La casa Pavlov
Autor: Paradise Lost


El Volga. Apenas unos cientos de metros hasta el ansiado río. Esos pocos metros eran la evidencia de la impotencia alemana. Una impotencia que se cobraría la vida de innumerables soldados en el empeño de alcanzar esa orilla tan cercana y tan lejana a la vez.

Los hechos

Stalingrado, septiembre de 1942.
Las tropas alemanas avanzaban hacia el Volga a través de una ciudad totalmente en ruinas. Al sur de la ciudad, las tropas ya habían alcanzado la orilla del río, pero en cambio, en el centro y al norte, las tropas soviéticas ofrecían una dura resistencia.
Uno de esos focos de resistencia fue la llamada "Casa Pavlov".
Por esas fechas, en la parte central de la ciudad, la 13ª División de la Guardia de Rodimzhev controlaba una estrecha franja de terreno a lo largo del Volga, desde la calle Pensenskaia hasta el barranco Grutói.
Como la citada franja era muy estrecha, el coronel Yelin, decidió ampliar espacios, y se apoderó de dos edificios de la Plaza 9 de Enero, uno en ruinas y el otro sin daño alguno. El teniente Zabolotnov se fortificó en el segundo edificio, aunque 24 horas más tarde murió. A pesar de ello, aquel edificio siguió llamándose "Casa de Zabolotnov" y los soldados soviéticos permanecieron en el edificio.
El otro edificio en ruinas, que daba a la calle Soléshnaia, debía ser ocupado por el sargento Jacob Pavlov.


Jacob Pavlov por aquel entonces.

 

Antes de la guerra, aquel edificio era el llamado "Casa de la Gloria del Soldado" y servía de alojamiento para varias oficinas gubernamentales. Era un edificio de estilo barroco, de 4 plantas de altura. La casa había sido ocupada por las tropas alemanas dos días atrás pero luego la dejaron desierta, así pues la misión del sargento Pavlov era tomar y conservar la casa. Pavlov era un experto veterano, y eligió para la misión a otros veteranos combatientes de 13ª División de la guardia de Rodimzhev a la que pertenecía Pavlov. Eligió para el asalto a los soldados Alexandrov, Glushenko y Turgunov (o Tchernogolov), todos ellos veteranos de los grupos de asalto, con el contratiempo de que su comandante, el teniente Afanasev, quedó ciego al inicio del combate.
Por la noche, Pavlov y sus tres acompañantes se infiltraron en la casa sin ver rastro de los alemanes. Tras inspeccionar la planta baja sin encontrar ni un solo alemán, el grupo salió a la plaza y recorrió unos 15 metros hasta la otra entrada.
Allí escucharon voces en alemán que provenían de una habitación, y lanzaron unas granadas por las ventanas del primer piso, matando a los alemanes que allí se hallaban, y los pocos que sobrevivieron huyeron de la casa a través de la plaza, siendo algunos alcanzados por los hombres de Pavlov en su agitada huída.
Después de examinar la casa con más detenimiento, Pavlov halló en los sótanos un grupo de rusos, compuesto por civiles y militares. Pavlov envió un mensajero, concretamente a Turgunov, para informar de que la casa había sido ocupada, pero no pudo salir hasta la noche del día 29, un día después, debido a los contraataques alemanes, que ya desde esa misma tarde, empezaron a realizarse. Fracasando todos ellos. Lo alemanes se empeñaron en atacar frontalmente, sufriendo un gran número de bajas, y sorprendentemente no utilizaron la artillería o la Luftwaffe como debió haberse hecho.


Estado de la Casa Pavlov.

 

Una vez Turgunov informó en el cuartel de la 13ª División, se decidió enviar refuerzos, y la casa pasó a estar defendida por 20 hombres. Derribaron una pared entre dos sótanos, colocaron morteros y ametralladoras en las ventanas. Poco después llegaron 4 soldados más, los últimos refuerzos. En los ratos libres, los ocupantes de la casa escuchaban un viejo fonógrafo que encontraron allí, para aliviar la tensión.


Y.F. Pavlov (C.O.)
A.P. Aleksandrov (SMG)
V.S. Glushenko (SMG)
N.Y. Chernogolov (SMG)


Estos 4 hombres fueron los primeros en reconocer y asegurar el edificio.
El edificio en la Plaza del 9 de enero era conocido como La casa de los soviets y también como La casa de los especialistas según algunas fuentes



I.F. Afanasyev (MG-CO)
M. Bondarenko (?)
I.V. Voronov (MG)
T.I. Gridin (Mortar)
 
V.M. Kiselev (?)   V.K. Sarayev (?)
 
I.T. Svirin (MG)   A.A. Sabgaida (ATR-CO)
 
A.N. Chernyshenko (Mortar-CO)   P.I. Dovzhenko (MG)
 
A.I. Ivashenko (MG)   A.E. Shapovalov (?)
 
G.I. Yakimenko (?)   N.G. Masijashvili (SMG)
 
T. Murzaev (ATR)   A. Turdyev (ATR)
 
K. Turgunov (MG/ATR?)   F.Z. Ramazanov (ATR)
 
I.Y. Hait (?)   V.D. Avagimov (?)
 
A. Anikin (?)   P. Demchenko (MG)
 
Sukba (SMG)   Stepanoshvili (?)
 
Shkuratov (ATR)   Yefremov (?)
Mariya Ulyanova

CO = Oficial en jefe
SMG = Subametralladora
MG = Ametralladora
ATR = Rifle antitanque
Los nombres con (?) desempeñaban una función desconocida


La información hallada en internet puede no ser del todo cierta, ya que según la Wikipedia y el libro de William Craig, la casa fue defendida a lo sumo por 25 hombres, y en la lista aparecen 30. Quizás llegaran más refuerzos posteriormente.

Los restantes días los alemanes vacilaron y aguardaron sin atacar, lo cual fue aprovechado por los rusos para abrir numerosas trincheras, con la ayuda de unos 30 habitantes civiles que no habían huido. Además los rusos aprovecharon la tregua momentánea para colocar minas y trampas anticarro y crear numerosos puestos fortificados de ametralladora y fusiles antitanques.


Esbozos de la defensas de la Casa Pavlov.


