Publicado: Lun Nov 26, 2007 6:50 pm
por Juan Manoel
La Unidad K (tercera parte) :


C.- Operaciones :


8.- El Submarino Monoplaza Biber :

Después del 20 de Agosto de 1944, el frente alemán en Francia dejó de existir, provocando que las fuerzas alemanas se replegaran hacia el norte y hacia el oeste.

Una columna motorizada alemana logró llegar a la costa de la Mancha. Los soldados que ocupaban los pesados camiones y los remolques recubiertos llevaban uniformes del ejército normales color "feldgrau", sin embargo, se trataba de hombres de la Marina. Cuando la columna encontraba algún obstáculo, el líder de la columna presentaba una orden redactada en estos términos :

"El capitán de corbeta Hans Bartels es el jefe de un comando de la Marina. Actúa bajo mis expresas órdenes. Su misión es secreta, nadie está autorizado a pedirle explicaciones. Todos deberán brindarle la ayuda que solicite para el buen cumplimiento de su misión.

Firmado : Doenitz, gran almirante
Jefe de la Marina"

La flotilla K-261 empleó cinco días en ir de Bélgica hasta la costa de la Mancha, con la constante amenaza de ataque de la aviación aliada. Estaba equipada con el aparato de combate más reciente de la Unidad k, el submarino monoplaza Biber ( Castor ) y debía ser puesto en combate contra el desembarco aliado en la Bahía del Sena. Se había dispuesto que El Havre fuera su base de operaciones, pero debido al avance aliado, y a la evacuación de El Havre, se designó como nueva base de operaciones a Fecamp.

La historia de este submarino monoplaza, inapropiadamente llamado submarino enano, es el proyecto de un solo hombre, el capitán Bartels, uno de los pocos del arma de submarinos que estaba en la Unidad K. Este sumergible no nació en las mesas de dibujo de los ingenieros, sino que constituía la realización práctica de las ideas de Bartels.



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El capitán Bartels.



A principios de Febrero de 1944, el comandante de dragaminas Bartels, que había sido condecorado caballero por un acto heroico en Noruega, y que desde sólo hace poco tiempo se había enlistado en la Unidad K, se presentaba acompañado de Obladen, en los astilleros Flender de Lubeck. En ese lugar expusieron el proyecto de Bartels a los directores y constructores, y les preguntaron si era factible su realización. Después de una segunda reunión algunos días más tarde, el 23 de Febrero, los especialistas daban principio a la construcción de un primer modelo, que se bautizó con el nombre de Adam. Para el 15 de Marzo, el Adam estaba terminado, y el 18 de ese mes, Bartels en persona comenzó las pruebas. En un comienzo tubo bastantes problemas, que se fueron solucionando, hasta que el 29 de Marzo fue presentado al jefe de la Marina. Las pruebas fueron exitosas y la autoridad naval dio su aprobación para la fabricación en serie, con el nombre de Biber. El Adam fue el ancestro de una familia que llegó a constituir 325 miembros.

Bajo la dirección de Bartels, un comando de voluntarios formado por jóvenes oficiales de marina, técnicos, ingenieros y un médico, se dio de inmediato a la tarea de experimentar las condiciones existencia a bordo de un Biber y probar sus posibilidades de empleo.



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Línea de montaje de los submarinos Biber.



El Biber tenía 8 metros de largo y un diámetro máximo de 98 centímetros. Su popa era muy carenada y en el centro se erigía una pequeña torre, de tal forma que el Biber parecía la reproducción en miniatura de un submarino normal. La torre se elevaba del nivel del agua a una altura de 52 centímetros y se le había adaptado un periscopio fijo de un metro y medio, el recinto del compás y un "schnorchel" cuya misión era filtrar el aire fresco hacia el interior.

El Biber fue proyectado para ser utilizado tanto como arma ofensiva como defensiva. El aparato permitía a un solo hombre lanzar dos torpedos contra un blanco enemigo, a corta distancia. El hombre supuestamente podía, para sustraerse a la acción enemiga, y protegerse él y a su aparato, sumergirse, pero esto no era una tarea sencilla.

El interior del aparato estaba formado por láminas de acero cuya rigidez era mantenida por cuatro separaciones transversales. El espacio delantero formado por una de estas separaciones constituía el balast delantero. Entre la primera y segunda separación se encontraba el "compartimiento central" del submarino. En esta parte, el piloto estaba sentado, en la minúscula torre cuyo papel representaba la única vía de entrada y salida. Ante el tripulante estaba dispuesto el tablero de mandos y alrededor de él, las diferentes palancas de maniobra. También había allí botellas con aire comprimido, una botella de oxígeno y todo el aparato necesario para una respiración artificial; los acumuladores, los tanques, la canalización para la gasolina para el buen funcionamiento del motor; éste era un motor de 2,5 litros de 6 cilindros y estaba armado entre la segunda y tercera separación. En la última de las separaciones estaba el motor eléctrico, y, finalmente, el balast de popa.

Aspectos técnicos :

Desplazamiento : 6 ¼ ton.

Velocidad : 6 ½ nudos.

Alcance : 210 km.

Tripulación : Un hombre.

Armamento : Dos torpedos de 530 mm.



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Submarino monoplaza Biber.



Las pruebas de sumersión, demostraron que los tripulantes empezaban a sufrir síntomas de envenenamiento por monóxido de carbono, después de cuarenta y cinco minutos aproximadamente. Debido a esto, se les equipó con una máscara que les cubría la boca y la nariz adaptada con un tubo a través del cual emanaban el aire exhalado sobre un cartucho de cal sodificada. Se presentaban tres cartuchos que podían ser utilizados uno tras otro, cuya duración era de aproximadamente 7 horas y media cada uno. El oxígeno abastecido por este aparato les permitía una sumersión de 20 horas.

Se debía tomar en cuenta, además, que las dificultades de navegación en el Mar del Norte eran considerables. El tripulante debía estar siempre preparado para dejarse hundir como una piedra, en el caso de ser descubierto por un avión enemigo, ejecutando las siguientes maniobras : abrir la entrada del balast de proa, la entrada del balast de popa, maniobrar la barra de sumersión, parar el motor de explosión y embragar el motor eléctrico, cerrar la válvula de escape detrás de él y cerrar la válvula de entrada de aire, situada sobre su cabeza; todo lo anterior en unos cuantos segundos y sin perder su sangre fría.

A todo el esfuerzo anterior había que agregar el estrés de encontrarse completamente solo para luchar contra el mar, contra el enemigo siempre al acecho y sobre todo contra el cansancio que les carcomía poco a poco la voluntad.

Se hicieron algunas pruebas para dotar a los hombres con algunas cualidades extremas. Se les dio lo que se llamaron pastillas D-IX, que producían afectos como el alejamiento controlable de los límites del cansancio, aumento del poder de concentración, disminución en el funcionamiento de los intestinos, y algunas otras cosas más. Estas pastillas eran un verdadero coctail de narcóticos, entre los que estaban pervitina, cocaína y eukodal, en partes iguales. Después de las pruebas se desistió en la idea de emplear estos narcóticos, ya que el efecto no era duradero y cuando éste pasaba, el piloto "drogado" necesitaba descanso absoluto por bastante tiempo para reponerse completamente de los traumas orgánicos provocados por las pastillas.

