Doctrina
y despliegue militar soviético antes de Barbarroja
Autor:
Bitxo
La
Guerra Civil fue una dura prueba para el recién
creado RKKA. Acosados por numerosos frentes, los comandantes
soviéticos aprendieron a llevar a cabo una
guerra de movimientos donde tácticas de concentración
y choque en un punto para lograr una penetración
y explotación sobre su enemigo, desplegado
en una delgada línea en tal de cubrir un frente
inmenso, combinadas con un despliegue escalonado y
en profundidad, les llevaron a la victoria. Estos
comandantes, que habían usado el tren blindado
y la caballería para llevar a cabo sus maniobras,
encontrarían más tarde en el carro de
combate y el transporte mecanizado de tropas las herramientas
adecuadas para cuanto habían aprendido. Pero
la drástica situación económica
resultante de la contienda implicaría la reducción
de las filas del ejército, que podía
reforzarse mediante la recluta de milicias en caso
de necesidad, lo cual fue mitigado por la colaboración
con los alemanes, derivada del Tratado de Versalles
y la amenaza polaca. Esta colaboración les
permitió poder desarrollar las nuevas armas,
el tanque y el avión, y experimentar con ellas,
y supuso que tanto Alemania como la URSS pudieran
llevar a cabo una revisión, de manera independiente,
de sus doctrinas bélicas.
Tren blindado.
Fuente
Imagen: http://www.tdg.nu/articles/historical%20articles/Armoured%20Trains/Soviet%20Armored%20Trains.htm
En
la URSS esta revisión sería iniciada
por Svechin y Frunze mediante la denominada Teoría
de la batalla profunda la cual, conforme la tecnología
y la industrialización avanzaban, sería
ampliada principalmente por Triandafillov y Tukhachevsky,
pasando a denominarse Teoría de operaciones
sucesivas y profundas. Fijándose en la
derrota propia ante Polonia, o la alemana en Francia,
llegaron a la conclusión de que los ejércitos
modernos resultaban demasiado fuertes para doblegarlos
en una sóla gran batalla decisiva, por lo que
optaron por un método de penetración
y explotación sucesiva que lograra la derrota
del defensor, ideando para ello un nuevo nivel de
combate intermedio entre el estratégico y el
táctico, denominado operacional, en el cual
se agrupaban diferentes acciones tácticas en
aras de un objetivo común, con lo que sucesivos
éxitos operacionales conducirían al
éxito estratégico. En palabras de Svechin:
Las tácticas hacen las etapas desde las
cuales los saltos operacionales son reunidos, señalando
la estrategia el camino. La Teoría de
la batalla profunda sería adjuntada a las
Regulaciones de Campaña de 1929 como un concepto
táctico que dependía para su existencia
de la industrialización de la URSS y no serían
plenamente implantada hasta 1936, quedando la Teoría
de operaciones sucesivas y profundas como tal:
teoría.
Triandafillov.
Fuente
Imagen: http://de.wikipedia.org/wiki/Wladimir_Kiriakowitsch_Triandafillow
Mientras
Svechin daba forma a su arte operacional, Shaposhnikov
y Triandafillov sostenían que en la guerra
futura la movilización sería realizada
en la fase de preguerra, iniciándose las hostilidades
antes de una declaración formal de guerra en
aras de explotar la sorpresa y adelantarse al despliegue
del defensor. Siguiendo esta línea, Triandafillov
indicaría la ventaja de lanzar ataques inmediatos
al agresor para robarle la iniciativa y desorganizar
su movilización y despliegue, añadiendo
la ventaja de azuzar la lucha de clases a su territorio
mediante una contraofensiva, lo cual era un postulado
leninista. Triandafillov ya apuntaba hacia el uso
de fuerzas mecanizadas y aviación como medios
más adecuados, y trataría de definir
en cuanto a términos de extensión, profundidad
y tiempo de ejecución lo que sería una
operación moderna.
Tukhachevsky.
Fuente
Imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c6/Tukhachevsky-mikhail-2.jpg
Estas
ideas iniciales, motivadas por el análisis
de la Primera Guerra Mundial, suscitaron un rico debate
en la década de los treinta. La base de este
análisis suponía que si bien el estado
que movilizase primero a sus fuerzas lograría
una apreciable ventaja militar, el período
inicial de la guerra no resultaría decisivo.
El plan soviético de la Primera Guerra Mundial
exigía el ataque 15 días tras la movilización,
iniciada antes que la alemana. La ofensiva lanzada
sin esperar a una completa concentración resultó
un desastre y, sin embargo, se estabilizó el
frente tanto en la derrota contra los alemanes como
en la victoria contra los austríacos. El debate
se centró entonces en la manera de lograr una
concentración y despliegue completos mientras
se impedía lo mismo al enemigo.
Shaposhnikov.
