Publicado: Vie Oct 14, 2011 10:15 am
La decadencia británica como primera potencia mundial era un hecho desde ¿1900? Otra cosa que los ingleses no quisiesen verlo. Los indicadores económicos y sociales eran claros. La población “europea” británica era la mitad de la norteamericana en 1910 (a pesar de incluirse Irlanda) y dos tercios de la alemana. Sólo podía mantener su puesto gracias a los “dominios” (especialmente Canadá y Australia). Es importante tener en cuenta que esos “dominios” contribuían menos, proporcionalmente, que el Reino Unido original (por ejemplo, el reclutamiento obligatorio no se implantó en Irlanda hasta 1918).
Los indicadores económicos eran peores. En 1870 Inglaterra producía el 47% del hierro mundial (ese dato era un buen indicador de la actividad industrial en conjunto al menso hasta los cincuenta) pero en 1913, apenas el 15%. La producción alemana casi duplicaba a la británica y la norteamericana, la triplicaba. Parecido con el PIB, en 1870 el británico era algo superior al británico o al norteamericano, en 1913 ambos lo superaban. Los indicadores sociales, lo mismo, con el agravante de ser la sociedad inglesa mucho más clasista (y con menor movilidad social) que la norteamericana. En los años veinte y treinta USA sustituyó a Europa como potencia investigadora mundial.
Se mirase como se mirase, pintaban bastos. A Inglaterra le iba a resultar imposible mantener el Two Power Standard, y tampoco iba a poder seguir siendo el árbitro de la política mundial. En la Gran Guerra se demostró que una coalición en la que entrase el Reino Unido no iba a ser indefectiblemente victoriosa, y si ganaron en 1918 fue por los pelos y gracias a la intervención norteamericana.
Es decir, a lo más que podía aspirar Inglaterra es a ser una potencia local. La ventaja era que un enfrentamiento con Estados Unidos era muy improbable. Pero ante una coalición (por ejemplo, Alemania, Inglaterra e Italia) podría encontrarse en paridad o desventaja.
Un problema concreto de Inglaterra era el de sus intereses mundiales. Estados Unidos necesitaba dos flotas (Atlántico y Pacífico) pero no tenía apenas colonias distantes (salvo Filipinas, Hawai y Samoa). Los intereses japoneses se circunscribían al Pacífico Occidental, por lo que su flota, aunque fuese inferior, tendría superioridad local. Pero Inglaterra tenía colonias en medio mundo, e intereses en el resto. Necesitaba mantener una presencia fuerte en el Atlántico (con posibles amenazas en varios frentes), en el Pacífico y el Índico, en el Mediterráneo, etcétera. Podía ocurrir que en un conflicto generalizado marinas de tercera (como la argentina) tuviesen superioridad local. Ni siquiera estaba garantizada la supremacía en el (hasta entonces) crucial Mediterráneo.
Por eso Inglaterra necesitaba muchos barcos, aunque fuesen pequeños, para poder mantener su presencia en todas partes. Hasta 1918 se pudo hacer con buques anticuados (cruceros acorazados y predreadnoughts) pero esos barcos fueron desguazados inmediatamente tras la guerra. De hecho, Inglaterra fue a la conferencia de Washington para conseguir detener la carrera naval y mantener la seguridad de bases como Singapur, pero no tenía interés especial en establecer limitaciones draconianas.
Por el contrario, para todas las demás marinas lo conveniente era pocos barcos y muy grandes. Para Japón y Estados Unidos, enfrentados a las distancias del Pacífico y sin una red de bases como la inglesa, el tamaño implicaba autonomía. Para todas las demás (y para Japón y USA también) menos barcos implicaba menor presencia inglesa.
Otro problema era que Inglaterra, metida en la guerra, apenas había construido acorazados desde 1914. Tenía buques muy potentes (los armados con cañones de 381 mm) pero anticuados. USA y Japón habían podido construir barcos en ese periodo, habían conseguido casi la paridad con Inglaterra en barcos modernos. Lo que no tenían era la pléyade de barcos más antiguos que permitían mantener la presencia naval en áreas distantes (los acorazados viejos como los Orion hubiese sido una buena elección para ello) y por tanto, no les interesaba mantenerla.
