La cruel batalla de Sbodonovo
Autor: Aníbal Clar


Era finales del mes de marzo de 1944. Las fuerzas alemanas se retiraban en todo el frente oriental. En principio era esta una retirada ordenada, nada atropellada, pero continua. casi ninguna unidad de combate estaba a tope de efectivos, más bien al contrario, se encontraban todas bastante mermadas a causa de una lucha incesante que se prolongaba ya años.

La historia que nos ocupa ocurrió en un pequeño pueblecito del centro de Rusia. Se encontraba al pie del rio Vorosik, y cubierto por varias colinas y pantanos. En este pueblecito convergían 3 importantes carreteras, y el destino había hecho que por ellas debía retirarse toda la plana mayor del 4º Armee alemán y tambien del Heeresgruppe Mitte, es decir, del Grupo de Ejércitos Centro.
Todo ello si antes no llegaban los soviéticos y tomaban el cruce, lo cual tendría funestas consecuencias para el Alto Mando alemán en el Ostfront, pues todos los mandos antes reseñados podrían caer en manos del enemigo.

Pero las fuerzas alemanas en Sbodonovo eran bastante pocas y en un corto plazo no se podrían recibir refuerzos.
Se trataba del Kampfgruppe Tiersmann, compuesto esencialmente por los restos del Batallón 731 de granaderos panzer, al que se habían unido un conglomerado de unidades en retirada, formando una amalgama variopinta de veteranos combatientes.
Al frente de esta unidad se encontraba el Oberst Von Tiersmann, siendo su segundo al mando el Major Immelmann.
Las 3 compañías de unos 60 hombres cada una una, estaban comandadas por 3 expertos capitanes. La compañía "A" la mandaba el capitán Millermann, un veterano que había sobrevivido a Stalingrado, donde combatió en la 24ª Panzer División. La compañía "B" estaba bajo las órdenes del capitán von Dompereiss, prusiano, oficial de academia, siemple impecable en su vestimenta y en el trato con sus soldados, que le apodaban cariñosamente "tío Domper". La compañía "C" la mandaba un veterano de la guerra de Africa y de Italia, un paracaidista que había combatido en Cassino y que por discrepancias con el mando (había discutido muy violentamente con el Oberst Hellmann, comandante del 3er regimiento paracaidista en Cassino) había sido trasladado al frente oriental. Este capitan se llamaba Grognardheim y se llevó una sorpresa cuando vió que en su compañía había otros 12 paracaidistas que habían llegado retirándose de otras partes del frente.

Esta variedad de mandos comandaba el Kampfgruppe Tiersmann, que además contaba con 4 cañones Pak 40, 4 semiorugas sdkfz 251, 3 Stug III, 4 Maultier 42 nebelwerfer, un Panzer IV "H" y un Panther de la Grossdeutschland que se había agregado en la retirada alemana.
Estas unidades estaban repartidas entre las compañías, como ya veremos.

La historia comenzó con la llegada de 2 cartas al puesto de mando de Von Tiersmann.
Se las hizo llegar su ordenanza, el cabo Daniel Jakpenburg.
-Herr oberst, la correspondencia. Dos cartas. Una del OKH y otra del servicio de personal del ejército.
Daniel Jakpenburg llevaba ya dos años de ordenanza y ayudante de Von Tiersmann, y ambos se tenían bastante cariño. El coronel le llamaba en privado Dani.
- A ver Dani. veamos con qué nos sorprende hoy el alto mando.
El Oberst procedió a abrir la carta que le había enviado el departamento de personal. Comenzó a leerla. Se le cayó al suelo y le palideció la cara.

Esa carta decía así.
"Mi muy estimado Hans (su nombre completo era Hans Von Tiersmann)
Lamento tener que enviarte esta misiva.
No me hubiera gustado tener que hacerlo nunca, pero tengo que cumplir con la obligación y con el deber que me impone mi puesto.
Tu hijo Andreas ha caído en combate al ser abatido el Focke Wulf 190 que pilotaba.
Antes de ser abatido derribó otros 2 aviones enemigos, elevando su cuenta de derribos a 29.
Su contribución al éxito de nuestra lucha y su determinación a elevar el honor de su patria han sido contundentes, por lo que le ha sido concedida a título póstumo la Cruz de Hierro de 1ª clase.
Hans, en estos momento de dolor, sobran las palabras, así que recibe un abrazo y la comprensión de este que siempre ha sido tu amigo
Firmado
Rudolf Schmundt, Jefe de Personal del Ejército"

Von Tiersmann se sentó. La mirada perdida y al poco la cabeza gacha.
Daniel intervino.
-Herr oberst, esa carta, yo...
Von Tiersmann alzó la mano izquierda y le detuvo.
- Puedes leerla. Leela.
Daniel cogió la carta del suelo y leyó aquel escueto escrito con detenimiento. Se apenó bastante.
- Lo lamento, herr oberst. Lo lamento mucho.
- Mi hijo era lo único que me quedaba. Como sabes mi esposa murió en el bombardeo de Hamburgo y mi querida madre el año pasado en Köln. Mi hijo Andreas era lo único que me quedaba.
Von Tiersmann se puso en pie y alzó los brazos al cielo exclamando:
- Por qué Dios mío, por qué. Mi hijo nunca había hecho daño a nadie. Sólo tenía 20 años. Por qué estalló esta guerra, por qué se metió en ella. Andreas, ¡hijo mío! ¿dónde estás?, ¿dónde estás?
Se echó las manos al rostro y por primera vez en años el rudo Von Tiersmann lloró.
- Andreas, hijo mío.
- Mi coronel, dijo Daniel. Mi coronel, debe conservar la calma. Ya sabe que toda mi familia también cayó en la masacre de Hamburgo. Yo no tengo a nadie en la vida, y también tengo 20 años. Estos últimos meses ha sido usted mi padre, y el frente mi hogar. Por favor, repóngase, mi coronel.

Von Tiersmann se acercó al muchacho y se fundió con él en un abrazo.
- Bendito seas tú Dani. Ahora los dos estamos sólos.
- Pero venceremos mi coronel. Venceremos al desafío que nos ha impuesto la vida. Y cuando ganemos la guerra y volvamos a Alemania, empezaremos una nueva vida.
Von Tiersmann iba a responderle, cuando vió sobre la mesa de aquel pequeño puesto de mando la otra carta.
La carta que llevaba el sello del OKH.

Se acercó y cogió la carta.
La abrió cuidadosamente.

ALTO SECRETO.

Al comandante en jefe del Batallón 731 en Sbodonovo.

"Coronel Von Tiersmann o en su defecto comandante al mando:
Su batallón está al cuidado de un vital cruce de carreteras por el que dentro de las próximas 72 horas deberá pasar la plana mayor no sólo del 4º Armee, sino también del Heeresgruppe Mitte. Debe usted conservar con las fuerzas disponibles ese cruce, al costo que sea.
Igualmente le informamos que una agrupación acorazada y mecanizada soviética llegará al lugar en unas 48 horas.
Según la información que nos transmite Gehlen y ejércitos extranjeros del este, dicha formación la componen unos 150 carros T34/76 y 50 semiorugas que transportan aproximadamente 1000 soldados.
Sabemos de la desproporción con respecto a sus fuerzas, pero confiamos en su habilidad y dotes de mando, y en el fanatismo feroz de sus soldados, que defenderán el terreno hasta la última gota de su sangre.
No le queda a usted más remedio que elegir el camino que le llevará a la victoria o la muerte.
Sepa que el Führer tiene puestos los ojos en ese lugar y en usted, sabiendo perfectamente que no dará un paso atrás y hará gala de la determinación y el coraje que siempre le han distinguido.

