Von
Manstein, Paulus y Stalingrado
Autor:
Paradise Lost
Sobre
la batalla de Stalingrado, hay tres cuestiones que
han enfrentado a multitud de historiadores, ofreciendo
cada uno de ellos diferentes puntos de vista, a la
hora de buscar responsables en base a las órdenes
que se emitieron desde el 19 de noviembre, inicio
de la Operación Saturno, hasta el 2 de febrero,
fecha de la capitulación del Cuerpo de Ejército
XI, al mando del general Strecker. Va siendo hora
de profundizar en la vasta literatura sobre Stalingrado
para intentar aportar algo de luz a todos esas sombras.
1. ¿Era Manstein el superior de Paulus y por
tanto estaba el VI Ejército bajo su mando dentro
del Grupo de Ejército Don?
Para
responder a esta pregunta, habría que probar
que el VI Ejército estaba integrado dentro
del Grupo de Ejércitos Don, al mando del cual,
se encontraba von Manstein. Aparte de todos los datos
ya existentes en los mensajes preliminares, me gustaría
aportar algunos pasajes que von Manstein, uno de los
implicados directos, afirma en su libro, Victorias
frustradas:
"Disponía
la orden del OKH recibida el 21 de noviembre en el
Cuartel general del Décimoprimer Ejército,
en la zona de Vitebsk, que con objeto de robustecer
mediante una mayor concentración a los ejércitos
empeñados en las duras luchas defensivas al
oeste y al sur de Stalingrado, El Sexto Ejército,
el Cuarto Ejército Panzer y el Tercer Ejército
rumano se integrasen en el Grupo de Ejércitos
Don."
Queda
claro que El VI Ejército formaba parte del
Grupo de Ejército Don, si nos atenemos a las
propias palabras de Manstein, su Comandante en Jefe.
Esto prueba que el Grupo de Ejércitos Don sí
tenía responsabilidad sobre el VI Ejército,
no como se había negado anteriormente.
Partiendo
de este hecho, jerárquicamente, Manstein era
el superior de Paulus, y eso queda reflejado en algunas
líneas de Victorias frustradas, donde
Manstein afirma que podía dar órdenes
directas a Paulus y que podía decidir sobre
las posteriores acciones del VI Ejército:
"Sin embargo, como futuro comandante en jefe
no tuve más remedio que avanzar decisiones
respecto a la cuestión capital de si el Sexto
Ejército, en la situación en la que
nos lo imaginábamos el 24 de noviembre, debería
inmediatamente intentar la ruptura y si podría
hacerlo aunque con retraso..."
"A lo que todavía cabe añadir la
consideración de que, puesto el general Paulus
en el dilema de obedecer a Hitler o al mando supremo
de nuestro Grupo, lo más probable hubiera sido
que optase por lo primero."
Sobre
este último párrafo hay que hacer notar
lo que dice textualmente Manstein, que podía
dar órdenes directas a Paulus, si bien, este
último tenía la presión directa
de Hitler, pero cuando desarrolle la tercera pregunta
ya analizaré con más profundidad la
posición de Paulus.
Con
todo lo aportado anteriormente, y lo que el mismo
Manstein afirma en sus memorias, creo que queda suficientemente
probado que el VI Ejército, quedó integrado
dentro del Grupo de Ejército Don y que Manstein
era el superior jerárquico de Paulus, y por
lo tanto podía dar órdenes directas
a este último.
Anteriormente se afirmó que Manstein no podía
ordenar nada a Paulus, ya que Hitler tenía
a Paulus totalmente maniatado. Bien, pues en Victorias
frustradas, Manstein da la vuelta a la tortilla
afirmando varias veces ÉL MISMO, que dio órdenes
a Paulus para romper el cerco, cosa que me ha dejado
desconcertado. Eso prueba directamente que Manstein
era su superior y estaba capacitado para dar órdenes
al Comandante en Jefe del VI Ejército. Como
ya he dicho tocaré este tema con más
profundidad cuando analice la tercera pregunta, pues
Manstein no dio realmente esa orden de forma clara,
pero lo importante es que sí que podía
dar esas órdenes, tal como afirma y esa era
una de las piedras angulares sobre la que giraba este
hilo.
2. ¿La Operación Wintergewitter, ¿contemplaba
sólo hacer llegar suministros al VI Ejército
o fue diseñada para permitir su huída?
Ya
en su momento coloqué el siguiente teletipo,
dónde se dejaban claras las directrices del
la Operación Wintergewitter.
Teletipo
n.º 60328
ALTAMENTE SECRETO "Chefsache".
Transmisible sólo por oficiales.
19 de diciembre de 1942, 18.00 horas
Orden
al VI Ejército
1.
El 57.º Cuerpo Blindado [6.ª y 17.ª
Divisiones Panzer] del IV Ejército Blindado
ha derrotado al enemigo en la zona de Verjne-Kumski
y alcanzado la sección de Mishkova... Se han
iniciado los ataques contra poderosas fuerzas enemigas
en el área de Kamenka y al norte de aquella
zona. Se esperan duros combates en dicha zona...
2. El VI Ejército se debe concentrar tan
pronto como sea posible para la operación "Wintergewitter"
[Unión]. El objetivo es establecer contacto
con el 57.º Cuerpo Blindado, con el fin de que
puedan llegar abundantes suministros.
3. Los acontecimientos pueden requerir una ampliación
del párrafo 2 para una ruptura de todo [el
VI] Ejército con el objetivo de alcanzar...
[a la 6.ª División Panzer]... en el río
Mishkova. Palabra cifrada: "Trueno". En
dicho caso, podría ser importante abrir brecha
con carros ulteriormente a fin de establecer contacto...
con el propósito de aportar un convoy de suministros.
Luego, el Ejército avanzaría hacía
el río Mishkova, cubriendo los flancos... mientras
haría avanzar por secciones el área
fortificada
Bajo ciertas circunstancias, puede ser necesario hacer
que continúe la operación "Tormenta
de Invierno" [Unión] con la operación
"Trueno" [Retirada]. En general, el Ejército
debe hacer todo esto con los actuales abastecimientos
aéreos sin almacenar notables cantidades de
suministros. Es importante que el aeropuerto de Pitomnik
siga conservándose en condiciones operacionales
el mayor tiempo posible.
Hay que transportar todas las armas móviles...
Sin embargo estas deben concentrarse en la parte sudoeste
en una fecha próxima.
4. La preparación del párrafo 3 [ruptura]
se hará efectiva únicamente bajo la
orden específica "Trueno".
5. Informe de la fecha y hora de ataque del párrafo
2 (Tormenta de Invierno-Unión).
CG Grupo de Ejércitos del Don, G3 N.-0369/42
ALTAMENTE SECRETO
"Chefsache", fechado 19 dic. 1942
Von Manstein
General mariscal de campo
Recapitulando
un poco, se trataba de abrir un corredor, que uniese
el VI Ejército con el 57.º Cuerpo blindado,
para abastecer al primero con abundantes suministros
y carburante, para permitir pasar al VI Ejército
el invierno en Stalingrado, y con ello no abandonar
la ciudad en el Volga.
Sobre este tema, la discusión giraba en que
se afirmaba que Wintergewitter se diseñó
para sacar al VI Ejército de Stalingrado, cosa
que no es así, puesto que la operación
que llevaría a cabo la evacuación de
Stalingrado era la llamado Donnerschlag, que
seguiría a Wintergewitter, pero nunca
se dio permiso para ejecutarla.
En el libro Victorias frustradas, el propio
Manstein afirma que Wintergewitter tenía
como único objetivo abrir un pasillo para abastecer
al VI Ejército, cosa que a su juicio, era totalmente
descabellada, y estaba a favor de inmediatamente después
ejecutar Donnerschlag. Pero como ya digo el
plan original de Hitler consistía en que el
VI Ejército debía recibir suministros
para permanecer en Stalingrado.
Veamos que dice Manstein en sus memorias al respecto:
"En
primer lugar, que en modo alguno se podía aún
en el supuesto de que saliésemos adelante en
nuestro intento de romper el cerco- dejar al Sexto
Ejército en el sector de Stalingrado. Con esto
salíamos al paso de la insistente pretensión
de Hitler de conservar la ciudad como había
hecho el invierno anterior con la bolsa de Demiansk,
y procurar que ahora abriésemos un pasillo
para abastecer por él al ejército encargado
de resistir allí."
"Se puede objetar, en efecto, que la cuestión
que en él se ventila es la de como habría
de proseguirse la lucha en el caso de que, después
de haber abierto un pasillo hasta el Sexto Ejército,
dejásemos a este en Stalingrado. Este reparo
tiene su explicación en el hecho de que irle
a un Hitler con el argumento de que era imposible
dejar al ejército en Stalingrado aunque se
consiguiese abastecerlo por u corredor abierto en
el cerco, hubiera sido tiempo perdido. Sólo
si se le ponía bien plásticamente ante
los ojos el volumen enorme de fuerzas que habría
que habría que ceder aun para seguir sosteniéndose
en Stalingrado, cabía esperar que acabase por
reconocer la necesidad de sacar allí al Sexto
Ejército. Por desgracia, este llamamiento al
buen sentido logró doblegar su empecinada tenacidad
en materia de amor propio. En tal caso, mientras que
en el supuesto de Wintergewitter habría que
conservar el sector de Stalingrado según tenía
ordenado Hitler habría que evacuar ahora allí
un espacio equivalente a la progresión que
en la ruptura hacia el sudoeste se consiguiese."
