Von Manstein, Paulus y Stalingrado
Autor: Paradise Lost


Sobre la batalla de Stalingrado, hay tres cuestiones que han enfrentado a multitud de historiadores, ofreciendo cada uno de ellos diferentes puntos de vista, a la hora de buscar responsables en base a las órdenes que se emitieron desde el 19 de noviembre, inicio de la Operación Saturno, hasta el 2 de febrero, fecha de la capitulación del Cuerpo de Ejército XI, al mando del general Strecker. Va siendo hora de profundizar en la vasta literatura sobre Stalingrado para intentar aportar algo de luz a todos esas sombras.


1. ¿Era Manstein el superior de Paulus y por tanto estaba el VI Ejército bajo su mando dentro del Grupo de Ejército Don?

Para responder a esta pregunta, habría que probar que el VI Ejército estaba integrado dentro del Grupo de Ejércitos Don, al mando del cual, se encontraba von Manstein. Aparte de todos los datos ya existentes en los mensajes preliminares, me gustaría aportar algunos pasajes que von Manstein, uno de los implicados directos, afirma en su libro, Victorias frustradas:
"Disponía la orden del OKH recibida el 21 de noviembre en el Cuartel general del Décimoprimer Ejército, en la zona de Vitebsk, que con objeto de robustecer mediante una mayor concentración a los ejércitos empeñados en las duras luchas defensivas al oeste y al sur de Stalingrado, El Sexto Ejército, el Cuarto Ejército Panzer y el Tercer Ejército rumano se integrasen en el Grupo de Ejércitos Don."

Queda claro que El VI Ejército formaba parte del Grupo de Ejército Don, si nos atenemos a las propias palabras de Manstein, su Comandante en Jefe. Esto prueba que el Grupo de Ejércitos Don sí tenía responsabilidad sobre el VI Ejército, no como se había negado anteriormente.

Partiendo de este hecho, jerárquicamente, Manstein era el superior de Paulus, y eso queda reflejado en algunas líneas de Victorias frustradas, donde Manstein afirma que podía dar órdenes directas a Paulus y que podía decidir sobre las posteriores acciones del VI Ejército:
"Sin embargo, como futuro comandante en jefe no tuve más remedio que avanzar decisiones respecto a la cuestión capital de si el Sexto Ejército, en la situación en la que nos lo imaginábamos el 24 de noviembre, debería inmediatamente intentar la ruptura y si podría hacerlo aunque con retraso..."
"A lo que todavía cabe añadir la consideración de que, puesto el general Paulus en el dilema de obedecer a Hitler o al mando supremo de nuestro Grupo, lo más probable hubiera sido que optase por lo primero."

Sobre este último párrafo hay que hacer notar lo que dice textualmente Manstein, que podía dar órdenes directas a Paulus, si bien, este último tenía la presión directa de Hitler, pero cuando desarrolle la tercera pregunta ya analizaré con más profundidad la posición de Paulus.

Con todo lo aportado anteriormente, y lo que el mismo Manstein afirma en sus memorias, creo que queda suficientemente probado que el VI Ejército, quedó integrado dentro del Grupo de Ejército Don y que Manstein era el superior jerárquico de Paulus, y por lo tanto podía dar órdenes directas a este último.
Anteriormente se afirmó que Manstein no podía ordenar nada a Paulus, ya que Hitler tenía a Paulus totalmente maniatado. Bien, pues en Victorias frustradas, Manstein da la vuelta a la tortilla afirmando varias veces ÉL MISMO, que dio órdenes a Paulus para romper el cerco, cosa que me ha dejado desconcertado. Eso prueba directamente que Manstein era su superior y estaba capacitado para dar órdenes al Comandante en Jefe del VI Ejército. Como ya he dicho tocaré este tema con más profundidad cuando analice la tercera pregunta, pues Manstein no dio realmente esa orden de forma clara, pero lo importante es que sí que podía dar esas órdenes, tal como afirma y esa era una de las piedras angulares sobre la que giraba este hilo.


2. ¿La Operación Wintergewitter, ¿contemplaba sólo hacer llegar suministros al VI Ejército o fue diseñada para permitir su huída?

Ya en su momento coloqué el siguiente teletipo, dónde se dejaban claras las directrices del la Operación Wintergewitter.

Teletipo n.º 60328
ALTAMENTE SECRETO "Chefsache".
Transmisible sólo por oficiales.
19 de diciembre de 1942, 18.00 horas

Orden al VI Ejército

1. El 57.º Cuerpo Blindado [6.ª y 17.ª Divisiones Panzer] del IV Ejército Blindado ha derrotado al enemigo en la zona de Verjne-Kumski y alcanzado la sección de Mishkova... Se han iniciado los ataques contra poderosas fuerzas enemigas en el área de Kamenka y al norte de aquella zona. Se esperan duros combates en dicha zona...
2. El VI Ejército se debe concentrar tan pronto como sea posible para la operación "Wintergewitter" [Unión]. El objetivo es establecer contacto con el 57.º Cuerpo Blindado, con el fin de que puedan llegar abundantes suministros.
3. Los acontecimientos pueden requerir una ampliación del párrafo 2 para una ruptura de todo [el VI] Ejército con el objetivo de alcanzar... [a la 6.ª División Panzer]... en el río Mishkova. Palabra cifrada: "Trueno". En dicho caso, podría ser importante abrir brecha con carros ulteriormente a fin de establecer contacto... con el propósito de aportar un convoy de suministros. Luego, el Ejército avanzaría hacía el río Mishkova, cubriendo los flancos... mientras haría avanzar por secciones el área fortificada
Bajo ciertas circunstancias, puede ser necesario hacer que continúe la operación "Tormenta de Invierno" [Unión] con la operación "Trueno" [Retirada]. En general, el Ejército debe hacer todo esto con los actuales abastecimientos aéreos sin almacenar notables cantidades de suministros. Es importante que el aeropuerto de Pitomnik siga conservándose en condiciones operacionales el mayor tiempo posible.
Hay que transportar todas las armas móviles... Sin embargo estas deben concentrarse en la parte sudoeste en una fecha próxima.

4. La preparación del párrafo 3 [ruptura] se hará efectiva únicamente bajo la orden específica "Trueno".
5. Informe de la fecha y hora de ataque del párrafo 2 (Tormenta de Invierno-Unión).
CG Grupo de Ejércitos del Don, G3 N.-0369/42
ALTAMENTE SECRETO
"Chefsache", fechado 19 dic. 1942
Von Manstein
General mariscal de campo

Recapitulando un poco, se trataba de abrir un corredor, que uniese el VI Ejército con el 57.º Cuerpo blindado, para abastecer al primero con abundantes suministros y carburante, para permitir pasar al VI Ejército el invierno en Stalingrado, y con ello no abandonar la ciudad en el Volga.
Sobre este tema, la discusión giraba en que se afirmaba que Wintergewitter se diseñó para sacar al VI Ejército de Stalingrado, cosa que no es así, puesto que la operación que llevaría a cabo la evacuación de Stalingrado era la llamado Donnerschlag, que seguiría a Wintergewitter, pero nunca se dio permiso para ejecutarla.
En el libro Victorias frustradas, el propio Manstein afirma que Wintergewitter tenía como único objetivo abrir un pasillo para abastecer al VI Ejército, cosa que a su juicio, era totalmente descabellada, y estaba a favor de inmediatamente después ejecutar Donnerschlag. Pero como ya digo el plan original de Hitler consistía en que el VI Ejército debía recibir suministros para permanecer en Stalingrado.
Veamos que dice Manstein en sus memorias al respecto:
"En primer lugar, que en modo alguno se podía –aún en el supuesto de que saliésemos adelante en nuestro intento de romper el cerco- dejar al Sexto Ejército en el sector de Stalingrado. Con esto salíamos al paso de la insistente pretensión de Hitler de conservar la ciudad como había hecho el invierno anterior con la bolsa de Demiansk, y procurar que ahora abriésemos un pasillo para abastecer por él al ejército encargado de resistir allí."
"Se puede objetar, en efecto, que la cuestión que en él se ventila es la de como habría de proseguirse la lucha en el caso de que, después de haber abierto un pasillo hasta el Sexto Ejército, dejásemos a este en Stalingrado. Este reparo tiene su explicación en el hecho de que irle a un Hitler con el argumento de que era imposible dejar al ejército en Stalingrado aunque se consiguiese abastecerlo por u corredor abierto en el cerco, hubiera sido tiempo perdido. Sólo si se le ponía bien plásticamente ante los ojos el volumen enorme de fuerzas que habría que habría que ceder aun para seguir sosteniéndose en Stalingrado, cabía esperar que acabase por reconocer la necesidad de sacar allí al Sexto Ejército. Por desgracia, este llamamiento al buen sentido logró doblegar su empecinada tenacidad en materia de amor propio. En tal caso, mientras que en el supuesto de Wintergewitter habría que conservar el sector de Stalingrado según tenía ordenado Hitler habría que evacuar ahora allí un espacio equivalente a la progresión que en la ruptura hacia el sudoeste se consiguiese."