Firmado
Kurt Zeitzler
Jefe de estado mayor del OKH

Von Tiersmann leyó la carta tres veces.
- Dani, haga venir inmediatamente al Major Immelmann y a los capitanes Von Dompereiss, Millermann y Grognardheim. Con Urgencia.
De repente las lágrimas habían dejado paso a la tensión.
Daniel salió raudo a avisar a los oficiales, sin saber qué decía aquella carta.

En menos de 20 minutos, los 4 oficiales se encontraban frente a Von Tiersmann. Éste les leyó la carta y les pidió su opinión. Todos coincidieron en que sería casi imposible detener a aquella formación enemiga, pero puesto que no había elección, se pusieron manos a la obra para preparar un contundente plan defensivo.
Al norte del pueblo, la compañía "A" de Millermann se encargaría de la defensa. El oeste y el sur lo cubriría la compañía "C" de Grognardheim. Y el este se´ria trabajo para los muchachos de Von Dompereiss.
En el pueblo quedaría el puesto de mando de Von Tiersmann, mientras que el major Immelmann marcharía a la colina que había al sur del pueblo para dirigir y coordinar el puesto de observación que se había instalado allí y mantener informados de los movimientos del enemigo a los capitanes en todo momento, a través de la radio.



Después de salir de la reunión mantenida en el puesto de mando, cada uno de los capitanes se dirigió a la zona que le había sido asignada para preparar la defensa correspondiente.
Tendrían que arengar a sus hombres para que en el plazo más breve posible, emplazasen los campos de minas en los lugares asignados para ello, construyesen pozos de tirador, emplazasen los cañones en los sitios más favorables para el tiro, y en fin, estuviesen alerta para solventar cualquier contingencia que sobre la marcha surgiese cuando comenzasen los "fuegos artificiales".

Von Tiersmann se quedó a solas con el Major Immelman.
- Max, ¿cuántos años llevamos juntos?
- Tres años y medio Hans.
- Hemos estado en tantos sitios... Polonia, Francia, Grecia, y estos últimos años aquí, en este pais que se nos llevará a todos.
- Hemos estado en otras muy difíciles, Hans. Y siempre salimos adelante. Está vez no será diferente. Lo conseguiremos.
- Para mí ya nada tiene sentido, Max. Mira esto. (le extendió la carta que relataba la muerte de su hijo)
- Oh! Lo siento mucho, Hans. Sabes que lo lamento como si fuese mi hijo, yo...
- No hace falta que digas nada. Te conozco bien y se lo que sientes. Decías que otras veces hemos salido airosos de los aprietos. Y es verdad, pero esta vez, esta vez...
- Esta vez también Hans. Ya lo verás. Ten confianza en los muchachos. Ellos lo lograrán.

Von Tiersmann no contestó. Se sentó y quedó sumido en profundos pensamientos. Su mujer, su hijo, Alemania. Dos de esas cosas ya no existían y la tercera llevaba camino de desaparecer.
Immelmann salió del puesto en dirección a la colina (C3) donde colocaría su puesto de combate y observación, como ya se dijo anteriormente.

En el sector este, Von Dompereiss colocó su puesto de mando cerca de los Pak 40 que apuntaban a la salida del vado (V3). Allí, al lado de los cañones se encontraban 3 Maultier 42. Dividió su compañía entre el bosque y la colina cercanos al río. Sabía que sus hombres cumplirían la misión encomendada con una exquisita profesionalidad. Terminaron el minado del puente que cruzaba el Vorosik, y el propio Von Dompereiss tenía el mando para volarlo cuando considerase oportuno.
Metió los dedos en el bolsillo izquierdo de su pulcra guerrera y sacó un papel. El papel tenía exactamente 39 años, los mismos que el aguerrido capitán. Estaba doblado. Lo desdobló y comenzó a leerlo.
Decía así:
De donde hayas venido, no lo se,
pero sí que has nacido.
Que al escuchar tu llanto
oi todos los trinos de ángeles
y pájaros.
Que mi pluma pequeña
quisiera ser gigante
para dejar plasmado
lo que con tu venida
en mi corazón ha brotado.
Y con un Padrenuestro
quiero sellar mis labios
rogando a Dios por ti
para que seas justo, honrado,
y recuerda que un día
en que la niebla envolvía mi alma,
cuando naciste, Antón María,
¡ la vestiste de blanco !

y debajo una dedicatoria que decía:
A mi nieto Antón María, a las 48 horas de su nacimiento, de su abuela Marie, con todo cariño
Bielefeld, 25 febrero 1905

Está claro que Antón María era el nombre de Von Dompereiss.
Volvió a doblar la carta y la metió de nuevo en el bolsillo de su guerrera. Miró al cielo. Apretó los dientes y encaminó sus pasos hacia el puente, para ver como iba la colocación de las cargas de demolición.

En el sector norte, el capitán Millermann tendría que lidiar con lo que él consideraba el hueso más duro de la batalla que se avecinaba. Millermann cosideraba que el mayor esfuerzo ruso vendría por esa zona, y sobre el dominio de la colina norte (C1) giraría gran parte de la batalla. Como esta colina estaba expuesta al fuego enemigo desde varias posiciones, sólo se estacionó allí un pequeño puesto de observación con una radio, mientras que el grueso de la compañía estaba a la derecha de la colina, protegida por un campo de minas.

El capitán había preparado un repliegue a las primeras casas del publo, caso que los rusos consiguieran penetrar por la colina, evidentemente a pie, pues era impracticable para carros y semiorugas. Para retrasar el posible avance enemigo por el interior de la boscosa elevación, Millermann hizo que se pusieran trampas y alambradas de espino, pues retrasar ese avance le permitiría recolocar sus unidades donde fuese preciso y activar el Pak 40, el Maultier 42 y los 3 semiorugas que tenía a su disposición.

El veterano de Stalingrado no pensaba dejarse sorprender. Gustaba de fumar cigarrillos, según él "el único vicio que tengo", y no pensaba dejarlo hasta que terminase la guerra. Había hecho una promesa de dejar de fumar si acababan las hostilidades y él seguía con vida.
Por lo general era una persona optimista, de buen humor y con indudables dotes de mando. Había empezado la guerra en el personal del cuartel general del Führer, pero aquel ambiente no le gustaba mucho, y pidió el traslado a una unidad de combate.
A partir de ahí siempre estuvo en primera línea, hasta la presente situación. Estaba claro que no iba a dejarse arredrar bajo ningún motivo.

Von Tiersmann había dejado junto a su puesto de mando en el centro del pueblo, una reserva móvil compuesta por el Panzer IV, el Panther y un Stug III dispuestos a ser enviados a aquel lugar donde surgiese una crisis.
Llamó a su ordenanza.
- Dani, tengo preparada una misión para ti.
- Lo que usted ordene, mi coronel.
- Necesito que se salven, poniéndonos en el peor de los casos, el libro de notas de la unidad, la máquina de claves, y el cifrado especial. También quiero que se evacúe a los 2 enfermos que tenemos, los soldados Miers y Klein. Tú conducirás el Kübelwagen con el material que te he dicho y con los enfermos hacia el oeste. A unos 37 kms te encontrarás con el puesto de mando del hospital de campaña. Cuando llegues allí espera mis órdenes.
- Con todos mis respetos, mi coronel, no pienso cumplir esas órdenes.
- ¿Cómo?
- No pienso dejarle sólo aquí, cuando es muy posible que necesite mi ayuda. Mi ayuda y la de todos. Sabe usted muy bien que esos 2 soldados que me ha dicho no están tan enfermos. No pienso salir de aquí y cargar sobre mi conciencia los hechos que puedan ocurrir. Yo me quedo aquí con usted, mi coronel.
Von Tiersmann miró condescendientemente a Daniel. Su plan para salvar de la posible muerte a su ordenanza había fallado, pero en el fondo se sentía orgulloso de él. Estarían juntos hasta el final de aquello, pasase lo que pasase.
El coronel se levantó y se dirigió a su ordenanza.
- De acuerdo Dani, de acuerdo.

