Publicado: Jue Nov 30, 2006 10:40 am
Ralph Brauer, artillero antiaéreo
Nadie me robó la infancia.
Ralph Brauer de Hamburgo, de la generación de 1927, perteneció a los jóvenes que el 15 de febrero de 1943, fue llamado a filas como auxiliar de artillería en las posiciones con cañones antiaéreos.

Ralph Brauer en abril de 2005.
"1939, fue una año rico en acontecimientos para nosotros los jóvenes, porque éramos tan ingenuos, como los niños a esa edad lo son. Por supuesto habíamos oído hablar de la intranquilidad internacional, y nos habíamos enterado de la ocupación de los sudetes y la anexión de Austria, y lo encontrábamos todos grandioso.
Cuando mi madre me explicó, en el verano de 1939, lo que la guerra nos traería, me alegré: "Por fin pasa algo", dije. Estábamos influenciados por muchos políticos, y la mayoría del pueblo fue adoctrinado, debido a que no teníamos posibilidades de comparar con otros. Había algunos pocos, que ya decían que aquello acabaría en catástrofe."
Orgulloso con su uniforme.
Antes de servir como auxiliar de artillería antiaérea, estuve en las Juventudes Hitlerianas, pero no antes de 1939. Debido a mi enfermedad de, polio, no se dirigieron a mí con anterioridad. Me fijé en que mis amigos hacían allí cosas hermosas y yo no. A mi madre no le hacía mucha gracia, pero finalmente me dejó. Entonces ingresé en las Jungvolk y recibí unos pantalones y una camisa gris. Con el uniforme, estaba tan orgulloso como Oskar. Más tarde, después del Kinderlandverschickung, estuve en la Motor-Hj.
Alegría por la llamada al servicio.
En febrero de 1943, para gran alegría mía, recibí la orden de reclutamiento, la cual fue anunciada en la escuela. De esa manera, se suprimió el examen de bachillerato. Éramos 43 niños los que terminábamos la escuela. Nuestros padres no estaban muy entusiasmados, pero sólo repetían: "Esta maldita guerra". En casa podían hacerlo, pero mejor no decirlo en voz alta en el tranvía
Primero debimos hacer la instrucción militar. Duró seis semanas y no tenía nada que ver con la de los soldados. Tuvimos enseguida clases militares, en este caso sobre los cañones, o sea montar y desmontar las piezas. Los compañeros de mi clase fueron repartidos en Hamburgo-Wilhelmsburgo. Después fui destinado en una posición antiaérea en un puerto franco. Vivimos en barracas que habían sido construidos en el techo del cobertizo.

Certificado de auxiliar de artillero antiaéreo.
Rutina en la posición.
Nos levantaban entre las seis y las seis y media. Entonces debíamos asearnos, pero eso no significaba ducharnos. Sino que había una especie de acequia con grifos. Uno se desnudaba de cintura para arriba y se lavaba un poco con agua fría. Después desayunábamos. Aún me acuerdo de que teníamos un cursillo de primera ayuda. Era un poco vergonzoso hablar con el suboficial con el torso desnudo. Mascullaba en su dialecto bávaro: "Y no olvidei lavaro tre vece a la semana vuetra parte". Sabíamos lo que decía, pero no nos atrevíamos a reír en voz alta.
En nuestro puesto había cañones y utensilios. Además siempre debíamos vigilar algo. Yo pertenecía a la guarnición de un cañón. Había desde el K1 hasta el K4. El primero era el que apuntaba, el segundo el que medía la distancia, el tercero calculaba la dirección y el cuarto era el artillero.
Tareas inútiles, desde el punto de vista militar, sin sentido.
Yo era K2 y me ocupaba de medir la distancia. Estaba al lado del K1, que estaba sentado a la derecha del cañón, que apretaba y disparaba la palanca del pie. No teníamos ningún tipo de radar, sino utensilios ópticos. El artillero no podía disparar fácilmente. Sólo cuando el jefe del cañón decía "fuego", entonces disparaba el artillero. Esto duraba tanto, que la gente se pregunta para qué servía esa tontería.
Para los cañones antiaéreos ligeros, había tres tipos de granadas. Debían ser cargadas en un orden concreto., para confundir al enemigo. Pero el enemigo no nos hacía ese favor, ya que volaban tan alto que no podíamos pillarlos con las luces de nuestros antiaéreos. Todo era una tontería, un absoluto disparate militar.