Con todos ejemplos que afirma Manstein en sus memorias, queda suficientemente claro que la Operación Wintergewitter tenía como objetivo abrir un corredor para abastecer al VI Ejército con el objetivo de que permaneciese en la ciudad tal como ordenó Hitler. Viendo la imposiblidad de conservar ese pasillo, se diseñó la Operación Donnerschlag que debía seguir inmediatamente a Wintergewitter, y permitiría al VI Ejército abandonar la ciudad, aunque nunca se puso en práctica.

Otros autores también dan fe de ello, como por ejemplo Antony Beevor, en su libro Stalingrado:
"El plan Manstein para rescatar el VI Ejército -la operación Tormenta de Invierno- fue desarrollado con una consulta punto por punto con el cuartel general del Führer. Su objetivo era penetrar hasta el VI Ejército y establecer un corredor para proporcionarle suministros y refuerzos, de modo que, según la orden de Hitler, pudiera mantener la posición de "piedra angular" en el Volga, "con relación a las operaciones de 1943".

Otro historiador que afirma lo mismo es Walter Görlitz, en su libro Stalingrado y yo:
"Según Hitler, la operación Winterwegitter, no debía representar otra cosa que el restablecimiento de las comunicaciones con el Sexto Ejército y la apertura de una vía de suministro a través de la helada estepa y el cerco. Stalingrado, el punto de partida para la ofensiva de verano de 1943, tenía que ser defendida a toda costa.
Pero para Paulus y también para von Manstein la operación Wintergewitter sólo tenía sentido si era seguida por la operación Donnerschlag, es decir, sacar del cerco a todo el Sexto Ejército. [...]
[...] Manstein no consideró prudente tomar decisiones por su propia cuenta y riesgo en contra de las instrucciones recibidas del Alto Mando de la Wehrmacht y del Alto Mando del Ejército. [...]"

Y por último, podemos citar a William Craig en su libro, La batalla por Stalingrado:
"El OKW dijo a Manstein que su primordial tarea radicaba en abrir un pasillo hasta el VI Ejército para que se pudiesen enviar suministros a los alemanes que combatían en el Volga. Pero se advirtió al mariscal que no debía sacar al VI Ejército del Kessel. Sólo debía "prestar ayuda", mientras trabajaba estrechamente con los Grupos de Ejércitos A y B para proteger los flancos derecho e izquierdo de la Wehrmacht en el sur de Rusia."


3. ¿Ordenó Manstein a Paulus la ruptura del cerca por parte del VI Ejército?

Antes me nada me gustaría hacer un inciso. Para abordar un tema tan peliagudo como éste, ha sido necesario recurrir a varias fuentes, provenientes de testigos tan opuestos, como Manstein y Paulus, siempre subjetivos, para después contrastarlo todo con otros historiadores más objetivos, como Beevor, Stein... A partir de ahí, podemos hacernos una idea bastante clara de lo que sucedió en realidad, al haber comparado los mismos datos, con la versión de cada uno de los implicados. Y éste es el caso. No llevaría a ninguna parte aferrarse a una idea sin contrastarla con otras fuentes que precisamente apuntan lo contrario.

En primer lugar, me gustaría aclarar de una vez por todas, si Manstein podía transmitir órdenes a Paulus, siendo el primero, el Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos Don, y el segundo, comandante en Jefe del VI Ejército, ejército que estaba incluido dentro del Grupo de Ejércitos Don. Jerárquicamente no hay duda posible, ya que Manstein era el superior de Paulus y podía transmitirle esas órdenes. El mariscal, en sus memorias, Victorias frustradas, firma que no podía dar órdenes a Paulus por las siguientes razones:
"La misma atribución del VI Ejército al Grupo de Ejércitos Don apenas si era algo más que una mera ficción. Hasta entonces habían estado aquellas fuerzas prácticamente bajo las órdenes directas del OKH, y cuando aun tenían alguna posibilidad de abrirse camino por sus propios medios a través del enemigo, Hitler las había atado al poste de Stalingrado, de suerte que operativamente no pasaban de ser un reducto inmóvil. En vez de manejarlas y aplicarlas, lo que el Grupo de Ejércitos tenía que hacer era dedicarse a socorrerlas. Porque, además, Hitler seguía manteniendo su mando directo sobre ellas mediante un oficial de enlace del Estado Mayor Central, situado con estación de radio propia en el Estado Mayor del Sexto Ejército."

Primero de todo, hay que hacer una aclaración importante, sobre el "supuesto" enlace de Hitler en el Kessel. Manstein se refiere al comandante Zitztewitz. En realidad Zitzewitz no fue enviado por Hitler a Stalingrado, sino por Zeitzler, que quería tener dentro de la bolsa a su propio enlace. Zeitzler, después de la guerra, confirmó este hecho en una carta al general Doerr. Zeitzler, también añadió, que no le cabía la menor duda, de que el Grupo de Ejércitos Don tenía plena autoridad sobre el VI Ejército, y es una opinión muy a tener en cuenta, pues estamos hablando del Jefe del Estado Mayor del OKH. Zeitzler envió a Zitzewitz al Kessel el 23 de septiembre, con la siguiente orden escrita: "Quiero que me informe inmediatamente, tan pronto como sea posible. No tiene autoridad para estar al mando. No se preocupe, todo lo que Paulus está haciendo es correcto". Con todo lo expuesto anteriormente, la tesis de Manstein sobre que el VI Ejército estaba maniatado por un oficial de enlace enviado por Hitler, cae por su propio peso y se revela como una falsedad. Si Hitler hubiera enviado a alguien para mantener su manto directo, evidentemente no hubiera enviado a un comandante, sino a un oficial de alto rango.

Cuando Manstein afirma que el VI Ejército había estado bajo las órdenes directas del OKH, obvia claramente, que al principio, el VI Ejército había estado bajo las órdenes del Grupo de Ejércitos Sur, más tarde del Grupo de Ejércitos B, y por último bajo el Grupo de Ejércitos Don.

En el libro de Marcel Stein, también aparece la siguiente cita de Wieder:
"De todas maneras, el Sexto Ejército no recibió ni una orden directamente de Hitler durante toda la operación de rescate. El general Paulus y su Estado Mayor no solamente se sentían bajo el mando del Grupo de Ejércitos, sino que dieron un extraordinario alto grado de confianza al mariscal von Manstein, que era venerado como una autoridad estratégica".
Esto mismo lo corrobora Görlitz en las siguientes líneas:
"[...] el teniente general Erich von Manstein, más tarde en Stalingrado, en una hora trágica y decisiva, el superior directo de Paulus, por quién era muy apreciado. [...]"

¿La atribución del VI Ejército al Grupo de Ejércitos Don era una mera ficción? Hay infinidad de documentos que prueban lo contrario. Paso a señalar los más importantes.
El 26 de noviembre Paulus le envió una carta escrita a mano a Manstein en la que figuraba lo siguiente:
"Puesto que a diario me abruman de preguntas desde todos los lados, le quedaría sumamente agradecido si me mandara algo más que simples órdenes por escrito, para que pudiera reforzar yo la moral de mis hombres.
Estoy firmemente convencido de que en su mando, señor Mariscal, se halla la garantía de la ayuda al Sexto Ejército.
Mi mariscal de campo, su obediente (firmado) Paulus."

19 de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- Le felicito por el éxito de sus operaciones defensivas.
Saludos, Manstein
- Gracias señor... ¿Puedo recibir ahora la orden?

23 de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- ¿Debo interpretar esto como que me autoriza ahora para iniciar la operación Trueno?
- No puedo concederle hoy la autorización.

Bien, en todas estas citas, puede leerse como claramente, Paulus confirma que recibe órdenes de Manstein, y Paulus le pide a Manstein que se las transmita. Si Manstein no podía transmitir esas órdenes, tal como afirma en sus memorias, ¿por qué Manstein no le contestó diciéndole que no estaba capacitado para dárselas? ¿Y cómo podía dárselas tal como escribió Paulus en su carta, si no estaba capacitado para ello?

Anteriormente, en este hilo, se ha hecho referencia al famoso mensaje radiado 1422 que dice así, y en el que se ha basado toda la argumentación de que Manstein no podía transmitir órdenes a Paulus.