Sector oeste y sur.

El capitán Grognardheim se adentró en el bosque por donde salía la carretera que venía de la ciudad (B1). Había decidido y consensuado con el coronel, que 2/3 de su compañia se atrincherarían en el bosque y cortarían la carretera.
Entre los árboles se encontraban con todo tipo de armas sus muchachos, había trampas por todos sitios, y el bosque se podría convertir en una trampa mortal para sus enemigos.
Y es que Grognardheim, que entre otras cosas podía presumir de haber estado en Eben Emael y en el asalto en Creta, de haberse curtido en el grupo Ramcke en Africa y de haber estado en Cassino, era un oficial sumamente eficiente y poco tenía ya que aprender de la guerra.
Lamentaba la desaparición de la Luftwaffe de los cielos de Europa, pero en esa batalla que ahora le ocupaba, el parte meteorológico había anunciado cielos encapotados y techo muy bajo de nubes, por lo que ninguno de los dos bandos podría usar su aviación.
No sabía si eso sería mejor o peor, pues la aviación soviética contaba ahora con buenos aparatos y cada vez mejores aviadores, y la Luftwaffe ya no tenía fuerza para realizar muchas salidas.
En su sector sur, el capitán de los fallschirmjaeger disponía de dos Stug III, un pak 40 y un semioruga, amén del resto de su compañía perfectamente atrincherada.

En general se habían cubierto todas las entradas posibles a la zona para vehículos con campos de minas, los soldados habían trabajado como animales preparando el despliegue, las trampas y los posibles despliegues posteriores según fuesen los acontecimientos.

Grognarheim sabía que si era frenado el primer y poderoso envite del enemigo, se tendría bastante ganado.
Se había hecho de noche y después de todo un agotador día de trabajo, estaba muy cansado. se sentó al pie de un árbol y empezó a comerse una manzana. Había un silencio sepulcral y hacía bastante frío. Se le cerraban los ojos. Se le cerraban...
Vió un puerto de mar. Había alguien pescando ahí delante. Se acercó a la persona sentada sobre el cantil del muelle que sujetaba una caña.
La persona se volvió. Gerd (el nombre de pila de Grognardheim) conocía aquella cara.
- Papá... ¡papá! cuanto tiempo. ¿qué haces aquí?
- Gerd, sientate aquí.
- Papá pero tú estás muerto.
- ja ja. ¿muerto?
- Si. Cuanto me alegro de verte. Hacía tanto tiempo...
- Los sentimientos nunca mueren, Gerd. Por eso me ves.
- Y yo... ¡ Si soy un niño !
- Claro, siempre serás un niño Gerd.
- El pueblo papá. Tengo que estar con mis compañeros.
- ¿te vas, Gerd?
- Papá, mis compañeros...
- Yo también estaré en el pueblo contigo, hijo mío.

En ese momento se le cayó la media manzana que aún no había comido de la mano, y Grognarheim abrió bruscamente los ojos, contemplando la opresora oscuridad que le rodeaba.

El tiempo había ido trancurriendo. Entre preparativos y el stress producido por la situación, las horas habían volado a toda velocidad.
Von Tiersmann reunió de nuevo al major y los capitanes.
- Señores, según los cálculos del Alto Mando, el ataque se producirá dentro de unas 6 u 8 horas. Aproximadamente en torno a las 7 de la mañana. Debemos frenar la primera acometida como sea. El tiempo transcurre a nuestro favor. Cuanto más resistamos, más beneficio haremos a la plana mayor del ejército y del grupo de ejércitos.
Como no puede ser de otra manera, espero de cada uno de ustedes la máxima profesionalidad y entrega.
- Creo hablar en nombre de todos los presentes, dijo el major Immelmann, diciendo que dejaremos hasta nustro último empeño en sacar adelante esta situación.
- Y así será, agregó Von Dompereiss.
- Ahora, dijo el coronel, vamos a brindar con esta botella que tenía guardada para una ocasión especial. No era esto precisamente en lo que yo había pensado, pero en fin, daremos salida a este vino alsaciano.
Brindaron por la suerte, por el futuro y por el éxito de Alemania.
Mientras bebían el vino, los T-34 se aproximaban al lugar. En pocas horas estarían allí.

Una vez acabado el brindis, cada uno marchó al puesto que le correspondía.

Pasaron unas horas. Comenzaba a amanecer. Todo era silencio. Aproximadamente eran las 7 de la mañana.
La radio dió señales de vida en el puesto de mando de Von Dompereiss, al este del despliegue.
El puesto de observación de la colina este (C2) informaba que se veía movimiento de blindados a unos 5 Km.
¡ Empezaba la fiesta !
Inmediatamente a una orden del capitán, se lanzó una bengala amarilla, ¡¡ Máxima alerta !!
Se fueron haciendo visibles al otro lado del río, los blindados soviéticos. Unos 50 aproximadamente, apoyados por 10 semiorugas y unos 200 soldados.
Von Dompereiss se acercó a los pak 40 que apuntaban al vado.
En ese momento, los carros comenzaron a hablar. Fuego de cobertura sobre la colina (C2) y el bosque (B2), a la vez que se dirigían a toda máquina al puente y el vado.
- Las bengalas rojas, rápido, anunció Von Dompereiss.
Los fumígeros fueron lanzados, con lo cual las tropas abandonaron sus posiciones en colina y bosque y se replegaron a las primeras casas del pueblo. Tal movimiento no pasó desapercibido para los rusos, que pusieron toda su atención en el mismo. Justamente era lo que Von Dompereiss quería, pues así pasaron desapercibidos los cañones y los 2 Maultier 42.
El primer T-34 ya cruzaba el puente, seguido por otros 3 a corta distancia. Del mismo modo, 7 monstruos mecánicos y 5 semiorugas empezaban a cruzar el vado (V3).
Von Dompereiss esperó hasta que el primer T-34 cruzó el puente, en ese momento dió la orden de fuego a sus pak 40. El primer disparo hizo blanco e inmovilizó al carro, que pronto comenzó a arder, los que 3 que venían detrás quedaron bloqueados sobre el puente, momento que aprovechó el capitán para accionar el mando y volarlo, con lo cual cayeron al río y quedaron completamente destrozados.
Las unidades alemanas que habían salido de sus posiciones originales comenzaban a ocupar las primeras casas del pueblo, instalando las mortíferas MG-42.
Los carros que cruzaban el vado junto a los semiorugas llegaban a la orilla, comenzaron a avanzar hacia el pueblo. De repente... ¡¡¡ Pummm !!! ¡¡¡ Pummmmm !!! Las minas Tellermine comenzaron a hacer de las suyas. 3 carros quedaron fuera de combate, y los otros 4 hubieron de pararse. Los semiorugas se pararon y la infantería comenzó a bajar.
- Bengala azul, ordenó Von Dompereiss.
Así que bengala azul al aire... Señal para que los Maultier 42 y sus neberwerfer comenzarán el fuego sobre la zona indicada. El diluvio de proyectiles comenzó a caer sobre la infantería que bajaba de los semiorugas con mortífera precisión. Desde el puesto de mando en la colina sur (C3) el major Immelmann daba las coordenadas con una exactitud digna de encomio.
La salida del vado se convirtió en una carnicería horrible. Una matanza.
Los T-34 del otro lado del río, comenzaron a tirar contra las casas, desde donde las MG-42 estabán machacando a los infantes rusos. Los pak 40 seguín haciendo fuego con precisión, y cada descarga de los Maultier era demoledora.
Los soviéticos detuvieron el ataque y se retiraron momentáneamente.
Resultado, 11 T-34 fuera de combate y 5 semiorugas hechos papilla, unos 85 soldados muertos. Todo un éxito contabilizando las bajas propias, 11 muertos y 5 heridos, pero las primeras casas del pueblo habían sido destruidas y estaban bajo el fuego directo de los T-34 del otro lado del río.
No obstante, Tio Domper había conseguido detener el asalto por el momento.

