Publicado: Jue Mar 13, 2008 4:44 am
por ParadiseLost
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Stalingrado. Mediados de septiembre. La lucha por la ciudad ha comenzado y las tropas alemanas se encuentran con las primeras dificultades en su intento de alcanzar la orilla del Volga. La lucha en el sector meridional de la ciudad se inclina hacia el bando alemán a medida que el mes de septiembre avanza, pero un gran escollo se erige al sur de barranco Tsaritsa. Un monstruo de hormigón espera a las tropas alemanas. Un monstruo en cuyo interior, 50 soldados soviéticos resistirán al borde de la extenuación los envites de unidades de 3 diferentes divisiones alemanas durante casi una semana, haciendo pagar a las tropas enemigas un alto precio por la conquista de un solo edificio: el silo de grano.

Mientras la enconada lucha por el Mamaev Kurgan continuaba, una brutal batalla se desarrollaba por el gran silo de grano hecho de hormigón cerca del río. El rápido avance del XLVIII cuerpo blindado de Hoth había aislado virtualmente esa fortaleza. El ataque alemán al sur de Tsaritsa tenía como objetivo alcanzar el Volga y separar el flanco izquierdo del 62.º Ejército del flanco derecho del 64.º Ejército de Shumilov. En el flanco derecho del 4.º Ejército Panzer, la 14.ª División Panzer y la 94.ª División de Infantería atravesaron los suburbios de Minina, defendidos por la 35.ª División de la Guardia y la 42.ª Brigada de Infantería. Esta edificación era la único que se interponía entre las dos alas del 4.º Panzer y la completa destrucción de la posición soviética al sur del Tsaritsa.

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Ubicación del silo de grano dentro de la ciudad.

Durante una semana, desde el 14 de septiembre, un grupo de menos de cincuenta robustos rusos se habían escondido en la torre de superficie de metal ondulado y desafiaban los cañones de tres divisiones nazis.
Los defensores de la 35ª. división de guardias aplaudieron cuando los refuerzos de una sección de la infantería de marina (la la 92.ª Brigada) comandada por el teniente Andrei Jozianov llegó durante la noche del 17 de septiembre, vestidos con camisas listadas y gorros marineros.

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Tropas alemanas en las inmediaciones del silo de grano.

Andrei Jozianov, de la infantería de marina, fue el único superviviente del silo de grano, y escribió un informe sobre la batalla, en la que tomaron parte 30 guardias y 18 marineros.
"Me acuerdo de la noche del día 17, cuando fui llamado y recibí la orden de llevar una ametralladora y resistir en el edificio a cualquier precio. En aquellos momentos, el silo sólo estaba defendido por unos 30 ó 35 guardias. Nuestro grupo de 18 hombres bien armados se unió para defender el granero.
Por la mañana, nos atacaron tanques y soldados enemigos, aproximadamente diez veces superiores en número desde el sur y el oeste. Después del primer ataque llegó el segundo y después el tercero, mientras sobre nosotros volaban los aviones de reconocimiento. Estos corrigieron el fuego e informaron de nuestra posición. El 18 de septiembre repelimos en total 10 ataques.
En el almacén, el grano estaba en llamas, el agua de las ametralladoras se evaporaba y los heridos tenían sed, pero no había agua. Así nos defendimos durante tres días las 24 horas. Calor, huno y sed... nuestros labios estaban agrietados. Durante el día muchos trepaban hacia arriba y disparaban a los alemanes desde arriba. Por las noches formábamos un anillo de defensa del edificio. No teníamos contacto alguno con otras unidades."


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Algunas imágenes del silo de grano.

Wilhelm Hoffman de la 94.ª División registró sus impresiones de la batalla en su diario de guerra, mientras su batallón, parte del 267.º Regimiento, atacaba el silo:
"16 de septiembre: Nuestro batallón está atacando el silo, del que sale humo. Parece que el grano está ardiendo. Barbarie. El batallón tiene graves pérdidas. No quedan más de sesenta hombres en cada compañía. El silo no está ocupado por hombres, sino por diablos a los que no pueden destruir ni las llamas ni las balas.
18 de septiembre: La lucha en el granero continua. Los rusos que están allí dentro están condenados. El comandante del cree que "los comisarios han ordenado a esos hombres morir en el granero.
Si todos los edificios de Stalingrado son defendidos de la misma manera, entonces ninguno de nuestros soldados volverá a Alemania. Hoy ha llegado una carta de Elsa. Me está esperando en casa, para cuando hayamos conseguido la victoria."


La artillera alemana recorrió la vasta estructura preparando el terreno para la 94ª. división de infantería sajona, cuya insignia eran dos espadas cruzadas de porcelana de Meissen.
Los cincuenta y pico defensores rechazaron diez asaltos el 18 de septiembre. Sabiendo que no podían esperar nuevos suministros, conservaban cuidadosamente las municiones, las raciones y el agua. Tenían dos viejas ametralladoras Maxim y dos largos fusiles rusos antitanque, que utilizaron para disparar contra un tanque alemán cuando un oficial y un intérprete aparecieron con la bandera de tregua a pedirles que se rindieran.

