Publicado: Vie Dic 01, 2006 10:42 am
Hacia Siberia.
Los prisioneros de guerra debieron reconstruir la destruida Unión Soviética. Uno de cada cuatro murieron en ello.
Los soldados alemanes en la Unión Soviética tenían al final de la guerra un único objetivo: marchar al Oeste y no caer prisioneros. La propaganda de Goebbels de las hordas bolcheviques de Stalin, surtió efecto hasta el final. Pero casi 3 millones de soldados alemanes no tuvieron elección, cuando se rindieron al Ejército Rojo.
A algunos se les disparó; muchos fueron asesinados cuando fueron detenidos por las enfurecidas tropas soviéticas. Los demás permanecieron 13 años en los campos de concentración rusos, sin saber si algún día podrían volver a casa.
Un soldado ruso observa a un grupo de prisioneros alemanes.
Equivalente a la muerte.
La amenaza: "A Siberia", dice Paul Korte, antiguo prisionero, "era equivalente a muerte". En los campos con los hielos eternos, se llegó a temperaturas de 60 bajo cero. Las condiciones eran miserables y la patria especialmente lejana. Las enfermedades y el hambre, trabajos forzados y maltratos: para los prisioneros alemanes de los 5.000 campos entre Kiev y Vladivostov a partir de entonces, eso fue la rutina de cada día. Después e nuevas investigaciones, un cuarto de los prisioneros en la Unión Soviética perdieron la vida.
Los recién llegados, serán llevados al campo número 58, de Temnikowski/Mordowien.
Más cruel fue poco antes, cuando los prisioneros soviéticos cayeron en manos alemanas. Hitler siguió una política de exterminio sin piedad alguna contra los supuestos "eslavos untermenschen". Los soviéticos no eran vistos con los ojos de Hitler como camaradas, sus vidas no valían nada en el según la ideología del Nacionalsocialismo. Por lo menos 5,3 millones de soldados soviéticos cayeron en manos de la Wehrmacht. Después de muchos cálculos, se estima que la mitad perdieron la vida en el cautiverio.
Se traicionaba por comida.
Los prisioneros alemanes bajo las órdenes de Stalin, no eran tratados mejor o peor que otros prisioneros o detenidos. En la Rusia destruida por la guerra esto se traducía a hambre y enfermedades. Bajo esas condiciones poco quedaba de la camaradería. "Por un cazo de comida, uno era traicionado", recuerda Hans Kampmann, antiguo prisionero de guerra: "Uno se volvía mudo y no decía ni palabra, porque había espías por todas partes."
Quien se pasaba al "Nationalkomitee Freies Deutschland" o más tarde al "Kommunistischen Antifa" recibía mejores alimentos, trabajo menos duros o podía lavarse el pelo. Privilegios que para los prisioneros sólo aportaban envidia y odio.
Los campos rusos estaban estrechamente vigilados.
Intento de huída desesperado.
Todos tenían añoranza por la patria. Muy pocos consiguieron huir. Uno de los que realmente lo consiguieron, fue Otto Rinas, que fue desde Siberia a Berlín. Narró en la televisión por primera vez su espectacular fuga y los siete meses llenos de peligros en su camino hacia la patria. Otto Rinas es para la historia, el primer caso documentado de una huida con éxito de Siberia.
Los años más hermosos, robados.
Algunos ayudaron a sus camaradas a escapar del cautiverio. Wilhelm Emmerling fue puesto en libertad prematuramente, porque se le debió amputar una pierna. Guardaba en el interior de su muleta, un papel con los nombres de los prisioneros y muertos. Con su motocicleta viajó hasta España, para informar a los parientes de sus camaradas.
No antes de 1956, volvieron los últimos supervivientes. Wilhelm valora su cautiverio en la Unión Soviética de la siguiente manera: "Nos robaron los años más hermosos".
Prisioneros de guerra alemanes.
Los recuerdos de los testigos alemanes y rusos, los nuevos descubrimientos de archivos privados, y las investigaciones en los archivos de Moscú forman una imagen de cómo los prisioneros alemanes murieron o sobrevivieron en los campos de Stalin. Hasta hoy, esos acontecimientos, son para la generación que participó en la guerra, un trauma.
"Cuando llevaba una hora en casa, no pude aguantar más. Me metí en una habitación y me tumbé. Allí lloré desconsoladamente."
Wilhelm Mentink, antiguo prisionero de guerra.
"El sufrimiento como persona, la nostalgia de los niños, de la familia. Muchos no lo pudieron soportar. Esto acabó por consumirlos y entonces murieron."
Friedrich Siekmeyer, antiguo prisionero de guerra.