Pero mientras todo esto ocurría, una formación mucho más poderosa se avecinaba contra la colina norte (C1).

Desde su puesto de mando, en las estribaciones del pueblo por el norte, desde donde la falda de la colina (C1) quedaba a un paso, Millermann apuraba un cigarrillo.
Hacía 5 minutos, tal vez un poco más, que había visto en el aire los fumígeros de colores de la compañía de Von Dompereiss, y el estruendo que había en el sur-este de la ciudad le indicaba que el esperado ataque por el norte comenzaría en breve.

Y así fue. Al momento sonó el teléfono de campaña. El puesto de observación en la colina (C1) le comunicaba que una gran formación soviética compuesta por unos 100 carros T-34/76 y 40 semiorugas estaban llegando al pie de la montañita.
Llegado ese momento, la mitad de la formación soslayó la elevación por el oeste y se dirigió más al sur, tal vez para atacar Sbodonovo por el bosque (B1) y la carretera que lo atravesaba, con lo cual Grognardheim fue avisado por radio.

Súbitamente, los 50 T-34 que habían quedado en el norte, detuvieron su avance frente a la colina y comenzaron a disparar sobre ella. El puesto de observación fue alcanzado y murieron los 4 que en él se encontraban. Los disparos de los carros, al no ser obuses, chocaban contra las primeras hileras de árboles, pero alguno que otro batía el bosque de la colina más hacia su cenit.
Después de machacar la posición durante un cuarto de hora, 20 semiorugas soviéticos vomitaron unos 400 soldados que emprendieron la travesía de la colina que les llevaría a las primeras casas del pueblo (donde estaba el cuartel general de Millermann). Los gritos de ¡¡ Hurra !! eran ensordecedores.
Pero Millermann había aprovechado bien el tiempo del bombardeo sobre la colina y había ordenado el repliegue de su compañía hacia las casas, de tal modo que si los rusos salían a pecho descubierto del bosque, caerían de manos a boca sobre el fuego de sus experimentados granaderos, toda vez que esa posición era inatacable por parte de los 50 T-34 que se encontraban a la espera al otro lado del monte (C1).
El capitán había hecho venir como apoyo a los tres sdkfz 251 que tenía al este, cerca de la marisma en la cual desembocaba el vado V2, y al Maultier 42 de que disponía, que había traido consigo el pak 40 de la zona.

Tal vez el haber perdido el puesto de observación era un pequeño handicap, pero poco importaba de momento lo que hicieran aquellos 50 T-34.
Los gritos a voz en cuello y el ruido del gentío comenzaron a llegar a las estribaciones del pueblo.
De repente, ante los tiradores alemanes, comenzaron a cargar aquellas riadas de gente de pardos uniformes.
Millermann esperó, como oficial de bien templados nervios que era, hasta el último momento para dar la orden de fuego.
¡¡ Feuer !!
Las 3 Mg-42 repartidas en estratégicos lugares vomitaron fuego de frente a los infantes rusos que acometían las casas. El resto de la unidad con sus Kar-98 y sus Mp-40, habrieron fuego salvajemente contra la horda que se les venía encima. Del mismo modo, desde el lateral derecho de la escena, los 3 semiorugas que se habían detenido formando un semicírculo que dominaba el ángulo de ataque ruso, comenzaron a hacer fuego con su MG-42.
La cadencia de fuego bien dirigido por tropas expertas se tornó mortal de necesidad. Aquel haz de muerte se abatió sobre los ivanes con demoledora contundencia, en el mismo momento que el maultier 42 dejaba caer sobre la zona su primera letal descarga.
En principio parecía que la carga suicida no iba a decaer. La matanza no pudo detener a unos 20 rusos que alcanzaron el pueblo y se enzarzaron en un mamo a mano con los alemanes de las primeras casas, 5 entraron en el puesto de mando de Millerman. Al ordenanza del capitán le dieron un tiro en la cabeza y a otro soldado le atravesaron de parte a parte con la bayoneta calada de un Mosint Nagant. Millermann utilizó su Walther reglamentaria para defenderse y consiguió abatir a dos enemigos ante él, pero un tercero se le echó encima y le acometió con la bayoneta a la altura del corazón.
Millermann se daba por muerto cuando notó que la bayoneta no penetraba en su cuerpo. La punta de la misma había chocado contra la pitillera de aluminio regalo del Führer de los tiempos en que el capitán había servido en el cuartel general. Los instantes de asombro que tuvo el soldado ruso fueron suficientes para que Millerman se zafara y le diese un terrible puntapié en el escroto, con lo que "Iván" cayó de espaldas y dió tiempo a Millermann de cojer un abrecartas que siempre tenía en su mesa de mando, y traspasar con él el cuello del ruso, que murió en ese empellón.
El resto de enemigos que habían entrado en el pueblo fueron abatidos, y ante el cruel castigo a que estaban siendo sometidos, los supervivientes optaron por retirarse al bosque.

Millermann no lo sabía, pero aparte de haber salvado la vida de milagro, había infligido al enemigo 269 bajas, es decir, 212 muertos y 57 heridos, que ya no podrían volver a tomar parte en la batalla.
Los alemanes habían sufrido 17 bajas, y un semioruga había quedado inservible, pues un soldado enemigo que se deslizó subrepticiamente y no fue descubierto hasta el último momento, había arrojado dentro una granada con devastadores efectos.

Una vez que pasó la primera embestida, Millermann salió al exterior. Sacó la pitillera maquinalmente, la fuerza de la costumbre. Vió que estaba doblada. El puntazo de la bayoneta había impactado en una de las palabras que tenía grabada. Exactamente en Deutschland. Así que el intrépido capitán no pudo por menos que esbozar una sonrisa.
Al fin y al cabo, entre "Alemania" y el Führer, acababan de salvarle la vida.

En el momento que comenzaba a saborear el cigarrillo, se escucharon explosiones y disparos en el oeste de la ciudad, en la zona del bosque (B1).
Millermann se dio cuenta que probablemente Grognardheim estaba en dificultades. Y sintió un desasosiego en lo más hondo de su corazón.

Como sabemos, una formación de 50 T-34/76 y de 20 semiorugas con unos 400 soldados había proseguido hacia el sur en demanda de la carretera que por el oeste y cruzando el bosque (B1) accedía a Sbodonovo. Como quiera que dicho bosque impedía ver los movimientos de tropas tanto desde el puesto de observación de la torre del pueblo, como desde el del Major Immelmann desde la colina sur (C3), el aviso por radio por parte de Millermann a Grognardheim de que esa fuerza se aproxima hacia él, fue vital.

