Publicado: Dom Dic 10, 2006 4:41 pm
jacbass1 escribió: Y como casi siempre, Bradley con un as (llamado Patton) en la manga.
¿Por que lo dejaban de segundo plato? ¿Solo se dedico a sacar las castañas del fuego a los demas generales, como en las Ardenas?
Segun he entendido, si no se avanzaba convenientemente, el "7ú de Caballeria de Patton" remataria la faena.
Esperaremos acontecimientos y...
No es así, ni mucho menos.
La utilidad del tercer ejército no era solucionar ninguna crisis, sino el disponer de una masa organizada, no empeñada en combates, con la que explotar la ruptura, al más puro estilo Blitzkrieg. Y me explico:
Supón que tienes que atacar un frente defendido por cuatro unidades con veinte unidades. Una superioridad de cinco a uno no es como para echar cohetes, ya que en las ofensivas lo mínimo es tres a uno, pero es recomendable disponer de superioridades de siete, diez o veinte a uno.
Si se sigue la táctica de la Gran Guerra, lo mejor es usar la superioridad: se ponen en línea todas las unidades posibles, hasta que el frente queda saturado (llega un momento que añadir más fuerza sólo sirve para empeorar la logística y aumentar las bajas), y se ataca. Aunque el frente no se hunda en todos los puntos, en alguno lo hará. Se ha dejado una reserva: por ejemplo, un par o tres unidades móviles (caballería o similar) para explotar la ruptura. Si el frente se rompe en algún lugar, la victoria ¿es segura?
Pues no, si el contrario ha hecho los deberes. Si deja todo en primera línea será así, una vez roto el frente será una carrera entre la velocidad de la explotación y la velocidad con la que lleguen las reservas (malo para el atacante, porque las reservas se suelen mover con mucha rapidez). Pero si se deja todo en primera línea, aunque se consigue un frente muy fuerte, todas las unidades quedan empeñadas, y no se puede responder a una crisis local.
La solución es la defensa en profundidad, táctica usada en la Guerra Civil Española, más por necesidad que por planeamiento. Los frentes eran tan amplios que si se guarnecían adecuadamente no quedaría nada con lo que atacar. Por eso se prefirió dejar menos fuerzas con la misión de resistir unas horas (y retrasar el ataque enemigo, incluso romperlo si se podía) mientras las reservas llegaban. Por ejemplo, puede dejarse deja un 20% de la fuerza defendiendo la primera línea, un 40% defendiendo la línea principal, y un 40% como reservas (la "masa de maniobra"). Las proporciones dependerán de la movilidad: en la Guerra Civil Española las comunicaciones internas eran rápidas, y podían desplegarse fuerzas pequeñas en primera línea; en Normandía las comunicaciones eran horribles, y se podía contar menos con las reservas.
La defensa en profundidad crea problemas casi insuperables al atacante. Aunque tenga enorme superioridad y la primera línea caiga con facilidad, las unidades atacantes suelen quedar desgastadas, o al menos quedan empeñadas en combates locales. Por eso la línea principal no es atacada sino tardíamente, cuando se ha fortalecido. Las pocas unidades dedicadas a la explotación, además, no tienen potencial suficiente para superar las defensas. Una alternativa es intentar evitar las defensas y seguir adelante, pero los atacantes quedan desorganizados (por las pérdidas y al tener que dejar fuerzas de cobertura): la ofensiva se atasca.
Ejemplos fueron las batallas del Jarama o de Brunete en la Guerra Civil Española: aunque la primera línea fue rebasada con facilidad, quedaron puntos fuertes que retrasaron a los atacantes. El vacío creado por la ruptura fue cubierto en unas horas por reservas locales, y cuando se pudo montar un ataque en condiciones contra esta línea los defensores ya se habían rehecho, eran tantos como los atacantes, y se acababa con batallas de desgaste que eran triunfos defensivos.
Para evitar ese "parón" pueden usarse dos escalones. El primero tiene como misión romper la primera línea, avanzar con rapidez hasta la línea principal, y superarla, ignorando los puntos de resistencia. Es el segundo escalón el que debe tomar estos puntos, y reforzar luego el ataque del primero. Es decir, que ahora no ataco con dieciocho unidades, sino con diez. Quedan otras siete en el segundo escalón, y mantengo la fuerza de explotación de tres.