Con
todos ejemplos que afirma Manstein en sus memorias,
queda suficientemente claro que la Operación
Wintergewitter tenía como objetivo abrir
un corredor para abastecer al VI Ejército con
el objetivo de que permaneciese en la ciudad tal como
ordenó Hitler. Viendo la imposiblidad de conservar
ese pasillo, se diseñó la Operación
Donnerschlag que debía seguir inmediatamente
a Wintergewitter, y permitiría al VI
Ejército abandonar la ciudad, aunque nunca
se puso en práctica.
Otros
autores también dan fe de ello, como por ejemplo
Antony Beevor, en su libro Stalingrado:
"El
plan Manstein para rescatar el VI Ejército
-la operación Tormenta de Invierno- fue desarrollado
con una consulta punto por punto con el cuartel general
del Führer. Su objetivo era penetrar hasta el
VI Ejército y establecer un corredor para proporcionarle
suministros y refuerzos, de modo que, según
la orden de Hitler, pudiera mantener la posición
de "piedra angular" en el Volga, "con
relación a las operaciones de 1943".
Otro
historiador que afirma lo mismo es Walter Görlitz,
en su libro
Stalingrado y yo:
"Según Hitler, la operación Winterwegitter,
no debía representar otra cosa que el restablecimiento
de las comunicaciones con el Sexto Ejército
y la apertura de una vía de suministro a través
de la helada estepa y el cerco. Stalingrado, el punto
de partida para la ofensiva de verano de 1943, tenía
que ser defendida a toda costa.
Pero para Paulus y también para von Manstein
la operación Wintergewitter sólo tenía
sentido si era seguida por la operación Donnerschlag,
es decir, sacar del cerco a todo el Sexto Ejército.
[...]
[...] Manstein no consideró prudente tomar
decisiones por su propia cuenta y riesgo en contra
de las instrucciones recibidas del Alto Mando de la
Wehrmacht y del Alto Mando del Ejército. [...]"
Y
por último, podemos citar a William Craig en
su libro,
La batalla por Stalingrado:
"El
OKW dijo a Manstein que su primordial tarea radicaba
en abrir un pasillo hasta el VI Ejército para
que se pudiesen enviar suministros a los alemanes
que combatían en el Volga. Pero se advirtió
al mariscal que no debía sacar al VI Ejército
del Kessel. Sólo debía "prestar
ayuda", mientras trabajaba estrechamente con
los Grupos de Ejércitos A y B para proteger
los flancos derecho e izquierdo de la Wehrmacht en
el sur de Rusia."
3. ¿Ordenó Manstein a Paulus la ruptura
del cerca por parte del VI Ejército?
Antes
me nada me gustaría hacer un inciso. Para abordar
un tema tan peliagudo como éste, ha sido necesario
recurrir a varias fuentes, provenientes de testigos
tan opuestos, como Manstein y Paulus, siempre subjetivos,
para después contrastarlo todo con otros historiadores
más objetivos, como Beevor, Stein... A partir
de ahí, podemos hacernos una idea bastante
clara de lo que sucedió en realidad, al haber
comparado los mismos datos, con la versión
de cada uno de los implicados. Y éste es el
caso. No llevaría a ninguna parte aferrarse
a una idea sin contrastarla con otras fuentes que
precisamente apuntan lo contrario.
En
primer lugar, me gustaría aclarar de una vez
por todas, si Manstein podía transmitir órdenes
a Paulus, siendo el primero, el Comandante en Jefe
del Grupo de Ejércitos Don, y el segundo, comandante
en Jefe del VI Ejército, ejército que
estaba incluido dentro del Grupo de Ejércitos
Don. Jerárquicamente no hay duda posible, ya
que Manstein era el superior de Paulus y podía
transmitirle esas órdenes. El mariscal, en
sus memorias, Victorias frustradas, firma que no podía
dar órdenes a Paulus por las siguientes razones:
"La misma atribución del VI Ejército
al Grupo de Ejércitos Don apenas si era algo
más que una mera ficción. Hasta entonces
habían estado aquellas fuerzas prácticamente
bajo las órdenes directas del OKH, y cuando
aun tenían alguna posibilidad de abrirse camino
por sus propios medios a través del enemigo,
Hitler las había atado al poste de Stalingrado,
de suerte que operativamente no pasaban de ser un
reducto inmóvil. En vez de manejarlas y aplicarlas,
lo que el Grupo de Ejércitos tenía que
hacer era dedicarse a socorrerlas. Porque, además,
Hitler seguía manteniendo su mando directo
sobre ellas mediante un oficial de enlace del Estado
Mayor Central, situado con estación de radio
propia en el Estado Mayor del Sexto Ejército."
Primero
de todo, hay que hacer una aclaración importante,
sobre el "supuesto" enlace de Hitler en
el Kessel. Manstein se refiere al comandante
Zitztewitz. En realidad Zitzewitz no fue enviado por
Hitler a Stalingrado, sino por Zeitzler, que quería
tener dentro de la bolsa a su propio enlace. Zeitzler,
después de la guerra, confirmó este
hecho en una carta al general Doerr. Zeitzler, también
añadió, que no le cabía la menor
duda, de que el Grupo de Ejércitos Don tenía
plena autoridad sobre el VI Ejército, y es
una opinión muy a tener en cuenta, pues estamos
hablando del Jefe del Estado Mayor del OKH. Zeitzler
envió a Zitzewitz al Kessel el 23 de
septiembre, con la siguiente orden escrita: "Quiero
que me informe inmediatamente, tan pronto como sea
posible. No tiene autoridad para estar al mando. No
se preocupe, todo lo que Paulus está haciendo
es correcto". Con todo lo expuesto anteriormente,
la tesis de Manstein sobre que el VI Ejército
estaba maniatado por un oficial de enlace enviado
por Hitler, cae por su propio peso y se revela como
una falsedad. Si Hitler hubiera enviado a alguien
para mantener su manto directo, evidentemente no hubiera
enviado a un comandante, sino a un oficial de alto
rango.
Cuando
Manstein afirma que el VI Ejército había
estado bajo las órdenes directas del OKH, obvia
claramente, que al principio, el VI Ejército
había estado bajo las órdenes del Grupo
de Ejércitos Sur, más tarde del Grupo
de Ejércitos B, y por último bajo el
Grupo de Ejércitos Don.
En
el libro de Marcel Stein, también aparece la
siguiente cita de Wieder:
"De todas maneras, el Sexto Ejército
no recibió ni una orden directamente de Hitler
durante toda la operación de rescate. El general
Paulus y su Estado Mayor no solamente se sentían
bajo el mando del Grupo de Ejércitos, sino
que dieron un extraordinario alto grado de confianza
al mariscal von Manstein, que era venerado como una
autoridad estratégica".
Esto mismo lo corrobora Görlitz en las siguientes
líneas:
"[...] el teniente general Erich von Manstein,
más tarde en Stalingrado, en una hora trágica
y decisiva, el superior directo de Paulus, por quién
era muy apreciado. [...]"
¿La
atribución del VI Ejército al Grupo
de Ejércitos Don era una mera ficción?
Hay infinidad de documentos que prueban lo contrario.
Paso a señalar los más importantes.
El 26 de noviembre Paulus le envió una carta
escrita a mano a Manstein en la que figuraba lo siguiente:
"Puesto que a diario me abruman de preguntas
desde todos los lados, le quedaría sumamente
agradecido si me mandara algo más que simples
órdenes por escrito, para que pudiera reforzar
yo la moral de mis hombres.
Estoy firmemente convencido de que en su mando, señor
Mariscal, se halla la garantía de la ayuda
al Sexto Ejército.
Mi mariscal de campo, su obediente (firmado) Paulus."
19
de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- Le felicito por el éxito de sus operaciones
defensivas.
Saludos, Manstein
- Gracias señor... ¿Puedo recibir ahora
la orden?
23
de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- ¿Debo interpretar esto como que me autoriza
ahora para iniciar la operación Trueno?
- No puedo concederle hoy la autorización.
Bien,
en todas estas citas, puede leerse como claramente,
Paulus confirma que recibe órdenes de Manstein,
y Paulus le pide a Manstein que se las transmita.
Si Manstein no podía transmitir esas órdenes,
tal como afirma en sus memorias, ¿por qué
Manstein no le contestó diciéndole que
no estaba capacitado para dárselas? ¿Y
cómo podía dárselas tal como
escribió Paulus en su carta, si no estaba capacitado
para ello?
Anteriormente,
en este hilo, se ha hecho referencia al famoso mensaje
radiado 1422 que dice así, y en el que se ha
basado toda la argumentación de que Manstein
no podía transmitir órdenes a Paulus.