A la llegada a la carretera, las fuerzas soviéticas pararon y se dividieron. 35 T-34 continuaron más hacia el sur, precisamente hacia la colina donde se encontraba Immelmann, y con ellos marcharon 7 semiorugas. El resto (15 T-34 y 13 semiorugas con unos 260 hombres), comenzaron a aventurarse por la carretera del bosque.
Dentro del tupido lugar, había una atmósfera pesada, irrespirable. Pero los rusos fueron avanzando con cautela.
LLegado un punto, los vehículos tuvieron que detenerse. La carretera estaba cortada a causa de unos pesados troncos que habían sido colocados allí. Los vehículos no podían salirse de la misma y rodear el obstáculo, pues en ese sitio era donde el bosque tenía más arbolado y los movimientos fuera de la carretera se hacían imposibles.
En el aire flotaba un olor acre, extraño.
El comandante soviético ordenó a 40 soldados que bajasen de los semiorugas y apartasen los troncos. No había ni rastro de alemanes.
Los soldados bajaron y comenzaron a acercarse a los troncos.
Pero ese fue el momento en que comenzó la función.
Disparos sueltos comenzaron a abatir a los rusos. Uno, dos tres... quince...
Grognarheim había dispuesto varios francotiradores en las copas de aquellos árboles con un camuflaje tan bueno que era imposible averiguar de dónde provenían los disparos a menos que se fuese muy avezado al respecto.
En poco tiempo los de pardo uniforme tenían en el suelo 22 muertos. Los T-34 comenzaron a disparar contra los árboles, igual se hizo desde los semiorugas.
En ese instante se desató el infierno.
De la nada surgieron 4 alemanes armados con panzerfaust justo frente a los troncos donde se había detenido la caravana. Allí, en cabeza de la columna había 4 T-34 que fueron completamente tomados por sorpresa por los asaltantes que dispararon las armas antitanque a quemarropa y dejaron fuera de combate a las 4 bestias de acero.

El comandante ruso comprendió el error de haber entrado en aquel bosque, más ya era imposible subsanarlo.
Grognarheim, un experto paracaidista, un héroe de Creta, África y Cassino, había convertido el bosque en una trampa mortal.
Varios soldados alemanes armados con lanzallamas, salieron de sus escondites y dispararon contra los árboles cercanos al convoy y la carretera. El incendio fue mayúsculo... Aquel olor acre era de una sustancia con la que los alemanes habían impregnado los árboles de ese lugar, donde se estaba produciendo la emboscada. Esa sustancia la había conocido Grognardheim en Creta, la usaban los griegos, el jefe de la resistencia, Manolas Katsarougis, cuando fue capturado, llevaba encima varias botellas que habían caído en mano de los alemanes.
"Algún día me será de utilidad este descubrimiento", pensó Grognardheim aquel día en las cercanías de Iraklion, y así había sido.
En resumen, todo alrededor del convoy ardía de quilla a perilla, y los infantes, so pena de morir achicharrados, saltaron fuera de los semiorugas a buscar refugio fuera de aquel fuego abrasador.
Conforme iban apareciendo, los alemanes que habían hecho pozos de tirador ocultos por ramas y follaje, sacaron todo el armamento que tenían a mano y fueron acribillando sistemáticamente a las tropas que enloquecidas corrían de un lado a otro buscando donde cobijarse.
Los carros no podían moverse porque la carretera habiá quedado bloqueada, y una sección preparada al efecto, salió en pos de ellos armados con minas magnéticas.
Uno tras otro los T-34 fueron volando, pero algunos infantes rusos que se habían quedado burlando el miedo, dispararon sobre los alemanes, de tal modo que si bien la sección cumplió su misión, ninguno de ellos pudo regresar para contarlo.
De los 15 T-35, 12 estaban fuera de combate, mientras que 10 semiorugas habían sido destruidos. El bosque era un brasero de llamas, los rusos habían disparado en todas direcciones y habían abatido a todos los francotiradores menos a uno. Las bajas en hombres por parte soviética eran terribles, 202 habían sido abatidos.
Los 3 T-34 y los 3 semiorugas restantes, que estaban a cola del convoy, consiguieron dar la vuelta a duras penas y retirarse, consiguiendo salir del bosque y retirrse hacia el norte.
Los alemanes también había llevado lo suyo. De los 41 soldados que estaban en el bosque, 22 habían muerto y 5 resultado heridos. De tal suerte que sólo 14 estaban operativos dentro del bosque, pero las bajas infligidas al enemigo habían sido, como hemos visto, brutales, y los soviéticos, que desconocían la debilidad que ahora presentaban los alemanes en el bosque, ya no volvieron a aventurarse por tal lugar.
El triunfo de Grognarheim había sido total en este sector.

Pero ahora, hacia su sector sur, entre el bosque (B1) y la colina (C3), cubriendo el angosto paso donde se encontraba el propio capitán al mando de 22 hombres, 2 Stug III, un sdkfz 251 y un pak 40, se dirigían los 35 T-34 y 7 semiorugas rusos que como ya se anunció, continuaron hacia ese lugar.
Cuando tal formación salió de la zona de sombra que les proporcionaba el bosque y fueron divisados desde la colina sur (C3) por Immelmann y sus observadores, se pidió por radio a Von Tiersmann que enviase enseguiga la reserva (el Panther, el Panzer IV y el Stug III que estaban en el centro del,pueblo), cosa que el coronel hizo inmediatamente.
Immelmann avisó a Grognardheim de la poderosa fuerza que se avecinaba.
El pak 40 estaba colocado en tal posición que era casi imposible acertarle desde lejos. Grognardheim se encontraba al frente de la formación alemana. A su espalda llegaban ya los 3 carros de refuerzo que acababa de enviarle Von Tiersmann, cuando de pronto, el pak 40 habrió fuego seguido de los 2 Stug III que estaban al acecho.
la formación enemiga era perfectamente visible a lo lejos.
Los 3 disparos impactaron en los carros rusos que salieron ardiendo ¡¡ 3 menos !!
pero inmediatamente, los "ivanes" respondieron al fuego y las proyectiles comenzaron a caer entre las filas alemanas.

Al carecer de minas de protección, esta precisamente era la posición alemana más expuesta. El Panther ya hacía fuego con eficacia desde una distancia que no podía ser alcanzada por sus contrapartes enemigos, gracias a la bondad de su magnífico cañón Kwk 42 L/70 de Reinmetall Borsig, cuyas virtudes eran interminables.
3 semiorugas fueron alcanzados, y también varios carros, pero aquella formación se acercaba cada vez más.
El estrecho paso de 40 metros entre bosque y colina estaba siendo ahora fuertemente batido por los rusos, que consiguieron 2 impactos directos sobre dos Stug III que quedaron fuera de combate, aunque sus dotaciones consiguieron ponerse a salvo y ya, pie a tierra, empuñaron las armas junto a sus colegas de tierra.

De los 35 carros rusos, 22 habían sido abatidos, pero los 13 restantes junto a 3 semiorugas y 80 soldados, irrumpieron ya sobre las líneas germanas. El panther siguió disparando, hasta que a aquella distancia fue mortalmente alcanzado 2 veces y quedo destruido. Dos tripulantes consiguieron salvarse, pero el resto sucumbió con el vehículo.
Se llegó al trágico asalto a la bayoneta.
Grognardheim estaba al frente de sus hombres en aquella titánica lucha. Desde lo alto de la colina (C3), Immelmann y sus tres observadores, bajaron a echar una mano en aquel maremagnum de muerte.
Los paracaidistas que había allí se defendieron valientemente, recordando sus tiempos de Creta, pero fueron abrumados y vencidos al fin. Todos cayeron valientemente al frente de sus puestos de combate.
Immelmann ya estaba abajo, hombro con hombro con Grognarheim en el jardín del infierno.
Los 9 alemanes que quedaban con vida hacían frente alos 55 rusos que desbocados se colaban por la brecha.
Grognarheim fue alcanzado por un disparo y cayó al suelo.
Vió como las tropas rusas le rebasaban.
Una granada cayó junto al Major Immelmann que perdió las piernas. Se desangraba sin remisión.
Grognarheim comenzó a cerrar sus azules ojos. La muerte le llamaba.
De pronto una voz...
¡¡ esa voz !!...
- Hijo mío.
- Papá...
- Hijo, te dije que estaría contigo en el pueblo.
- Papá ¿vamos a pescar?
- Si hijo mío, para siempre.
- Papá...
Grognarheim vió como el cielo se abría y de allí bajaron sus antiguos compañeros de Creta. Le cogieron de la mano y le ascendieron hacia la luz, junto a su padre.
"vamos capitán, ya nunca más sufrirá usted, ha dado su vida por la patria"
- Vamos hijo mío, vamos...
- Vamos a pescar, papá.
El corazón del capitán dejo de latir para siempre.

