La
destitución del general Ferdinand Heim
Autor:
Paradise Lost
Hola
a todos.
Os dejo aquí un interesante documento que no
había leído hasta el momento. Se trata
de las razones por las que Hitler destituyó
a Ferdinand Heim al mando del XLVIII Cuerpo blindado.
El texto no tiene desperdicio:
El
Führer y comandante jefe de los Ejércitos.
5.12.42
En el curso de las operaciones contra Stalingrado,
se perfiló, desde el mes de octubre, una amenaza
latente sobre el dilatado flanco norte de nuestro
frente de ataque.
Durante la primera mitad de noviembre se desencadenó
un ataque sumamente peligroso contra el III Ejército
rumano. A fin de contrarrestarlo, la 22 División
blindada se desplazó, siguiendo mis órdenes,
hacia el ala derecha del III Ejército rumano
para constituir allí, con la agregación
de la 1.ª División rumana, el XLVIII Cuerpo
de Ejército blindado al mando del general de
brigada Heim.
En el caso de un ataque o irrupción por parte
del enemigo, ese Cuerpo de Ejército tendría
la misión de pasar al contraataque en el acto
y rechazar, bajo cualquier circunstancia, toda presión
enemiga sobre el ala derecha del III Ejército
rumano.
Por consiguiente, las fuerzas que se oponían
allí a un posible atacante eran de extraordinaria
magnitud.
Pero la formación y el despliegue de la 22
División blindada dieron ya motivos a las más
series objeciones.
De los cien tanques o más a su disposición,
un número ya considerable, destacó tan
solo poco más de treinta en el sector de despliegue
que se le había asignado.
Para comenzar, estimo que una de las faltas más
graves que pueda cometer un oficial es la de no aplicar
su máximo empuje y energía para hacer
atacar a sus unidades, sobre todo en una coyuntura
semejante, pero, además, y considerándolo
desde un punto de vista puramente material, debe obrar
con el mayor vigor para suprimir todas las anomalías
que puedan presentarse en el curso de la acción.
El jefe del Cuerpo blindado tenía el deber
de familiarizarse sin demora con todas las misiones
eventuales de su empleo.
Por ende, era su obligación concentrar en torno
suyo a las Divisiones blindadas que se le confiaron
y debatir hasta el límite con los mandos de
ambas unidades las cuestiones relacionadas con su
entrada en acción. La celeridad de la intervención
se hizo tanto más necesaria al ponerse de manifiesto
que el aliado rumano no satisfacía las condiciones
exigidas en tales casos a una formación alemana,
en primer lugar por su composición, mandos
y moral, y, en segundo lugar, porque carece del equipo
indispensable, particularmente por lo que se refiere
a los medios de lucha contra el tanque.
Cuando, el 19 de noviembre, los rusos lanzaron el
ataque ya previsto, el sector de frente aludido era
relativamente, en un principio, de muy poca profundidad.
La rápida ofensiva del Cuerpo de Ejército,
con su fuerza de más de ciento cincuenta tanques,
hubiera conducido al éxito bajo cualquier circunstancia.
Pero el hecho fue que el Cuerpo blindado no hizo acto
de presencia en las primeras veinticuatro horas de
acción. Y en el segundo periodo de veinticuatro
horas, el comandante de la unidad intentó establecer
contacto con la 1.ª División rumana blindada
y, por supuesto, le resultó imposible reunir
en el acto a ambas Divisiones para lanzarlas al contraataque.
En lugar de recurrir, por lo menos, a todos los medios
disponibles para abrirse camino a toda costa hasta
la División blindada rumana al objeto de formar
una unidad coherente con el Cuerpo y conducir el indispensable
contraataque, al mando de la 22 División blindada
se mostró titubeante e inseguro en todas sus
operaciones.
A resultas de este rotundo fracaso del XLVIII Cuerpo
del Ejército blindado, la situación
puede degenerar en el envolvimiento por ambos lados
del III Ejército rumano y acarrear con ello
una catástrofe, cuya monstruosa medida y ulteriores
derivaciones no se pueden apreciar todavía
con exactitud. Ante las posibles consecuencias de
esa catástrofe, que puede acarrear la pérdida
de numerosas unidades e insustituible material, así
como el cerco del VI Ejército, no cabe describir
esa conducta como un caso garrafal de negligencia,
sino más bien como el mayor delito que se pueda
achacar en el curso de esta guerra a un oficial alemán.
