Publicado: Dom Nov 29, 2009 3:01 am
por Franz Berg
Os transcribo y traduzco un interesante artículo en relación al proceso de Nuremberg que nos da a conocer otras caras del mismo.

Espero que os guste.

Uno de los encargados de interrogar a miembros del circulo intimo de Hitler habla de sus recuerdos.

Por Mark Curnutte

El uniforme de trabajo diario de John Dolibois de pantalones chinos, camisa blanca, corbata y una chaqueta azul informal difiere enormemente del verde militar que lucía cuando se encargo de analizar la maldad de los arquitectos nazis de la Solución Final de Adolf Hitler
Su memoria es un almacén de recuerdos de los más malvados villanos del S. XX, una memoria tan viva que las generaciones posteriores de cazadores de Nazis siguen recurriendo a él para obtener información y conocer sus técnicas de interrogatorio.
“Preferiría vivir obsesionado con algo como esto en lugar de sentirme mal conmigo mismo” Esta es la opinión de John Dolibois sobre su experiencia con los Nazis que le ha acompañado toda su vida.
Dolibois cuenta ahora con 91 años de edad, vive solo en un pequeño apartamento de Springfield desde que su esposa falleció en abril. Después de la guerra tuvo un papel distinguido como Vicerrector emérito de la Universidad de Miami y fue embajador de los EE.UU. en su Luxemburgo natal de 1981 a 1985.
En los meses que siguieron al final de la guerra, Dolibois se ganó la confianza de algunos de los miembros del círculo más íntimo de Hitler: Hermann Goering, Rudolf Hess, Karl Doenitz, Julius Streicher y Albert Speer.
“Todos no eran rubios arios de ojos azules de 1,90 de altura”, comenta Dolibois, quien durante meses charló a diario con 86 Nazis de alta graduación en un emplazamiento de Luxemburgo con anterioridad a los juicios por crímenes contra la humanidad que tuvieron lugar en Nuremberg.
Dolibois y otros cuatro interrogadores recopilaron información que ayudaron a los fiscales de Nuremberg a decidir que prisioneros debían ser sometidos a juicio.
De los 24 Nazis que finalmente fueron juzgados, 10 fueron ajusticiados en la horca.
De mayo a agosto de 1945, Dolibois trabajó en lo que fuera el Hotel-Casino Palace en Mondorf, Luxemburgo, que había sido transformado en una prisión gracias a la adición de torres de vigilancia, alambradas y barrotes de hierro. Un catre con una manta y un escritorio convirtieron las habitaciones de hotel en celdas en los pisos tercero y cuarto, mientras que los dos primeros pisos eran usados para el alojamiento de las tropas aliadas.
Nacido en Luxemburgo en 1918, Dolibois era el más pequeño de ocho hijos cuya madre había muerto semanas después de haber nacido éste, y casualmente ya había estado en ese hotel, pero de niño. Su padre emigró junto con el pequeño John a Estados Unidos, donde una hermana de Dolibois se había trasladado al finalizar la Primera Guerra Mundial al contraer matrimonio con un soldado norteamericano.
Tras graduarse en psicología en la Universidad de Miami en 1942 y después de contraer matrimonio con la que había sido su novia desde el instituto, Winnie, Dolibois se alistó en el ejército norteamericano siendo su primer destino una unidad blindada, conduciendo un tanque. Sin embargo, poco tiempo después sería trasladado a inteligencia cuando sus superiores descubrieron que hablaba con fluidez alemán y francés.
Irse de la lengua
Una vez finalizada la contienda en Europa en mayo de 1945, Dolibois regresó a Luxemburgo. El Palace era conocido por su nombre en clave, el Ashcan, y entre sus huéspedes se encontraban algunos de los más notorios criminales de guerra de la historia de la humanidad.
“La mayor parte del tiempo tratábamos con un tío que se dedicaba a cantar sobre otro intentando salvar su pellejo” afirma Dolibois. “Lo mismo se iban de la lengua con respecto a otra persona o estaban dispuestos a jactarse del cumplimiento de la legislación alemana, y no consideraban equivocado romper la ventana de una casa donde habitaban judíos.”
A las personas que se encargaban de los interrogatorios no se les permitía estrechar la mano de los prisioneros, pero sin embargo los americanos tenían instrucciones de ganarse la confianza de los Nazis. Podían aceptar las peticiones de los prisioneros y regalarles champú o dulces, pero no se les permitía que mostraran emoción alguna. Dolibois se ganó el respeto de los prisioneros alemanes, y el general alemán Walter Warlimont se convirtió en su éxito particular.
“Me dijo que haría un trato conmigo si lo llevaba a Bavaria a ver a su esposa y a sus niños a cambio de darme las actas de las reuniones del Estado Mayor alemán” *1
El sentido del humor de Goering
Mientras que estaba en Alemania, Dolibois se entrevistó con las esposas y los hijos de otros prisioneros, por ejemplo con la segunda esposa de Hermann Goering y la hija que tenían en común. Goering, un líder político y militar que anteriormente había sido un mando de la Luftwaffe, era considerado como en tercer Nazi con más poder después de Hitler y Himmler.
“Goering tenía un gran sentido del humor” afirma Dolibois. “Contaban innumerables chistes, incluso tenía un libro lleno de ellos. Si estaba de buen humor, era muy divertido a la vez que informativo y contaba chistes sobre él mismo y otros Nazis.”
Durante su cautiverio, Goering se libró de una adicción a los analgésicos que duraba dos décadas y adelgazó mucho. *2