Los alemanes lanzaron ataque tras ataque, con todo lo que tenían a su alcance. Soldados y tanques se lanzaban contra la casa y sus defensores, que resistían y rechazaban a los atacantes. La casa fue defendida durante 50 días, combatiendo sin descanso, pero sin ceder un centímetro. Era una posición de gran importancia, ya que desde allí, se impedía que los alemanes pudieran alcanzar el Volga.
Finalmente, el 25 de noviembre, las tropas soviéticas socorrieron a sus defensores.

Después de haber resultado gravemente herido y ser evacuado hasta un hospital, Pavlov, tras la victoria de Stalingrado retornó al frente, para combatir en otras unidades. Sufrió de nuevo heridas, pero pudo recuperarse y volver a la contienda hasta el fin de la guerra y la caída de Berlín.
Jacob Pavlov, falleció en Novgorod, el 28 de septiembre de 1981, habiendo sido distinguido con la medalla de Héroe de la Unión Soviética.


Jacob Pavlov con su medalla conmemorativa.

 

Un poco de geografía

Después de aportar todos los datos anteriormente citados, sería importante situar la casa en Stalingrado por aquellas fechas, y lo que queda de ella en la actualidad en Volgogrado.




Esta es una toma aérea de la Luftwaffe, que corresponde al 30 de agosto de 1942, antes de que se iniciara la lucha en la casa. La edificio con el número 1, se corresponde a la Casa Pavlov, el número 2, a la "Casa de Zabolotnov", y el número 3, a una especie de molino de grano (no confundir con el famoso silo de Stalingrado, que se hallaba mucho más al sur), que hoy en día aún se mantiene en pie.



En este toma, podemos ver el antes y después de la zona. En la maqueta de la primera foto podemos ver la ubicación de los tres edificios. El número uno se corresponde con la Casa Pavlov, el número dos, con la "Casa de Zabolotnov" ya totalmente destruida, y el número tres con el molino.
Abajo, podéis ver en la actualidad este último edificio, que ha llegado hasta nuestros días. Por detrás del edificio fluye el Volga a pocos metros, así que podéis haceros una idea de lo cerca que estuvieron las tropas alemanas de llegar al río en ese sector. A la derecha, y siempre mirando al Volga, se encuentra hoy el día el Museo de Stalingrado con esa peculiar forma que lo hace tan reconocible.
En internet hay un error muy extendido. Al edificio que hoy se mantiene en pie y que era una especie de molino, se le atribuye el nombre de Casa Pavlov, cuando no es esa casa realmente. La Casa Pavlov estaba enfrente de este último edificio. La verdad es que me ha costado mucho aclararme, pero gracias a un par de webs rusas conseguí hallar la situación exacta de los edificios en la actualidad.

El edificio de ladrillos que se halla hoy en la actualidad al lado del museo de Volgogrado, tal como comenté era una especie de molino. He encontrao en algunas páginas alemanas que concretamente, recibía el nombre de Grudinin-Mühle (el molino de Grudinin).
Sobre la maqueta de los tres edificios que aporté en su momento, y que vemos arriba, quería añadir que es una toma que corresponde a una maqueta enorme de la ciudad en ruinas que se halla en el museo de Volgogrado.


Otra vista del museo de Volgogrado y el molino Grudinin.


Vista de pájaro del complejo:
1. Museo de Volgogrado.
2. Molino Grudinin.
3. Casa Pavlov.
4. Plaza de Lenin con la famosa estatua.


Maqueta de la ciudad en el museo de Volgogrado.
Aunque no estoy seguro al 100% me atrevo a asegurar los siguientes puntos:
1. Fuente Druzhba (la de los cocodrilos).
2. Estación de ferrocarriles.


Un par de panorámicas no muy comunes del molino de grano en la actualidad, al lado del Museo de Stalingrado.



Pero, ¿dónde se encontraban exactamente estos tres edificios dentro de la ciudad? Me ha costado bastante situarlos, pero leyendo el libro de William Craig uno se puede hacer un poco a la idea, ya que no he encontrado ningún mapa de la época con la situación exacta. Si partimos de que la casa estaba cerca del Volga, y que era una zona que los rusos controlaron hasta el final de la batalla, podemos descartar bastantes zonas. Si esa franja que controlaban se extendía desde la calle Pensenskaia hasta el barranco Grutói, aún delimitamos más la zona. Finalmente el barranco Grutói se encuantra en las faldas de la colina Mamáiev, por lo que la Casa Pavlov debía encontrarse más o menos en la zona marcada por el círculo rojo.



¿Y que ha sido hoy en día de la casa Pavlov? Lamentablemente no queda casi nada de ella. En la foto que os adjunto, podemos ver un edificio al fondo, con una pequeña construcción rojiza delante de él. Después de la guerra, las casa fue de nuevo construida (es el edificio del fondo) y hoy en día son unas viviendas. En la fachada que da al Volga, los escultores P.L.Malkova y A.V.Golovanova construyeron un monumento conmemorativo en 1965, con los ladrillos originales de la casa.


En las letras a mano en la parte inferior puede leerse:
"¡Te defenderemos Stalingrado natal! (1942)"

Y en la parte superior:
"En esta casa se han unido en uno la hazaña militar y laboral."
Gracias Nevena,




En esta toma puede verse más claramente la situación actual de la Casa Pavlov (1) y al fondo el molino defendido por 42 regimiento de fusileros de la guardia de la 13 división (2). La plaza en que hay en la parte de abajo, no he podido saber con exactitud que nombre recibe, pues en algunos lados aparece como la Plaza del 9 de enero, y en otros como en el libro de William Craig, Plaza Lenin.


Y éste es el detalle de la placa conmemorativa, que se halla en la Plaza 9 de Enero, en honor de los soldados que defendieron la Casa Pavlov.


En rojo está marcada la casa Pavlov. A su izquieda se encuentra lo que era la Casa de Zabolotnov.
Y transversalmente a ellas, dos casas después, el molino de grano que hoy en día aun desafía al tiempo al lado del museo de Stalingrado.



