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Si
hubo una batalla en toda la Segunda Guerra Mundial que hizo revivir
los horrores del Frente Occidental en la Gran Guerra fue Montecassino.
Durante
cuatro meses casi 200.000 combatientes entre alemanes, británicos,
norteamericanos, indios, polacos, neozelandeses y franceses (principalmente)
pelearon encarnizadamente entre los valles y montañas de
los cursos de los ríos Liri, Rápido y Garigliano.
Aquella no fue una batalla como la mayoría de las libradas
en el conflicto, más bien parecía que las trincheras,
alambradas, barro y muerte de Flandes en 1917 se hubieran trasladado
a los anteriormente bucólicos campos de Italia. Para muchos
oficiales, veteranos de la Primera Guerra Mundial, volvían
a pasar ante sus ojos las imágenes de Ypres y Verdún,
y se volvían a cometer los mismos errores contra el viejo
enemigo alemán, que se empeñaba en demostrar que luchar
a la defensiva era algo que también sabía hacer muy
bien.
Aunque
finalmente el resultado de la batalla cayera del lado aliado, el
precio fue excesivamente alto. Casi la mitad de las tropas aliadas,
54.000 hombres, resultaron muertos o heridos, y una cuarta parte
de los defensores alemanes, 20.000, pagaron el precio de su obstinada
defensa.
Después
de buscar en varias fuentes por la red me he decidido a transcribir
el excelente artículo sobre Montecassino que aparece en las
páginas en inglés de Wikipedia. Su extensión
y amplia bibliografía me hacen confiar en él como
una muy válida referencia sobre el tema. Si alguien se anima
a leer sobre Montecassino le recomiendo un libro aparecido recientemente.
Se titula La Batalla de Montecassino, su autor es Matthew
Parker y está editado por Inédita ediciones (ISBN
8496364348). Además del relato del enfrentamiento como tal
está plagado de interesantísimas historias humanas
basadas en los recuerdos de los soldados de ambos bandos que participaron
en la batalla.
Y
las cosas, más o menos, sucedieron así
La
Situación Estratégica
Los
desembarcos aliados de Septiembre de 1943 en Italia fueron seguidos
por un avance hacia el norte en dos frentes, uno por cada lado (occidental
y oriental) de la cadena montañosa que forma la espina dorsal
de la Península Italiana. En el frente occidental, el 5º
Ejército USA, comandado por el general Mark Clark, avanzando
desde la base principal de Nápoles, realizaba lentos progresos
debido a las dificultades del terreno, un tiempo endiablado y las
firmes defensas alemanas. Los alemanes combatían desde una
serie de posiciones preparadas al efecto para ser capaces de infligir
el mayor daño posible a los atacantes y forzar su retirada,
para de este modo ganar tiempo en la preparación de la llamada
Línea de Invierno al sur de Roma. Las estimaciones aliadas
sobre una caída de Roma para Octubre de 1943 se tornaron
excesivamente optimistas.

Líneas de defensa alemanas en Italia en Enero de 1944.
Aunque
el frente oriental de la Línea de Invierno había sido
penetrado por el 8º Ejército Británico, y se
había capturado Ortona, sobre el Adriático, la progresión
se había detenido ante el empeoramiento del tiempo, la dificultad
de los movimientos y la práctica ausencia de apoyo aéreo.
El camino a Roma desde el este, usando la Ruta 5, fue excluido como
una opción viable, y se optó por las autovías
6 y 7, de Nápoles a Roma, como la alternativa válida.
La Autovía 7 (la antigua Via Apia romana) discurría
a lo largo de la costa occidental, pero al sur de Roma pasaba por
las Marismas Pontinas, que habían sido inundadas por el ejército
alemán. La Autovía 6 pasaba por el valle del río
Liri. Dominando la entrada sur al valle se encontraba una extensa
colina, justo a la espalda de la localidad de Cassino. Ésta,
junto con el resto de alturas que dominaban el valle, era un excelente
puesto de observación para la artillería alemana,
capaz desde ellas de dirigir un fuego preciso sobre cualquier movimiento
aliado en los alrededores. Corriendo a lo largo de la línea
aliada se encontraba el río Rápido, de caudal abundante
tras las copiosas lluvias del otoño, cuyo cauce pasaba por
Cassino hasta la entrada al valle del Liri, donde ambas corrientes
se unían para formar el río Garigliano que desde allí
continuaba hasta el mar. Las importantes fortificaciones enemigas,
los ríos (que en el caso del Rápido había sido
desviado de su curso para inundar la parte inferior del valle junto
a Cassino) y la propia ciudad de Cassino formaban una extensión
de la Línea Gustav, la más formidable defensa de las
que componían la Línea de Invierno.

Paracaidistas alemanes en la Plaza del Vaticano.
Debido
a la importancia histórica del monasterio benedictino que
se alzaba en la cima de la montaña que dominaba Cassino,
el Monasterio de Montecassino, el comandante en jefe de las fuerzas
alemanas en Italia, el mariscal Albert Kesserling, ordenó
a las unidades de su ejército que no incluyeran la abadía
en el conjunto de puestos defensivos, y así informó
del hecho a los comandantes aliados. Sin embargo aún hoy
existe una amplia controversia sobre si las órdenes de Kesserling
fueron seguidas al pie de la letra.
Algunos
vuelos de reconocimiento aliados informaron de la existencia de
tropas alemanas en el interior del monasterio, lo cual no tendría
nada de extraño ya que era un lugar natural para cualquier
observador de artillería. Lo que está claro es que
una vez que la abadía fue destruida, los alemanes hicieron
uso de sus restos como posición defensiva. En cualquier caso
los argumentos militares para justificar la destrucción del
monasterio estaban basados en su potencial peligro (real o imaginado)
más que en el estado real de ocupación por el enemigo.

Fotografía aérea de Roma proporcionada por los
aliados a las tripulaciones de los bombarderos con el fin de identificar
los distintos objetivos. En el marcado con el nº3 aparece la
leyenda "Ciudad del Vaticano (NO BOMBARDEAR)".
La Primera Batalla.
El
plan del general Clark para el 10º Cuerpo de Ejército
Británico, en el flanco izquierdo de un frente de 20 millas,
era atacar el día 17 de Enero de 1944 desde el Garigliano
en la cercanía de la costa con las Divisiones 5ª y 56ª
de Infantería. Después, entre el 19 y el 20 de Enero,
la 46ª División de Infantería cruzaría
el Garigliano más abajo de su intersección con el
Liri para apoyar el ataque del 2º Cuerpo de Ejército
USA, que comenzaría el día 20 con la 36ª Div.
de Infantería (División Texas) cruzando el Rápido
cinco millas corriente abajo de Cassino. Simultáneamente
el Cuerpo Expedicionario Francés, dirigido por el general
Alphonse Juin, continuaría con un movimiento envolvente desde
la derecha hacia Monte Cairo, el punto de unión de las líneas
Gustav y Adolf Hitler.