Mensaje
radiado nº 1422/Altamente secreto/¡Urgente!
Del Gej. B al 6º ej.
"El Führer desea que, a causa de su
decisiva importancia para el 6º ej., la parte
Norte de la zona fortificada de Stalingrado...sea
puesta bajo mando de un Comandante Militar. Este Comandante
será responsable ante el Führer de conservar
dicha zona fortificada a cualquier precio. El Führer
por ello, ha encargado al General de Artª Von
Seydlitz-Kurbach...dicha responsabilidad. Esto no
afectará a la responsabilidad global del Comandante
del 6º ej.".
Por orden del Führer.
En
él se afirma que la zona norte y este pasó
a estar al mando del general von Seydlitz Kurzbach,
pero que Paulus seguía manteniendo el mando
global del VI Ejército. En ninguna parte puede
leerse que ese mando estuviera directamente bajo las
órdenes de Hitler sin pasar por Manstein. La
prueba de ello son los mensajes que he aportado antes.
La orden 1422 está fechada en realidad el 26
de noviembre de 1942, y los documentados que he señalado
son del 19 y 23 de diciembre, y en ellos puede leerse
que Manstein seguía pudiendo dar órdenes
y así lo hacía, por lo que se demuestra
que ese mensaje no relevó en ningún
momento a Manstein del mando del VI Ejército.
También
se ha afirmado en este foro que no existe ningún
documento que acredite que Manstein dio una sola orden
directa a Paulus. Bien, el diario de guerra del VI
Ejército está repleto de ellas, y como
muestra, dejo constancia de la primera orden que Manstein
transmitió a Paulus, fechada el 24 de noviembre.
"Asumo el mando el 26 de noviembre. Haré
cuanto sea posible para ayudarle. Es imperativo para
el VI Ejército, en obediencia a las órdenes
del Führer, mantenerse firme en sus posiciones
en el Volga, y preparar las unidades más fuertes
para abrir una vía de suministros hacia el
suroeste."
Aunque
asumió oficialmente el mando del Grupo de Ejércitos
Don, finalmente el 27 de noviembre, estaba capacitado
para emitir órdenes con anterioridad, tal como
demuestra su primera orden fechada el 24 de noviembre.
Después
de quedar claramente demostrado que la afirmación
"La atribución del VI Ejército
al Grupo de Ejércitos Don era una mera ficción"
no se sustenta por ningún lado, llega la hora
de abordar la siguiente cuestión. ¿Ordenó
Manstein a Paulus que rompiera el cerco? Manstein
afirma varias veces en el capítulo dedicado
a Stalingrado en sus memorias, que sí lo hizo.
"[...]
Al paso que Hitler seguía al mismo tiempo en
su terco empeño de conservar Stalingrado, el
mando del Sexto Ejército renunciaba en el instante
decisivo, y contra las instrucciones que nuestro Grupo
de Ejércitos le había dado, a tentar
la última oportunidad que acaso se le ofrecía
aun y rubricaba así prácticamente la
aceptación de su definitiva perdición.
[...]"
"[...] Por eso fue por lo que el mando del
Grupo dirigió el 19 de diciembre al mediodía
al mando supremo un apremiante llamamiento para que
permitiese por fin al Sexto Ejército desprenderse
de Stalingrado y romper hacia el sudoeste al encuentro
del Cuarto Ejército Panzer.
Como tampoco este telegrama obtuviese una pronta y
decisiva respuesta, el mando de Grupo de Ejércitos
les daba a las 18 horas la orden al Sexto Ejército
y al Cuarto Ejército Panzer. [...]"
"[...] Si entonces el general Paulus no tendió
la mano a esta última posibilidad; si vaciló
y al fin terminó por rehusar la gran aventura,
seguramente lo debió hacer por viva conciencia
que tenía de la responsabilidad. De una responsabilidad
que el mando del grupo de Ejércitos trató
de atenuar en la medida de sus posibilidades, pero
de la que, en última instancia, no podía
eximirle enteramente ni ante Hitler ni ante la propia
conciencia.
Luego, en la semana siguiente al 19 de diciembre,
fecha en que el Grupo de Ejércitos le había
dado al Sexto Ejército orden de ponerse cuanto
antes a la ruptura del cerco, fue cuando la suerte
de los sitiados se decidió. [...]"
Bien,
todo lo expuesto aquí por Manstein es una muestra
de cinismo impresionante. Es realmente curioso, que
Manstein se empeñe en dejar claro una y otra
vez en sus Victorias frustradas, que el Grupo de Ejércitos
Don le dio la orden al VI Ejército para que
rompiera el cerco y saliera en dirección a
Donskaya Zaritza, cuando en unas páginas anteriores
afirmaba que "la atribución del VI
Ejército al Grupo de Ejércitos Don era
una mera ficción". ¿Cómo
puede alguien que según él, no tenía
el mando del VI Ejército, transmitirle órdenes?
Teniendo en cuenta que la "supuesta" orden
fue emitida el 19 de noviembre, esto vuelve a demostrar
que la famosa orden número 1422, no afectaba
al mando de Manstein sobre Paulus, ya que fue emitida
un mes antes, y Manstein afirma que el 19 de diciembre,
sí que estaba capacitado para dar esas órdenes.
Pero, y lo que es ahora más importante, ¿ordenó
realmente Manstein al VI Ejército en esa orden
que rompiera el cerco?
A continuación reproduzco la orden completa
emitida el 19 de diciembre:
Teletipo n.º 60328
ALTAMENTE SECRETO "Chefsache".
Transmisible sólo por oficiales.
19 de diciembre de 1942, 18.00 horas
Orden
al VI Ejército
1.
El 57.º Cuerpo Blindado [6.ª y 17.ª
Divisiones Panzer] del IV Ejército Blindado
ha derrotado al enemigo en la zona de Verjne-Kumski
y alcanzado la sección de Mishkova... Se han
iniciado los ataques contra poderosas fuerzas enemigas
en el área de Kamenka y al norte de aquella
zona. Se esperan duros combates en dicha zona...
2. El VI Ejército se debe concentrar tan pronto
como sea posible para la operación "Wintergewitter"
[Unión]. El objetivo es establecer contacto
con el 57.º Cuerpo Blindado, con el fin de que
puedan llegar abundantes suministros.
3. Los acontecimientos pueden requerir una ampliación
del párrafo 2 para una ruptura de todo [el
VI] Ejército con el objetivo de alcanzar...
[a la 6.ª División Panzer]... en el río
Mishkova. Palabra cifrada: "Trueno". En
dicho caso, podría ser importante abrir brecha
con carros ulteriormente a fin de establecer contacto...
con el propósito de aportar un convoy de suministros.
Luego, el Ejército avanzaría hacía
el río Mishkova, cubriendo los flancos... mientras
haría avanzar por secciones el área
fortificada
Bajo ciertas circunstancias, puede ser necesario hacer
que continúe la operación "Tormenta
de Invierno" [Unión] con la operación
"Trueno" [Retirada]. En general, el Ejército
debe hacer todo esto con los actuales abastecimientos
aéreos sin almacenar notables cantidades de
suministros. Es importante que el aeropuerto de Pitomnik
siga conservándose en condiciones operacionales
el mayor tiempo posible.
Hay que transportar todas las armas móviles...
Sin embargo estas deben concentrarse en la parte sudoeste
en una fecha próxima.
4. La preparación del párrafo 3 [ruptura]
se hará efectiva únicamente bajo la
orden específica "Trueno".
5. Informe de la fecha y hora de ataque del párrafo
2 (Tormenta de Invierno-Unión).
CG Grupo de Ejércitos del Don, G3 N.-0369/42
ALTAMENTE SECRETO
"Chefsache", fechado 19 dic. 1942
Von Manstein
General mariscal de campo
Tras
su detenida lectura, salta a la vista, que de orden
directa para que se rompiera el cerco desde dentro
no tiene nada. Evidentemente se trata de una orden
emitida por Manstein a Paulus, cosa que vuelve a probar
que sí que podía emitir órdenes
y que la orden 1422 no afectaba al mando de Manstein,
pero su ejecución no está nada clara.
Se haba de la ruptura como de una "posibilidad".
Evidentemente Paulus y Schmidt no podían solventar
esta galimatías, donde no podía sacarse
nada en claro.
La inmensa mayoría de historiadores afirman
después de estudiar el documento de Manstein
del 19 de diciembre, que éste realmente no
dio nunca la orden, y entre todos los historiadores
alemanes, sólo uno, Uhle-Wettler, se posiciona
a favor de Manstein. En todo caso, Manstein debió
haberle preguntado primero a Paulus, que día
estaría listo su Ejército, y enviarle
una orden posterior indicándole fecha para
iniciar la ruptura. Manstein sabía de la fama
de Fabius cunctator de Paulus y que éste ultimo
debía haber recibido una orden precisa, no
el jeroglífico que he reproducido anteriormente.