Ya establecida la flotilla en Fecamp, por órdenes del médico, los pilotos reposaron durante 24 horas, y en la noche del 29 al 30 de agosto de 1944 comenzaba la primera operación. Las condiciones de esa noche no eran extremadamente desfavorables, había viento y el mar no para nada en calma. Los hombres de la unidad necesitaron toda su voluntad para cumplir, pese a todo, su misión. Tan sólo dos de ellos lograron tomar contacto con el enemigo. Esa noche hundieron un gran navío de desembarco y un buque Liberty. Los hombres llegaron a la base después de las 10 de la mañana del 30 de Agosto, exhaustos, empapados hasta los huesos, temblando de frío y presentando síntomas de envenenamiento con monóxido de carbono, pero felices por la victoria.



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Un Biber en el momento de ser botado al agua.



La ciudad de Fecamp fue evacuada al día siguiente, el 31 de Agosto, y los hombres de la Unidad K fueron, los últimos alemanes en retirarse. Tuvieron que destruir la mayor parte de sus aparatos, mientras que los pocos restantes corrieron la misma suerte durante un combate nocturno contra una columna de tanques americanos.

Aunque habían tenido que retirarse tan precipitadamente de Fecamp, a principios de Septiembre de 1944, la alegría era muy grande entre los pilotos de los Biber. La primera operación que se había llevado a cabo desde Fecamp en estos aparatos, bajo condiciones completamente desfavorables (transporte terrestre efectuado bajo la amenaza permanente de la aviación enemiga, lo extenso de la distancia hasta la Bahía del Sena, malas condiciones del tiempo), había tenido éxito, modesto en verdad, pero un éxito al fin y al cabo. No sufrieron ninguna pérdida. Este parecía un principio alentador.

Los Biber no tuvieron base hasta el mes de Diciembre de 1944, y conforme las flotillas de Biber se iban formando, se les enviaba a Rotterdam, con el propósito de atacar las comunicaciones enemigas en el Escalda, lo que constituía un sector de operaciones mucho más difícil que la costa francesa de la Mancha. El servicio de intercepción alemán instalado en Zierikzee, en la isla de Schouwen, señalaba que los convoyes, que podían ser atacados.



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Biber en Rotterdam.



Si las condiciones de viento y mar eran relativamente favorables, los Biber podían atacar, pues de lo contrario, los tripulantes gastarían todas sus energías en luchar contra los elementos, y no contra el enemigo. Las embarcaciones debían llegar a principios de la noche al sector de operaciones con el fin de atacar en la oscuridad, con la torre sobresaliendo del agua 52 centímetros.

Cuando las condiciones se daban, además de tener una noche oscura, sin luna, Bartels hacía salir el mayor número posible de Biber. En las "grandes operaciones", salían entre 20 o 30 aparatos.

Pero la salida no era tan fácil. Normalmente al llegar a las islas de Goeree y de Voorne, o bien al llegar a alta mar, a la altura de Hoek Van Holland, le esperaban aviones enemigos, que estaban prestos a atacarles, por lo que los tripulantes debían estar prestos a sumergirse en caso de ser detectados.



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Biber haciéndose a la mar en Rotterdam, Navidad de 1944.



Muchos de los tripulantes no lograron divisar a tiempo estos aviones y terminaban definitivamente en Hoek Van Holland, una travesía empezada sólo media hora antes. Cuando el Biber era alcanzado por los proyectiles de un avión, se hundía inmediatamente y el piloto, cuando por milagro salía ileso del tiroteo, podía a veces salir del aparato, y se realizaba una curiosa operación. El avión británico, describía un círculo sobre Hoek Van Holland y volvía al mar, describía otro círculo sobre el náufrago y regresaba hacia Hoek Van Holland, repitiendo esta operación varias veces. Cuando lo anterior ocurría era el aviso para la salida de una lancha de salvamento alemana para recoger a uno de sus compañeros. Aún en la guerra más encarnizada existe lugar y momento para la caballerosidad.

Algunos de los pilotos de Biber fueron bastante afortunados y sobrevivieron a la destrucción de su embarcación. Pero la mayor parte de ellos sucumbieron tarde o temprano a los ataques de sus enemigos demasiado numerosos entre los cuales se encontraban no sólo en el mar y en el cielo, sino también en el interior de sus embarcaciones : el agotamiento, el desmayo, el envenenamiento por carbono. El servicio de escucha interceptó muchas veces mensajes enviados por corbetas u otros patrulleros reportando haber encontrado algún Biber con su tripulante muerto o desmayado, y hasta dormido. Otros mensajes anunciaban la pérdida o destrucción de navíos aliados en el estuario de Escalda, y esta era la única prueba, cuando los Biber estaban en acción, del que habían tenido alguna victoria. Pero los tripulantes, la mayoría de las veces, no reaparecían.



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Un Biber varado.



En el atardecer del 5 de Enero de 1945, tres submarinos normales, salieron de sus bases situadas cerca de Harstadt, en Noruega septentrional. Era insólito verlos, pues cada uno de ellos remolcaba dos aparatos monoplaza Biber. Casi daba la impresión de ser tres adultos y sus seis hijos saliendo de excursión.

Los seis Biber tenían como misión efectuar un ataque en la Bahía de Wajenga, en la rada de Mourmansk. En la bahía estaban anclados los navíos de guerra que protegían a los convoyes de material con destino a Rusia, a través de Océano Artico. Entre estos buques se encontraba el acorazado británico Royal Sovereign, cedido a los rusos, y ahora con el nombre de Arkangelsk; se encontraba, además, un porta aviones, varios cruceros y destructores. Los blancos eran abundantes, y los Biber podrían escoger, si podían entrar a la bahía.

La Flotilla K-265, poseía entre sus integrantes, a pilotos que ya habían efectuado operaciones con éxito a la flota de desembarco aliado, desde Fecamp. Esta flotilla llegó a Noruega a principios de 1944, y elaboró el plan de operación hasta los más íntimos detalles. Debido al largo recorrido desde Noruega a Mourmansk, que estaba sobrepasando con largueza la autonomía de los Biber, se definió que para acercarlos lo más cerca de su objetivo, serían remolcados por otros submarinos, ya que de otra forma se corría el riesgo de ser descubiertos prematuramente. En el Báltico, ya se había probado con éxito esta forma de transporte.

Las cercanías de Mourmansk eran guardadas por varios cordones de seguridad. Embarcaciones rápidas, provistas de aparatos de radar y de escucha, ametralladoras y bombas de mano, patrullaban incesantemente la isla de Kildin y el continente.

La planificación indicaba que los submarinos soltarían los Biber a una distancia razonable del límite de seguridad. Desde allí los Biber navegarían las 40 millas que los separarían de la Bahía de Wajenga. Habían otros obstáculos, que eran redes y barricadas de troncos que obstruían la entrada a la rada y a la isla de Salny. La información que se disponía era bastante exacta.

La luna de aquel 8 de Enero de 1945, debía ser favorable, por lo que se definió esa fecha como la fecha de ataque. La hora de ataque sería a las tres de la madrugada, que es la hora habitual en que los observadores disminuyen un poco su atención. Los ataques deberían ser lo más simultáneos posible, para evitar que los que aún no hubieran participado en el ataque fueran descubiertos.