“Se sentía muy orgulloso de sí mismo y era fácil interrogarlo. No negaba nada y clasificaba a los judíos en dos categorías, a los de Europa del Este los despreciaba pero sentía cierta comprensión por los judíos alemanes”
Fue condenado a la horca, pero se suicidó con cianuro la noche anterior a su ejecución, el 15 de octubre de 1946. Antes de su muerte Goering le firmó una foto a Dolibois, aunque debido a que los encargados de los interrogatorios no usaban su verdadero nombre con los prisioneros la foto fue dedicada a “John Gillen.”
Un baño de realidad
Dolibois siempre tuvo en mente los horrores de la guerra y la “Solución final a la cuestión judía” de los Nazis. Visitó tres campos de concentración, entre ellos Dachau en 30 de abril de 1945, el día que fue liberado.
“Vi un tren con 37 vagones cargados de cadáveres, cuerpos apilados uno encima de otro enfrente de barracones, judíos que vagaban sin rumbo y que no debían pesar más de 40 kilos, nuestros servicios de inteligencia eran muy pobres antes de la guerra e hicimos que barcos llenos de refugiados judíos se dieran la vuelta”
El 12 de agosto de 1945 los interrogatorios acabaron en Ashcan y 19 prisioneros Nazis fueron trasladados a Nuremberg para ser juzgados. Dolibois fue trasladado a un puesto de inteligencia en Alemania donde debía escribir un informe histórico sobre las reuniones del Estado Mayor alemán.
El nuevo destino cambió cuando Dolibois recibió una carta del criminal de guerra Nazi Robert Ley, Ministro de trabajo encargado de supervisar el trabajo forzado de los prisioneros extranjeros que no eran judíos en las minas o en las fábricas durante la guerra.
“Ley quería verme, quería compartir conmigo su propuesta para la reorganización de Alemania y que sólo lo haría conmigo, por lo que me enviaron a Nuremberg.”
Debido a su fluidez con el alemán, Dolibois también acabó trabajando con el psiquiatra Douglas Kelley en Nuremberg, y gracias a este destino fue como Dolibois conoció los resultados de los tests de inteligencia a los que los Nazis fueron sometidos.
Goering presentaba el tercer coeficiente intelectual más alto, 138, siendo el acosador infatigable de judíos y editor Streicher el que presentaba el más bajo, 106.
Los superiores de Dolibois le ordenaron que visitara a los prisioneros ya que su cara era conocida y Dolibois se dedicó como el mismo dice a “escuchar los cotilleos en las celdas.”
Dolibois asistió a las sesiones de los juicios, algunos días para escuchar como el que había sido comandante de Auschwitz describir los detalles de procedimientos de exterminio que acabaron con la vida de 2.5 millones de judíos y de experimentos llevados a cabo para comprobar cuanto tiempo seres humanos podían aguantar inmersiones en agua helada o como se les disparaba con balas envenenadas.
De vuelta a casa
Dolibois ya había tenido bastante. Solicitó su regreso a inteligencia. Según Dolibois “ya había hablado bastante alemán, estaba cansado de hablar con alemanes y había visto suficientes prisiones y presidiarios.”
Su nuevo destino fue en una unidad de vehículos motorizados donde sirvió durante seis meses hasta que fue licenciado en agosto de 1946. De regreso a Hartwell, Dolibois y su esposa se dedicaron a arreglar su nueva casa. Solía leer las noticias sobre las sentencias, las ejecuciones, el suicidio de Goering…lo que antes había sido casi una obsesión ahora ya estaba lejos, y sólo le preocupaba lijar, pintar, poner cortinas y construir una valla.
*1
N.d.T.: (“German general staff meetings” en el artículo en inglés)
*2
N.d.T.: Aunque en el artículo original figura la palabra en inglés “painkiller”, que se traduce literalmente como “analgésico”, Goering era entre otras cosas adicto a la morfina.


Fuente: http://news.cincinnati.com/article/2009 ... +s++Circle