A su alrededor, el sdkfz 251 y el Panzer IV, pues el tercer Stug III había sido destruido, consiguieron poner en fuga a los 7 tanques que quedaban y unos pocos infantes.
La acometida había sido rechazada, pero esa formación alemana había dejado prácticamente de exitir.
Sin embargo, la valentía de Grognarheim había impedido el éxito soviético y el fracaso del operativo alemán.

Von Tiersmann no sabía que dos de sus oficiales habían desaparecido para siempre, pero pronto se enteraría.
Además, "Iván" aún no había dicho su última palabra.

- ¡¡ Mi coronel, mi coronel !!
Dani llegaba corriendo al puesto de mando.
- Dime dani, novedades.
- Los rusos han sido rechazados en todos los sectores, hemos tenido éxito.
- Excelente.
- Pero hemos pagado un precio muy caro, mi coronel. Sobre todo en el sector Oeste-sur, que era el más expuesto.
El capitán Grodnardheim ha caido al frente de sus unidades, igual que el Major Immelmann.
- ¡Oh, Dios mío. Dios mío !
Von Tiersmann se llevó las manos a la cabeza.
- Hemos recuperado sus cadáveres, mi coronel. Y también los de casi todos los caídos.
- Habrá que enterrarlos con todos los honores. Retírenles los efectos pérsonales para sus familias.
- A la orden mi coronel. Aquí le dejo los informes de Dompereiss y Millermann con lo que les queda disponible. y también lo que le queda a la compañía de Grognardheim.
- Perfecto. Haga avisar a Millermann y Dompereiss y que se presenten aquí de inmediato.
Se oían unas voces fuera.
- ¿Qué son esos gritos? dijo Von Tiersmann.
- Es el médico mi coronel.
El médico entró de sopetón en el puesto de mando.
- Mi coronel, este hombre vive, no está muerto, aún respira.
- ¿Qué hombre? espetó Von Tiersmann.
- Salga a verlo usted mismo, respondió el médico.
Cerca del puesto de mando, en el puesto médico, encima de una mesa cubierta con una manta, se encontraba el cuerpo de Grognardheim.
- Éste hombre vive, mi coronel. Está muy grave, crítico, pero vive.
Von Tiersmann se acercó al capitán.
- Helmuth (el nombre de Grognardheim), me escucha usted. ¿Me escucha?
El capital no respondió.
Ha perdido mucha sangre, dijo el médico. Éste hombre necesita una transfusión inmediata o morirá.
Miraron su chapa. 0 negativo.
- Qué mala suerte, necesita un donante universal. ¿de donde lo vamos a sacar?
De pronto sonó una voz.
Yo soy donante universal, soy 0 negativo.
Era Millermann, que acababa de llegar al puesto de mando y por ende al de socorro.
- No hay tiempo que perder, dijo el médico. Póngase aquí.
Y de ese modo comenzó la transfusión gracias a la cual Millermann salvó la vida de su amigo.
El doctor operó como pudo a Grognardheim en las dos horas siguientes y pudo decir a Von Tiersmann lo siguiente:
- Mi coronel , con la ayuda de Dios, el capitán Grognardheim seguirá viviendo.
- Muchas gracias doctor, le quedo muy agradecido.

Von Tiersmann se reunió con Millermann y Dompereiss.
-Señores, están son las fuerzas que nos quedan. A usted, Millerman, le quedan 43 soldados, 2 sdkfz 251, 1 pak 40 y un Maultier 42. A usted dompereiss, le restan 46 hombres, 3 pak 40 y 2 Maultier 42. Y al grupo Grognardheim, cuyo mando cojo ahora personalmente, le restan 21 hombres, 1 sdkfz 251, 1 panzer IV y un pak 40, así que transfiero 6 soldados de cada uno de ustedes a mi grupo y así quedamos con 37, 40 y 33 hombres respectivamente. Del mismo modo, según mis informes, al enemigo le resta aún 99 T-34, 30 semiorugas y unos 350 soldados. Veremos si somos capaces de soportar otro asalto. Bien sea dicho, les hemos destruido 51 T-34 y 20 semiorugas, además de infligirles, y esto es muy importante, unas 650 bajas. Nosotros hemos perdido a cambio uno 70 hombres, 3 Stug III, un Panther y un sdkfz 251. Ha sido una defensa impecable, señores.
- Muchas gracias, mi coronel, replicaron los capitanes.
- Ahora vamos a preparar nuestra defensa lo mejor posible y a esperar el próximo asalto, que no se demorará.

Salieron todos prestos del puesto de mando a ocupar sus posiciones de combate.
En el puesto médico, Grognarheim que se debatía entre la vida y la muerte, volvió a ver a su padre.
- Aún tendrás que esperar, hijo mío.
Y a sus compañeros de Creta.
- Mi capitán, le decían, aún tendrá que esperar.
De esta manera, el héroe regresaba al mundo de los vivos.
Había sido un milagro.
Y otro milagro necesitarían los alemanes para librarse del siguiente asalto soviético, que sería definitivo.

Pasaron unas cuantas horas después del último combate.
Iba cayendo la noche poco a poco, hasta que al fin quedó oscuro. Las tropas rusas se habín retirado momentaneamente de todos los sectores pata reagruparse y lanzar un último asalto con todo lo que tenían a su disposición.
Caía una tenue nevada que volvía melancólicos a los soldados en sus puestos de combate.

Von Tiersmann desplazó su puesto de mando al sector oeste-sur, pues se encargó de comandar él en persona a las tropas que antes dirigía Grognardheim y que ahora no podía por las circinstancias conocidas.
Como Von Tiersmann pensaba que el sector donde ahora él se encontraba era susceptible de recibir el ataque enemigo, pues al fin y al cabo era el talón de Aquiles del dispositivo alemán, así que tomó para reforzarse dos pak 40 y un Maultier 42 del grupo Von Dompereiss, con lo que contaba con 1 Sdkfz 251, 1 panzer IV, 3 pak 40 y 2 Maultier 42.

La primera sorpresa de la oscura noche llegó cuando unos cuantos infantes rusos cruzaron subrepticiamente el vado este (V3) con el fin de limpiar el campo de minas que había frente a ellos y así abrir un pasillo para los T-34.
Aunque no se veía casi nada y obraron con total sigilo, aquel movimiento no podía pasar desapercibido y terminó por ser descubierto.
Von Dompereiss ordenó lanzar bengalas iluminantes y ya descubiertos y "a plena luz", se abrió fuego y uno tras otro aquellos soldados sorprendidos, fueron abatidos, no logrando en absoluto su objetivo de abrir hueco en el campo de minas.