Para el retorno, se definió que los Biber se dirigirían a Svet Navolok, descenderían sus aparatos hasta el fondo, en aguas poco profundas, y esperarían, golpeándo a intervalos cortos las popas de sus Biber. El submarino llegaría y escucharía los golpes. Daría la misma señal, con golpes en la popa, y el tripulante saldría con su Biber a la superficie. El tripulante hundiría el Biber y sería recogido por el submarino.

Todo el plan se experimentó muchas veces, y todo parecía funcionar.

Tal como se había planeado en la fecha y hora convenida los submarinos soltaron a los Biber, liderados por el teniente de navío Wolfang Woerdemann, pero éstos nunca atacaron.

La razón fue que nunca los Biber habían tenido que recorrer una distancia tan larga, navegando con sus motores Diesel. La vibración de éstos dañó los Biber, produciendo fugas gasolina y entradas de agua, por lo que se dio la orden de regreso.

Esta operación no tuvo lugar, Los problemas de diseño hecharon por tierra una operación preparada minuciosamente y anuló el ataque antes de que fuera efectuado.

Una de las acciones más interesantes se llevó a cabo la noche del 12 al 13 de Enero de 1945. Esta operación fue realizada para destruir el puente carretero sobre el Waal en Nímega.

Después del ataque de los hombres rana de la Unidad K, los aliados quedaron sobre aviso, por lo que se reforzaron las medidas de precaución alrededor del puente carretero, instalando cuatro redes de acero.

Para destruir las redes adaptadas minas terrestres, el ser llenadas con una carga especial, cuyo peso específico era sólo un poco mayor que el del agua, dándole así flotabilidad negativa. Fueron soltadas 240 minas al río. Las minas se lanzan al río en grupos de 60, con media hora de intervalo y varios kilómetros de distancia. Las minas descienden por el río arrastradas por la corriente. Cinco minutos después, vuela en mil pedazos la primera red, luego la segunda y así sucesivamente la tercera, y la cuarta. Para los cálculos, se había estudiado con exactitud la velocidad de las aguas y con ellos se sabía el momento en que las primeras sesenta minas llegarían a la primera red. Se agregaron cinco minutos al tiempo de recorrido para probar las espoletas de tiempo.

Después, 20 Biber se lanzan al ataque, camuflando sus periscopios hierbas y juncos, que aparecen ante los aliados como inofensivos deshechos que arrastra la corriente. Logran pasar y destruyen totalmente los restos de redes, lanzando sus torpedos a los cuales se habían adaptado unas cuchillas.



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Operación de camuflaje del periscopio de un Biber para la misión en los puentes de Nímega.



Cuando había depuntado el alba, otros cuatro Biber remolcaron cargas explosivas de tres toneladas. Al llegar a unos mil metros del puente, soltaron unos "troncos de árbol", bajo las cuales estaban sujetas las minas, dejando que la corriente se las llevara a la deriva. Se hizo de día. Las cargas debían explotar cuando la sombra del puente "golpeara" una celdas fotoeléctricas, las cuales, a su vez, debían de accionar el mecanismo del detonador.

Pese a la preparación tan meticulosa, esta operación fracasó. Grandes detonaciones tuvieron lugar durante varias horas, pero no produjeron daños al puente, todas detonaron en la cuarta red, que se había mantenido casi intacta a los otros ataques, algunas incluso casi pasan y detonaron a una distancia no mayor de 50 metros del puente.

Esta fue la última tentativa alemana para destruir el puente de Nímega.

Los Biber permanecieron en Rotterdam durante tres meses, de diciembre de 1944 a febrero de 1945. Las operaciones fueron poco numerosas en este período, a causa de las múltiples condiciones que una de estas acciones exigía. Fueron puestos en combate cerca de 110 Biber. Las cifras de pérdidas eran bastante bajas en términos de valores absolutos, pero bastante altas en términos de valores relativos. Pero fue una lástima que fuera un accidente el que fuera a parar definitivamente sus actividades.

A principios de Marzo de 1945, Bartels volvió a preparar una operación en grande. En la base habían disponibles 35 Biber para ser utilizados, eligiéndose los 35 pilotos respectivos.

Varias lanchas remolcaron a los 35 Biber para la operación. A raíz de una explosión que había ocurrido hace algún tiempo en la base de mantenimiento de Hellevoetsluis, los torpedos habían sido provistos de un sistema de seguridad, que les impidiera a los tripulantes, lanzar los torpedos involuntariamente en alguna de las maniobras necesarias en la partida o regreso. Pero uno de los Biber carecía de este dispositivo.

Aquel día la mayor parte de los tripulantes ya se había embarcado, inclusive algunos de ellos ya comenzaban a navegar, cuando sobrevino la catástrofe. Una gran explosión sacudió al puerto. Uno de los torpedos se soltó, alcanzando un Biber portador de dos minas, haciéndo explosión, las dos minas y el torpedo, en forma simultánea. En fracciones de segundo, la flotilla había perdido 32 hombres y 20 Biber.

El capitán de corbeta Bartels, el padre de los Biber, fue relevado de sus funciones. Los Biber monoplaza capaces de sumergirse para "la protección del tripulante y la embarcación" ya no fueron utilizados más que para algunas operaciones aisladas a corta distancia para sembrar minas en algunos canales utilizados por los aliados, en Holanda. En el mar, los Biber fueron reemplazados por los Seehund, submarinos tripulados por dos hombres y que disponían de posibilidades más extensas.



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Piloto de Biber. Se presenta prendas típicas del arma de submarinos, como el chaquetón y los pantalones de cuero, con el emblema de la unidad en el brazo. Los zapatos son los reglamentarios de las tripulaciones de la Kriegmarine para climas cálidos o tropicales, muy livianos, y muy usados en los U-Boote.



9.- El Submarino Biplaza Seehund :

A diferencia del Biber, el Seehund constituía bajo todos los conceptos, un verdadero submarino en miniatura. Estas naves operaron entre Enero y Abril de 1945 entre el Támesis y el Escalda o bien en el Paso de Calais.

Los 70 equipos que formaron el contingente demostraron ante el enemigo, las excelentes cualidades de estos pequeños sumergibles.

Uno de los aspectos que se mejoraron en este submarino respecto del Biber, fue su capacidad de sumergirse, que era una excelente protección contra ataques aéreos. Para esta defensa, los tripulantes cuando divisaban un avión enemigo, lo dejaban que tomara su posición de ataque, con el sol a su espalda, si hacer el menor intento defensivo. Entonces cuando el avión llegaba a verse del grueso de una avispa y entraba en picada, el piloto del Seehund se dejaba caer en su asiento, cerrando la escotilla de la torre y abría el balast de proa.
Instantáneamente, con toda la potencia del motor Diesel, se sumergía, alcanzando en menos de 6 a 7 segundos, una profundidad de 5 metros.



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Submarino biplaza Seehund.



Esto constituía una ventaja decisiva. A modo de comparación, se debe recordar que un submarino normal demoraba en promedio hasta 45 segundos en desaparecer de la superficie del agua. Estos Seehund, enteramente maniobrables, podían desaparecer en un tiempo, muchas veces, de 4 segundos.