Sobre el Afanásiev


El texto está extraído del libro La Batalla de Stalingrado, de Yuri V. Plotnikov (Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti) y dice lo siguiente:

El 29 de septiembre un grupo de exploradores de la 13ª división de la Guardia, integrado por el sargento Ya. F. Pávlov, los soldados A. M. Alexándrov, V. S. Glushenko y N. Ya. Chernogolovi, ocuparon la casa en la calle Pénzenskayá y la retuvieron durante dos días. Luego les llegaron los refuerzos: el pelotón de ametralladoras al mando del teniente I. F. Afanásiev (siete hombres con una ametralladora pesada), el grupo de cazadores de tanques del sargento de primera A. A. Sabgaida (seis hombres con tres fusiles antitanque) y tres combatientes más con fusiles automáticos. Varios días después llegaron otros cuatro hombres al mando del subteniente A. N. Chernyshenko con dos morteros de 50 mm. El teniente I. F. Afanásiev asumió el mando de la defensa de la casa.

Esa fue la guarnición de la "casa de Pávlov": 24 combatientes. Simplemente no había posibilidad de envíar allí más fuerzas. Los combatientes estaban contados.

¿Qué hombres fueron aquellos que resistieron durante 58 días y bo dejaron pasar al enemigo? Antes de la guerra el ruso Yákov Pávlov trabajó de contador, el ucraniano Iván Kiréiev fue minero; el tadzhiko Madami Turdíev, maestro, el abjazio Alexéi Sukba, operador de una planta eléctrica, el kazajo Talabái Murzáiev, empleado en un almacén. No fueron militares de carrera, pero empuñaron las armas para defender su tierra, la ciudad a orillas del Volga y esa casa semiderruida en Stalingrado.

Naturalmente fue un pequeño episodio de la batalla de Stalingrado. Más la "casa de Pávlov" encarnizó la firmeza y el valor de los defensores de Stalingrado ...

En la posguerra fueron distintos los detinos de los sobrevivientes defensores de esta "casa". Pero el del teniente I. F. Afanásiev fue a todas luces el más dramático. El 24 de noviembre de 1942 fue herido y sufrió una contusión. Después del tratamiento en el hospital recorrió los difíciles caminos del la guerra para llegar a Berlin. Mas la contusión se dejaba sentir: poco a poco fue perdiendo la vista. En 1952 quedó ciego. El Estado le asignó una buena pensión y le dió un apartamento confortable. El profesor Alexandr Vodovózov acudió en ayuda del héroe de Stalingrado. Le practicó una complicada operación y, doce años después de aquellos combates, Iván Afanásiev pudo ver la ciudad que había defendido, renacida entre las ruinas. Vio también en aquel edificio la lápida conmemorativa.


I. F. Afanásiev, de Volgogrado, uno de los valerosos defensores de la cas Pavlov, rodeado de escolares.




Algunas fotos de Jakov Pavlov


Jacob Pavlov a la derecha.


De izquierda a derecha: Pavlov, Yeremenko, Chuikov y Lelyushenko. Foto tomada en 1960.

 

Revisión histórica

Para poder establecer una valoración sobre la importancia de la casa Pavlov, siempre es importante disponer de mapas, fechas y posiciones de las fuerzas enfrentadas... pero hay algo que no se nos debería pasar por alto, y eso es la moral. Después de la llegada de la 13.ª División de guardias de Rodimtsev, sus hombres tomaron la decisión de resistir en la ciudad a cualquier precio. Tras varios intentos por tomar los edificios que se hallaban en el terraplén frente al Volga, un poco más al Norte de la Plaza Roja, la moral de los soviéticos empezaba a flaquear. Pero todo cambió tras la captura de la casa Pavlov. Esa casa fue el ejemplo para proporcionar a las tropas de Chuikov, el espíritu heroico que necesitaban, un heroismo que todos querían imitar y que se transformó en el símbolo de la ciudad y ejemplo a seguir.

Evidentemente, la casa Pavlov tenía un valor estratégico excepcional, pero lo era más como un ejemplo de heroismo y determinación frente a los invasores alemanes. Como relatan algunos testigos de la época, la casa Pavlov estaba rodeada por las posiciones alemanas, pero podía verse desde otras fortificaciones soviéticas bastante alejadas. Y desde allí veían (a diferencia del silo de grano y la estación de ferrocarriles) como todos los esfuerzos de los alemanes por tomarla, se estrellaban una y otra contra sus posiciones defensivas.

Si finalmente la casa Pavlov hubiera caído en poder de los alemanes, habría asestado un duro golpe moral contra las tropas del Ejército Rojo, pero solo el hecho de resisitir día tras día, elevaba la moral de los soviéticos. Los alemanes lo sabían, pero por mucho que lo intentaron, no consiguieron tomarla.

¿O sí? Quizás lo que se cuenta no es la verdad oficial.

Sobre la realidad o ficción de la casa Pavlov, antes de entrar de pleno en el debate, creo necesario reproducir los diferentes datos que circulan en los libros más conocidos sobre la batalla de Stalingrado, a fin de establecer comparaciones muy interesantes entre diferentes autores, y lo que en realidad sucedió, o así parece ser.

