Publicado: Sab Nov 28, 2009 10:07 pm
Muchas gracias, Grognard por la amplia información que nos has dejado sobre el famoso mapa alemán que finalmente resultó ser muy poco alemán.
Volviendo al asunto inicial, la actuación de los Estados Unidos durante el periodo de preguerra, creo que deben ser tenidos en cuenta varios puntos que se derivan de la cronología que anteriormente detallé.
Por una parte, existe una clara diferencia entre la postura del gobierno norteamericano previa a 1940 y a partir de dicho año. Desde el inicio de la guerra en China, claramente iniciada por Japón mediante incidentes y provocaciones a medida, el gobierno estadounidense se limitó a contemplar el conflicto como una oportunidad más para sus industrias aeronáuticas y de armamento. Los únicos movimientos "oficiales" se limitaron a la extensión de las capacidades aeronavales norteamericanas en el Pacífico mediante la habilitación de bases, en principio civiles, en distintos archipiélagos, y a la realización de maniobras aeronavales en sus aguas. Es decir, no intervengo políticamente, saco tajada económica, y al mismo tiempo demuestro que mi capacidad militar debe tenerse en cuenta, no vaya a ser que... En ningún momento se produce una declaración oficial de Washington respecto de la actuación japonesa en China; ni un solo movimiento que pusiera de manifiesto la intención clara y sin paliativos del gobierno norteamericano respecto de la integridad territorial china. El enemigo real está en el este, no en el oeste.
Sin embargo, a partir de mediados de 1940, con Francia derrotada y Gran Bretaña al borde del abismo, la posición norteamericana se endurece, pero se endurece hacia Japón, no tanto hacia el III Reich. Se avisa a la industria aeronáutico-militar de lo inconveniente de mantener las relaciones comerciales con Japón (luego, industria privada, sí, pero sujeta a determinadas decisiones políticas), y se comienza a considerar la guerra contra Japón como un hecho perfectamente futurible, y también deseable de cara a una justificación de la guerra contra Alemania. Resulta curioso que mientras que Japón había venido comportándose como una versión oriental del Reich, Estados Unidos no había contemplado a Japón como una amenaza, mientras que a partir del cenit de las victorias alemanas en Europa, el gobierno estadounidense comienza a tener claro el peligro de una Alemania victoriosa en Europa, pero la cuerda siempre se tensa en dirección a Japón. ¿Por qué? La respuesta reside en la ya conocida oposición del pueblo norteamericano hacia una intervención en la guerra, pero en la guerra en Europa. El común ciudadano norteamericano aún tiene el recuerdo de Alemania como un enemigo en la PGM, mientras que Japón era un antiguo aliado. Ese ciudadano común no ve otra amenaza que la de la Alemania, en ningún momento piensa en Japón, y el aislacionismo siempre mira hacia Europa, no hacia el Pacífico. Es en Europa donde hay una guerra en la que las libertades pueden estar en juego, pero no es la guerra de los Estados Unidos, al menos no todavía. Las agresiones y atrocidades del Ejército Japonés en China no son para los ciudadanos estadounidenses más que el eco lejano de algo que sucede en el otro lado del mundo, y que poco o nada tiene que ver con algo que amenace sus libertades ni su seguridad.
Confome avanza el año 1941, continúa la escalada de tensión diplomática y política con Japón, siempre a base de movimientos muy calculados en el grado de provocación, nunca demostrando una postura definitiva y claramente hostil ni redactando ningún tipo de ultimatum. También es cierto que se producen incidentes con Alemania en el Atlántico, pero esos incidentes no dan nunca de si como para justificar una declaración de guerra a Alemania ante la opinión pública, y tal vez ni siquiera ante el Congreso, con un importántisimo número de congresistas aislacionistas. Los incidentes más conocidos, los del USS Kearney y el USS Greer, siempre pueden ser justificados por el gobierno alemán como fruto de un error, algo plausible dadas las circunstancias en que se desarrollaron los hechos. Por tanto, y ante la dificultad de llegar a un detonante claro y rotundo con Alemania, se continúa ejerciendo presión sobre Japón, pero siempre teniendo en cuenta que debe ser Japón el agresor, y en medida suficiente como para eliminar por completo cualquier voz opositora a la guerra en Washington.
