuando a mediados de septiembre por fin Hitler se decide a atacar contra Moscú, sus generales no se podían echar atrás, ni demostrar ningún tipo de debilidad, temor o duda.
CONTINUARÁ