"Buscando ampliar el espacio, el coronel Yelin, comandante del 42.º Regimiento, se había apoderado de dos edificios de la plaza Lenin que podían ser utilizados como puntos fortificados. Uno de ellos era una de pisos fuertemente dañada cuya fachada daba a la calle Soléshnaia. El otro edificio estaba incólume. Un segundo teniente llamado Zabolotnov mandó un pelotón al edificio en pie de la derecha y lo ocupó. El nuevo puesto se denominó inmediatamente "casa de Zabolotnov", pero aquel oficial murió al cabo de veinticuatro horas. Sus hombres conservaron la posición.
En lo que se refiere al edificio en ruinas con la fachada a la calle Soléshnaia, el sargento Jacob Pávlov y otros tres hombres se arrastraron a través de un patio, lanzaron granadas a las ventanas del primer piso y se ayudaron los unos a los otros dentro, mientras los pocos alemanes a los que no mataron las explosiones huían al otro lado de la plaza. En los sótanos, el rechoncho Pávlov, con su eterna sonrisa, descubrió a un pequeño grupo de rusos, tanto militares como civiles. Algunos estaban malheridos y Pávlov mandó un mensajero a informar que se había apoderado de la casa, pero el correo fue obligado a retroceder otra vez adentro cuando los alemanes contraatacaron. Finalmente, consiguió salir a la noche siguiente, 29 de septiembre, llevándose algunos heridos con él, y el Cuartel general de la 13.ª División de la Guardia envió más hombres para socorrer a Pávlov. Los veinte hombres organizaron rápidamente su nuevo hogar. Derribaron una pared entre dos sótanos, emplazaron morteros y ametralladoras en las ventanas clave y empezaron a tirotear al enemigo. Llegaron cuatro soldados más, los últimos refuerzos facilitados por el Cuartel general. Durante los intervalos en el tiroteo, el pequeño grupo de hombres –procedentes por casualidad de todas las regiones de la Unión Soviética: Georgia, Kazajstán, Uzbekistán, Ucrania– intentaron obrar lo mejor que pudieron para aliviar aquella tensa situación. Encontraron un viejo fonógrafo y un disco cuya melodía nadie conocía. Lo hicieron funcionar continuamente y pronto se gastó.
Afuera, los carros alemanes intentaban continuamente hallar un punto débil. Pero la "Casa de Pávlov" era una barricada natural, que dominaba un amplio campo de tiro e impedía al enemigo el acceso a la orilla del Volga, situada sólo a doscientos cincuenta metros. En vez de traer aviones o artillería para aplastar el obstáculo, los alemanes inexplicablemente, continuaron atacándolo de frente y sufriendo las consecuencias."

La batalla por Stalingrado, de William Craig.

"Durante las grandes batallas por el sector industrial septentrional de la ciudad, la lucha casa por casa, con ataques y contraataques locales, había continuado en los distritos del centro. Uno de los episodios más famosos de la batalla de Stalingrado fue la defensa de la «casa de Pavlov», que duró cincuenta y ocho días (foto izq. Casa de Pavlov después de la batalla de Stalingrado).
A fines de septiembre, una patrulla del 42º regimiento de guardias se había apoderado de un edificio de cuatro plantas que daba a una plaza, situado a unos 275 m de los altos de la orilla del río. Su comandante, el teniente Yakov asumió el mando.Descubrieron que varios civiles habían permanecido en el sótano durante todo el combate. Uno de ellos, Mariya Ulianova, tuvo un papel activo en la defensa. Los hombres de Pavlov destruyeron los muros del sótano para mejorar sus comunicaciones, y abrieron boquetes en las paredes, para tener mejores aspilleras para las ametralladoras y los fusiles antitanques de largos cañones. Cada vez que los blindados se acercaban, los hombres de Pavlov se dispersaban, fuera por el sótano o por el piso superior, desde donde podían dispararles de cerca. La tripulación del blindado no podía elevar sus principales armas lo bastante para responder. Chuikov después gustaba hacer ver que los hombres de Pavlov mataron a más soldados enemigos que los alemanes pedieron en la toma de Paris. (Jakov Pavlov, convertido en Héroe de la Unión Soviética, más tarde se convirtió en el archimandrita del monasterio de Sergievo –antes Zagorsk- donde atrajo un gran número de fieles que nada tenían que hacer con su fama de Stalingrado. Está ahora muy delicado)."

Stalingrado, de Anthony Beevor.

Will Fowler, en su libro Schlacht um Stalingrad, también hace referencia a la casa Pavlov, pero comparando el texto en alemán, con el libro de Beevor, parece que directamente utilizó el de Beevor para incluirla en el suyo, aunque curiosamente en su bibliografía, no aparece el libro de Beevor por ningún lado.

Para repasar la historia de la casa Pavlov, habría que hacerlo de forma cronológica, es decir, en el momento en que fue tomada por el sargento Pavlov. Georgi Potanski, uno de los supervivientes de la guarnición, así lo narra:
"Chuikov ordenó tomar la casa porque nos daba una gran ventaja. Toda la zona colindante podía estar bajo vigilancia, y se podía disparar desde todos los rincones de la casa. Rodimtsev decidió que se debía intentar su captura de forma sigilosa, ya que su guarnición era relativamente pequeña, y los alemanes estaban distraídos por los ataques contra la Casa de los trabajadores del ferrocarril. Un pequeño grupo de seis hombres, lideradores por el sargento Pavlov, se arrastró hasta la casa. Tuvieron suerte, ya que no había nadie de guardia en la entrada. Pavlov dejó dos soldados allí y se movió sigilosamente hasta el sótano. Allí encontró a un buen número de civiles rusos que se habían refugiado. Habló con ellos, averiguó en que habitaciones se encontraban los alemanes y abrió la puerta de una patada. Estaban todos allí dentro, bebiendo y jugando a cartas. Con dos granadas acabó con ellos."
Pavlov pensó que los alemanes intentarían tomar de nuevo la casa, y pidió refuerzos. Los alemanes volvieron al poco tiempo para recuperar la casa pero fueron rechazados.
En verdad, Pavlov tuvo una suerte enorme, ya que anteriormente, los intentos por capturar la Casa de los trabajadores del ferrocarril y el Banco estatal habían fracasado. La guarnición de los alemanes era sólo de doce hombres, muy pequeña en comparación con otras fortificaciones. 100 metros más allá, un montón de cadáveres de soldados soviéticos cubrían las inmediaciones de la Casa de los trabajadores del ferrocarril, al fracasar en su intento de tomarla. Poco después, el 30 de septiembre, se lanzó un ataque contra la Casa en forma de L, y también fracasó. Así que el éxito a la hora de tomar la casa Pavlov se debió únicamente a la sorpresa y a la suerte.