Fuente
Imagen: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:B_Shaposhnikov02.jpg
Ya
en 1929, Alksnis, Novitsky y Lapchinsky defendía
el uso de un ataque aéreo para desorganizar
al agresor y robarle la iniciativa. Dos años
más tarde, Eideman agregaba las fuerzas mecanizadas
a la ecuación proponiendo fuertes batallas
aeroterrestres que garantizasen el derecho a desplegar
primero y Shilovsky se hacía eco, hablando
además de una movilización parcial durante
la preguerra, lo que denominaría avanzar
lentamente hacia la guerra. Nuevamente Lapchinsky,
esta vez junto a Khripin o Tatarchenko, defendió
la importancia de la fuerza aérea tanto para
la desorganización del adversario como para
el apoyo a la contraofensiva. El poder aéreo
preocuparía a Tukhachevsky, quien recomendaría
un despliegue en profundidad hasta 250 kms. de la
frontera y advirtiendo que, ante la pérdida
del dominio del aire, se debía desplegar aún
más lejos. Egorov, entonces jefe de Estado
Mayor del RKKA, recogería todas estas ideas,
diciendo que los estados que se prepararan para la
guerra, lo harían posicionando en secreto sus
fuerzas móviles cerca de la frontera, iniciando
las hostilidades por sorpresa. Tanto el atacante como
el defensor harían uso de estas fuerzas móviles,
a las que denominó grupos de incursión,
apoyadas por la aviación en un intento de desbaratar
la movilización del contrario mientras se afanaban
en lograr la propia. Sin embargo, pese a que el debate
tomaba un cariz netamente ofensivo, asentando la idea
de que el RKKA no debía permanecer pasivo y
hacer lo posible por pasar a la contraofensiva, Egorov
todavía reconocía el papel de la defensa
al pensar que los grupos de incursión
serían incapaces de derrotar a las fuerzas
principales, no pudiendo más que crear una
crisis durante un período necesario para el
enfrentamiento entre estas. Sería Isserson
quien advertiría de que dicho período,
el transcurrido entre la movilización de las
fuerzas principales y su implicación en la
batalla, se estaba reduciendo vertiginosamente. Pero
Isserson todavía mantuvo las dos semanas como
duración del período inicial de la
guerra hasta que el éxito de los alemanes
en Polonia le hizo comprender que, tal como temía,
este lapsus de tiempo había desaparecido.
Budenny y Egorov.
Fuente
Imagen: http://www.marxists.org/history/ussr/art/photography/politics/bolsheviks/Budennyi.JPG
En
1934 Tukhachevsky abogó por el despliegue en
tiempos de paz de ejércitos avanzados a unos
50 o 70 kms. de la frontera. Estos ejércitos
avanzados debían mantenerse a un nivel
de efectivos propio de la guerra y tenían la
doble función de proteger el despliegue de
las fuerzas principales propias y de desorganizar
la enemiga. Para ello, la aviación debía
atacar los aeródromos y otras infraestructuras
enemigas en una profundidad de 200 kms., al tiempo
que se lanzaban contraataques mecanizados y asaltos
aerotransportados. Reconociendo que el enemigo podía
hacer lo mismo, abogaba por concentrar las fuerzas
principales lejos de la frontera, por lo que asumía
que el período inicial de la guerra
seguiría durando un par de semanas, durante
las cuales el campo de batalla sería decidido
por quien lograra el éxito durante la fase
inicial. Valorando las posiciones defensivas tan sólo
como un escudo que absorverá la ofensiva
del agresor, se centraba en el uso de los ejércitos
avanzados usados como un martillo golpeando los
flancos. Un año más tarde clamaría
por la superioridad inicial, especialmente en brigadas
mecanizadas, y por una preparación previa que
permitiese un ataque cuanto antes, pues tanto Alemania
como Polonia disponían de una red de ferrocarriles
más eficiente a la hora de lograr la movilización.
Las ideas de Tukhachevsky sería reforzadas
por su colega Uborevich y por los trabajos de Shilovsky,
Sokolov y de Karbyshev, los cuales daban a las defensas
fortificadas de la frontera el papel de trampolin
para las contraofensivas. Al año siguiente,
en 1936, Krasilnikov reforzaría todo esto al
poner como ejemplo Manchuria o Etiopía, mientras
Lapchinsky aseguraba que el uso de la fuerza aéra
resultaría vital para alcanzar la victoria,
comenzando las batallas en el aire y terminando en
tierra. Para garantizar el dominio aéreo se
debía defender el cielo propio al tiempo que
se atacaban los aeródromos del enemigo.
Uborevich.
Fuente
Imagen: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:IP_Uborevich.jpg
En
definitiva, el debate llevado a cabo por los teóricos
soviéticos se encaminaba a dogmatizar la idea
de un RKKA capaz de anular la ofensiva enemiga y de
lanzar una contraofensiva para llevar la guerra a
su territorio, dentro de un modelo de defensa avanzada,
basando esta defensa en activos móviles y viéndola
únicamente como el medio necesario para robar
la iniciativa al agresor y tomando esta un cariz ofensivo
como forma decisiva de combate. El RKKA no sólo
no debía ceder terreno, si no que debía
llevar la guerra, y con ella la revolución
marxista, a su enemigo, correspondiendo esta función
no sólo al credo leninista, si no también
a la caracterísitca de la URSS de disponer
de etnias o nacionalidades hostiles en su periferia.