Alexander, General en Jefe de las Fuerzas Aliadas en Italia.
Realmente
Clark no confiaba mucho en el éxito de una operación
de ruptura tan rápida como aquella, pero creía que
los combates harían a los alemanes desplazar sus reservas
de la zona de Roma justo a tiempo para el ataque sobre Anzio, donde
el 6º Cuerpo de Ejército USA, compuesto por las divisiones
1ª de Infantería británica y 3ª de Infantería
USA, realizarían un asalto anfibio el 22 de Enero. Se esperaba
que el desembarco en Anzio, con el beneficio de la sorpresa y un
rápido avance posterior hacia el interior, amenazaría
seriamente la retaguardia de la Línea Gustav y las líneas
de suministro alemanas, forzando así al enemigo a retirarse
para reorganizarse al norte de Roma. Aunque el argumento coincidía
con la estrategia alemana de los últimos tres meses, la Inteligencia
Aliada no había entendido que dicha estrategia era la vía
para reforzar la Línea Gustav y convertirla en una defensa
inexpugnable, fin último de las intenciones alemanas.

Leese, comandante del 8º Ejército Británico.
El
5º Ejército había alcanzado la Línea Gustav
el 15 de Enero, después de seis semanas de intensos y duros
combates en las últimas siete millas a lo largo de la Línea
Bernhardt, que les habían costado 16.000 bajas. Apenas había
habido tiempo para reforzarse y reorganizarse, pero el Alto Mando
Aliado tenía que aprovechar la oportunidad de desembarcar
en Anzio a finales de Enero para coordinar su ataque con el avance
sobre la Línea Gustav.

Clark, comandante del 5º Ejército USA.
El
primer asalto tuvo lugar el 17 de Enero. El 10º Cuerpo de Ejército
Británico forzo un cruce sobre el Garigliano, apoyado dos
días después por la 46ª Div. de Infantería
Británica, y haciendo sospechar al general von Senger, comandante
del 14º Panzer Corp y responsable de las defensas de la Línea
Gustav en su mitad suroeste, que la 94ª División de
Infantería no estaba preparada para resistir el ataque británico.
En respuesta a las preocupaciones de Senger, Kesserling ordenó
a las divisiones 29ª y 90ª de Panzergrenadier que se desplazaran
desde el área de Roma en apoyo de la defensa germana. Mucho
se ha especulado sobre que habría pasado si el 10º C.E.
Británico hubiera dispuesto de reservas suficientes para
explotar su éxito inicial. Aunque no existían dichas
reservas bien se podría haber echado mano de algunas unidades
del 2º C.E. USA para forzar el avance en el sur antes de que
los defensores alemanes pudieran organizarse y frenar el ataque.
Pero no fue así, y el Cuartel General del 5º Ejército
no fue capaz de valorar la fragilidad de la situación del
enemigo. Las dos divisiones alemanas de granaderos acorazados llegaron
desde Roma el 21 de Enero, y restablecieron la posición defensiva
germana en el sur. Al menos el plan sí había funcionado
en un aspecto, Kesserling había desviado sus reservas de
los alrededores de Roma. Pero las bajas del 10º Cuerpo de Ejército
fueron elevadas, 4.000 hombres entre muertos y heridos.

La Primera Batalla de Cassino.
El
ataque de la División Texas comenzó tres horas después
de la puesta del sol el día 20 de Enero. El asalto no había
sido adecuadamente preparado, y el avance hasta el río Rápido
se convirtió en un grave problema, un camino plagado de minas
y trampas que causó más bajas de las estimadas en
un principio. Y aún había que cruzar el río.
Aunque un batallón del 143º Regimiento consiguió
cruzar el Rápido hacia el sur de San Angelo, y dos compañías
del 141º Regimiento habían hecho lo mismo en el norte,
pronto se vieron aisladas y sin apoyo blindado, convirtiéndose
en presas fáciles para el contraataque de los blindados y
cañones autopropulsados de la 15ª Div. Panzergrenadier
del general Rodt. La cabeza de puente del sur tuvo que retirarse
a media mañana del día 21 de Enero tras sufrir cuantiosas
pérdidas. El general Keys, comandante del 2º Cuerpo
de Ejército, presionó al general Fred Walker, responsable
de la División Texas, para que volviera a atacar inmediatamente.
Una vez más dos regimientos atacaron, y una vez más
se repitió la historia. El Regimiento 143º volvió
a cruzar con dos batallones, pero su posición en la orilla
enemiga fue aniquilada al romper el día. El Rgto. 141º
también intentó cruzar con una fuerza similar, dos
batallones, y logró avanzar media milla sobre la orilla controlada
por los alemanes, pero al amanecer se vio aislada y sin posibilidad
de apoyo bajo constante fuego enemigo. Por la tarde del día
22 el regimiento había dejado virtualmente de existir, sólo
40 hombres consiguieron volver a las líneas aliadas. La 36º
División Texas había perdido 2.100 hombres, muertos,
heridos y desaparecidos, en 48 horas.

El general Juin, comandante de las fuerzas francesas.
El
siguiente ataque se lanzó el 24 de Enero de 1944. El 2º
Cuerpo de Ejército USA, con la 34ª Div. de Infantería
del general Charles Ryder lideraría el ataque, siendo apoyada
en su flanco derecho por las tropas coloniales francesas, y cruzaría
el Rápido al norte de Cassino para dirigirse hacia las montañas
situadas más allá de la población con el objeto
de realizar posteriormente un giro a la izquierda y atacar Montecassino
desde las alturas. Aunque el avance consiguió progresar sobre
el cauce del Rápido, las zonas inundadas lo ralentizaron,
haciendo particularmente difícil el movimiento de las unidades
acorazadas. Esta limitación del avance costó a la
34ª División ocho días de lucha antes de poder
hacer retroceder a la 44ª Div. de Infantería alemana
del general Franck, y así asegurar el paso a las montañas.
[
Soldado colonial francés.
En
el flanco derecho las tropas coloniales francesas lograron alcanzar
sus posiciones en las faldas del Monte Cifalco, tras duros combates
contra la 5ª División de Montaña alemana. Las
tropas de vanguardia de la 3ª División Argelina continuaron
progresando y capturaron Monte Belvedere y Colle Abate. El general
Juin estaba convencido de que Cassino podía ser flanqueado,
y las defensas alemanas sobrepasadas a retaguardia, pero su petición
de refuerzos de la reserva fue rechazada, y la única unidad
disponible para tal fin, un regimiento de la 36ª División
de Infantería, fue enviada a reforzar a la 34ª Div.
Para el 31 de Enero los franceses habían detenido su avance
sobre Monte Cifalco, desde cuya cima, aún en manos alemanas,
había visión directa de los flancos americanos y franceses
y sus líneas de suministro. Las dos divisiones francesas
habían tenido 2.500 bajas en los combates por Monte Belvedere.