Por eso el tratado de Washington fue un desastre sin paliativos para la marina británica, que no pudo mantener en servicio todos esos barcos “viejos” (que tenían menos de quince años de servicio cuando se retiraron). De los que conservó, cinco eran deficientes (los clase ‘R’, que apenas serían modernizados), había dos cruceros de batalla de valor militar dudoso (los Renown que se pegaron toda su carrera en obras de modernización), incluso los Queen Elizabeth estaban bastante “cascados”. Los diez buques más modernos de la flota norteamericana superaban ampliamente a lso diez más modernos ingleses.
Esta derrota se debió en parte a la ruptura por parte norteamericana de las claves diplomáticas de otras potencias. Aunque Japón se vio perjudicada, lo fue en detalle (un acorazado más o menos), pero en la política general el pagano fue Inglaterra. Peor era que Inglaterra no fue con ideas claras a esas negociaciones.
En este escenario se plantean, hasta ahora, cuatro diferencias:
- La inicial: la Royal Navy aprecia el valor de los portaaviones, tras un hecho fortuito en Jutlandia (el HMS Campania recibe las órdenes de salir al mar, no como en la realidad que se retrasaron unas horas).
- La consecuencia: los años veinte fueron de accidentes, y los ingleses los sufrieron, pero después del tratado. En este escenario uno de los portaaviones experimentales sufre un accidente, similar a los que se produjeron años después, lo que lleva a los ingleses a hacer pruebas exhaustivas (mayores de lo que lo fueron en realidad).
- Beatty se deja aconsejar y prepara las negociaciones de Washington, porque a la luz de las pruebas anteriores ve que sus barcos están obsoletos. Muchos cambios no podía imponer, pero algo sí.
- Tras el cambio en las negociaciones, Inglaterra sospecha de los norteamericanos. Es llamativo que tras los éxitos de sus gabinetes criptográficos, los dispersase tras la guerra.
Son muchos cambios, pero trae el primero, puede pasar lo de la mariposa (una mariposa batiendo sus alas en un océano produce un huracán en otro: es el tópico clásico de la teoría del caos, y muy usado en la “historia alternativa”). Los cambios están encadenados, podrían haber sido así… o no. Pero sin todos ellos es difícil imaginar una RN diferente, salvo en algún portaaviones más.
Saludos
Los indicadores económicos eran peores. En 1870 Inglaterra producía el 47% del hierro mundial (ese dato era un buen indicador de la actividad industrial en conjunto al menso hasta los cincuenta) pero en 1913, apenas el 15%. La producción alemana casi duplicaba a la británica y la norteamericana, la triplicaba. Parecido con el PIB, en 1870 el británico era algo superior al británico o al norteamericano, en 1913 ambos lo superaban. Los indicadores sociales, lo mismo, con el agravante de ser la sociedad inglesa mucho más clasista (y con menor movilidad social) que la norteamericana. En los años veinte y treinta USA sustituyó a Europa como potencia investigadora mundial.
Se mirase como se mirase, pintaban bastos. A Inglaterra le iba a resultar imposible mantener el Two Power Standard, y tampoco iba a poder seguir siendo el árbitro de la política mundial. En la Gran Guerra se demostró que una coalición en la que entrase el Reino Unido no iba a ser indefectiblemente victoriosa, y si ganaron en 1918 fue por los pelos y gracias a la intervención norteamericana.
Es decir, a lo más que podía aspirar Inglaterra es a ser una potencia local. La ventaja era que un enfrentamiento con Estados Unidos era muy improbable. Pero ante una coalición (por ejemplo, Alemania, Inglaterra e Italia) podría encontrarse en paridad o desventaja.