Por otra parte, el motor Diesel de seis cilindros con el cual estaban dotados, llegaba a funcionar hasta 10 metros de profundidad; llegados a esta profundidad, los marinos ponían en marcha el motor eléctrico. En caso de emergencia, el Diesel funcionaba hasta entre los 15 a 17 metros de profundidad. Pero normalmente, el Seehund, se internaba en el agua hasta 10 metros de profundidad con la ayuda del Diesel; una vez alcanzada esta profundidad, el mecánico ponía en marcha el motor eléctrico; la operación sólo tomaba algunos segundos, y la atmósfera interior apenas se disminuía.



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Línea de montaje de los Seehund.



Aspectos técnicos :

Desplazamiento : 15 ton.

Velocidad : 7 ¾ nudos.

Radio de acción (con tanques auxiliares de combustible) : 800 km.

Tripulación : Dos hombres.

Armamento : Dos torpedos de 530 mm.


Se sabe de un Seehund, que sobrevivió de 76 bombas de profundidad, hasta que pudo volver a la superficie. Después volvieron a escapar de lanchas patrulleras aliadas, que les dejaron caer 24 bombas de profundidad más. Pudieron sobrevivir, salir a la superficie, y volver a la base.

En marzo de 1945, el alférez Max Hubert, acompañado de Sigfried Eckloff, hundió un transporte de 5.000 toneladas, durante su primera operación, volviendo posteriormente a su base de Yjmuiden. Pero no siempre las operaciones fueron tan favorables.

Los marinos realmente tenían confianza en estas embarcaciones. Si embargo, a mediados de Enero de 1945, la moral decayó fuertemente, pues de los 18 Seehund que habían salido, tan sólo dos habían regresado, todos los demás habían desaparecido.

Se decidió que el 17 de Enero, 10 Seehund salieron de nuevo. El comando había decidido que si esta vez las pérdidas volvían a ser tan elevadas, las embarcaciones serían mandadas al Báltico para nuevas pruebas. Los diez equipos volvieron a la base a los tres días, sin victorias, pero también sin pérdidas que lamentar.

En los primeros días del mes de Febrero, el Seehund del alférez Wolder y el mecánico Minetzki, hundió frente a Great Yarmouth un barco carguero de 3.000 toneladas. La mala suerte había sido conjurada.

A partir de ese momento y en el transcurso de tres meses que siguieron hasta el fin de la guerra, los Seehund llevaron a cabo cuarenta salidas, en el Paso de Caláis y la cosa inglesa. En el trayecto, llamado Támesis-Escalda, que los convoyes recorrían periódicamente entre la rada de Margate y Anveres, existían boyas luminosas cada dos millas, parecía una avenida, y es justamente aquí que los Seehund permanecían al acecho, esperando que algún barco viniera a servir de blanco para sus torpedos.

Esta actitud de los aliados, difícilmente comprensible, quizá tenía su origen en la certeza que los ingleses tenían de dominar el aire y el mar. Esto facilitó, en gran parte, los éxitos de la Unidad K, que en esta región llegaron a aventurarse en la misma boca del lobo.



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Submarino biplaza Seehund saliendo de una base.



El 22 de Febrero de 1945, el alférez Klas Sparbrodt y el contramaestre mecánico Gunter Jamke, salieron para realizar su segunda misión de combate. Su misión era atacar convoyes o lanchas patrulleras entre la rada de Margate y Douvres.

Aquel día el mar estaba picado, por lo que navegaron con la escotilla cerrada. Al llegar a alta mar fueron divisados por aviones enemigos, por lo que se sumergieron. Al volver a la superficie vieron que se les seguía buscando, por lo que decidieron seguir la ruta bajo el nivel del agua.

Cerca de las 10:30 de la mañana, de ese neblinoso día, se acercan a un navío de guerra, que posiblemente se trataba de una corbeta. Llegando a unos 600 metros del objetivo, lanzan los torpedos, y se alejan del buque. Después de 80 segundos, cuando ya estaban a 850 metros del buque, sienten una gran detonación a través del agua. Por el periscopio ven una gran nube de humo elevarse del navío. Suben a superficie, y los marinos alemanes ven como la torre del buque se eleva un poco y se desliza hasta desaparecer completamente. Después se fueron a posarse al fondo, donde recibieron unas diez bombas de profundidad, hasta que las bombas callaron. Estuvieron allí hasta las 16 horas, y se alejaron sumergidos, para no volver a la superficie hasta la noche. El día siguiente hacia las 14 horas llegan a la base de Yjmuiden, recibiendo la noticia de haber destruido el destructor La Combattante.

Los alemanes calcularon en cerca de 93.000 toneladas las destrucciones llevadas a cabo por los Seehund, durante estos tres meses. Informes aliados conocidos después de la guerra, elevaron la cifra a 120.000 toneladas.

Durante las últimas semanas de la guerra, se les confió a los Seehund, la misión de abastecer Dunquerque, bloqueado por tierra y mar.

En lugar de proyectiles, transportaron lo que se dio en llamar "torpedos mantequilla" cuyo contenido sirvió para mejorar un poco el pobre menú de la guarnición.

El carácter casi "pacífico" de las misiones llevadas a cabo al finalizar estos cinco años de guerra, fue agigantado por lo que trajeron de vuelta a Yjmuiden.

Cada uno de ellos trajo consigo 4.500 cartas.

Los tres últimos Seehund que penetraron en Dunquerque fueron sorprendidos por la capitulación, y hundidos por sus tripulantes, pero fueron de nuevo sacados a flote por los franceses años más tarde.



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Los aliados inspeccionan un Seehund recién construido, al terminar la guerra.



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Algunos de los juguetitos de la Unidad K :

- Arriba izquierda, un Marder, sucesor del Nigger, no se utilizó.

- Abajo derecha, un submarino monoplaza Kleine Wassereidechse, no se utilizó.

- Arriba izquierda, un Biber.

- Abajo derecha, un Seehund.



10.- Los comandos atacan en el Adriático :

A fines del otoño de 1944, tres lanchas alemanas salieron al atardecer del puerto de Pola, al sur de Trieste poniendo dirección sureste. Después de una hora y media de navegación, doblaron Lussin, la última de las islas ocupadas por los alemanes, y se acercaron a la costa dalmática, en donde los aliados tenían establecidos sus puestos más avanzados. De allí en adelante las lanchas podían ser descubiertas de un momento a otro, ya que las ondas emitidas por los aparatos de radar británicos registraban el mar y señalaban con precisión la presencia de cualquier navío que entrara en su radio de acción. Sin embargo, este ataque estaba dirigido precisamente contra una de estas estaciones de radar.

Las lanchas pararon sus motores a 12 millas de Dugi Otok, para dejar caer al agua tres pequeñas canoas, de construcción italiana. Estas canoas se dirigieron al objetivo mientras que las lanchas seguían otro curso. La intención era que las lanchas fueran descubiertas mientras que las pequeñas canoas pudieran llegar sin ser descubiertas; pero estas canoas tampoco llegaron hasta la costa. A mil metros de la costa pararon y a su vez pusieron en el agua varias canoas más pequeñas que traían consigo. En cada una de ellas subieron dos hombres y con la ayuda de remos, llegaron hasta la costa, la que los hombres conocían con precisión. Las canoas que habían quedado atrás ( más grandes ), volvían a alta mar con el fin de engañar a los observadores del radar en el supuesto caso de que hubieran sido también descubiertas.