Mensaje radiado nº 1422/Altamente secreto/¡Urgente!
Del Gej. B al 6º ej.
"El Führer desea que, a causa de su decisiva importancia para el 6º ej., la parte Norte de la zona fortificada de Stalingrado...sea puesta bajo mando de un Comandante Militar. Este Comandante será responsable ante el Führer de conservar dicha zona fortificada a cualquier precio. El Führer por ello, ha encargado al General de Artª Von Seydlitz-Kurbach...dicha responsabilidad. Esto no afectará a la responsabilidad global del Comandante del 6º ej.".
Por orden del Führer.

En él se afirma que la zona norte y este pasó a estar al mando del general von Seydlitz Kurzbach, pero que Paulus seguía manteniendo el mando global del VI Ejército. En ninguna parte puede leerse que ese mando estuviera directamente bajo las órdenes de Hitler sin pasar por Manstein. La prueba de ello son los mensajes que he aportado antes.
La orden 1422 está fechada en realidad el 26 de noviembre de 1942, y los documentados que he señalado son del 19 y 23 de diciembre, y en ellos puede leerse que Manstein seguía pudiendo dar órdenes y así lo hacía, por lo que se demuestra que ese mensaje no relevó en ningún momento a Manstein del mando del VI Ejército.

También se ha afirmado en este foro que no existe ningún documento que acredite que Manstein dio una sola orden directa a Paulus. Bien, el diario de guerra del VI Ejército está repleto de ellas, y como muestra, dejo constancia de la primera orden que Manstein transmitió a Paulus, fechada el 24 de noviembre.
"Asumo el mando el 26 de noviembre. Haré cuanto sea posible para ayudarle. Es imperativo para el VI Ejército, en obediencia a las órdenes del Führer, mantenerse firme en sus posiciones en el Volga, y preparar las unidades más fuertes para abrir una vía de suministros hacia el suroeste."

Aunque asumió oficialmente el mando del Grupo de Ejércitos Don, finalmente el 27 de noviembre, estaba capacitado para emitir órdenes con anterioridad, tal como demuestra su primera orden fechada el 24 de noviembre.

Después de quedar claramente demostrado que la afirmación "La atribución del VI Ejército al Grupo de Ejércitos Don era una mera ficción" no se sustenta por ningún lado, llega la hora de abordar la siguiente cuestión. ¿Ordenó Manstein a Paulus que rompiera el cerco? Manstein afirma varias veces en el capítulo dedicado a Stalingrado en sus memorias, que sí lo hizo.

"[...] Al paso que Hitler seguía al mismo tiempo en su terco empeño de conservar Stalingrado, el mando del Sexto Ejército renunciaba en el instante decisivo, y contra las instrucciones que nuestro Grupo de Ejércitos le había dado, a tentar la última oportunidad que acaso se le ofrecía aun y rubricaba así prácticamente la aceptación de su definitiva perdición. [...]"
"[...] Por eso fue por lo que el mando del Grupo dirigió el 19 de diciembre al mediodía al mando supremo un apremiante llamamiento para que permitiese por fin al Sexto Ejército desprenderse de Stalingrado y romper hacia el sudoeste al encuentro del Cuarto Ejército Panzer.
Como tampoco este telegrama obtuviese una pronta y decisiva respuesta, el mando de Grupo de Ejércitos les daba a las 18 horas la orden al Sexto Ejército y al Cuarto Ejército Panzer. [...]"
"[...] Si entonces el general Paulus no tendió la mano a esta última posibilidad; si vaciló y al fin terminó por rehusar la gran aventura, seguramente lo debió hacer por viva conciencia que tenía de la responsabilidad. De una responsabilidad que el mando del grupo de Ejércitos trató de atenuar en la medida de sus posibilidades, pero de la que, en última instancia, no podía eximirle enteramente ni ante Hitler ni ante la propia conciencia.
Luego, en la semana siguiente al 19 de diciembre, fecha en que el Grupo de Ejércitos le había dado al Sexto Ejército orden de ponerse cuanto antes a la ruptura del cerco, fue cuando la suerte de los sitiados se decidió. [...]"

Bien, todo lo expuesto aquí por Manstein es una muestra de cinismo impresionante. Es realmente curioso, que Manstein se empeñe en dejar claro una y otra vez en sus Victorias frustradas, que el Grupo de Ejércitos Don le dio la orden al VI Ejército para que rompiera el cerco y saliera en dirección a Donskaya Zaritza, cuando en unas páginas anteriores afirmaba que "la atribución del VI Ejército al Grupo de Ejércitos Don era una mera ficción". ¿Cómo puede alguien que según él, no tenía el mando del VI Ejército, transmitirle órdenes? Teniendo en cuenta que la "supuesta" orden fue emitida el 19 de noviembre, esto vuelve a demostrar que la famosa orden número 1422, no afectaba al mando de Manstein sobre Paulus, ya que fue emitida un mes antes, y Manstein afirma que el 19 de diciembre, sí que estaba capacitado para dar esas órdenes.
Pero, y lo que es ahora más importante, ¿ordenó realmente Manstein al VI Ejército en esa orden que rompiera el cerco?
A continuación reproduzco la orden completa emitida el 19 de diciembre:


Teletipo n.º 60328
ALTAMENTE SECRETO "Chefsache".
Transmisible sólo por oficiales.
19 de diciembre de 1942, 18.00 horas

Orden al VI Ejército

1. El 57.º Cuerpo Blindado [6.ª y 17.ª Divisiones Panzer] del IV Ejército Blindado ha derrotado al enemigo en la zona de Verjne-Kumski y alcanzado la sección de Mishkova... Se han iniciado los ataques contra poderosas fuerzas enemigas en el área de Kamenka y al norte de aquella zona. Se esperan duros combates en dicha zona...
2. El VI Ejército se debe concentrar tan pronto como sea posible para la operación "Wintergewitter" [Unión]. El objetivo es establecer contacto con el 57.º Cuerpo Blindado, con el fin de que puedan llegar abundantes suministros.
3. Los acontecimientos pueden requerir una ampliación del párrafo 2 para una ruptura de todo [el VI] Ejército con el objetivo de alcanzar... [a la 6.ª División Panzer]... en el río Mishkova. Palabra cifrada: "Trueno". En dicho caso, podría ser importante abrir brecha con carros ulteriormente a fin de establecer contacto... con el propósito de aportar un convoy de suministros. Luego, el Ejército avanzaría hacía el río Mishkova, cubriendo los flancos... mientras haría avanzar por secciones el área fortificada
Bajo ciertas circunstancias, puede ser necesario hacer que continúe la operación "Tormenta de Invierno" [Unión] con la operación "Trueno" [Retirada]. En general, el Ejército debe hacer todo esto con los actuales abastecimientos aéreos sin almacenar notables cantidades de suministros. Es importante que el aeropuerto de Pitomnik siga conservándose en condiciones operacionales el mayor tiempo posible.
Hay que transportar todas las armas móviles... Sin embargo estas deben concentrarse en la parte sudoeste en una fecha próxima.
4. La preparación del párrafo 3 [ruptura] se hará efectiva únicamente bajo la orden específica "Trueno".
5. Informe de la fecha y hora de ataque del párrafo 2 (Tormenta de Invierno-Unión).
CG Grupo de Ejércitos del Don, G3 N.-0369/42
ALTAMENTE SECRETO
"Chefsache", fechado 19 dic. 1942
Von Manstein
General mariscal de campo

Tras su detenida lectura, salta a la vista, que de orden directa para que se rompiera el cerco desde dentro no tiene nada. Evidentemente se trata de una orden emitida por Manstein a Paulus, cosa que vuelve a probar que sí que podía emitir órdenes y que la orden 1422 no afectaba al mando de Manstein, pero su ejecución no está nada clara. Se haba de la ruptura como de una "posibilidad". Evidentemente Paulus y Schmidt no podían solventar esta galimatías, donde no podía sacarse nada en claro.
La inmensa mayoría de historiadores afirman después de estudiar el documento de Manstein del 19 de diciembre, que éste realmente no dio nunca la orden, y entre todos los historiadores alemanes, sólo uno, Uhle-Wettler, se posiciona a favor de Manstein. En todo caso, Manstein debió haberle preguntado primero a Paulus, que día estaría listo su Ejército, y enviarle una orden posterior indicándole fecha para iniciar la ruptura. Manstein sabía de la fama de Fabius cunctator de Paulus y que éste ultimo debía haber recibido una orden precisa, no el jeroglífico que he reproducido anteriormente.
Creo que es importante apuntar aquí el testimonio del general Friedrich-Wilhelm Hauck, que fue el intendente de Manstein anteriormente en el XI Ejército, que señaló que Manstein nunca dio esa orden y que no figuraba en el diario de guerra del VI Ejército. Hauck fue apoyado por el general Heim, el cual también afirmó "Manstein no se puede escapar con sus declaraciones. Quiere librarse de cualquier responsabilidad."