Creo que es importante apuntar aquí el testimonio
del general Friedrich-Wilhelm Hauck, que fue el intendente
de Manstein anteriormente en el XI Ejército,
que señaló que Manstein nunca dio esa
orden y que no figuraba en el diario de guerra del
VI Ejército. Hauck fue apoyado por el general
Heim, el cual también afirmó "Manstein
no se puede escapar con sus declaraciones. Quiere
librarse de cualquier responsabilidad."
Schmidt
y Paulus, después de su vuelta del cautiverio,
montaron en cólera al leer que Manstein, afirmaba
en sus memorias, que había dado tal orden.
"[...] Cuando el general Schmidt regresó
del cautiverio y leyó Verlorene Siege (Victorias
Frustradas), montó en cólera al leer
que se había dado la orden de ruptura al 6º
Ejército. [...]"
"[...] Cuando Paulus leyó Verlorene Siege,
le comentó a Adam: 'Tiene que leer esto. De
repente Manstein se exime de toda culpa por el desastre
del 6º Ejército'. Este hombre escribe
mentiras descaradas. Otorga toda la culpa a Hitler
y a mí. Usted ha escuchado mis conversaciones
telefónicas con él. sabe que nunca me
informó sobre la situación y cómo
prácticamente me paralizó. Ahora cambia
todas las cosas. Y a éste hombre tuve yo una
vez en la más alta estima. Un hombre, que en
aquella época no se atrevió a darme
una orden, o al menos permiso para romper, no tiene
derecho a escribir que él había querido
que yo rompiera y que me hubiera cubierto. [...]"
Está
claro que Manstein nunca cursó de forma real
esa orden aunque según él, sí
lo hizo, y Paulus no quiso obedecerla por ser fiel
a su responsabilidad. Manstein, en sus memorias, hace
hincapié en que en la disyuntiva, Paulus hubiera
obedecido sólo a Hitler y no a él. Es
hora de tratar este tema, ya que nos demostrará
que si Paulus hubiera recibido una orden de Manstein,
desobedeciendo a Hitler, la hubiera llevado a cabo.
Manstein afirma lo siguiente, en sus memorias:
"[...] A lo que todavía cabe añadir
la consideración de que, puesto el general
Paulus en el dilema de obedecer a Hitler o al mando
de nuestro Grupo, lo más probable hubiera sido
que optase por lo primero. [...]"
"[...] Y en reconocimiento de ella era por lo
que nuestro mando había ordenado expresamente
la evacuación de loa zona fortificada para
el caso de la consigna Donnerschlag. Claro
está que, aun así, quedaba por resolver
la cuestión de a quién habría
de obedecer el general Paulus si a Hitler o al jefe
de Grupo de Ejércitos. [...]"
Resulta
cuanto menos curioso, que de salida, Manstein presente
la disyuntiva de a quién iba a obedecer Paulus,
en caso de que el Grupo de Ejércitos Don le
hubiera transmitido la hipotética orden, cuando
en las primeras páginas de sus memorias, afirma
que su mando sobre el VI Ejército era pura
fantasía. Además, Manstein parece olvidar
deliberadamente ciertos acontecimientos, que aclaran
de manera contundente, a quien hubiera obedecido Paulus
en caso de haber recibido la orden. Antes, hay que
tener en cuenta, que Paulus nunca hubiera actuado
por propia cuenta desobedeciendo las órdenes
de Manstein o Hitler. Su educación militar
y su modus operandi se lo impedían, y ese fue
uno de los grandes errores de Paulus. Otros militares
como Reichenau o Model, seguramente si hubieran desobedecido
las órdenes de sus superiores, pero éste
no era el caso de Paulus. Es por ello, que a sabiendas
de que Hitler no daría su brazo a torcer, Paulus
intentó y pidió en repetidas ocasiones
a Manstein que le transmitiera esa orden para llevarla
a cabo, al menos tras recibirla de parte del Comandante
en Jefe del Grupo de Ejércitos. Al fin y al
cabo una orden de su superior que le permitiese actuar
en consecuencia, ya que sin ella, Paulus nunca hubiera
actuado ni actuó. Suficientes pruebas hay de
ello.
"Paulus,
a pesar de haber aceptado la operación 'Donnerschlag',
no estaba dispuesto a proceder sin antes haber recibido
del Grupo de Ejércitos Don una orden bien concreta.
El Grupo de Ejércitos, por su lado, no estaba
dispuesto a dar la consigna para la operación
"Donnerschlag" sin autorización del
Alto Mando del Ejército."
Aquí
vuelvo a reproducir los dos textos que anteriormente
ya adjunté:
19 de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- Le felicito por el éxito de sus operaciones
defensivas.
Saludos, Manstein
- Gracias señor... ¿Puedo recibir ahora
la orden?
23
de diciembre. Teletipo entre Manstein y Paulus.
- ¿Debo interpretar esto como que me autoriza
ahora para iniciar la operación Trueno?
- No puedo concederle hoy la autorización.
Como
vemos, Paulus le pide en repetidas ocasiones a Manstein
que le trasmita la orden para iniciar la ruptura.
Si Paulus, según Manstein, solo iba a obedecer
a Hitler, no tiene sentido que le pidiera repetidas
veces al mariscal de campo que le diera la orden.
Es importante ampliar en su totalidad esta última
conversación aparecida en el libro de Marcel
Stein, que prueba que Manstein no se atrevió
a dar la orden, y que Palus se lo suplicaba. De este
sólo se puede extraer que Paulus hubiera llevado
a cabo la orden emitida por Manstein, desobedeciendo
a Hitler, y que Manstein como su superior podía
dársela. Es importante destacar el "No
puedo concederle hoy la autorización".
Si Manstein no hubiera estado al mando del VI Ejército,
no hubiera pronunciado la palabra "hoy",
ya que se está o no está al mando. ¿Cómo
podía no autorizarle "hoy" si no
era su superior? Evidentemente debía haber
contestado que era Hitler el que debía darle
la orden y no él, si hubiera sido consecuente
con todo lo que había alegado anteriormente.
Reproduzco la conversación íntegra entre
Paulus y Manstein:
"[..]
Manstein no se lo permitió, como evidencia
su conversación telefónica d el 23 de
diciembre de 1942. Paulus le dijo a Manstein: 'Herr
Feldmarschall, le ruego que me ordene romper.' Manstein
respondió: 'Paulus, no puedo darle esa orden.
Sin embargo, si usted decidiera actuar por su propia
cuenta, haría todo posible para ayudarle.'
Después Paulus le preguntó a Manstein
si podía darle autoridad para seguir los pasos
preliminares de Donnerschlag. Manstein contestó:
'No puedo darle autoridad hoy, espero llegar a una
decisión mañana.' Entonces Paulus le
preguntó a Manstein si podía como mínimo
preparar mentalmente a sus cuerpos para Donnerschlag.
Manstein le dijo: 'Espere a una llamada posterior
del general Schulz al general Schmidt.' La conversación
continuó y, al finamente, Paulus preguntó:
'¿Se llevará a cabo ahora la llamada
del general Schulz al general Schmidt?' Manstein le
respondió: 'No deben esperarse llamadas posteriores.
[...]"
Es
interesante el testimonio que reporta Stahlberg sobre
la llamada del 23 de diciembre entre Paulus y Manstein,
y que dice así: "Paulus le dijo a Manstein:
'Herr Feldmarschall, le suplico que me ordene romper'.
Oí claramente la voz de Paulus en un tono suplicante."
Después
de comprobar como Paulus le pidió a Manstein
que le transmitiese la orden de romper, para llevarla
a cabo (eso se desprende sin ningún género
de dudas de todo lo anteriormente expuesto), queda
preguntarse, que hubiera hecho Hitler, si Manstein
hubiera dado la orden real a Paulus. La opinión
de Kehrig, es que la operación se hubiera llevado
a cabo sin dilación ya que el Comandante en
Jefe del VI Ejército, y todos sus comandantes
de Cuerpo estaban de acuerdo con ello. Para mayor
seguridad, después de recibir la orden, podrían
haberse cortado las comunicaciones de radio con el
exterior para evitar la contraorden.
Para
acabar con este tema que se plantea, habría
que ver también si Manstein hizo todo lo posible
para permitir la ruptura del VI Ejército y
posibilitar su salvación. Si revisamos cronológicamente
todo lo sucedido desde que el mariscal, asumió
el mando del VI Ejército, cabe destacar que
sólo el primer día, Manstein condenó
personalmente a todo el VI Ejército.
Reproduzco
de nuevo la orden que emitió a Paulus el 24
de noviembre:
"Asumo el mando el 26 de noviembre. Haré
cuanto sea posible para ayudarle. Es imperativo para
el VI Ejército, en obediencia a las órdenes
del Führer, mantenerse firme en sus posiciones
en el Volga, y preparar las unidades más fuertes
para abrir una vía de suministros hacia el
suroeste."
Con esta orden, y eso que según Manstein no
podía darle órdenes a Paulus, se perdió
cualquier posibilidad de salvación del VI Ejército.