El subteniente Heydorn y nueve hombres de la Unidad K desembarcaron en la isla, cargaron con las ametralladoras y las cargas de explosivo. Empujaron las embarcaciones bajo unos matorrales y verificaron los alrededores, buscando los dos pinos que marcaban el camino a seguir. Siguieron el flanco costero y a unos 250 metros, encontraron una bifurcación, tomando el sendero de la izquierda. Todo se desarrollaba tal como se había planificado durante un minucioso estudio de la operación. Era muy singular el hecho, que estos comandos conocieran tan bien la isla, siendo que nunca antes habían estado en ella.

De la misma manera conocían la posición enemiga, en el más mínimo detalle. Sabían el punto en que estaba montado el radar y la cantidad de hombres que lo protegían. El plan de ataque estaba elaborado sobre estos datos, cada uno de los diez comandos sabía su rol a la perfección. Lograron eliminar sin ruido alguno a dos de los tres centinelas. El tercero logró disparar su rifle para alertar a sus compañeros, pero era ya demasiado tarde. El subteniente Haydorn con dos de sus hombres ya había llegado al radar y fijado las cargas explosivas. Treinta segundos más tarde la estación volaba por los aires. Los comandos se replegaron hacia sus embarcaciones librando un encarnizado combate. Seis de ellos lograron llegar a las canoas que los transportaron hasta las lanchas. Durante la travesía de regreso se entabló otro combate con varias lanchas torpederas enemigas, pero los alemanes pudieron escapar. Se había cumplido la misión, la estación de radar estaba destruida.

Desde su llegada a Pola, en Septiembre de 1944, los hombres de MEK-71 efectuaron asaltos contra estaciones enemigas, siguiendo planes de ataque similares al anterior una veintena de veces. El teniente Friz Walters, jefe del destacamento, tan sólo designaba los objetivos cuando sus participantes eran capaces de interpretar su papel a la perfección. Ninguna de las operaciones era llevada a cabo por un grupo mayor a 12 hombres.

La condición principal del éxito era una preparación extrema de las operaciones. Los datos necesarios para estas operaciones eran entregados por el estado mayor de la Unidad K, en Alemania.



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El Adriático, sector de operaciones del MEK-71.



Entonces, para lograr el éxito frente a un enemigo superior, los hombres de la unidad necesitaban conocer a la perfección las condiciones locales, de los lugares donde se llevarían a cabo las operaciones; el vicealmirante Heye se vio obligado, desde la primavera de 1944, a obtener colaboradores científicos, los cuales poseyeran los conocimientos geográficos necesarios, y fueran capaces de dar en cada uno de los casos los datos e informes indispensables, para llevar a buen término las operaciones.

El 15 de Mayo de 1944, el Raumkoppel ( Estado Mayor Científico ), se instaló en una escuela de Schoenber, en Mecklembourg. La actividad de los hombres que habitaban esta escuela se desarrollaba en el misterio más absoluto. En la mayoría de los casos, es a ellos, a quien los hombres de la Unidad K deben gran parte de sus victorias.

El jefe del Raumkoppel era el doctor Konrad Voppel, conservador del Museo Geográfico de Leipzig. En su labor era asistido por eruditos en diferentes materias : geólogos, oceanógrafos, meteorólogos, y matemáticos. La fuente de sus vastos conocimientos la constituía una biblioteca de aproximadamente 30.000 volúmenes : unos técnicos, otros narrativos; más de 250.000 mapas terrestres y marítimos, 50.000 fotografías y un número incalculable de periódicos geográficos concernientes a todos los rincones del globo.

La primera misión encargada al Raumkoppel, fue la confección de un cuadro preciso ( con monografías, fotografías, mapas, etc.) de la costa septentrional de Córcega. Se debía designar algunos lugares desiertos en los cuales un bote de 2 metros de eslora pudiera acercarse hasta la costa misma para desembarcar hombres. Se debían indicar los caminos desde estos lugares hacia el interior.

Al cabo de 20 horas de arduo trabajo, el Raumkoppel presentó con una precisión de mecanismo de reloj, todos los informes que permitían contestar estas preguntas.

El verdadero arte consistía en saber extraer de esta montaña de papel, la cual era el resultado de más de 50 años de actividades, todo lo referente a las preguntas dadas y condensarlo bajo una forma sencilla y fácil de entender.

Los hombres que llevaban a cabo la operación basándose en los informes que les proporcionaba esta institución, podían confiar ciegamente sobre lo que les indicaba como cierto. Cuando el Raumkoppel no tenía la seguridad absoluta sobre una cosa, lo señalaba con signos de interrogación.

En el mes de Septiembre de 1944, cuando el MEK-71 llegó a Pola, reinaba en el Adriático una situación militar bastante curiosa. Los aliados que dominaban el mar y el aire, impedían a las lanchas o cualquier otra embarcación parecida, atacar de día, por lo que los alemanes debían concentrarse en salir de noche; pero de noche no encontraban nada, ya que los convoyes aliados navegaban durante el día, protegidos por sus fuerzas. Durante la noche los ingleses, se refugiaban el algún puerto. Por lo anterior es que si los alemanes querían causar algún daño debían ir hasta los puertos mismos.

Debido a que los aparatos de radar aliados descubrían en alta mar cualquier lancha, se definió que era posible realizar operaciones con botes de remos. Se demostró que esto era posible, si el mar estaba calmado y la distancia a recorrer no era muy grande. En las pruebas se verificó que en una noche normalmente oscura, una de estas embarcaciones conducida con habilidad no podía ser vista a más de 30 metros.

Estas embarcaciones penetraron sin miedo en varios de los puertos del Adriático, en los cuales los hombres de MEK-71, colgaban sus cargas explosivas en la popa de los buques, sin el menos respeto hacia el poder del enemigo.

Se sabe que por lo menos se llevaron a cabo una veintena de operaciones. No se sabe con certeza las fechas en que se realizaron, ya que al finalizar la guerra, el MEK-71, destruyó cuanto papel o documento pudiera relacionarse con sus operaciones. Por lo tanto lo que se conoce es fruto de algunos de sus participantes.

Una de las operaciones fue contra el puerto de Zara. En esa época, este puerto, capital de la Dalmatia, servía de abrigo a varios navíos grandes de desembarco y pequeños barcos que hacían el transporte entre las islas.



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Un oficial despide a un grupo de comandos antes de partir a una misión.



Los alemanes recibieron la información que el puerto de Zara estaba lleno de barcos, y que en la entrada misma estaba fondeado un gran vapor, exactamente detrás del puente que estaba en la entrada del puerto. Con hundir este navío, se cerraba la puerta, Inmediatamente el ataque fue decidido. El Raumkoppel había mandado los informes desde hacía algún tiempo.

Se definió que un grupo de seis hombres atacara Zara, y que en el transcurso de la misma noche, otro grupo de ocho hombres atacara la isla de Isto, ocupada por los ingleses y los yugoslavos de Tito. Era el punto más septentrional del enemigo. Los azares de la guerra habían transformado este humilde puerto pesquero en un centro de abastecimiento. Un agente de la Unidad K, había informado que los ingleses terminaban de descargar en dicho puerto varios miles de tanques de combustible, por lo que se transformó en un buen objetivo.