Schmidt y Paulus, después de su vuelta del cautiverio, montaron en cólera al leer que Manstein, afirmaba en sus memorias, que había dado tal orden.
"[...] Cuando el general Schmidt regresó del cautiverio y leyó Verlorene Siege (Victorias Frustradas), montó en cólera al leer que se había dado la orden de ruptura al 6º Ejército. [...]"
"[...] Cuando Paulus leyó Verlorene Siege, le comentó a Adam: 'Tiene que leer esto. De repente Manstein se exime de toda culpa por el desastre del 6º Ejército'. Este hombre escribe mentiras descaradas. Otorga toda la culpa a Hitler y a mí. Usted ha escuchado mis conversaciones telefónicas con él. sabe que nunca me informó sobre la situación y cómo prácticamente me paralizó. Ahora cambia todas las cosas. Y a éste hombre tuve yo una vez en la más alta estima. Un hombre, que en aquella época no se atrevió a darme una orden, o al menos permiso para romper, no tiene derecho a escribir que él había querido que yo rompiera y que me hubiera cubierto. [...]"

Está claro que Manstein nunca cursó de forma real esa orden aunque según él, sí lo hizo, y Paulus no quiso obedecerla por ser fiel a su responsabilidad. Manstein, en sus memorias, hace hincapié en que en la disyuntiva, Paulus hubiera obedecido sólo a Hitler y no a él. Es hora de tratar este tema, ya que nos demostrará que si Paulus hubiera recibido una orden de Manstein, desobedeciendo a Hitler, la hubiera llevado a cabo.
Manstein afirma lo siguiente, en sus memorias:
"[...] A lo que todavía cabe añadir la consideración de que, puesto el general Paulus en el dilema de obedecer a Hitler o al mando de nuestro Grupo, lo más probable hubiera sido que optase por lo primero. [...]"
"[...] Y en reconocimiento de ella era por lo que nuestro mando había ordenado expresamente la evacuación de loa zona fortificada para el caso de la consigna ‘Donnerschlag’. Claro está que, aun así, quedaba por resolver la cuestión de a quién habría de obedecer el general Paulus si a Hitler o al jefe de Grupo de Ejércitos. [...]"

Resulta cuanto menos curioso, que de salida, Manstein presente la disyuntiva de a quién iba a obedecer Paulus, en caso de que el Grupo de Ejércitos Don le hubiera transmitido la hipotética orden, cuando en las primeras páginas de sus memorias, afirma que su mando sobre el VI Ejército era pura fantasía. Además, Manstein parece olvidar deliberadamente ciertos acontecimientos, que aclaran de manera contundente, a quien hubiera obedecido Paulus en caso de haber recibido la orden. Antes, hay que tener en cuenta, que Paulus nunca hubiera actuado por propia cuenta desobedeciendo las órdenes de Manstein o Hitler. Su educación militar y su modus operandi se lo impedían, y ese fue uno de los grandes errores de Paulus. Otros militares como Reichenau o Model, seguramente si hubieran desobedecido las órdenes de sus superiores, pero éste no era el caso de Paulus. Es por ello, que a sabiendas de que Hitler no daría su brazo a torcer, Paulus intentó y pidió en repetidas ocasiones a Manstein que le transmitiera esa orden para llevarla a cabo, al menos tras recibirla de parte del Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos. Al fin y al cabo una orden de su superior que le permitiese actuar en consecuencia, ya que sin ella, Paulus nunca hubiera actuado ni actuó. Suficientes pruebas hay de ello.

"Paulus, a pesar de haber aceptado la operación 'Donnerschlag', no estaba dispuesto a proceder sin antes haber recibido del Grupo de Ejércitos Don una orden bien concreta. El Grupo de Ejércitos, por su lado, no estaba dispuesto a dar la consigna para la operación "Donnerschlag" sin autorización del Alto Mando del Ejército."

Aquí vuelvo a reproducir los dos textos que anteriormente ya adjunté:
19 de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- Le felicito por el éxito de sus operaciones defensivas.
Saludos, Manstein
- Gracias señor... ¿Puedo recibir ahora la orden?

23 de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- ¿Debo interpretar esto como que me autoriza ahora para iniciar la operación Trueno?
- No puedo concederle hoy la autorización.

Como vemos, Paulus le pide en repetidas ocasiones a Manstein que le trasmita la orden para iniciar la ruptura. Si Paulus, según Manstein, solo iba a obedecer a Hitler, no tiene sentido que le pidiera repetidas veces al mariscal de campo que le diera la orden. Es importante ampliar en su totalidad esta última conversación aparecida en el libro de Marcel Stein, que prueba que Manstein no se atrevió a dar la orden, y que Palus se lo suplicaba. De este sólo se puede extraer que Paulus hubiera llevado a cabo la orden emitida por Manstein, desobedeciendo a Hitler, y que Manstein como su superior podía dársela. Es importante destacar el "No puedo concederle hoy la autorización". Si Manstein no hubiera estado al mando del VI Ejército, no hubiera pronunciado la palabra "hoy", ya que se está o no está al mando. ¿Cómo podía no autorizarle "hoy" si no era su superior? Evidentemente debía haber contestado que era Hitler el que debía darle la orden y no él, si hubiera sido consecuente con todo lo que había alegado anteriormente. Reproduzco la conversación íntegra entre Paulus y Manstein:

"[..] Manstein no se lo permitió, como evidencia su conversación telefónica d el 23 de diciembre de 1942. Paulus le dijo a Manstein: 'Herr Feldmarschall, le ruego que me ordene romper.' Manstein respondió: 'Paulus, no puedo darle esa orden. Sin embargo, si usted decidiera actuar por su propia cuenta, haría todo posible para ayudarle.' Después Paulus le preguntó a Manstein si podía darle autoridad para seguir los pasos preliminares de Donnerschlag. Manstein contestó: 'No puedo darle autoridad hoy, espero llegar a una decisión mañana.' Entonces Paulus le preguntó a Manstein si podía como mínimo preparar mentalmente a sus cuerpos para Donnerschlag. Manstein le dijo: 'Espere a una llamada posterior del general Schulz al general Schmidt.' La conversación continuó y, al finamente, Paulus preguntó: '¿Se llevará a cabo ahora la llamada del general Schulz al general Schmidt?' Manstein le respondió: 'No deben esperarse llamadas posteriores. [...]"

Es interesante el testimonio que reporta Stahlberg sobre la llamada del 23 de diciembre entre Paulus y Manstein, y que dice así: "Paulus le dijo a Manstein: 'Herr Feldmarschall, le suplico que me ordene romper'. Oí claramente la voz de Paulus en un tono suplicante."

Después de comprobar como Paulus le pidió a Manstein que le transmitiese la orden de romper, para llevarla a cabo (eso se desprende sin ningún género de dudas de todo lo anteriormente expuesto), queda preguntarse, que hubiera hecho Hitler, si Manstein hubiera dado la orden real a Paulus. La opinión de Kehrig, es que la operación se hubiera llevado a cabo sin dilación ya que el Comandante en Jefe del VI Ejército, y todos sus comandantes de Cuerpo estaban de acuerdo con ello. Para mayor seguridad, después de recibir la orden, podrían haberse cortado las comunicaciones de radio con el exterior para evitar la contraorden.

Para acabar con este tema que se plantea, habría que ver también si Manstein hizo todo lo posible para permitir la ruptura del VI Ejército y posibilitar su salvación. Si revisamos cronológicamente todo lo sucedido desde que el mariscal, asumió el mando del VI Ejército, cabe destacar que sólo el primer día, Manstein condenó personalmente a todo el VI Ejército.

Reproduzco de nuevo la orden que emitió a Paulus el 24 de noviembre:
"Asumo el mando el 26 de noviembre. Haré cuanto sea posible para ayudarle. Es imperativo para el VI Ejército, en obediencia a las órdenes del Führer, mantenerse firme en sus posiciones en el Volga, y preparar las unidades más fuertes para abrir una vía de suministros hacia el suroeste."
Con esta orden, y eso que según Manstein no podía darle órdenes a Paulus, se perdió cualquier posibilidad de salvación del VI Ejército. Manstein, en sus memorias, afirma que en los primeros días y hasta la llegada a su Cuartel general, no puedo hacerse una idea de la gravedad del asunto y que emitió esa orden porque estaba convencido, y así se lo hizo saber Hitler, de que el aprovisionamiento aéreo era factible.
Como el mal tiempo hizo que Manstein llegase con demora a su Cuartel general, ya que se cubrió el trayecto en tren, cuando tomó posesión de su cargo, la oportunidad de romper el cerco en su mejor momento ya había pasado, y no era viable hasta diciembre:
"Como condición sine qua non, para poder aceptar el riesgo que supone la renuncia a un inmediato intento de ruptura del Sexto Ejército, habrá que contar con la seguridad de una aportación diaria de 400 toneladas de suministros a los cercados, procurada por vía aérea".