Prosigue con el relato Andrei Jozianov:
"Llegó el 20 de septiembre. Hacia el mediodía se acercaron 12 tanques desde el oeste y el sur. No teníamos munición para los fusiles antitanque. Los tanques abrieron fuego a muy corta distancia de nuestra guarnición. Pero nadie retrocedió. Nuestras ametralladoras y rifles de francotirador disparaban contra los soldados enemigos para que no pudieran penetrar en el granero. Fue entonces cuando una bala acabó con una de las Maxim junto con su tirador y la segunda por la metralla de un proyectil. Ahora sólo disponíamos de una ametralladora ligera.
Por la mañana se aproximó un tanque desde el sur con una bandera blanca. Nos preguntamos que iba a pasar. Del tanque salieron dos hombres, un oficial y un intérprete. El oficial intentó por todos los medios que nos rindiéramos "al heroico ejército alemán", puesto que nuestra defensa era inútil, ya que no podíamos conservar nuestra posición durante mucho más tiempo. "Entréguennos el granero" afirmó el oficial. "De lo contrario no habrá piedad. En una hora acabaremos con su existencia".
"Vaya una insolencia", pensamos, y respondimos brevemente al oficial. "¡Dile a tus nazis que tendrán que venir al infierno! Puedes volver, pero sólo a pie." El tanque alemán intentó emprender la retirada, pero fue detenido con una salva de nuestro fusil antitanque."


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Tanques alemanes en las inmediaciones. Probablemente la 14.ª Panzerdivision.

El 20 de septiembre, Hoffman relata:
"La batalla por el silo continúa. Los rusos disparan desde todas partes. Nos quedamos en el sótano, no se puede salir a la calle."

Durante los siguientes tres días, la artillería alemana machacó el baluarte, hizo arder el trigo con bombas incendiarias y acribilló la misma torre con potentes explosivos. Los infantes alemanes irrumpieron en el interior y se arrastraron por las escaleras, pero los defensores consiguieron rechazarlos.
Las condiciones en que continuaron luchando fueron terribles. Los asfixiaba el humo y el polvo, incluso el grano en el silo se había incendiado, y pronto no tuvieron nada para beber. También estaban escasos de agua para llenar el cañón de las ametralladoras Maxim.
Para cuando nuevos tanques alemanes llegaron a acabar con ellos, sus granadas y proyectiles antitanque se habían consumido. Las dos Maxims quedaron inutilizadas. Los defensores, incapaces de ver dentro den silo con el humo y el polvo, se comunicaban gritándose entre sí.

Prosigue Andrei Jozianov:
"Los alemanes atacaron el granero diez veces más y fracasaron. El grano ardía, el agua de las ametralladoras se evaporaba y todos, sobre todo los heridos, estábamos sedientos. Las explosiones sacudían el cemento. El grano seguía ardiendo. No nos podíamos ver a causa del polvo y el humo, pero nos animábamos mutuamente mediante gritos. De detrás de los tanques emergieron tropas de asalto alemanas, alrededor de 200. Nos atacaron con cautela, lanzando granadas. Pudimos coger algunas de las granadas y lanzarlas al enemigo de nuevo. En la parte oeste, los alemanes alcanzaron finalmente el interior del granero. Así que dirigimos todo nuestro fuego a la zona ocupada por el enemigo. La lucha en el interior del edificio era cada vez más fuerte. Oíamos al enemigo, pero dentro de esa espesa humareda no podíamos verlo. Disparábamos cuando oíamos un ruido."

La exhausta guarnición se encontraba casi sin municiones y se habían consumido todas las reservas de agua. Cuando los alemanes irrumpieron, dispararon contra sonidos, no contra objetos. Esa noche, con sólo un puñado de municiones, los supervivientes atacaron. Tuvieron que dejar atrás a los heridos. El teniente Jozianov dejó a sus hombres salir por la puerta de la torre, al otro lado del campo, una carretera principal, hasta una torrentera donde tropezaron con una batería de morteros enemiga. En la confusión resultante, los asustados alemanes huyeron abandonando varios litros de agua que los infantes de Marina se bebieron.

El combate se alargó otras 48 horas, pero el 22 de septiembre, un Hoffman más relajado afirmaba:
"La resistencia rusa en el silo se ha venido abajo. Nuestras tropas avanzan hacia el Volga. Encontramos unos 40 rusos muertos en el interior. La mitad de ellos vestían uniforme de marina. Hemos cogido un prisionero, gravemente herido. No puede hablar o está fingiendo... Nuestros soldados nunca habían experimentado un combate tan amargo... Todo nuestro batallón ha quedado reducido al tamaño de una sola compañía. Ni los más veteranos habían presenciado jamás un combate así."