Ralph posando junto a un cañón. Hamburgo, 1943.
Mejor sin propia opinión.
Nuestros superiores directos, a menudo eran unos tiranos. Por ejemplo, una vez cometí el error de llegar una hora tarde al servicio, porque había olvidado el cambio de horario en verano. Se me fue ordenado presentarme ante Jefe, que me recibió con una sarta de insultos. Fue suficiente, pero siempre respondiendo fuertemente "A la orden, mi teniente". Decir algo por propia iniciativa no era buena idea. Y así fui arrestado.
Primero aprendiz, luego soldado.
Antes la gran tormenta de fuego del 27 de Julio de 1943, por fortuna fui despedido. Estaba en casa y había empezado mi aprendizaje. Hasta que fui soldado, debí estudiar un año entero. No fui escogido para según que tareas a causa de mi impedimento físico. Tampoco hubiera estado entusiasmada en hacerlo.
En el verano de 1944, llegó la orden de reclutamiento de la Wehrmacht. Fui examinado y a pesar de mis problemas físicos fui considerado "apto para el servicio militar". Fuimos liberados de nuestro servicio, ya que habíamos ganado mucha experiencia como antiaéreos. En febrero de 1945 partimos hacia el Este, en las cercanías de Breslau. La situación era muy tensa. En principio sólo debíamos realizar cambios de posición.

Con uniforme de soldado. 25.03.1945.
Experiencias horribles como soldado.
La época de mi vida en que serví como auxiliar de artillería antiaérea la considero como un juego, en comparación a mis experiencias como soldado. Sólo una vez tuve contacto con el enemigo, una noche que formada parte de una avanzadilla de observadores en la nieve, y daba mucho miedo. Dos veces permanecí delante de los cañones de los fusiles y me amenazaron con disparar. Una vez ante partisanos checos, y otra ante la Wehrmacht, porque había cometido "una falta ante el enemigo". Fueron experiencias horrorosas.
Al contrario, nuestras vivencias como auxiliares de artillería antiaérea iban desvaneciéndose. "El Estado nos robó nuestra juventud, eso nunca lo olvidaremos", dicen muchos de mis antiguos compañeros, y no acuden a nuestros encuentros. Eso es una tontería. Bromeamos, reímos e hicimos tonterías igual que otros jóvenes en otros tiempos, dentro de nuestros límites, claro.
Fuente: 60 Jahre Kriegsende.
Saludos
Nadie me robó la infancia.
Ralph Brauer de Hamburgo, de la generación de 1927, perteneció a los jóvenes que el 15 de febrero de 1943, fue llamado a filas como auxiliar de artillería en las posiciones con cañones antiaéreos.

Ralph Brauer en abril de 2005.
"1939, fue una año rico en acontecimientos para nosotros los jóvenes, porque éramos tan ingenuos, como los niños a esa edad lo son. Por supuesto habíamos oído hablar de la intranquilidad internacional, y nos habíamos enterado de la ocupación de los sudetes y la anexión de Austria, y lo encontrábamos todos grandioso.
Cuando mi madre me explicó, en el verano de 1939, lo que la guerra nos traería, me alegré: "Por fin pasa algo", dije. Estábamos influenciados por muchos políticos, y la mayoría del pueblo fue adoctrinado, debido a que no teníamos posibilidades de comparar con otros. Había algunos pocos, que ya decían que aquello acabaría en catástrofe."
Orgulloso con su uniforme.
Antes de servir como auxiliar de artillería antiaérea, estuve en las Juventudes Hitlerianas, pero no antes de 1939. Debido a mi enfermedad de, polio, no se dirigieron a mí con anterioridad. Me fijé en que mis amigos hacían allí cosas hermosas y yo no. A mi madre no le hacía mucha gracia, pero finalmente me dejó. Entonces ingresé en las Jungvolk y recibí unos pantalones y una camisa gris. Con el uniforme, estaba tan orgulloso como Oskar. Más tarde, después del Kinderlandverschickung, estuve en la Motor-Hj.
Alegría por la llamada al servicio.
En febrero de 1943, para gran alegría mía, recibí la orden de reclutamiento, la cual fue anunciada en la escuela. De esa manera, se suprimió el examen de bachillerato. Éramos 43 niños los que terminábamos la escuela. Nuestros padres no estaban muy entusiasmados, pero sólo repetían: "Esta maldita guerra". En casa podían hacerlo, pero mejor no decirlo en voz alta en el tranvía
Primero debimos hacer la instrucción militar. Duró seis semanas y no tenía nada que ver con la de los soldados. Tuvimos enseguida clases militares, en este caso sobre los cañones, o sea montar y desmontar las piezas. Los compañeros de mi clase fueron repartidos en Hamburgo-Wilhelmsburgo. Después fui destinado en una posición antiaérea en un puerto franco. Vivimos en barracas que habían sido construidos en el techo del cobertizo.

