Publicado: Mié Sep 23, 2009 12:29 am
por Domper
Todo este asunto del Bomber Command me parece a la vez tenebroso, repugnante y triste. Tenebroso y repugnante es evidente la razón, Triste es porque Harris probablemente contribuyó a retrasar la derrota alemana.

Pero una cuestión eran las intenciones homicidas de Harris y otra cosa la precisión del Bomber Command. Y me explico.

Una cosa es “bombardeo de área” (repugnante) y otra que no requiera precisión. Los ingleses (Harris) estudió una y otra vez como magnificar los efectos de los bombardeos sobre las ciudades y los civiles alemanes. Pronto se descubrió que el fuego causaba daños mucho mayores que los explosivos, y que los incendios aislados eran mucho menos efectivos que las “tormentas de fuego”, que además eran terríblemente letales para la población.

Pero las tormentas de fuego no se producían así como así. Se necesitaban la coincidencia de varias causas, algunas relacionadas con el blanco (las ciudades antiguas de calles estrechas eran vulnerables, las ciudades modernas de calles anchas como Berlín eran mucho menos vulnerables), otras con el tiempo atmosférico, y otras, con los bombardeos.

Para causar una tormenta de fuego era necesario que las bombas explosivas destruyesen parcialmente los blancos (volando los tejados, rompiendo puertas y ventanas, derribando fachadas), que se cortasen las fuentes de agua, y que luego las bombas incendiarias (se probaron diferentes tipos en distintas ciudades para ver la efectividad de cada una) cayesen lo más agrupadas posible, tanto en el tiempo como en el espacio.

Era porque si una casa con el tejado entero recibía un par de bombas, era probable que los equipos de defensa civil (los mismos vecinos) apagasen las bombas, y que donde no se lograse se causasen incendios aislados relativamente fáciles de controlar. Pero si en un edificio dañado, con los moradores muertos (los de los pisos altos) o refugiados en el sótano, recibía una docena de bombas, y lo mismo el de al lado, y el de al lado, y el... se creasen incendios incontrolables que se unían unos a otros y causaban la horrorosa tormenta de fuego. Prueba de lo difícil de conseguir es que hubiese menos de una veintena de tormentas de fuego.

Un elemento clave para la “tormenta de fuego” era pues la precisión. Si los bombarderos dejaban caer las bombas repartidas por una ciudad causaban daños importantes, pero pocas víctimas (muchas veces menos que las dotaciones perdidas). Si se concentraban aunque no hubiese tormenta de fuego los daños se multipllicaban.

Para conseguir dicha precisión se modificaron las técnicas de los Pathfinders. La idea era que las ayudas electrónicas permitían situar un Mosquito sobre el blanco. Al principio se usaba una versión de bombardeo, pero se comenzó a sustituir por cazabombarderos, que identificaban el blanco a la luz de la luna o con bengalas, y lo “marcaba” con la primera bomba. Luego otros Mosquito mantenían la “marca” con bengalas especiales, y luego los Lancaster del grupo de Pathfinder iniciaban el ataque. Posteriormente el Master Bomber iba dirigiendo los bombarderos a medida que llegaban: con bengalas de diferentes colores “anulaban” algunos blancos, o dirigían los bombardeos hacia otros puntos. Los bombarderos adema´s tenían instrucciones no de atacar directamente a la marca, sino de sobrevolarla en determinado rumbo (se repartían en abanico) y lanzar sus bombas a cierta distancia: tampoco interesaba que todas las bombas cayesen en el mismo punto, entonces el objetivo sería “sobrebombardeado” y la misma destrucción impediría el incendio (ardía mejor una casa en pie con la fachada caída que un montó de escombros).

En los ataques en los que se podía identificar el blanco visualmente, es decir, con cielo despejado y luna llena, la precisión era muy superior: un 50% de la fuerza lanzaba sus bombas a menos de 250 m del blanco.

Por desgracia (o por suerte) estas condiciones no eran frecuentes: luna llena y buen tiempo había dos o tres noches al mes, y había blancos que debían ser atacados mediante ataques de precisión, por lo que esos ataques “precisos” pocas veces podían dirigirse contra ciudades. Aun así las noches con buenas condiciones por cada misión contra un blanco “de precisión” había una o dos más contra ciudades.

Y cuando las condiciones eran malas, por el tiempo o por el humo (típico del Rur) era preciso bombardear a ciegas, mediante sistemas electrónicos y lanzando las bombas por encima de las nubes. La concentración disminuía y la precisión se iba a la porra, no era raro que en lugar de atacarse el objetivo (el centro urbano) las bombas cayesen en zonas residenciales nuevas, con casitas unifamiliares y con calles anchas, y hubiese pocos daños. O que cayesen sobre suburbios industriales, que tampoco se incendiaban.

A estas alturas estoy ya a punto de vomitar, pero hay que seguir.

No sólo eso, si el blanco estaba alejado los sistemas de navegación eran ineficientes (sistemas como el Gee tenían un alcance hasta el Rur) por lo cual aún era más difícil conseguir precisión. Además se enviaban un buen número de aviones (Mosquito) con bombas muy pesadas (2 Tn) a diferentes blancos (grandes ciudades) con idea de confundir a las defensas y sobre todo impedir la vida normal en esas ciudades, algunas recibieron miles de incursiones de este tipo. La precisión, obviamente, era ínfima, pero una bomba de este tipo solía causar mayor proporción de víctimas.

Lo triste es que Harris malgastó la precisión del Bomber Command. En 1944 era capaz de atacar blancos concretos, como los del “Plan del transporte” durante la preparación de la invasión, y causar daños mucho mayores que los bombarderos norteamericanos. Sobre las instalaciones petrolíferas se solían usar bombas explosivas (lo incendiario lo ponía el blanco) y estas eran más pesadas que las norteamericanas. Los efectos de esas bombas eran mucho más dañinos, y difíciles de reparar, mientras que contra esos blancos los ataques con bombas incendiarias eran menos efectivos (los daños se reparaban con relativa facilidad.

Pero Harris se empeñó en seguir atacando ciudades. La precisión de la que hacía gala el Bomber Command hizo que en el invierno 1944 – 1945 causase daños mucho mayores que previamente, pero de escasa repercusión militar. Salvo (y esto da aún más asco) porque la enorme destrucción hizo ver a los alemanes que la guerra estaba perdida, y les vacunó contra nuevas guerras. Pero esto es sólo una opinión, y este objetivo no justifica la animalada que fueron los “bombardeos de área”.

Saludos