Y todo ello basado en el supuesto de la superioridad
numérica en términos industriales y
humanos, la cual se aseguraría con el plan
quinquenal de un Stalin preocupado por la vulnerabilidad
soviética.
Sería precisamente Svechin el que criticaría
abiertamente esta línea de pensamiento. La
defensa avanzada no dejaba de ser un modelo
lineal de despliegue fronterizo expuesto a una penetración
enemiga a gran escala, por mucho que los activos móviles
pudiesen corregir los errores de una defensa estática
propia de la Primera Guerra Mundial. Quejándose
de la imposición de una doctrina estrecha
y del culto a la ofensiva, así como
del espejismo del aniquilamiento del enemigo,
Svechin indicó que cada guerra requería
su propia estrategia y no la aplicación
de una plantilla, incluso si es roja, basada en
supuestos de condiciones desfavorables al enemigo.
Poniendo como ejemplo la ofensiva de Ludendorff de
1918, recordó que la iniciativa era algo más
que atacar al enemigo, pudiendo ser justo al revés,
al conseguir que este se sintiera obligado a atacar
debido a la previsión de esas condiciones desfavorables.
Svechin defendería la idea de que combatir
por el mantenimiento del equilibrio resultaba más
rentable que hacerlo por una posible conquista, permitiéndose
recordar que es el bando más débil el
que debe pasar a la defensiva, aun perdiendo territorio,
lo cual, además, era un lujo que precisamente
la URSS se podía permitir. Verkhovsky, colega
de Svechin, suscitó una oleada de airadas protestas
al decir que, en caso de guerra con Polonia, era mejor
ceder Minsk y Kiev en lugar de toma Belostok y
Brest. Reconociendo que las ventajas naturales
de la URSS en cuanto a clima y extensión habían
perdido importancia dada la mecanización, no
dejaban de abogar por el uso de un modelo de defensa
estratégica que utilizara posiciones defensivas
en profundidad capaces de ralentizar y desgastar el
avance enemigo, y que contase con reservas estratégicas
preparadas para lanzar contraataques en cuanto este
perdiera su impulso.
Tukhachevsky lanzaría una campaña de
desprestigio sobre Svechin, acusándolo de derrotismo
y falto de comunismo. Shaposhnikov, quien también
había advertido acerca del excesivo carácter
ofensivo, optó por no arriesgarse en lo político
y dijo que desde 1924 he intentado inculcar el
respeto por la defensa, pero no por los medios de
haber rebajado ni un ápice la pasión
ofensiva del RKKA y que era necesario tener en cuenta
la esencia del RKKA y no privarle de su espíritu.
Sokolovky.
Fuente
Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:VD_Sokolovsky.jpg
Como
hemos visto, la doctrina militar soviética
acusaba un fuerte carácter ofensivo, entendiendo
la defensa como el medio para robar la iniciativa
al enemigo mediante el uso combinado de fuerzas móviles
tanto aéreas como terrestres. La defensa estática
no era más que el medio que permitiera frenar
al enemigo para lanzar un contraataque. Para ello
la Regulación de Campaña de 1936
especificaba una posición defensiva para el
Cuerpo de Fusileros, dividiéndola en cuatro
zonas.
La primera o área delantera dispondría
de recursos ingenieros y destacamentos de infantería
y artillería a lo largo de unos 12 kms. de
profundidad. La segunda o línea de seguridad,
estaría conformada por puntos fuertes independientes
de regimientos de infantería de manera que
cubrieran directamente el área delantera. En
la tercera o área principal, estarían
desplegados los grupos de choque de cada una de las
divisiones del cuerpo. La cuarta, situada a unos 12
o 15 kms. del área principal, sería
un nuevo cinturón defensivo.
Ya que el concepto operacional aún no estaba
madurado en 1936, la Regulación de Campaña
parecía contradecir la amplitud de miras que
otorgaba la mecanización del RKKA en ciernes
al utilizar a la División de Fusileros como
la piedra angular del sistema defensivo. Una división
debía cubrir un área de 8 a 12 kms.
con una profundidad de 4 a 6 kms. En el caso de que
el enemigo lograra una penetración blindada,
el comandante de la división debía organizar
un contraataque con sus propios blindados para contener
el avance mientras llegaba a la zona el grupo de choque
para restaurar la línea. Si pese a esto el
enemigo alcanzaba y destruía el área
principal de la división, podía solicitar
al comandante del cuerpo la retirada. Entonces el
comandante del cuerpo debía utilizar sus reservas
y solicitar refuerzos del ejército, redistribuyendo
sus unidades para organizar un contraataque, tratando
de aislar al enemigo cerrando la brecha y dejar que
las reservas del ejército y la aviación
se ocuparan de esas fuerzas enemigas.