Sería necesario, para continuar, hacer referencia a la figura de Jacob Pavlov. Condecorado como héroe de la Unión Soviética, la historia siempre lo ha asociado a la casa, como el líder de la pequeña guarnición. Según el teniente Anatoly Mereshko, que tomó parte en aquellos terribles combates, Pavlov estuvo al mando de la guarnición sólo unos días y nuca fue el comandante de la casa. Como la posición era de una importancia extrema, se buscó a alguien con mayor experiencia militar, y que ya hubiera estado al mando de alguna compañía o batallón, pues Pavlov era el oficial más joven de la guarnición. El nuevo comandante de la casa pasó a ser el capitán Naumov, que fue el auténtico héroe de la defensa de la casa.
Otro de los mitos que se atribuyen a su defensa, son los famosos 55 días que resistió al envite de las tropas alemanas. Lo curioso del caso es que Pavlov fue herido la noche del 24 de noviembre en el asalto a unas de las fortificaciones adyacentes alemanas, concretamente la Lechería, tras la plaza del 9 de enero y fue evacuado de Stalingrado. Potanski, así lo confirma: "Estaba cerca de él cuando sucedió, y ya no tomó parte en la batalla. Pero la defensa de la casa continuó."

El verdadero héroe durante la defensa de la casa, el capitán Naumov, murió la noche del 24 de noviembre, la misma en la que Pavlov resultó herido, y el mando de la casa fue asumido por Antón Dragan, que anteriormente había tomado parte en los combates en la Estación de ferrocarriles y en la Fábrica de clavos. Dragan estuvo al mando de la casa hasta el 10 de enero, justo al inicio de la Operación Anillo. Ese día, los 70 hombres que defendían la casa fueron transferidos con otras unidades de la 13.ª División de la Guardia a la factoría Octubre Rojo. Sólo un puñado de soldados permanecieron en la Casa Pavlov. Cuando Dragan volvió el 30 de enero, se encontró con que los alemanes habían vuelto a ocupar la casa: "Se encontraban en el interior y en el sótano, y tuvimos que limpiar de nuevo la casa de fascistas."
La historia oficial cuenta que sólo 24 hombres defendieron la casa, pero esa es otra de las invenciones de la propaganda soviética, pues como dice Potanski, "Nunca fuimos menos de 70 defensores, y a veces llegamos al centenar."
De la misma manera, afirma: "Nuestra defensa de la casa fue heroica, pero no como se ha descrito. Se quería crear a toda costa la imagen de un pequeño grupo de soldados resistiendo contra el enemigo, y para ello era mejor que se creyese que el grupo estaba compuesto únicamente por soldados de infantería. Pero había ayudantes de artillería en la casa, y nuestro papel fue muy importante. Personalmente recibí una medalla de Chuivok por mi labor en la defensa de la casa."
Potanski afirma que se escogió a estos 24 soldados, porque provenían de diferentes regiones de la Unión Soviética y quería ofrecerse una imagen, de un pequeño grupo luchando en armonía, codo a codo:
"En realidad, la mayoría de la guarnición era de origen ruso, pero la relación con los de las otras repúblicas distaba de ser fácil. El comandante de nuestra unidad de artillería era un armenio, Nikolai Sarkisan. La plaza que se encontraba delante nuestro, estaba llena de cadáveres y una noche, Sarkisan me ordenó recoger algunos cuerpos. Esa era una típica orden estúpida. Los alemanes lanzaban bengalas constantemente y fui rápidamente descubierto. Una ametralladora abrió fuego y me escondí detrás de una pila de cadáveres. Podían oír como las balas rasgaban el muro de protección, y entonces cesó. El enemigo pensó que había muerto. Así que me arrastré hasta las trincheras que defendían la casa. Sarkisan había olvidado darme una contraseña. Tuve suerte. Si el centinela hubiera sido un uzbeco o un tártaro me hubiera disparado (casi no entendían el ruso y hubiera sido imposible comunicarme con él). Por suerte era ruso."

Tampoco es cierto que la casa fuera conocida durante la batalla, como la casa Pavlov, sino como "la Casa de la calle Penzenskaya".

Históricamente es injusto que la casa recibiera el nombre de Pavlov, que pasó a la gloria, mientras que Naumov, el verdadero héroe, cayó en el olvido. Polanski comenta al respecto:
"Naumov luchaba codo a codo con el resto de sus soldados, repeliendo los ataques de los alemanes. Fue un héroe increíble."
El 24 de noviembre, Naumov, ordenó atacar la Lechería a través de la plaza que separaba los dos edificios. El grupo de asalto era poco numeroso,, por lo que la mayoría de la guarnición de la casa Pavlov fue aplastada en el asalto. Fue una lucha terrible como comenta otro testigo de la época, el soldado Ivan Schylaev:
"En esta terrible batalla, Pavlov fue evacuado en una camilla, Ilya Voronov, otro famoso defensor de la casa fue alcanzado por una explosión, aunque sobrevivió de milagro a pesar de recibir 20 fragmentos de metralla. Naumov intentó replegar a sus hombres, pero murió delante de todos ellos."
Más tarde, los supervivientes se encontraron en la casa Pavlov, y no sin enormes dificultades, consiguieron recuperar el cuerpo de su comandante, arrastrándolo mediante cuerdas hasta la casa, y lo enterraron allí, en el sótano. Poco después, el capitán Dragan asumió el mando de la posición.

Uno de los hechos más curiosos de la casa Pavlov fue el descubrimiento de un gramófono, en una de las incursiones. Sólo había una grabación y en medio de la batalla, el aria napolitana del disco sonaba extraña. Potanski: "Entonces se nos ocurrió que sería una gran canción para ponerles a los alemanes. Teníamos momentos de insomnio, así que después de algún ataque alemán, siempre la poníamos a todo volumen. Era un ritual."

La casa Pavlov, recibió el nombre en código de "el faro", puesto que como dice Mereshko "era de una gran ventaja, porque nos ofrecía la posibilidad de disparar hasta a un kilómetro de distancia. Desde el cuarto piso, podíamos ver más allá de la Plaza del 9 de enero. A la izquierda y derecha teníamos alemanes. Detrás nuestro el molino ocupado por nuestros hombres."
Pero la casa Pavlov no era la única fortificación ocupada por los soviéticos. Justo detrás se encontraba el Molino, un edificio de ladrillo que Rodimtsev capturó el 14 de septiembre. Se encontraba a 100 metros de la casa Pavlov y a la misma distancia del Volga, como puede apreciarse en los planos adjuntos. En el Molino se hallaba el Cuartel General del batallón.