Certificado de auxiliar de artillero antiaéreo.
Rutina en la posición.
Nos levantaban entre las seis y las seis y media. Entonces debíamos asearnos, pero eso no significaba ducharnos. Sino que había una especie de acequia con grifos. Uno se desnudaba de cintura para arriba y se lavaba un poco con agua fría. Después desayunábamos. Aún me acuerdo de que teníamos un cursillo de primera ayuda. Era un poco vergonzoso hablar con el suboficial con el torso desnudo. Mascullaba en su dialecto bávaro: "Y no olvidei lavaro tre vece a la semana vuetra parte". Sabíamos lo que decía, pero no nos atrevíamos a reír en voz alta.
En nuestro puesto había cañones y utensilios. Además siempre debíamos vigilar algo. Yo pertenecía a la guarnición de un cañón. Había desde el K1 hasta el K4. El primero era el que apuntaba, el segundo el que medía la distancia, el tercero calculaba la dirección y el cuarto era el artillero.
Tareas inútiles, desde el punto de vista militar, sin sentido.
Yo era K2 y me ocupaba de medir la distancia. Estaba al lado del K1, que estaba sentado a la derecha del cañón, que apretaba y disparaba la palanca del pie. No teníamos ningún tipo de radar, sino utensilios ópticos. El artillero no podía disparar fácilmente. Sólo cuando el jefe del cañón decía "fuego", entonces disparaba el artillero. Esto duraba tanto, que la gente se pregunta para qué servía esa tontería.
Para los cañones antiaéreos ligeros, había tres tipos de granadas. Debían ser cargadas en un orden concreto., para confundir al enemigo. Pero el enemigo no nos hacía ese favor, ya que volaban tan alto que no podíamos pillarlos con las luces de nuestros antiaéreos. Todo era una tontería, un absoluto disparate militar.

Ralph posando junto a un cañón. Hamburgo, 1943.
Mejor sin propia opinión.
Nuestros superiores directos, a menudo eran unos tiranos. Por ejemplo, una vez cometí el error de llegar una hora tarde al servicio, porque había olvidado el cambio de horario en verano. Se me fue ordenado presentarme ante Jefe, que me recibió con una sarta de insultos. Fue suficiente, pero siempre respondiendo fuertemente "A la orden, mi teniente". Decir algo por propia iniciativa no era buena idea. Y así fui arrestado.
Primero aprendiz, luego soldado.
Antes la gran tormenta de fuego del 27 de Julio de 1943, por fortuna fui despedido. Estaba en casa y había empezado mi aprendizaje. Hasta que fui soldado, debí estudiar un año entero. No fui escogido para según que tareas a causa de mi impedimento físico. Tampoco hubiera estado entusiasmada en hacerlo.
En el verano de 1944, llegó la orden de reclutamiento de la Wehrmacht. Fui examinado y a pesar de mis problemas físicos fui considerado "apto para el servicio militar". Fuimos liberados de nuestro servicio, ya que habíamos ganado mucha experiencia como antiaéreos. En febrero de 1945 partimos hacia el Este, en las cercanías de Breslau. La situación era muy tensa. En principio sólo debíamos realizar cambios de posición.

Con uniforme de soldado. 25.03.1945.
Experiencias horribles como soldado.
La época de mi vida en que serví como auxiliar de artillería antiaérea la considero como un juego, en comparación a mis experiencias como soldado. Sólo una vez tuve contacto con el enemigo, una noche que formada parte de una avanzadilla de observadores en la nieve, y daba mucho miedo. Dos veces permanecí delante de los cañones de los fusiles y me amenazaron con disparar. Una vez ante partisanos checos, y otra ante la Wehrmacht, porque había cometido "una falta ante el enemigo". Fueron experiencias horrorosas.
Al contrario, nuestras vivencias como auxiliares de artillería antiaérea iban desvaneciéndose. "El Estado nos robó nuestra juventud, eso nunca lo olvidaremos", dicen muchos de mis antiguos compañeros, y no acuden a nuestros encuentros. Eso es una tontería. Bromeamos, reímos e hicimos tonterías igual que otros jóvenes en otros tiempos, dentro de nuestros límites, claro.
Fuente: 60 Jahre Kriegsende.
Saludos