Pero donde más confusión había
era precisamente en el uso de la aviación.
Teóricamente debía ser usada de forma
masiva, pero Lapchinsky insistía en que cada
nivel de mando a partir de la división tuviera
asignados algunos activos, lo cual suponía
una dispersión tanto de los activos como del
mando.
Egorov.
Fuente
Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Ac.yegorov.jpg
Si
el carácter ofensivo de la doctrina, aunado
a la sentida por Stalin vulnerabilidad de la URSS
y a la máxima política de no ceder territorio
y extender la revolución, azuzaban la producción
de pertrechos, todo esto, a su vez, reafirmaba la
doctrina. En ninguna otra parte, ni tan siquiera en
Alemania, hubo tamaña desviación del
esfuerzo industrial hacia la fabricación de
elementos blindados y aéreos. Cuatro años
después del desarrollo del primer carro de
combate, basado en un modelo estadounidense, la URSS
producía 3.000 vehículos blindados de
todo tipo al año, habiendo un crecimiento similar
en el resto de las armas. En marzo de 1932 se recomendaría
la creación de formaciones blindadas de todos
los tamaños para que cada nivel de mando pudiera
desarrollar su papel específico. Cada división
de fusileros debía disponer de un batallón
de carros ligeros. Cada división de caballería
de un regimiento. Cada cuerpo de fusileros debía
tener en su reserva varias brigadas, y debía
existir un cuerpo independiente mecanizado encargado
de realizar las penetraciones en profundidad. Los
soviéticos crearon sus dos primeros cuerpos
mecanizados en otoño de 1932, compuestos por
dos brigadas de carros y otra de fusileros, reforzadas
con artillería, ingenieros y defensa antiaérea,
tres años antes de que en Alemania se formase
la primera división panzer.
Las fuerzas aerotransportadas también fueron
impulsadas y entrenadas como unidades de élite,
siendo los paracaidistas comunistas procedentes del
Komsomol. El propio RKKA en conjunto cambiaría
su sistema de cuadros territorial por otro de conjunto
y aumentando su bagaje humano a tiempo completo que
alcanzaría el millón y medio de hombres
en junio de 1938.
Pero el rápido crecimiento no estaba exento
de problemas. Los carros producidos eran muy ligeros,
confiando en la velocidad para su protección,
y la comunicación por radio tenía mucho
que mejorar. La falta de experiencia a la hora de
conducir y reparar los vehículos provocaba
un rápido desgaste. En resumen, los cuerpos
mecanizados resultaron demasiado farragosos de manejar
y se decidió una reducción temporal
de su tamaño ya en 1935.
El carro soviético T26.
Fuente
Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:T26_19-1-.jpg
El
desarrollo teórico sufrió sobremanera
por las purgas, en las cuales se eliminó a
la mayor parte de sus más destacados impulsores.
Si bien la doctrina sobrevivió, los análisis
militares se redujeron en cantidad y calidad. Completado
el objetivo de la purga, el RKKA había perdido
su independencia e iniciativa, así como a la
gran mayoría de sus oficiales experimentados,
siendo catapultados a los escalafones más altos
personas a las cuales les faltaban varios años
de carrera para poder optar a ese puesto. Por otro
lado, los teóricos soviéticos tuvieron
la oportunidad de recoger las enseñanzas dadas
por los conflictos europeos donde fracasaron estrepitosamente
a la hora de extraer las conclusiones adecuadas.
La experiencia en la Guerra Civil española
fue a parar al fuego avivado por la purga y aumentaron
las dudas acerca de la viabilidad de los cuerpos mecanizados
dado su tamaño y la dificultad inherente de
controlarlos. La posterior ocupación de la
Polonia Oriental reforzó esta idea, reafirmada
por un intenso desgaste mecánico que no pudo
ser subsanado por la ineficaz logística. Y
si Zhukov había logrado utilizar con éxito
los nuevos medios mecanizados en Khalkin-Gol, nadie
pasó por alto el excesivo tiempo requerido
para ello y que las formaciones más grandes
de carros fueron brigadas. Ello provocó la
decisión de la disolución del cuerpo
mecanizado en noviembre de 1939, que no se haría
formal hasta enero de 1940. La Comisión encabezada
por Kulik, y en la que participarían amigos
de Stalin como Budenny y Timoshenko, sin apenas la
participación de los partidarios de las ideas
de Tukhachevsky, había llegado a la conclusión
de que debían retirarse de los cuerpos mecanizados
la infantería motorizada, reduciendo además
el papel de las brigadas de carros al papel de apoyo
a la infantería. A su vez se autorizaría
la creación de cuatro divisiones motorizadas
inspiradas en las panzer alemanas. El posterior fracaso
del arma blindada en la Guerra de Invierno
la desacreditaría aún más. La
desastrosa campaña finlandesa provocaría
más cambios que acabarían reflejados
en la Regulación de Campaña de
1941. La manifiesta incapacidad para penetrar posiciones
defensivas en profundidad indicó que había
que lograr una mayor concentración, por lo
que el ancho de la ofensiva disminuyó. Pese
a que el avance se confiaba ahora a la infantería
y a la artillería, quedando el carro como mero
apoyo de la primera, el alcance de la penetración
se mantuvo en los 100 kms. Esta penetración
debía ser explotada por los regimientos mixtos
de caballería y blindados, apoyados si acaso
por las nuevas divisiones motorizadas. Si bien dos
cuerpos mecanizados sobrevivirían a los efectos
de la purga y los fracasos en los escenarios bélicos
donde participaron los soviéticos, el pensamiento
y las estructuras alcanzadas fueron barridos y regresados
a una postura más primitiva. Tras lo éxitos
alemanes de 1940, se decidió volver a crear
los cuerpos mecanizados gracias a la insistencia de
Fedorenko, hasta una cantidad de 9 que se elevaría
a 20 tras los simulacros de guerra. Pero estos nuevos
cuerpos mecanizados, más grandes que los primeros,
no disponían de medios modernos de mando y
control, detalle que harían notar Kiskiakov
y Usov al advertir el creciente uso de la radio por
los alemanes y los estadounidenses, por lo que no
podían librar una batalla con la fluidez necesaria.