Al anochecer, salieron de Pola dos grupos de lanchas rápidas. Se separaron al sur de Lussiny; mientras el primer grupo remontaba el canal que llevaba a Zara, el segundo grupo se dirigió a Isto. El líder de este grupo, Georg Werner, poseía un mapa de la isla que la describía hasta en los más mínimos detalles.

Al llegar a unas tres millas de la isla, las lanchas rápidas pararon, y los hombres pusieron en el mar los botes de remos. Los ocho hombres los abordaron y se dirigieron hacia la costa.

La noche no ara tan oscura como los alemanes hubieran deseado, pero no estaba mal del todo tampoco. Estaban casi llegando a la orilla, no más de 50 metros, vieron a dos parejas de centinelas que patrullaban un sendero. No vieron a los comandos, prosiguiendo su guardia. Cuando se alejaron, los hombres de la Unidad K, desembarcaron y escondieron los botes. Cuando volvieron los centinelas, los comandos ya estaban escondidos en los matorrales.

Se esperó nuevamente que los centinelas se alejaran, y en ese momento, sacaron las cargas explosivas de los botes y empezaron el ascenso de una pequeña montaña. Cada uno de los hombres llevaba consigo cinco cargas de cinco kilos cada una, sus municiones, una ametralladora y varias cajas de madera con víveres, pues se esperaba permanecer varios días, antes de que se presentara una ocasión favorable para el ataque. A las 4 de la madrugada todavía los comandos no habían llegado el punto designado para esconderse. El avance no había sido con la velocidad planificada.

El líder hizo que los hombres se escondieran, y designó a uno de ellos para que lo acompañara a verificar la seguridad del escondite, que era un antiguo puesto de artillería antiaérea alemana, que había en el lugar. Se dio cuenta que podían instalarse con toda seguridad, ya que los ingleses nunca había subido, ya que había ausencia de colillas de cigarrillos, papeles, o cualquier otro indicio que indicara que alguien había estado allí en el último tiempo. El equipo se instaló allí tomando las precauciones necesarias.

Se instalaron centinelas, y Werner con otros dos fue a hacer un reconocimiento del objetivo. Se situaron en una parte alta donde se dominaba el pequeño puerto, entre unos viñedos. Se verificó el puerto, que estaba a no más de 500 metros de ellos, se observó la descarga de los barriles de combustible, se verificó además el camino que llevaba a él, el pueblo, la ubicación de la central de radio, la central eléctrica, etc. Se comparó lo observado con los mapas, y se elaboró el plan para la noche siguiente.

Al volver al escondite, Werner mandó a otros hombres a vigilar a los centinelas que se hallaban en la orilla del mar y al pie de la montaña. Estudiaron sus costumbres, los recorridos, las horas de relevo, etc.

Se mantuvieron escondidos hasta la noche siguiente, siempre vigilantes, y obviamente verificando que no ocurriera alguna condición anómala.

Ya en la noche, en la cena, el líder les explicó el plan, y el papel de cada uno de los hombres. Se distribuyeron las cargas explosivas, ajustando los detonadores para que las cargas explotaran al cabo de una, de dos o de tres horas.

Después de las 23 horas, se pusieron en marcha, atentos a cualquier peligro. Se dirigieron al pueblo y se escondieron en la capilla. Era un adecuado lugar para alcanzar los objetivos, siendo el más alejado, la central eléctrica, a unos 400 metros.

El pueblo dormía, sólo en los muelles y la estación de radio se veía personal trabajando.

A las 00:30 Werner con dos hombres se dirigió a la central eléctrica, que debía ser el primer lugar donde se pusieran las cargas, cuyas cargas explotarían tres horas después. Llegaron a ella, que estaba ubicada frente a una plaza, y entraron sin problemas ya que no estaba vigilada. Werner entró don uno de los hombres, dejando a uno de guardia. Estaban por salir, cuando una patrulla pasaba por la plaza, se escondieron, esperando que se alejaran, y salieron sigilosamente, volviendo a la capilla sin incidentes.
Siendo cerca de la una de la madrugada, nuevamente Werner, salió con otros dos comandos, a colocar las cargas en el objetivo más difícil, los barriles de combustible, que debían explotar en dos horas. Los barriles estaban cerca de las casas y, por el valor que tenían, custodiados por centinelas. Además había personal trayendo y apilando más barriles.

Se habían llevado sólo dos cargas por persona, que detonarían dentro de dos horas, ya que serían suficientes para hacer explotar todo ese combustible. Se movieron sin ser descubiertos, aunque el enemigo estaba sólo a unos pares de metros, y sigilosamente colocaron una carga en cada extremo de la pila de barriles. Se escondieron mientras pasaban algunas patrullas, y cuando se alejaron, pusieron las otras cuatro cargas bajo una escalera. Volvieron silenciosamente a la capilla, cerca de la 1:30.

Ahora sólo quedaba la estación de radio, para lo cual Werner pidió a un aspirante que le acompañara. Al llegar frente al edificio, vieron al centinela que lo custodiaba.

Evitando al centinela, se dirigieron a la parte de atrás del edificio, y pusieron las cargas, ajustadas para explotar en dos horas. Estaban saliendo hacia la capilla, cuando el centinela aparece frente a ellos a unos 25 metros, y les gritó unas palabras en inglés. El aspirante, conocedor de algo de inglés, desde el entrenamiento, le gritó otras palabras al centinela, y en el tono adecuado, ya que los alemanes se alejaron a toda prisa, dejando vacilante al centinela. A los pocos segundos el centinela los llamó de nuevo, pero ya era tarde, ya estaban a la entrada del camino, y el centinela no los persiguió ni disparó.

Como aún quedaban 10 ó 12 cargas, que estaban ajustadas para una hora, se planeó en ir de nuevo al muelle a usarlas, pero por la premura de la hora, Werner, decidió ir a la capilla a buscar al resto del equipo y evacuar el lugar.

Estaban ya fuera del pueblo, cuando el equipo se encuentra de frente con un centinela yugoslavo, al que tuvieron que dispararle. Casi al mismo tiempo, sintieron la alarma en el pueblo, seguramente el centinela que los había visto allí dio esa alarma.

Volvieron al escondite, abatiéndose en retirada disparando hacia el enemigo, de a bloques, para hacer pensar que eran una fuerza muy superior a la real. Al llegar a éste mientras tres hacían fuego contra el enemigo, los otros preparaban los botes para salir de ahí. Al tener los botes preparados salieron todos de allí bajo una lluvia de balas. Debido a que la noche era oscura pudieron internarse en el mar.

El mar estaba bastante agitado, lo que hizo difícil la navegación. Debían llegar a un islote desierto llamado Pettini, donde las lanchas los recogerían.

Entre las 3 y cinco de la madrugada lucharon contra el mar, debían llegar antes del alba, si no las lanchas se abandonarían el lugar de encuentro. A las cinco una de las canoas sucumbió, y los dos comandos que iban en ella se aferraron otra de las canoas, continuando la navegación de esa forma. A poco rato, sintieron las explosiones de sus cargas.