Von Tiersmannn sacó como conclusión que los rusos no atacarían por aquel sector este so pena de volver a quedar empatanados en el campo de minas y aniquilados, con lo cual dejó allí un pequeño destacamento a la s órdenes de Von Dompereiss y se trajo consigo al sector sur otros 20 soldados, con lo cual ya eran allí 55 alemanes.
El coronel alemán envió 4 soldados al puesto de observación que había en la colina sur (C3) y que estaba vacío tras la marcha del comandante Immelmann. con ello los germanos tendrían 2 puestos de observación, el de la torre de la iglesia y el de la colina sur (C3).
Así mismo dió instrucciones a Millermannn de que se le uniera con sus tropas en el mismo momento que se produjera una crisis en el lugar que Von Tiersmann esperaba el ataque, osea, el mismo punto donde fue atacado Grognardheim, entre el bosque (B1) y la conocida colina sur (C3).

LLegó la alborada, y con ello sólo quedaban unas 12 ó 15 horas para que por aquel punto pasasen las unidades de los cuarteles generales del ejército y del Heeresgruppe Mitte. Era fundamental mantener y despejar la posición, pero ello se antojaba casi imposible.

Desde el puesto de observación de la colina sur se detectó a la formación enemiga que avanzaba agrupada y en masa, efectivamente, hacia el lugar que había designado como más posible por Von Tiersmann. 99 T-34, 20 semiorugas y 350 soldados se acercaban hacia el asalto final.
Se detuvieron a cierta distancia del angosto paso que dada acceso al pueblo por el sur.
Los alemanes les estaban esperando.
Se estaba preparando el acto final de la batalla.
Un acto final que no envidiaría para nada el apocalipsis de San Juan.

Los carros soviéticos escrutaban atentamente a distancia el estrecho corredor que conducía al pueblo. Entre el bosque (B1) y la colina (C3).
De pronto y casi al unísono, rompieron fuego contra las posiciones alemanas. Von Tiersmann ordenó a los Maultier 42 que lanzasen proyectiles de humo, con lo cual aquella cortina se interpuso entre ambos contendientes e hizo inefectivo el fuego ruso.
Sin embargo, el emplazamiento que se había buscado a los pak 40, lateral, sí permitía que viesen a los T-34, con lo cual comenzaron a disparar con una efectividad mortal. Los Maultier 42 empezaron con sus primeras descargas, como quiera que los ruskis no estaban por la labor de quedarse viendo como los diezmaban, arrancaron en una carga salvaje contra las posiciones alemanas.

Von Tiersmann hizo llamar a las unidades de Millermann y a su vez, ordenó que Von Dompereiss se replegara al pueblo y tomara posiciones en las casas, al efecto de preparar una última resistencia caso de ser necesario.
Los T-34 pagaron un duro tributo ante los pak 40. Sin embargo, descubrieron y destruyeron con varios impactos el puesto de observación de la colina sur (C3), matando a los 4 alemanes que allí se encontraban. Ya sólo quedaba la torre de la iglesia como puesto de observación.

Al fin, pese a haber perdido 22 carros, los 77 restantes llegaron a la altura de las posiciones germanas, rodeados por los 350 infantes que habían abandonado los semiorugas y que seguían a sus monstruos de acero para apoyarles en el combate que se avecinaba.
En ese momento llegaron las tropas de Millermann. Los 4 pozos de tirador camuflados que von Tiersmann había dispuesto con MG-42 comenzaron a ametrallar a los soldados que se encontraban entre los carros. Desde una posición lateral, el Panzer IV y su experta tripulación disparaba desesperadamente contra los T-34, pero resultó alcanzado al fin y destruido.
Los Maultier 42 lanzaron sus últimas descargas que alcanzaron al enemigo de lleno, pero a aquella distancia tan corta, resultaron descubiertos y destruidos por la formación soviética. Los pak 40 fueron también silenciados uno tras otro. La brutal acometida le había costado a los soviets 41 carros fuera de combate, pero las defensas "pesadas" alemanas ya no existían y se llegó al cuerpo a cuerpo, de nuevo a bayoneta calada.
Las Mg-42 seguían barriendo la posición, y esos segundos fueron determinantes para cubrir a los granaderos que se lanzaron al asalto de los carros con minas magnéticas y que pusieron fuera de combate a varios de ellos. Pero la infantería que apoyaba a los T-34, pese a ser barrido por las MG, hizo pagar caro a los alemanes aquel asalto, y ningún granadero pudo contar su azaña. Fueron todos abatidos, aunque consiguieron poner fuera de combate 8 carros.
Las Mg ya no podían seguir disparando, so pena de alcanzar a sus propias unidades, pues una amalgama de tropas de uno y otro bando se juntaron en un revoltijo de muerte. Así que los servidores de las MG, cumpliendo órdenes de Von Tiersmann, se retiraron al pueblo. Sin embargo, fueron descubiertos en ese movimiento evasivo por los T-34 y duramente castigados, de tal suerte que sólo una Mg pudo llegar a las casas del pueblo.

Las armas más útiles eran las pistolas, ya que las distancias de tiro habían bajado a 5 ó 6 metros. Los rusos, maestros del asalto a la bayoneta estaban en su salsa.
Se acercaron a Von Tiersmann por la espald
- Cuidado mi coronel, gritó Daniel desde la cercanía.
Von Tiersmann se volvió a tiempo de abatir al ruso, pero otros dos se le echaron encima y comenzaron a forcejear con él. Dani se acercó y ayudó al coronel a zafarse, pero no pudo impedir que él mismo fuese atravesado de parte a parte por una bayoneta que iba dirigida hacia el comandante de los alemanes.
Millermann que estaba cerca, disparó sobre el ruso, pero ya era demasiado tarde.
Dani cayó a los brazos de Von Tiersmann que estaba frente a él.
- Dani, tú no...
- Mi coronel... yo... usted... mi padre...
Manaba abundante sangre por su boca y sus crispados dedos se relajaron. Dani quedó en silencio, como dormido, entre los brazos de quien había sido su mentor durante los últimos años.

Pero alrededor todo se convertía en una fiesta del diablo. Millermann cogió 2 minas de contacto y se lanzó contra unos T-34. Consiguió adosarles la carga, pero fue alcanzado en un brazo y una pierna, y fue rescatado a última hora por uno de sus soldados.
Tan sólo 22 alemanes casi rodeados por aquella jauría ávida de sangre seguían en pie.
Von Tiersmann ordenó retirarse a las casas próximas del pueblo. En ese instante, la torre de la iglesia recibió un impacto directo y resultó también destruida, con lo que los alemanes ya no disponían de observadores.
Los rusos seguían de cerca a los alemanes que se replegaban al pueblo, pero Von Dompereiss y sus hombres que habían tomado posiciones, cubrieron la retirada magistralmente. En las primeras casas del pueblo había ahora 37 alemanes, que serían atacados por 31 T-34 y 190 rusos.

Los carros comenzaron a penetrar en el pueblo, pero al ser sus calles tan angostas, no podían maniobrar bien, con lo cual fueron presa fácil para los granaderos armados con panzerfaust. Los rusos llegaron a las primeras casas y fueron limpiándolas de alemanes, pagando como siempre un tributo grande.

