Publicado: Mar Oct 30, 2007 6:28 am
por T34
LA IGLESIA CATOLICA Y LA SGM (Parte 3 de 5)


Horst Wessel


Ajeno a estas opiniones, Hitler, a quien el papa piropeó diciendo que era el estandarte más indicado contra el comunismo y el nihilismo, estaba encantado con el trato y "expresó la opinión de que podía ser considerado como un gran logro.

El concordato daba a Alemania una oportunidad y creó un área de confianza que fue particularmente significativa en el desarrollo de un frente contra la judería internacional".

Con el concordato, Hitler recibió el mejor regalo que le podía hacer Roma para refrendar su golpe parlamentario.

En el Consejo de Ministros celebrado el 11 de julio de 1933, Hitler exponía ante el gabinete las ventajas del acuerdo, que, según él, se centraban en tres aspectos principales:
- La Santa Sede se había visto finalmente obligada a negociar con un partido al que había considerado anticristiano y enemigo de la Iglesia.
- El juramento de los obispos sometía a éstos al Estado y al gobierno del Reich, un hecho que habría sido impensable apenas unos meses antes.
- La Iglesia renunciaba a la actividad política, dejando manos libres a los nazis para operar a su antojo.

El acto de la firma tuvo lugar el 20 de julio de 1933. Los firmantes fueron Von Papen, en representación del Estado alemán, y Pacelli, en la del Vaticano. Las declaraciones públicas fueron de gran satisfacción por ambas partes.

En una carta a los miembros del partido fechada el 22 de julio, Hitler se congratulaba diciendo:
"El tratado muestra al mundo entero, clara e inequívocamente, que la afirmación de que el nacionalsocialismo es hostil a la religión es falsa".
Por su parte, el nuncio Orsenigo celebró una misa solemne de acción de gracias en la catedral de Berlín, finalizándola con la entonación del Horst Wessel Lied, el himno del partido nazi:
Die Fahne hoch / Die Reihen fest geschiossen / S.A. marschiert / Mit ruhig festem Schritt.

La bandera en alto, / la compañía en formación cerrada, / las S.A. marchan / con paso decidido y silencioso.
Los camaradas / caídos en el frente rojo / marchan en espíritu / en nuestra formación.
La calle libre / por los batallones marrones, / la calle libre / por los soldados que desfilan.
Millones, llenos de esperanza / miran la esvástica; / el día rompe, / para el pan y la libertad.
Por última vez / es lanzada la llamada, / para la pelea / todos es tamos listos.
Pronto ondearán las banderas de Hitler / en cada calle / la escla vitud / durará tan sólo un poco más.

Poco imaginaba Horst Wessel que el himno que compuso para el partido nazi acabaría siendo entonado en una catedral católica.

Hijo de un pastor protestante, abandonó sus estudios de Derecho en 1926 para unirse a los camisas pardas de Hitler. Su notable inteligencia y la fuerza de su convicción política hicieron que Joseph Goebbeis se fijara en él, y en 1928 lo enviase a Viena con la misión de organizar las juventudes del partido en la capital austríaca, Wessel era un activista extremadamente violento.

A su regreso a Alemania organizó el ataque contra un local del Partido Comunista, que se saldó con varios heridos. Esto provocó que Heinz Neumann, editor del diario comunista Bandera Roja, llamase a los miembros del partido a "golpear a los fascistas dondequiera que se encuentren".

El 14 de enero de 1930, Wessel mantuvo una agria disputa con su casera, que, a la sazón, era viuda de un antiguo miembro del Partido Comunista.

Las versiones de la pelea son muy diversas. Parece ser que la casera afirmaba que Wessel se negaba a pagar la renta (o que se la pretendió subir y aquél se negó a pagar la diferencia). La situación pasó a mayores y la viuda afirmó que Wessel la amenazó con golpearla.

La discusión derivó hacia la novia de Wessel, que vivía con él, y que o bien era prostituta o bien lo había sido, y el activista nazi estaba ayudándola en su rehabilitación. En lugar de acercarse a la policía, la rentera fue a pedir ayuda a una taberna local frecuentada por comunistas. Estos vieron la oportunidad de vengarse de Wessel por el ataque anterior.

Dos hombres, Ali Höhler y Erwin Rückert, un miembro activo del partido, fueron al departamento de Wessel.

Al abrirles éste la puerta, Höhler le disparó en la cabeza. Horst Wessel falleció varias semanas más tarde a causa de las heridas. El altercado fue explotado de modo propagandístico tanto por los nazis como por los comunistas, que presentaron a Wessel como un proxeneta y un degenerado. Mientras tanto, los nazis organizaron un funeral público para el nuevo mártir de la causa al que acudieron treinta mil personas. Durante su desarrollo se cantaron unos versos que el propio Wessel había escrito meses atrás, los mismos que unos años después se entonarían en la catedral de Berlín.


Fuentes.
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