Publicado: Vie Feb 28, 2014 11:35 am
Pronto se hizo evidente que si el perro iba a ser útil en el combate, su guía tendría que ser un marine con aptitudes para el combate, y capaz de explorar y patrullar por su cuenta. El perro debía ser un medio, un instrumento que ayudase a aumentar su radio de percepción en el entorno.
Al mismo tiempo, se apreció que dadas las situaciones que podrían surgir durante la estancia en el Pacífico, un medio auxiliar de comunicación podría ser muy valioso y, en consecuencia, junto con los perros exploradores se entrenaron perros mensajeros.
El entrenamiento avanzado para perros exploradores comenzaba con el perro agarrado por una cadena fija a un poste o una pared, y con su entrenador al lado. Un extraño se acercaba de manera amenazante, a lo que el guía le decía "Mira a ver" o "ve". En cuanto el perro mostraba agresividad hacia el extraño, éste huía y el perro era premiado.
A medida que el entrenamiento avanzaba, la cadena del poste o la pared pasó a manos del guía, y de mostrar agresividad se pasó al ataque directo, primero en el campo de entrenamiento y luego en las propias selvas. Al final, cuando su guía le decía la "palabra mágica", fuera cual fuera, el perro siempre estaba alerta con el fin de descubrir al enemigo.
La forma de llamar la atención del guía eran diversas, como adoptar una pose estática en la dirección del enemigo, ponerse agresivo o, simplemente, tumbarse. Sea como fuere, el guía aprendía a "leer" dichas reacciones durante el entrenamiento.
Los perros mensajeros no tenían sólo un guía, sino dos. Fueron entrenados teniendo a uno de los guías alejado unos pocos metros, mientras que el otro guía, a continuación, ponía el mensaje a enviar en el collar del perro y le ordenaba "informar". El primer guía llamaba al perro y, cuando el compañero animal le daba el mensaje, éste era premiado. Gradualmente se aumentó la distancia entre los guías y el perro hasta que el primero estaba fuera de la vista.
Por último, el perro mensajero tendría que viajar varios kilómetros entre un guía y otro. Así, con esta forma de comunicación se podría establecer un enlace entre las patrullas o los puestos avanzados con el cuartel de mando.
Durante su entrenamiento, tanto el guía como el perro, ya fuera explorador o mensajero, fueron regularmente sometidos a fuego real, tanto de armas de mano como de calibres mucho más grandes, así como explosiones.
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Al mismo tiempo, se apreció que dadas las situaciones que podrían surgir durante la estancia en el Pacífico, un medio auxiliar de comunicación podría ser muy valioso y, en consecuencia, junto con los perros exploradores se entrenaron perros mensajeros.
El entrenamiento avanzado para perros exploradores comenzaba con el perro agarrado por una cadena fija a un poste o una pared, y con su entrenador al lado. Un extraño se acercaba de manera amenazante, a lo que el guía le decía "Mira a ver" o "ve". En cuanto el perro mostraba agresividad hacia el extraño, éste huía y el perro era premiado.
A medida que el entrenamiento avanzaba, la cadena del poste o la pared pasó a manos del guía, y de mostrar agresividad se pasó al ataque directo, primero en el campo de entrenamiento y luego en las propias selvas. Al final, cuando su guía le decía la "palabra mágica", fuera cual fuera, el perro siempre estaba alerta con el fin de descubrir al enemigo.
La forma de llamar la atención del guía eran diversas, como adoptar una pose estática en la dirección del enemigo, ponerse agresivo o, simplemente, tumbarse. Sea como fuere, el guía aprendía a "leer" dichas reacciones durante el entrenamiento.
Los perros mensajeros no tenían sólo un guía, sino dos. Fueron entrenados teniendo a uno de los guías alejado unos pocos metros, mientras que el otro guía, a continuación, ponía el mensaje a enviar en el collar del perro y le ordenaba "informar". El primer guía llamaba al perro y, cuando el compañero animal le daba el mensaje, éste era premiado. Gradualmente se aumentó la distancia entre los guías y el perro hasta que el primero estaba fuera de la vista.
Por último, el perro mensajero tendría que viajar varios kilómetros entre un guía y otro. Así, con esta forma de comunicación se podría establecer un enlace entre las patrullas o los puestos avanzados con el cuartel de mando.
Durante su entrenamiento, tanto el guía como el perro, ya fuera explorador o mensajero, fueron regularmente sometidos a fuego real, tanto de armas de mano como de calibres mucho más grandes, así como explosiones.
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