En el ayuntamiento se encontraban Von Dompereiss, Von Tiersmann y 5 soldados. Los rusos irrumpieron en el edificio y se enzarzaron ambos bandos en una pelea casi callejera. Von Dompereiss llevaba en la mano la Daga de gala de la unidad, y se la clavó a la altura de las costillas a un soldado enemigo que le acechaba. Pero otros tres se avalanzaron sobre él y consiguieron tirarle al suelo. Aunque Von Dompereiss acabó con otro, recibió un tiro a quemarropa en el cuello y fue traspasado por una bayoneta en el hígado, muriendo en el acto.
Von Tiersmann quedó sólo, pues todos los granaderos habían sido abatidos, contra 14 rusos. El coronel no tenía armas, así que los soviéticos se acercaron para cogerle preso. Al llegar a su altura se percataron de algo... ¿qué tenía aquel coronel entre las manos? ¡¡ una granada !! Demasiado tarde para huir. Se produjo una violenta detonación y la estancia voló en pedazos. Von Tiersmann desapareció para siempre llevándose consigo a los 15 rusos.

Millermann herido como sabemos,ordenó el último repliegue hacia el puesto de socorro. Allí se refugiaban los últimos 17 alemanes, junto a los heridos, que eran 12, alguno de ellos muy grave, como Grognarheim.
Los rusos sólo disponían ya de 56 infantes y 7 carros. La matanza había sido salvaje. Los alemanes habían conseguido prácticamente eliminar una formación enemiga muy superior.

¿Pero resistiría Millermann al frente de las tropas alemanas en el puesto de socorro el último asalto soviético?

En el puesto de socorro alemán, el exiguo resto de los granaderos alemanes se preparaban para el último acto de aquel asalto de locos.
Estaban disponibles 3 panzerfaust y algunas minas magnéticas, amén de una MG 42 y varias armas automáticas como Mp 40 y los típicos Kar 98. Algunos heridos que no podían ni levantarse de la camilla donde se encontraban, pidieron que se les diese una pistola para al menos poder disparar desde esa difícil postura, caso de ser necesario.
Pero no había tiempo para más.
El ruido de las orugas y el temblor del edificio, denotaba la cercanísima presencia de los T-34.
5 granaderos, situados en la azotea del puesto de socorro, informaron de la disposición de las fuerzas enemigas y por donde maniobraban. Los carros rusos se encontraron con el mismo problema, las calles eran muy estrechas.
El carro que habría la formación recibió el impacto directo de un panzerfaust y quedó fuera de combate, con lo que bloqueó la formación acorazada, al menos momentaneamente.

Los soldados rusos se habían acercado habilmente por tres direcciones al puesto de socorro, y se parapetaron en los edificios anexos, con lo cual batían con sus disparos el bastión alemán.
20 rusos formaron un destacamento de asalto y consiguieron llegar al mismísimo edificio del dispensario. Entraron en tropel por una puerta lateral. fueron recibidos por unas ráfagas de ametralladora, pero los "ivanes" se abalanzaron sobre los granaderos y en una lucha a puñetazos, mordiscos y todo lo imaginable se volvió a formar una situación caótica.
La terrible pelea llegó hasta la sala donde estaban las camillas y el doctor. A un ruso que cayó de espaldas sobre un mutilado al que habían tenido que cortar una pierna, le sacaron los ojos los compañeros vecinos de cama. Otros fueron atravesados por cuchillos y dagas, a su vez, los rusos traspasaron a varios alemanes. El griterío era ensordecedor. Millermann peleaba con un único brazo, pues el otro lo tenía en cabestrillo, y además cojo por el tiro recibido en su pierna derecha.
Por el aire volaban recipientes, vasos, todo aquello susceptible de ser arrojado.
Millermann, armado con una pistola Walther, quedó sin munición en el mismo momento que un ruso se abalanzó sobre él y le tiró contra el suelo. Pelearon como salvajes, hasta que Millermann le propinó un cabezazo y le rompió a su contraparte el tabique nasal. El ruso, cegado, retrocedió, lo que dió pie a que el capitán se incorporara y acabase con su vida clavándole un bistutí en la base de cráneo.
Todo estaba lleno de sangre, los enfermos en el suelo, pues se habían caido de las camillas (más bien les habían tirado en el fragor de la lucha).
En ese momento, un soviético se puso cara a Millermann armado con una pistola. El capitán alemán sabía que había llegado su último momento. Sonó el tiro fatal y... ¡ cayó muerto el ruso al suelo ! desde el otro extremo de la habitación, en el suelo, Grognarheim que había recuperado la consciencia hacía unas horas, había disparado y salvado la vida a su amigo Millermann.
El doctor recibió un brutal golpe en la cabeza con una silla que le rompió el craneo, amén de lo cual, al caer al suelo se golpeó por detrás desnucándose y falleciendo en el acto.
El propio Millermann recibió el impacto de un orinal en la cabeza que le hizo una brecha considerable.
Pero los rusos fueron cediendo, y al fin quedaron neutralizados. Allí yacían muertos los 20 que habían iniciado el asalto y otros 12 que les reforzaron.
9 alemanes muertos y todos los heridos menos tres, reducían el grupo germano a 8 personas operativas. Aunque los rusos eran 24.
En el exterior los 6 T-34 restantes habían dado la vuelta y atacaban por detrás. Pero ya sin ningún apoyo de infantería y encasillados entre aquellas calles, fueron atacados por 5 alemanes con minas magnéticas y puestos fuera de combate.
los tripulantes que sobrevivieron, salieron corriendo como alma que lleva el diablo, y esa estampida provocó que los 24 rusos que lo vieron, salieron corriendo también tras ellos, y de todos los cuales nunca más se supo.

¡¡ Los alemanes habían ganado la batalla !!
Millermann, Grognardheim y 8 granaderos podrían contarlo. Aquella experiencia terrible y abrumadora que ya jamás se les olvidaría.

A las dos horas una masa de vehículos procedente del este comenzó a cruzar por el pueblo. Los dos capitanes (Grognardheim sostenido en pie por tres soldados) hicieron los honores a todos los vehículos de los cuarteles generales que se retiraban hacia el oeste.
Ante ellos se detuvo un Horch kfz 15. Del mismo bajó un General de no mucha estatura. Estrechó la mano de Millermann.
- capitán,soy Gotthard Heinrici, comandante del 4º Armee. Le felicito personalmente por la defensa que aquí ha tenido lugar. Esto será conocido en toda Alemania. No tengo más palabras para expresar los sentimientos que ahora me embargan. Muchas gracias. El celo demostrado por el batallón 731 en el cumplimiento de sus obligaciones, ha sido extraordinario.
Millermann, con todo el cuerpo dolorido, esbozó una sonrisa de satisfacción. Grognarheim que se encontraba dos pasos por detras, sujetado por los granaderos, también sonrió.
- Perdone mi general, dijo Millermann, ¿puedo pedirle un favor?
- Naturalmente, lo que quiera.
- Un cigarrillo, mi general.
Heinrici llamó a su ordenanza y se le dio a Millermann dos paquetes de cigarrillos.
Llegaron dos ambulancias que recogieron a Grognardheim y a los maltrechos granaderos. Millermann prefirió ir en el Kübel que venía detras. Saboreando uno de los cigarros que acababan de darle.

Así, de aquella manera, habiendo cumplido su misión con creces, pasaron a ser héroes en Alemania.
A título póstumo se concedieron gran cantidad de cruces de Hierro y medallas de todo tipo. Grognarheim y Millermann recibieron la Cruz de Caballero y madallas de herido en combate, etc, etc.
Fueron recibidos personalmente por el Führer y por el Alto Mando. Ambos capitanes terminaron con vida la guerra, y continuaron en el ejército de la República Federal de Alemania unos cuantos años más.
Grognarheim se retiró con el grado de Generalleutnant, y Millermann con el de General der Artillerie.
Siempre fueron muy amigos y con frecuencia recordaron en sus conversaciones a los antiguos camaradas, el cabo Daniel, el capitán Von Dompereiss, el coronel Von Tiersmann y a todos aquellos valientes anónimos que entregaron su vida en el infierno de Sbodonovo.