El mariscal Kesselring, Comandante en Jefe de las Fuerzas Alemanas
en Italia.
Ahora
era tarea de la 34ª División USA, apoyada por el 142º
Rgto. de la 36ª Div., abrirse camino hacia el sur a lo largo
de las cimas de las montañas que llevaban hasta la colina
del monasterio. Si lo conseguía podría seguir avanzando
sobre el valle del Liri hasta justo detrás de las defensas
de la Línea Gustav. Pero se trataba de un trabajo ímprobo.
La comunicación entre las distintas cotas eran caminos de
montaña, plagados de barrancos, torrentes y un terreno pedregoso
que hacía imposible cavar una defensa, quedando los soldados
constantemente expuestos al fuego enemigo. Para añadir todavía
más peligros la ruta entera estaba plagada de minas, trampas
explosivas y alambre de espino oculto entre la vegetación.
Y el tiempo, helado y con frecuentes ventiscas, también ayudaba
a los alemanes.

Von Vietinghoff, comandante del 10º Ejército Alemán.
A
primeros de Febrero la infantería americana había
capturado un punto estratégico cerca de la aldea de San Onofrio,
a menos de una milla de la abadía, y el día 7 un batallón
alcanzó la Cota 445, una colina situada inmediatamente por
debajo del monasterio y a no más de 400 metros de distancia
de él. Una escuadra realizó un avance de reconocimiento
hacia los muros del monasterio, que pronto fue recibida por el fuego
de las patrullas de la infantería alemana situadas en los
alrededores. A la escuadra se sumaron más unidades que intentaron
presionar a los defensores, pero cualquier intento de avance fue
detenido por un masivo fuego procedente de los nidos de ametralladora
alemanes situados en las faldas de la colina de Montecassino. A
pesar de los duros combates la 34ª División no logró
tomar los últimos reductos alemanes en la Colina 593 (conocida
por los alemanes como Monte Calvario), defendidos por el 3er. Batallón
del 2º Regimiento de Paracaidistas alemán.

Von Senger, responsable de la defensa de la Línea Gustav
y, por supuesto, Montecassino.
El
11 de Febrero, después de un fracasado asalto contra la colina
del monasterio y la ciudad de Cassino, que se extendió durante
tres días, las tropas americanas se retiraron. El 2º
C.E., tras dos semanas y media de durísimos combates, estaba
agotado. El espíritu de combate y los resultados logrados
por la 34ª División de Infantería en su avance
sobre las montañas están considerados como unos de
los mejores conseguidos por cualquier unidad de infantería
durante toda la guerra. Pero también pagó un altísimo
precio. Las bajas totales fueron de 2.200 hombres, un 80% de la
unidad.
Los
aliados habían estado muy cerca de lograrlo. En el punto
álgido de la batalla, en los primeros días de Febrero,
el general von Senger había desplazado la 90ª División
desde el frente del Garigliano al norte de Cassino, y estaba tan
alamardo por el desgaste sufrido por sus hombres que
debo echar mano de toda mi autoridad para pedir que la batalla por
Cassino cese y se ocupe una nueva línea
una posición,
de hecho, al norte de la cabeza de playa de Anzio. Kesserling
rechazó la petición de von Senger y éste pudo
unir a sus fuerzas a la 71ª División de Infantería,
manteniendo en sus posiciones a la 16ª Div. de Granaderos Panzer,
que de otro modo habría debido ser retirada.

Propaganda alemana mostrando lo que "la soleada Italia"
hará con las fuerzas aliadas.
Durante
la batalla hubo momentos en los que un uso más activo e inteligente
de las reservas podría haber convertido las posiciones alcanzadas
en movimientos decisivos. Algunos historiadores han sugerido que
este fallo a la hora de capitalizar los éxitos iniciales
debía imputarse a la inexperiencia del general Clark. De
cualquier manera, Clark tenía un exceso de trabajo sobre
sus espaldas, al ser responsable de dos ofensivas simultáneas,
Cassino y Anzio. Es interesante apuntar que mientras el general
Alexander decidió tener ambos frentes bajo un único
mando, debido a perfectamente lógicos motivos de coordinación,
y dividir el frente de la Línea Gustav entre el 5º Ejército
USA y el 8º Ejército Británico, Kesserling prefirió
crear un único Ejército, el 4º bajo el mando
del general von Mackensen, para combatir la cabeza de playa de Anzio,
mientras dejaba la Línea Gustav en las manos del general
von Vietinghoff y su 10º Ejército.
Las
unidades americanas fueron sustituidas por el Cuerpo Neozelandés,
compuesto por la 2ª División Neozelandesa y la 4ª
División India, anteriormente adscrito al 8º Ejército
Británico en el frente del Adriático. El Cuerpo Neozelandés
era mandado por el general Bernard Freyberg. Una nueva batalla estaba
a punto de comenzar.
Con
el VI Cuerpo de Ejército USA en una posición difícil
en Anzio, Freyberg estaba obligado a lanzar un ataque en Cassino
que aliviara la presión. Una vez más la batalla comenzó
sin que las fuerzas atacantes hubieran tenido tiempo suficiente
para prepararse adecuadamente. Tampoco el Cuartel General apreció
la dificultad de desplazar a la 4ª División India a
través de las montañas y valles al norte de Cassino,
ni los inconvenientes de entregar los necesarios suministros por
la misma vía. La ruta eran más de 10 kilómetros
de camino de cabras en el que el único medio de transporte
era a lomos de mulas, y totalmente expuesto a fuego de artillería
y mortero. Su apodo entre los combatientes decía todo del
lugar, El Valle de la Muerte. En los documentos escritos tras la
guerra por el general Howard Kippenberger, comandante de la 2ª
Div. Neozelandesa, figura la anotación: El pobre
Dimoline (el brigadier Dimoline, comandante de la 4ª Div. India)
pasó por una situación terrible para llevar a su división
a las posiciones asignadas. Nunca me di cuenta de las dificultades
hasta que visité el terreno después de la guerra.
]
Bernard Freyberg, comandante del Cuerpo Neozelandés.
El
plan de Freyberg era una continuación de la Primera Batalla;
un ataque desde el norte a través de los pasos de montaña
y un ataque desde el sureste a lo largo de la vía de ferrocarril
para capturar la estación cruzando el Rápido, menos
de una milla al sur de la ciudad de Cassino. Si el plan funcionaba
se podría aislar Cassino y rodearla por el valle del Liri,
pero Freyberg informó a sus superiores que en su opinión,
dadas las circunstancias, no había más de un 50% de
probabilidades de que la ofensiva tuviera éxito.
La
Destrucción de la Abadía
La obsesión de ciertos oficiales aliados con la Abadía
de Montecassino iba en aumento ya que, según creían,
era la abadía, y su uso como puesto de observación
de artillería por los alemanes, lo que impedía la
ruptura de la Línea Gustav, y no la desafortunada sucesión
de ataques frontales contra unos defensores perfectamente preparados
para repelerlos.
Tanto
la prensa británica como la norteamericana publicaban informaciones
sobre el uso de la abadía por parte alemana, lo que incrementaba
aún más la presión sobre los mandos. Según
la historia oficial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos,
el teniente general Ira C. Eaker y el teniente general Jacob Devers
pudieron comprobar en un vuelo de observación realizado en
una avioneta Piper a no más de 50 metros de altura la existencia
de antenas de radio y uniformes alemanes en el interior del monasterio,
y soldados alemanes en posiciones no más alejadas de 15 metros
de los muros exteriores del monasterio.

