Publicado: Lun Dic 11, 2006 10:42 am
Para mi, los genios militares son aquellos que ante una condición previsible por ya practicada son capaces de -inventar- una variante más favorable que les conduce a la victoria, sobre todo cuando hablamos de enfrentados a un enemigo objetivamente superior y empleando una fuerza propia (y por lógica vidas humanas) objetivamente menor.
¿Ejemplos? Muchos. Temístocles, Alejandro, Anibal, Julio César, Enrique V, Marlborough, Napoleón, Nelson, Manstein... más o menos cronológicamente y faltando muchos más.
Sí, curiosamente no está Patton, igual no que está Ney, tal vez otro majareta todo testosterona como él. Precisamente por eso, la sobredosis de "sangre y agallas" no es signo inequívoco de genialidad militar", a veces todo lo contrario cuando las cosas pintan en bastos o espadas.
Sin embargo, y ahora si entramos, Mikhailovna de mis pecados, en los asuntos de la emoción y no de la fria estrategia, tengo que reconocer que me pierden ciertos temperamentos igual que no soporto otros.
Prefiero a un tipo como Patton, o como Ney, a un lamebotas como (por hacer un paralelismo coetáneo) Montgomery o Bernadotte. Y eso que el Duque del Moskova también las metía dobladas en cuanto Bonaparte no estaba cerca para matizar sus, digamos, desajustes tácticos.Es decir, puestos a tener que partirme la cara con el de enfrente siempre elegiré a un comandante que llegado el caso esté más cerca de mi que de los despachos del Estado Mayor y que como El Loco Pelirrojo esté dispuesto a enseñar a todo el mundo, mientras todo el mundo corre en desbandada, "como muere un mariscal de Francia". Ya se encargaría el pelotón de fusilamiento de poner en práctica sus deseos aquel mismo año. ¡Como si Francia entera no hubiera estado llena de tios que cambiaban la escarapela blanca por la tricolor en cuanto oían sonar La Marsellesa! Por desgracia indíduos como el bretón quedan cada vez menos.
Ahora es más política y militarmente correcto hacer una guerra limpia, un eufemismo como "peste negra light" o "aprende inglés con Jack el Destripador". De hace años a esta parte resulta que las guerras se hacen desde una pulcra sala de control en la que se reciben las imágenes de los Tomahawk impactando sobre un puente en vivo y en directo, la CNN (o la que toque en el reparto de la exclusiva) retransmite las alegres columnas de blindados avanzando como si aquello fuera el Día de Puertas Abiertas del ejército de turno y, por no extenderme mucho en los ejemplos, una ciudad bombardeada parece más bien la mascletá de Las Fallas. Oiga, que bonito y que pulcro todo.
Luego resulta que no, que al final unos y otros, marines, mujaidines, serbobosnios, albanokosovares, rusos, chechenos y la madre que pario a Leónidas, se acaban destripando unos a otros a corta distancia y poniéndo todo perdido de sangre y visceras. Pero no esperemos que el marketing de la guerra nos venda eso, ni locos, ni hartos de chintoniss y grifa. A ver quien iba a ser el majareta que se iba a apuntar al Ejército firmando por tres añitos. Antes se dedica a recoger pepinos de sol a sol en El Ejido o a terminar (de una santa vez) las obras de Madrid.
En fin, que me pierdo yo solito. Con todo ello no digo que me guste más una batalla que a un tonto una flauta y que abogue por la vuelta del pilum y el gladium para resolver las diferencias con el vecino, ni muchísimo menos. Siempre he sido muy malo para las peleas... las pierdo todas, y mi instinto de conservación funciona adecuadamente. Lo que quiero decir es que me gusta elegir las compañías. Igual me da que sea para tomarme unas cervezas que para echarme el último cigarro, meter el último cargador, apretar los dientes y ya que no queda otra salida posible vender el pescado al precio más alto del mercado.
Una guerra siempre será eso, una guerra y no un espectáculo del Circo del Sol. Una salvajada repleta de horrores a cual más ampliado y "mejorado" en la que cuatro mandamases sin entrañas meten a cuatro millones de desgraciados para resolver a leches lo que ellos no han sabido o no han querido resolver dialogando. Y me da igual si como la 2GM se trate de una guerra necesaria, de pagar un precio muy alto, altísimo, para borrar de la faz de la tierra a unos asesinos sin conciencia, o a conciencia que es peor aún. Finalmente las victorias se celebran sobre montones de cadáveres.
Siempre preferiré una mala paz a una buena guerra, menos cuando sólo queda disponible la Diplomacia del Tomahawk. Los hay que prefieren una buena guerra a cualquier paz, y esos si que son los peligrosos.
Y en ningún momento he mencionado la palabra "héroe", ni falta que hace. Como decía el cartel de U-571, "los héroes son hombres corrientes que hacen cosas extraordinarias en tiempos extraordinarios". En la calle, en el trabajo, en casa, hay miles de héroes todos los días, hombres y mujeres que son capaces serlo. Hoy, mañana, pasado, al otro, ellos son los imprescindibles.
Saludos sivispacemparabellemsis.
P.D.
Al hilo de Belisario, ese gran personaje que tan bien ha citado Domper, os recomiendo la novela "El Conde Belisario", de Robert Graves. No os defraudará.