Pero tampoco funciona si el defensor es competente. La superioridad del primer escalón es menor que antes, y no puede tomar muchos de los puntos fuertes. Aunque los rebase, queda desorganizado, pierde parte de su potencial (entre pérdidas, desgaste y averías del material, atascos, fuerzas vigilando o atacando a los puntos fuertes) y no es capaz de superar la línea principal. Cuando el segundo escalón despeja la retaguardia, ya es tarde para montar un ataque en condiciones, el defensor se ha rehecho, y de nuevo la ofensiva se atasca.
Eso pasó en Belchite: a pesar de las órdenes expresas de evitar los puntos fuertes (tras la experiencia de Brunete) estos retrasaron el ataque y retuvieron parte de la primera oleada. El defensor pudo rehacer la línea de defensa unos kilómetros más lejos, e incluso contraatacar. Al final se conquistaron media docena de pueblos en ruinas, pero se fracasó con el objetivo principal (Zaragoza). Lo mismo pasó en Krasny Bor en 1943: poco más de un regimiento español resistió un ataque por parte de un cuerpo de ejército soviético. Fue destruido casi por completo, pero retuvo el ataque un día entero. Luego se hizo de noche, se rehizo la línea a retaguardia, los atacantes quedaron sin reservas, y la ofensiva falló.
La solución es mantener un núcleo de fuerzas que no esté implicado en el ataque y cuya misión sea específicamente la explotación. Ahora el ataque sería más o menos así: habría dos grupos, con doce y ocho unidades (por ejemplo). El primero organiza bien su ataque, con varios escalones, y ataca en un sector reducido del frente: el ataque debe tener la amplitud justa para que el cuello de la penetración no sea cortado con facilidad, pero no más: unos pocos Km (incluso 1 ó 2 Km). En ese frente el primer escalón tiene una enorme superioridad. Avanza lo más rápidamente posible, mientras que el segundo escalón reduce los puntos fuertes y ensancha la ruptura: hasta ahora, como antes. Luego se ataca la línea principal, aprovechando que el desgaste ha sido menor. El riesgo es que parte de la fuerza enemiga no ha sido atacada y puede prepaarr un contraataque... si se le deja.
Pero ahora es cuando cambia el guión: cuando se ha llegado a la línea principal, y esta se ha roto o está a punto de romperse, entra en acción el segundo cuerpo. Esté está íntegro y organizado, por lo que no sólo rompe la línea principal, sino que penetra profundamente en la retaguardia y puede derrotar a las escasas reservas enemigas. Evita los puntos de resistencia (que quedan para el primer cuerpo, cuando llegue ahí) y sigue adelante, intentando moverse más rápido que el enemigo, e intentando cercarlo o desbordarlo.
En esencia, se trata de reservar un gran núcleo de fuerzas que emplear cuando la batalla está a punto de decidirse. Más o menos, la batalla napoleónica, pero a escala mucho mayor. Ese era el papel del tercer ejército de Patton: no tenía que sacar ninguna castaña del fuego, sino aprovechar la ruptura conseguida por el 2ú ejército y convertir una victoria táctica en una victoria decisiva.
Luego ha habido variantes sobre el tema. El ataque puede ser en un punto o en dos, incluso se puede atacar en toda la línea, buscando los puntos débiles para luego lanzar ahí el ejército de reserva. Esa era la preferida por los soviéticos en la Guerra Fría, que organizaron formaciones cuya misión era, expresamente, penetrar profundamente en la retaguardia de la NATO. Blitzkrieg pura y dura.
Los alemanes lo hacían desde 1939, y Bradley no había inventado nada. Si los aliados no lo habían hecho hasta el momento es por no tener suficientes efectivos: la táctica aliada en Normandía fue atacar continuamente, aunque fuese con pocos medios. Eso produjo una campaña amarga, pues se sufrían pérdidas a cambio de escasas ventajas. Pero puso a los alemanes en la disyuntiva de ceder terreno (y el cabo dijo no) o empeñar sus escasas reservas acorazadas, impidiendo que se pudiese lanzar un gran contraataque. Los aliados además no cayeron en la trampa, y prefirieron seguir con sus ataques poco efectivos mientras iban preparando una gran masa de maniobra.
Para acabar, la seguridad en las comunicaciones norteamericanas en el frente era bastante pobre, y sabían que los alemanes sobreestimaban a Patton, por lo que si detectaban su presencia en un sector sabrían que algo se conocía. Por eso se intentó mantener el despliegue con la mayor reserva.
Saludos