Publicado: Lun Oct 10, 2011 2:51 pm
por Domper
En el mensaje anterior proponía un curso de la Gran Guerra ligeramente diferente: el Campania puede participar en Jutlandia pero, aunque sus hidros detectan la aproximación de los acorazados de Scheer, problemas con las comunicaciones impiden que Beatty y Jellicoe obtengan provecho. Además el Campania resulta un incordio al tener que detenerse para recoger sus hidros, o que implica tener que escoltarlo. Por ello Jellicoe recomienda la conversión rápida de un barco en un portaaviones que pueda operar con la flota.

Un barco capturado y que había sido usado como señuelo (se le había colocado una falsa superestructura para simular un acorazado) es convertido. Se desmontan las superestructuras, se coloca una cubierta de vuelo completa y una bodega se transforma en un rudimentario hangar. El HMS Princess opera con la Grand Fleet en el combate de Heligoland, donde derriba un Zeppelin y ataca a un acorazado. En los meses siguientes derriba otros dos dirigibles. Pero a alguien se le ocurre destinarlo a la caza de submarinos, lo que sería fatal: sería hundido en Marzo de 1918. Pero entonces ya estaban en construcción o reforma nueve buques.

En el verano de 1918 son entregadas tres unidades: las conversiones de los transatlánticos Conte Rosso, Calgarian y Altsatia, como HMS Argus, Geryon y Talos (ters gigantes mitológicos). En Octubre aviones de los dos primeros atacan con éxito bases de dirigibles en la costa alemana.

Mientras, se ha creado la Royal Air Force. Esta debe absorber a los servicios del ejército y de la marina. Pero ahora la marina dispone de un contingente importante, y ha operado con portaaviones ¿qué puede ocurrir?

1919. Accidente.

Tras la ordalía de la Gran Guerra se intenta reconstruir una economía de paz. Son licenciados millones de soldados. Montañas de equipo sobrante son desguazadas, almacenadas, o vendidas a bajo coste.

La Royal Navy se enfrenta a un gran recorte. Cientos de buques viejos son retirados: acorazados antiguos, cañoneros, monitores. Se detiene o se ralentiza la mayor parte de las obras en curso: apenas se mantienen las obras del Hood, de los cruceros clase Hawkins y de la última serie de los ‘C’. Pero entre los buques que se mantienen en servicio están tres flamantes portaaviones.

Compitiendo por el escaso presupuesto, la RAF sigue con su política de absorber todo lo que vuela. Al personal de vuelo naval se le ofrecen dos opciones: integrarse en la nueva RAF, o seguir con su carrera naval. Casi unánimemente los pilotos prefieren seguir en la Royal Navy. Los portaaviones se quedan vacíos.

La RAF envía a los buques a la última promoción de pilotos, pues los veteranos no quieren saber nada del agua salada.

El 21 de Septiembre uno de los pilotos procedentes de la RAF se estrella al intentar apontar en el HMS Geryon. Se desencadena un gran incendio que se comunica al hangar. El buque se llena de gases tóxicos y el acceso al hangar resulta imposible. Finalmente el barco es abandonado y se hunde en aguas someras. Perecen 117 miembros de la dotación. Aunque el buque es reflotado, se considera una pérdida constructiva total y es desguazado.

Tras la pérdida de los HMS Princess y HMS Geryon la RAF propone que sea disuelta la sección naval, y que se desguace los otros dos portaaviones. Hugh Trenchard dice “no entreno pilotos para que se ahoguen” y disuelve el servicio aéreo naval. Los dos portaaviones supervivientes se quedan sin pilotos.

1920. La revuelta de los almirantes.

La creación de la RAF ya había creado malestar en la RN, pero las nuevas noticias tienen un efecto explosivo. Beatty, Primer Lord del Mar, sólo manifiesta su disconformidad en privado, pero los almirantes Browning y Madden solicitan el retiro, y envían cartas incendiarias al Times, y la polémica llega a la calle.

Finalmente Lloyd George zanja la cuestión. Crea una comisión parlamentaria dirigida por Lord Balfour que estudia los casos y emite unas recomendaciones que se publican en Octubre de 1920:

- La pérdida del Princess y del Geryon se debieron a la inexperiencia y a un deficiente control de daños.

- Los portaaviones demostraron ser útiles durante la guerra, y probablemente lo vuelvan a ser en siguientes conflictos.

- La RAF no está entrenada para las operaciones aeronavales.

- Se recomienda la reinstauración del servicio aéreo naval, la Fleet Air Arm (FAA). La FAA incluirá la aviación embarcada en portaaviones, las aeronaves de otros buques de guerra, y la fuerza precisa para la protección de sus bases y el reconocimiento naval. Su mantenimiento correrá a cargo de los presupuestos de la marina.

- Se debe investigar el uso táctico de los portaaviones y el control de los daños.


Estos cambios están inspirados en hechos reales, pero ocurridos con posterioridad. Los accidentes en portaaviones fueron frecuentes durante la SGM y en años posteriores, e incluso se perdió un portaaviones, el HMS Dasher, al estrellarse un Swordfish.

El Geryon, antiguo Calgarian era un peligro: se trataba de un buque de pasaje convertido a toda prisa. Carecía de compartimentación adecuada, y sus sistemas de seguridad interior eran primitivos. Peor aún, al tratarse de un buque con una borda muy alta, el hangar es interior. Eso teóricamente lo resguarda, pero en la práctica resultó muy peligroso, los incendios en un hangar cerrado son muy difíciles de atajar y producen deformaciones en el casco.

Sobre las relaciones con la RAF, en la realidad en Diciembre de 1919 Trenchard y Beatty tuvieron una reunión bastante tensa, en la que el primero “toreó” al segundo. Finalmente varias comisiones acabaron dando la razón a la RAF, pero sólo por el argumento económico. En este escenario, sin embargo, los portaaviones ya habían jugado un papel menor, y la RN aprecia su utilidad.

En esto entra la “revuelta de los almirantes”. Realmente ocurrió al final de los cuarenta cuando la USAF pretendió hacer algo parecido. Llevó a la anulación del portaaviones United States y al retiro de varios altos mandos (entre ellos el contraalmirante Gallery) pero la US Navy consiguió conservar sus portaaviones y el papel estratégico. La Royal Navy tenía aun mayor predicamento que la norteamericana, y probablemente conseguiría su objetivo.

Pero no olvidemos que todo esto tiene espectadores. Las marinas del mundo han visto como se han perdido dos portaaviones en poco tiempo. También han visto como el asunto ha acabado con varias prometedoras carreras. Supongamos que Japón y por tanto USA seguirían con lo suyo (la US Navy ya tuvo líos con Mitchell) pero probablemente Italia y tal vez Francia renunciasen a los portaaviones.

Seguirá