Un problema concreto de Inglaterra era el de sus intereses mundiales. Estados Unidos necesitaba dos flotas (Atlántico y Pacífico) pero no tenía apenas colonias distantes (salvo Filipinas, Hawai y Samoa). Los intereses japoneses se circunscribían al Pacífico Occidental, por lo que su flota, aunque fuese inferior, tendría superioridad local. Pero Inglaterra tenía colonias en medio mundo, e intereses en el resto. Necesitaba mantener una presencia fuerte en el Atlántico (con posibles amenazas en varios frentes), en el Pacífico y el Índico, en el Mediterráneo, etcétera. Podía ocurrir que en un conflicto generalizado marinas de tercera (como la argentina) tuviesen superioridad local. Ni siquiera estaba garantizada la supremacía en el (hasta entonces) crucial Mediterráneo.
Por eso Inglaterra necesitaba muchos barcos, aunque fuesen pequeños, para poder mantener su presencia en todas partes. Hasta 1918 se pudo hacer con buques anticuados (cruceros acorazados y predreadnoughts) pero esos barcos fueron desguazados inmediatamente tras la guerra. De hecho, Inglaterra fue a la conferencia de Washington para conseguir detener la carrera naval y mantener la seguridad de bases como Singapur, pero no tenía interés especial en establecer limitaciones draconianas.
Por el contrario, para todas las demás marinas lo conveniente era pocos barcos y muy grandes. Para Japón y Estados Unidos, enfrentados a las distancias del Pacífico y sin una red de bases como la inglesa, el tamaño implicaba autonomía. Para todas las demás (y para Japón y USA también) menos barcos implicaba menor presencia inglesa.
Otro problema era que Inglaterra, metida en la guerra, apenas había construido acorazados desde 1914. Tenía buques muy potentes (los armados con cañones de 381 mm) pero anticuados. USA y Japón habían podido construir barcos en ese periodo, habían conseguido casi la paridad con Inglaterra en barcos modernos. Lo que no tenían era la pléyade de barcos más antiguos que permitían mantener la presencia naval en áreas distantes (los acorazados viejos como los Orion hubiese sido una buena elección para ello) y por tanto, no les interesaba mantenerla.
Por eso el tratado de Washington fue un desastre sin paliativos para la marina británica, que no pudo mantener en servicio todos esos barcos “viejos” (que tenían menos de quince años de servicio cuando se retiraron). De los que conservó, cinco eran deficientes (los clase ‘R’, que apenas serían modernizados), había dos cruceros de batalla de valor militar dudoso (los Renown que se pegaron toda su carrera en obras de modernización), incluso los Queen Elizabeth estaban bastante “cascados”. Los diez buques más modernos de la flota norteamericana superaban ampliamente a lso diez más modernos ingleses.
Esta derrota se debió en parte a la ruptura por parte norteamericana de las claves diplomáticas de otras potencias. Aunque Japón se vio perjudicada, lo fue en detalle (un acorazado más o menos), pero en la política general el pagano fue Inglaterra. Peor era que Inglaterra no fue con ideas claras a esas negociaciones.
En este escenario se plantean, hasta ahora, cuatro diferencias:
- La inicial: la Royal Navy aprecia el valor de los portaaviones, tras un hecho fortuito en Jutlandia (el HMS Campania recibe las órdenes de salir al mar, no como en la realidad que se retrasaron unas horas).
- La consecuencia: los años veinte fueron de accidentes, y los ingleses los sufrieron, pero después del tratado. En este escenario uno de los portaaviones experimentales sufre un accidente, similar a los que se produjeron años después, lo que lleva a los ingleses a hacer pruebas exhaustivas (mayores de lo que lo fueron en realidad).
- Beatty se deja aconsejar y prepara las negociaciones de Washington, porque a la luz de las pruebas anteriores ve que sus barcos están obsoletos. Muchos cambios no podía imponer, pero algo sí.
- Tras el cambio en las negociaciones, Inglaterra sospecha de los norteamericanos. Es llamativo que tras los éxitos de sus gabinetes criptográficos, los dispersase tras la guerra.
Son muchos cambios, pero trae el primero, puede pasar lo de la mariposa (una mariposa batiendo sus alas en un océano produce un huracán en otro: es el tópico clásico de la teoría del caos, y muy usado en la “historia alternativa”). Los cambios están encadenados, podrían haber sido así… o no. Pero sin todos ellos es difícil imaginar una RN diferente, salvo en algún portaaviones más.
Saludos