Publicado: Lun Mar 03, 2008 9:57 am
por Bitxo
El juicio fue un espectáculo. En primer lugar, como apunté en el artículo, la amenaza de Hitler de implicar a todo el mundo supuso que el Gobierno Bávaro hiciese lo posible para que el juicio se celebrase en Munich, en lugar de en Leipzig ante el Tribunal del Reich. El juez era un conocido nacionalista, Georg Neithardt, nombrado por el Ministro de Justicia bávaro Franz Gürtner, el mismo que posteriormente ayudaría a Hitler para convencer de su buena fe al Presidente de Bavaria. A Hitler se le permitió vestir de civil y lucir su Cruz de Hierro, además de soltar discursos por no decir de intimidar y hasta insultar a los testigos de la acusación. El fiscal no citó a testigos que podrían haberle perjudicado y se silenciaron las pruebas contra Ludendorff.
Pero no es que Hitler entusiasmara a los jueces con su oratoria. Todo estaba apañado de antemano, pues no se deseaba que el escándalo golpista salpicara a personas influyentes en la política y, peor, en el ejército. Simplemente le dejaron actuar. Querían tenerlo contento para que cargara con la culpa y así exonerar también a Ludendorff. Hitler era consciente de la visibilidad que tenía en el juicio ante todo el país, y no la desperdició.