1. Lechería
2. Casa Pavlov
3. El molino
4. La casa de los trabajadores del ferrocarril
5. Casa de Zabolotnov


Potanski afirma que "los alemanes eran reacios a usar bombardeos pesados, debido a la proximidad de la Casa de los trabajadores del ferrocarril. Tan pronto como los alemanes lanzaban un ataque con su infantería, salíamos del sótano y corríamos a disparar, y avisábamos a nuestras unidades de artillería que se encontraban en la otra orilla del Volga que inmediatamente bombardeaban las fuerzas enemigas. Desde el tejado veía donde caían nuestros proyectiles y podía corregir nuestro fuego. Nuestra minas y artillería prevenían a los alemanes de intentar lanzar ataques de tanques en masa y éramos capaces de infligir muchas bajas a su infantería."

Las autoridades soviéticas, decidieron omitir de la historia oficial a los ayudantes de artillería y la lista oficial de defensores de la casa, aunque sin ellos, hubiera sido imposible este capítulo de la defensa de Stalingrado.
La casa Pavlov no era sólo un grupo aislado de combatientes, sino un sistema de defensa integrado, protegido con minas, alambradas y artillería. La decisión de Chuikov de trasladar su artillería al otro lado del Volga fue acertada, puesto que a veces, en un día debían repeler hasta diez ataques alemanes.

Recapitulando toda la historia, queda claro que Michael K. Jones ofrece testimonios y fuentes de primera mano, que hacen que la historia de la casa Pavlov, tal como la cuenta él, sea más creíble y cercana a la realidad. De la lectura de su libro, he conseguido comprobar que las baterías de artillería de la otra orilla trabajan en conjunto con los hombres apostados en la casa, y que sin esa ayuda, hubiera sido imposible defender la casa, y que los alemanes no usaron los bombardeos pesados, por miedo a causar bajas por fuego amigo en la Casa de los trabajadores del ferrocarril.
Una cosa sí que no he conseguido aclarar, que no es otra que los intentos de la Luftwaffe por acabar con la casa, ya que no se hace ni una sola mención en todo el libro a tal hecho, ni ninguno de los supervivientes habla al respecto. Sólo aparece en las memorias de Pavlov, y visto lo visto, poca credibilidad tienen, pues parece que se limitaron a seguir el guión escrito de las autoridades soviéticas. Así que ahí queda la duda.
Tampoco disponía datos concluyentes para saber que existía un embarcadero tras la casa Pavlov, y no lo había leído en ningún sitio, aunque si la casa estaba aislada del resto de fuerzas soviéticas en su posición más meridional, por algún lado tenían que llegar los refuerzos. La pista me la dio un mapa del libro de Will Fowler, Schlacht um Stalingrad, donde aparecían con finas líneas las rutas que seguía la flotilla de Rogachev para enviar refuerzos a Stalingrado, y una de ellas, unía la casa Pavlov con la otra orilla. El dato final y concluyente apareció en el libro de Michael K. Jones, Stalingrad. How the Red Army Triumphed, cuando Potanski fue llamado por Chuikov para hacerle entrega de una condecoración y relataba lo siguiente: "Fui convocado en el Cuartel General del Ejército, por la noche, con mi compañero ayudante de artillería de la casa Pavlov. Chuikov quería darnos las gracias a los dos personalmente. Pero era un viaje peligroso. Volvimos al Molino, y entonces empezamos a movernos a través del embarcadero del río, cuando de pronto, una bengala lo iluminó todo y los alemanes abrieron fuego con morteros. Los dos caímos al suelo. Un proyectil explotó a mi izquierda, llenando todo de suciedad. Me levanté y llamé a mi compañero. '¡Levanta, vamos!', pero no se movió. Le habían volado la parte izquierda de su cuerpo.
Finalmente alcancé el cuartel general e informé a los guardias. Me guiaron hasta Chuikov. Me miró: '¿Dónde está el otro hombre?'. Le dije que había caído. Chuikov intentó hablar. '¡Qué lástima, que lástima!', repitió, con voz emocionada. Entonces me miró fíjamente a los ojos. Noté su increíble espíritu de lucha. Era casi tangible, como si pudiera tocarlo. 'Gracias', dijo simplemente, presentándome mi medalla. 'Gracias por su coraje'."
No queda ninguna duda de que existía un embarcadero tras la casa Pavlov y el Molino, y través de él llegaban los refuerzos para seguir manteniendo la posición.


Mapa donde se aprecie el recorrido de la flotilla del contraalmirante Rogachev hasta la casa Pavlov.

 

Otro hecho que llama la atención es que la casa Pavlov no fue un punto aislado de defensa pasiva, si no que como se ha podido comprobar, desde allí se lanzaban ataques contra otras fortificaciones alemanas colindantes, como la Lechería, y que mientras no se acabase con la resistencia de la casa Pavlov, existía un alto riesgo de que alguna zona colindante cayera en manos soviéticas. El desgaste que suponía intentar tomarla fue enorme, así como la cantidad de unidades que debían estar ancladas en las casa colindantes (véase la Lechería, la Casa en forma de “L”, la Casa de los trabajadores del ferrocarril...), que en definitiva, eran necesarias para contribuir a la segunda ofensiva de la ciudad, esta vez en el sector fabril, en su sector septentrional.

Para acabar, quisiera hacer un inciso sobre los trabajos que algunos historiadores realizaron con la casa Pavlov. Como hemos leído anteriormente, Wiliam Carig es uno de ellos. En los apéndices de su libro, La batalla por Stalingrado se citan las fuentes que ha utilizado para escribir este episodio en concreto, y son:
Mansión e la fama del soldado, de I. F. Afanasiev y su artículo en Krasnaia Zvezda, 2 de febrero de 1963. Héroes de la gran batalla, de I. Grummer y T. Harin; La casa Pavlov, de V. Gurkin, V. I. Z., n.º 2, 1963; Estoy en la casa de Pávlov, de L. Saveliev, en Sovietskaia Rosiia, 2 de febrero de 1963. Ronald Seth, Stalingrad: Point of Return.