Estando casi por llegar a Pettini, el resto de las canoas se rompieron, y el mar los arrastró a una roca en la cual se quedaron. Desde allí vieron el gran incendio y las enormes columnas de humo que se elevaban sobre Isto. El equipo no había podido llegar a Pettini, sino que a un islote mar adentro, pero nunca perdieron la esperanza que los pudieran sacar de ahí.

En cuanto al ataque a Zara, se saben algunos aspectos, como que a medianoche, las tres canoas fueron soltadas a l agua. A poco de navegar, la canoa del contramaestre Baltz y el marino Kantow, se separaron de las otras dos, debido a la fuerza del mar. Después de media hora de navegación, los comandos llegaron a las redes exteriores, pero las flanquearon sin dificultad, por una abertura. Fue demasiado fácil. Esto puso en alerta a los hombres del equipo, teniendo la sensación que se dirigían a una emboscada.

A las 00:45, la canoa de Baltz y Kantow llegaba a unos 200 metros antes de entrar al puerto. Se dirigieron a tierra para descansar y ver como realizar el ataque. Al estar en tierra vieron como otra de las canoas del equipo entraba directamente en el puerto. Entonces estalló un violento tiroteo, corto pero muy violento.

En ese punto estos comandos se dieron cuenta que habían sido descubiertos y que nada podían hacer por sus compañeros. Esperaron escondidos 50 minutos, y decidieron probar entrar al puerto.

Volvieron a la canoa, cubrieron los remos con tela, para reducir el ruido al mínimo, y embarcaron. Avanzaron lentamente hasta el puente de hierro de entrada al puerto.

Casi llegando al puente, un perro empezó a ladrarles, Kantow lo eliminó, usando una pistola con silenciador. Continuaron avanzando, y nadie los descubrió.

Entonces vieron la figura de un vapor anclado en el muelle. Era el navío que debían hundir, con el fin de obstruir la entrada. Era un buque de unas 3.000 toneladas y estaba separado del muelle unos dos metros, espacio por donde entraron los comandos, y pudieron actuar sin ser descubiertos.

Sacaron las cargas explosivas, ajustaron los disparadores a una hora y media, y mediante una percha, las colocaron bajo la línea de flotación, pegadas con una ventosas al casco del buque, operación que duró cerca de quince minutos. Con toda prudencia empezaron a remar y salieron del puerto sin inconvenientes. Nunca más supieron de las otras dos canoas.

Llegaron al lugar de reunión bastante atrasados, por suerte por insistencia del teniente Walters, el plazo de tres horas de espera de las lanchas se había pospuesto varias veces. Distinguieron a las lanchas y lanzaron la señal convenida, azul-azul, emitida con una linterna de mano. Los comandos fueron recogidos, siendo Baltz y Kantow, los únicos que regresaran de Zara, los otros cuatro se habían perdido.

De regreso las lanchas debían recoger al grupo del contramaestre Werner, al cual en vano habían esperado el día anterior.

Antes de llegar a las cercanías de Isto, se toparon con varias lanchas británicas, que se dirigían hacia la bahía septentrional ( lugar de desembarco de los comandos ), para atacar una "flota de desembarco", que no sabían que en realidad se componía de cuatro canoas. El combate no duró mucho tiempo. Los alemanes se escabulleron hacia el norte sin persecución.

Cuando arrancaban, Walters vio con mucha satisfacción las explosiones en Isto causadas por los hombres de Werner.

Aún cuando el horario de la cita había transcurrido, y que el alba estaba por llegar, Walters insistió en buscar a sus hombres, aunque sea con una lancha, y a riesgo de que les sorprendiera la luz del día y pudieran ser descubiertos por los aliados.

Los ocho comandos de Isto, creyeron estar soñando cuando una lancha alemana llegaba a unos treinta metros de la roca, indicaron la señal convenida, y desde la lancha puso en el agua un bote inflable, que los recogía minutos más tarde.

Los aliados tomaron represalias bombardeando durante horas Pola. Los hombres del MEK-71, sufrieron sensibles pérdidas, cuando trataban de salvar el material entre oleadas de aviones.

La unidad, después del bombardeo, reuniendo lo que pudieron salvar, cambió su base a la isla de Brioni, frente a Pola, y durante seis meses continuaron este romanesco tipo de combate por todo el Adriático.


11.- La Unidad K contra los Soviets :

En Diciembre de 1944, los soviéticos habían afianzado un gran número de cabezas de puente en la orilla occidental del Vístula, de las cuales dos eran de gran importancia, la de Baranov y la de Pulavy. La primera se extendía 75 kilómetros a lo largo del río y tenía 40 kilómetros de amplitud. Reconocimientos aéreos indicaban que los rusos cada día llevaban más material y armamento pesado a través de puentes de pontones.

Se pensó entonces que podía ser destruido por combatientes individuales de la Marina, que ya habían destruido varios puentes de pontones en el frente occidental. El almirante Doenitz transmitió la orden al Estado Mayor de la Unidad K, la que empezó a preparar la operación con su acostumbrada minuciosidad.

El estudio indicó que era imposible realizar la operación con nadadores de combate, ya que aun los más resistentes eran incapaces de nadar los 75 kilómetros del recorrido y, por otra parte existían más de 30 puentes por destruir. Esta operación sólo se podía llevara a cabo con lanchas explosivas. El plan de ataque consistía en mandar en bloque, varias flotillas de Lentillas, haciendo chocar dos embarcaciones cargadas con 400 kilos de explosivo en cada puente.



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Pontoneros soviéticos tendiendo un puente portátil durante el avance ruso.



Se reunieron 90 lanchas y se les reunió con la mayor discreción posible en las orillas del Vístula esperando el momento de entrar en acción.

A principios de diciembre todo se encontró listo; las Lentillas estaban preparadas y los tripulantes prestos para entrar en acción, en el minuto que se diera la orden. Los mandos de la Unidad K, querían empezar cuanto antes, ya que los rusos podían descubrir el secreto por alguna indiscreción y, lo que era más importante, el invierno amenazaba con declararse de un día a otro. Si en el Vístula llegaban a formarse trozos de hielo, las lanchas no podrían operar.

Durante la noche del 13 al 14 de Diciembre una pequeña capa de hielo cubrió el río. A la mañana siguiente, el capitán de corbeta Hermann Ludke, director de operaciones de la Unidad K en este sector del frente, corrió a señalar este hecho inquietante a una conferencia que se llevaba a cabo en el cuartel general del grupo de ejércitos A, en Cracovia.

Un general le indicó que un río como el Vístula necesitaba varias semanas para formar trozos de hielo, aun en las condiciones más frías.

Ludke indicó que las estadísticas, establecidas desde hace 40 años, el Vístula empieza a helarse el 14 de Diciembre, o sea, el día de hoy, y pidió la orden de entrar en acción lo antes posible.

Pero los generales se obstinaron, e indicaron que se debía emprender la destrucción de los puentes cuando el enemigo se prestara a iniciar su ofensiva, de manera que se asestara un golpe decisivo a sus abastecimientos.

El capitán se dio por vencido, le era imposible insistir con sus razones frente a tantos generales.