Asimismo, las cargas morales que recaen con tal motivo
en la conducción de la guerra alemana han de
considerarse como una circunstancia agravante sumamente
seria.
No estoy dispuesto a tolerar que en el nuevo Ejército
se produzcan situaciones como la que condujo en tiempos
pasados a la batalla del Marne de 1914, aquella oscura
fase que los analistas y escritores de la Historia
militar alemana aun no han conseguido esclarecer tras
un lapso de veinticinco años. Considerando
las terribles consecuencias ocasionadas por la prevaricación
de este general, decido,
1. Expulsarle automáticamente de la Wehrmacht.
2. Basarme en las diligencias conclusivas sobre la
trasgresión de ese ex oficial para adoptar
las posiciones que resultan necesarias en casos como
éste, según nos enseña la Historia
militar.
Adolf Hitler
Antes
de hallarse al mando del XLVIII Cuerpo de Ejército
blindado, el general Heim desempeñó
el cargo de jefe de Estado Mayor del VI Ejército,
siendo substituido por el general Schmidt, después
de que Timoshenko pusiera contra las cuerdas al VI
Ejército con el objetivo de tomar Jarkov. Paulus
conservó su puesto con el apoyo de Halder tras
las críticas de von Bock, no así Heim,
que fue relevado. Más tarde Heim pasaría
a ser el comandante del XLVIII Cuerpo de Ejército
blindado.
En realidad, el XLVIII Cuerpo blindado era la única
fuerza de que se disponía para reforzar el
flanco norte. Aunque su denominación correspondía
a la de un cuerpo blindado, sus efectivos eran más
bien escasos. La única formación más
o menos poderosa integrada dentro del cuerpo era la
22.ª Pz.D. Las restantes fuerzas que formaban
el cuerpo eran la 1.ª División blindada
rumana (que se unió a la 22.ª Pz. D. más
tarde), la 14.ª Pz.D. y un batallón antitanque
y un batallón motorizado de artillería,
cifras poco alentadoras pues en total sumaban menos
de cien tanques útiles. La 14.ª Pz.D.
había sido prácticamente destruida en
la batalla de por Stalingrado, la 1.ª División
blindada rumana solo disponía de tanques ligeros
koda (según Schröter disponía
de cuarenta tanques franceses y checos capturados
al enemigo) no habiendo aun entrado en combate su
personal que se hallaba en período de formación,
y la 22.ª Pz.D. fue la famosa División
blindada que sufrió el ataque de ciertos roedores
que royeron el aislante de los cables de los blindados
(disponía de treinta carros de asalto liheros
y trece de tipo medio).
Según Heinz Schröter en su libro Stalingrado,
hasta la última bala, Hitler autorizó
el 16 de noviembre el desplazamiento del XLVIII Cuerpo
de Ejército al Norte de Stalingrado, en la
retaguardia del Ejército rumano. Cuando la
voz de alarma llegó a la 22.ª Pz. D.,
esta estaba a punto de partir. El 18 de noviembre
se alcanzaron las posiciones previstas, poco antes
del inicio de la Operación Urano. El 19 de
noviembre, a las nueve de la mañana, después
de la acometida soviética, no se habían
fijado los centros de gravedad de la ofensiva y el
general Heim pidió autorización al Grupo
de Ejércitos B para dirigirse a Klestskaia,
ya que existía el peligro de envolvimiento
del VI Ejército por la retaguardia.
El general von Sodenstern, jefe de Estado Mayor del
Grupo de Ejércitos B, dio visto bueno a las
sugerencias de Heim, y se inició la marcha
hacia el Nordeste, alas nueve y media. A las once
menos cuarto llegó la contraorden del Alto
Mando y se ordenó al Cuerpo blindado dirigirse
al Noroeste, es decir, debía hacer una variación
de 90º y cambiar de rumbo a través de
la nieve y la niebla, lo que hizo que el grupo del
general Heim se topase con fuerzas enemigas. El Grupo
de Ejércitos ordenó "que se
combatiera sin tregua hasta contener el asalto enemigo,
y se iniciara seguidamente el repliegue al sector
K, al este de Petrovka, en vista de la crítica
evolución en todo el frente del Ejército".
A altas horas de la noche llegó una contraorden
desde el Alto Mando:
XLVIII Cuerpo de Ejército blindado: acometa
en el acto al enemigo hacia el Norte prescindiendo
de las medidas de seguridad en flancos y retaguardia.