El general Ira C. Eaker, comandante de las Fuerzas Aéreas
Aliadas en el Mediterráneo.
Según
las memorias del general neozelandés Kippenberger, el monasterio
era probablemente usado por los alemanes como puesto de observación
artillera, ya que su privilegiada posición lo convertía
en un lugar perfecto para tal uso que ningún ejército
sería capaz de rechazar. Aunque no hay evidencia clara al
respecto, Kippenberger apunta que desde el punto de vista militar
dicha evidencia era insustancial ya que si no estaba ocupada
hoy lo estaría mañana, y no parecía difícil
para el enemigo establecer reservas en él durante un ataque,
o ser utilizado como refugio si los soldados eran desalojados de
sus posiciones. Era imposible pedir a nuestros soldados que asaltaran
la posición de una colina en cuya cima se encontraba, intacto,
un edificio como aquel, capaz de proteger a varios cientos de soldados
del fuego de artillería, y ser usado después como
una posición desde la que lanzar un contraataque
Intacto
era un refugio perfecto, pero sus ventanas estrechas y elevados
muros lo hacían una posición de fuego no tan útil.
Una vez destruido, y convertido en un montón de cascotes,
estaría abierto al fuego efectivo de la artillería
y los ataques a tierra de los cazabombarderos, y sería una
trampa mortal si era bombardeado por segunda vez. Visto en su conjunto
resultaba más útil a los alemanes si no era bombardeado.
El
general Francis Tuker, cuya 4ª División India tendría
la misión de atacar la colina del monasterio, tenía
su propia idea al respecto. En ausencia de informes fiables del
Cuartel General, había encontrado un libro fechado en 1879
en Nápoles que daba información detallada sobre la
construcción de la abadía. En su informe al general
Freyberg concluía que aunque el monasterio no estuviera guarnecido
por fuerzas alemanas debía ser demolido para evitar su ocupación
efectiva. También apuntaba que la magnitud de la edificación,
con muros de 30 metros de altura y 40 cms de grosor, hacia imposible
el empleo de una fuerza ingenieros, recomendando el uso de bombas
revientamanzanas en lugar de las típicas de 500kgs, que sería
poco menos que inútiles.
El
11 de Febrero de 1944, el general W. Dimoline, comandante de la
4ª División India, solicitó el bombardeo de la
abadía de Montecassino. El general Tuker, retirado en un
hospital de campaña en Caserta a causa de un ataque de fiebres
tropicales, reiteró su opinión a favor del bombardeo.
El general Freyberg transmitió su solicitud el 12 de Febrero
de 1944, pero tanto el general Clark como su Jefe de Estado Mayor,
el general Alfred Gruenther, no estaban convencidos de la necesidad
militar del bombardeo. El general Butler, trasladado del 2º
C.E USA al Cuerpo Neozelandés y comandante interino de la
34ª Div. de Infantería USA, dijo al ser preguntado por
su opinión que No lo sé, pero no creo que
el enemigo esté en el convento. Todo el fuego enemigo viene
de las faldas de la colina, más abajo de las murallas del
monasterio. Clark dejó la decisión en manos
del comandante de las fuerzas aliadas, el general Harold Alexander,
diciendo:
Me ha dado una orden directa y así lo haremos.
El destino de la antigua abadía había sido sellado.

Un B17 sobrevolando el monasterio de Montecassino durante el
bombardeo.
El
bombardeo de la mañana del 15 de Febrero de 1944 fue efectuado
por 142 B17, 47 B25 y 40 B26, que arrojaron 493 toneladas de bombas
durante cuatro horas. Muchos soldados y oficiales aliados observaron
el bombardeo entre aclamaciones. Se oyó decir al general
Juin,
no, nunca iran a ninguna parte con cosas así.
Los generales Clark y Gruenther no presenciaron el bombardeo y permanecieron
en sus cuarteles generales. Esa misma tarde, y al día siguiente,
la destrucción continuó con un sistemático
fuego de artillería sobre las ruinas y ataques por parte
de cazabombarderos.

Ruinas de la abadía tras los bombardeos.
Sin
embargo no había existido coordinación entre el bombardeo
y las fuerzas de tierra. Tuvo lugar dos días antes de que
las fuerzas neozelandesas estuvieran listas para lanzar su asalto.
Visto desde el contexto del ataque planeado sobre Cassino el bombardeo
no consiguió nada ni sirvió de ayuda a las fuerzas
que deberían combatir en los días siguientes.
El
Papa Pio XII guardo silencio sobre el bombardeo, pero su Secretario
de Estado, el cardenal Maglione, protestó al representante
diplomático norteamericano ante el Vaticano, Harold Tittmann,
alegando que el bombardeo había sido un colosal error
una muestra de gran estupidez.
Lo
que sí quedó claro en todas las investigaciones que
siguieron a los hechos fue que las únicas personas que murieron
víctimas del bombardeo fueron civiles italianos que buscaban
refugio en la abadía. Nunca hubo evidencia, ni entonces ni
ahora, de que las bombas arrojadas sobre la abadía de Montecassino
mataran a un solo soldado alemán. Dada la imprecisión
del bombardeo (se estimaba que sólo un 10% de las bombas
arrojadas desde bombarderos de gran altitud alcanzaban su blanco)
tanto fueron alcanzadas unidades alemanes como aliadas que se encontraban
en los alrededores de la colina.
La
postura oficial del gobierno americano sobre los hechos ha ido variando
en el último cuarto de siglo, desde las evasivas y las evidencias
irrefutables del uso por parte de las tropas alemanas del edificio
hasta el último comunicado de 1969 en el que se establecia
que la abadía no estaba ocupada realmente por las tropas
alemanas.

