Apuntes
sobre la fiscalidad en la Alemania Nazi
Autor:
Franz Berg
Es
muy difícil encontrar un solo aspecto del estudio
del Nazismo y por extensión de la Segunda Guerra
Mundial que no sea digno de estudio y apasionante
en todas sus lecturas.
Si
bien la economía nazi ha sido objeto de innumerables
obras de divulgación, el sistema fiscal nazi
que sirvió de base al económico ha sido
históricamente el hermano feo de la vertiente
económica nazi, por ser como cualquier conjunto
de normas fiscales una materia de estudio normalmente
difícil, ardua, extensa y árida.
Sin embargo, ya que el espíritu de este foro
al que todos contribuimos es el estudio integral del
conflicto bélico, y dentro de él, la
idiosincrasia de cada uno de los países beligerantes,
estos apuntes sobre la fiscalidad nazi no vienen más
que a completar un capítulo quizás olvidado.
Comenzaremos
definiendo sistema fiscal como aquel conjunto
de normas tributarias, es decir, de tributos, de impuestos,
que vienen a regular el modo en el que una economía
recauda dichos impuestos de los contribuyentes, conformando
una de las principales fuente de ingresos de un país,
región o sistema económico
Aunque
no vamos a entrar a explorar la economía nazi,
eso lo dejamos para otro artículo o series
de artículos, es importante reseñar
los cambios más importantes que el régimen
nazi introdujo en el sistema capitalista existente
en Alemania, tal y como los formuló el sociólogo
austriaco Richard Grunberger:
1.
Un importante incremento de los dividendos (beneficios
de las mercantiles, de las empresas) no repartidos
entre los accionistas o partícipes.
2. La posición de privilegio del empresariado
sobre los accionistas.
3. La pérdida de influencia por parte de los
bancos y del capital comercial.
4. La entrada de los monopolios industriales en los
canales de distribución.
5. La pérdida de la hegemonía industrial
de las industrias pesadas a favor de la emergente
industria química y ciertas empresas metalúrgicas.
En
términos generales, la economía se tornaría
autárquica, es decir, autosuficiente y reacia
a cualquier intervencionismo extranjero. Asimismo,
el rearme se convirtió en el principal motor
económico de la Alemania de antes y durante
el conflicto, alimentando dicho gigantesco motor de
diversas formas, con la fiscalidad entre ellas.
El
impuesto más jugoso para las arcas nazis no
fue curiosamente legislado por los propios nazis,
sino por el que fuera canciller Heinrich Brüning
para evitar la salida de capitales de la Alemania
en crisis de 1931. Se trataba del impuesto que gravaba
la salida de capitales del país. Diseñado
originalmente para evitar que las grandes fortunas
buscaran mercados más atractivos fuera de la
Alemania en crisis después de la Gran Guerra,
dicho impuesto se convertiría en la mejor arma
económica para que los judíos que abandonaban
Alemania lo hicieran con los bolsillos vacíos
habiendo dejado sus capitales en las arcas del Reich.
El impuesto funcionaba de la siguiente manera: el
judío que deseaba abandonar Alemania debía
entregar a las arcas de Hitler un 25% de su capital
para luego liquidar el resto del mismo de dos maneras
obligatoriamente predeterminadas: o compraba bienes
alemanes para su uso en el extranjero pagando el 100%
de los beneficios obtenidos por la venta de su capital
original o bien aceptar los denominados marcos
bloqueados. Esta singular divisa no podía
salir del país en una cantidad superior a los
24USD de la época, y la única manera
de canjearlos por marcos libres era a
través del Banco del gobierno que imponía
una retención del 92% sobre los marcos cambiados.
Según las cifras que aporta un articulo de
la revista Time de la época, el gobierno nazi
llegó a recaudar 500.000.000 de dólares
americanos de la época a través de este
gravamen.
Por
otra parte, el proceso de arianización
en términos económicos conllevó
que las industrias cuyos propietarios eran judíos
pasaran a manos arias, fundamentalmente a un grupo
de grandes industriales como Mannesmann, Flick, Otto
Wolff o Hermann Göering.
Los beneficios industriales provenientes de la arianización
fueron tan enormes, que se promulgó un decreto
especial que gravaba los beneficios provenientes de
las empresas que habían cambiado de manos de
la noche a la mañana. Incluso así, el
Ministerio de Economía tuvo que instituir una
medida consistente en gravar retroactivamente aquellos
casos donde los beneficios habían sido más
exorbitados. La retroactividad también afectó
a la inspección fiscal, uno de los sistemas
más ingeniosos de recaudación del régimen
nazi fue la posibilidad de que la administración
fiscal pudiera revisar las cancelaciones de valores
debido a la devaluación, que en su día
se habían usado para camuflar beneficios, con
una retroactividad de hasta 10 años, de manera
que el régimen nazi se benefició ostensiblemente
del fraude fiscal de la Republica de Weimar subvencionando
al mismo tiempo el rearme que a la Alemania nazi le
permitiría iniciar el conflicto objeto de nuestro
estudio.