El Cuerpo de Ejército se dirigió hacia
Serafimovitch, desviándose de nuevo de su camino,
sin cadenas antideslizantes y solamente con cincuenta
carros de asalto. Poco después llegó
una segunda orden de Hitler:
XLVIII Cuerpo de Ejército blindad: No ataque
hacia el Norte, sino hacia el Nordeste, y suelte el
lastre de los rumanos.
Ferdinand Heim.
Ese
día el Cuerpo quedó cercado. Cuando
la situación era insostenible el Grupo de Ejércitos
B emitió una nueva orden instando a Heim a
desplazarse al Sudoeste y se consiguió escapar
del cerco. Reducida a poco más que al equivalente
de una compañía de tanques, más
tarde se abrió camino retirándose acosada
por el 8º cuerpo de caballería soviético,
mnarchando en paralelo con las tropas soviéticas
hasta que once horas después el XLVIII Cuerpo
de Ejército escapó finalmente del aniquilamiento.
La
reacción de Hitler al fracasado contraataque
del XLVIII cuerpo blindado no se hizo esperar. Después
de que su torpe interferencia no logró detener
el derrumbe rumano, necesitaba una cabeza de turco,
y ordenó el arresto del general Heim.
El deseo de Hitler de vengarse del general Heim, comandante
del XLVIII cuerpo blindado, se mantuvo sin piedad.
"El Führer ordenó que el general
Heim fuera relevado del mando inmediatamente. El Führer
en persona decidirá todas las nuevas medidas
de disciplina militar en este asunto", anotó
el general Schmundt en su diario.
El comandante del Grupo de Ejércitos B, el
capitán general von Weichs no sabía
nada del asunto, al igual que el general Zeitzler.
Sospechaban que Hitler tramaba algo contra Heim pero
desconocían que se proponía hacer con
él.
Finalmente fue el mariscal Keitel quien notificó
al comandante del Cuerpo de Ejército su expulsión
de la Wehrmacht y su degradación, tras lo que
se le envió al castillo militar de Moabit.
Heim estuvo incomunicado hasta abril de 1943, cuando
se le trasladó al hospital de Zehlendorf. Tres
meses después se le comunicó que su
expulsión se había convertido en licenciamiento
temporal.
En agosto de 1944, el general retirado ocupó
el puesto de gobernador miliar en la plaza de Boulogne-sur-Mer,
una posición que ya estaba perdida. El 23 de
septiembre rindió la ciudad y fue hecho prisionero
de guerra por los canadienses.
El 12 de mayo de 1948 fue liberado y regresó
a Alemania, muriendo en Ulm en 1977.
Visto
lo sucedido y las medidas que adoptó Hitler
contra el general Heim, creo que la medida fue totalmente
exagerada. Quizás en ello influyó el
hecho de que Hitler desconocía cuales eran
las fuerzas de las que disponía el XLVIII Cuerpo
de Ejército blindado, tal como afirmó
el ayudante del Führer en la Luftwaffe,
Nicolaus von Below: "Hitler estaba mal informado
de la calidad de este grupo blindado", pero
tal como afirma Beevor "él era quién
había creado la atmósfera en donde el
estado mayor de su cuartel general evitaba las verdades
incómodas". Este hecho queda ratificado
al afirmar Hitler en su decreto que "con su fuerza
de más de ciento cincuenta tanques, hubiera
conducido al éxito bajo cualquier circunstancia"
cuando realmente esos números no se correspondían
con la realidad.
Y por último, llama poderosamente la atención
la afirmación "La celeridad de la intervención
se hizo tanto más necesaria al ponerse de manifiesto
que el aliado rumano no satisfacía las condiciones
exigidas en tales casos a una formación alemana,
en primer lugar por su composición, mandos
y moral, y, en segundo lugar, porque carece del equipo
indispensable, particularmente por lo que se refiere
a los medios de lucha contra el tanque",
cuando de sobras es por todos conocido quien colocó
a las unidades rumanas en los flancos y quien hizo
caso omiso de las advertencias de las concentraciones
de tropas soviéticas en los flancos del VI
Ejército. Tratar de cargar sobre Heim el problema
de la falta de material anticarro es una muestra de
las maniobras de las que Hitler hacía gala.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Ferdinand_Heim
Stalingrado, hasta la última bala, de Heinz Schröter
Stalingrado, de Antony Beevor