Publicado: Lun Abr 20, 2009 3:18 am
por ParadiseLost
Hola a todos.
Amplío un poco más los datos sobre la visita que hizo el Capitán Winrich Behr a la Wolfsschanze para informar a Hitler del precario estado del VI Ejército, recogidos por el historiador Marcel Stein.

¿Por qué decidió Paulus enviar a Behr a Rastenburg? Algunos oficiales de alto rango, habían volado fuera del Kessel para intentar convencer a Hitler de que la situación era insostenible y que no tenía sentido seguir resistiendo en el Volga, pero ninguno de ellos consiguió su objetivo. Paulus pensó que si enviaba a un joven capitán con altas condecoraciones vestido con su uniforme de combate negro, quizás impresionaría más que Hitler, que los informes de sus generales.
Behr voló fuera del Kessel el 13 de enero e informó a Manstein de la situación en la que se encontraba el VI Ejército. Manstein le dijo a Behr que le transmitiera a Hitler lo mismo que le había contado a él y seguidamente llamó a Zeitzler para que recibieran a Behr inmediatamente después de su llegada. Behr asistió a dos reuniones, la primera el día 14, y la segunda el día 15.
Antes de que tuviera lugar la reunión, von Below advirtió a Behr de las tácticas de Hitler cuando recibía noticias que no eran de su agrado, es decir, soltar un gran, monólogo para después, dar por terminada la conversación. Hitler recibió a Behr con un "Heil, Herr Hauptmann" y lo condujo al interior de la sala donde estaba teniendo lugar la reunión, con unos veinte oficiales de alto rango.
Como era de esperar, Hitler, después de la presentación de Jodl, Hitler habló durante hora y media y varias veces se dirigió a Behr diciéndole "y transmítale esto a su Coronel General". Cuando Hitler iba a dar por terminada la reunión, el Capitán Behr pidió permiso para hablar, argumentando que Paulus le había ordenado que transmitiera un informe sobre la situación del VI Ejército. Hitler escuchó el informe de Behr sin interrupciones, las tres horas que éste duró. Detrás de Hitler estaban sentados Keitel, Jodl, Warlimont y Schmundt que intentaron hacer callar con gestos de desacuerdo cuando Behr habló de las deserciones. Incluso Keitel levantó varias veces su dedo en señal de advertencia. Tras escuchar el informe, Behr fue citado el día siguiente.

Cuando Zeitzler volvió, Beher le transmitió el informé y Zeitzler le amonestó por no haberle informado a él primero antes de acudir a la reunión, pero que en cualquier caso estaba totalmente de acuerdo con lo que había dicho y que le entregaría a Behr una carta para Paulus, con una detallada situación de las tropas alemanes en el Frente Oriental.
En sus informes posteriores a la guerra, Behr afirmó que sólo Keitel, Jodl, Schmundt y Warlimont creían aun en la salvación del VI Ejército y Hitler lo daba ya por perdido, y se aferraba solamente a la épica heroica. Hitler habló de transferir un Cuerpo Blindado desde el Oeste y que estaba en proceso de ser descargado en Jarkov, pero Manstein ya advirtió a Behr que el cuerpo había sido destruido por los T-34 soviéticos cuando estaba siendo descargado. Hitler prometió un mayor aprovisionamiento aéreo con aviones de Italia y del Norte de África.
Behr escribiría que quedó desconcertado al comprobar que Hitler no tenía una visión realista de sus divisiones, regimientos y batallones, ni de su situación en los mapas.
A partir de ese momento, perdió todo respeto por Hitler y los oficiales que le rodeaban.

El 15 de enero, Behr transmitió su informe a Zeitzler, y tras la reunión, Schmundt le preguntó a Behr que qué le diría a Paulus, a lo que Behr contestó que no había posibilidad de salvación para el VI Ejército, ni posibilidad de emprender una acción por cuenta propia. Entonces Schmundt le comunicó que no volaría de vuelta al Kessel, y que sería transferido al personal del mariscal Milch.
A pesar de la prohibición de Schmundt, Behr intentó volar de vuelta al Kessel, pero cuando se hallaba en Taganrog, el oficial de transportes al mando le comunicó que Schmundt le había ordenado que no dejara volar a Behr.

A su vuelta, el general Stieff y también el teniente coronel Bernhard Klamroth, quien conocía bien a Behr desde antes de la guerra, lo llevó aparte y le preguntó –"de una manera cifrada"-, si se uniría a un movimiento para derrocar a Hitler.

Cito a Beevor lieralmente:
"Behr, que apenas había visto la verdad sobre la desastrosa conducción de Hitler, sentía que no podía hacer un giro de ciento ochenta grados. Klamroth comprendió, pero le advirtió que fuera cuidadoso con Manstein. 'En la mesa está totalmente en contra de Hitler, pero es sólo un fanfarrón. Si Hitler le ordenara ir a la derecha o a la izquierda, haría exactamente lo que le dice'. La cita de Klamroth no era exagerada. Con toda la irreverencia que Manstein mostraba por el Führer en privado, entre sus subordinados de confianza y con la broma de su dachshund haciendo el saludo nazi con la pata levantada, no deseaba arriesgar su propia posición. En sus memorias, utilizó lo que podría llamarse el argumento de la puñalada por la espalda: un golpe de estado habría llevado al derrumbe inmediato del frente y al caos en Alemania. Era todavía parte de la clase de oficiales cuyo odio antibolchevique había sido moldeado por los motines y la revolución de 1918. Behr siguió el consejo de Klamroth, y fue cauteloso cuando se presentó de vuelta en el grupode ejércitos del Don."

Saludos