De hecho, el comandante del cuerpo mecanizado contaba
con la misma cantidad de radios y estaciones móviles
para el doble de carros, pese a que esta cantidad
ya se había mostrado insuficiente con anterioridad.
Y no sólo estarían equipados mayormente
por el material obsoleto para el que carecían
de repuestos, si no que no llegarian a completar su
entrenamiento básico, de lo cual se quejaría
Fedorenko al advertir la falta de entrenamiento para
que las formaciones mecanizadas pudieran combinarse
adecuadamente con la infantería y la artillería.
Esta carencia resultaba doblemente peligrosa en un
RKKA que dependía de ellas para evitar los
cercos alemanes, pues pese a la estandarización
de la producción de vehículos con la
posibilidad de acudir al uso de vehículos civiles,
la producción de estos era muy baja, lo que
suponía que las divisiones de fusileros no
disponían de mayor movilidad que la del ferrocarril
a nivel estratégico o la proporcionada por
animales de tiro. También escaseaban en ella
los medios de mando y el entrenamiento, incluso estaban,
en el mejor de los casos al 60% de efectivos. En cuanto
a la artillería el panorama no era mucho mejor.
Tras la debacle en Finlandia había sufrido
una fuerte reorganización, aumentando la cantidad
en todos los calibres, así como la formación
de 10 brigadas anticarro que incluían el nuevo
cañón multipropósito de 85 mm.
Pero, como con las formaciones mecanizadas, apenas
se había ejercitado la colaboración
entre estas brigadas y las unidades vecinas de las
cuales dependían. La aviación sufría
los mismos problemas de equipo obsoleto en proceso
de cambio y falta de entrenamiento, no alcanzando
las 4 horas de vuelo en muchos pilotos, agudizados
por la falta de aeródromos en los nuevos territorios
occidentales, los cuales carecían de una defensa
antiaérea adecuada si es que existía.
Por otro lado, la falta de experiencia con los aviones
también afectaba a la propia arma antiaéra,
cuyas dotaciones confundirían sus propios aparatos
con los alemanes.
Kulik.
Fuente
Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:GI_Kulik_01.png
La
otra consecuencia de estos análisis fue que
había que modernizar los carros y aviones.
Ello supuso que la URSS iniciara un gigantesco proceso
de sustitución del equipo obsoleto, enmarcado
en el Tercer Plan Quinquenal, lo que implicaría
la falta de repuestos para el material existente e
incluso la desidia en el entrenamiento de las unidades
cuyos jefes simplemente esperaban los nuevos vehículos.
Aunado a este esfuerzo, el RKKA volvió a expandirse
para alcanzar la cifra de 5 millones de hombres. Todo
ello correspondería a su avance lento hacia
la guerra iniciado tras la crisis de Checoslovaquia,
teniendo en cuenta que Alemania ya tenía su
economía en pie de guerra y que podía
movilizarse de manera mucho más rápida
que una URSS de grandes distancias y con una menor
capacidad debido a la pobreza de sus infraestructuras.
Zhukov.
Fuente
Imagen: http://www.northstarcompass.org/nsc0705/stalinradio.htm
La
incorporación de los nuevos territorios supuso
el benecifio de un colchón defensivo que alejaría
importantes ciudades como Leningrado de la frontera,
además de sumar 25 millones de personas al
bagaje humano de la URSS. Pero también tenía
su contrapartida en su falta de fortificaciones e
infraestructuras necesarias para sostener las fuerzas
defensoras que, a su vez, debían resituarse
por completo. Al igual que las ciudades, las viejas
fortificaciones quedaban muy alejadas, a unos 300
kms, y esos 25 millones de habitantes eran mayormente
hostiles. En la primavera de 1941 Zhukov alertaría
de que las nuevas fortificaciones, pese al desmantelamiento
de las viejas, estaban muy atrasadas y apenas disponían
de profundidad, además de estar demasiado cerca
de la frontera.