Durante el mismo periodo, 1940-41, el gobierno estadounidense comienza una cada vez mayor política económica de rearme, en un principio utilizando fondos destinados al programa de New Deal, y posteriormente con la elaboración del Programa Victoria. Y no sólo se destina esa producción a los efectivos necesarios para una guerra aeronaval, lo lógico si sólo se tiene a Japón en el punto de mira, sino también terrestre, lo que sin género de dudas alcanza para el desarrollo de una guerra de tipo continental y no sólo en el hipotético escenario del Pacífico, como también demuestra la filtración de los detalles Programa Victoria el 4 de Diciembre de 1941. Y también debe tenerse en cuenta esa filtración como tal vez no sólo un hecho aislado producto de la indiscrección de alguien o de su confianza hacia la prensa. La filtración se produce sólo tres días antes del ataque japonés a Pearl Harbor, en los detalles expuestos figura la guerra con Japón como un elemento más del Programa. ¿No podría ser una última señal hacia los halcones del gobierno japonés para eliminar la última duda posible respecto de las intenciones de Estados Unidos? Es una hipótesis, y sólo así debe ser considerada, pero creo que no demasiado aventurada a la vista de la situación entre ambos paises en los últimos quince días previos a la guerra.
Por tanto, esa idílica imagen de los Estados Unidos viviendo en paz y despertándose en guerra la mañana del 7 de Diciembre de 1941 dista bastante de la realidad. Es posible, y tal vez absolutamente seguro, que para la inmensa mayoría de sus ciudadanos fue así, y desde luego que lo fue para las más de 2.000 víctimas del ataque japonés a Pearl Harbor, pero no para su gobierno. El gobierno norteamericano necesitaba un incidente que provocara su entrada en la guerra, y un incidente de tal calibre que barriera sin paliativos a la corriente aislacionista, en el Congreso, en la calle y en la prensa. Como es lógico, ese incidente nunca podría haber llegado del Atlántico, Hitler podía ser muchas cosas, pero no tan tonto como para caer en una provocación semejante (no hay que olvidar que él era un maestro de la provocación), por tanto la única manera de conseguir esa sobredosis de patriotismo que llenara las oficinas de reclutamiento era tensar hasta lo imposible la política para con Japón y esperar, como el propio Roosevelt comentó, que un día cometieran un error.
Resumiendo, ¿era Japón culpable de la guerra? Sí, lo era, pero no el único culpable. ¿Tenía justificación? No, del mismo modo que tampoco fue justificable la maquiavélica actuación del gobierno norteamericano para conseguir esa guerra. Washington tenía dos motivos para entrar en la guerra. Por una parte la preservación de su influencia internacional a nivel político y económico, y por otra, y esta bastante más idealista y poco política, como la unica manera de preservar sus libertades ante la amenaza de ver a su país totalmente cercado por los totalitarismos. Si los Estados Unidos hubieran querido hacer valer su figura de árbitro velador de la independencia de los pueblos, ¿pensaron en Austria, en Checoslovaquía, en Polonia, en Noruega, en Dinamarca...? Sólo a partir de 1940, cuando Alemania se estaba quedando con todas las partes del pastel europeo, empezaron a darse cuenta de que la amenaza de Hitler era algo más que las bravatas de unos gangsters bebedores de cerveza. Pero los gangsters estaban demasiado lejos y no eran tan tontos como para caer en un truco que ellos mismos habían inventado. Sencillamente miraron hacia otro lado, hacia otra panda de delincuentes, tal vez igual de peligrosos que los nazis, pero también mucho más débiles si se sabían tocar las teclas oportunas para llevarles hacia la guerra.