P.D.2
Y no me lieis más que tengo tajo con la Operación Bicha. Todavía queda la carrera en Bretaña, Falaise, París... A este paso no acabo ni por San Fermín.
¿Ejemplos? Muchos. Temístocles, Alejandro, Anibal, Julio César, Enrique V, Marlborough, Napoleón, Nelson, Manstein... más o menos cronológicamente y faltando muchos más.
Sí, curiosamente no está Patton, igual no que está Ney, tal vez otro majareta todo testosterona como él. Precisamente por eso, la sobredosis de "sangre y agallas" no es signo inequívoco de genialidad militar", a veces todo lo contrario cuando las cosas pintan en bastos o espadas.
Sin embargo, y ahora si entramos, Mikhailovna de mis pecados, en los asuntos de la emoción y no de la fria estrategia, tengo que reconocer que me pierden ciertos temperamentos igual que no soporto otros.
Prefiero a un tipo como Patton, o como Ney, a un lamebotas como (por hacer un paralelismo coetáneo) Montgomery o Bernadotte. Y eso que el Duque del Moskova también las metía dobladas en cuanto Bonaparte no estaba cerca para matizar sus, digamos, desajustes tácticos.Es decir, puestos a tener que partirme la cara con el de enfrente siempre elegiré a un comandante que llegado el caso esté más cerca de mi que de los despachos del Estado Mayor y que como El Loco Pelirrojo esté dispuesto a enseñar a todo el mundo, mientras todo el mundo corre en desbandada, "como muere un mariscal de Francia". Ya se encargaría el pelotón de fusilamiento de poner en práctica sus deseos aquel mismo año. ¡Como si Francia entera no hubiera estado llena de tios que cambiaban la escarapela blanca por la tricolor en cuanto oían sonar La Marsellesa! Por desgracia indíduos como el bretón quedan cada vez menos.
Ahora es más política y militarmente correcto hacer una guerra limpia, un eufemismo como "peste negra light" o "aprende inglés con Jack el Destripador". De hace años a esta parte resulta que las guerras se hacen desde una pulcra sala de control en la que se reciben las imágenes de los Tomahawk impactando sobre un puente en vivo y en directo, la CNN (o la que toque en el reparto de la exclusiva) retransmite las alegres columnas de blindados avanzando como si aquello fuera el Día de Puertas Abiertas del ejército de turno y, por no extenderme mucho en los ejemplos, una ciudad bombardeada parece más bien la mascletá de Las Fallas. Oiga, que bonito y que pulcro todo.
Luego resulta que no, que al final unos y otros, marines, mujaidines, serbobosnios, albanokosovares, rusos, chechenos y la madre que pario a Leónidas, se acaban destripando unos a otros a corta distancia y poniéndo todo perdido de sangre y visceras. Pero no esperemos que el marketing de la guerra nos venda eso, ni locos, ni hartos de chintoniss y grifa. A ver quien iba a ser el majareta que se iba a apuntar al Ejército firmando por tres añitos. Antes se dedica a recoger pepinos de sol a sol en El Ejido o a terminar (de una santa vez) las obras de Madrid.
En fin, que me pierdo yo solito. Con todo ello no digo que me guste más una batalla que a un tonto una flauta y que abogue por la vuelta del pilum y el gladium para resolver las diferencias con el vecino, ni muchísimo menos. Siempre he sido muy malo para las peleas... las pierdo todas, y mi instinto de conservación funciona adecuadamente. Lo que quiero decir es que me gusta elegir las compañías. Igual me da que sea para tomarme unas cervezas que para echarme el último cigarro, meter el último cargador, apretar los dientes y ya que no queda otra salida posible vender el pescado al precio más alto del mercado.
Una guerra siempre será eso, una guerra y no un espectáculo del Circo del Sol. Una salvajada repleta de horrores a cual más ampliado y "mejorado" en la que cuatro mandamases sin entrañas meten a cuatro millones de desgraciados para resolver a leches lo que ellos no han sabido o no han querido resolver dialogando. Y me da igual si como la 2GM se trate de una guerra necesaria, de pagar un precio muy alto, altísimo, para borrar de la faz de la tierra a unos asesinos sin conciencia, o a conciencia que es peor aún. Finalmente las victorias se celebran sobre montones de cadáveres.
Siempre preferiré una mala paz a una buena guerra, menos cuando sólo queda disponible la Diplomacia del Tomahawk. Los hay que prefieren una buena guerra a cualquier paz, y esos si que son los peligrosos.
Y en ningún momento he mencionado la palabra "héroe", ni falta que hace. Como decía el cartel de U-571, "los héroes son hombres corrientes que hacen cosas extraordinarias en tiempos extraordinarios". En la calle, en el trabajo, en casa, hay miles de héroes todos los días, hombres y mujeres que son capaces serlo. Hoy, mañana, pasado, al otro, ellos son los imprescindibles.
Saludos sivispacemparabellemsis.
P.D.
Al hilo de Belisario, ese gran personaje que tan bien ha citado Domper, os recomiendo la novela "El Conde Belisario", de Robert Graves. No os defraudará.
P.D.2
Y no me lieis más que tengo tajo con la Operación Bicha. Todavía queda la carrera en Bretaña, Falaise, París... A este paso no acabo ni por San Fermín.