Timoshenko.
Fuente
Imagen: http://www.northstarcompass.org/nsc0705/stalinradio.htm
Si
el caos organizativo de un RKKA en proceso de modernización
y rearme era preocupante, las conclusiones a las que
llegaron los teóricos soviéticos al
analizar la campaña alemana en Francia no resultarían
muy halagüeña pese a la excepciones. Shtromberg,
sin dejar de ver al carro de combate un arma ofensiva,
consideraba que podía aprovecharse su movilidad
y fuego para utilizarlo como arma contracarro para
destruir una penetración enemiga, cosa en la
que fracasaron franceses y británicos. Tiulenev
tenía una postura similar, añadiendo
que la doctrina defensiva soviética era la
antítesis de la Teoría de Operaciones
Sucesivas y Profundas, lo cual podría haber
llevado a un replanteamiento doctrinal reforzado por
el informe de inteligencia que aseguraba que los franceses
redujeron su estrategia a misiones tácticas,
agravando el error al plantear una defensa avanzada
en la frontera con Bélgica. Isserson y Starunin
se dieron cuenta de que el período inicial
de la guerra había desaparecido, por lo que
la idea de que ejércitos de incursión
combatirían por malograr la movilización
del contrario mientras completaba la suya resultaba
obsoleta, pues los alemanes habían logrado
su victoria gracias a una completa movilización
previa a la guerra, pudiendo lanzar por sorpresa ataques
masivos. Pero el propio Starunin no llegaría
a comprender la potencia del asalto combinado llevado
a cabo por las mecanizadas y la aviación, pues
continuaría defendiendo que había que
lograr primero el dominio de los cielos y la desorganización
de la movilización enemiga para poder derrotar
a las fuerzas principales, lo que implicaba todavía
un intervalo de tiempo entre el inicio de las hostilidades
y un despliegue completo. De hecho la conferencia
realizada a finales de 1940 supuso una subestimación
de la capacidad alemana. Zhukov alegó que las
victorias alemanas se debían a la falta de
preparación de sus adversarios a la hora de
emprender operaciones militares modernas. Klenov añadiría
que ello no podría suceder en un estado
digno como la URSS, capaz de negar la sorpresa
a Alemania gracias a la inteligencia y sus mayores
recursos. Nadie cuestionó que el RKKA sería
capaz de robar la iniciativa a los alemanes, pues
se consideraba decisivo el período inicial
en el cual esa superioridad soviética les resultaría
fatal, contando además con un preaviso sucifiente
por parte de la inteligencia. Meretskov se quejó
de que nadie consideraba que el RKKA tuviera que estar
a la defensiva y Sokolovsky de que resultaba imposible
basar la defensa sin gozar de flexibilidad para perder
territorio, lo cual negaba al RKKA su cometido principal
de perpretar el mayor número de bajas posibles
al enemigo antes de contraatacar, pero sin atreverse
a abordar el tema de que el modelo de defensa estratégica
resultaba el más acertado. Romanenko criticaría
con timidez a Zhukov al argumentar que las victorias
alemanas se debían al uso de ejércitos
móviles compuestos de cuerpos mecanizados y
aerotransportados apoyados por artillería y
aviación, pero, llegado el momento de debatir
los recursos asignados a las fuerzas mecanizadas,
Stalin intercedió por Kulik, por lo que los
nuevos cuerpos mecanizados serían las formaciones
móviles de mayor tamaño en el RKKA y
ni tan siquiera recibieron prioridad para completar
su formación. Las conclusiones, presentadas
por Timoshenko, achacaban las victorias alemanas a
la ineficacia de polacos y franceses en lugar de alentar
una revisión doctrinal.
Meretskov.
Fuente
Imagen: http://www.northstarcompass.org/nsc0705/stalinradio.htm
La
aviación se consideraba fundamental para el
éxito en el período inicial de
la guerra, pero vista como una condición previa
y no un sustituto de las fuerzas terrestres. Se tendía
a ver la guerra aérea como de desgaste y ni
Ionov ni Richagov valoraron el impacto de la sorpresa
lograda por la Luftwaffe, aunque sí
criticaron la dispersión de los activos aéreos.
Ya en 1941, Starunin advirtió sobre el uso
de la sorpresa y la concentración de activos
aéreos en el eje principal del ataque, combinándose
con una ofensiva aérea independiente para garantizar
el dominio de los cielos, pero, una vez más,
los análisis que iban bien encaminados caerían
en saco roto.
El bombardero soviético Pe-2.
