Publicado: Jue Nov 08, 2012 7:46 pm
por Kurt_Steiner
El Santo Grial, según la tradición y la leyenda, es el cáliz que usó Jesucristo en la Última Cena al instaurar la Eucaristía y en la que, posteriormente, José de Arimatea recogió la sangre de las heridas de Jesús en la cruz. Se dice que después el cáliz llegó a Francia y a Inglaterra y, finalmente, los cátaros lo custodiaron en Montsegur. A partir de ahí son diversas las ciudades que afirman poseer el Grial: Valencia, Génova, Lucca, Botionda, Lión y Reims. Otras teorías afirman que, tras la caída de los cátaros en Montsegur, el Grial siguió su camino por la Occitania y por las tierras catalanas, primero en el monasterio de San Pere de Rodes y finalmente en el monasterio de Montserrat, donde lo buscó Himmler, como ya vimos.

La misteriosa visita de Himmler a Montserrat fue una etapa. La infraestructura militar, social y política estructurada por Hitler a fin de convertir Alemania en un imperio de tenia que dominar el mundo durante mil años, descansaba en una ristra de teorías que giraban alrededor de antiguas leyendas germánicas absolutamente tergiversadas a favor del principio básico de la superioridad de la raza aria sobre las otras. Fue el mismo Hitler quien enlazó el esoterismo y la política. Durante sus años de juventud en Viena leyó mucho sobre astrología, ocultismo, religiones orientales, la antigua Roma, hipnotismo, yoga y, sobre todo, literatura germánica. De un modo u otro, Hitler quería asociar sus conocimientos pseudo-históricos al misterio de la pureza de la sangre con el objetivo de demostrar que la raza aria había sido la encargada de marcar el destino de los humanos. El joven Hitler encontró respuesta a sus preguntas gracias a una ópera de Richard Wagner, Parsifal, inspirada en los misterios del Santo Grial. El compositor alemán, que havia musicado el poema del Grial cantado por Wolfram von Eschenbach, un trovador del siglo XIII, dramatizó la leyenda centrando la historia en una lucha entre los caballeros que custodiaban el Grial y sus adversarios, identificados como las fuerzas del Infierno.

Según la ópera, el Grial era un símbolo sagrado de la sangre de Cristo en manos del caballero Parsifal, pero que se podía convertir en un poder de magia negra si acababa en manos del siniestro Klingsor, otro personaje de la leyenda griálica. Hitler revolvió a la historia del modo más simple: los caballeros del Grial habían traicionado su sangre aria y se habían rendido a la superstición del judío Jesús, basada en los votos cristianos y los ideales compasivos. El Grial debía pertenecer a Klingsor. Convencido de que la sangre de Cristo era aria, ordenó la búsqueda del Grial, además del Arca de la Alianza.

Su búsqueda llevó a Ahnenerbe hasta España. Pero a los nazis de la Ahnenerbe se les presentaría un problema en caso de encontrar el Arca. Según la tradición hebrea, sólo un gran rabino judío podría abrirla sin morir, porque para ello era necesario conocer el verdadero nombre de Dios. Únicamente mediante la cabalística, o ciencia que persigue la comprensión de lo divino a través de los números y las letras, podrían los nazis conocer el nombre de Dios y abrir el Arca. La Ahnenerbe buscó un cabalista judío, y lo encontró en Auschwitz. El cabalista, se dice, no quería volver al campo de exterminio y se calló el hecho de que según la tradición, tras la muerte de Jesús en la cruz y el posterior desgarro del velo del Templo de Jerusalén, el pacto entre Dios e Israel se rompió, y el Arca perdió su poder.

Dicho cabalista dirigió a la Ahnenerbe hasta la comunidad judía de Toledo. Allí los nazis debieron encontrar alguna pista del Arca, porque poco después el almirante Wilhelm Canaris, jefe del Abwehr, decidió dirigirse al madrileño Museo Arqueológico Nacional, donde creía que podría encontrar el Arca entre una colección de piezas del Antiguo Egipto supuestamente recopiladas por una logia masónica. Sin duda los nazis no lograron hacerse con este potente «arma», porque perdieron la guerra.

Otra reliquia que les interesó a los nazis fue la mítica Piedra de Scone, sobre la que se coronaban a los reye de Escocia, pues, creían los nazis, fue sobre la que Jacob se recostó antes de soñar con la escalera que llevaba a Dios. Pero el Tercer Reich no consiguió hacerse con esa «poderosa arma».