Fuente: ZDF, Politik und Zeitgeschehen
Traducción: Paradise Lost
Saludos
Los prisioneros de guerra debieron reconstruir la destruida Unión Soviética. Uno de cada cuatro murieron en ello.
Los soldados alemanes en la Unión Soviética tenían al final de la guerra un único objetivo: marchar al Oeste y no caer prisioneros. La propaganda de Goebbels de las hordas bolcheviques de Stalin, surtió efecto hasta el final. Pero casi 3 millones de soldados alemanes no tuvieron elección, cuando se rindieron al Ejército Rojo.
A algunos se les disparó; muchos fueron asesinados cuando fueron detenidos por las enfurecidas tropas soviéticas. Los demás permanecieron 13 años en los campos de concentración rusos, sin saber si algún día podrían volver a casa.
Un soldado ruso observa a un grupo de prisioneros alemanes.
Equivalente a la muerte.
La amenaza: "A Siberia", dice Paul Korte, antiguo prisionero, "era equivalente a muerte". En los campos con los hielos eternos, se llegó a temperaturas de 60 bajo cero. Las condiciones eran miserables y la patria especialmente lejana. Las enfermedades y el hambre, trabajos forzados y maltratos: para los prisioneros alemanes de los 5.000 campos entre Kiev y Vladivostov a partir de entonces, eso fue la rutina de cada día. Después e nuevas investigaciones, un cuarto de los prisioneros en la Unión Soviética perdieron la vida.
Los recién llegados, serán llevados al campo número 58, de Temnikowski/Mordowien.
Más cruel fue poco antes, cuando los prisioneros soviéticos cayeron en manos alemanas. Hitler siguió una política de exterminio sin piedad alguna contra los supuestos "eslavos untermenschen". Los soviéticos no eran vistos con los ojos de Hitler como camaradas, sus vidas no valían nada en el según la ideología del Nacionalsocialismo. Por lo menos 5,3 millones de soldados soviéticos cayeron en manos de la Wehrmacht. Después de muchos cálculos, se estima que la mitad perdieron la vida en el cautiverio.
Se traicionaba por comida.
Los prisioneros alemanes bajo las órdenes de Stalin, no eran tratados mejor o peor que otros prisioneros o detenidos. En la Rusia destruida por la guerra esto se traducía a hambre y enfermedades. Bajo esas condiciones poco quedaba de la camaradería. "Por un cazo de comida, uno era traicionado", recuerda Hans Kampmann, antiguo prisionero de guerra: "Uno se volvía mudo y no decía ni palabra, porque había espías por todas partes."
Quien se pasaba al "Nationalkomitee Freies Deutschland" o más tarde al "Kommunistischen Antifa" recibía mejores alimentos, trabajo menos duros o podía lavarse el pelo. Privilegios que para los prisioneros sólo aportaban envidia y odio.
Los campos rusos estaban estrechamente vigilados.
Intento de huída desesperado.
Todos tenían añoranza por la patria. Muy pocos consiguieron huir. Uno de los que realmente lo consiguieron, fue Otto Rinas, que fue desde Siberia a Berlín. Narró en la televisión por primera vez su espectacular fuga y los siete meses llenos de peligros en su camino hacia la patria. Otto Rinas es para la historia, el primer caso documentado de una huida con éxito de Siberia.
Los años más hermosos, robados.
Algunos ayudaron a sus camaradas a escapar del cautiverio. Wilhelm Emmerling fue puesto en libertad prematuramente, porque se le debió amputar una pierna. Guardaba en el interior de su muleta, un papel con los nombres de los prisioneros y muertos. Con su motocicleta viajó hasta España, para informar a los parientes de sus camaradas.
No antes de 1956, volvieron los últimos supervivientes. Wilhelm valora su cautiverio en la Unión Soviética de la siguiente manera: "Nos robaron los años más hermosos".
Prisioneros de guerra alemanes.
Los recuerdos de los testigos alemanes y rusos, los nuevos descubrimientos de archivos privados, y las investigaciones en los archivos de Moscú forman una imagen de cómo los prisioneros alemanes murieron o sobrevivieron en los campos de Stalin. Hasta hoy, esos acontecimientos, son para la generación que participó en la guerra, un trauma.
"Cuando llevaba una hora en casa, no pude aguantar más. Me metí en una habitación y me tumbé. Allí lloré desconsoladamente."
Wilhelm Mentink, antiguo prisionero de guerra.
"El sufrimiento como persona, la nostalgia de los niños, de la familia. Muchos no lo pudieron soportar. Esto acabó por consumirlos y entonces murieron."
Friedrich Siekmeyer, antiguo prisionero de guerra.
Fuente: ZDF, Politik und Zeitgeschehen
Traducción: Paradise Lost
Saludos