Manstein, en sus memorias, afirma que en los primeros
días y hasta la llegada a su Cuartel general,
no puedo hacerse una idea de la gravedad del asunto
y que emitió esa orden porque estaba convencido,
y así se lo hizo saber Hitler, de que el aprovisionamiento
aéreo era factible.
Como el mal tiempo hizo que Manstein llegase con demora
a su Cuartel general, ya que se cubrió el trayecto
en tren, cuando tomó posesión de su
cargo, la oportunidad de romper el cerco en su mejor
momento ya había pasado, y no era viable hasta
diciembre:
"Como condición sine qua non, para
poder aceptar el riesgo que supone la renuncia a un
inmediato intento de ruptura del Sexto Ejército,
habrá que contar con la seguridad de una aportación
diaria de 400 toneladas de suministros a los cercados,
procurada por vía aérea".
Repasando
las memorias de Manstein, el mariscal afirma lo siguiente:
"[...] Es pues, indubitable que las seguridades
dadas por Göring a Hitler el 23 de noviembre
(o acaso antes) constituían un fraude. Si lo
era sólo en sus efectos, por cálculo
erróneo de las posibilidades existentes, o
si se trató de un embuste consciente por afán
de atribuirse importancia o por debilidad adulona,
es cosa que yo no puedo determinar. Puede afirmarse,
eso sí, que Göring obró con ligereza
criminal por lo menos y que sobre él recae
la principal responsabilidad. No por eso exculpo a
Hitler de la contraída por omisión de
la precaución, obligada en este caso, de hacer
comprobar la prioridad de las afirmaciones de Göring,
sobre todo conociendo como conocía al personaje
y el volumen de recursos de la Luftwaffe.
En cambio, ni el mando del Grupo de Ejércitos,
ni el jefe de la Cuarta Flota de la Luftwaffe estaban
en condiciones de proceder a semejante comprobación.
Además de que en teoría no había
razón alguna para calificar de utópica
así como la posibilidad abastecer temporalmente
al Sexto Ejército por vía aérea,
cuando en el invierno de 1941 a 1942 cien mil hombres
lo habían sido en igual forma durante meses
en la bolsa de Demjansk. [...]"
Más
de mismo. Manstein sabía perfectamente que
el aprovisionamiento aéreo no era viable. El
21 de noviembre Schmidt mantuvo una conversación
telefónica con el comandante del VIII Cuerpo
Aéreo, Martin Fiebig, indicándole este
último que el aprovisionamiento no era posible.
Poco después Richthoffen y Fiebig llegaron
en conjunto a la misma conclusión y se le fue
comunicada de nuevo a Schmidt.
El 22 de noviembre se reunieron en el bunker de Paulus,
los generales Schmidt, Seydlitz y el coronel Clausius.
El 23 de noviembre, según lo acordado en la
reunión se envió un mensaje al Grupo
de Ejércitos B en el que se proponía
iniciar la ruptura el 25-26 de noviembre ya que el
aprovisionamiento aéreo era imposible, según
los cálculos de Fiebig, Richthofen y Pickert.
A pesar de que el Comandante en Jefe del Grupo de
Ejércitos B, von Weichs, estaba totalmente
de acuerdo con la operación, y así se
lo hizo saber a Zeitzler ese mismo 23 de noviembre,
Hitler prohibió cualquier tipo de tentativa
de romper el cerco.
Cuando Manstein llegó al Cuartel General del
Grupo de Ejércitos B, en Starobjelsk, el 24
de noviembre se reunió con los allí
presentes. De esa reunión, el propio Manstein
comenta lo siguiente en sus memorias:
"[...] En el Grupo de Ejércitos B me
mostraron un radiograma que el comandante del Sexto
Ejército, general Paulus, había dirigido
a Hitler con fecha, según creo recordar, del
22 o 23 de noviembre. En él comunicaba al Führer
que, a su modo de ver y al de los comandantes a sus
órdenes, había llegado el momento de
que el ejército apelase a todas sus energías
para abrirse paso rompiendo el cerco. Y advertía
que la concentración de fuerzas indispensables
a tal objeto reclamaba ciertos cambios en la actual
distribución interior, así como el repliegue
del frente norte a una línea más corta,
con el fin de retirar el contingente indispensable
para la ruptura. La opinión del Grupo de Ejércitos
B en este punto era que, aun supuesta la inmediata
autorización por parte de Hitler para proceder
a la acción, hasta el 28 de noviembre no se
hallarían en condiciones de acometerla. [...]"
Resulta
chocante, que Manstein no cite en ninguna parte que
todos, tanto el Comandante en Jefe del VI Ejército,
como su Jefe de Estado Mayor, como todos sus comandantes
de Cuerpos, como el Comandante en Jefe del OKH, del
Grupo de Ejércitos B, y los oficiales de la
Luftwaffe, Fiebig, Richthofen y Pickert, nombrados
anteriormente, estuvieran en contra del aprovisionamiento
y todos abogaran por un intento de ruptura en el tiempo
más breve posible. Como podemos ver, la decisión
de Manstein fue totalmente unilateral, desoyendo los
consejos de todos los militares de alto rango involucrados
en Stalingrado, y sobre todo y lo más grave,
cuando Manstein acababa de llegar de su largo viaje
en tren, y no tenía una idea clara ni concisa
de la gravedad y situación de las fuerzas rodeadas.
También llama la atención, que según
Manstein, Hitler debía saber que las promesas
de Göring eran pura invención. ¿Acaso
Manstein no debía sospecharlo también?
¿No conocía Manstein las continuas bravuconadas
de Göring?
Cabe
añadir sobre este tema, que el 24 de noviembre,
en el Cuartel General del Führer, ocurrió
un grave incidente entre Zeitzler, Hitler, Jodl y
Keitel. Zeitzler quiso hacer ver a Hitler que era
imposible abastecer por aire al VI Ejército.
Hitler montó en cólera e hizo llamar
al General Jodl y al Mariscal Keitel y les preguntó
sobre que opinión tenía estos dos sobre
el aprovisionameinto aéreo del VI Ejército,
respondiendo ambos, que era factible. Zeitzler volvió
a defender su punto de vista, que era imposible. Hitler
mandó a llamar a Göring y le preguntó
si era posible, y este último asintió,
afirmando que era viable. Zeitzler le preguntó
a Göring si conocía la cantidad de toneladas
y número de aviones que debían transportarse,
a lo que Göring contestó visiblemente
incómodo que "no lo sé, pero
mi Estado Mayor puede hacerlo." Y así
acabó la discusión.
Este es el testimonio íntegro de Zeitzler,
aparecido en el libro Stalingrado, de Joachim
Wieder:
En vista de que las operaciones que se propusieron
para la liberación del sexto ejército
no han podido obtener ningún éxito,
es decisivo dar las órdenes para que se lleve
a cabo una ruptura del cerco. Debe hacerse inmediatamente:
es el último momento posible.
Mientras yo hablaba, Hitler se iba poniendo visiblemente
más y más enfadado. Había intentado
varias veces interrumpirme, pero yo no se lo había
permitido, porque sabía que aquella era mi
última oportunidad y debía expresarme
hasta el fin. Cuando terminé, gritó:
¡El sexto ejército debe permanecer
donde está! Es la guarnición de una
fortaleza y el deber de las tropas de una fortaleza
es resistir el asedio. Si es necesario, tendrá
que pasar allí todo el invierno, y ya lo liberaré
en una ofensiva de primavera.
Aquello era pura fantasía. Insistí:
Stalingrado no es ninguna fortaleza. Tampoco
hay modo alguno de abastecer al sexto ejército.
Hitler se enfadó todavía más
que antes y gritó aun más ruidosamente:
El mariscal Göring ha dicho que él
abastecerá al ejército por vía
aérea.
Entonces yo grite también:
¡Eso es una insensatez!
Hitler no cejaba:
¡No me apartaré del Volga!
Dije en voz alta:
¡Mi Führer! Sería un crimen
dejar al sexto ejército en Stalingrado. Significaría
la muerte o el cautiverio de un cuarto de millón
de hombres. Toda esperanza de liberarlos sería
inútil. La pérdida de ese ejército
rompería la columna vertebral del frente Este.
Hitler se puso muy pálido pero no dijo nada.
Me miró con rostro helado y apretó el
botón del timbre que tenía sobre su
mesa de escritorio. Cuando apareció su oficial
ayudante de las S.S. le ordenó:
Vaya a buscar al mariscal Keitel y al general
Jodl.
No se cambió entre nosotros una sola palabra
hasta que llegaron ambos. Acudieron al momento y sin
duda habían estado aguardando en la habitación
contigua. Si era así, tenían que haber
escuchado nuestras voces a través de las delgadas
paredes e la habitación de los planos. No podían
haberse engañado en modo alguno sobre la naturaleza
el estrépito. Keitel y Jodl saludaron rígidamente.
Hitler siguió en pie, con una expresión
solemne en el rostro. Estaba todavía muy pálido,
pero en el exterior tranquilo. Dijo:
Tengo que adoptar una decisión muy grave.
Antes de tomarla quisiera escuchar el parecer de ustedes.