Repasando las memorias de Manstein, el mariscal afirma lo siguiente:
"[...] Es pues, indubitable que las seguridades dadas por Göring a Hitler el 23 de noviembre (o acaso antes) constituían un fraude. Si lo era sólo en sus efectos, por cálculo erróneo de las posibilidades existentes, o si se trató de un embuste consciente por afán de atribuirse importancia o por debilidad adulona, es cosa que yo no puedo determinar. Puede afirmarse, eso sí, que Göring obró con ligereza criminal por lo menos y que sobre él recae la principal responsabilidad. No por eso exculpo a Hitler de la contraída por omisión de la precaución, obligada en este caso, de hacer comprobar la prioridad de las afirmaciones de Göring, sobre todo conociendo como conocía al personaje y el volumen de recursos de la Luftwaffe.
En cambio, ni el mando del Grupo de Ejércitos, ni el jefe de la Cuarta Flota de la Luftwaffe estaban en condiciones de proceder a semejante comprobación. Además de que en teoría no había razón alguna para calificar de utópica así como la posibilidad abastecer temporalmente al Sexto Ejército por vía aérea, cuando en el invierno de 1941 a 1942 cien mil hombres lo habían sido en igual forma durante meses en la bolsa de Demjansk. [...]"

Más de mismo. Manstein sabía perfectamente que el aprovisionamiento aéreo no era viable. El 21 de noviembre Schmidt mantuvo una conversación telefónica con el comandante del VIII Cuerpo Aéreo, Martin Fiebig, indicándole este último que el aprovisionamiento no era posible. Poco después Richthoffen y Fiebig llegaron en conjunto a la misma conclusión y se le fue comunicada de nuevo a Schmidt.
El 22 de noviembre se reunieron en el bunker de Paulus, los generales Schmidt, Seydlitz y el coronel Clausius.
El 23 de noviembre, según lo acordado en la reunión se envió un mensaje al Grupo de Ejércitos B en el que se proponía iniciar la ruptura el 25-26 de noviembre ya que el aprovisionamiento aéreo era imposible, según los cálculos de Fiebig, Richthofen y Pickert. A pesar de que el Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos B, von Weichs, estaba totalmente de acuerdo con la operación, y así se lo hizo saber a Zeitzler ese mismo 23 de noviembre, Hitler prohibió cualquier tipo de tentativa de romper el cerco.
Cuando Manstein llegó al Cuartel General del Grupo de Ejércitos B, en Starobjelsk, el 24 de noviembre se reunió con los allí presentes. De esa reunión, el propio Manstein comenta lo siguiente en sus memorias:
"[...] En el Grupo de Ejércitos B me mostraron un radiograma que el comandante del Sexto Ejército, general Paulus, había dirigido a Hitler con fecha, según creo recordar, del 22 o 23 de noviembre. En él comunicaba al Führer que, a su modo de ver y al de los comandantes a sus órdenes, había llegado el momento de que el ejército apelase a todas sus energías para abrirse paso rompiendo el cerco. Y advertía que la concentración de fuerzas indispensables a tal objeto reclamaba ciertos cambios en la actual distribución interior, así como el repliegue del frente norte a una línea más corta, con el fin de retirar el contingente indispensable para la ruptura. La opinión del Grupo de Ejércitos B en este punto era que, aun supuesta la inmediata autorización por parte de Hitler para proceder a la acción, hasta el 28 de noviembre no se hallarían en condiciones de acometerla. [...]"

Resulta chocante, que Manstein no cite en ninguna parte que todos, tanto el Comandante en Jefe del VI Ejército, como su Jefe de Estado Mayor, como todos sus comandantes de Cuerpos, como el Comandante en Jefe del OKH, del Grupo de Ejércitos B, y los oficiales de la Luftwaffe, Fiebig, Richthofen y Pickert, nombrados anteriormente, estuvieran en contra del aprovisionamiento y todos abogaran por un intento de ruptura en el tiempo más breve posible. Como podemos ver, la decisión de Manstein fue totalmente unilateral, desoyendo los consejos de todos los militares de alto rango involucrados en Stalingrado, y sobre todo y lo más grave, cuando Manstein acababa de llegar de su largo viaje en tren, y no tenía una idea clara ni concisa de la gravedad y situación de las fuerzas rodeadas.
También llama la atención, que según Manstein, Hitler debía saber que las promesas de Göring eran pura invención. ¿Acaso Manstein no debía sospecharlo también? ¿No conocía Manstein las continuas bravuconadas de Göring?

Cabe añadir sobre este tema, que el 24 de noviembre, en el Cuartel General del Führer, ocurrió un grave incidente entre Zeitzler, Hitler, Jodl y Keitel. Zeitzler quiso hacer ver a Hitler que era imposible abastecer por aire al VI Ejército. Hitler montó en cólera e hizo llamar al General Jodl y al Mariscal Keitel y les preguntó sobre que opinión tenía estos dos sobre el aprovisionameinto aéreo del VI Ejército, respondiendo ambos, que era factible. Zeitzler volvió a defender su punto de vista, que era imposible. Hitler mandó a llamar a Göring y le preguntó si era posible, y este último asintió, afirmando que era viable. Zeitzler le preguntó a Göring si conocía la cantidad de toneladas y número de aviones que debían transportarse, a lo que Göring contestó visiblemente incómodo que "no lo sé, pero mi Estado Mayor puede hacerlo." Y así acabó la discusión.
Este es el testimonio íntegro de Zeitzler, aparecido en el libro Stalingrado, de Joachim Wieder:

— En vista de que las operaciones que se propusieron para la liberación del sexto ejército no han podido obtener ningún éxito, es decisivo dar las órdenes para que se lleve a cabo una ruptura del cerco. Debe hacerse inmediatamente: es el último momento posible.
Mientras yo hablaba, Hitler se iba poniendo visiblemente más y más enfadado. Había intentado varias veces interrumpirme, pero yo no se lo había permitido, porque sabía que aquella era mi última oportunidad y debía expresarme hasta el fin. Cuando terminé, gritó:
— ¡El sexto ejército debe permanecer donde está! Es la guarnición de una fortaleza y el deber de las tropas de una fortaleza es resistir el asedio. Si es necesario, tendrá que pasar allí todo el invierno, y ya lo liberaré en una ofensiva de primavera.
Aquello era pura fantasía. Insistí:
— Stalingrado no es ninguna fortaleza. Tampoco hay modo alguno de abastecer al sexto ejército.
Hitler se enfadó todavía más que antes y gritó aun más ruidosamente:
— El mariscal Göring ha dicho que él abastecerá al ejército por vía aérea.
Entonces yo grite también:
— ¡Eso es una insensatez!
Hitler no cejaba:
— ¡No me apartaré del Volga!
Dije en voz alta:
— ¡Mi Führer! Sería un crimen dejar al sexto ejército en Stalingrado. Significaría la muerte o el cautiverio de un cuarto de millón de hombres. Toda esperanza de liberarlos sería inútil. La pérdida de ese ejército rompería la columna vertebral del frente Este.
Hitler se puso muy pálido pero no dijo nada. Me miró con rostro helado y apretó el botón del timbre que tenía sobre su mesa de escritorio. Cuando apareció su oficial ayudante de las S.S. le ordenó:
— Vaya a buscar al mariscal Keitel y al general Jodl.
No se cambió entre nosotros una sola palabra hasta que llegaron ambos. Acudieron al momento y sin duda habían estado aguardando en la habitación contigua. Si era así, tenían que haber escuchado nuestras voces a través de las delgadas paredes e la habitación de los planos. No podían haberse engañado en modo alguno sobre la naturaleza el estrépito. Keitel y Jodl saludaron rígidamente. Hitler siguió en pie, con una expresión solemne en el rostro. Estaba todavía muy pálido, pero en el exterior tranquilo. Dijo:
— Tengo que adoptar una decisión muy grave. Antes de tomarla quisiera escuchar el parecer de ustedes. ¿Debo abandonar Stalingrado o no? ¿Qué opinan sobre eso?
Entonces empezó algo que habría podido llamarse un consejo de guerra, procedimiento que hasta entonces Hitler no había utilizado nunca. Keitel, que estaba en posición de firme, dijo con ojos relampagueantes:
— ¡Mi Führer! ¡permanezca usted junto al Volga!
Jodl habló tranquila y objetivamente. Midió sus palabras y dijo:
— Mi Führer, en efecto es una grave decisión la que tiene usted que tomar ahora. Si nos retiramos del Volga, ello significa el abandono de una gran parte del territorio ganado con tan pesados sacrificios durante la ofensiva del verano. Por otra parte, la situación, si no retiramos el sexto ejército, puede hacerse seria. Las operaciones proyectadas para su liberación podrían tener éxito, pero también podrían fracasar. Hasta que veamos los resultados de tales operaciones, en mi opinión debemos seguir en el Volga.
— Ahora le toca a usted — me dijo Hitler.
Por lo visto esperaba que las palabras de los otros dos generales me impulsasen a un cambio de actitud. Aunque era Hitler el que tomaba las decisiones, sin embargo, se preocupaba temerosamente de obtener la aquiescencia — aunque sólo fuese por pura fórmula — de sus consejeros técnicos. Me puse firme a mi vez y dije, con toda la gravedad que me fue posible:
— ¡Mi Führer! Mi opinión sigue invariable. A mi parecer sería un crimen dejar al sexto ejército donde está ahora. No podríamos ni liberarlo ni abastecerlo. Sería sencillamente inmolado y, además, de una manera inútil.
Hitler continuó conservando exteriormente la calma y el dominio de sí mismo, aunque por dentro hirviera de cólera. Me contestó:
— Como usted ve, general, no estoy yo solo con mi opinión. Es compartida por estos dos oficiales, que tiene una graduación más alta que usted. Por tanto, continuaré con la decisión que he mantenido hasta ahora.
Se inclinó rígidamente y quedamos despedidos.
La segunda conversación que quisiera describir de una manera detallada se desarrolló la noche siguiente.
A pesar de la brusca negativa de Hitler a aceptar mis argumentos, yo no quería en ningún modo abandonar mi lucha en pro de la salvación del 6.º Ejército. Sabía por experiencia que ahora tenía que plantear el problema desde otro punto de vista. La decisión de Hitler, que parecía definitiva e incontrovertible, se apoyaba en supuestos estratégicos. En los días siguientes no tendría sentido intentar llevar la discusión a ese terreno. Sencillamente, se negaría a escuchar. Pero la cuestión de abastecimientos no había sido abordada. Mi idea consistía en que donde los argumentos estratégicos habían fracasado, tal vez podrían tener éxito los detalles sobre suministros. Quizás podría conseguir aun que aceptase mi manera de pensar si le mostraba los detalles sobre la situación del abastecimiento del 6.º Ejército y si, basándome en hechos y números concretos, podía demostrarle que el avituallamiento aéreo del Ejército no era practicable. Hitler siempre se mostró muy propenso a dejarse influir por las estadísticas...
Tales hechos fueron desplegados de manera visible en tablas numéricas preparadas por mis colaboradores En cuanto estuvieron listas, solicité una vez más tener una conversación privada con Hitler. De nuevo eligió una avanzada hora de l anoche. A causa de nuestra conversación del día anterior, el recibimiento fue muy frío. Sin embargo, conseguí despertar su interés por los números que le mostraba y me permitió terminar las aclaraciones necesarias para la comprensión completa de las estadísticas. Terminé con las siguientes palabras:
— Después que he estudiado los hechos uno por uno, no cabe más que esta conclusión final: no es posible abastecer a la larga al sexto ejército por el aire.
La actitud de Hitler se tornó helada. Dijo:
— El mariscal del Reich me ha asegurado que es posible.
Repetí que aquello no encajaba. Hitler prosiguió.
— Está bien. El mismo se lo dirá a usted.
Mandó llamar al jefe supremo de la Aviación y le preguntó:
— Göring, ¿puede usted abastecer por aire al sexto ejército?
Göring levantó el brazo derecho y contestó con solemne expresión.
—¡Mi Führer! Le aseguro a usted que la Aviación puede abastecer al sexto ejército.
Hitler me lanzó una mirada triunfante, pero yo me limité a decir:
— La Aviación no puede hacer nada de eso.
El mariscal del Reich tomó un aire sombrío y dijo:
— Usted no está en situación de poderse formar una idea sobre eso.
Me volví hacia Hitler rogué.
—¡Mi Führer! ¿puedo hacerle una pregunta al mariscal del Reich?
— Sí, puede.
—¿Sabe el señor mariscal del Reich — dije — qué tonelaje puede ser transportado cada día al interior de la bolsa?
Göring se quedó visiblemente desconcertado y frunció la frente. Replicó:
— Yo no lo sé, pero los oficiales de mi Estado mayor sí lo saben.
Entonces proseguí:
— Teniendo en cuenta todas las existencias de que dispone ahora el sexto ejército, un consumo absolutamente mínimo y todas las posibles medidas necesarias, el sexto ejército necesitaría diariamente que le llevasen trescientas toneladas. Pero, como no todos los días pueden realizarse vuelos, cosa que yo mismo comprobé el pasado invierno en el frente, eso significa que, en realidad, los días de vuelo habría que llevar quinientas toneladas al sexto ejército, si pudiera mantenerse de manera efectiva este promedio mínimo.
Göring replicó:
— ¡Eso puedo hacerlo!
Entonces perdí mi compostura y exclamé:
— ¡Mi Führer! ¡Eso es una mentira!
Un silencio helado descendió sobre nosotros tres. Göring se puso blanco como la tiza a causa de su cólera. Hitler pasó la vista de uno a otro, visiblemente sorprendido y desconcertado. Por fin me dijo:
— El mariscal del Reich me ha dado su informe y no me queda otro remedio que creerlo. Por consiguiente, sigue en pie mi decisión de un principio.
Entonces dije yo:
— Me gustaría poder formular aun otro ruego.
Hitler preguntó:
— ¿De qué se trata?
Repliqué:
— ¿Puedo, mi Führer, presentarle un informe diario en el que se exprese con exactitud las toneladas de abastecimiento llevadas por el aire al sexto ejército durante las veinticuatro horas anteriores?
Intervino Göring para decir que aquello no era de mi competencia. Pero Hitler rechazó su objeción y me fue permitido presentarle aquel informe diario. De esa manera terminó la conversación
Una vez más todo había sido inútil. Lo único que conseguí fue granjearme la enemistad del mariscal del Reich. Al llegar a este punto me parece obligado indicar que mucho oficiales del estado mayor y jefes de la Aviación compartían desde el principio mi punto de vista. Un cierto número de ellos expresó sus dudas por escrito. Pero no pudieron convencer a su jefe máximo. Este se limitó a dar carpetazo a los informes y se cuidó de que no pudiesen llegar a la mesa escritorio de Hitler.
El relato de Zeitzler sobre el hundimiento del 6.º Ejército acaba con las frases siguientes: "Durante meses yo había luchado por traer a Hitler a la razón y por lograr de él decisiones sensatas. Fracasé. En consecuencia, extraje ciertas conclusiones finales respecto a mi empleo como jefe del Estado mayor General. Busqué a Hitler y le rogué que me revelara. Se puso furioso y contestó ásperamente:
— Un general no tiene derecho a abandonar su puesto."

Manstein no estaba presente, pero las conversaciones telefónicas entre Zeitzler y Manstein eran muy frecuentes y fluidas, por lo que sin lugar a dudas, Zeitzler debió informar a Manstein del incidente, y del nulo conocimiento de Göring de la situación, al afirmar que el puente aéreo era viable.


Apéndice I

Sobre Joachim Wieder y su libro Stalingrad und die Verantwortung des Soldaten

En la obra de Marcel Stein sobre el mariscal von Manstein, Field Marshal von Manstein, the Janus Head: a Portrait, aparecen numerosas referencias al libro de Joachim Wieder, por lo que su lectura es necesaria para poder acceder a las fuentes de primera mano a la hora de profundizar en la relación Manstein-Paulus durante la batalla de Stalingrado, y un interesante complemente a toda la información ya recopilada.