Como salta a la vista, son fuentes secundarias, y en muchos casos transmitidas de boca en boca, y por lo tanto no del todo fiables, aunque al menos las fuentes constan en su libro.
Beevor sin embargo, publicó su libro en 1998, y la fuente que utilizó para narrar el episodio dela casa Pavlov no consta. En ese mismo capítulo hace referencia varias veces al TsAMO y cuesta creer que no descubriera la verdad de la casa Pavlov, y en cambio Michael K. Jones nos ofrezca una versión mucho más cercana a la realidad y acabe de una vez con todos los mitos y exageraciones en torno a este hecho. Por lo que se deduce que Beevor no profundizó ni mucho menos en este aspecto, tal como afirma en su libro.
Un detalle a tener en cuenta es lo que cuenta Beevor en su libro, que sucedió con Pavlov una vez acabada la guerra:
"Jakov Pavlov, convertido en Héroe de la Unión Soviética, más tarde se convirtió en el archimandrita del monasterio de Sergievo –antes Zagorsk- donde atrajo un gran número de fieles que nada tenían que hacer con su fama de Stalingrado. Está ahora muy delicado."

Michel K. Jones vuelve a rectificar a Beevor, y comenta que cuando Pavlov fue enterrado en 1981, seguía siendo un comunista. Beevor confundió al sargento Jacob Pavlov con otro veterano de Stalingrado, el soldado Ivan Pavlov, que después de sus terribles experiencias en la batalla, encontró algunas páginas del Evangelio en medio de la ciudad devastada, y comenzó a leerlas. Las guardó con él hasta el final de la guerra, e hizo sus votos bajo el nombre de Kyrill, llegando a ser el director espiritual del monasterio de la Sagrada Trinidad de Saint-Sergius.


Bombardeos y ataques de artilería

Sobre los posibles intentos de bombardear la casa Pavlov por parte de la Luftwaffe habría que comentar las siguientes referencias. Del libro del sargento Pavlov, no me fiaría demasiado, pues seguramente siguió las consignas de la propaganda soviética, pero tiene puntos en común junto el texto de la Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial, y este último, coincide en algunos detalles con los datos aportados por Michael K. Jones, como el fonógrafo que sonaba en la casa, o que el propio Pavlov fue herido en el asalto a la lechería y evacuado de la ciudad.

"Los períodos de calma eran raros; todos los momentos de descanso servían para idear estratagemas que hiciesen la vida imposible a los alemanes. La historia de los cohetes es muy significativa a este respecto. La Luftwaffe continuaba bombardeando la ciudad. En este sector, las incursiones se habían hecho difíciles por la proximidad de los dos adversarios, que impedía que los pilotos precisasen sus objetivos. Para subsanarlo, los alemanes lanzaban cohetes de colores para señalar la línea del frente.
Pavlov y sus hombres se habían fijado que los cohetes salían de una casa situada a menos de cien metros de la suya. Tan próxima, que muchas veces oían a los alemanes gritarles: "¡Eh! ¡Russkis, despertaos! ¡Es hora de encender la lumbre!". A lo cual respondía siempre algún ruso: "Nuestra lumbre ya está encendida. ¡Gracias! Os vamos a enviar buñuelos a la moda de Stalingrado". Buñuelos que consistían en las granadas de los morteros colocados en batería en una de las bodegas.
Un día, los rusos de Pavlov contemplaban estos cohetes. Alguien sugirió entonces que sería una buena estratagema imitar esas señales para confundir a los bombarderos. Solo había observar el número y color de los cohetes. Luego lanzarían una señal idéntica, pero en dirección Oeste, es decir, por encima de las líneas de la Wehrmacht. Pavlov telefoneó al capitán del batallón y expuso la idea. Recibió enseguida una pistola especial y cohetes de colores.
La primera vez que ejecutaron el proyecto, y aunque la desviación de los cohetes no fue muy considerable, tuvieron la alegría de ver caer un rosario de bombas sobre las posiciones alemanas. Por cuatro veces repitieron la operación. Finalmente, los alemanes se dieron cuenta del origen de esos errores y terminaron las incursiones sobre esa zona de la ciudad."

En Stalingrado, de Yakov Pavlov:
"Varias veces los fascistas intentaron bombardearla desde el aire. Pero durante el día esto no era nada fácil, nuestros artilleros tendían tal cortina de fuego que era casi imposible encontrar un agujero. Entonces decidieron bombardearnos de noche. Podíamos escuchar en la oscuridad a los bombarderos enemigos sobre nosotros. Los fascistas comenzaron a lanzar bengalas verdes para indicarles a los pilotos nuestra posición. Unos minutos más y las bombas comenzarían a caer sobre nosotros, entonces recordé que en algún lado teníamos cohetes.
-Aleksandrov, la pistola de señales, rápido! – Grite con todas mis fuerzas.
Aleksandrov me alcanzó la pistola. Rápidamente cargué la pistola con un cohete verde y oprimí el disparador. El cohete hizo una majestuosa curva y descendió sobre la casa ocupada por los fascistas. Yo continué disparando.
El recuerdo de esos “fuegos artificiales” sobre el área de la plaza 9 de Enero se quedarían con migo para siempre. Las bombas cayeron sobre los fascistas solo una logro dañar una esquina de la casa.
-Eliminamos a los fascistas con una luz – Bromeaban los soldados.
Más tarde los Fascistas intentaron dirigir a sus aviones con otros colores, pero siempre logramos despistarlos."
(

Y por último, también se hace referencia a los ataques contra la casa por medio de la artillería, como se apuntó anteriormente, aunque todo parece indicar que no se hizo de manera masiva por miedo a hacer blanco en las posiciones alemanas cercanas a la casa Pavlov.

De la Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial, Selecciones del Reader's Digest:
"Cuando al fin, el 15 de octubre, a las 9 horas de la mañana, los alemanes desencadenaron contra la casa de Pavlov un violentísimo cañoneo, ninguno de sus ocupantes se sorprendió. Cuando, hacia las 10 horas, aparecieron cuatro tanques, seguidos de unos cincuenta soldados con armas automáticas, tampoco se alteró nadie. Los panzers, con su aparatoso chirriar, llegaron a cien metros de la casa, se detuvieron y dispararon a cero, con la esperanza de derribar el muro exterior."

Y Pavlov añade en sus memorias:
"A la siguiente mañana los fascistas lanzaron una nueva andanada sobe la casa. Parecía que querían borrar el edificio de la faz de la tierra, donde habían perdido una buena posición. Sin embargo nuestra casa se mantuvo como un bastón, una fortaleza a la que era imposible acercarse."