¿Debo abandonar Stalingrado o no? ¿Qué
opinan sobre eso?
Entonces empezó algo que habría podido
llamarse un consejo de guerra, procedimiento que hasta
entonces Hitler no había utilizado nunca. Keitel,
que estaba en posición de firme, dijo con ojos
relampagueantes:
¡Mi Führer! ¡permanezca usted
junto al Volga!
Jodl habló tranquila y objetivamente. Midió
sus palabras y dijo:
Mi Führer, en efecto es una grave decisión
la que tiene usted que tomar ahora. Si nos retiramos
del Volga, ello significa el abandono de una gran
parte del territorio ganado con tan pesados sacrificios
durante la ofensiva del verano. Por otra parte, la
situación, si no retiramos el sexto ejército,
puede hacerse seria. Las operaciones proyectadas para
su liberación podrían tener éxito,
pero también podrían fracasar. Hasta
que veamos los resultados de tales operaciones, en
mi opinión debemos seguir en el Volga.
Ahora le toca a usted me dijo Hitler.
Por lo visto esperaba que las palabras de los otros
dos generales me impulsasen a un cambio de actitud.
Aunque era Hitler el que tomaba las decisiones, sin
embargo, se preocupaba temerosamente de obtener la
aquiescencia aunque sólo fuese por pura
fórmula de sus consejeros técnicos.
Me puse firme a mi vez y dije, con toda la gravedad
que me fue posible:
¡Mi Führer! Mi opinión sigue
invariable. A mi parecer sería un crimen dejar
al sexto ejército donde está ahora.
No podríamos ni liberarlo ni abastecerlo. Sería
sencillamente inmolado y, además, de una manera
inútil.
Hitler continuó conservando exteriormente la
calma y el dominio de sí mismo, aunque por
dentro hirviera de cólera. Me contestó:
Como usted ve, general, no estoy yo solo con
mi opinión. Es compartida por estos dos oficiales,
que tiene una graduación más alta que
usted. Por tanto, continuaré con la decisión
que he mantenido hasta ahora.
Se inclinó rígidamente y quedamos despedidos.
La segunda conversación que quisiera describir
de una manera detallada se desarrolló la noche
siguiente.
A pesar de la brusca negativa de Hitler a aceptar
mis argumentos, yo no quería en ningún
modo abandonar mi lucha en pro de la salvación
del 6.º Ejército. Sabía por experiencia
que ahora tenía que plantear el problema desde
otro punto de vista. La decisión de Hitler,
que parecía definitiva e incontrovertible,
se apoyaba en supuestos estratégicos. En los
días siguientes no tendría sentido intentar
llevar la discusión a ese terreno. Sencillamente,
se negaría a escuchar. Pero la cuestión
de abastecimientos no había sido abordada.
Mi idea consistía en que donde los argumentos
estratégicos habían fracasado, tal vez
podrían tener éxito los detalles sobre
suministros. Quizás podría conseguir
aun que aceptase mi manera de pensar si le mostraba
los detalles sobre la situación del abastecimiento
del 6.º Ejército y si, basándome
en hechos y números concretos, podía
demostrarle que el avituallamiento aéreo del
Ejército no era practicable. Hitler siempre
se mostró muy propenso a dejarse influir por
las estadísticas...
Tales hechos fueron desplegados de manera visible
en tablas numéricas preparadas por mis colaboradores
En cuanto estuvieron listas, solicité una vez
más tener una conversación privada con
Hitler. De nuevo eligió una avanzada hora de
l anoche. A causa de nuestra conversación del
día anterior, el recibimiento fue muy frío.
Sin embargo, conseguí despertar su interés
por los números que le mostraba y me permitió
terminar las aclaraciones necesarias para la comprensión
completa de las estadísticas. Terminé
con las siguientes palabras:
Después que he estudiado los hechos
uno por uno, no cabe más que esta conclusión
final: no es posible abastecer a la larga al sexto
ejército por el aire.
La actitud de Hitler se tornó helada. Dijo:
El mariscal del Reich me ha asegurado que es
posible.
Repetí que aquello no encajaba. Hitler prosiguió.
Está bien. El mismo se lo dirá
a usted.
Mandó llamar al jefe supremo de la Aviación
y le preguntó:
Göring, ¿puede usted abastecer
por aire al sexto ejército?
Göring levantó el brazo derecho y contestó
con solemne expresión.
¡Mi Führer! Le aseguro a usted que
la Aviación puede abastecer al sexto ejército.
Hitler me lanzó una mirada triunfante, pero
yo me limité a decir:
La Aviación no puede hacer nada de eso.
El mariscal del Reich tomó un aire sombrío
y dijo:
Usted no está en situación de
poderse formar una idea sobre eso.
Me volví hacia Hitler rogué.
¡Mi Führer! ¿puedo hacerle
una pregunta al mariscal del Reich?
Sí, puede.
¿Sabe el señor mariscal del Reich
dije qué tonelaje puede ser transportado
cada día al interior de la bolsa?
Göring se quedó visiblemente desconcertado
y frunció la frente. Replicó:
Yo no lo sé, pero los oficiales de mi
Estado mayor sí lo saben.
Entonces proseguí:
Teniendo en cuenta todas las existencias de
que dispone ahora el sexto ejército, un consumo
absolutamente mínimo y todas las posibles medidas
necesarias, el sexto ejército necesitaría
diariamente que le llevasen trescientas toneladas.
Pero, como no todos los días pueden realizarse
vuelos, cosa que yo mismo comprobé el pasado
invierno en el frente, eso significa que, en realidad,
los días de vuelo habría que llevar
quinientas toneladas al sexto ejército, si
pudiera mantenerse de manera efectiva este promedio
mínimo.
Göring replicó:
¡Eso puedo hacerlo!
Entonces perdí mi compostura y exclamé:
¡Mi Führer! ¡Eso es una mentira!
Un silencio helado descendió sobre nosotros
tres. Göring se puso blanco como la tiza a causa
de su cólera. Hitler pasó la vista de
uno a otro, visiblemente sorprendido y desconcertado.
Por fin me dijo:
El mariscal del Reich me ha dado su informe
y no me queda otro remedio que creerlo. Por consiguiente,
sigue en pie mi decisión de un principio.
Entonces dije yo:
Me gustaría poder formular aun otro
ruego.
Hitler preguntó:
¿De qué se trata?
Repliqué:
¿Puedo, mi Führer, presentarle
un informe diario en el que se exprese con exactitud
las toneladas de abastecimiento llevadas por el aire
al sexto ejército durante las veinticuatro
horas anteriores?
Intervino Göring para decir que aquello no era
de mi competencia. Pero Hitler rechazó su objeción
y me fue permitido presentarle aquel informe diario.
De esa manera terminó la conversación
Una vez más todo había sido inútil.
Lo único que conseguí fue granjearme
la enemistad del mariscal del Reich. Al llegar a este
punto me parece obligado indicar que mucho oficiales
del estado mayor y jefes de la Aviación compartían
desde el principio mi punto de vista. Un cierto número
de ellos expresó sus dudas por escrito. Pero
no pudieron convencer a su jefe máximo. Este
se limitó a dar carpetazo a los informes y
se cuidó de que no pudiesen llegar a la mesa
escritorio de Hitler.
El relato de Zeitzler sobre el hundimiento del 6.º
Ejército acaba con las frases siguientes: "Durante
meses yo había luchado por traer a Hitler a
la razón y por lograr de él decisiones
sensatas. Fracasé. En consecuencia, extraje
ciertas conclusiones finales respecto a mi empleo
como jefe del Estado mayor General. Busqué
a Hitler y le rogué que me revelara. Se puso
furioso y contestó ásperamente:
Un general no tiene derecho a abandonar su
puesto."
Manstein
no estaba presente, pero las conversaciones telefónicas
entre Zeitzler y Manstein eran muy frecuentes y fluidas,
por lo que sin lugar a dudas, Zeitzler debió
informar a Manstein del incidente, y del nulo conocimiento
de Göring de la situación, al afirmar
que el puente aéreo era viable.
Apéndice I
Sobre Joachim Wieder y su libro Stalingrad und die
Verantwortung des Soldaten
En
la obra de Marcel Stein sobre el mariscal von Manstein,
Field Marshal von Manstein, the Janus Head: a Portrait,
aparecen numerosas referencias al libro de Joachim
Wieder, por lo que su lectura es necesaria para poder
acceder a las fuentes de primera mano a la hora de
profundizar en la relación Manstein-Paulus
durante la batalla de Stalingrado, y un interesante
complemente a toda la información ya recopilada.