Una de las acusaciones más repetidas en las memorias de von Manstein , Victorias frustradas, se refiere a la responsabilidad de Paulus en el desastre del VI Ejército a orillas del Volga. Estas acusaciones, resultan cuanto menos curiosas, cuando primero, jerárquicamente, Manstein era el superior de Paulus, y por tanto, su responsabilidad era mayor como Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos Don que la del general Paulus, Comandante en Jefe del VI Ejército, y segundo, que Hitler se auto culpó claramente de todo lo acontecido en la catástrofe de Stalingrado: "¡Yo solo asumo la responsabilidad de Stalingrado! Podría decir, tal vez que Göring me presentó un cuadro inexacto sobre las posibilidades del abastecimiento por medio de la Aviación y de esa manera podría descargar sobre él una parte al menos de la responsabilidad. Pero él es mi sucesor, por mí designado, y por eso no puedo cargarlo con la responsabilidad de lo ocurrido en Stalingrado."

Resulta por lo tanto un tanto vergonzoso culpar a Paulus, su subordinado, del desastre. ¿Se creía Manstein ajeno a toda culpa y exento de responsabilidad? Así pretende demostrarlo, aludiendo, como ya cité anteriormente, que "La misma atribución del VI Ejército al Grupo de Ejércitos Don apenas si era algo más que una mera ficción. Hasta entonces habían estado aquellas fuerzas prácticamente bajo las órdenes directas del OKH, y cuando aun tenían alguna posibilidad de abrirse camino por sus propios medios a través del enemigo, Hitler las había atado al poste de Stalingrado, de suerte que operativamente no pasaban de ser un reducto inmóvil. En vez de manejarlas y aplicarlas, lo que el Grupo de Ejércitos tenía que hacer era dedicarse a socorrerlas. Porque, además, Hitler seguía manteniendo su mando directo sobre ellas mediante un oficial de enlace del Estado Mayor Central, situado con estación de radio propia en el Estado Mayor del Sexto Ejército."

Es totalmente falso lo que afirma Manstein en sus memorias. El VI Ejército si estaba subordinado al Grupo de Ejércitos Don, ya que aunque Hitler dio órdenes directas a algunos de sus comandantes, durante la operación de rescate, Hitler no emitió ni una sola orden directa dirigida al VI Ejército, como afirma Wieder. Paulus se sintió en todo momento subordinado a las órdenes de Manstein, como puede desprenderse del diario de guerra del VI Ejército y de los documentos presentados por Görlitz en su libro Stalingrado y yo. Para no repetir datos anteriormente citados, reproduzco sólo uno d elos escritos de Paulus a Manstein del 26 de noviembre: "Debo comunicarle, que en su Mando, señor Mariscal de campo, veo la garantía de que todo se realizará para prestar ayuda al VI Ejército."
Incluso el propio Zeitzler, jefe del Estado mayor General del Ejército de Tierra, corroboró en la posguerra en una carta dirigida al general Doerr, que el VI Ejército siempre estuvo subordinado al Grupo de Ejércitos Don, siendo una opinión muy a tener en cuenta en todo este asunto.
Otra de las mentiras de Manstein en sus memorias y que se encuentra en el texto que he reproducido anteriormente, reside al afirmar que el oficial de enlace del Alto Mando, el comandante Zitzewitz, fue enviado personalmente por Hitler para seguir manteniendo el mando en el Kessel, cuando Zitzewitz fue enviado por el propio Zeitzler, para estar bien informado de todo lo que sucedía dentro del Kessel.

Conocido ya por todos, el carácter dubitativo de Paulus, Manstein debió haber sido más claro con sus intenciones y en sus órdenes al VI Ejército. Manstein sabía que si hubiese ideado de buenas a primeras la operación Donnerschlag, Hitler la hubiera anulado en el acto. Por eso se diseñó en primer lugar la operación Wintergewitter, para que después de establecer contacto con el VI Ejército y haber abierto un corredor, intentar convencer a Hitler de la inviabilidad de mantener ese pasillo y obtener el permiso para la evacuación del VI Ejército, o en su defecto, que Paulus iniciase la salida y acto seguido, Manstein asumir la responsabilidad, pero siempre bajo la condición de que Paulus hiciera el primer movimiento. Pero el VI Ejército no estaba bien informado de las intenciones de Manstein, e incluso, la famosa orden del 19 de diciembre, no era lo suficientemente clara, para deducir que Manstein quería apoyar la salida del VI Ejército después de que Paulus iniciase la retirada. Si el Grupo de Ejércitos tenía la convicción de llevar a cabo de forma velada la salida del VI Ejército de Stalingrado, Manstein debió haber sido más claro con Paulus, y haberle hecho llegar sus intenciones de una forma más comprensible. Para ello Manstein, debió haber volado el Kessel y entrevistarse directamente con Paulus, exponiéndole claramente que es lo que se proponía. En sus memorias, Manstein afirma:
"En virtud de estos informes, me resolví a tomar yo mismo el avión y volar a la bolsa para entrevistarme con el general Paulus, aunque luego las apremiantes exhortaciones de mi jefe de Estado Mayor y del jefe de la Sección de Operaciones acabaron por disuadirme del propósito. Dado el estado del tiempo, nada tendría de particular, en efecto, que me viese luego retenido allá por dos o más días, cuando ni lo delicado de la situación de los restantes ejércitos ni la necesidad de insistir con el Alto Mando para hacer valer los puntos de vista de nuestro Grupo de Ejércitos consentían tan prolongada ausencia. Accedí, pues, a mandar en mi lugar a mi jefe de Estado Mayor, general Schulz, y más tarde aun volví a mandar al jefe de Operaciones, coronel Busse.
Tenía por objeto la visita del primero, no ya enterarse personalmente de la situación y estado del Sexto Ejército y de sus mandos, sino también poner a su comandante en jefe, al corriente de lo que preparábamos para su liberación. Con lo que éste luego podría coordinar sus propios esfuerzos con los exteriores previstos, tanto en el tiempo como en el modo. Que era de l amayor importancia sincronizar nuestra actuación con la de Paulus y procurarnos la posible unanimidad en la apreciación de la situación, cuando por carencia de toda comunicación telefónica y lo precario de las escritas la influencia del Grupo de Ejércitos en las decisiones del mando de los cercados resultaba harto problemática. Si además se tiene en cuenta que el Sexto Ejército se hallaba bajo la constante coacción de las órdenes y directrices de Hitler, asegurada por el oficial de enlace del Alto mando del Ejército, se comprenderá cuánta era la necesidad que nosotros sentíamos de contrarrestarla en lo posible." (4)
El hecho que prueba que enviar a Schulz y Busse no fue una buena idea, viene reflejado, en las conclusiones que trajeron de su viaje al Kessel, afirmando los dos y transmitiéndole a Manstein, que el VI Ejército "supuesto siempre un abastecimiento suficiente por vía aérea, no parecía hallarse en situación y condiciones de defensa seriamente alarmantes".

Manstein vuelve a mentir al afirmar que el oficial de enlace enviado por Hitler coaccionaba al VI Ejército, pues ya se ha demostrado que Zitzewitz fue enviado por Zeitzler, y que según este último en una orden que le escribió al mismo Zeitzewitz "Quiero que me informe inmediatamente, tan pronto como sea posible. No tiene autoridad para estar al mando. No se preocupe, todo lo que Paulus está haciendo es correcto".
En este punto si que me he llevado una sorpresa, al encontrar en el libro de Joachim Wieder, sobre este punto la siguiente afirmación: "Si el mismo no quería o no podía volar, debió enviar por lo menos a uno de sus subordinados de alta graduación, preferiblemente a su jefe de Estado Mayor, cosa que habría podido hacer sin grandes dificultades, para poner a Paulus al corriente", cuando está claro que Schulz, el jefe de estado Mayor del Grupo de Ejércitos Don, sí voló al Kessel, tal y como he expuesto anteriormente.
Marcel Stein también coincide que el envío de Schulz y Busse en lugar del propio Manstein no tenía razón de ser, según los motivos expuestos por Manstein. No había peligro alguno para sus otros ejércitos por aquellas fechas y si hubiera tenido que permanecer varios días en el Kessel, no hubiera supuesto ninguna crisis, ya que las comunicaciones del VI Ejército estaban intactas y en perfectas condiciones, no como afirmaba Manstein.
Que Paulus no estaba bien informado de las intenciones de Manstein, ni de la situación en la que se hallaba el VI Ejército, queda reflejado en el testimonio del capitán Toepke, joven oficial del Estado Mayor del VI Ejército: "A las preguntas concretas de Paulus sobre la situación general y sobre el abastecimiento aéreo en particular, contestaba Manstein dando esperanzas vagas. Yo pensaba que aquellas preguntas de nuestro jefe deberían ser contestadas de una manera concreta por Manstein, esto es, señalando plazos fijos para el socorro que se esperaba. Pero no ocurría así."