Paracaidistas alemanes en Cassino.
Al
amanecer del día siguiente de finalizar los bombardeos la
mayoría de los civiles que todavía se mantenían
con vida huyeron de las ruinas. Sólo quedaban 40 personas:
seis monjes; su abad, el anciano Gregorio Diamare; tres familias
de campesinos; unos pocos huérfanos y varios heridos y agonizantes.
Después de los ataques de la artillería, bombardeos
y los asaltos de la 4ª División India, los monjes decidieron
abandonar las ruinas, y salieron de entre los escombros a las 7:30
del 17 de Febrero de 1944. El viejo abad lideraba la marcha del
grupo que bajaba hacia el valle del Liri rezando el Rosario. Llegaron
a un puesto de primeros auxilios alemán y desde allí
los heridos fueron evacuados en ambulancia. Tras encontrarse con
oficiales alemanes, entre ellos el general Von Senger, los monjes
fueron trasladados al monasterio de San Anselmo. Sólo un
monje, Carlomanno Pellagalli, volvió a la abadía en
ruinas, donde siguió hasta el 3 de Abril de 1944, fecha en
que desapareció. Su presencia, rondando entre los escombros
como una sombra, provocaba el miedo entre los defensores alemanes,
que a veces lo confundían con un fantasma.
Los
paracaidistas alemanes de la 1ª División Fallschimjager
ocuparon las ruinas del monasterio, y lo convirtieron en una fortaleza
que aguantó todos los ataques que los aliados lanzaron sobre
ella durante los siguientes tres meses.

Defensores alemanes de Cassino.
La
Operación Avenger (la Segunda Batalla).
Como ya se ha dicho, la falta de coordinación entre los bombarderos
y las tropas de tierra implicó que el ataque no pudiera llevarse
a cabo inmediatamente después del bombardeo. El ataque sobre
las montañas debería llevarse a cabo en la oscuridad
de la noche para paliar el que la ruta no tuviera zonas capaces
de servir de cobertura a las tropas que avanzaban. En la noche que
siguió al bombardeo, una compañía del 1er.
Batallón del Rgto. Royal Susssex, perteneciente a la 4ª
Div. India, atacó la cota 593 desde su posición situada
a 70 metros del monte conocido como Cabeza de Serpiente. El asalto
fracasó y la compañía perdió el 50%
de sus efectivos.

Soldados indios transportando un herido.
La
noche siguiente el Rgto. Sussex recibió la orden de atacar
con un batallón. El inicio fue calamitoso. Ya que la artillería
no podía apoyar el avance y bombardear la cota 593 por encontrarse
demasiado próxima al batallón del Sussex, se optó
por hacerlo sobre la cota 575, que apoyaba a los defensores de la
593. Pero debido a la orografía del terreno los proyectiles
dirigidos a la cota 575 debían pasar muy cerca de la Cabeza
de Serpiente y algunos de ellos cayeron en las compañías
de asalto del Sussex que se encontraban agrupadas para el ataque.
Después de reorganizarse comenzaron el asalto a la medianoche.
La lucha fue brutal y en su mayor parte al cuerpo a cuerpo, pero
el esfuerzo del Royal Sussex no sirvió de nada, y el batallón
hubo de retirarse tras perder a la mitad de sus hombres, muertos,
heridos, prisioneros o desaparecidos. Después de dos noches
de combates el Royal Sussex había perdido a 12 de sus 15
oficiales y a 162 de los 313 soldados que habían tomado parte
en los ataques.

Soldados neozelandeses combatiendo en Cassino.
La
noche del 17 de Febrero se efectuó el ataque principal. Los
batallones 4º y 5º del Regimiento Rajputana Rifles asaltaría
la cota 593, con lo que quedaba del Rgto. Sussex en reserva para
avanzar sobre la cota 444 una vez que la 593 hubiera caido. Mientras
tanto los batallones nº1 de los Rgtos. 2º y 9º de
los Gurkha Rifles avanzarían sobre las faldas de los montes
para asaltar directamente el monasterio. El terreno era terriblemente
abrupto, pero se confiaba en que los gurkha, expertos en combatir
en esos escenarios, tendrían éxito. Pero era una falsa
esperanza. Una vez más los combates fueron terribles, pero
no se consiguió progresar y las bajas fueron elevadas. Los
Rajputana Rifles perdieron 196 soldados y oficiales, el 9º
de Gurkhas tuvo 149 bajas, y el 2º de Gurkhas 96. Ante la evidencia
del fracaso de los ataques, el 18 de Febrero Dimoline y Freyberg
cancelaron los ataques a la colina del monasterio.

Portada de La Domenica del Corriere sobre la defensa alemana
de Cassino.
En
la parte sur del asalto las dos compañías del 28º
Batallón Maorí de la Div. Neozelandesa lograron forzar
un cruce del río Rápido e intentaron llegar hasta
la estación de tren en las afueras de Cassino. Lo lograron,
pero no fueron capaces de atravesar un puente que se encontraba
en el tramo final de la via del tren antes del amanecer, y no disponían
de apoyo acorazado. La protección de constantes pantallas
de humo proporcionadas por la artillería aliada les protegió
la mayor parte del día de los observadores alemanes, pero
aislados como estaban no podrían aguantar mucho más.
La tarde del día 18 de Febrero se produjo un contraataque
alemán apoyado por blindados, y la posición se convirtió
en desesperada. Recibieron la orden de retirarse en cuanto fue evidente
para el Alto Mando que ambos ataques no habían podido lograr
los objetivos previstos. Pero habían estado muy cerca. Una
comunicación por radio interceptada entre Kesserling y Von
Vietinghoff evidenciaba que el avance neozelandés había
puesto en serios aprietos a los defensores, y el contraataque alemán
fue puesto en marcha sin muchas esperanzas.
La
Tercera Batalla de Cassino
Para
la Tercera Batalla, y tras sopesar los inconvenientes fruto del
persistente tiempo invernal, se decidió que forzar la corriente
del Rápido rio abajo de Cassino no era una opción
agradable después de las trágicas experiencias de
las dos primeras batallas. El movimiento envolvente a través
de las montañas también había resultado elevado
en número de bajas, y se pensó en lanzar dos ataques
simultáneos desde el norte a lo largo del valle del Rápido;
uno en dirección a la ciudad de Cassino y otro hacia la colina
del monasterio. La idea era eliminar el cuello de botella existente
entre ambas posiciones para así forzar la ruta de ataque
hacia la estación, en el sur, y entonces continuar la progresión
por el valle del Liri. La 78ª Div. de Infantería Británica,
que había llegado a finales de Febrero y adscrita al mando
del Cuerpo Neozelandés, cruzaría entonces el Rápido
al sur de Cassino y comenzaría a presionar en dirección
a Roma.
Ninguno
de los comandante aliados se encontra a gusto con el plan, pero
se esperaba que con un bombardeo aéreo previo al ataque y
de gran intensidad habría oportunidades de ganar el envite.
Se necesitaban tres días de cielos claros y buen tiempo,
y durante veintiún días consecutivos el ataque tuvo
que posponerse, mientras las tropas aguardaban ateridas en sus posiciones.
Para acabar de empeorar la situación, el general Kippenberger,
comandante de la 2ª Div. Neozelandesa, sufrió graves
heridas y la pérdida de ambos pies al pisar una mina antipersonal.
La única buena noticia fue que el contraataque alemán
en Anzio había fracasado, y las tropas alemanas se retiraban.
[img]http://www.zweiterweltkrieg.org/ftp/miller/CASSINO3/richardeidrich.jpg[/img]
El general Wladislaw Anders (izda.) comandante del contingente
polaco en Cassino, y el general Richard Eidrich (izda.), comandante
de la 1ª Div. de Paracaidistas alemana.
La
Tercera Batalla de Cassino comenzó, finalmente, el 15 de
Marzo. Después de un bombardeo masivo que comenzó
a las 8:30 de la mañana y finalizó tres horas y media
más tarde, y en el que se arrojaron 1.000 toneladas de bombas,
los neozelandeses avanzaron detrás de una terrible barrera
de artillería disparada por más de 600 piezas. El
éxito dependía de sacar partido al efecto paralizante
del bombardeo, pero sea como fuere los defensores se recuperaron
más rápidamente de lo esperado, y los blindados aliados
se vieron casi detenidos en un paisaje lunar producto del bombardeo.