Una
de las acusaciones más repetidas en las memorias
de von Manstein , Victorias frustradas, se
refiere a la responsabilidad de Paulus en el desastre
del VI Ejército a orillas del Volga. Estas
acusaciones, resultan cuanto menos curiosas, cuando
primero, jerárquicamente, Manstein era el superior
de Paulus, y por tanto, su responsabilidad era mayor
como Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos
Don que la del general Paulus, Comandante en Jefe
del VI Ejército, y segundo, que Hitler se auto
culpó claramente de todo lo acontecido en la
catástrofe de Stalingrado: "¡Yo
solo asumo la responsabilidad de Stalingrado! Podría
decir, tal vez que Göring me presentó
un cuadro inexacto sobre las posibilidades del abastecimiento
por medio de la Aviación y de esa manera podría
descargar sobre él una parte al menos de la
responsabilidad. Pero él es mi sucesor, por
mí designado, y por eso no puedo cargarlo con
la responsabilidad de lo ocurrido en Stalingrado."
Resulta por lo tanto un tanto vergonzoso culpar a
Paulus, su subordinado, del desastre. ¿Se creía
Manstein ajeno a toda culpa y exento de responsabilidad?
Así pretende demostrarlo, aludiendo, como ya
cité anteriormente, que "La misma atribución
del VI Ejército al Grupo de Ejércitos
Don apenas si era algo más que una mera ficción.
Hasta entonces habían estado aquellas fuerzas
prácticamente bajo las órdenes directas
del OKH, y cuando aun tenían alguna posibilidad
de abrirse camino por sus propios medios a través
del enemigo, Hitler las había atado al poste
de Stalingrado, de suerte que operativamente no pasaban
de ser un reducto inmóvil. En vez de manejarlas
y aplicarlas, lo que el Grupo de Ejércitos
tenía que hacer era dedicarse a socorrerlas.
Porque, además, Hitler seguía manteniendo
su mando directo sobre ellas mediante un oficial de
enlace del Estado Mayor Central, situado con estación
de radio propia en el Estado Mayor del Sexto Ejército."
Es totalmente falso lo que afirma Manstein en sus
memorias. El VI Ejército si estaba subordinado
al Grupo de Ejércitos Don, ya que aunque Hitler
dio órdenes directas a algunos de sus comandantes,
durante la operación de rescate, Hitler no
emitió ni una sola orden directa dirigida al
VI Ejército, como afirma Wieder. Paulus se
sintió en todo momento subordinado a las órdenes
de Manstein, como puede desprenderse del diario de
guerra del VI Ejército y de los documentos
presentados por Görlitz en su libro Stalingrado
y yo. Para no repetir datos anteriormente citados,
reproduzco sólo uno d elos escritos de Paulus
a Manstein del 26 de noviembre: "Debo comunicarle,
que en su Mando, señor Mariscal de campo, veo
la garantía de que todo se realizará
para prestar ayuda al VI Ejército."
Incluso el propio Zeitzler, jefe del Estado mayor
General del Ejército de Tierra, corroboró
en la posguerra en una carta dirigida al general Doerr,
que el VI Ejército siempre estuvo subordinado
al Grupo de Ejércitos Don, siendo una opinión
muy a tener en cuenta en todo este asunto.
Otra de las mentiras de Manstein en sus memorias y
que se encuentra en el texto que he reproducido anteriormente,
reside al afirmar que el oficial de enlace del Alto
Mando, el comandante Zitzewitz, fue enviado personalmente
por Hitler para seguir manteniendo el mando en el
Kessel, cuando Zitzewitz fue enviado por el propio
Zeitzler, para estar bien informado de todo lo que
sucedía dentro del Kessel.
Conocido
ya por todos, el carácter dubitativo de Paulus,
Manstein debió haber sido más claro
con sus intenciones y en sus órdenes al VI
Ejército. Manstein sabía que si hubiese
ideado de buenas a primeras la operación Donnerschlag,
Hitler la hubiera anulado en el acto. Por eso se diseñó
en primer lugar la operación Wintergewitter,
para que después de establecer contacto con
el VI Ejército y haber abierto un corredor,
intentar convencer a Hitler de la inviabilidad de
mantener ese pasillo y obtener el permiso para la
evacuación del VI Ejército, o en su
defecto, que Paulus iniciase la salida y acto seguido,
Manstein asumir la responsabilidad, pero siempre bajo
la condición de que Paulus hiciera el primer
movimiento. Pero el VI Ejército no estaba bien
informado de las intenciones de Manstein, e incluso,
la famosa orden del 19 de diciembre, no era lo suficientemente
clara, para deducir que Manstein quería apoyar
la salida del VI Ejército después de
que Paulus iniciase la retirada. Si el Grupo de Ejércitos
tenía la convicción de llevar a cabo
de forma velada la salida del VI Ejército de
Stalingrado, Manstein debió haber sido más
claro con Paulus, y haberle hecho llegar sus intenciones
de una forma más comprensible. Para ello Manstein,
debió haber volado el Kessel y entrevistarse
directamente con Paulus, exponiéndole claramente
que es lo que se proponía. En sus memorias,
Manstein afirma:
"En virtud de estos informes, me resolví
a tomar yo mismo el avión y volar a la bolsa
para entrevistarme con el general Paulus, aunque luego
las apremiantes exhortaciones de mi jefe de Estado
Mayor y del jefe de la Sección de Operaciones
acabaron por disuadirme del propósito. Dado
el estado del tiempo, nada tendría de particular,
en efecto, que me viese luego retenido allá
por dos o más días, cuando ni lo delicado
de la situación de los restantes ejércitos
ni la necesidad de insistir con el Alto Mando para
hacer valer los puntos de vista de nuestro Grupo de
Ejércitos consentían tan prolongada
ausencia. Accedí, pues, a mandar en mi lugar
a mi jefe de Estado Mayor, general Schulz, y más
tarde aun volví a mandar al jefe de Operaciones,
coronel Busse.
Tenía por objeto la visita del primero, no
ya enterarse personalmente de la situación
y estado del Sexto Ejército y de sus mandos,
sino también poner a su comandante en jefe,
al corriente de lo que preparábamos para su
liberación. Con lo que éste luego podría
coordinar sus propios esfuerzos con los exteriores
previstos, tanto en el tiempo como en el modo. Que
era de l amayor importancia sincronizar nuestra actuación
con la de Paulus y procurarnos la posible unanimidad
en la apreciación de la situación, cuando
por carencia de toda comunicación telefónica
y lo precario de las escritas la influencia del Grupo
de Ejércitos en las decisiones del mando de
los cercados resultaba harto problemática.
Si además se tiene en cuenta que el Sexto Ejército
se hallaba bajo la constante coacción de las
órdenes y directrices de Hitler, asegurada
por el oficial de enlace del Alto mando del Ejército,
se comprenderá cuánta era la necesidad
que nosotros sentíamos de contrarrestarla en
lo posible." (4)
El hecho que prueba que enviar a Schulz y Busse no
fue una buena idea, viene reflejado, en las conclusiones
que trajeron de su viaje al Kessel, afirmando los
dos y transmitiéndole a Manstein, que el VI
Ejército "supuesto siempre un abastecimiento
suficiente por vía aérea, no parecía
hallarse en situación y condiciones de defensa
seriamente alarmantes".
Manstein vuelve a mentir al afirmar que el oficial
de enlace enviado por Hitler coaccionaba al VI Ejército,
pues ya se ha demostrado que Zitzewitz fue enviado
por Zeitzler, y que según este último
en una orden que le escribió al mismo Zeitzewitz
"Quiero que me informe inmediatamente, tan
pronto como sea posible. No tiene autoridad para estar
al mando. No se preocupe, todo lo que Paulus está
haciendo es correcto".
En este punto si que me he llevado una sorpresa, al
encontrar en el libro de Joachim Wieder, sobre este
punto la siguiente afirmación: "Si
el mismo no quería o no podía volar,
debió enviar por lo menos a uno de sus subordinados
de alta graduación, preferiblemente a su jefe
de Estado Mayor, cosa que habría podido hacer
sin grandes dificultades, para poner a Paulus al corriente",
cuando está claro que Schulz, el jefe de estado
Mayor del Grupo de Ejércitos Don, sí
voló al Kessel, tal y como he expuesto
anteriormente.
Marcel Stein también coincide que el envío
de Schulz y Busse en lugar del propio Manstein no
tenía razón de ser, según los
motivos expuestos por Manstein. No había peligro
alguno para sus otros ejércitos por aquellas
fechas y si hubiera tenido que permanecer varios días
en el Kessel, no hubiera supuesto ninguna crisis,
ya que las comunicaciones del VI Ejército estaban
intactas y en perfectas condiciones, no como afirmaba
Manstein.
Que Paulus no estaba bien informado de las intenciones
de Manstein, ni de la situación en la que se
hallaba el VI Ejército, queda reflejado en
el testimonio del capitán Toepke, joven oficial
del Estado Mayor del VI Ejército: "A
las preguntas concretas de Paulus sobre la situación
general y sobre el abastecimiento aéreo en
particular, contestaba Manstein dando esperanzas vagas.
Yo pensaba que aquellas preguntas de nuestro jefe
deberían ser contestadas de una manera concreta
por Manstein, esto es, señalando plazos fijos
para el socorro que se esperaba. Pero no ocurría
así."