El 19 de diciembre Manstein envió a su oficial de inteligencia, el mayor Eismann, al Kessel, a sabiendas ya que Hitler no iba a ceder en sus pretensiones de no abandonar el Volga, y esta vez tampoco fue él el que voló al Kessel, pareciendo esta acción un número montado por Manstein.
Ya que Paulus no llegó a decidirse a la hora de romper el cerco, y se mostró dubitativo todo ese tiempo, Manstein debió haber volado al Kessel y haberle explicado claramente sus propósitos, convenciendo finalmente a Paulus y dándole un último empujón, con sus argumentos y dotes de mando. En vez de eso, Manstein adoptó una posición pasiva y lamentó un ay otra vez la actitud pasiva del VI Ejército y la impotencia del Grupo de Ejércitos Don, en vista de que Paulus no acababa de decidirse. Un simple vuelo hasta Stalingrado quizás hubiera cambiado toda esta situación.

Para acabar, quisiera resaltar, que si bien Manstein estuvo en desacuerdo con Hitler en muchos aspectos, y así se lo hizo saber, finalmente obedeció todas sus órdenes, de la misma manera que lo hizo Paulus, por lo que la responsabilidad de los dos es compartida, y más grave si cabe la de Manstein, al ser éste el superior de Paulus. Manstein al haber obedecido las órdenes de Hitler, asumió en parte, la responsabilidad de la catástrofe militar. De no haber restado de acuerdo debió de haber escogido entre dos posibles opciones: desobedecer a Hitler y ordenar la ruptura del cerco (cosa que no hizo aunque en sus memorias lo afirma, y ya anteriormente demostramos que no fue así) o en todo caso dimitir de su cargo al frente del Grupo de Ejércitos Don. Manstein pidió a Hitler, que para llevar a cabo la operación Wintergewitter se agregara al IV Ejército Blindado un Cuerpo de Ejército proveniente del Grupo de Ejércitos A, pero en cambio, solo recibió una División Blindada, insuficiente a todas luces. ¿Por qué Manstein no se quejó enérgicamente a Hitler entonces, y sí lo hizo el 27 de diciembre cuando la ofensiva ya estaba paralizada y abocada al fracaso? ¿Por qué Manstein no voló para ver personalmente a Hitler cuando comprobó que sólo un apequeña parte de las fuerzas solicitadas, tomarían parte en las operación Wintergewitter? Manstein sabía que Hitler lo consideraba uno de los estrategas más capacitados y que tenía un respeto especial hacia él. Por ello, debió haber presionado más a Hitler y amenazarle con su posible dimisión, en caso de no acceder este último a sus peticiones. En vez de ello, desistió porque se sentía responsable de sus soldados. Cabe preguntarse qué hubiera sucedido si Manstein hubiera presionado a Hitler en este aspecto, pues lo hubiera puesto en una difícil situación, ya que en aquellos críticos días, Hitler confiaba en las artes de Manstein como estratega militar. Al obedecer las órdenes de Hitler, sabiendo que era un error, Manstein asumió también una parte de esa responsabilidad, mayor aun que la de Paulus.

Solo un pequeño apunte más a la hora de calificar la actuación de Manstein y las contradicciones aparecidas en sus memorias. En ellas afirma que durante la batalla de Stalingrado, aun era posible obtener unas tablas militares y con ello el supuesto previo a unas tablas políticas. En cambio, el mariscal en su proceso de Hamburgo declaró a la pregunta de que cuando creyó que la guerra estaba perdida: "En el invierno de 1942 vi con claridad que no podíamos vencer. Nuestro frente en Rusia quedó entonces tan ampliamente desgarrado, que de ninguna manera podríamos rehacerlo. Comprendí que los rusos, con sus reservas humanas, nos irían oprimiendo paso a paso hasta llegar al final."
Y es que a veces, las memorias tienen como objetivo justificar hechos dudosos y huir de cualquier responsabilidad.


Conclusión

Después de leer todo lo anteriormente expuesto, a modo de recapitulación, cabría decir que Manstein condenó al VI Ejército el 24 de noviembre, cuando tras una decisión unilateral, siguiendo las órdenes de Hitler, ordenó al VI Ejército a permanecer en el Volga, esperando épocas más favorables, para intentar su liberación en diciembre, hecho que dependía totalmente de que el abastecimiento aéreo fuera posible y así lo supuso él, aunque todas las voces de su entorno se mostraron en desacuerdo.

Más tarde, tampoco se atrevió a desobedecer las órdenes de Hitler, y no transmitió a Paulus la orden, aunque éste se lo rogara una y otra vez, ya que sin una orden, y siendo fiel a sus principios, Paulus nunca actuaría por iniciativa propia, algo que no le favoreció en el devenir de los acontecimientos.
Hay una frase que aparece en el libro de Marcel Stein, que escribió Manstein a propósito del conde Sponeck, que dice así:
"[...] El caso del conde Sponeck muestra lo trágico del conflicto entre el deber de la obediencia y el propio criterio sobre las necesidades operativas en las que con frecuencia se ven los jefes militares de alto rango. Saben que, en caso de desobedecer se juegan la cabeza; sin embargo, pueden hallarse en la necesidad de proceder en contra las órdenes. [..]"
En este caso, Sponeck, un simple comandante de cuerpo, se atrevió a desobedecer las órdenes de un superior para evitar la destrucción de su división.
El conde Sponeck estaba bajó el mando de Manstein en Crimea y mandaba el XLII Cuerpo bajo el control del XI Ejército de Manstein. En un momento crítico, cuando Sponeck se quedó sólo con la 46.ª División de Infantería, los soviéticos desembarcaron en Kerch y como los refuerzos solicitados a Manstein no llegaron, Sponeck procedió a evacuar a sus tropas desobedeciendo las órdenes de Manstein. El mariscal lo relevó del mando e informó de lo sucedido a Reichenau, el Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos Sur. Sponeck acabó sentenciado a muerte en el posterior juicio al que fue sometido, y finalmente su pena fue conmutada por seis años de prisión. Manstein intentó sin éxito que se anulara la sentencia. Finalmente Sponeck fue ejecutado en julio de 1944. Sponeck desobedeció las órdenes de su superior, Manstein, y se jugó el cuello para evitar la destrucción de la división a la que comandaba.
Manstein, un mariscal de campo, no se atrevió a dar ese paso, cosa que hubieran agradecido las tropas del VI Ejército, ni tuvo la fortaleza para ordenar a Paulus que lo hiciera, y simplemente le invitó a que este último diera personalmente el paso, para no contravenir las órdenes de Hitler, ni jugarse la cabeza, aunque sabía que Paulus le hubiera obedecido.
En vez de ello, Manstein en sus memorias, se dedica a culpar a todos los demás de las errores que él cometió, errores de peso. Bien es cierto que Manstein intentó convencer a Hitler de que permitiera la ruptura del VI Ejército, pero ante la negativa de éste, evitó contradecir sus órdenes. Un buen Mariscal de campo, en estas circunstancias, tenía dos opciones: o jugarse la cabeza y desobedecer a Hitler, o dimitir. Manstein no hizo ninguna de las dos, y prefirió seguir al frente de su Grupo de Ejércitos Don.

Manstein en sus memorias habla de la justificación de la destrucción del VI Ejército, para evitar el aniquilamiento total del Grupo de Ejércitos A, aunque el Comandante soviético del Frente de Stalingrado, Yeremenko, afirma que nuca tuvieron intención de mover a las fuerzas que rodeaban al VI Ejército para lanzarlas contra el Grupo de Ejércitos A, porque logísticamente hubieran necesitado tres semanas. Bien es cierto que más tarde, Manstein intentó convencer a Hitler que permitiera al VI Ejército rendirse, tras las numerosas peticiones de Paulus. Hitler prohibió cualquier intento de rendición y Manstein acató la orden, y por segunda vez no se atrevió a desobedecer a Hitler.

Para acabar, quisiera reproducir unas frases que aparecen en una carta que envió Manstein a Paulus a principios de enero de 1943, que dicen lo siguiente:
"Comprendo y comparto sus puntos de vista y sus preocupaciones respecto a su Ejército. Sin embargo, el Alto Mando goza de una visión de conjunto y carga con toda la responsabilidad. La misión de usted consiste en cumplir con todas sus fuerzas las órdenes que le han transmitido. No le incumbe a usted ninguna responsabilidad por lo que pueda ocurrir después..."

 

Bibliografía:
Stalingrado, de Joachim Wieder
Field Marshal von Manstein: The Janus Head - A Portrait, de Marcel Stein
La batalla por Stalingrado, William Craig
Stalingrado y yo, de Walter Görlitz
Victorias frustradas, de Erich von Manstein
Stalingrado: el cerco infernal, de Stephen Walsh
Stalingrado, de Antony Beevor