Imagen del bombardeo con que se inició la Tercera Batalla
de Cassino.
Aún
así y todo la victoria podría haber estado al alcance
de la mano de los neozelandeses, que recibieron el apoyo de otro
ataque por la izquierda a última hora de la tarde, pero era
demasiado tarde. Con las defensas reorganizadas y, peor aún,
con una fuerte lluvia que contrariamente a lo predicho comenzó
a caer, la situación se deterioró irremediablemente.
Los cráteres de las bombas se inundaban, los torrentes corrían
entre las ruinas convirtiendo el terreno en un barrizal, las radios
se averiaban por la humedad y las nubes ocultaban la luna haciendo
casi imposible para los atacantes encontrar un camino reconocible
entre los edificios destruidos y los escombros.

Neozelandeses combatiendo entre las ruinas de Cassino.
En
el flanco derecho los neozelandeses lograron hacerse con la Colina
del Castillo y la Cota 165, tal y como estaba planeado; y unidades
de la 4ª Div. India siguieron avanzando para tomar las Cotas
236 y 435, pero el asalto a la 236 por parte de los Rajputna Rifles
había fracasado. Al final del 17 de Marzo las cosas pintaban
mejor. Los Gurkhas ocupaban la Colina del Ahorcado (Cota 435), a
250 metros del monasterio con un batallón, aunque sus líneas
de suministro se encontraban comprometidas por el fuego alemán
desde las posiciones de la Cota 236. Mientras en la ciudad la defensa
alemana no cedía, los neozelandeses conseguían forzar
el cuello de botella y capturaban la estación.

Paracaidistas alemanes en una vivienda de Cassino convertida
en puesto avanzado de observación.
El
19 de Marzo estaba planeado para que fuera el día decisivo
de la captura de Cassino y el monasterio, pero un fiero contraataque
dirigido desde la abadía hacia la Colina del Castillo por
parte de los paracaidistas alemanes impidió cualquier posibilidad
de asalto al monasterio. En Cassino los atacantes realizaban pocos
progresos, y la iniciativa había pasado a manos alemanas,
cuyas posiciones cercanas a la Colina del Castillo, clave para la
conquista del monasterio, impedían cualquier perspectiva
de éxito. El día 20 Freyberg ordenó la retirada.
La 1ª Div. de Paracaidistas, que semanas más tarde fue
descrita por Alexander en una conversación con Kippenberger
como
la mejor división del ejército alemán
,
había sufrido un duro castigo, pero había vencido.

Paracaidista alemán en las posiciones defensivas de Cassino.
Los
siguientes tres días fueron empleados por los aliados en
estabilizar el frente, sacar a los Gurkhas aislados en la Colina
del Ahorcado, y reorganizarse. La exhausta 4ª Div. India y
la 2ª Neozelandesa fueron retiradas del frente, y reemplazadas,
respectivamente, por las británicas 78ª Div. de Infantería
y la 1ª Brigada de Guardias. La 4ª Div. India había
perdido 3.000 hombres, y los neozelandeses 1.600, entre muertos,
heridos y desaparecidos.
Operación
Diadem.
Ahora,
la estrategia de Alexander en Italia era
forzar al
enemigo a emplear en Italia el mayor número de divisiones,
coincidiendo con el lanzamiento de la invasión a través
del Canal. Las circunstancias no le permitieron preparar una
ofensiva a gran escala que cumpliera su propósito. Su plan
era desplazar el grueso del 8º Ejército Británico,
ahora al mando del general Oliver Leese, desde el Adriático
para unirse al 5º Ejército USA y atacar a lo largo de
un frente de más de 30kms desde Cassino hasta el Mediterráneo.
El
5º Ejército USA (2º Cuerpo de Ejército USA
y Cuerpo Expedicionario Francés) se situaría en el
flanco izquierdo, y el 8º Ejército Británico
(13º Cuerpo Británico y 2º Cuerpo de Ejército
Polaco) en el derecho. Con la llegada de la primavera el tiempo
y las condiciones del terreno mejoraron, y fue posible deplegar
grandes unidades y efectivos blindados de una manera eficaz.
El
plan para la Operación Diadem (Diadema) era que el 2º
Cuerpo de Ejército USA atacaría siguiendo la costa
y la Ruta 7 en dirección a Roma. El Cuerpo Exp. Francés,
a su derecha, atacaría sobre los Montes Aurunci, que formaban
una barrera natural entre la llanura costera y el valle del Liri.
El 13º Cuerpo de Ejército Británico, en el centro
del ala derecha aliada atacaría sobre el Liri, mientras a
su derecha el 2º Cuerpo Polaco (3ª y 5ª Divisiones),
mandado por el general Wladislaw Anders, intentaría aislar
la Colina del Monasterio y lanzarse por su retaguardia hacia el
valle del Liri para enlazar con los británicos y rodear las
posiciones alemanas en Cassino. Se esperaba que, al ser una fuerza
mucho mayor que la 4ª División India, los polacos serían
capaces de saturar las defensas alemanas e impedir los fuegos de
apoyo entre ellas. La maniobra de pinza entre los Cuerpos Polaco
y Británico era la clave del éxito de la operación.
El 1er. Cuerpo de Ejército Canadiense se mantendría
en reserva para explotar la esperada ruptura. Una vez que el 10º
Ejército Alemán fuera derrotado, el 6º Cuerpo
de Ejército USA avanzaría desde la cabeza de playa
de Anzio y cortaría la retirada alemana.

