Publicado: Mié Abr 30, 2008 11:56 am
por Domper
Normalmente se considera que lo "ético" hubiese sido abandonar el avión, no aterrizarlo. Probablemente el piloto hubiese podido ser encausado, aunque los tribunales norteamericanos fueron muy indulgentes al respecto al final de la guerra.

Un avión capturado, aunque no esté en condiciones de vuelo, puede ofrecer información muy interesante como, por ejemplo, frecuencias de radio, capacidad de carga, etcétera. A eso se añade el visor giroscópico Norden, considerado alto secreto (a lso B-25 de Doolittle se les desmontó).

Pero eso es juzgar muy alegremente. La presión que sufrían los tripulantes de los bombarderos era enorme. Su trabajo no era volar, se parecía más a conducir un autobús en medio de una refriega. En esa época la proporción de bajas podría rondar el 5 - 7% entre derribos, accidentes, y bajas en aviones que podían volver a su base. Las probabilidades de sobrevivir a un ciclo de 20 misiones eran una entre cinco, y todos los días se perdían tripulaciones. No es de extrañar que la moral fuese muy baja, que muchas misiones se abortasen por "averías", o que bastantes aparatos acabasen internados en Suecia o en Suiza en cuanto tenían unas pocas averías. Si eso no era más frecuente era porque las tripulaciones sabían que un avión que abandonase al formación era presa fácil.

Otro factor a considerar es que no es tan fácil abandonar un avión. Los tripulantes, sí (dependiendo de su puesto) aunque arrostrando un riesgo elevado de lesiones. Piloto y copiloto lo tenían muy difícil en un avión dañado, pues el autopiloto no bastaba para mantener al aparato en vuelo. Aparte que si los cazas que "escoltaban" al B-17 veían saltar a la tripulación, lo normal es que disparasen, pues los pilotos sabrían lo importante que era capturar un avión.

En esas circunstancias, la rendición no es como alabarla, pero no seré yo quien les censure.

Saludos