Fuente
Imagen: http://ww2-aircraft.com/images/photo-2/Pe2-010.jpg
Los
simulacros bélicos llevados a cabo tras la
conferencia reflejaron sus conclusiones al no contemplar
la capacidad para la sorpresa, masa y fuerza que los
alemanes habían demostrado en sus campañas,
así como la lentitud e ineficacia general del
RKKA demostrada en las propias. Que Zhukov derrotara
a Pavlov con el bando adversario, sin duda, fue lo
menos significativo. Pero sí hubo un efecto
importante derivado de la simulación. Stalin
reemplazó a Meretskov por Zhukov, acompañando
este cambio una nueva reorganización de mandos
en el RKKA para tratar de colocar a los oficiales
con experiencia en Siberia. Tras el efecto de la purga,
esto suponía otro recordatorio de lo poco que
podía permanecer un comandante en su puesto.
El carro soviético BT-5.
Fuente
Imagen: http://wio.ru/tank/tankgal.htm
En
1938 el plan de guerra soviético de Shaposhnikov
esperaba un ataque combinado de Alemania y Polonia
sobre el eje Minsk-Smolensk-Moscú. Esta era
la tesis defendida por Tukhachevsky y Uborevich, si
bien incluía una variante considerada como
poco probable en que el ataque se enfocaría
hacia Kiev. En 1939 el plan se mantenía, pero
se añadía la cláusula de que
las defensas de la frontera debían impedir
que se combatiese en suelo soviético, para
lo cual se confiaba en 5 ejércitos de incursión.
El borrador del plan para 1940, realizado por Vasilevsky
y aprobado por Shaposhnikov, esperaba dos ejes hacia
Misnk, uno desde Lituania y otro desde Baranovichi.
Timoshenko rechazó el plan al conocer las ideas
de Stalin, el cual pensaba que Hitler desearía
los recursos ucranianos y caucásicos para poder
mantener una guerra prolongada, teniendo en cuenta
además la facilidad para lanzar el ataque en
esa dirección utilizando los Balcanes, y que
el terreno llano de la región resultaba perfecto
para sus panzer. Así que el plan final
para ese año, de Meretskov, esperaba una coalición
de Alemania, Hungría, Rumanía y Japón
con eje principal hacia Kiev. Pese a que la frontera
se había alargado y que los nuevos territorios
occidentales apenas contaban con infraestructuras
adecuadas para la movilización, la única
reforma importante respecto a los anteriores era que
el período inicial de la guerra se reducía
de tres a dos semanas. El plan contemplaba una contraofensiva
hacia Lublin para pasar a atacar en dirección
Cracovia y Bratislava en tal de separar a Alemania
de los Balcanes. El objetivo final sería conquistar
Polonia y Prusia Oriental. Stalin no cedería
ante la presión de sus generales que deseaban
concentrarse al norte del Pripiat en lugar de al sur,
ni tan siquiera cuando los informes de la inteligencia
advertieron de la concentración enemiga frente
al Distrito Militar Occidental. Los generales,
entonces, se contentaron con la idea de lanzar un
contraataque de flanco desde el sur. En la primavera
de 1941, Zhukov dio una serie de orientaciones para
el despliegue, pero no una modificación del
plan, del que se esperaba que el RKKA alcanzaría
Polonia en cuatro semanas. Estas orientaciones dieron
lugar al Plan de Movilización de 1941,
el cual establecía un despliegue de 171 divisiones
en tres cinturones o escalones operacionales a lo
largo de la frontera. El primer escalón sería
una ligera fuerza de cobertura compuesta de 57 divisiones
de fusileros, a las cuales correspondía unos
70 kms de frente. En el segundo escalón dispondría
de 52 divisiones y el tercero de 62. Estos dos escalones
tendrían a la mayoría de los 20 cuerpos
mecanizados, pero el tercero quedaba excesivamente
lejos de la frontera, por lo que no podía prestar
apoyo inmediato a la batalla fronteriza. Cada distrito
militar, en caso de guerra, se organizaría
como un frente con su propio cuartel general.
Detrás estos frentes se organizaba otro
de reserva compuesto por cinco ejércitos
que se desplegarían a lo largo de la línea
Dnepr-Dvina.
Los despliegues enfrentados.
Fuente
Imagen: http://www.onwar.com/maps/wwii/eastfront1/oobbarbarossa.htm
En
todos estos planes resultaba vital la detección
del despliegue enemigo, lo que supondría una
movilización temprana. El éxito de las
contraofensivas dependía de esa presteza en
la movilización, pero sin olvidar el secretismo
para lograr la sorpresa requerida. Pero la política
de apaciguamiento de Stalin hacía inviable
el proyecto, pese a lo cual no hubo una revisión
profunda del plan para reconvertir la peligrosa defensa
avanzada en otra estratégica. Ni
tan siquiera se adoptó un modelo de defensa
móvil defendido por Rokossovsky, apoyado
en la masa de blindados soviéticos, pero que
no tenía en cuenta las dificultades de mando
y control inherentes al RKKA. En cambio, los esfuerzos
se derivaron hacia la presión en el dictador
para que permitiera una mayor movilización,
logrando Zhukov y Timoshenko el permiso para la incorporación
a filas de 500.000 reservistas en marzo, más
otros 300.000 poco después. Nuevas presiones
en mayo supusieron la transferencia de cuatro ejércitos
y un cuerpo de fusileros desde el Cáucaso,
el Volga y Ural, para que formasen el frente de
reserva, pero bajo promesa de guardar el mayor
secreto para no alertar a los alemanes, lo que provocó
que sólo 9 de las 77 divisiones llegaran a
destino en el momento del ataque. El secretismo adoptado
provocó también la imposibilidad de
reforzar al máximo nivel los diferentes distritos
militares. Cuando Kirponos quiso alertar a sus tropas
y moverlas hacia la frontera, fue detectado y paralizado
por el NKVD. Igualmente Timoshenko no obutvo permiso
para desplegar las fuerzas como medida preventiva
a mediados de junio. Para anular la amenaza de cerco
de las fuerzas de cobertura del Distrito Militar
de Kiev se decidió crear un nuevo frente,
el Sur, nada más comenzase la movilización.