Saludos.
Volviendo al asunto inicial, la actuación de los Estados Unidos durante el periodo de preguerra, creo que deben ser tenidos en cuenta varios puntos que se derivan de la cronología que anteriormente detallé.
Por una parte, existe una clara diferencia entre la postura del gobierno norteamericano previa a 1940 y a partir de dicho año. Desde el inicio de la guerra en China, claramente iniciada por Japón mediante incidentes y provocaciones a medida, el gobierno estadounidense se limitó a contemplar el conflicto como una oportunidad más para sus industrias aeronáuticas y de armamento. Los únicos movimientos "oficiales" se limitaron a la extensión de las capacidades aeronavales norteamericanas en el Pacífico mediante la habilitación de bases, en principio civiles, en distintos archipiélagos, y a la realización de maniobras aeronavales en sus aguas. Es decir, no intervengo políticamente, saco tajada económica, y al mismo tiempo demuestro que mi capacidad militar debe tenerse en cuenta, no vaya a ser que... En ningún momento se produce una declaración oficial de Washington respecto de la actuación japonesa en China; ni un solo movimiento que pusiera de manifiesto la intención clara y sin paliativos del gobierno norteamericano respecto de la integridad territorial china. El enemigo real está en el este, no en el oeste.
Sin embargo, a partir de mediados de 1940, con Francia derrotada y Gran Bretaña al borde del abismo, la posición norteamericana se endurece, pero se endurece hacia Japón, no tanto hacia el III Reich. Se avisa a la industria aeronáutico-militar de lo inconveniente de mantener las relaciones comerciales con Japón (luego, industria privada, sí, pero sujeta a determinadas decisiones políticas), y se comienza a considerar la guerra contra Japón como un hecho perfectamente futurible, y también deseable de cara a una justificación de la guerra contra Alemania. Resulta curioso que mientras que Japón había venido comportándose como una versión oriental del Reich, Estados Unidos no había contemplado a Japón como una amenaza, mientras que a partir del cenit de las victorias alemanas en Europa, el gobierno estadounidense comienza a tener claro el peligro de una Alemania victoriosa en Europa, pero la cuerda siempre se tensa en dirección a Japón. ¿Por qué? La respuesta reside en la ya conocida oposición del pueblo norteamericano hacia una intervención en la guerra, pero en la guerra en Europa. El común ciudadano norteamericano aún tiene el recuerdo de Alemania como un enemigo en la PGM, mientras que Japón era un antiguo aliado. Ese ciudadano común no ve otra amenaza que la de la Alemania, en ningún momento piensa en Japón, y el aislacionismo siempre mira hacia Europa, no hacia el Pacífico. Es en Europa donde hay una guerra en la que las libertades pueden estar en juego, pero no es la guerra de los Estados Unidos, al menos no todavía. Las agresiones y atrocidades del Ejército Japonés en China no son para los ciudadanos estadounidenses más que el eco lejano de algo que sucede en el otro lado del mundo, y que poco o nada tiene que ver con algo que amenace sus libertades ni su seguridad.
Confome avanza el año 1941, continúa la escalada de tensión diplomática y política con Japón, siempre a base de movimientos muy calculados en el grado de provocación, nunca demostrando una postura definitiva y claramente hostil ni redactando ningún tipo de ultimatum. También es cierto que se producen incidentes con Alemania en el Atlántico, pero esos incidentes no dan nunca de si como para justificar una declaración de guerra a Alemania ante la opinión pública, y tal vez ni siquiera ante el Congreso, con un importántisimo número de congresistas aislacionistas. Los incidentes más conocidos, los del USS Kearney y el USS Greer, siempre pueden ser justificados por el gobierno alemán como fruto de un error, algo plausible dadas las circunstancias en que se desarrollaron los hechos. Por tanto, y ante la dificultad de llegar a un detonante claro y rotundo con Alemania, se continúa ejerciendo presión sobre Japón, pero siempre teniendo en cuenta que debe ser Japón el agresor, y en medida suficiente como para eliminar por completo cualquier voz opositora a la guerra en Washington.