El 19 de diciembre Manstein envió a su oficial
de inteligencia, el mayor Eismann, al Kessel,
a sabiendas ya que Hitler no iba a ceder en sus pretensiones
de no abandonar el Volga, y esta vez tampoco fue él
el que voló al Kessel, pareciendo esta
acción un número montado por Manstein.
Ya que Paulus no llegó a decidirse a la hora
de romper el cerco, y se mostró dubitativo
todo ese tiempo, Manstein debió haber volado
al Kessel y haberle explicado claramente sus
propósitos, convenciendo finalmente a Paulus
y dándole un último empujón,
con sus argumentos y dotes de mando. En vez de eso,
Manstein adoptó una posición pasiva
y lamentó un ay otra vez la actitud pasiva
del VI Ejército y la impotencia del Grupo de
Ejércitos Don, en vista de que Paulus no acababa
de decidirse. Un simple vuelo hasta Stalingrado quizás
hubiera cambiado toda esta situación.
Para
acabar, quisiera resaltar, que si bien Manstein estuvo
en desacuerdo con Hitler en muchos aspectos, y así
se lo hizo saber, finalmente obedeció todas
sus órdenes, de la misma manera que lo hizo
Paulus, por lo que la responsabilidad de los dos es
compartida, y más grave si cabe la de Manstein,
al ser éste el superior de Paulus. Manstein
al haber obedecido las órdenes de Hitler, asumió
en parte, la responsabilidad de la catástrofe
militar. De no haber restado de acuerdo debió
de haber escogido entre dos posibles opciones: desobedecer
a Hitler y ordenar la ruptura del cerco (cosa que
no hizo aunque en sus memorias lo afirma, y ya anteriormente
demostramos que no fue así) o en todo caso
dimitir de su cargo al frente del Grupo de Ejércitos
Don. Manstein pidió a Hitler, que para llevar
a cabo la operación Wintergewitter se
agregara al IV Ejército Blindado un Cuerpo
de Ejército proveniente del Grupo de Ejércitos
A, pero en cambio, solo recibió una División
Blindada, insuficiente a todas luces. ¿Por
qué Manstein no se quejó enérgicamente
a Hitler entonces, y sí lo hizo el 27 de diciembre
cuando la ofensiva ya estaba paralizada y abocada
al fracaso? ¿Por qué Manstein no voló
para ver personalmente a Hitler cuando comprobó
que sólo un apequeña parte de las fuerzas
solicitadas, tomarían parte en las operación
Wintergewitter? Manstein sabía que Hitler lo
consideraba uno de los estrategas más capacitados
y que tenía un respeto especial hacia él.
Por ello, debió haber presionado más
a Hitler y amenazarle con su posible dimisión,
en caso de no acceder este último a sus peticiones.
En vez de ello, desistió porque se sentía
responsable de sus soldados. Cabe preguntarse qué
hubiera sucedido si Manstein hubiera presionado a
Hitler en este aspecto, pues lo hubiera puesto en
una difícil situación, ya que en aquellos
críticos días, Hitler confiaba en las
artes de Manstein como estratega militar. Al obedecer
las órdenes de Hitler, sabiendo que era un
error, Manstein asumió también una parte
de esa responsabilidad, mayor aun que la de Paulus.
Solo
un pequeño apunte más a la hora de calificar
la actuación de Manstein y las contradicciones
aparecidas en sus memorias. En ellas afirma que durante
la batalla de Stalingrado, aun era posible obtener
unas tablas militares y con ello el supuesto previo
a unas tablas políticas. En cambio, el mariscal
en su proceso de Hamburgo declaró a la pregunta
de que cuando creyó que la guerra estaba perdida:
"En el invierno de 1942 vi con claridad que
no podíamos vencer. Nuestro frente en Rusia
quedó entonces tan ampliamente desgarrado,
que de ninguna manera podríamos rehacerlo.
Comprendí que los rusos, con sus reservas humanas,
nos irían oprimiendo paso a paso hasta llegar
al final."
Y es que a veces, las memorias tienen como objetivo
justificar hechos dudosos y huir de cualquier responsabilidad.
Conclusión
Después
de leer todo lo anteriormente expuesto, a modo de
recapitulación, cabría decir que Manstein
condenó al VI Ejército el 24 de noviembre,
cuando tras una decisión unilateral, siguiendo
las órdenes de Hitler, ordenó al VI
Ejército a permanecer en el Volga, esperando
épocas más favorables, para intentar
su liberación en diciembre, hecho que dependía
totalmente de que el abastecimiento aéreo fuera
posible y así lo supuso él, aunque todas
las voces de su entorno se mostraron en desacuerdo.
Más
tarde, tampoco se atrevió a desobedecer las
órdenes de Hitler, y no transmitió a
Paulus la orden, aunque éste se lo rogara una
y otra vez, ya que sin una orden, y siendo fiel a
sus principios, Paulus nunca actuaría por iniciativa
propia, algo que no le favoreció en el devenir
de los acontecimientos.
Hay una frase que aparece en el libro de Marcel Stein,
que escribió Manstein a propósito del
conde Sponeck, que dice así:
"[...] El caso del conde Sponeck muestra lo
trágico del conflicto entre el deber de la
obediencia y el propio criterio sobre las necesidades
operativas en las que con frecuencia se ven los jefes
militares de alto rango. Saben que, en caso de desobedecer
se juegan la cabeza; sin embargo, pueden hallarse
en la necesidad de proceder en contra las órdenes.
[..]"
En este caso, Sponeck, un simple comandante de cuerpo,
se atrevió a desobedecer las órdenes
de un superior para evitar la destrucción de
su división.
El conde Sponeck estaba bajó el mando de Manstein
en Crimea y mandaba el XLII Cuerpo bajo el control
del XI Ejército de Manstein. En un momento
crítico, cuando Sponeck se quedó sólo
con la 46.ª División de Infantería,
los soviéticos desembarcaron en Kerch y como
los refuerzos solicitados a Manstein no llegaron,
Sponeck procedió a evacuar a sus tropas desobedeciendo
las órdenes de Manstein. El mariscal lo relevó
del mando e informó de lo sucedido a Reichenau,
el Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos
Sur. Sponeck acabó sentenciado a muerte en
el posterior juicio al que fue sometido, y finalmente
su pena fue conmutada por seis años de prisión.
Manstein intentó sin éxito que se anulara
la sentencia. Finalmente Sponeck fue ejecutado en
julio de 1944. Sponeck desobedeció las órdenes
de su superior, Manstein, y se jugó el cuello
para evitar la destrucción de la división
a la que comandaba.
Manstein, un mariscal de campo, no se atrevió
a dar ese paso, cosa que hubieran agradecido las tropas
del VI Ejército, ni tuvo la fortaleza para
ordenar a Paulus que lo hiciera, y simplemente le
invitó a que este último diera personalmente
el paso, para no contravenir las órdenes de
Hitler, ni jugarse la cabeza, aunque sabía
que Paulus le hubiera obedecido.
En vez de ello, Manstein en sus memorias, se dedica
a culpar a todos los demás de las errores que
él cometió, errores de peso. Bien es
cierto que Manstein intentó convencer a Hitler
de que permitiera la ruptura del VI Ejército,
pero ante la negativa de éste, evitó
contradecir sus órdenes. Un buen Mariscal de
campo, en estas circunstancias, tenía dos opciones:
o jugarse la cabeza y desobedecer a Hitler, o dimitir.
Manstein no hizo ninguna de las dos, y prefirió
seguir al frente de su Grupo de Ejércitos Don.
Manstein
en sus memorias habla de la justificación de
la destrucción del VI Ejército, para
evitar el aniquilamiento total del Grupo de Ejércitos
A, aunque el Comandante soviético del Frente
de Stalingrado, Yeremenko, afirma que nuca tuvieron
intención de mover a las fuerzas que rodeaban
al VI Ejército para lanzarlas contra el Grupo
de Ejércitos A, porque logísticamente
hubieran necesitado tres semanas. Bien es cierto que
más tarde, Manstein intentó convencer
a Hitler que permitiera al VI Ejército rendirse,
tras las numerosas peticiones de Paulus. Hitler prohibió
cualquier intento de rendición y Manstein acató
la orden, y por segunda vez no se atrevió a
desobedecer a Hitler.
Para
acabar, quisiera reproducir unas frases que aparecen
en una carta que envió Manstein a Paulus a
principios de enero de 1943, que dicen lo siguiente:
"Comprendo y comparto sus puntos de vista
y sus preocupaciones respecto a su Ejército.
Sin embargo, el Alto Mando goza de una visión
de conjunto y carga con toda la responsabilidad. La
misión de usted consiste en cumplir con todas
sus fuerzas las órdenes que le han transmitido.
No le incumbe a usted ninguna responsabilidad por
lo que pueda ocurrir después..."
Bibliografía:
Stalingrado, de Joachim Wieder
Field
Marshal von Manstein: The Janus Head - A Portrait,
de Marcel Stein
La batalla por Stalingrado, William Craig
Stalingrado y yo, de Walter Görlitz
Victorias frustradas, de Erich von Manstein
Stalingrado: el cerco infernal, de Stephen Walsh
Stalingrado, de Antony Beevor