Pero esta decisión se tomó tan tarde
como el 21 de junio, por lo que los oficiales de mando,
procedentes de Moscú, ni tan siquiera habían
iniciado su viaje a la zona cuando estalló
la guerra, quedando esas fuerzas bajo el liderazgo
de los oficiales del Distrito Militar de Odessa.
Barbarroja.
Fuente
Imagen: http://www.onwar.com/maps/wwii/eastfront1/opbarbarossa.htm
En
el momento del ataque alemán, el RKKA fracasó
estrepitosamente por la conjunción de motivos
expuesta. La doctrina militar soviética no
correspondía ni a la situación política
dada de apaciguamiento de Stalin, ni a la de unas
fuerzas militares en proceso de rearme y modernización,
y cuyas deficiencias en métodos y medios de
mando y control estaban agudizadas por el efecto de
la purga. El modelo de defensa avanzada no
resultaba el más adecuado por mucha consonancia
que guardase con el dogma doctrinal ofensivo y con
el político de no ceder terreno considerado
hostil al régimen. Este modelo, además,
fue alentado por un Stalin convencido de que los alemanes
iniciarían las hostilidades mediante una provocación
en la frontera, cuya rápida eliminación
podría ahuyentar la guerra que temía.
Y sería precisamente ese temor el que implicaría
que el RKKA no fuera reforzado, ni tan siquiera advertido
a tiempo de la ofensiva alemana, lo cual resultaba
una condición previa crucial para el plan de
guerra adoptado. Si el primer escalón estratégico
debía contener el ataque en la frontera con
el apoyo de las fuerzas aéreas y los cuerpos
mecanizados, la concentración de activos aéreos
en aérodromos escasamente preparados, aunada
a la mencionada carencia del aviso necesario, supuso
la eliminación de estos en los primeros momentos;
y los cuerpos mecanizados, desplegados lejos y de
manera muy fragmentaria, con sus divisiones alejadas
las unas de las otras en distancias de hasta 100 kms,
y con una estructura de mando igual de dispersa según
objetivos precisos, apenas pudieron acometer las misiones
encomendadas. Las divisiones de fusileros no disponían
de los efectivos planeados para una guerra, siendo
más grandes que las alemanas en teoría
y más pequeñas en la realidad, y no
disponían ni del entrenamiento ni mucho menos
de la experiencia bélica de estas. Por otro
lado, los soviéticos habían abandonado
el uso de grupos de choque y contención para
la defensa, confiando esta a defensas tácticas
escalonadas en profundidad, pero estas defensas no
estaban completas y no existían siquiera trincheras
contínuas que facilitasen las maniobras laterales
y la ocultación de los propios movimientos
o una cobertura adecuada para llevarlos a cabo. La
infantería rusa, sin apoyo aéreo ni
mecanizado, sin las defensas adecuadas ni el nivel
de mando y entrenamiento de su adversario, no pudo
de ninguna manera hacer frente a la embestida alemana.
Con todo, y pese a la fatal desconexión entre
la doctrina militar y la política, el miedo
de Stalin a la guerra pese a la confianza de sus generales,
supuso que existieran fuerzas de reserva que quedaron
fuera del alacance de los cercos alemanes. Estas fuerzas,
aunadas a la completa movilización de la sociedad,
el apoyo extranjero y al valor de los ivanes,
permitieron sentar la base para que la esperada victoria
decisiva alemana se tornase primero en una pírrica
para, finalmente, se intercambiasen los papeles.
Fuentes:
Planeando
la guerra: el Ejército Rojo y la catástrofe
de 1941, Cynthia A. Roberts
Barbarroja, las fuerzas de cobertura soviéticas
y el período inicial de la guerra: historia militar
y batalla aéreo-terrestre, Jacob W. Kipp
Cuando chocan los titanes. Cómo detuvo el Ejército
Rojo a Hitler, David M. Glantz y Jonathan M. House
El programa de motorización-mecanización
del Ejército Rojo durante los años de
entreguerras, David M. Glantz
Estos
textos han sido traducidos al castellano por F. Medina
(http://es.groups.yahoo.com/group/frentedeleste/)