Ya llegado el 17 de Diciembre, Ludke se vio obligado a solicitar el permiso de operación al Estado Mayor de la Unidad K, pues las condiciones empeoraban día a día, y él no podía cargar con toda la responsabilidad.

El Estado Mayor le contestó que debía actuar única y exclusivamente si las probabilidades de éxito eran lo suficientemente grandes. Debía asegurarse además de la existencia de barreras de hielo frente a los puentes.

El capitán Ludke solicitó un reconocimiento aéreo. El primer avión regresó sin haber cumplido su misión. Al día siguiente salió un segundo avión, mientras el general Oberst Harpe, decidió que la operación de la Unidad K debería efectuarse la noche del 19. La ofensiva rusa, tal como lo demostraba la experiencia, sólo se iniciaría cuando la tierra se hubiese congelado lo bastante como para permitir el paso de los tanques pesados; pero entonces el Vístula irremediablemente bloqueado por los hielos, por lo que la orden fue dada.

Cerca de las 15 horas del 18 de Diciembre, los hombres de la Unidad K estaban ya botando sus embarcaciones al río, cuando la orden de ejecución fue anulada.

El avión de reconocimiento había regresado poco después del medio día, y cuando se vieron las fotografías, todas las dudas desaparecieron. Frente a los dos primeros puentes, grandes barreras de hielo obstruían el río.

La formación de estas barreras, se debía al hecho de que los rusos habían construido frente a los puentes empalizadas de madera para protegerlos contra las minas sueltas. El hielo formado en el río los días anteriores se había acumulado en las empalizadas, hasta transformarlas en verdaderas barreras.

Los hombres de la Unidad k, decepcionados, volvieron a cargar las Lentillas en los camiones y regresaron a Alemania. Semanas más tarde, en Enero de 1945, los rusos comenzaron la ofensiva, partiendo desde la cabeza de puente de Baranov. Las divisiones rojas atravesaron Polonia, entraron en Alemania y no pararon hasta llegar a las orillas del Oder.

Mientras esto ocurría, debido al avance aliado en Italia, la "Escuela-Comando 700" de nadadores de combate había abandonado Valdagno, en Italia, para instalarse en List, en la extremidad septentrional de la isla de Sylt, en el mar del Norte, empezando su adiestramiento en agua helada. El clima era más rudo, y por ello sus trajes de natación fueron reforzados con una especie de colchonetas interiores de hule-espuma.

El 25 de Febrero de 1945, el subteniente Fred Keller preguntó a los dieciséis hombres de la Unidad K de List, si aceptarían acompañarlo al frente oriental, con la misión de destruirlos puentes utilizados por los rusos para el abastecimiento de sus tropas. La misma noche, el "grupo de nadadores de combate del este" recientemente organizado, salió para Berlín y de allí se les envió a las márgenes del río Oder.

Un ataque iniciado contra los puentes de Vogelsang fracasó por las mismas razones ocurridas en Nímega. Los nadadores tropezaron con un banco de arena y no lograron sacar los proyectiles atascados en él. Sin embargo, dichos puentes fueron atacados de nuevo y destruidos por una flotilla de Lentillas. En cuanto a los nadadores, éstos fueron enviados más al norte, para llevar a cabo otras operaciones. Se instalaron en el balneario de Ahlbeck, en la isla de Usedom, en el Báltico. Desde esta base llevaron a cabo, en los meses de Marzo y Abril de 1945, varios ataques destruyendo cinco puentes, dos en Settin y tres en la isla de Wollin, en la costa pomeránica.

Los rusos habían logrado establecer sus posiciones en la costa de Pomerania, cuando las tropas alemanas todavía se mantenían en la isla de Wollin. En el brazo de mar que separaba los dos frentes, permanecieron intactos varios puentes, por cuya posesión, ambos bandos habían entablado batallas muy encarnizadas. Se solicitó a los hombres de la Unidad k destruirlos.

A principios de Abril, el subteniente Keller, acudió al lugar de las operaciones y se presentó ante el oficial al mando. Con sorpresa vio que este oficial había sido superior suyo, cuando era comandante de una escuela de defensa antiaérea, y con el cual tenía buenas relaciones. Este oficial se sorprendió mucho cuando Keller le propuso destruir durante el transcurso de esa misma noche el puente que tantos dolores de cabeza le estaba causando. El oficial juzgó que la empresa era imposible o, por lo menos, un suicidio de parte de los que quisieran emprenderla. Le dijo que si lo lograban, podrían pedirle lo que quisieran. Inmediatamente Keller empezó a discutir con él los detalles de la operación.

Este contacto con el ejército era necesario, para que los nadadores no fueran confundidos con saboteadores enemigos. Además, los soldados de infantería de las líneas avanzadas debían estar sobre aviso para ayudar a los nadadores a salir del agua una vez realizada la operación. La otra orilla se encontraba apenas a unos doscientos metros y los rusos la custodiaban celosamente.



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Hombre rana antes de sumergirse.



Después de la medianoche los nadadores entraron al agua a la altura de la parte superior de la isla y se dejaron llevar por la corriente, remolcando minas torpedo. Todo se desarrolló a la perfección, alcanzaron el pilar seleccionado, hundieron las minas torpedo y pusieron el mecanismo de detonación en acción. Fue todo tan fácil, que se inspiró en los comandos una confianza un poco imprudente, al punto que salieron del agua en las cercanías del objetivo. De haber nadado más lejos, la salida habría sido sin ningún incidente. Pero allí cerca del puente, el enemigo estaba al acecho.

En cuanto empezaron a subir por entre unos matorrales, se elevó desde las líneas rusas una bomba luminosa. Acto seguido, estalló un violento tiroteo, que obligó a los nadadores hechar cuerpo a tierra sobre el barro. Este tiroteo terminó en pocos minutos. Salieron arrastrándose por la zona peligrosa y se dirigieron tal como se encontraban al puesto de mando.

En el puesto de mando también habían oído el tiroteo, y pensaron que, como lo habían previsto, los nadadores no habían podido alcanzar el puente, y habían pagado la tentativa con la vida. Cuando entraron al recinto, embutidos en su extraño traje, con la cara y las manos ennegrecidas, causaron cierta sensación y todos empuñaron sus armas. Keller anunció al comandante que la misión estaba cumplida y que el puente saltaría a las 04:17 horas.

Ya que ellos mismos habían ajustado los detonadores, le era posible a Keller anunciar con sólo un segundo de error, la hora de explosión.

El comandante contempló a Keller, asombrado, sin poder hablar. Estaba muy contento de verlos sanos y salvo, pero también estaba escéptico en cuanto a la seguridad de la hora de la explosión. El comandante miró su reloj y esperó. La detonación se oyó a las 04:17 exactamente, y el puente se vino abajo.

Al día siguiente, los hombres de la unidad inspeccionaron la isla y rápidamente supieron lo que había de "pedirse al comandante" conforme a su promesa, un auto de turismo, una motocicleta y dos fantásticos colchones.


Fuentes de esta tercera parte de la Unidad K :

La Swastica en el Mar ( Cajus Bekker )
Los Hombres Rana ( Cajus Bekker )
Armas Secretas Alemanas ( Brian Ford )
Submarinos Enanos ( James Gleason & Tom Waldron )


Saludos.