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Un par de fotos originales de 1942 de mi archivo personal.

Andrei Jozianov:
"Nos atacaron prudentemente, lanzando granadas. Pudimos coger algunas de las granadas y lanzarlas al enemigo de nuevo. En la parte oeste, los alemanes alcanzaron finalmente el interior del granero. Así que dirigimos todo nuestro fuego a la zona ocupada por el enemigo. La lucha en el interior del edificio era cada vez más fuerte. Veíamos al enemigo, pero dentro de esa espesa humareda no podíamos verlo. Disparábamos cuando oíamos un ruido.
Por la noche, durante una corta pausa, contamos nuestras municiones. No nos quedaba mucha. Decidimos intentar escapar. Al principio todo iba bien. Salimos por un canal, atravesamos la vía del tren y de repente tropezamos con una batería de morteros enemiga. Los alemanes huyeron, y abandonaron sus armas, agua y pan. "¡Algo para beber!" eso era lo único en lo que podíamos pensar. Saciamos nuestra sed en la oscuridad. Después comimos el pan... y continuamos."


Completamente deshidratado, Joizhianov sintió mareos debido al agua y cayó desmayado al suelo. Cuando volvió en sí, estaba en un sótano oscuro. No llevaba puesto el zapato del pie derecho y su camisa había desaparecido. Su mente estaba vacía y no podía mover ni los brazos ni las piernas. De pie, ante él, haciendo guardia, se encontraba un soldado de la 14.ª División Panzer.

Andrei Jozianov:
"No sé que les sucedió a mis camaradas, porque lo siguiente que recuerdo es que estaba en un sótano oscuro. Una puerta se abrió y a través de la claridad del sol vi un soldado que portaba una calavera. Había caído en manos del enemigo."

La batalla acabó el 22 de septiembre, involucrando a elementos de tres divisiones alemanas. Fue un modelo a escala de la batalla de Stalingrado. En esta lucha aniquiladora, nada se movía rápidamente como en la estepa. Un solo edificio podía retener a un regimiento o a una división durante horas, mientras los combates se trasladaban de piso en piso y de un habitación a otra. Las tropas soviéticas peleaban por cada edificio y por cada calle, cediendo terreno palmo a palmo a medida que eran empujadas hacia el Volga.

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El silo fue doblemente protagonista del cerco de Stalingrado al contemplar tras la batalla,
como las interminables filas de prisioneros alemanes se dirigían al cautiverio.


Aunque fue un combate encarnizado, difícilmente podía tratarse de una victoria admirable para los alemanes, y con todo Paulus eligió el enorme granero como el símbolo de Stalingrado en la insignia que estaba haciendo diseñar en el cuartel general del ejército para conmemorar la victoria.

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La insignia destinada para conmemorar la victoria de Stalingrado.
Más información sobre esta insignia en este mismo foro: http://www.zweiterweltkrieg.org/phpBB2/ ... .php?t=174

El silo que tan heroicamente defendió Jozianov había caído en manos enemigas. Los alemanes apagaron rápidamente el fuego y salvaron la mayor parte del trigo, lo cual tendría mucha importancia en las semanas siguientes. Cada vez que había una tregua en los bombardeos, las mujeres y los niños salían de los agujeros en el suelo cortar tajadas de carne de los caballos muertos antes de que los perros y las ratas los dejaran mondos. Los principales hurgadores eran los niños. Más pequeños y ágiles, presentaban un blanco menor. Se deslizaban por la noche al silo de cereales terriblemente quemado al sur de Tsaritsa, que los alemanes habían capturado finalmente. Allí, lograban llenar bolsas o carteras con el trigo chamuscado y escapar corriendo, pero los centinelas alemanes que protegían los silos para el uso de su propio ejército mataban a algunos de ellos.

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El silo de grano en la actualidad. Una estatua de un infante de marina con un rifle antitanque se alza delante del edificio.
En la placa conmemorativa puede leerse: Victoria en el nombre de la madre patria, victoria en el nombre de los vivos,
victoria en el nombre de aquellos que vendrán después que nosotros. ¡Victoria!


Fuentes:
Schlacht un Stalingrad, de Will Fowler
Stalingrado 1942-1943: El cerco infernal, de Stephen Walsh
La batalla por Stalingrado, de William Craig
Stalingrado, de Anthony Beevor
Diesen Weg sind wir gegangen, de J. Wijers
Once i had a comrade, R. W. Byrd


Fuentes fotografías:
Colección privada Paradise Lost
http://www.panzerplatte.de/Karte-Stal.html
http://www.euroantiquariat.de
http://www.selb-kriegsopfer.de/stalingrad2.htm
http://www.stalingrad-info.com
http://www.curme.co.uk/city.htm


Saludos