Durante el mismo periodo, 1940-41, el gobierno estadounidense comienza una cada vez mayor política económica de rearme, en un principio utilizando fondos destinados al programa de New Deal, y posteriormente con la elaboración del Programa Victoria. Y no sólo se destina esa producción a los efectivos necesarios para una guerra aeronaval, lo lógico si sólo se tiene a Japón en el punto de mira, sino también terrestre, lo que sin género de dudas alcanza para el desarrollo de una guerra de tipo continental y no sólo en el hipotético escenario del Pacífico, como también demuestra la filtración de los detalles Programa Victoria el 4 de Diciembre de 1941. Y también debe tenerse en cuenta esa filtración como tal vez no sólo un hecho aislado producto de la indiscrección de alguien o de su confianza hacia la prensa. La filtración se produce sólo tres días antes del ataque japonés a Pearl Harbor, en los detalles expuestos figura la guerra con Japón como un elemento más del Programa. ¿No podría ser una última señal hacia los halcones del gobierno japonés para eliminar la última duda posible respecto de las intenciones de Estados Unidos? Es una hipótesis, y sólo así debe ser considerada, pero creo que no demasiado aventurada a la vista de la situación entre ambos paises en los últimos quince días previos a la guerra.
Por tanto, esa idílica imagen de los Estados Unidos viviendo en paz y despertándose en guerra la mañana del 7 de Diciembre de 1941 dista bastante de la realidad. Es posible, y tal vez absolutamente seguro, que para la inmensa mayoría de sus ciudadanos fue así, y desde luego que lo fue para las más de 2.000 víctimas del ataque japonés a Pearl Harbor, pero no para su gobierno. El gobierno norteamericano necesitaba un incidente que provocara su entrada en la guerra, y un incidente de tal calibre que barriera sin paliativos a la corriente aislacionista, en el Congreso, en la calle y en la prensa. Como es lógico, ese incidente nunca podría haber llegado del Atlántico, Hitler podía ser muchas cosas, pero no tan tonto como para caer en una provocación semejante (no hay que olvidar que él era un maestro de la provocación), por tanto la única manera de conseguir esa sobredosis de patriotismo que llenara las oficinas de reclutamiento era tensar hasta lo imposible la política para con Japón y esperar, como el propio Roosevelt comentó, que un día cometieran un error.
Resumiendo, ¿era Japón culpable de la guerra? Sí, lo era, pero no el único culpable. ¿Tenía justificación? No, del mismo modo que tampoco fue justificable la maquiavélica actuación del gobierno norteamericano para conseguir esa guerra. Washington tenía dos motivos para entrar en la guerra. Por una parte la preservación de su influencia internacional a nivel político y económico, y por otra, y esta bastante más idealista y poco política, como la unica manera de preservar sus libertades ante la amenaza de ver a su país totalmente cercado por los totalitarismos. Si los Estados Unidos hubieran querido hacer valer su figura de árbitro velador de la independencia de los pueblos, ¿pensaron en Austria, en Checoslovaquía, en Polonia, en Noruega, en Dinamarca...? Sólo a partir de 1940, cuando Alemania se estaba quedando con todas las partes del pastel europeo, empezaron a darse cuenta de que la amenaza de Hitler era algo más que las bravatas de unos gangsters bebedores de cerveza. Pero los gangsters estaban demasiado lejos y no eran tan tontos como para caer en un truco que ellos mismos habían inventado. Sencillamente miraron hacia otro lado, hacia otra panda de delincuentes, tal vez igual de peligrosos que los nazis, pero también mucho más débiles si se sabían tocar las teclas oportunas para llevarles hacia la guerra.
Saludos.