Exploradores de la 2ª Div. Marroquí, perteneciente
al Cuerpo Expedicionario Francés.
Los
movimientos de las tropas aliadas previos a ocupar sus posiciones
fueron ocultados por todos los medios posibles. La 36ª Div.
de Infatería USA fue enviada un entrenamiento de asalto anfibio,
y se emitieron informes de radio falsos para hacer creer al enemigo
que se estaba preparando un desembarco al norte de Roma, y de este
modo mantener al mayor número de unidades alemanas alejadas
al norte de la Línea Gustav. Los desplazamientos de las unidades
se efectuaron siempre en horario nocturno, y empleando vehículos
falsos para que el terreno abandonado pareciera todavía ocupado
por las tropas desplazadas a ojos del reconocimiento aéreo.
El engaño tuvo éxito, tanto que al segundo día
de la última batalla por Cassino, Kesselring aún creía
que se enfrentaba a seis divisiones aliadas, cuando realmente lo
estaba haciendo a trece.

El Mariscal Kesselring de visita al general Eidrich en el cuartel
general de éste en las inmediaciones de Cassino.
El
primer asalto a Cassino comenzó el 11 de Mayo a las 23:00
con un masivo bombardeo de artillería por parte de los 1.000
cañones del 8º Ejército y los 600 del 5º.
El ataque se sostuvo durante una hora y media en todos los sectores.
Al amanecer el 2º Cuerpo de Ejército USA había
conseguido un leve progreso, pero sus colegas del 5º Ejército,
el Cuerpo Expedicionario Francés, había logrado alcanzar
sus objetivos, avanzando sobre los Montes Aurunci, a la derecha
del 8º Ejército, y arrollando las posiciones alemanas
que se encontranban entre ambos Ejércitos. En el frente del
8º Ejército, el 13 Cuerpo se había encontrado
con una fuerte oposición en su intento de cruzar el río
Rápido. Afortunadamente, la 8ª División India
de Ingenieros logró desplegar un puente, y permitió
que el río fuera cruzado por la 1ª Brigada Acorazada
Canadiense, que sirvió de apoyo a las fuerzas que habían
establecido la cabeza de puente en la orilla controlada por los
alemanes. En las montañas sobre Cassino la infantería
polaca presionó casi sin descanso, avanzando metro a metro
y soportando e inflingiendo grandes pérdidas. De la intensidad
de los combates da fe el comentario del coronel Heilmann, del 4º
Rgto. Paracaidista, que llamó a la destrozada ciudad un
Verdún en miniatura.
Por
la tarde del 12 de Mayo las cabezas de puente sobre el Rápido
se estabilizaron y se fueron reforzando paulatinamente, repeliendo
los furiosos contraataques alemanes. El 13 de Mayo la presión
comenzó a dar su fruto, y el ala derecha alemana fue cediendo
terreno al 5º Ejército. Los franceses, mientras tanto,
habían capturado Monte Maio, y podían ofrecer apoyo
de flanco al 8º Ejército, contra el que Kesselring estaba
enviando todas las reservas disponibles con el fin de ganar tiempo
antes de moverse hacia una segunda posición defensiva en
la Línea Adolf Hitler, a 12 kilómetros en retaguardia.

Soldados polacos disparando un mortero sobre posiciones alemanas.
El
14 de Mayo los Goumiers del Cuerpo Francés, avanzando a través
de las montañas que discurrían en paralelo al Valle
del Liri, y que hasta entonces eran infranqueables, lograron flanquear
las defensas alemanas y abrir el valle para el 13 Cuerpo de Ejército.
Un día después, el 15 de Mayo, la 78ª División
Británica se unió al frente del 13º Cuerpo de
Ejército para efectuar el movimiento envolvente que debía
aislar a Cassino del Valle del Liri. El 17 la División Polaca
reinició los asaltos a las montañas, y para las primeras
horas del día 18 los británicos y los polacos se unieron
en el Liri, 3 kilómetros al oeste de Cassino.

Panther inutilizado en los combates del Valle del Liri.
A
primeras horas de la mañana del día 18 de Mayo, un
grupo de reconocimiento del 12º Rgto. de Ulanos Polaco izó
una improvisada insignia sobre las abandonas ruinas del monasterio.
Los únicos enemigos que encontraron fueron un grupo de heridos
alemanes, tan graves que había sido imposible evacuarlos
de las ruinas.

