Publicado: Vie Mar 30, 2007 12:03 am
Ayudante de artilería antiaérea
Nos comportábamos como bárbaros.
Los horrores de la guerra hacían que los jóvenes manifestaran una dureza y una insensibilidad hacia la muerte ante las cuales se espantan hoy en día.
Un testimonio recuerda, con escalofríos, una experiencia de su época en la defensa antiaérea: "Habíamos derribado un aparato inglés del tipo 'Mosquito', corrimos inmediatamente al aparato y vimos de cerca como los dos pilotos habían muerto en el avión. Se habían estrangulado ellos mismos al timón del aparato. En aquella época ya teníamos experiencia con la muerte, conocíamos situaciones crueles y habíamos visto morir a algunas personas. Y bueno, lo tomábamos con calma. La pura curiosidad nos impulsaba a correr hacia allí. Además, nos interesábamos por las armas, la munición de los aparatos, y también por los uniformes de los pilotos. Nos comportábamos como bárbaros, quitábamos las prendas de vestir a los muertos: las botas, los conjuntos que después utilizábamos para nosotros. Todo eso no pesaba sobre nosotros y no nos asustaba en absoluto, en tiempos de guerra. Tampoco reflexionaba de nuevo sobre eso por la noche, cuando estaba en la cama, ni me decía: 'Hombre, Volker, ha sido realmente horroroso lo que habéis hecho allí'. Esto se debía seguramente a que siempre nos habían estado formando y educando de esta manera".
He querido colocaros algunos testmonios de niños de la época, que sirvieron como ayudantes de defensa antiaérea, para que veáis que diferentes pueden llegar a ser las apreciaciones de aquel tiempo por parte de diferentes personas. El primer testimonio comenta: "Bromeamos, reímos e hicimos tonterías igual que otros jóvenes en otros tiempos, dentro de nuestros límites, claro."
Me atrevería a afirmar que el hecho de ver aquella época como un juego, y verlo como la pérdida de la juventud y la manipulación radica en las experiencias vividas. Soportar un bombardeo aliado y ver a los compañeros morir cambia la percepción de las cosas. Pero eso es una apreciación personal.
La gran idea de utilizar a los niños de ayudantes de artillería antiaérea surgió de Hermann Göring, como no. En el 43, como el material humano empezaba a escasear, y se necesitaban soldados en todos los frentes, y era un lujo innecesario tenerlos apostados en las ciudades con los cañones antiaéreos. Se calculó que 100 niños de 16 a 17 años podían sustituir a 70 soldados. Finalmente unos 200.00 niños fueron empleados en tales menesteres, muriendo multitud de ellos.
El decreto de Göring se hizo público el 22 de enero de 1943. La mayoría de esos niños cumplió la misión con fe ciega en su Patria y en su Führer, y si hubiera sido necesario, hubieran muerto por ellos. Pero todo aquello se vino abajo cuando empezaron los primeros bombardeos y presenciaron el verdadero horror de la guerra.
Y aún podríamos hablar de las Volkssturm, otro tema apropiado, para apreciar el grado de desprecio que el régimen nacionalsocialista brindó a la juventud alemana, que en vez de desangrarse absurdamente en los campos de batalla, debió haberse preparado para los tiempos de paz y para levantar otra vez Alemania después de la guerra.
Fuente del testimonio: Los niños de Hitler, de Guido Knopp
Saludos
Nos comportábamos como bárbaros.
Los horrores de la guerra hacían que los jóvenes manifestaran una dureza y una insensibilidad hacia la muerte ante las cuales se espantan hoy en día.
Un testimonio recuerda, con escalofríos, una experiencia de su época en la defensa antiaérea: "Habíamos derribado un aparato inglés del tipo 'Mosquito', corrimos inmediatamente al aparato y vimos de cerca como los dos pilotos habían muerto en el avión. Se habían estrangulado ellos mismos al timón del aparato. En aquella época ya teníamos experiencia con la muerte, conocíamos situaciones crueles y habíamos visto morir a algunas personas. Y bueno, lo tomábamos con calma. La pura curiosidad nos impulsaba a correr hacia allí. Además, nos interesábamos por las armas, la munición de los aparatos, y también por los uniformes de los pilotos. Nos comportábamos como bárbaros, quitábamos las prendas de vestir a los muertos: las botas, los conjuntos que después utilizábamos para nosotros. Todo eso no pesaba sobre nosotros y no nos asustaba en absoluto, en tiempos de guerra. Tampoco reflexionaba de nuevo sobre eso por la noche, cuando estaba en la cama, ni me decía: 'Hombre, Volker, ha sido realmente horroroso lo que habéis hecho allí'. Esto se debía seguramente a que siempre nos habían estado formando y educando de esta manera".
He querido colocaros algunos testmonios de niños de la época, que sirvieron como ayudantes de defensa antiaérea, para que veáis que diferentes pueden llegar a ser las apreciaciones de aquel tiempo por parte de diferentes personas. El primer testimonio comenta: "Bromeamos, reímos e hicimos tonterías igual que otros jóvenes en otros tiempos, dentro de nuestros límites, claro."
Me atrevería a afirmar que el hecho de ver aquella época como un juego, y verlo como la pérdida de la juventud y la manipulación radica en las experiencias vividas. Soportar un bombardeo aliado y ver a los compañeros morir cambia la percepción de las cosas. Pero eso es una apreciación personal.
La gran idea de utilizar a los niños de ayudantes de artillería antiaérea surgió de Hermann Göring, como no. En el 43, como el material humano empezaba a escasear, y se necesitaban soldados en todos los frentes, y era un lujo innecesario tenerlos apostados en las ciudades con los cañones antiaéreos. Se calculó que 100 niños de 16 a 17 años podían sustituir a 70 soldados. Finalmente unos 200.00 niños fueron empleados en tales menesteres, muriendo multitud de ellos.
El decreto de Göring se hizo público el 22 de enero de 1943. La mayoría de esos niños cumplió la misión con fe ciega en su Patria y en su Führer, y si hubiera sido necesario, hubieran muerto por ellos. Pero todo aquello se vino abajo cuando empezaron los primeros bombardeos y presenciaron el verdadero horror de la guerra.
Y aún podríamos hablar de las Volkssturm, otro tema apropiado, para apreciar el grado de desprecio que el régimen nacionalsocialista brindó a la juventud alemana, que en vez de desangrarse absurdamente en los campos de batalla, debió haberse preparado para los tiempos de paz y para levantar otra vez Alemania después de la guerra.
Fuente del testimonio: Los niños de Hitler, de Guido Knopp
Saludos