Así que por la coincidencia de varios relatos, sobre todo el de Selecciones del Reader's Digest, extraído del libro de Ronald Seth, Stalingrad: Point of Return, en el uso de bengalas para despistar las incursiones de la Luftwaffe, se desprende que realmente debió suceder tal hecho.

En el libro Turning Point, de Popov, Kozlov y Usik, donde se recogen multitud de testimonios de soldados del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, destaca la historia del soldado Georgiy Semyonovich Ptansky, que estuvo en la casa Pavlov y formaba parte de la famosa 13.ª Guardia de fusileros de Rodimtsev, y también hace referencia a la imposibilidad de atacar la casa Pavlov por parte del Ejército alemán:
"En la noche del 14 al 15 de septiembre, aproximadamente a las 3 de la mañana, cruzamos el río hacia Stalingrado con una embarcación. Cuando faltaban aproximadamente 50 metros para llegar a la orilla, nuestra embarcación cayó bajo fuego enemigo, recibiendo algunos impactos en el casco, y empezó a hundirse. Había 100 hombres en la embarcación. De ellos, sólo 30, incluido yo, alcanzamos la orilla. Salimos en una zona cercana a un depósito de petróleo. Toda la ciudad estaba en llamas. Las barcazas ardían en el río. Lo primero que vi en la orilla fueron los cuerpos de nuestros soldados. El enemigo se encontraba a 300-400 metros de la orilla y nos atacaba sin cesar. Pero se encontró con la empecinada resistencia de nuestros guardias. No podíamos retroceder. El Volga estaba a nuestra espalda.

El día 15 de septiembre, por la mañana, establecimos un puesto de observación en la orilla (OP). Nuestra batería tenía la misión de llevar a cabo la observación del terreno ocupado por el enemigo. La infantería recibió fuego de cobertura. Uno de los puestos de observación se estableció en un molino. El operador de teléfono y yo, nos encontrábamos en el cuarto piso del molino, junto a la ventana. Podíamos observar al enemigo sólo con la ayuda de un periscopio. Los francotiradores alemanes siempre estaban a la caza. Desde nuestra posición, podíamos ver con total claridad la Plaza del 9 de Enero (ahora la Plaza Lenin) y los edificios y sótanos cercanos que los alemanes ocupaban.
Llevábamos a cabo una observación continua, día y noche. Cada ataque del enemigo caía bajo el fuego de nuestras armas. Cuando el sargento Pavlov y su equipo ocuparon el edificio, recibimos la orden de instalar un nuevo puesto de observación en la parte superior de un edificio opuesto al enemigo. El enemigo abrió fuego de artillería sobre una parte del bloque de madera del edificio, dañándolo considerablemente.
Aproximadamente a finales de septiembre, en una noche oscura, los alemanes penetraron en nuestras defensas por un barranco. Tuvimos que darle la orden a nuestra artillería de disparar sobre nosotros porque los alemanes habían alcanzado nuestro puesto de observación.
Al amanecer empezaron a alargar su cabeza de puente a lo largo de la orilla. Pero con el soporte de nuestra artillería y los Katiuskas, nuestra infantería empujó rápidamente al enemigo a sus posiciones iniciales. Luchábamos día y noche, explotaban minas y proyectiles, y las balas silbaban sobre nuestras cabezas.
Durante los breves periodos de calma siguientes, los alemanes encendían sus altavoces y comenzaron a emitir propaganda en ruso. Pero nuestros hombres ignoraban sus peticiones. Algunas veces teníamos que coger nuestras ametralladoras y granadas y defendernos de los ataques del enemigo. Muchos de los soldados quedaban fuera de combate, heridos o muertos. Muchos de los heridos morían porque no recibían a tiempo tratamiento médico. No sabíamos como prestar los servicios de primera ayuda para los heridos graves, porque nadie nos lo había enseñado.
Teníamos problemas con el suministro de agua. Sólo podíamos recoger el agua del Volga, y solo por la noche, porque la orilla estaba bajo vigilancia del fuego enemigo. Hervíamos el agua en el sótano para evitar que el enemigo lo detectase. El enemigo abría fuego al menor indicio de una chispa de luz. Cocinábamos gachas hechas de concentrado. Los soldados nos entregaban la comida en un bote desde el otro lado de la orilla. Cuando el Volga comenzó a congelarse, resultó imposible cruzarlo con un bote. El grano que aun permanecía en el sótano del molino en cantidades abundantes, nos salvó. Dormíamos en las pausas entre batalla y batalla y intentábamos comer algo.
Para nosotros, el molino era una fortaleza segura. El sótano, ofrecía una buena protección contra los ataques de la artillería. A nuestro alrededor, la aviación enemiga no llevaba a cabo bombardeos en el área de la casa Pavlov, ni en el molino, ni en la Plaza 9 de Enero, porque el enemigo y nuestras posiciones estaban demasiado cerca.
Cada día se le entregaba a cada soldado 100 gramos de Vodka. Pero eso sólo sucedió en Stalingrado. Quiero dejar claro este punto sonre los 100 gramos de Vodka. Luché desde Stalingrado hasta Polonia y sólo se nos dio Vodka en Stalingrado. Y no todo el mundo lo recibió. No siempre se entregó makhorka (una especie de tabaco), sólo en la ofensiva. No lo recibimos durante la defensa. Estuve luchando en Stalingrado desde el 15 de septiembre hasta el 2 de febrero y fui condecorado con la medalla Za otvagu (al coraje)."


La historia no fue realmente como se contó, pero nadie podrá negarles a los hombres que defendieron y murieron en la casa Pavlov, el heroísmo y determinación con el que lucharon por su patria e hicieron frente al invasor alemán en aquella ciudad de muerte a orillas del Volga.



Bibliografía:
Stalingrad, How the Red Army Triumphed, de Michael K. Jones
Stalingrado, de Antony Beevor
La batalla por Stalingrado, de William Craig
Schlacht um Stalingrad, de Will Fowler

Stalingrado: el cerco infernal, de Stephen Walsh
Volgograd-The Hero City Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial, Selecciones del Reader's Digest
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