La bandera polaca ondea sobre las ruinas de la abadía
de Montecassino, una merecida revancha para los soldados polacos
combatiendo en el exilio.
La
abadía había caido sin lucha, ya que los paracaidistas
alemanes, con sus líneas de suministro amenazadas por el
avance aliado sobre el Valle del Liri, lo habían abandonado
la noche anterior. La lucha continuaría en otro lugar.
Epílogo
Cassino,
la abadía, y la mayor parte de las posiciones alemanas del
sector, pertenecientes a la Línea Gustav, habían caido
en manos aliadas, pero el combate continuaría. Faltaba el
gran premio, Roma.
Las
unidades del 8º Ejército avanzaron por el Valle del
Liri, y las del 5º hacia la costa, en dirección a la
siguiente línea defensiva, la Adolf Hitler, que ya había
sido cambiada de nombre por el de Línea Dora, con el fin
de minimizar el golpe en la moral que supondría su eventual
caida.
Tras
un ataque inicial que fracasó, el 8º Ejército
decidió reorganizarse antes de un siguiente intento. La tarea
llevó varios días, había un total de 20.000
vehículos y 2.000 tanques que debían moverse correctamente
para evitar un monumental atasco. El siguiente asalto comenzó
el 23 de Mayo, con el ya casi mítico Cuerpo Polaco atacando
Piedimonte en el flanco derecho, defendido por ya tambíen
mítica 1ª Div. de Paracaidistas alemana, y apoyado por
la 1ª Div. Canadiense de Infantería en el centro. Para
el 24 de Mayo los canadienses habían abierto brecha y su
5ª Div. Acorazada explotó el éxito desplegándose
por la ruptura. El 25 de Mayo los polacos tomaban Piedimonte, y
la Línea Dora (antes Hitler) se derrumbaba. Se había
abierto el camino a Roma.
Al
mismo tiempo que los polacos y canadienses lanzaban su ataque el
día 23, el general Lucian Truscott, que había reemplazado
al General John P. Lucas, atacaba con las divisiones 3ª de
Infantería USA y 1ª Acorazada USA desde la cabeza de
playa de Anzio. No había una sola unidad acorazada alemana
disponible para repeler el ataque, ya que Kesselring había
desplazado todo su potencial acorazado en apoyo del 10º Ejército
en Cassino, así que el único apoyo blindado que el
14º Ejército alemán podía esperar era
la 26ª Panzer, en camino desde el norte de Roma, donde había
sido desplegada a la espera de un intento de desembarco aliado en
el área. Cuando pudiera ser utilizada ya sería demasiado
tarde.
El
25 de Mayo, con el 10º Ejército alemán en retirada,
el 6º Cuerpo de Ejército aliado se encontraba moviéndose
hacia el este para dividirlo en dos. En un solo día lo habían
conseguido, y todo el 10º Ejército y sus reservas disponibles
estaban atrapados. En ese momento, y contra todo pronóstico,
el general Mark Clark ordenó a Truscott modificar su línea
de ataque, noreste, hacia Valmonte en la Carretera 6, dirección
noroeste, hacia Roma. Los motivos de Clark para esta decisión
no son claros, y han sido objeto de controversia. Truscott escribió
más tarde en sus memorias que Clark temía
que los británicos estuvieran ocultando un plan para ser
los primeros en llegar a Roma, una opinión que
está reforzado por las memorias del propio Clark. En cualquier
caso, Alexander había dividido las zonas de cada ejército
con anterioridad, y Roma quedaba bajo la responsabilidad del 5º
Ejército. La responsabilidad del 8º Ejército
británico fue siempre la derrota del 10º Ejército
alemán y bordear Roma para continuar la persecución
de los alemanes hacia el norte, como de hecho así hicieron.

Clark tenía finalmente su foto y su ciudad.
Como
Truscott escribió más tarde
estaba
atónito. No era el momento para girar hacia el noroeste,
donde el enemigo aún permanecía firme, debíamos
emplear todos nuestros efectivos en la bolsa de Valmontone para
asegurar la destrucción del ejército alemán
en retirada. No estaba dispuesto a acatar la orden sin antes hablar
personalmente con Clark
pero no se encontraba en la cabeza
de playa ni pudo ser localizado por radio
así que aquella
fue la orden que desvió a nuestras fuerzas de la bolsa de
Valmontone e impidió la destrucción del 10º Ejército
alemán. La orden se ejecutó el 26 de Mayo.
Truscott continuó escribiendo, En ningún
momento dudé que si Clark hubiera seguido las órdenes
de Alexander no se debía haber cambiado la dirección
original de mi ataque, y los objetivos estratégicos en Anzio
se habrían conseguido en su totalidad. Ser el primero en
llegar a Roma era una pobre compensación por la oportunidad
perdida. Sin lugar a dudas se perdió una gran oportunidad,
y siete divisiones del 10º Ejército lograron retirarse
hacia la próxima línea de defensa, la Línea
Gótica, al norte de Florencia. Italia debería sufrir
casi un año más de ocupación alemana y represión
por parte del gobierno fascista de la República Social.
Roma
cayó el 4 de Junio de 1944, dos días antes de que
la tormenta de la guerra se desatara sobre Normandía.
En
el curso de las batallas, el histórico monasterio de Montecassino,
donde San Benito había establecido por primera vez en la
historia de Occidente la orden monástica, fue totalmente
destruido. Afortunadamente, antes de la ofensiva aliada (en Diciembre
de 1943), el teniente coronel Julius Schlegel había comenzado
a transferir al Vaticano gran parte de los volúmenes de la
biblioteca de la abadía y otros tesoros artísticos
que allí se hallaban.

La abadía de Montecassino tras la batalla y en la actualidad.
Inmediatamente
después de que terminaran los combates en Cassino, el Gobierno
Polaco en el Exilio, en Londres, instituyó la Cruz de la
Campaña de Montecassino para conmemorar la contribución
polaca a la victoria y la captura del monasterio.

Cruz de la Campaña de Montecassino.
Fue
tambíen en aquellos momentos cuando el compositor polaco
Félix Konarski, que había participado en los combates,
escribió el himno Czerwone maki na Montecassino (Las
Amapolas Rojas de Montecassino). Después de la guerra se
erigió un impresionante cementerio militar polaco, visible
desde prácticamente cualquier lugar alrededor del monasterio.
Allí reposan los restos del general Wladislaw Anders, que
falleciendo en Londres en 1970 no quiso ser enterrado lejos de donde
cayeron tantos bravos compatriotas, peleando por su patria a cientos
de kilómetros de ella.

Cementerio militar polaco.

Tumba del general Wladislaw Anders en el cementerio militar polaco
de Montecassino.
El
día después de la batalla, tropas coloniales marroquíes
y argelinas adscritas a las Fuerzas Expedicionarias Francesas se
dedicaron a merodear por los alrededores, dedicándose al
pillaje y cometiendo brutalidades y violaciones masivas en Ciociaria.
Desde entonces ese tipo de crímenes son conocidos en Italia
con el termino marocchinate. El año 1961,
Sofía Loren recibió el Oscar a la mejor actriz por
su papel en la película Dos Mujeres, basada en las
violaciones de Ciociaria. Es dura, muy dura, pero imprescindible,
os la recomiendo si teneis ocasión de haceros con ella (yo
la vi hace muchos años en TV, creo que en La Clave).
El
cementerio militar de la Commonwealth, incluyendo las tumbas de
británicos, neozelandeses, canadienses, indios, gurkas y
sudafricanos, se encuentra en las afueras de Cassino, hacia el oeste.
El cementerio de franceses e italianos se encuentra en la Carretera
6, en el Valle del Liri, mientras que el de los combatientes alemanes
se halla a tres kilómetros al norte de Cassino, en el Valle
del Rápido.

Cementerio militar de la Commonwealth.

Cementerio militar alemán.
La
destrucción de la abadía fue también la inspiración
para el escritor Walter M. Miller de su obra Cántico a
San Leibowitz, que describe la vida monástica en un mundo
apocalíptico postnuclear. Miller participó en la batalla
como tripulante de un bombardero de la Fuerza Aérea USA,
y fue su traúmatica experiencia tras participar en el bombardeo
de la abadía lo que le llevó a escribir su obra.
Ojalá
nunca nadie tenga un motivo similar ni siquiera para escribir una
novela excelente.
Fuentes:
www.wikipedia.org
y Osprey Publishing
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