El aumento de la labor inspectora llevó a la
adopción de dos medidas; la primera, el aumento
de la recaudación por fraude y por deudas con
la administración fiscal y la segunda, presionar
a aquellos empresarios que ostentaban deuda con la
administración con la negativa a la concesión
de nuevas licencias de apertura para nuevos centros
de trabajo o para nuevas actividades hasta que la
deuda con la administración fiscal no se hubiera
saldado.
PEn
1935 se establece la obligación, independientemente
del perfil fiscal o de empresa, afectando tanto a
personas físicas como a personas jurídicas,
de confeccionar y mantener actualizados libros contables.
Dichos libros debían recoger en sus cuentas
contables la distinción entre bienes entrantes
y salientes creándose dos tipos de libros separados,
los denominados libro de existencias y
libro de clientes. El establecimiento
de esta obligación permitió a las autoridades
fiscales nazis llevar a cabo una implacable labor
inspectora junto con conocer la viabilidad económica
real de las empresas.
Aún
a pesar de las medidas de presión fiscal para
evitar el fraude, éste era más que evidente
en casos muy frecuentes sobre todo en empresas que
contrataban con el estado, como en aquellos casos
donde empresas que suministraban uniformes a la Wehrmacht
falsificaban sus cuotas de producción aumentándolas
para conseguir cubrir pérdidas
La
Segunda Guerra Mundial se convertiría en el
mejor aliado fiscal de las empresas en Alemania: en
1937 los impuestos constituían una carga neta
de entre el 60% y 70% de los beneficios netos de los
ingresos de la industria. La participación
de la inversión publica en el PIB alemán
se cuadruplicó en 5 años, gracias sobre
todo al rearme. Los gastos militares del estado se
incrementaron en un 2000%. En 1938 el gasto público
ascendía a un 35% del PIB alemán, frente
al 23% del Reino Unido o al 10% de los Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de la pesada carga impositiva
que soportaban los beneficios de las empresas, estos
se cuadruplicaron durante los cuatro primeros años
del régimen nazi, y durante los tres primeros
años de la Segunda Guerra Mundial la industria
creció tanto como lo había hecho durante
los 50 años anteriores, a lo que contribuyó
sin duda la mano de obra gratuita y las materias primas
procedentes de los país invadidos, donde los
empresarios alemanes soñaban con aperturar
delegaciones de sus propias empresas en condiciones
más que beneficiosas, y a ser posible trabajar
para el estado. Spielberg ya lo ejemplificó
en La lista de Schindler, la perfecta
combinación de contactos a nivel político,
contratos con el estado, mano de obra gratuita y materias
primas a precio de coste.
El régimen fiscal de las empresas que contrataban
con el estado se vio marcado durante el nazismo por
la transición del método del coste adicionado,
donde se adicionaba un 3% o un 6% de beneficio al
coste de producción declarado y ello constituía
el ingreso del contratista al método del precio
fijado con anterioridad, es decir, el mismo sistema
que utilizan las empresas actualmente en todo el mundo
para contratar con los estados; una empresa presupuesta
un trabajo determinado y si el presupuesto es aceptado
por el estado en cuestión la empresa realiza
dicho trabajo asumiendo ésta el riesgo de un
sobrecoste por circunstancias sobrevenidas. Para impulsar
esta transición las empresas contratistas con
el régimen nazi que durante el conflicto bélico
se acogían a este nuevo sistema disfrutaban
de una exención fiscal total en el equivalente
alemán del Impuesto de Sociedades. El sueño
fiscal de cualquier empresario, trabajar para el estado
y encima no pagarle impuestos.
Este
tratamiento de favor a nivel fiscal a las grandes
empresas que producían para la Alemania nazi
no viene sino a corroborar la total simbiosis entre
empresa privada y estado que llega a asemejarse a
algunos rasgos técnicos que por aquel entonces
caracterizaba a la economía soviética,
lo cual nos deja una paradoja más de entre
miles que nos dejaron las dictaduras de Hitler y Stalin,
tan alejadas ideológicamente como cercanas
en términos prácticos.
Fuentes:
http://www.portalplanetasedna.com.ar/nazismo.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Economy_of_Nazi_Germany
http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,788791,00.html
http://chronicle.com/article/A-Composers-Ties-to-Nazi/49256/
A
Social History of the Third Reich de Richard Grunberger.
Orion Books Ltd, Londres, 2005.